Il Boss – Fernando Di Leo, 1973

Il Boss (a.k.a. “Secuestro de una mujer”)

Italia, 1973

Director: Fernando Di Leo

Género: Polizziesco, Gangsters

Guión: Fernando Di Leo (basándose en una novela de Peter McCurtin)

Intérpretes: Henry Silva (Lanzetta), Richard Conte (Don Corrasco), Gianni Garko (Torri), Antonia Santilli (Rina), Corrado Gaipa (Rizzo), Marino Masé (Pignataro)

Música: Luis E. Bacalov

Argumento

En Palermo, el sicario Nick Lanzetta se introduce en un cine durante una sesión privada en la que los miembros del grupo mafioso de Antonino Attardi se disponen a visionar una película erótica danesa. Lanzetta, que actua por cuenta de Don Giuseppe D´Aniello (rival de Attardi) masacra a todos los presentes desde la cabina de proyecciones disparándoles con un lanzagranadas.

Los 10 cadáveres semicarbonizados e irreconocibles terminan en el tanatorio, donde Carlo Attardi, hermano del jefe asesinado, jura venganza.

D´Aniello ordenó el ajuste de cuentas porque Attardi había metido en su organización a Cocchi, un asesino a sueldo de la ´Ndrangheta calabresa sospechoso de ser un infiltrado que vende informaciones a la comisión antimafia al mismo tiempo que trata de hacerse miembro de la Cosa Nostra.

El comisario Torri, encargado de investigar el atentado, se encuentra con Cocchi, descubriendo que éste planea formar junto al hermano de Attardi un grupo de sicarios para vengarse de D´Aniello. Torri, que tiene contactos en el vértice de la Cosa Nostra, avisa entonces a Don Corrasco de los planes del calabrés. Don Corrasco es el máximo jefe de la Mafia en Sicilia („il Boss“).

Cocchi pone pues en práctica la ejecución de su venganza y hace secuestrar a Rina, la joven y atractiva hija de D´Aniello. El calabrés pretende que D´Aniello se entregue a cambio de la vida de su hija. El padre se dispone a aceptar, pero Don Corrasco le dice que no se precipite, pues va a buscar una solución al dilema sin que sea necesario rendirse ante el chantaje: Don Corrasco encarga a Lanzetta, el mejor de sus hombres y autor de la masacre del cine, la misión de rescatar a Rina y eliminar a Cocchi. Al mismo tiempo Don Corrasco también avisa a Lanzetta de que vigile a D´Aniello, para impedir que éste trate de tomar medidas por su cuenta (pues había sugerido pagar un cuantioso rescate, lo que sería interpretado por el enemigo como un síntoma de debilidad).

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Nuestro hombre en Milán – Fernando Di Leo, 1972

Nuestro hombre en Milán (V.O. La mala ordina, a.k.a. “The Italian Connection”, a.k.a. “Manhunt”)

Italia, 1972

Director: Fernando Di Leo

Género: Gangsters, acción

Guión: Fernando Di Leo

Intérpretes: Mario Adorf (Luca), Henry Silva (Dave), Woody Strode (Frank)

Música: Armando Trovajoli

Argumento

En Nueva York, un poderoso jefe criminal conocido como el Corso convoca en su rascacielos a dos de sus más eficientes sicarios, David Catania y Frank Webster. Ha pensado en ellos para encargarles una misión en Italia (pues David es de origen italiano y el afroamericano Frank estuvo como soldado en ese país durante la IIGM). Deberán localizar en Milán a un tal Luca Canali para liquidarlo; el objetivo debe ser asesinado de manera espectacular, para que su muerte sirva de ejemplo y como advertencia.

Pues a Luca, un proxeneta de poca monta, se le acusa de haber robado un cargamento de heroína propiedad de la organización del Corso. Una vez en Milán, los dos asesinos a sueldo deberán acudir a ver al jefe local, Don Vito Tressoldi, para coordinar con él la busqueda de  Luca.

Los dos matones se instalan en un hotel y son recibidos por una guía turística llamada Eva que nada sabe de sus propósitos. Ella es la encargada de enseñarles los lugares de la ciudad que deseen conocer. David y Frank quieren visitar clubs nocturnos, pues creen que en los antros conseguirán informaciones de interés sobre el paradero del individuo que deben eliminar.

Luca tiene a varias chicas que se prostituyen bajo su “protección”. Al mismo tiempo está casado y tiene una hija pequeña. Su mujer vive separada de él porque su ocupación le repugna, pero ambos tienen una relación cordial y se ven esporádicamente, sobre todo a causa de la niña, quien nada sabe del poco honesto trabajo de su padre.

Vito Tressoldi está inquieto por la llegada de los americanos. Aunque tiene mucho poder como jefe del hampa en Milán, en realidad no es más que un subalterno del Corso. La presencia de los sicarios de Nueva York en su ciudad le incomoda, y quiere que se vayan cuanto antes. Cuando David y Frank van a su despacho para comunicarle que quieren la cabeza de Luca, Tressoldi afirma más aliviado que colaborará con ellos en su captura.

En una discoteca, Frank y David hablan con una chica llamada Trini, quien les revela la zona por donde se mueve Luca. Poco después Trini (que vive en una especie de comuna hippy) llama a Luca para ponerle sobre aviso de que los americanos lo buscan.

Cuando una mañana Luca sale de la casa de Anna, una de sus amantes, es abordado por dos esbirros de Tressoldi, quienes le “invitan” a acompañarlos a su coche. Lo llevan a una fábrica maderera a las afueras de la ciudad diciéndole que don Vito quiere “hablar con él”. Pero una vez allí, comienzan a pegarle. Luca se defiende y logra huir. Cuando llegan Tressoldi y los americanos, sólo encuentran a los dos lacayos magullados. Indignado porque han dejado escapar a Luca, don Vito los ejecuta allí mismo. Quiere demostrales a los americanos que él también toma muy en serio la captura del proxeneta.

A partir de ese momento, se inicia una auténtica caza del hombre a través de todo Milán. Tressoldi pone en funcionamiento una tupida red de informadores, y da orden de localizar al fugitivo cueste lo que cueste. Luca es consciente de las dimensiones que ha tomado la “busca y captura” vigente contra él, pero no entiende el motivo. Intenta buscar refugio en casa de Anna, pero ésta le rechaza porque quiere evitar problemas. Luca se hace con una pistola, que compra a un vendedor de armas amigo suyo que usa un taller mecánico como tapadera. Pero éste “amigo”, seducido por el dinero de Tressoldi, cede a la tentación de entregarle…

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Zinksärge für die Goldjungen (a.k.a. The Battle of the Godfathers) – Jürgen Roland, 1973

Zinksärge für die Goldjungen (a.k.a. The Battle of the Godfathers)

Alemania, 1973

Director: Jürgen Roland

Género: Euro-Gangsters

Guión: Werner Jörg Lüddecke

Intérpretes: Herbert Fleischmann (Otto Westermann), Henry Silva (Luca Messina), Patrizia Gori (Silvia)

Música: Coriolano Gori

Argumento

El gangster italoamericano Luca Messina (Henry Silva) llega en barco a Hamburgo, procedente de los EEUU, acompañado por su anciana madre siciliana, su adolescente hija Silvia, y varios de sus guardaespaldas y subalternos, entre ellos un boxeador negro llamado Tiger. Su intención es hacerse con el control de los negocios ilícitos en la ciudad alemana, y desplazar al jefe del hampa nativo, Otto Westermann, como rey del crimen organizado hamburgués. Westermann y su grupo manejan los asuntos delictivos desde su “Club de Bolos el Caniche Negro”. Poco después de la llegada de Messina, los hombres de Westermann comienzan a ser intimidados para que paguen una cuota de “protección” al “nuevo jefe”. El alemán no está dispuesto a consentir semejante ultraje, y una escalada de violencia entre la banda local y la recién llegada se disparará.

Westermann tiene dos hijos: Uno de ellos es boxeador, y en un combate pugilístico vence a Tiger, el negro de Messina. En esa ocasión, Silvia, la hija de Luca, conoce al otro hijo de Westermann, Erik, mientras éste anima a su hermano en el cuadrilátero. Erik y Silvia rápidamente se enamoran y el jóven alemán no tarda ni diez minutos en lograr llevársela a la cama. De ese modo se inicia entre los dos una especie de romance de características “romeoyjulietescas”, a espaldas de sus respectivos (y enfrentados) progenitores.

Para darle un escarmiento a su rival, Messina ordena el secuestro de su hijo boxeador (de saber que el otro cortejaba a su hija, probablemente hubiera preferido raptar a ese), al que un bandido disfrazado de policía motorizado atrae con un pretexto falso a un abandonado desguazadero o cementerio de coches. Allí intentan matarlo a tiros, pero el jóven logra eludir las balas. Entonces se enfrenta a dos asiáticos expertos en artes marciales… Tras un combate encarnizado, el boxeador es desnucado y muere.

Mientras tanto, en la residencia de Messina, la madre de éste se está sintiendo mal. En ese preciso instante, reciben la visita de Westermann en persona y dos de sus hombres, quienes tratan de lograr que el italiano y su banda abandonen la ciudad. Ante el malestar de la madre, Westermann extrañamente se compadece, y a instancias de Luca consiente en que hagan venir a un médico. Tras la visita de la doctora, la señora se siente mejor, recuperada de su ataque cardiaco, y Westermann y los suyos también se retiran, recordándole a Messina la “recomendación” de abandonar la ciudad cuanto antes. Luca responde que “lo pensará”. Tras ello, llama a sus hombres al desguazadero con las instrucciones de liberar al hijo de Westermann… pero ya es demasiado tarde.

Cuando Westermann descubre que su hijo ha muerto a manos de los matones de Messina, decide que va a vengarse: “ojo por ojo y diente por diente”, y que como Messina le ha quitado a su hijo, él eliminará a su hija… Pero todavía no sabe que su otro hijo, Erik, está enamorado de la joven.

Comentario

Curiosa, pintoresca y desenfadada co-producción italo-germana, con el gran Henry Silva en el papel protagonista. Como siempre, el hierático intérprete de “La mala ordina” (Fernando Di Leo, 1972) destaca por su gélida mirada y sus frases lapidarias. (Cuando Messina/Silva descubre a su traicionera amante robándole dinero de la caja fuerte, “con las manos en la masa”, y urdiendo un intento de fuga con su brazo derecho Sergio, Messina mata a éste a tiros sin pestañear, y vuelve a meter con gran serenidad los fajos de billetes en la caja… La amante le pregunta “No estás enfadado?”, a lo que él repone: “Ya sabes que sólo me enfado por cosas importantes… tú no eres importante” y le sacude un guantazo a la infiel ramera…)

Resulta poco común ver “gangsters alemanes”, que a imagen y semejanza de los mafiosos italoamericanos u otros exponentes del crimen organizado llevan sus negocios desde sus clubs sociales o sus fastuosas villas.

“Ataúdes de zinc para los chicos de oro” (tal es la traducción literal del título alemán) puede considerarse una especie de kraut-polizziotesco. No es precisamente una obra maestra, pero resulta recomendable para pasar un rato ameno; muy divertida.

FHP, 2014

Napoli spara! – Mario Caiano, 1977

Napoli spara!

Italia, 1977

Director: Mario Caiano

Género: Polizziesco, acción

Guión: Gianfranco Clerici, Vincenzo Mannino

Intérpretes: Leonard Mann (comisario Belli), Ida Galli (Lucia), Henry Silva (Santoro)

Música: Francesco De Masi

Argumento

El jóven e intrépido comisario Belli está destinado en Nápoles y se ha propuesto mandar tras las rejas al peligroso delincuente Santoro (Henry Silva). Éste se dedica con su banda a cometer numerosos desvalijamientos, violentos asaltos a bancos y al secuestro de vehículos que transportan dinero. Pero es difícil conseguir pruebas contra Santoro, ya que éste cuenta con importantes amistades en el seno de la Camorra. Es un protegido del poderoso Don Alfredo, el anciano jefe de la organización.

Belli trata inútilmente de compilar evidencias para poder arrestar a Santoro, mientras que al mismo tiempo intenta llevar por “el buen camino” al pequeño Gennarino, un avispado niño de la calle, un delincuente juvenil comparable al Vaquilla en España, que también es muy diestro al volante pese a su corta edad. El comisario le amenaza con llevarlo al reformatorio, pero el precoz maleante continúa haciendo de las suyas (“ayudando” a los coches a aparcar para luego robarles las ruedas, etc).

Aunque Santoro parece intocable, algo jugará en favor de Belli: El delincuente tiene muchos leales en la Camorra, pero igualmente no son pocos sus enemigos. Lo espectacular de sus robos y atracos no es bien visto por algunos camorristas, que prefieren operar de manera más discreta. Los adversarios de Santoro como Licata o Calise intentan eliminarlo, pero paradójicamente una intervención del comisario Belli evita que Santoro sea acribillado por los sicarios de sus rivales. Éste a su vez, en agradecimiento, le perdonará la vida a Belli en un futuro encuentro, cuando pudiendo haberlo matado decide no hacerlo. “Estamos en paz”. Pero ésto provocará suspicacias entre los superiores del comisario, que insinúan una colaboración entre ambos, lo cual para Belli resulta insultante, y decide más motivado que nunca capturar al prófugo camorrista.

El comisario ingenia un plan para sembrar aún más cizaña entre Santoro y sus oponentes: Junto a otros policías asaltan la villa de uno de los capos rivales mientras están allí jugando a la ruleta por grandes cantidades de dinero, haciéndose pasar por hombres de una banda enemiga. Quieren así dar la impresión de que el ataque lo ha ordenado Santoro.

Finalmente Belli logra detenerlo (con la colaboración del pequeño Gennarino, que aparece al volante de un coche en el momento más oportuno) y Santoro es enviado a prisión, donde (gracias a sus contactos) goza de privilegios y vive más cómodamente que el resto de los presidiarios.

Mientras tanto, en un parque, un pedófilo trata de abusar de una niña, pero es descubierto antes de que pueda consumar su aberrante acción y casi linchado in situ por padres y ciudadanos. Arrestado, es llevado a comisaría, donde Belli le dice que “Los que son como tú dan asco hasta a los delincuentes”. Efectivamente así es, el pervertido es enviado a prisión, y allí marginado por los demás internos, quienes en un momento dado, lo circundan en el patio aprovechando un descuido de los guardianes, y con un objeto cortante le amputan el miembro. Pues, en todos los países, el código de honor de delincuentes y presidiarios rechaza y condena a violadores y pederastas, siendo éstos frecuentemente apuñalados o castrados por los presos comunes, que odian a éstos degenerados. En esa misma cárcel se encontraba Santoro, que logra escapar en una ambulancia con la complicidad de ciertos funcionarios y la cobertura del boss Don Alfredo.

Mientras tanto, Belli ha descubierto que Santoro está detrás de la muerte del hijo de Don Alfredo, asesinado varios años antes. Ésto el máximo Jefe de la Camorra obviamente no lo sabe, y la única persona que está al corriente y puede ser un testigo incómodo es una antigua amante del hijo del boss y de Santoro, que huyó de Nápoles para evitar problemas. Belli dice que “A Santoro nosotros no le preocupamos en absoluto, pero sí que le tiene miedo a Don Alfredo” (si llega a enterarse de que mató a su hijo)…

Belli le tiende una trampa a Santoro atrayendo a la estación de trenes a la ex- amante/testigo como cebo, y cuando el criminal aparece para tratar de liquidarla, el comisario y los demás agentes de policía intervienen para arrestarlo. Santoro escapa y en el tiroteo una bala alcanza al pequeño Gennarino. Santoro también es herido y cae a la vía del vagón donde se parapetaba, siendo arrollado por el tren en el cual pretendía huir.

Comentario

Muy entretenido polizziesco similar a los de Umberto Lenzi (“Napoli Violenta”- 1976), con buenas dosis de acción, persecuciones en coche, tiroteos y peleas. Especialmente las trepidantes persecuciones recuerdan a los films que poco más o menos por la misma época rodaría en España José Antonio de la Loma, con la participación del Vaquilla, el Torete y otros jóvenes delincuentes interpretándose a sí mismos.

Henry Silva como siempre da vida a un gélido gangster “de armas tomar”; frío como un témpano y duro como el pedernal. Muy en su línea, como en “Milano Calibro 9” (1972) o “Il Boss” (1973), ambas de Fernando Di Leo; o en “Quelli che contano”(1974), de Andrea Bianchi.

FHP, 2014

Quelli che contano – Andrea Bianchi, 1974

Quelli che contano

Italia, 1974

Director: Andrea Bianchi

Género: Thriller, polizziesco, acción

Guión: Piero Regnoli, Sergio Simonetti

Intérpretes: Henry Silva (Tony Aniante), Barbara Bouchet (Margie)

Música: Sante Maria Romitelli

Argumento

Tony Aniante (Henry Silva) es un asesino a sueldo recién retornado a Sicilia procedente de los EEUU. Ha sido contratado por Don Cascemi, uno de los jefes locales de la Mafia, para sembrar la cizaña entre dos familias rivales; de forma que éstas procedan a decimarse entre ellas dejando así vía libre al grupo de Cascemi, quien pretende encaramarse a la cúspide del poder una vez que sus adversarios estén debilitados. Con su peligroso juego a dos bandas (nunca mejor dicho), Tony busca que la discordia estalle entre los Cantimo y los Scannapieco, que se disputan un lucrativo negocio de tráfico de heroína.

Ricuzzo Scannapieco, el jefe de una de las dos familias, está casado con Margie (Barbara Bouchet) una ex-prostituta norteamericana con gran afición a la bebida, que no deja de insinuarse constantemente ante Tony. Éste la rechaza, pues quiere evitar problemas, pero ella insiste (en varias ocasiones), hasta que el gélido y pétreo sicario en la primera ocasión la posee con contundencia en la cocina y en la segunda no tiene más remedio que pegarle una paliza en el pajar (“cinturonazos” incluídos) para que lo deje tranquilo.

Tony logra el objetivo de Don Cascemi: Los Scannapieco y los Cantimo se matan entre sí; a base de emboscadas, asaltos y recíprocos atentados. El líder de los Cantimo es herido mortalmente en un tiroteo cuando una noche están recogiendo en la playa un alijo que acaba de llegar a la costa.

Existe también en segundo plano una historia de amor “romeojulietesca” entre dos adolescentes de las familias rivales. Tony intenta ayudarles a escapar de ese ambiente de violencia, pero poco antes de lograrlo hacen irrupción los hombres de Scannapieco (que han recibido la órden de liquidar a Tony por haber golpeado a Margie), armados de escopetas, logran reducir a Tony y le someten a una brutal paliza, tras lo cual dándolo por muerto lo arrojan barranco abajo.

Pero Tony consigue reponerse, recibe un arma del nieto paralítico del difunto Don Cantimo y acude a la masía de Ricuzzo Scannapieco para vengarse. Margie, la mujer de éste, se ha suicidado tras ingerir masivamente barbitúricos. Tony llega sólo y es recibido por Scannapieco y una decena de sus hombres, todos armados. En el momento menos pensado, hombres que estaban parapetados tras los muros del caserío emergen con sus escopetas y fusilan a Scannapieco y sus esbirros. Tony ha logrado desintegrar esa banda rival.

Tras el cumplimiento de su misión se reencuentra con el jefe Don Cascemi, que en la parte trasera de su vehículo le felicita por haber cumplido el objetivo y se dispone a agradecerle su colaboración… pagándole con plomo. Le apunta con su pistola, aprieta el gatillo… pero no pasa nada. Tony ya contaba con esa traición y se había encargado de sacar las balas. Además, se descubre que el motivo principal por el cual había regresado a Sicilia no era cumplir ese encargo como sembrador de cizaña, sino algo más personal… vengarse del asesino de su madre, que resultaba ser el mismo Don Cascemi. Por si eso fuera poco, la eliminación de Don Cascemi ya había sido decidida por la Comisión de la Mafia (“aquellos que cuentan”, de ahí el título de la película); pues Cascemi se dedicaba al tráfico de heroína usando para ello métodos demasiado desaprensivos y grotescos (escondiendo la droga en el interior de los cadáveres de niños pequeños).

Finalmente Don Cascemi es acribillado por sus propios guardaespaldas y Tony se hace con el poder en el seno de la Mafia.

Comentario

Violento e impactante polizziesco lleno de trepidante acción y memorables escenas. Su protagonista Henry Silva (estadounidense de orígen puertorriqueño) figuró en numerosos films del género, siendo el más digno de mención el excelente “Milano Calibro 9” (1972) de Fernando Di Leo, que también cuenta con la participación de la atractiva Barbara Bouchet. El director Andrea Bianchi es el realizador de la involuntariamente hilarante “Le Notti del Terrore” (1981) (a.k.a. “Burial Ground”) un despropósito de zombies que resulta sumamente entretenido.

Es bastante obvio que “Quelli che contano” tiene marcadas reminiscencias estilísticas de italo-western; de hecho es básicamente un italo-western en contexto mafioso y ambientado en la Sicilia del siglo XX. También el detalle de la melodía que silba misteriosamente el protagonista antes de cada intervención recuerda a obras de Sergio Leone, véase Charles Bronson y su armónica en “C´era una volta il West” (1968) (a.k.a. “Hasta que llegó su hora”). Asimismo la trama del solitario forajido/sicario entre las dos bandas/clanes recuerda a “Por un puñado de dólares” (1964) (que a su vez está basado en el chambara “Yojimbo” – 1961 – del japonés Kurosawa), y el detalle final de la venganza familiar también una vez más nos retrotrae a “Hasta que llegó su hora”. Pero Andrea Bianchi no es Sergio Leone, pese a sus buenas intenciones, y tampoco el encargado de la banda sonora del film que nos ocupa era precisamente el gran Morricone… Sin embargo “Quelli che contano” (“Aquellos que cuentan”) es una película muy interesante, que si bien no llega al nivel de la genial “Milano Calibro 9” es no obstante sumamente disfrutable.

Por cierto, el personaje de Barbara Bouchet, la etílica ninfómana esposa de uno de los jefes mafiosos, recuerda a la Ginger (esposa de “Ace Rothstein”/Robert DeNiro) que 21 años más tarde interpretaría Sharon Stone en “Casino” (1995) de Martin Scorsese.

FHP, 2014