Zatoichi nidan-kiri (a.k.a. Zatoichi´s revenge) – Akira Inoue, 1965

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Zatoichi nidan-kiri (a.k.a. “Zatoichi´s revenge”)

Japón, 1965

Director: Akira Inoue

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Minoru Inuzuka

Intérpretes: Shintaro Katsu (Zatoichi), Norihei Miki (Denroku), Mikiko Tsubouchi (Sayo)

Música: Akira Ifukube

Argumento

Zatoichi llega a los alrededores de la localidad de Azabu, donde residió diez años atrás. Decide ir a visitar a su maestro Hikonoichi, otro ciego que le enseñó su profesión de masajista. Mientras come y toma sake en la posada del pueblo, su viejo amigo Yasaku le reconoce. Éste le informa que lamentablemente Hikonoichi murió, hace tan solo un par de semanas. Fue asesinado, y nadie conoce el motivo. Zatoichi se entera además de que Sayo, la hija de su maestro, trabaja ahora en un prostíbulo. Se trata del burdel Chojiro, de propiedad del jefe yakuza Tatsugoro.

Zatoichi imagina acertadamente que Sayo, ahora conocida bajo el nombre de “Nishikigi”, no se encuentra allí de manera voluntaria. Además de libertino, Tatsugoro es un desalmado que cobra “impuestos de protección“ a los granjeros de la zona, y que se lucra a base de préstamos con usura.

Ichi acude al burdel, y ante la sorpresa del portero que le ve entrar repone: “¿Acaso no puede haber clientes ciegos?” Cuando el portero le pregunta si quiere a una chica en especial, contesta que desea pasar la noche con Nishikigi… Pero resulta que ésta se encuentra “con otro cliente”… Zatoichi se dispone a abandonar el local, pero al salir se tropieza con la encargada del prostíbulo, quien al ver un masajista lo contrata para que ofrezca sus servicios al oyabun Tatsugoro.

De esa manera, Zatoichi escucha una conversación en la cual se hace referencia a “Nishikigi”… Ésta no se encuentra “con otro cliente” como dijo el portero, sino encerrada en una celda; donde es golpeada con frecuencia porque se resiste a prostituirse.

La hija de Hikonoichi es retenida en el burdel porque al parecer su padre no pagó sus “deudas” al jefe yakuza. Cuando Zatoichi termina con el masaje, acude al sótano donde se encuentra Sayo. Ésta al comienzo no le reconoce, pues era una niña la última vez que vio al alumno de su padre. Pero Zatoichi le refresca la memoria a la chica, cantándole una canción infantil que ella, a su vez, le cantaba a él de pequeña. Ahora Sayo se acuerda de Ichi, y le relata los pormenores del cruel destino al que se ve abocada. “Todo ha sido por mi culpa” dice la muchacha afligida. Los hombres de Tatsugoro llegaron un día a casa de Hikonoichi y se ofrecieron a concederle un “préstamo” (a interés impagable, se entiende). Hikonoichi al principio rehusó, alegando que no necesitaba el dinero. Pero Sayo convenció a su padre: “Acepta, papá; no nos vendrían nada mal esos 100 ryo”. Por ese motivo, el pobre maestro de masajistas contrajo astronómicas deudas con la yakuza local. Los hombres de Tatsugoro sabían de antemano que el viejo no podría restituir el dinero con sus correspondientes intereses, pues en realidad lo que querían era tener una excusa para quitarle a su atractiva hija y meterla en el prostíbulo. “Como no pagas, nos llevamos a tu hija a cambio de lo que nos debes”. La banda de Tatsugoro se dedica a emplear la misma estrategia con los campesinos de la comarca. Como Hikonoichi no toleraría que le quitaran a Sayo, los yakuza lo asesinaron.

Zatoichi se despide por el momento de la joven, prometiendo que volverá para sacarla de allí. Una vez en la calle, una niña de unos 11 años se dirige al ciego, para pedirle que vaya a hacerle un masaje a su padre. Éste resulta ser un experto en el juego de dados (como el propio Zatoichi) que trabaja de supervisor para una timba de la yakuza. Está por lo tanto al servicio del oyabun Tatsugoro…

En los días sucesivos, Zatoichi se va haciendo amigo de la niña Tsuru, la hija de su cliente el supervisor de la casa de juegos. Ésta le dice que su padre es lo que más quiere en éste mundo, y después de él lo que más ama son las canciones… Cuando Zatoichi le pide que cante algo, Tsuru entona la misma canción que años atrás cantaba Sayo de pequeña. Ésto emociona hondamente al ciego. Zatoichi le da algo de dinero a Tsuru y le pide que le lleve algo bueno para comer a la chica conocida como Nishikigi, esa que está presa en el antro de Tatsugoro.

Por la noche, Ichi se dirige a la casa de juegos que regenta el padre de Tsuru, y durante las apuestas se da cuenta de que éste hace trampas…

Comentario

“La venganza de Zatoichi” es la décima de las películas dedicadas a la figura del amable y justiciero masajista-espadachín. Ésta vez Zatoichi se propone rescatar a la hija de su maestro (que ha caído en las garras de proxenetas y usureros) y castigar a los asesinos de éste. La Sayo que Ichi conoció de niña, dulce y angelical, está hoy reflejada en Tsuru, quien sin embargo es hija de uno de los hombres del yakuza Tatsugoro; es decir hija de un potencial enemigo… Por ello entre otras cosas, en éste film de Akira Inoue lo dramático de la trama es más intenso.

Cuando el inspector Jingo Odate llega a la localidad para controlar el pago de impuestos al estado, el jefe Tatsugoro teme que descubra su ilegal fuente de ingresos. Primero piensa en sobornarle para evitarse problemas. Pero el ronin Kadokura, que trabaja como guardaespaldas para el oyabun yakuza, convence a éste que lo más eficiente será asesinarle. De ese modo, el inspector Odate es liquidado a las afueras del pueblo por Kadakura… quien también es el asesino material del maestro Hikonoichi. Tras cometer ese nuevo crimen, el ronin le advierte  a Tatsugoro que debe cuidarse de un enemigo mucho más peligroso que el inspector: el vengador ciego Zatoichi. Kadakura promete encargarse también de él…

Entretanto, Denroku (el que controla para la yakuza la casa de apuestas) es amonestado por su jefe Tatsugoro, por no haber impedido que Zatoichi ganase en el juego de dados. Tatsugoro despide a Denroku, y éste se lamenta desesperado: “Pero, ¿qué va a ser entonces de mi hija Tsuru?” Tatsugoro responde maliciosamente: “Para ella ya tengo algo pensado, para dentro de unos pocos años” (haciendo alusión a su prostíbulo). “A Tsuru me la puedes dejar aquí y yo me encargaré de ella… a menos que me traigas la caña de Zatoichi” (refiriéndose a la afilada espada envainada en caña que el masajista camufla como su bastón de ciego. Sin su caña-katana, Zatoichi no puede defenderse…)

Llama la atención que la banda sonora del film (compuesta por Akira Ifukube) contiene fragmentos de guitarras españolas, que no desentonarían para nada en un episodio de “Curro Jiménez”. De hecho, lo más parecido al género jidaigeki/chanbara que tenemos en España (ese género nipón que tantos paralelismos posee con el western) son precisamente las aventuras del bandolero andaluz que interpretaba Sancho Gracia…

FHP, agosto de 2015

 

Zatoichi abare tako (a.k.a. “Zatoichi´s flashing sword”) – Kazuo Ikehiro, 1964

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Zatoichi abare tako (a.k.a. “Zatoichi´s flashing sword”)

Japón, 1964

Director: Kazuo Ikehiro

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Shozaburo Asai, Minoru Inuzuka

Intérpretes: Shintaro Katsu (Zatoichi), Tatsuo Endo (Yasugoro)

Música: Sei Ikeno

Argumento

El masajista Ichi es perseguido por un nutrido grupo de bandidos. La Yakuza de varias provincias ha puesto precio a su cabeza. En los alrededores de Karikazawa es alcanzado por los disparos de sus enemigos. Malherido, cae a las orillas de un lago. El joven yakuza que le ha tiroteado se jacta de haber acabado con el temible Zatoichi, ese maldito ciego que tan bien maneja la katana. Pero sus compañeros no terminan de creerle, ya que no se ha encontrado el cuerpo.

Zatoichi es hallado por benevolentes lugareños, que lo llevan inconsciente a una pensión y pagan a un médico para que cure sus heridas. Cuando el masajista se ha restablecido completamente, se dispone a buscar a quien le socorrió, para agradecerle su gesto. Por las indicaciones que le dan los residentes de la zona, todo apunta a que quien le salvó fue un anciano fabricante de fuegos artificales. Zatoichi se dirige a su casa, descubriendo que es medio sordo (“yo ciego y él sordo, no es buena combinación”). Pero éste le dice que no fue él quien le auxilió, sino una chica llamada Kuni, hija de Bunkichi, el jefe de la Yakuza local.

Ichi acude ante Kuni para mostrarle su agradecimiento. Ésta le invita a quedarse en la casa familiar los próximos días, pues van a tener lugar unas importantes festividades en la comarca. Bunkichi, el padre de la joven, está teniendo serios problemas con Yasugoro, el jefe rival. Éste le disputa la propiedad del vado del río que fluye por la zona. Ser dueño del vado incluye poseer el lucrativo negocio de porteadores y barqueros que transportan a la gente de una orilla a otra. Yasugoro es un individuo sin escrúpulos que está compinchado con autoridades políticas, algo tabú según el código de honor de la Yakuza. A Yasugoro sólo le interesan el dinero y el poder, mientras que Bunkichi se rige por el respeto a las tradiciones, y está empeñado a conservar ese vado que desde tiempos inmemoriales pertenece a su familia. Bunkichi no se deja intimidar, y Yasugoro comienza a fraguar un retorcido plan para hacerse con la propiedad de su rival. Debe conseguir una excusa para batirse en duelo con Bunkichi. Sólo de esa manera logrará detentar el control absoluto en la zona.

Zatoichi, que se siente muy agradecido por la ayuda prestada por Kuni, se entera de todo ésto y decide que debe hacer algo para impedir que Yasugoro se salga con la suya. Así, se dirige a la casa del adversario de Bunkichi para recabar más información, haciéndose pasar por lo que en realidad es (un masajista). De ese modo, mientras le hace un masaje a la hermana de Yasugoro (una mujer aún más maquiavélica que el propio jefe yakuza), Zatoichi aprende nuevos detalles sobre la conspiración que se cierne sobre Bunkichi y su familia.

Poco después, el joven Seiroku, hijo de Bunkichi, regresa a la casa paterna tras un año de ausencia. El hijo pródigo pide perdón por sus graves faltas, por dilapidar el dinero de su padre en caprichos, juego y bebida y pide ser aceptado de nuevo. Bunkichi, convencido por sus hijas (Kuni y Shizu) asiente a regañadientes y ordena que le sea preparado un baño. Cuando Seiroku sale de haber tomado su reconfortante baño, se encuentra frente a frente con Zatoichi y se alarma sobremanera: Pues era Senkichi el joven yakuza que perseguía al ciego al inicio del film y que disparó contra él hiriéndole gravemente.

Por su parte, Yasugoro presiente que el estallido de una confrontación armada entre su clan y el de Bunkichi es sólo cuestión de tiempo. Decide contratar los servicios de un ronin llamado Tengen y sus hombres, para tener así la supremacía militar respecto al enemigo. Cuando el cabeza caliente de Seiroku descubre los planes de Yasugoro, acude a enfrentarse contra sus hombres que dominan ahora el vado, siendo apresado sin dificultad. Ahora Yasugoro ya tiene la excusa que necesitaba para retar a Bunkichi a un duelo. Bajo el pretexto de que “Tu hijo nos atacó”, Yasugoro ofrece dos posibilidades a su rival: Que ambos resuelvan sus diferencias luchando o que Bunkichi le ceda la concesión del vado. De lo contrario, Seiroku será torturado hasta la muerte. De momento Bunkichi no se doblega ante ninguna de las dos condiciones, y el emisario de Yasugoro le concede tiempo hasta la noche…

Sin embargo, antes de que el Sol se ponga, Zatoichi parte rumbo a casa de Yasugoro y se enfrenta a éste y a su hermana, desarmándolos a ambos y obligándoles a que le revelen el paradero de Seiroku. “Un auténtico bandido no se comporta como si el mundo le perteneciese y siempre ayuda a los humildes” le dice el enfurecido Zatoichi al jefe yakuza que no ve impedimentos en aliarse con las autoridades corruptas para lograr sus fines. De ese modo, el ciego Ichi libera sin saberlo al hombre que intentó asesinarle…

Lejos de corresponderle con agradecimiento, el altanero y petulante Senkichi le dice a Zatoichi que “de todas formas tenía planeado escapar ésta misma noche” y una vez en su casa no le explica a su padre y a sus hermanas que fue Zatoichi quien le liberó. Yasugoro buscará movilizar una guerra total para matar dos pájaros de un tiro: hacerse con el vado y acabar con Zatoichi. Para ello contará con la inestimable colaboración del hábil espadachín Tengen y sus esbirros.

Comentario

Zatoichi abare tako es la séptima película dedicada a la figura del errante masajista ciego Ichi, bandido y justiciero que recorre las tierras de Yamato. Como siempre, Shintaro Katsu encarna al simpático protagonista, y ésta vez dirige Kazuo Ikehiro (quien también realizó otras entregas de la saga, que cuenta con más de 20 películas en total). El novelista Kan Shimozawa (1892-1968) fue el creador del personaje de Zatoichi.

El film está estructurado en la forma habitual, pero tal vez con más pinceladas de humor. Impactante resulta la escena inicial, donde Zatoichi despierta en una pensión, incordiado por el vuelo de las moscas a su alrededor, mientras otros huéspedes (los yakuza que poco después le persiguen y disparan) juegan a los dados en la otra esquina de la estancia… Harto de las moscas que tanto le incomodan, Zatoichi desenvaina su espada de la caña de bambú que siempre porta consigo y logra matarlas a todas, partiéndolas por la mitad con un par de veloces movimientos… Los presentes observan atónitos.

También merece ser recordada la escena en la que Zatoichi se enfrenta a los hombres de Yasugoro dentro del lago. En esa lucha acuática, los enemigos le van cercando, pero el ciego desaparece bajo las aguas y mientras bucea va acabando con todos uno por uno.

FHP, agosto de 2015

Aventuras de Zatoichi – Kimiyoshi Yasuda, 1964

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Zatoichi sekisho yaburi (a.k.a. “Adventures of Zatoichi”)

Japón, 1964

Director: Kimiyoshi Yasuda

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Shozaburo Asai

Intérpretes: Shintaro Katsu (Zatoichi), Miwa Takada (Saki)

Música: Taichiro Kosugi

Argumento

Mientras Zatoichi descansa al borde de un camino, un hombre que parece bastante inquieto le pregunta hacia donde se dirige. El masajista responde que viaja rumbo a la localidad de Kasama. El individuo le pide que una vez allí le entregue una confidencial misiva a una joven llamada Sen, que se encuentra alojada en la posada Musashi. “Ah, me confía a mí esa misión porque soy ciego y no puedo leer el contenido de la carta” dice Ichi risueño. “No se trata de una carta de amor” contesta el otro con tono seco y tajante.

Zatoichi llega hasta Kasama. Allí están preparándose las festividades para el cercano evento del Año Nuevo. Una pareja de vendedores ambulantes le regala un tradicional muñeco daruma (una figura que según la creencia popular atrae a la buena suerte). Una vez en la posada Musashi, Ichi pregunta por Sen y le entrega la carta. “Espero que no se trate de nada grave” dice el masajista. “No, en absoluto” responde la chica sonriente. “Menos mal, ya temía ser portador de malas noticias” añade aliviado el ciego.

Ichi busca alojamiento y espera poder hospedarse allí, en la pensión Musashi. Pero como se acerca el Año Nuevo, todas las habitaciones ya están ocupadas. Sin embargo, al tratarse de un ciego, dos mujeres ya alojadas en la posada no tienen objeciones a que Ichi comparta habitación con ellas.

Mientras tanto, los habitantes de Kasama están preocupados porque el jefe yakuza Jinbei está cobrando demasiado dinero de “protección” y un alto precio en comisiones. Un político corrupto llamado Gorota está confabulado con él y ambos extorsionan a los lugareños y se reparten los inmensos beneficios.

Una de las jóvenes que comparte cuarto con Zatoichi es Saki, hija del alcalde de la vecina localidad de Ota. Saki es amiga de Sen. Además de exponerle los turbios tejemanejes de Jinbei y Gorota, la chica le cuenta al masajista que su padre partió hacia Edo el año anterior para tratar de lograr una bajada de impuestos. Desde entonces no ha regresado, y Saki sospecha que los yakuza de Jinbei o los hombres de Gorota lo mantienen retenido.

Entretanto Shinsuke, el hermano Sen, retorna a Kasama. Shinsuke fue el hombre que entregó la carta a Zatoichi, avisando en ella que tenía intención de regresar. Pero el joven, que está involucrado en asuntos de la yakuza, debe esconderse. Los hombres de Jinbei lo buscan para matarlo porque sabe demasiado. Shinsuke se oculta en un refugio del bosque cercano a la población, y su hermana acude allí para encontrarse con él, escoltada por Zatoichi. Shinsuke tiene la intención de matar a Jinbei, para vengarse por expulsarle de su organización tras haberle utilizado.

Saki sospecha que su padre fue asesinado, pero Zatoichi trata de animarla, convenciéndola de que no pierda la esperanza. El ciego está seguro de que pronto aparecerá sano y salvo. A Saki y a dos niños acróbatas que también se encuentran en la posada, Ichi les cuenta que cuando era pequeño fue separado de su padre, pero que aún confía en volver a “verle” algún día… El muñeco daruma que como obsequio el masajista recibió al llegar al pueblo carece de ojos, pero es posible pintárselos o colocárselos. Saki propone que le sean colocados los dos ojos, uno por cada uno de sus padres (el de Zatoichi y el de ella), cuando éstos aparezcan.

El ronin Gounosuke trabaja como yojimbo (guardaespaldas) para el oyabun Jinbei. El experto espadachín, capaz de medirse con el mismísimo Zatoichi, realiza más bien las funciones de un matón. Intenta en varias ocasiones retar al masajista, pero éste rechaza la confrontación por el momento. Sin embargo, concretan un duelo para el día mismo de Año Nuevo.

Ichi conoce en la taberna a un viejo borrachín, del que todos se burlan y al que nadie respeta. El benevolente ciego se apiada de ese pobre hombre, y le invita a tomar algo de sake con él. El borracho le dice que no tiene familia, a excepción de un hijo del que tuvo que separarse cuando era pequeño… “Mi hijo ahora debería tener más o menos tu edad”. Cuando el anciano bebedor comienza a cantar, viejos recuerdos acuden a la memoria de Ichi. Le pregunta donde aprendió esa canción, y el viejo le responde que en tal ciudad, pues él nació y se crió allí (Se trata, al parecer, del mismo lugar del cual es oriundo Zatoichi). El masajista comienza a preguntarse si tal vez ese viejecito llamado Giju, tan aficionado a la bebida, no sería por casualidad su padre…

En otra de las ocasiones en las que Sen acude a encontrarse con su fugitivo hermano Shinsuke, oculto en el bosque, ambos son atacados por los hombres de Jinbei. Zatoichi había acompañado a la chica, y abate a los agresores, pero no puede impedir que Shinsuke sea mortalmente herido. En su agonía, el hermano de la muchacha confiesa que el desaparecido alcalde de la localidad de Ota está muerto, y que fue él el autor material de su asesinato. Actuó por órdenes de Jinbei, quien pretendía tenderle una trampa. Cuando Shinsuke cumplió su misión, lo dejó caer. Al escuchar que el padre de Saki está muerto, Sen comienza a sollozar. ¿Cómo podrá volver a mirar a los ojos a su amiga, cuando ésta se entere de que su hermano mató a su padre? Tras su confesión, Shinsuke expira. Ahora el ojo que correspondía al padre de Saki ya no podrá ser colocado en el daruma… ¿Pero tal vez sí el que representaba al padre de Zatoichi?

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Comentario

Kimiyoshi Yasuda dirige ésta novena entrega de las peripecias de nuestro espadachín ciego favorito. Zatoichi sekisho yaburi sigue la misma estructura que el resto de films de la saga, compartiendo con ellos analogías en cuanto a la trama y a los personajes. Está el malvado oyabun yakuza, el ronin que trabaja para éste y que es capaz de luchar contra Zatoichi (resistiendo más que sus contrincantes promedios), el intérprete que aporta la nota cómica, los niños ayudantes, la chica a la que el ciego protege y que termina encariñándose con él… Pero también hay algunos aportes nuevos, como información sobre el pasado de Zatoichi, sobre su procedencia y sobre su padre perdido.

FHP, agosto de 2015

Emanuelle e Françoise – Joe D´Amato, 1975

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Emanuelle e Françoise (Le sorelline)

Italia, 1975

Director: Joe D´Amato

Género: Drama, thriller, softcore

Guión: Joe D´Amato, Bruno Mattei

Intérpretes: George Eastman (Carlo), Rosemarie Lindt (Emanuelle), Patrizia Gori (Françoise)

Música: Gianni Marchetti

Argumento

Françoise es una joven que trabaja posando como modelo fotográfica. Un día que la sesión de fotos termina antes de lo previsto, regresa a la casa en donde vive encontrándose con que su novio Carlo está en la cama con otra mujer. Carlo, lejos de sentirse sorprendido o pesaroso, reacciona con frialdad y arrogancia, echando de casa a su novia. Ésta vaga atribulada por las calles, portando una maleta con sus escasas pertenencias. Trata de llamar a una tal Emanuelle, pero siempre salta el contestador automático. Desesperada y sin ganas de seguir viviendo tras un desengaño tan cruel, Françoise camina hasta las vías del ferrocarril y se arroja cuando pasa el tren.

Más tarde, en el tanatorio, el cadáver debe ser reconocido por su hermana mayor. Ésta no es otra que Emanuelle, la mujer con la que Françoise había tratado sin éxito de comunicarse. Los policías allí presentes le dicen a Emanuelle que entre los restos de su hermana encontraron una carta de despedida dirigida a ella.

Tras leerla, tanto Emanuelle como las autoridades comprenden que ese individuo llamado Carlo, al que se menciona en el escrito, es responsable del suicidio. Los agentes han tratado de localizarlo, pero no ha sido posible. Al parecer, Françoise llevaba una doble vida, pues ninguna de las personas interrogadas con las que la difunta tenía contacto habitual sabían nada de ese novio suyo. La misiva deja entrever que Carlo es un jugador empedernido que siempre pierde y que está permanentemente endeudado. Cuando no puede pagar, Carlo ofrece a Françoise para que sus acreedores se diviertan con ella. Sin embargo, la chica no le abandona: Siente un amor ciego hacia él, se trata de una relación enfermiza y adictiva, autodestructiva para ella. Él sólo la utiliza manejándola a su antojo, pero ella no puede estar sin él.

Emanuelle es una mujer con un alto poder adquisitivo, que reside en una lujosa villa y es propietaria de varios caballos de carreras. Un día, en el terreno donde entrenan los equinos, ve a un tipo que se asemeja a Carlo por la descripción que Françoise hiciera de él. Tras preguntar a uno de sus empleados, averigua que es un jugador profesional que quiere apostar en las carreras, y que tiene muchas deudas. Emanuelle comprende que se trata del hombre que estaba buscando.

Carlo es un casanova nato, y al ver a Emanuelle intenta conquistarla. Ella inicialmente finge desinterés, pero se complace en haber encontrado al individuo que empujó a su hermana a la muerte. Ella pretende atraerlo para destruirlo lentamente, vengando así a Françoise…

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Comentario

En ésta ocasión, Joe D´Amato nos propone un cruce entre drama y thriller – sin escatimar, como es habitual en él, en escenas de desnudos y sexo softcore (trío lésbico incluído).

Cuando Emanuelle encuentra a Carlo, comienza un sutil juego de seducción para cautivarlo y atarlo (también en el sentido literal, como veremos). No se entrega de inmediato a él como suelen hacer el resto de las mujeres, y precisamente por eso Carlo se siente tan fascinado por ella (Una mujer cuarentona del montón, que por lo demás no es particularmente atractiva). Emanuelle quiere tratar a Carlo del mismo modo que éste trató a su hermana; manipularlo y utilizarlo.

Las personalidades de las dos hermanas no podían ser más diferentes. Françoise, la más joven, es ingenua, dócil e inocente; está sinceramente enamorada del macarra Carlo, un truhán ludópata y playboy, que no duda en ponerla de patitas en la calle cuando se cansa de ella – provocando así su suicidio. La madura Emanuelle, por su parte, es astuta y calculadora. Además, odia a los hombres. Va a propiciar que la ley del karma se vuelva contra el indeseable que causó la muerte de su hermana. Mediante flashbacks (a raíz de la lectura de la carta) vemos cómo era la tormentosa relación de amor-odio entre Françoise y Carlo; secuencias que se van alternando con la intervención de Emanuelle para vindicar a su hermana.

En su cautiverio, encadenado y mantenido a base de pan y agua en una habitación secreta en la villa de Emanuelle, Carlo piensa que ella está actuando por cuenta de alguno de sus muchos enemigos a los que debe dinero. No sabe (todavía) quién era su hermana, y que la tortura a la que es sometido es el fruto de una bien planificada venganza. El maltrecho Carlo, drogado y atado de pies y manos por cadenas, se ve reducido a tener que comer mendrugos de pan seco del suelo, como un perro; mientras que Emanuelle disfruta del espectáculo y con sorna realiza un strip-tease a través de una pared corrediza de cristal transparente.

Sin embargo, Carlo no se da por vencido y tratará de escapar; manipulando con un alambre las esposas que le mantienen retenido. Además, su desaparición ha levantado las suspicacias de Mira, otra de sus novias, quien le había visto últimamente en compañía de Emanuelle.

Digna de mención es la escena en la que Carlo, bajo el influjo de los alucinógenos que Emanuelle le inyecta, cree ver un orgiástico y delirante festín caníbal a través del cristal. La película gana considerablemente en interés a partir de la segunda mitad, y el tenso final es muy bueno.

Joe D´Amato firmó el guión de la película con su nombre real, Aristide Massaccesi; y contó para la elaboración del mismo con la ayuda de Bruno Mattei; otro de los directores emblemáticos de la exploitation italiana.

Carlo está interpretado por el gran George Eastman (Luigi Montefiori), a quien vimos en “Cani Arrabbiati” (Mario Bava, 1974) y quien más adelante interpretaría al loco de la isla griega en “Antropophagus” (1980), también de Joe D´Amato. Patrizia Gori, que encarna a Françoise, tiene papeles secundarios en “Zinkssärge für die Goldjungen” (Jürgen Roland, 1973) y en “Quelli che contano” (Andrea Bianchi, 1974), ambas protagonizadas por Henry Silva.

Los personajes “Emmanuelle y Françoise” resultan reminiscentes de “Justine y Juliette”, las hermanas creadas por la pluma del Marqués de Sade; dos mujeres completamente opuestas: Justine es sumisa, creyente, confiada y candorosa; pero su vida es un calvario, siempre de una desgracia a la otra. Juliette, por su parte, es pérfida, depravada y carente de escrúpulos; pero asciende rápidamente en la escala social, acaparando gran prestigio y riquezas. De Sade escribió sobre las dos hermanas en sus libros “Justine o los infortunios de la virtud” (1791) y “Juliette o las prosperidades del vicio” (1796). El cineasta español Jesús Franco, que tiene mucho en común con Joe D´Amato, dedicaría una película a Justine: “Marquis de Sade: Justine” (1969), con Romina Power como protagonista.

FHP, abril de 2016

 

Tango 2001 (a.k.a. “Tango of perversion”) – Kostas Karagiannis, 1974

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Tango 2001 (a.k.a. “Tango of perversion”)

Grecia, 1974

Director: Kostas Karagiannis

Género: Thriller

Guión: Lazaros Montanaris a.k.a. Elio Montanari

Intérpretes: Lakis Komninos (Stathis), Vagelis Voulgaridis (Ioakim), Erika Raffael (Ioanna), Dorothy Moore (Rosita)

Música: Yannis Spanos

Argumento

El club nocturno “The Tango” es frecuentado por personajes variopintos: Stathis, una especie de gigoló y playboy, su drogodependiente novia Ionna, la voluptuosa Rosita, que tiene inclinaciones lésbicas; o también el tímido Ioakim, quien disfruta viendo a las chicas bailar y se las imagina desnudas, pero no se atreve a aproximárseles. La mayoría de los asiduos al local se conocen entre ellos.

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Stathis (Lakis Komninos) y Ioanna (Erika Raffael)

Rosita trata de aprovecharse de la adicción a las drogas de Ioanna para conseguir que se acueste con ella. Como Stathis no le trae su dosis, ella le ofrece lo que Ioanna necesita; pero lógicamente quiere algo a cambio…

El ingenuo Ioakim siempre es utilizado por su “mejor amigo” Stathis, un gorrón y aprovechado, quien tiene las llaves de su casa y lleva allí frecuentemente a sus clientas y amantes; que suelen ser adineradas mujeres casadas. Lo que Stathis ignora es que Ioakim tiene una pasión voyeurística, y filma los encuentros sexuales desde una habitación secreta separada del dormitorio por un vidrio que desde un lado parece un espejo y desde el otro es transparente.

El apocado y retraído Ioakim sólo consigue excitarse al contemplar cómo otros tienen sexo. Él mismo es impotente. Un médico le dice que nada puede hacer por él, pues su impotencia no es orgánica sino psicológica; físicamente está sano. Ioakim le confiesa su impotencia a su padre, y éste le firma un cheque para que pueda pagar un tratamiento psiquiátrico. Le recomienda además que se consiga una novia.

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Ioakim (Vagelis Voulgaridis)

Una noche en el club, Rosita le pide a Ioakim las llaves de su casa, para poder llevar allí a Ioanna. Ésta se había resistido hasta el momento a sus avances, pero la necesidad de consumir su dosis la empuja hacia el encuentro lésbico que pretendía evitar. Ioakim (que es un “pagafantas”) le da las llaves a Rosita, creyendo ilusamente que ésta le “recompensará”.

Stathis ve a las dos mujeres salir del club. Ellas toman un taxi y él las sigue hasta la casa de Ioakim. Éste, por su parte, también se dirige a su casa lo más velozmente posible, accede a su habitación secreta y desde allí prepara su cámara para filmar a las dos chicas a través del espejo de dos caras.

Cuando Rosita se beneficia de Ioanna, llega Stathis (quien también tiene las llaves). Él quiere unirse a las dos para formar un trío, pero Rosita se rebela, provocando su furia. Mientras se pelean, Ioanna aprovecha para escaparse. Ioakim continúa filmando. La riña entre Stathis y Rosita sube de tono, pronto pasan a las manos y a los golpes. Durante el forcejeo, ella tiene la mala suerte de perder el equilibrio y cae desnucándose contra un mueble. Stathis comprueba conmocionado que está muerta, y se marcha rápidamente del lugar.

Ioakim, que lo ha presenciado y grabado todo, sale de su escondite cuando su amigo se ha ido; quedándose a solas con la bella y desnuda muerta. Una tentadora excitación nueva se apodera de él… Con un cuerpo inanimado sí que es capaz de tener erecciones. Así, Ioakim “pierde su virginidad” con el cadáver de Rosita, tras lo cual procede a deshacerse del mismo: Roba un coche, lo conduce hasta un acantilado y lo despeña con la muerta dentro.

Entretanto, el preocupado Stathis, muy nervioso, llama una y otra vez a casa de Ioakim. Éste no descuelga el auricular. Al día siguiente, Stathis busca a su amigo, y trata de averiguar si la noche anterior no notó nada “extraño” en su casa. Ioakim finge no saber a qué se refiere. Poco después, en los periódicos aparece la noticia del “accidente” de Rosita, las autoridades están al corriente de que el coche del siniestro era robado.

Unos días más tarde, Stathis rompe con Ioanna y cansado de ella la echa de su casa. El gigoló vuelve a encontrarse con una de sus amantes y la lleva como de costumbre a casa de Ioakim. Éste, sin que nadie lo sepa, se encuentra preparado para filmar en la habitación secreta. Pero ésta vez Stathis no está de humor para el sexo, pues recuerda la pelea que días antes tuvo lugar en esa misma habitación, la pelea en la que fatídicamente mató a Rosita. Stathis se marcha, dejando sola a la mujer. Ésta, desengañada y furiosa, toma un cenicero lanzándolo contra el espejo, rompiéndolo y descubriendo tras él a Ioannis y sus aficiones voyeurísticas.

Ioakim le ruega que no se lo cuente a nadie, y confiesa que él hace eso porque es impotente y no es capaz de mantener relaciones sexuales con mujeres. Ella se burla de él, y dice que se lo va a contar a todo el mundo – Y esa es su sentencia de muerte… Ioakim se abalanza contra ella para impedirle que se marche. Durante la disputa la estrangula, e instantes después se da cuenta de que la ha matado. Luego, como ya hiciera con Rosita, tiene sexo con el cadáver y se desembaraza del cuerpo mediante el mismo procedimiento que la vez anterior. Pero ésta vez, la policía comienza a sospechar y un comisario suspicaz intuye que hay gato encerrado…

El comisario interroga a Stathis, quien fue el último que vio a la difunta con vida, y ordena que el club “The Tango” sea puesto bajo vigilancia.

Al mismo tiempo, la desamparada Ioanna, a quien Stathis ha echado de casa, llega a la villa de Ioakim en busca de refugio. Él acepta hospedarla. Ver en su cama el apetecible cuerpo desnudo de ella comienza a excitarle… Pero hay un pequeño problema: La chica está viva…

La sórdida senda de la perversión, que de inofensivo voyeur lo ha llevado a viciarse con la necrofilia, le tienta ahora para que se convierta también en un asesino…

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Ioakim (Vagelis Voulgaridis), Stathis (Lakis Komninos) y Ionna (Erika Raffael)

Comentario

Una muy grata sorpresa desde Grecia es éste genial thriller repleto de suspense; con grandes cargas dramáticas y eróticas. La película escarba sin tapujos en psicopatías de caracter sexual y en las consecuencias del vicio; y la escabrosa trama está aderezada con una buena ración de humor negro. Por sus características el film seguro que haría las delicias del enfant terrible nipón Takashi Miike (“Visitor Q”, 2001).

El infeliz Ioakim está acostumbrado a que las mujeres lo ignoren y se burlen de él. Se encuentra en el polo completamente opuesto respecto a su amigo el macho alfa Stathis. La impotencia sexual (psicológica) que padece Ioakim es consecuencia directa de su falta de confianza en sí mismo, que, como en un círculo vicioso, se acrecienta a causa de su nulo éxito con las mujeres. Sólo grabando a otros teniendo sexo y viendo en soledad sus clandestinas películas pornográficas el pobre fracasado encuentra una efímera vía de escape a su frustración… Pero Ioanna, chica frágil que como él tiene problemas (pues depende de las drogas) parece poder convertirse potencialmente en una compañera perfecta. Juntos, tal vez,  podrían superar sus respectivas angustias. Ella es una joven cariñosa y comprensiva, que al ver a Ioakim como a un hombre, sin mofarse de él,  será capaz de curarlo de su impotencia. Pero Stathis, celoso e indignado cuando se corre la voz de que su ex-novia ha iniciado una relación con su mejor amigo, no está dispuesto a tolerar que la felicidad de la pareja dure mucho. Stathis teme convertirse en el hazmerreír del club si la gente se entera de que su novia está ahora con “un perdedor y un espantajo” como Ioakim. Pero éste posee una información que compromete seriamente a Stathis, y así se lo insinúa a su “mejor amigo”: Ioakim conoce perfectamente las circunstancias que rodearon a la muerte de Rosita…

En el detalle del espejo doble (y también en la atmósfera general de la película) éste thriller helénico tan sumamente recomendable recuerda a „Emanuelle e Françoise – Le sorelline“ (1975), interesante film italiano del maestro del exploitation Joe D´Amato – Y por cierto, el personaje de Stathis (interpretado por Lakis Komninos) es muy similar al de Carlo (George Eastman) en la película de D´Amato.

FHP, abril de 2016

Terror y encajes negros – Luis Alcoriza, 1985

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Terror y encajes negros

México, 1985

Director: Luis Alcoriza

Género: Thriller, comedia negra, drama

Guión: Luis Alcoriza, Ramón Obón

Intérpretes: Maribel Guardia (Isabel), Gonzalo Vega (Giorgio), Jaime Moreno (Rubén), Claudia Guzmán (Coquis)

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Argumento

La bella y escultural Isabel vive confinada en casa por su celoso marido. La joven esposa desearía salir por la ciudad, tener un grupo de amigas, irse de compras o al cine. Pero el posesivo Giorgio teme que, si sale sola, sea asediada en la calle por otros hombres.

El matrimonio reside en un ático, en lo alto de un gran edificio de apartamentos. Bajo ellos vive César, solitario hombre de mediana edad, tranquilo y retraído, aficionado a la música clásica y a la antropología. Pero no son esos sus únicos intereses: El reservado caballero tiene un pasatiempo bastante más escabroso; oscuras fantasías a las que da rienda suelta por las noches…

Debajo de César viven tres chicas, compañeras de piso, estudiantes frívolas y juerguistas. Acostumbran a poner la música muy alta y desesperan a su circunspecto vecino con el escándalo. Coquis, sencilla y atractiva, es la chica de los recados del edificio. A César no le gusta que ella vaya por ahí con el pelo suelto, insiste en que mejor se lo recoja. Y es que al respetable señor le excitan sobremanera las melenas femeninas, más adelante veremos hasta qué punto…

Desobedeciendo a su marido, Isabel decide salir de paseo por la ciudad. Rápidamente, como Giorgio preveía, ella se convierte en un imán para los hombres. En un centro comercial, Isabel se encapricha de un liguero y un corsé negros; y no duda en comprárselos con el dinero que recientemente le pidió a su esposo.

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Cuando regresa a su casa, Isabel debe enfrentarse a la furia de su marido, que le pide explicaciones – pues acostumbra a llamarla desde la oficina para cerciorarse de que está en casa. Discuten acaloradamente y ella llega a pedirle el divorcio, pero poco después se reconcilian como si nada. Isabel se da cuenta de que para sus siguientes salidas deberá emplear una coartada.

Mientras tanto, César se dedica a salir por las noches, cambiando sospechosamente la matrícula de su automóvil… Se dirige a “cazar cabelleras”, en busca de mujeres a las que escalpar… Ese es el gran secreto que esconde el introvertido y discreto vecino. En un armario colecciona a modo de fetiches las decenas de melenas de sus víctimas.

Isabel vuelve a salir, y una vez más es el centro de atención de todas las miradas masculinas. Cuando se rompe uno de sus tacones y cae al suelo es auxiliada por uno de los pasantes, Rubén, que se ofrece a acompañarla a su casa en coche. Isabel acepta, aunque tratando de mantener las distancias. No le da su teléfono, pero él ha visto dónde vive. Para tener una coartada de cara a su marido, Isabel va a visitar a su cuñada, la hermana de él. Así podrá excusarse diciendo que pasó la tarde con ella.

Pocos días después, Isabel recibe una llamada de Rubén. Éste la localizó a través de la guía telefónica. La joven se siente sorprendida, y dice inicialmente que volver a verse será algo imposible, pero termina cediendo; y accede a un breve encuentro. Una vez en el bar, Rubén se comporta como un caballero, y le dice a Isabel que comprende su situación, que ella no puede quedarse siempre encerrada en casa como en una cárcel, que necesita “realizarse”, etc. Su táctica para llevársela al huerto va por buen camino.

Giorgio es informado en la oficina de que ha sido elegido para acompañar al jefe en un viaje de negocios a Tijuana. Eso quiere decir que se ausentará de casa por unos días…

La noche en la que el celoso marido se marcha, Rubén ya ha convencido a Isabel de que vaya a visitarlo a su apartamento. Ella se coloca la lencería sexy que no se había atrevido a mostrarle a su esposo y se dispone, aunque muy dubitativa, a ir hacia allí. Entretanto, de camino al aeropuerto, una de las ruedas del coche de Giorgio sufre un pinchazo. No tiene tiempo de cambiarla, y corre el riesgo de perder su vuelo a Tijuana…

Al mismo tiempo, en el piso de las tres “estudiantes” tiene lugar una escandalosa fiesta; que una vez más altera los nervios de César, vecino de arriba. A casa de éste llega Coquis, insinuante y con su pelo suelto, tentándole…

Una tragedia está a punto de desencadenarse… ¿O son varias?

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Comentario

Excelente película mexicana, cruce de géneros entre la comedia negra, el drama y el thriller. Esa aparente disparidad de estilos en el mismo film funciona muy bien en éste caso, consiguiendo un largometraje muy divertido, al mismo tiempo que tenso e intrigante (sobre todo a partir de la segunda mitad).

Inicialmente se nos presentan dos historias principales paralelas: Por un lado la de los Martínez (Giorgio e Isabel), con los celos y la complicada relación matrimonial; y por el otro la de César y su doble vida, un catedrático solitario amante de la tranquilidad, que por las noches es dominado por su lado psicopático, estableciéndose en él una dualidad similar a la del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Aunque los Martínez y César son vecinos, no se conocen entre sí más que de vista. Pero a partir de la segunda mitad de la película, se desencadenará una serie de eventos que hará que las dos historias confluyan.

Pese al engañoso título, “Terror y encajes negros” no puede encuadrarse en el género de terror como tal. No hay nada sobrenatural a lo largo del film. Sin embargo, la protagonista Isabel sí que vivirá un auténtico terror, un pánico atroz, al ser perseguida por el edificio por el maníaco del hacha. Esas secuencias, con la chica huyendo en el ascensor, por el techo o escondiéndose en su piso; están maravillosamente bien logradas, resultando tensas en grado sumo, muy inquietantes y hasta claustrofóbicas. Al mismo tiempo hay momentos en esas escenas con un toque sutil de humor, algo que tiene mucho mérito al no estropear la atmósfera tan turbadora (el espectador realmente sufre con la protagonista). Se trata en ese caso de un humor negro e irónico: Como cuando, mientras Isabel corre por el tejado huyendo del loco con el hacha, oye cómo se aproxima un coche de policía, que aparca justo a las puertas de su edificio… Pero los agentes sólo llegan para pedirles a las vecinas juerguistas que bajen el volumen de la música. Isabel, desde el techo, intenta desesperadamente llamar la atención de los policías, y para ello les tira a la calle su vestido (quedándose ella en ropa interior). Sin embargo, los policías, cuando les cae el vestido con el que Isabel trata de alarmarles, comentan jovialmente algo así como “Vaya, sí que está animada la fiesta” y se marchan…

Isabel está interpretada por Maribel Guardia, actriz de origen costarricense que desarrolló su carrera en México y a la que ya vimos en “Pedro Navaja” (Alfonso Rosas Priego, 1984). Maribel Guardia está muy convincente en su papel, despertando la completa empatía del espectador. Claudia Guzmán da vida a Coquis, la chica de los recados, que si bien tiene un papel secundario es un personaje de crucial importancia en la película (para que las dos historias que se narran desde el principio terminen confluyendo). Claudia Guzmán participaría en la memorable “Violación” (Valentín Trujillo, 1989), y en ese otro thriller mexicano también aparece Olivia Collins; quien en la película que nos ocupa se pone en la piel de una de las frívolas vecinas pachangueras.

“Terror y encajes negros” fue dirigida por Luis Alcoriza, originalmente español, quien emigró a México durante la Guerra Civil. Alcoriza era amigo y colaborador de Luis Buñuel, escribiendo con él ocho de sus guiones (entre otros los de “Los Olvidados”, 1950; o “Él”, 1953).

FHP, abril de 2016

Violación – Valentín Trujillo, 1989

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Violación

México, 1989

Director: Valentín Trujillo

Género: Suspense, acción

Guión: Valentín Trujillo

Intérpretes: Valentín Trujillo (Pepe), Eleazar García Jr. (Irak), Olivia Collins (Laura), Claudia Guzmán (Jenny)

Música: Diego Herrera

Argumento

El reportero Pepe Garrido trabaja una noche en su casa en uno de sus artículos, ayudado por su amigo el aprendiz Sancho. De repente ambos escuchan ruidos sospechosos procedentes del piso de abajo. Se asoman a las escaleras, y ven como tres hombres cargan con su vecina Alma. Sancho piensa que deben ser “cuates” suyos, que la llevan así porque habrá bebido demasiado, y que es mejor no meterse donde no les llaman. Pero a Pepe algo no le cuadra. Su sexto sentido de periodista le dice que se trata de asaltantes. De inmediato llama a la policía, pero para su gran desconcierto los agentes no le hacen ningún caso. Entonces el intrépido reportero decide intervenir él mismo. Armado tan solo con su cámara de fotos tira la puerta de su vecina abajo y sorprende a los tres maleantes “con las manos en la masa”. Uno de ellos, un individuo bigotudo y de aspecto particularmente patibulario, estaba violando a la joven, que había sido maniatada.

Cuando Pepe hace fotos de la escena que se encuentra, los criminales comienzan a disparar contra él, pero el periodista consigue huir. Al ruido de los disparos acude la policía y arresta a los malhechores.

Pepe trata de convencer a su vecina de que haga una declaración formal denunciando a sus agresores, pero la chica tiene miedo. “Aunque los denuncie volverán pronto a la calle y se vengarán de mí”. Pero Pepe está convecido de que ésta vez será diferente, porque tiene las fotos que prueban la implicación de los delincuentes.

Finalmente Alma accede a declarar, José y Sancho la acompañan a las dependencias policiales. Pero el comisario no la toma en serio. Además, el médico encargado de examinarla dictamina que, al no encontrar desgarramientos ni huellas de esperma, no hay pruebas que atestigüen una violación.

“Todos ustedes están  más podridos que los que me atacaron” les espeta con furia la joven antes de marcharse. Un par de días después, el violador del bigote y sus dos secuaces salen a la calle bajo fianza. El feroz bigotudo, al que llaman Irak, es el líder. Sus compinches se oponen a que siga violando, pues ellos sólo son delincuentes comunes, ladrones que actúan por dinero. En cambio Irak es un psicópata; necesita abusar sexualmente de las jóvenes a las que desvalija. Durante el acto, además, se coloca siempre unos auriculares en los que escucha música mientras perpetra la violación. Uno de sus dos esbirros le deja, pero el otro acepta seguir con él cuando le promete que le pagará el doble.

Pepe está muy frustrado al comprobar que los delincuentes se han salido con la suya. Alma, traumatizada, se ha marchado de la vecindad. El periodista se dispone a combatir la injusticia mediante sus artículos, y escribe un contundente reportaje criticando la pasividad de las autoridades, la ineficacia y laxitud de las leyes. Sin embargo, al director del diario no le gusta nada el artículo… El jefe se mofa de Pepe llamándolo “Clark Kent”, y le reprende con dureza: “¿Pretendes que nos clausuren el periódico? Tienes más coraje que prudencia, y eso no es bueno en éste negocio”.

La novia de Sancho es Jenny, una secretaria que trabaja en las oficinas del periódico. Irak y su cómplice lo primero que pretenden al salir de prisión es darle un escarmiento al entromentido periodista, y se quedan en un coche apostados frente al edificio del diario “El Heraldo” donde Pepe trabaja. Ven salir a Pepe con Sancho y Jenny. Ya es de noche. Pepe acerca a la pareja en su automóvil hasta la casa de ella. Y hasta allí los sigue Irak…

Pepe tiene una relación con Laura, una empleada de una tienda de modas. Ambos deciden casarse espontáneamente, y esa misma noche van a buscar a un funcionario para que realice el enlace. Mientras tanto, Sancho intenta convencer a Jenny de que se acueste con él, pero la chica le dice que “tenga paciencia”, que espere hasta el matrimonio. Sancho, al no ser capaz de conseguir un “adelanto”, se despide de su novia y se marcha a su casa para darse “una ducha fría”… Irak, que estaba todo el tiempo al acecho, se introduce en el piso de Jenny a través de una ventana cuando la chica se ha quedado sola…

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Comentario

Valentín Trujillo, icónico intérprete del cine de acción y policiaco mexicano, protagoniza y dirige éste trepidante e intenso thriller. Trujillo da vida al valiente reportero José “Pepe” Garrido, hombre idealista y sediento de justicia.

Pepe está cada vez más desencantado ante la indiferencia de las autoridades, que parecen proteger a los delincuentes en lugar de a las víctimas. El temerario periodista hará todo lo que esté en su mano para combatir a los criminales, especialmente al siniestro violador Irak. Éste último, interpretado por Eleazar García Jr., es un peligroso maníaco de aspecto bestial: Grande y fuerte, con un poblado bigote, el cabello oscuro con una mecha canosa peinado con gomina hacia atrás, mirada gélida y feroz, siempre vestido de cuero negro.

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Eleazar García (en otra película)

Cuando Irak comienza a acosar a mujeres que pertenecen al círculo íntimo de Pepe, éste le declarará una guerra sin tregua. Sintiendo gran impotencia ante la incapacidad de las autoridades para retirar permanentemente de las calles a ese energúmeno, Pepe decidirá tomarse la justicia por su mano…

La película busca ser una crítica social, y tiene bastantes elementos en común con el polizziesco italiano de los años setenta: En ese género también solía ser un tema recurrente la lucha de un hombre solo (normalmente un policía) contra bandas criminales que operan con la complicidad de la “justicia”. El cuerpo de policía como organismo tiene las manos atadas, pero un agente solitario, consciente de la iniquidad del sistema, se rebela y actúa por su cuenta.

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Claudia Guzmán (Jenny)

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Olivia Collins (Laura)

Éste interesantísmo film de Valentín Trujillo tiene también claras influencias del subgénero “rape&revenge” en lo que al argumento respecta. También pueden observarse reminiscencias de “giallo” – pues aunque sabemos desde el principio quién es el criminal, éste realiza siempre sus fechorías ataviado de cuero negro (como las famosas manos de Argento), y sobre todo la forma en la que están rodadas ciertas escenas recuerdan al thriller italiano.

Pero el toque más curioso lo aportan los momentos cómicos, algunos rozando el “slapstick”, y que abundan a lo largo de la primera mitad. Podría pensarse que en una película como ésta la comedia está fuera de lugar, pero lo cierto es que los momentos desenfadados y humorísticos sirven como recurso para que el espectador “baje la guardia”, de forma que las escenas de tensión e intriga que siguen a continuación le cojan desprevenido. Así, tras ver momentos inocentes y graciosos aparecen de repente secuencias muy crudas y violentas, e incluso trágicas: El contraste es brutal, lo que resulta muy efectivo; otorgando al conjunto del largometraje un encanto muy particular.

El personaje más cómico es el entrañable Sancho, el payasil amigo de Pepe. Sancho (interpretado por Rodolfo Rodríguez) admira al reportero, a quien ve como una especie de hermano mayor, y aspira a ser un gran periodista como él. Pero sus constantes meteduras de pata y sus comentarios fuera de lugar le convierten en una especie de bufón. Su aspecto consolida esa imagen: Un jersey de Micky Mouse y unas ridículas y gigantescas gafas ochenteras. Su teléfono está “camuflado” con la forma de una botella de Coca-Cola.

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Rodolfo Rodríguez (Sancho)

Así, la película va incluyendo numerosos momentos cómicos – como cuando Pepe se queda dormido en su despacho, o su improvisada boda con Laura, o los ruegos de Sancho para que Jenny se acueste con él –  Esos jocosos momentos de comicidad van siendo aleatoriamente combinados con escenas brutales y escabrosas, lentas, muy tensas e incluso angustiosas (rodadas cámara en mano y muchas veces desde la perspectiva de la víctima). A partir de la segunda mitad, el humorismo se evapora, la trama se torna completamente seria y la historia se centra en torno a la venganza personal de Pepe.

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Mario Almada, que como Valentín Trujillo es uno de los máximos exponentes del policiaco ochentero mexicano, tiene un papel secundario como detective en acción. A Valentín Trujillo ya lo vimos en la memorable “Policía de narcóticos” (Gilberto de Anda, 1986).

La potente banda sonora de Diego Herrera resulta también muy efectiva, incluyendo elementos de música electrónica.

Por último, es curioso señalar que el nombre (¿o apodo?) del “malo de la película” sea Irak; teniendo en cuenta que el film fue rodado en 1989, cuando comenzó la campaña de demonización contra Saddam Hussein. También el característico mostacho del villano recuerda por cierto al que lucían Saddam y muchos de los ministros y oficiales iraquíes.

“Violación” de Valentín Trujillo es una joya del cine mexicano de serie B que es menester reivindicar.

FHP, marzo de 2016