Il Grande Racket – Enzo G. Castellari, 1976

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Il Grande Racket

Italia, 1976

Director: Enzo G. Castellari

Género: Polizziesco, acción, crítica social

Guión: Enzo G. Castellari

Intérpretes: Fabio Testi (Nico), Vincent Gardenia (Pepe), Orso Maria Guerrini (Rossetti)

Música: Guido & Maurizio De Angelis

Argumento

Una banda de extorsionistas se dedica a aterrorizar a los negociantes (propietarios de tiendas, supermercados, restaurantes…) de un barrio romano para cobrarles unos impuestos semanales de “protección”. Carecen absolutamente de escrúpulos y sus métodos son implacables. El jefe de la organización es un individuo elegante con fino bigote conocido como el Marsellés.

El maresciallo Nico Palmieri (Fabio Testi) intenta terminar con la banda, pero ello resulta difícil, debido a que los testigos (los comerciantes) están demasiado intimidados para declarar contra los criminales, pues éstos son desalmados psicópatas que no vacilarán en cometer las más abyectas monstruosidades. Sólo el propietario de una modesta trattoria, padre de una hija pre-adolescente, se atreve a firmar una declaración que incrimina a los sospechosos. Y pagará con creces las consecuencias: Pues su hija, de unos 12 años, es secuestrada por los delincuentes, violada y asesinada.

La próxima vez que integrantes de la banda acuden al local del pobre hombre, éste, lejos de pagar “los impuestos” recibirá a los criminales a tiros, haciendo lo que la policía y la “justicia” tiene las manos atadas para hacer.

Palmieri (que ha sido víctima de un atentado de la banda, sobreviviendo a una brutal agresión – los chantajistas tiraron su coche por un barranco… con él dentro), busca la forma de desarticular a la organización, pero se encuentra con varios obstáculos dentro del mismísimo cuerpo de policía, pues sus “métodos no gustan”, por ser demasiado “expeditivos” (o tal vez, por ser demasiado efectivos…). Además, los integrantes de la banda del Marsellés (que siempre mantiene un perfil bajo y distante, permaneciendo en segundo plano) cuentan con el constante auxilio de un abogado (corrupto), y cada vez que son detenidos, a las pocas horas vuelven a estar en la calle.

Las investigaciones (individuales) de Palmieri (para quien el caso se convierte en un asunto personal), le hacen llegar a la conclusión de que las actividades de extorsión que practica la banda son tan sólo la “punta del iceberg”, y que el Marsellés está implicado en asuntos de narcotráfico y otros negocios de alcance internacional.

En sus pesquisas, el aguerrido maresciallo cuenta con la colaboración de un veterano delincuente, el “Tío Pepe”, quien pese a cometer actos ilegales es un personaje de buen corazón que repudia la violencia y el terror que emplea la banda de chantajistas, y se muestra dispuesto a informar a Palmieri sobre los movimientos en los bajos fondos.

Cuando poco más tarde el agente es despedido del cuerpo de policía por órdenes de las “altas instancias” (que encubren al grupo criminal), Palmieri formará una alianza con varios presidiarios, ayudándoles a escapar de la cárcel y organizándolos para un implacable enfrentamiento contra los subordinados del Marsellés. Entre los presos liberados se encuentran el “Tío Pepe”, y el dueño de la trattoria, que cumplía condena por el homicidio de tres de los criminales, en venganza por la violación y el asesinato de su hija. También un rival del Marsellés, y un cazador experto con armas de fuego, que desea resarcise por el asesinato de su esposa a manos de los criminales.

Comentario

Muy buen polizziesco de Enzo Castellari, repleto de enormes dosis de violencia, grandes diálogos e impactantes escenas de acción, entre las que destacan los tiroteos. Se muestra sin ambages la crueldad de cierto tipo de delincuencia urbana (que suele actuar a las órdenes de otros delincuentes más peligrosos aún, pero con máscara “respetable”), así como la impotencia del sistema para derrotarla. Se hace patente la impunidad de los auténticos y peores criminales, que están protegidos por las cloacas del “estado de derecho” y por la laxitud de unas leyes que no ponen el bien común en primer lugar, sino el “individual”… con todo lo que ello conlleva.

Entre otros muchos títulos, Castellari también es el director de “La polizia incrimina, la legge assolve” (1973), otro polizziesco de similar temática (el título ya lo dice todo); de “Keoma” (1976), un italo-western visto desde la perspectiva de un mestizo de indio (interpretado por Franco Nero); o de la original “The Inglorious Bastards” (1978), en la que se inspiró Quentin Tarantino para perpetrar su hollywoodiense engendro.

“Il Grande Racket” recuerda en su estilo a “Cani arrabbiati” (1974) (a.k.a. “Rabid Dogs”) de Mario Bava, a films de Sam Peckinpah como “Straw Dogs” (1971) (“Perros de Paja”), y también a una película menos conocida (pero no por ello menos excelente) llamada “L´ultimo treno della notte” (1975), de Aldo Lado.

FHP, 2014

Vite perdute – Giuseppe Greco (a.k.a. Giorgio Castellani), 1992

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Vite perdute

 

Italia, 1992

Director: Giuseppe Greco (a.k.a. Giorgio Castellani)

Género: Drama social, tragicomedia

Guión: Giuseppe Greco

Intérpretes: Maria Amato, Carlo Berretta, Gianni Celeste

Argumento

La película cuenta las andanzas de un grupo de jóvenes delincuentes de medio pelo en la turbulenta Palermo de principios de los noventa (algo así como los “perros callejeros” sicilianos). Se suceden varios episodios interrelacionados por la involucración de los integrantes de la banda, que también por separado hacen de las suyas, en sus respectivos microcosmos.

Al inicio del film, comienza la historia vista desde la perspectiva de un pobre desgraciado muerto de hambre, que se las ingenia para sustraer un pollo asado con la ayuda de una especie de tridente, y que está perdidamente enamorado de Lucia, una chica de familia acomodada, que pasa de él olímpicamente. Como el infeliz no tiene teléfono en su casa, le escribe una carta a Lucia rogándole que llame al teléfono de su vecina, la signora Carmella, y que ésta le avisaría a él. Obviamente, ella nunca le llamará; y sin que volvamos a tener noticia del desventurado, la siguiente escena nos transporta a las correrías del grupo delictivo…

El líder de los malvivientes es un veinteañero llamado Rosario. Él y su banda organizan el secuestro de Lucia, la hija de familia rica. Un día la interceptan a la salida de su casa y la introducen por la fuerza en un coche, dándose a la fuga. Una patrulla de la policía secreta que se encontraba en las inmediaciones observa los hechos y se dispone a detener a los delincuentes. Se desata una larga persecución por las calles de Palermo, que luego continúa en la carretera por las montañas a las afueras de la ciudad. Los secuestradores huyen en dos coches diferentes, y uno de ellos (con la policía “pisándole ya los talones”); precisamente aquel donde también se encuentra la secuestrada, se sale de la carretera y cae rodando por una empinada pendiente, impactando contra las rocas y explotando a continuación. Rosario, que iba en el otro coche algo más por delante, contempla la escena estupefacto, y para vengar a sus amigos, frena, desciende del automóvil y acribilla a balazos a los policías perseguidores, a los que considera responsables de la tragedia.

Por la noche está en su cama tratando de dormir, sin lograr conciliar el sueño a causa de la congoja que le producen los hechos del día; cuando llega su madre (muy preocupada por la vida inestable y errática que lleva) y le amonesta por “no seguir con sus estudios”, “no buscarse un trabajo”, etc, como las madres típicamente suelen hacer.

La progenitora de Rosario trabaja de criada en la casa de un influyente político, que se siente eróticamente atraído por ella. Se trata lógicamente de una madurita, pero el rechoncho y calvo “onorevole” es aún más “madurito”, y se aprovechará sexualmente de ella cuando Rosario es encarcelado tras un intento de atraco, pues con sus influencias consigue la rápida liberación del joven a cambio de ciertos “favores” por parte de la madre de éste. Rosario es puesto en libertad no sólo debido a la intercesión del político, sino también debido a que un incómodo testigo de sus fechorías ha sido intimidado por sus secuaces para que en el momento del careo padezca ciertas “lagunas mnemónicas”, declarando “no acordarse” y “no reconocer” al delincuente entre los sospechosos… Una vez el jefe del grupo está en la calle, se reúne con sus „discípulos“ y tiene lugar una especie de parodia de la última cena.

Pero un policía que se parece a Bud Spencer, insatisfecho con el lamentable hecho de que los rateros salgan a la calle poco después de ser detenidos y harto de la impotencia de la justicia para condenar a los delincuentes, tratará de poner fin a las correrías de Rosario y los suyos.

Comentario

Las tramas dentro de la trama no siempre están bien hilvanadas, de forma que a veces no alcanza del todo a comprenderse la “historia-esqueleto” que sostiene a la película. Por ejemplo, el pobre desgraciado que aparece al inicio, que en los primeros diez minutos se supone que será el protagonista, y con el que el público empieza a sentir gran empatía, ya no vuelve a aparecer más. Ésto es atribuíble a los fallos que presenta en el guión ésta desconocida (pero interesante) producción transalpina.

Existen ciertas reminiscencias pasolinianas (y “eloydelaiglesianas”), pues se encuentra retratado ese subproletariado con tendencia a la comisión de actos delincuenciales, temática recurrente del cineasta boloñés, como en “Accatone” (1961) o “Mamma Roma” 1962) (y en España, del cine quinqui)… En éste contexto también viene a la memoria “Amore Tossico” (1983) de Claudio Caligari (protagonizado, como “El Pico” (1983), por auténticos yonkis y maleantes), aunque éste film se encuentra más bien encuadrado en la línea de “Christiane F.” (1981) y los dramas de drogodependientes heroinómanos de los años ochenta.

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Michele Greco, jefe de la Mafia palermitana

El director de éstas “Vidas Perdidas” es el hijo, nada menos, que del jefe de la Mafia siciliana Don Michele Greco (1924-2008), conocido como “El Papa” y mediador entre las familias de la Cosa Nostra, condenado en el Maxiprocesso de Palermo en 1986 – Una especie de Vito Corleone de la vida real.

La banda sonora corre a cargo de un grande: Claudio Simonetti, líder de los Goblin, compositor también de la excelente y setentera/ochentera música synth-rock-wave que acompaña a la mayoría de las películas de Dario Argento (“Suspiria”, “Profondo Rosso”, etc).

FHP, 2014

Gotti – Robert Harmon, 1996

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Gotti

EEUU-Canadá, 1996

Director: Robert Harmon

Género: Gangsters

Guión: Jerry Capeci, Gene Mustain

Intérpretes: Armand Assante (John Gotti), Anthony Quinn (Aniello Dellacroce), William Forsythe (Sammy Gravano), Frank Vincent (Robert DiBernardo)

Música: Mark Isham

Argumento

 

En los años setenta, John Gotti (Armand Assante) es un gangster asociado a la facción de Aniello “Neil” Dellacroce (Anthony Quinn) en el seno de la familia Gambino de la Mafia de New York. Gotti acostumbra a reunirse con sus subalternos en el club social Ravenite, sito en la Mulberry Street de Little Italy. Entre los hombres de su equipo se encuentran su hermano Gene y Angelo “Quak-Quak” Ruggiero. Un día, Neil Dellacroce visita a Gotti en el Ravenite y le comunica que Don Carlo Gambino, el capo di tutti capi, desea hablarle. John y Neil llegan a la casa donde reside el anciano boss, allí los esperan éste, su brazo derecho Paul Castellano (primo y cuñado) y el consigliere Joe “Piney” Armone (Dominic Chianese). Don Carlo tiene un trabajo para Johnny-Boy: Liquidar al gangster irlandés que en una pelea mató a su sobrino.

Tras cumplir el encargo, la influencia de Gotti comienza a crecer en la familia. Pero un soldado que colaboró con él en la eliminación del irlandés resulta ser una fuente de potenciales problemas, debido a su comportamiento demasiado impulsivo e indiscreto, influenciado por el consumo excesivo de cocaína. Gotti decide quitar de en medio a éste estorbo. Pero lo hace sin el consentimiento de la familia. Ello supone una ruptura con las estrictas reglas de la Mafia. Además, a diferencia de Gotti (que tan sólo es todavía un “asociado”) el soldado era un “made man”, un “hombre hecho”, que ha pasado por el rito de iniciación de Cosa Nostra. Y por si fuera poco, era un integrante de la facción de Castellano, primo y cuñado de Don Carlo y su designado sucesor.

Según las leyes de la Mafia, John debería ser ejecutado por haberse saltado las normas de una forma tan flagrante. Pero gracias a la intercesión de su mentor Dellacroce, uno de los subjefes de la familia junto a Castellano, es perdonado. Se salva así de la muerte, pero no de la cárcel: poco después debe ingresar en prisión por el homicidio del irlandés. Pasa un par de años tras los barrotes, y tras cumplir su condena es recibido por los suyos como un héroe. Ahora ya es „uno de los nuestros“, un made man (aunque del rito iniciático no se vea nada en la película).

Estamos en 1976, y el viejo Don Carlo ha fallecido. Al frente de la familia le sucede Paul Castellano, a quien Gotti detesta. Desde hace más de una década, los Gambino han estado compuestos por dos facciones complementarias (ambas unidas gracias a la autoridad de Don Carlo, pero con relaciones recíprocamente poco cordiales entre ellas); la de Neil Dellacroce (a la que pertenecen Gotti y los suyos) y la de Castellano. Mientras que Castellano se encarga de supervisar operaciones financieras de alto nivel, de la delincuencia de cuello blanco (en la construcción, la recogida de basuras, las comisiones, etc); Dellacroce dirige a los tough guys, a los chicos duros de la calle, y coordina sus operaciones de extorsión, asaltos a mano armada, hijackings (o secuestro de camiones repletos de mercancías, etc). Dellacroce es el jefe de los gangsters típicos, y Castellano por su parte, es más bien un hombre de negocios (sucios, sí; pero negocios de oficina, que le mantienen alejado del mundo de la calle).

Sólo hay una cosa que, bajo las directrices de Gambino, para ambas facciones siempre ha sido esencial: Nada de traficar con drogas. El narcotráfico atrae demasiado la atención de las autoridades. La compra y venta de drogas es un “no go”, un asunto tabú, para los uomini d´onore, para la Mafia de la vieja escuela. Sin embargo, para desgracia de Gotti, varios hombres de su equipo no se atienen a esa regla de oro, entre ellos su propio hermano. Cegados por la codicia, Genie y “Quak-Quak” (llamado así por su propensión a hablar demasiado, algo que tampoco es aceptable – y que puede ser peligroso – cuando se es miembro de una sociedad secreta) están traficando con ingentes cantidades de heroína, lo cual pronto se convierte en un secreto a voces en todo Brooklyn.

Generalmente, a éstas alturas de los años setenta, el narcotráfico ya estaba muy difundido entre los integrantes de las cinco familias, pero oficialmente seguía prohibido por la Comisión – aunque en general los jefes solían ser “tolerantes” y mirar para otro lado (el líder de los Bonanno, Carmine Galante, era él mismo un narcotraficante a gran escala, uno de los mayores artífices de la “Pizza Connection”). Pero ésta política de hacer la vista gorda no era practicada por Paul Castellano, quien como su predecesor era muy severo en temas de drogas. Dellacroce advierte a Gotti sobre el peligro que se cierne sobre su equipo si Big Paul llega a enterarse, y John amonesta a los suyos, sin que ésto les haga cambiar de proceder.

En 1980 una tragedia sacude a la familia. No a la de Cosa Nostra, a los Gambino; sino a la familia personal de Gotti. Su hijo Frank, que paseaba en bicicleta por la vecindad, es atropellado por un coche y muere en el acto. El causante del desaguisado es un vecino de los Gotti, John Favara. Pese a que se trata de un desgraciado accidente, Favara no podrá eludir la venganza del gangster. Un día es asaltado por sus hombres, entre ellos Salvatore “Sammy the Bull” Gravano, quienes le ultiman a tiros en represalia.

Hacia mediados de los ochenta Gotti ha ascendido de “soldado” a caporegime, o capo. Las tensiones en el seno de los Gambino se recrudecen, y ambas facciones (hasta ahora en cierto modo complementarias) comienzan a distanciarse. Sobre todo en el equipo de Gotti, el malestar por el liderazgo de Paul Castellano se hace cada día más patente. En 1985, Gotti teje una conspiración para eliminar al jefe (y reemplazarlo). Para ello, realiza “sondeos” dentro de la familia, y logra hacerse con el apoyo de una parte importante de los demás capos, entre ellos Sammy Gravano. A inicios de diciembre fallece el anciano y enfermo Neil Dellacroce, mentor de Gotti, una especie de padre para él en el seno de la Mafia. El odio de John hacia Castellano crece ante el hecho de que Castellano no se ha dignado a presentar sus respetos al fallecido histórico de los Gambino, prefiriendo no acudir al funeral.

El 16 de diciembre de 1985 tiene lugar el asesinato de Big Paul y de su fiel lugarteniente (subjefe y guardaespaldas) Tommy Bilotti. Ambos son cosidos a balazos cuando se disponían a descender de la limusina que acababa de aparcar frente al restaurante Spark´s Steak House de Manhattan. Gotti y Gravano supervisan la operación desde un coche al otro lado de la calle. Poco más tarde, a principios de 1986, John Gotti pasa a ser nombrado oficialmente como nuevo jefe de la familia Gambino. La ruptura con la Mafia de la vieja escuela, con los tiempos de Don Carlo, es ahora total. Sammy Gravano pasa a ser el subjefe, y de la vieja guardia sólo queda Joe Armone, quien aprobó la eliminación de Castellano y que continúa siendo el consigliere.

A partir de ahora, gracias a su carisma y a su peculiar estilo, Gotti comienza a hacerse muy popular en los medios. Por sus caros trajes hechos a medida comienzan a llamarlo “The Dapper Don”, el “Don dandy”. A ese sobrenombre pronto se añadirá uno nuevo: “The Teflon Don”, pues ningún caso se le “quedaba pegado”; logró salir victorioso de dos procesos. El primero de los juicios, por agresión a un conductor en una disputa callejera; un asunto trivial de aparcamientos. El individuo en cuestión, llamado a testificar, no tenía ni idea quién era Gotti en el momento de los hechos. Ante la corte, cuando el juez le instó a señalar a su agresor, cuando se le preguntó si lo reconocía en el banquillo de los acusados, el pobre hombre, consciente ya de que se trataba del jefe de los Gambino, repuso (temeroso de su vida) que “no se acordaba”, que lo había “olvidado todo”. Así, el capo fué absuelto, y al día siguiente los periódicos titularon “I Forgotti”, juego de palabras con “olvidé” (I forgot) y “Gotti”. Sin embargo, el segundo proceso trataba de algo bastante más serio: Los fiscales intentaron meter al “padrino” entre rejas en base a la ley federal RICO (Racketeer Influenced and Corrupt Organizations Act), mediante la cual se había descabezado con éxito a las otras cuatro familias de la Mafia de New York: Los respectivos jefes de los Bonanno (Phillip Rastelli), los Genovese (Anthony Salerno), los Lucchese (Anthony Corallo) y los Colombo (Carmine Persico). También Paul Castellano estaba encausado, pero Gotti lo libró de ir a la cárcel, pues cayó bajo una lluvia de plomo antes del veredicto. Ahora era Gotti quien se enfrentaba a un juicio que pretendía ser la continuación del llamado Caso Comisión. Pero también logró salir indemne, gracias a la pericia de su abogado Bruce Cutler, siendo absuelto por falta de pruebas.

Los agentes que día y noche seguían los pasos de la cúpula de los Gambino, vigilando constantemente el Ravenite social club y sus inmediaciones, se enteraron de que, cuando Gotti y sus más cercanos colaboradores debían discutir asuntos realmente relevantes subían a un piso situado en el mismo edificio, perteneciente a una viejecita, viuda de uno de los hombres de Dellacroce. La buena señora salía a pasear y allí se quedaban los gangsters, que se sentían seguros y hablaban sin pelos en la lengua, describiendo sus negocios sin tapujos. Una noche, agentes del FBI instalaron micrófonos en la vivienda. A partir de entonces escucharían las conversaciones del escurridizo capo, y reunirían las pruebas suficientes para lograr su definitivo encarcelamiento.

No todos estaban satisfechos con el liderazgo de Gotti. “Piney” Armone, el anciano consigliere, le recriminó su carácter excesivamente “extrovertido” hacia los medios de comunicación, su amor por el protagonismo. Las excentricidades y el afán de llamar la atención son características que pueden agradar “al público” pero que no son bien vistas por los taciturnos mafiosi de la vieja escuela (que guardan un perfil bajo). Esa forma poco prudente de proceder puede resultar contraproducente para la seguridad del clan. Asimismo, la decisión de liquidar a Castellano se hizo sin el consentimiento de las otras cuatro familias. Pues, del mismo modo que para quitar de en medio a un “soldado” hay que pedir permiso al jefe; para “golpear” al jefe se debe contar con el asentimiento de los otros cuatro jefes. Por lo tanto, Armone recomienda a Gotti que se “ponga en guardia”. Efectivamente, no mucho después, en abril de 1986, un coche bomba destinado contra el flamante jefe de los Gambino hace volar por los aires los pedazos de Frank DeCicco, uno de sus más cercanos colaboradores. Gotti empieza a obsesionarse con la seguridad, y a su comportamiento excéntrico y pendenciero se une ahora la paranoia. Ve posibles traidores y conspiradores por todas partes, y ordena el asesinato de varios de sus hombres, entre ellos Robert “DeeBee” DiBernardo (Frank Vincent), un capo dedicado al negocio de la pornografía. “DeeBee” es atraído a las oficinas de Sammy Gravano, y mientras éste le distrae invitándole a tomar un café, uno de sus sicarios le dispara un tiro en la nuca.

Las grabaciones en casa de la viejecita finalmente dan sus frutos. El 11 de diciembre de 1990, agentes del FBI irrumpen en el Ravenite y arrestan a Gotti, Gravano y al nuevo consigliere Frank LoCascio. Cuando éstos escuchan sus propias voces, que han sido grabadas por los micrófonos policiales en la casa que los gangsters creían segura, saben que ésta vez no se van a librar tan fácilmente del “Hotel Rejas”. Sammy Gravano se indigna al oír en esas cintas a Gotti hablando mal de él a sus espaldas, llamándole “codicioso”, entre otras cosas. Los agentes del FBI y la fiscalía comprueban con regocijo que meter cizaña entre ambos será muy útil para mandar a Gotti a la cárcel para siempre…

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El auténtico John Gotti

Comentario

Ésta co-producción televisiva (canado-estadounidense) de la HBO narra el ascenso y la caída de John Gotti (1940-2002) basándose en el guión del periodista Jerry Capeci, especializado en la Mafia italoamericana y administrador del sitio web con actualizaciones semanales Ganglandnews. En general el film es bastante fidedigno con la historia real, y los personajes están bien caracterizados. Armand Assante da vida al “Dapper Don” con gran acierto, pero lo verdaderamente sensacional hubiera sido que (al estilo del “Vaquilla”) hubieran permitido a Gotti salir de la cárcel para que se interpretara a sí mismo. Con su amor a las cámaras y a su “público”, seguro que habría estado encantado de hacerlo. Aniello Dellacroce está caracterizado por Anthony Quinn, quien en la vida real era al parecer amigo de John Gotti, o al menos simpatizante y defensor suyo (como también el actor Mickey Rourke). A DiBernardo lo interpreta Frank Vincent, un habitual secundario en las películas de gangsters, que también aparece en “Goodfellas” (a.k.a. “Uno de los nuestros”) (1990) y “Casino” (1995), ambas de Martin Scorsese. Éstas dos grandes películas, por cierto, son muy superiores a la “Gotti” (1996) de Robert Harmon que nos ocupa, como también (siguiendo con ésta temática) “Donnie Brasco” (1997) de Mike Newell con Al Pacino y Johnny Depp, asimismo basada en hechos reales (la infiltración del agente del FBI Joe Pistone en la familia Bonanno). La melancólica melodía de la película es buena y emotiva, pero la banda sonora en general (siempre muy importante) podría ser mejor. Aún así, “Gotti” es altamente recomendable y su visión resultará especialmente de interés para los amantes del género, y para aquellos que se hayan previamente documentado acerca de las intrigas en el seno de la Mafia neoyorkina, de la cual John Gotti (el auténtico) fue uno de los más importantes protagonistas.

FHP, 2014

Sicario – José Ramón Novoa, 1995

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Sicario

 

Venezuela, 1995

Director: José Ramón Novoa

Género: Drama

Guión: David Suárez

Intérpretes: Laureano Olivares (Jairo), Néstor Terán (Tigre), Melissa Ponce (Rosa)

Argumento

Colombia, 1990. Jairo (Laureano Olivares), es un adolescente de unos 16 años que vive en los suburbios de Medellín junto a su madre, su hermana y su hermano pequeño Aníbal. La familia, de clase baja, a duras penas sale adelante con los escasos ingresos de la sufrida progenitora, quien trabaja de cocinera en un restaurante. Jairo pronto cae en las redes de los patibularios pandilleros del barrio; éstas “malas compañías” le tientan con el “dinero fácil” (pero peligroso) que puede ganarse en el turbio mundo de la delincuencia organizada. Poco a poco, Jairo se irá sumergiendo en una espiral de crímenes y violencia, en un círculo vicioso del que ya no será posible salir.

Tras cometer su primer homicidio durante un atraco, el jóven llama la atención de un captador de sicarios del cártel de Medellín. Éste le encarga el asesinato de un importante magistrado y le promete a cambio ingentes cantidades de pesos. Jairo tiene éxito en su misión y cobra la suma acordada. En su barrio, se dedica a ayudar a su familia, dándole gran parte del dinero a su madre. Ésta sin embargo está sumamente preocupada por las andanzas de su vástago y  lamenta con congoja la carrera delictiva que éste ha emprendido. Jairo se lleva a su novia Rosa un fin de semana a la costa, y pernoctan en un hotel (tras haber sobornado al recepcionista, pues a menores de edad no les está oficialmente permitido alquilar habitaciones por su cuenta). Rosa ignora en qué anda metido Jairo, pero sospecha que está inmerso en asuntos ilegales, debido al mucho dinero que de repente posee.

Jairo se había iniciado sexualmente con una prostituta (una “experta” que afirmaba haber “desvirgado generaciones”, incluídos “generales y obispos”; y en cuyo dormitorio lucía un retrato de Ronald Reagan) pero con Rosa todavía no se había acostado hasta el fin de semana que pasaron juntos en el hotel, a instancias de ella, que aún deseaba “ser respetada”.

Aníbal, el hermano pequeño, comienza a drogarse y ya no va a la escuela; la angustiada madre achaca su errático comportamiento al mal ejemplo de Jairo. Antes muy interesado en el fútbol, Aníbal ya no quiere ser “como René Higuita”, y rechaza el balón que le regala su hermano, lo que provoca la furia de éste.

Un día se produce una redada policial en la barriada de Jairo, éste es detenido junto a numerosos de sus compinches, y enviado a prisión. Allí conocerá la dura y sórdida vida penitenciaria, será hacinado en una celda con psicópatas y degenerados, será violado por un pervertido ante la indiferencia cómplice de los guardias. Pero poco después, durante un partido de la selección colombiana (era el Mundial de 1990), se venga de su agresor apuñalándole repetidas veces mientras está en el cuarto de baño, sentado en la taza del váter.

A continuación, el jóven es liberado, llevado a la presencia de un importante jefe del narcotráfico y conducido a un campo de entrenamiento para sicarios, regentado por una especie de “sargento de la Chaqueta Metálica” alemán llamado Klaus. Allí Jairo y muchos otros chicos de su edad pasan por una especie de “servicio militar” bajo las directrices de los narcos, con pruebas extremas. Los muchachos se ven obligados a pelear entre ellos, a correr decenas de kilómetros al día, a realizar múltiples ejercicios de superación de obstáculos y a absolver un riguroso entrenamiento físico, de combate cuerpo a cuerpo y con armas. Uno de los jóvenes, el que más destaque por su destreza, será seleccionado por el “capo” para un “trabajo”: La eliminación de un poderoso político en Bogotá.

Como no podía ser de otra manera, el eligido resulta ser Jairo. Los demás “pelaos” son traicioneramente acribillados a balazos por el ejército privado del narco, cuando Jairo ha abandonado el campamento. El jefe y uno de sus socios, alias Pingüino, informan sobre el encargo a Jairo y a otro adolescente experto motorista (que debe ayudar al precoz sicario en la fuga tras el atentado). El político, candidato presidencial, debe ser ejecutado “el sábado a las 10 de la mañana” durante el próximo partido de Colombia. Por ello cobrarán millones de pesos. Jairo se enfrenta ahora a la más arriesgada de sus misiones. Si falla, morirá… Y si tiene éxito, puede que también.

Comentario

Interesante producción colombiana sobre los convulsos años en los que la violencia relacionada con el mundo del narcotráfico sacudió al país. Recuerda en varios detalles a las dos “El Pico” de Eloy de la Iglesia, aunque al parecer los actores no son delincuentes reales como sí era el caso en el cine quinqui “de la Madre Patria”.

El paso del jóven Jairo por los ambientes del sicariato antioqueño está retratado con gran intensidad dramática y convincente realismo en ésta ignota película sudamericana. Muy recomendable, más que otros films colombianos de temática similar como “Perro come Perro” o “Rosario Tijeras”.
FHP, 2014

Napoli spara! – Mario Caiano, 1977

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Napoli spara!

Italia, 1977

Director: Mario Caiano

Género: Polizziesco, acción

Guión: Gianfranco Clerici, Vincenzo Mannino

Intérpretes: Leonard Mann (comisario Belli), Ida Galli (Lucia), Henry Silva (Santoro)

Música: Francesco De Masi

Argumento

El jóven e intrépido comisario Belli está destinado en Nápoles y se ha propuesto mandar tras las rejas al peligroso delincuente Santoro (Henry Silva). Éste se dedica con su banda a cometer numerosos desvalijamientos, violentos asaltos a bancos y al secuestro de vehículos que transportan dinero. Pero es difícil conseguir pruebas contra Santoro, ya que éste cuenta con importantes amistades en el seno de la Camorra. Es un protegido del poderoso Don Alfredo, el anciano jefe de la organización.

Belli trata inútilmente de compilar evidencias para poder arrestar a Santoro, mientras que al mismo tiempo intenta llevar por “el buen camino” al pequeño Gennarino, un avispado niño de la calle, un delincuente juvenil comparable al Vaquilla en España, que también es muy diestro al volante pese a su corta edad. El comisario le amenaza con llevarlo al reformatorio, pero el precoz maleante continúa haciendo de las suyas (“ayudando” a los coches a aparcar para luego robarles las ruedas, etc).

Aunque Santoro parece intocable, algo jugará en favor de Belli: El delincuente tiene muchos leales en la Camorra, pero igualmente no son pocos sus enemigos. Lo espectacular de sus robos y atracos no es bien visto por algunos camorristas, que prefieren operar de manera más discreta. Los adversarios de Santoro como Licata o Calise intentan eliminarlo, pero paradójicamente una intervención del comisario Belli evita que Santoro sea acribillado por los sicarios de sus rivales. Éste a su vez, en agradecimiento, le perdonará la vida a Belli en un futuro encuentro, cuando pudiendo haberlo matado decide no hacerlo. “Estamos en paz”. Pero ésto provocará suspicacias entre los superiores del comisario, que insinúan una colaboración entre ambos, lo cual para Belli resulta insultante, y decide más motivado que nunca capturar al prófugo camorrista.

El comisario ingenia un plan para sembrar aún más cizaña entre Santoro y sus oponentes: Junto a otros policías asaltan la villa de uno de los capos rivales mientras están allí jugando a la ruleta por grandes cantidades de dinero, haciéndose pasar por hombres de una banda enemiga. Quieren así dar la impresión de que el ataque lo ha ordenado Santoro.

Finalmente Belli logra detenerlo (con la colaboración del pequeño Gennarino, que aparece al volante de un coche en el momento más oportuno) y Santoro es enviado a prisión, donde (gracias a sus contactos) goza de privilegios y vive más cómodamente que el resto de los presidiarios.

Mientras tanto, en un parque, un pedófilo trata de abusar de una niña, pero es descubierto antes de que pueda consumar su aberrante acción y casi linchado in situ por padres y ciudadanos. Arrestado, es llevado a comisaría, donde Belli le dice que “Los que son como tú dan asco hasta a los delincuentes”. Efectivamente así es, el pervertido es enviado a prisión, y allí marginado por los demás internos, quienes en un momento dado, lo circundan en el patio aprovechando un descuido de los guardianes, y con un objeto cortante le amputan el miembro. Pues, en todos los países, el código de honor de delincuentes y presidiarios rechaza y condena a violadores y pederastas, siendo éstos frecuentemente apuñalados o castrados por los presos comunes, que odian a éstos degenerados. En esa misma cárcel se encontraba Santoro, que logra escapar en una ambulancia con la complicidad de ciertos funcionarios y la cobertura del boss Don Alfredo.

Mientras tanto, Belli ha descubierto que Santoro está detrás de la muerte del hijo de Don Alfredo, asesinado varios años antes. Ésto el máximo Jefe de la Camorra obviamente no lo sabe, y la única persona que está al corriente y puede ser un testigo incómodo es una antigua amante del hijo del boss y de Santoro, que huyó de Nápoles para evitar problemas. Belli dice que “A Santoro nosotros no le preocupamos en absoluto, pero sí que le tiene miedo a Don Alfredo” (si llega a enterarse de que mató a su hijo)…

Belli le tiende una trampa a Santoro atrayendo a la estación de trenes a la ex- amante/testigo como cebo, y cuando el criminal aparece para tratar de liquidarla, el comisario y los demás agentes de policía intervienen para arrestarlo. Santoro escapa y en el tiroteo una bala alcanza al pequeño Gennarino. Santoro también es herido y cae a la vía del vagón donde se parapetaba, siendo arrollado por el tren en el cual pretendía huir.

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Comentario

Muy entretenido polizziesco similar a los de Umberto Lenzi (“Napoli Violenta”- 1976), con buenas dosis de acción, persecuciones en coche, tiroteos y peleas. Especialmente las trepidantes persecuciones recuerdan a los films que poco más o menos por la misma época rodaría en España José Antonio de la Loma, con la participación del Vaquilla, el Torete y otros jóvenes delincuentes interpretándose a sí mismos.

Henry Silva como siempre da vida a un gélido gangster “de armas tomar”; frío como un témpano y duro como el pedernal. Muy en su línea, como en “Milano Calibro 9” (1972) o “Il Boss” (1973), ambas de Fernando Di Leo; o en “Quelli che contano”(1974), de Andrea Bianchi.

FHP, 2014

Serie “Escobar, el Patrón del Mal” (Caracol TV, 2012)

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En la biografía que la viuda del acaudalado terrateniente boliviano (y exportador de cocaína) Roberto Suárez escribiera sobre su difunto esposo, puede leerse una curiosa anécdota:

Pablo Escobar y Roberto Suárez, que era quien le suministraba la mercancía, vieron juntos en 1983 la excelente “Scarface” (a.k.a. “El precio del poder”) de Brian De Palma en una sala de cine privada. Inmediatamente, Pablo se sintió identificado con Tony Montana (interpretado por Al Pacino), y advirtió las similitudes de su proveedor y socio con Alejandro Sosa (Paul Shenar). Efectivamente, el personaje de Sosa está inspirado en Roberto Suárez.

Si “Scarface” narra a modo de largometraje el ascenso y la caída de un gran capo de la droga (el ficticio Tony Montana), “Escobar, el Patrón del Mal” hace lo mismo en formato de teleserie (sobre un narco real) a lo largo de 113 trepidantes capítulos de aproximadamente media hora cada uno.

En varios países de Iberoamérica ha sido arrollador el éxito de ésta serie colombiana. La historia del controvertido Pablo Emilio Escobar Gaviria está retratada desde su infancia en los años ´50 y sus inicios en el mundo de los asuntos delictivos (empezó como ladrón de lápidas y contrabandista de tabaco) hasta su persecución, acorralamiento y muerte en 1993.

Retransmitida en Colombia en 2012, “El Patrón del Mal” está basada en el libro „La Parábola de Pablo“ de Alonso Salazar (ex-alcalde de Medellín), y presenta una visión bastante fidedigna de las andanzas del famoso bandido y de su compleja personalidad. Uno de los principales guionistas, Camilo Cano, es hijo de una de las víctimas de Escobar, el director del diario “El Espectador” Guillermo Cano.

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El actor Andrés Parra (izquierda) y el auténtico Pablo Escobar

Pablo Escobar está magistralmente interpretado por Andrés Parra, quien da vida al narcotraficante de manera sumamente fiel; tanto en su aspecto físico como en su voz y carácter.

Una peculiaridad de la serie es que cambia ligeramente los nombres de muchos de los personajes reales que aparecen en ella. Así por ejemplo, Carlos Lehder pasa a llamarse “Marcos Herber”, Virginia Vallejo se convierte en “Regina Parejo”, o los hermanos Ochoa, hijos de un rico ganadero y socios de Escobar en el negocio de la droga, son “los hermanos Motoa”. Roberto Escobar alias “el Osito” (quien por cierto escribió desde la cárcel un libro sobre su hermano Pablo) es “Alberto el Peluche”; el sicario Popeye (excarcelado el pasado año) pasa a ser “el Marino”; Rodríguez Gacha alias el Mexicano es “González Rocha alias el Mariachi”, y así sucesivamente.

Aparecen algunas situaciones ficticias, pero los acontecimientos más relevantes que se pueden ver en la serie sucedieron en realidad. Sólo unos pocos personajes fueron inventados por los guionistas, como es el caso de la prostituta Mireya, amiga de Pablo y hermana del Chili (el Pinina). Ésta parece no envejecer nunca, pues tiene el mismo aspecto cuando conoce a Pablo a principios de los ´70 que a finales de la serie (1993).

Pablo Escobar es sin duda un personaje sumamente polémico y lleno de contrastes (es un mérito enorme el de Andrés Parra haber interpretado a la perfección un papel tan complejo).

Generoso con los humildes e implacable con la oligarquía. Un “robin hood” paisa para unos, un terrorista asesino para otros. Muy amante de su familia, siempre preocupado por el bienestar de su esposa y sus hijos (lo que se convertiría en diciembre de 1993 en su talón de Aquiles). Pero cruel, frío y despiadado con sus enemigos (o con aquellos que consideraba como tales).

Pablo Escobar era consciente de que para ser realmente poderoso era menester también gozar de impunidad. Impunidad equivale a inmunidad, y viceversa. Por ello coqueteó durante años con la política, hasta finalmente darse cuenta de que ello era inútil (“la clase política colombiana es más corrupta que los propios bandidos”), dando inicio así una guerra sin cuartel entre su organización (el Cartel de Medellín) y el estado colombiano. Se trataba de luchar contra la extradición: “Preferimos una tumba en Colombia antes que una celda en los EEUU”. Escobar (y otros como Lehder) contemplaban el tráfico de cocaína hacia los EEUU como una herramienta, como un arma contra el imperialismo y los gringos (nunca se les habría ocurrido vender la droga para que fuera consumida en Colombia). “La cocaína es la bomba atómica de Latinoamérica”.

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Carlos Lehder y “Marcos Herber”

Carlos Lehder (de origen medio alemán y oriundo de la ciudad de Armenia, en el Quindío) fundaría un partido político de carácter soberanista, el “Movimiento Cívico Latino Nacional”, y un periódico, el “Quindío Libre”. Antes de ser detenido y extraditado, había formado un grupo guerrillero en la selva. En la serie (donde se llama Marcos Herber) le da vida el actor Alejandro Martínez, que tiene un notable parecido físico con él.

Pero Escobar o Lehder nunca se dieron cuenta (o se percataron demasiado tarde) de que estaban siendo utilizados por aquellos que decían combatir. Pues CIA y DEA son en realidad el poder desde la sombra que no solo tolera, sino además fomenta y controla el narcotráfico a escala global… Ésto no se dice en la serie – lo cual no es ninguna sorpresa, pues en ese caso “El patrón del mal” habría sido censurada o al menos no habría podido emitirse alcanzando a una audiencia tan amplia. También se omite, por cierto, la estrecha colaboración que Gonzalo Rodríguez Gacha “el Mexicano” (en la serie “el Mariachi”) y los jefes paramilitares hermanos Castaño (en la serie “hermanos Moreno”) tuvieron con los servicios secretos israelíes (que les surtían de armas y los entrenaban; véase el papel que jugó en Colombia Yair Klein).

La serie sobre Pablo Escobar lo tiene todo: drama, acción, intriga, amor, toques humorísticos, actuaciones brillantes, muy buena banda sonora… Siendo además una narración cronológica bastante veraz de la historia colombiana reciente. ¡Sumamente recomendable!

Tras haber sido emitida en varios países hispanohablantes a través de la televisión, puede ahora disfrutarse online en páginas como ésta. ¡No se la pierdan!

FHP, 2015

Tengo miedo (V.O. Io ho paura) – Damiano Damiani, 1977

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Tengo miedo (V.O. Io ho paura)

Italia, 1977

Director: Damiano Damiani

Género: Thriller, polizziesco

Guión: Nicola Badalucco, Damiano Damiani

Intérpretes: Gian Maria Volonté (Ludovico Graziano), Erland Josephson (juez Cancedda), Mario Adorf (juez Moser)

Música: Riz Ortolani

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Argumento

Italia, años setenta. Se están cometiendo sangrientos atentados contra destacadas figuras del aparato judicial y político. Al parecer, los responsables son extremistas tanto “de izquierdas” como “de derechas”, que siembran la inestabilidad en el país. El brigadier Ludovico Graziano (Gian Maria Volontè) es asignado como guardaespaldas y protector del juez Cancedda, cuya vida corre peligro. Éste magistrado muestra una conducta intachable de máxima honestidad, algo que no es el caso de la mayoría de sus compañeros de profesión. Graziano descubre que un almacén está sirviendo como tapadera para el tráfico de armas, suministradas a las bandas terroristas, y junto al juez Cancedda tratarán de tirar del hilo para descubrir a los cerebros de la trama. Cuanto más investigan, más se percatan (con gran angustia y desasosiego) de que altos funcionarios de la cúpula del Estado están inmiscuidos en el turbio asunto. Tienen miedo, de ahí el título del film; miedo de lo que no comprenden…

Todo comienza a complicarse cuando Cancedda llama un domingo a Graziano para avisarle preocupado de que le están espiando.

Tras las revelaciones de una misteriosa mujer, el juez y su guardaespaldas acuden a vigilar el portal de un supuesto piso franco de agentes subversivos. Allí Graziano reconoce a un peligroso terrorista, autor material de un atentado con explosivos contra un tren. Siguen a éste individuo, llamado Caligari, hasta una desierta playa; donde lo fotografían junto a un importante representante de los servicios secretos; el coronel Ruiz. El muy honesto (pero ingenuo) juez Cancedda, se dirige inmediatamente a denunciar a ese coronel corrupto a las altas instancias, firmando así su propia sentencia de muerte, pues ignora que también éstas “altas instancias” son corruptas… La cúspide de la trama está mucho más “arriba” de lo que el encomiable magistrado pueda sospechar. Cancedda acaba siendo asesinado sin que Graziano pueda impedirlo, y éste es herido durante un tiroteo contra el ejecutor. El sucesor de Cancedda en la investigación del caso pasa a ser el juez Moser (Mario Adorf). Una vez recuperado, Graziano se convierte en su escolta personal, acompañándolo en todo momento durante sus pesquisas. Pronto, el guardaespaldas se da cuenta de que están tratando de tenderle una trampa…

Comentario

Muy interesante thriller de espionaje político que retrata y explora los turbulentos acontecimientos que sucedieron realmente en la Italia de aquellos anni di piombo (años de plomo), en medio de la famosa “estrategia de la tensión”, también presente en la España tardofranquista y de la “Transición”. El juez Cancedda y su fiel escolta Graziano no podían adivinar hasta qué punto el propio Estado estaba implicado en los atentados que sacudían al país para evitar el advenimiento (y la consolidación) de una auténtica democracia nacional (orgánica); y para en cambio catapultar a Italia (y al resto de países de Europa occidental) a los brazos del atlantismo. Y es que no sólo “arriba” había que buscar a los más altos responsables del terrorismo; sino más bien “afuera”, pues las órdenes de los atentados (como el de, por ejemplo, la estación de trenes de Bolonia) no procedían precisamente de “extremistas” “izquierdistas” o “derechistas”; sino del otro lado del Atlántico. Los anni di piombo fueron el violento periodo impuesto a Italia por parte de los servicios secretos internacionales y la OTAN (mediante la trama GLADIO), alimentando los extremismos de ambos bandos (como se hace hoy con el “islámico”) y provocando atentados de bandera falsa con el fin de fomentar la inestabilidad, justificar el control de la población y fortalecer así la fáctica colonización del país por parte de la estructura de poder mundialista.

“Io ho paura” cuenta con un reparto de lujo: Nada menos que Gian Maria Volontè (El “Indio” de “La Muerte tenía un Precio”/”Per qualche dollaro in più”, Sergio Leone 1965) en el papel del brigadier Graziano; y Mario Adorf (Rocco en “Milano Calibro 9”, Fernando Di Leo 1972) como juez Moser. El director Damiano Damiani también realizó la muy recomendable “Pizza Connection” (1985). Y el compositor de la banda sonora es Riz Ortolani (“Cannibal Holocaust” de Ruggero Deodato, 1980).

FHP, 2014