Más allá del terror – Tomás Aznar, 1980

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Más allá del terror

España, 1980

Director: Tomás Aznar

Género: Terror quinqui

Guión: Tomás Aznar

Intérpretes: Francisco Sánchez Grajera (Chema), Raquel Ramírez (Lola)

Argumento

Lola es una joven poco femenina y aún menos agraciada. Carece además de escrúpulos, pues tras atraer a un maduro caballero (un señor con bastante mal gusto, por cierto) a un solitario descampado, intenta robarle la cartera… para apuñalarlo hasta la muerte cuando el hombre trata de defenderse. La chica escapa del lugar tras desvalijar el cadáver. Insatisfecha con el escaso botín, llama desde una cabina a su hermano Nico y acuerdan comprar droga con el dinero sustraído.

Lola y Nico pertenecen a una violenta y despiadada pandilla de delincuentes juveniles, cuyo jefe es Chema. Junto con otro compinche apodado Jazz, se dedican a robar, atracar y trapichear con drogas en la turbulenta España postfranquista.

Una noche, la banda decide atracar un bar. Pero el golpe no sale como los maleantes esperaban. Al haber muchos clientes, se produce un tumulto, una de las camareras grita pidiendo auxilio, llegan dos agentes y los rateros empiezan a disparar, provocando una matanza. Jazz es herido, y cuando implora ayuda a sus cómplices, uno de ellos lo remata de un tiro. Poco después entra en el garito una pareja de aspecto adinerado, Jorge y Linda. Los asaltantes los toman como rehenes, pues éstos han llegado en coche, y los delincuentes sólo tienen motos, que ya están fichadas por la policía.

De ese modo, Chema, Nico y Lola fuerzan a la pareja a que les conduzcan lejos de allí. Jorge y Linda son amantes, y ella es la esposa del jefe de él. Los dos jóvenes (especialmente Chema) se sienten atraídos por la voluptuosa Linda, mientras que Lola no oculta sus celos.

El vehículo a bordo del cual van los cinco, llega a una gran casa de campo que parece abandonada. Cuando bajan del coche y se acercan, un perro se les echa encima. Los criminales lo matan. Entran en el inmueble tras romper una ventana y se encuentran con que allí vive una anciana. Los pandilleros saquean la vivenda sin encontrar nada de valor, golpean a la pobre mujer y a continuación prenden fuego a la casa “para borrar huellas”, provocando así la muerte a la vieja, y sabiendo que en una de las habitaciones superiores se encuentra un niño (probablemente el nieto de la mujer) que igualemente perecerá abrasado.

Sin importarles ésto lo más mínimo, continúan su camino hacia ninguna parte. Tan solo Jorge y Linda sienten cierta empatía hacia las víctimas de sus salvajes secuestradores. A la siguiente noche, llegan a una iglesia de piedra abandonada situada en una colina en el bosque. Se disponen a repostar allí. Cuando los delincuentes están inspeccionando el interior, Jorge propone a Linda un plan de fuga. Ella deberá distraer al jefe de la banda con sus encantos mientras que él se ocuparía de los demás. Pero cuando Linda está retozando con Chema, algo inaudito le acontece a Jorge: Ve el fantasma del niño muerto entre las llamas y entonces se produce una combustión espontánea del coche donde se encontra. Jorge muere calcinado. Cuando los demás se dan cuenta, no es la pérdida de Jorge lo que más duele a Linda, sino la del millón de pesetas y las joyas que se encontraban en el interior del automóvil…

Dentro de la iglesia, los delincuentes realizan parodias blasfemas y sacrílegas de rezos y plegarias en una escena bizarra en la que Nico se termina masturbando…

En una casa vecina se encontrarán a un misterioso niño, que les informará del “tesoro de los visigodos” que se halla oculto en la cripta de la iglesia. Pues hay un pasadizo subterráneo que lleva a unas catacumbas “llenas de oro y joyas”. Ávidos de riquezas, los cuatro regresan a la iglesia y se disponen a explorar sus subsuelos… Pero comenzarán a sentirse incómodos en ese siniestro lugar. Lola siente elementos sobrenaturales e influjos ultraterrenos. Linda tiene visiones espantosas del perro muerto, que aparece de la nada…

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Comentario

Psicotronía en estado puro. Ésta insólita película rodada en plena Transición parte de un planteamiento sumamente interesante, y probablemente único: Fusionar y conjugar el “cine quinqui” con el género de terror.

Cuando los maleantes se encuentran en la cripta de tétrica atmósfera, Lola le dice a sus compañeros: “Aquí hay algo maligno” Y efectivamente así es: ¡Lo “maligno” son ellos! Pues éstos “quinquis” no despiertan la simpatía (o al menos la comprensión) del espectador como en las películas de De la Loma o Eloy de la Iglesia, sino que se trata de criminales despreciables, que no dudan en asesinar a ancianos, niños y personas inocentes.

Pero además de ellos, en las catacumbas de la iglesia de piedra hay también un terror de tipo sobrenatural, y si se quiere kármico. Pues sus monstruosidades van a ser castigadas desde “el más allá”.

Si bien el guión flojea y el film está desaprovechado teniendo en cuenta su potencial, los muertos vivientes sí están bastante bien logrados (aunque se dejan ver muy poco), y la música de la banda sonora (como también el constante ulular del viento) aporta bastante a lo psicotrónico de la propuesta.

FHP, 2015

Maravillas – Manuel Gutiérrez Aragón, 1980

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Maravillas

 

España, 1980

Director: Manuel Gutiérrez Aragón

Género: Drama, quinqui

Guión: Manuel Gutiérrez Aragón

Intérpretes: Cristina Marcos (Maravillas), Fernando Fernán Gómez (Fernando), Enrique San Francisco, León Klimovsky, el Pirri

Música: Eli Behar

 

Argumento

 

Maravillas es una quinceañera rebelde en la España de inicios de los ochenta. Vive con su padre (Fernando Fernán Gómez), un pobre hombre al que desprecia, un viudo fotógrafo fracasado con problemas económicos y predilección por las revistas porno y la vagancia. De vez en cuando, el padre (pobre de solemnidad) se ve obligado a quitarle dinero a la hija. Maravillas tiene tres padrinos judíos, amigos de su progenitor, unos mercachifles, charlatanes y prestidigitadores que la han acompañado desde su infancia. Salomón, el más cercano a ella, regenta una compañía teatral donde trabaja esporádicamente un joven con ojos de rana (Enrique San Francisco), un “membrillo” (como lo llama el Pirri) que pronto se hace amigo y amante de la protagonista.

Ésta tiene sexo sin tapujos (con el aspirante a actor, con chicos de su edad, con quien se tercie…), y como a buena “emancipada” moderna, le gusta llevar el rol dominante en las relaciones… Uno de sus “colegas del barrio” es el Pirri, un delincuente juvenil que se halla involucrado en el robo de unas joyas.

Recientemente, un sacerdote había sido asaltado y unos jóvenes (entre ellos el Pirri) le sustrajeron varias piedras preciosas, incluyendo una refulgente y costosa esmeralda. Maravillas se encontraba cerca del lugar de los hechos, por lo que el cura acude a su casa para informarse sobre la identidad de los atacantes y el paradero del botín. Resulta que las joyas procedían de la imágen de una Virgen en un convento, y le habían sido entregadas por unas monjas que las habían previamente vendido “porque se estaban muriendo de hambre”… El cura está dispuesto a pagar un rescate por la devolución de la esmeralda.

Mientras tanto, la conflictiva cotidianeidad entre padre e hija se acrecienta, y cuando les cortan la luz porque el pobre hombre ha olvidado pagar la factura, éste decide marcharse de la casa. Fernando tiene una especie de novia, que trabaja al parecer de prostituta y que tutela a una niña (a la que ciertos clientes degenerados han intentado comprar) muy aficionada a los dibujos animados de “Mortadelo y Filemón” (tiene también dos muñecos de éstos). Al final se descubre que la pequeña es la hija del “membrillo” ojos-de-rana interpretado por Quique San Francisco. (En una ocasión, haciendo una especie de prueba para un empleo en Galerías Preciados, éste destaca entre los demás candidatos. Los jefes discuten si él sería el más idóneo: “Éste me parece el más listo” a lo que otro responde “Es demasiado listo…” y no lo toman).

Debido a la desaparición de Fernando, el cura sospecha que él está implicado en el robo de las joyas. Pero él no tiene nada que ver, aunque se autoinculpa para proteger a su hija. El Pirri ha ido a “confesarse”; o más bien a negociar con el sacerdote la devolución de la esmeralda. Como lo que le ofrece el cura le parece demasiado poco, se niega a restituir la joya.

Comentario

Decepcionante película, no demasiado correctamente clasificada dentro la categoría de “cine quinqui”, y repleta de los dogmas progres de la post-modernidad, que en los años de la transición ya comenzaban a aflorar en la gran pantalla ibérica. La chica protagonista “emancipada”, casi machuna, dominante; el padre en cambio pintado como un triste y miserable pelele, débil, e incapaz de mostrar autoridad… Conflictos entre padre e hija en el marco de una situación familiar desestructurada…El rol paterno debe ser suplantado nada menos que por tres judíos (!), uno de ellos interpretado por el director argentino León Klimovsky.

Más que cine quinqui, éste film entraría a formar parte de los típicos y muy “políticamente correctos” melodramones españoles menemiano-almodovarianos. Buenas películas de cine quinqui son las de Eloy de la Iglesia (el “Pasolini español”), especialmente las excelentes dos de “El Pico”, donde también participa el Pirri. Éste joven actor, delincuente (y heroinómano) no sólo en la ficción sino también en la vida real, tuvo un papel asimismo en la menos conocida pero recomendable “De tripas corazón” (Julio Sánchez Valdés, 1985). También Quique San Francisco es un habitual de las películas de Eloy de la Iglesia, y ha coincidido con el Pirri en numerosos rodajes.

“Maravillas” es una película completamente prescindible, que hará las delicias de judeófilos, progres y feministas/os pero irritará a los demás. Sin embargo, no se hace larga ni soporífera. La banda sonora incluye melodías de clarinete klezmer y una especie de afro-reggae de la alemana Nina Hagen.

FHP, 2014

El Pico – Eloy de la Iglesia, 1983

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EL PICO

España, 1983

Director: Eloy de la Iglesia

Género: Cine quinqui

Guión: Eloy de la Iglesia, Gonzalo Goicoetxea

Intérpretes: José Luis Manzano (Paco), Javier García (Urko), Andrea Albani (Betty)

Música: Luis Iriondo

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Eloy de la Iglesia (1944-2006)

Cuando se habla de cine español suelo pensar en tediosos dramones pseudointelectuales para gafapastas, sobrevaloradas tragicomedias almodovarianas sobre prostitutas y travestidos, o bien en las clásicas películas musicales para lucimiento de folclóricas varias que tanto éxito cosechaban durante el antiguo régimen, y que solían ser monotemáticas: la chica tonta del pueblo que se va a trabajar de chacha a la ciudad y se enamora del señorito. Tambien están las comedias del destape, con Pajares y Esteso, que florecieron en los años de la Transición.

Hasta ahora, uno de los pocos directores españoles que se había ganado mi interés era el cineasta independiente y mago del humor negro Álex de la Iglesia (sobre todo por “La Comunidad” y “El Día de la Bestia”) que con su opera prima “Acción Mutante” dió un giro de 180° a todo lo que se había visto hasta el momento en la gran pantalla patria.

Hoy sin embargo me quito el sombrero ante el trabajo de otro director que comparte con él apellido aunque no vínculos familiares. Me refiero al tambien vasco Eloy de la Iglesia, especializado en dramas sociales que resultan mucho más interesantes y profundos que los que realizan sus pretenciosos compañeros de profesión contemporáneos.

Puedo pues decir sin más rodeos que su obra maestra “El Pico” es probablemente la mejor película española que he visto, y además la mejor película sobre el sórdido mundo de la drogadicción, superior a la británica “Trainspotting”, a la igualmente ochentera “Drugstore Cowboys” y seguramente tambien a la tan cacareada “Requiem for a Dream”. Solo comparable por su ultrarrealismo y su status de culto a la italiana “Amore Tossico” de Claudio Caligari.

“El Pico” nos narra la historia de Paco, hijo de un guardia civil destinado a Bilbao (El comandante Torrecuadrada); y de Urko, cuyo padre es un conocido político abertzale. Ambos jóvenes son grandes amigos a pesar de las obvias divergencias ideológicas de sus progenitores. Van al mismo instituto, salen por los mismos locales, se acuestan con las mismas chicas… y se inyectan heroína con las mismas jeringuillas. Llega un momento en el cual se convierten en camellos para poder costearse su adicción. Así comienzan a vender drogas para un traficante conocido como “el Cojo”, cuya embarazada esposa tambien se pincha caballo. Paco y Urko acuden habitualmente a visitar a una chica llamada Betty, que se prostituye para poder comprar su dosis y con la que ambos suelen desfogarse. (Uno de los puntos flojos de la película sería que ésta Betty habla con un forzadísimo acento argentino, que queda muy falso puesto que la actriz es española. De la Iglesia debería haber contratado para el papel a una argentina de verdad, o en su defecto a una que fuese capaz de imitar el acento mejor). Paco además frecuenta a escondidas a un escultor homosexual interpretado por el único actor famoso de todo el reparto: El facialmente pintoresco Quique San Francisco.

Las cosas en casa de los Torrecuadrada no pasan por su mejor momento: A la madre de Paco le han diagnosticado un cáncer de ovarios y no le queda mucho tiempo de vida, y por otro lado el comandante quiere que su hijo siga sus pasos entrando a formar parte de la Benemérita pero el vástago no tiene el menor interés en ello.

El día del 18 cumpleaños de Paco, su padre le obsequia con un especial regalo: Decide pagarle una prostituta de lujo para que se estrene, pues cree que aún no ha tenido ninguna mujer. Paco llama a su amiga Betty para que sea ella la encargada y así repartirse los beneficios entre ambos. Una vez con ella descubre con consternación que la heroína le está dejando impotente.

De vuelta a casa a padre e hijo les aguarda una sorpresa: Cuando están en el portal dispuestos a entrar, alguien les dispara varios tiros desde un coche en lo que parece ser un atentado de ETA contra la persona del comandante. Paco se lanza sobre su padre para protegerlo y ambos se echan al suelo, logrando evadirse de la lluvia de balas. En los días sucesivos, el heróico heroinómano aparece en los medios de comunicación concediendo entrevistas y convirtiéndose en una pequeña celebridad. Cuando acude con Urko a casa del Cojo para comprar más papelinas éste no se encuentra por el momento dispuesto a vendérselas. Quiere evitarse problemas por ser Paco el hijo de un “picoleto”. El bebé ya ha nacido, y debido a la drogadicción de su madre ha venido al mundo habiendo desarrollado una toxicomanía prenatal. Está todo el tiempo llorando y la mujer debe untar algo de heroína al chupete para que el niño se adormezca.

Ambos amigos regresan a sus respectivas casas sin el preciado opiáceo. A raíz de ésto Paco desarrolla un fuerte síndrome de abstinencia de insoportable calibre. Para apaciguar el mono se ve obligado a inyectarse varias dosis de la morfina que usa su madre contra los dolores del cáncer. Cuando regresa a casa el padre, que estaba de servicio, descubre que esos medicamentos faltan y tras breves pesquisas sale a la luz que su hijo es drogadicto. Al ver los brazos de Paco picados por las jeringuillas, el comandante se avergüenza de él, le ordena que le diga quien le pasaba la droga, Paco se niega a delatar, se suceden unas tensas escenas de pelea familiar y el jóven finalmente escapa de casa. Como no tiene a donde ir se refugia en el taller de Mikel, el artista homosexual. Allí pasará los momentos más duros del mono hasta lograr desintoxicarse, mientras su padre con la cobertura de la Guardia Civil le busca por todo Bilbao. Para ello los agentes emplean sin pudor métodos no exentos de brutalidad policial, llevando al cuartel a varios delincuentes habituales y yonkis conocidos a los que interrogan de modo bastante expeditivo.

Tambien llaman a declarar al Cojo y su mujer, que como veremos resultan ser confidentes de los cuerpos policiales, por lo que son tratados por los agentes de una forma mucho más amable.

Tras descubrir que su madre agoniza, Paco decide volver a casa y se despide de ella, que fallece poco despues. Ahora el jóven se ha desenganchado del caballo y planea irse de Bilbao para no volver a caer de nuevo en los ambientes de la droga. Un día se reúne con Urko, al que hacía tiempo que no veía y que tambien ha tenido la suerte de dejar atrás su adicción. Juntos acuden a ver a Betty, y tras una sesión de sexo a tres, ella comienza a prepararse un chute. Ambos no son capaces de vencer a la tentación y recaen en su dependencia al venenoso equino.

De nuevo al borde de la desesperación por los síntomas del mono, Paco roba la pistola de su padre y junto con Urko se disponen a pegar un palo en casa del Cojo, exhortándole a que les entregue toda la heroína que tenga. Se desencadena un forcejeo en el que el traficante y su mujer resultan muertos a disparos a manos de los jóvenes adictos… con la pistola del comandante Torrecuadrada.

A lo largo del metraje se suceden otras desventuras que no revelaré, y que tras una espiral de sobrecogedores acontecimientos conducen a un desenlace apoteósico. Drama, acción y suspense se entremezclan en esta emocionante película, joya indiscutible del cine quinqui. Destacar que, al igual que en la italiana “Amore Tossico”, la mayoría de los actores que intervienen en el film fueron reclutados por el director en barrios marginales y son auténticos toxicómanos y delincuentes, que algunos años despues morirían de sobredosis o de SIDA. Ésto confiere a la propuesta un realismo tan tangible que casi atraviesa la pantalla.

“El Pico” hace además hincapié en el conflicto vasco, de la mano de los dos padres: El uno guardia civil, el otro independentista. Que podrían tener en común dos hombres tan diferentes? En éste caso, la adicción a las drogas de sus hijos.

Espero poder ver pronto la segunda parte, “El Pico2” , que retrata el siniestro mundo carcelario en la España de los años ochenta, con Paco Torrecuadrada de nuevo como protagonista esta vez junto al Pirri, un delincuente juvenil homólogo madrileño del legendario Vaquilla.

“El Pico”, maravilla inconmensurable del cine de drogas, de visión obligatoria para los interesados en el género.

FHP, 2008

El Pico 2 – Eloy de la Iglesia, 1984

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El Pico 2  – España, 1984

Género: Cine quinqui

Director: Eloy de la Iglesia

Guión: Eloy de la Iglesia, Gonzalo Goicoetxea

Intérpretes: José Luis Manzano (Paco), Fernando Guillén (Evaristo Torrecuadrada), Andrea Albani (Betty), José Luis Fernández alias “El Pirri” (él mismo)

Es sabido que la segunda parte de una película no suele estar a la altura de la primera, salvo contadas excepciones. En el caso de “El Pico 2”, la secuela llega incluso a superar en varios aspectos a su predecesora, lo que ya era difícil. Nos encontramos ante una historia cruda, sin concesiones, y cargada de un realismo brutal.

En “El Pico”, Eloy de la Iglesia narraba la dramática historia de Paco Torrecuadrada, el hijo de un guardia civil destinado en Bilbao, quien se hace amigo de Urko, cuyo padre es un conocido político de la izquierda abertzale. Ambos adolescentes se ven inmersos en el oscuro mundo de las drogas, comienzan a pincharse, y a realizar trapicheos para poderse costear su adicción. En un determinado momento mantienen un enfrentamiento con el traficante que les suministra la heroína, un informador policial conocido como “El Cojo”, y acaban matando a éste y a su mujer, haciendo uso de la pistola del padre de Paco, arma reglamentaria de la Benemérita. Poco despues, Urko (autor material de los disparos) muere víctima de una sobredosis en casa de Betty, una jóven prostituta argentina que ambos frecuentaban. En su día ya realicé una crítica sobre esta joya del cine quinqui, que me sorprendió muy gratamente, pareciéndome con mucho superior a las películas de Jose Antonio de la Loma sobre El Vaquilla y El Torete, y de hecho el mejor film sobre drogas y pequeños delincuentes que tuve la oportunidad de visionar.

Esta segunda parte cuenta con una historia aún más interesante que la primera, una trama mejor elaborada y mayor presupuesto.

El comandante Torrecuadrada sabe que su hijo estuvo implicado en la ejecución del Cojo, y para protegerlo de las pesquisas policiales se trasladan a Madrid, donde vivirán en casa de la abuela. Mientras tanto, en Bilbao, un reportero investiga el homicidio del traficante y su esposa, teniendo a Paco en el punto de mira (pues el jóven ha sido reconocido por una testigo). El periodista sabe que el Cojo era un informador de la Guardia Civil, y que el Cuerpo, a cambio de sus servicios, le pagaba con parte de la heroína confiscada a los narcos que él delataba. Así, para que tal escándalo no trascienda a la luz pública, el reportero presiona al sargento, superior de Torrecuadrada, para que facilite la investigación contra Paco; haciendo accesibles los datos ocultos, y de tal modo poder tener una jugosa exclusiva titulada “Hijo de guardia civil ejecuta a traficantes de droga”.

Paco, ajeno a lo que se le viene encima, se encuentra en Madrid tratando de desintoxicarse, lo que resulta una tarea extremadamente ardua. Su padre ha tomado la resolución de que debe “cambiar el pico por la pala”, y empezar una nueva vida alejado de las nefastas influencias bilbaínas, que le habían empujado a las drogas y al crimen. La abuela y su sirvienta (interpretadas por Rafaela Aparicio y por Gracita Morales respectivamente), encuentran una jeringuilla usada en la casa; pero en su ingenuidad no llegan a sospechar que Paco es un yonki, creen por el contrario que padece diabetes y se pincha insulina.

Poco despues la noticia aparece en los periódicos, el perspicaz reportero ha conseguido indicios y testimonios respecto al doble homicidio del Cojo y su mujer, y la Guardia Civil acude a detener a Paco. Lo que más teme su padre es que le sometan a malos tratos, pues el sabe como tratan a los sospechosos quienes los agentes que se dedican a “interrogar”. Una vez en Carabanchel a Paco le es retirado el tratamiento de metadona, y en su celda se retuerce a causa de los efectos del mono. Poco despues de su ingreso en prisión es atacado por un grupo de internos, que, a modo de novatada le pegan una paliza y le roban las zapatillas. Los carceleros observan el incidente, pero no hacen nada por impedirlo.

Poco despues entabla amistad con el Pirri, un delincuente juvenil que le dice la gran obviedad de que en la cárcel es necesario espabilar para sobrevivir.

El comandante Torrecuadra acude a Carabanchel para visitar a su hijo, y estando en la cola, con los demás familiares de presos, es abordado por el reportero cuya investigación ha llevado a Paco a la cárcel y un fotógrafo. El guardia civil no puede contener la ira y se enzarza en una pelea con ellos, cayéndosele al suelo la bolsa donde traía provisiones para su hijo, y rompiéndosele algunos de los productos. Una vez junto a su vástago le dirá que la bolsa se le cayó “saliendo del taxi”, y Paco, a su vez, que el golpe en la cara se lo hizo “jugando al fútbol”.

Desesperado por su heroinomanía, Paco dice al Pirri que necesita conseguir caballo, y éste (que no es consumidor pero sabe quien mueve droga entre las rejas) le recomienda recurrir a un preso vasco apodado “el Lehendakari”. Paco comienza a preocuparse, pues es consciente de que todo el mundo sabe que él es el hijo de un picoleto, y teme que el tal Lehendakari tenga algo que ver con ETA, grupo que intentó asesinar a su padre.

“El Lenda” resulta ser un antiguo socio del Cojo en Bilbao. Cuando Paco lo descubre tiene miedo de ser represaliado, pues es por todos conocido el que él liquidó a ese personaje. Pero como El Cojo era un chivato de la Guardia Civil y por su culpa el Lenda está en la cárcel, ambos se hacen amigos.

Lenda: “Te has cargado al chota más cabrón de Bilbao!”

El Lehendakari, acusado de tráfico de drogas y efectivamente relacionado en su día con ETA, ofrece algo de heroína a Paco y al Pirri (quien hasta ahora nunca había consumido). El Lenda esnifa el opiáceo, pero el jóven Torrecuadrada se la pincha en vena. En la celda del vasco vive tambien un homosexual muy afeminado, que, como se descubrirá más tarde iba para travesti y se operó los pechos.

Mientras tanto el comandante Torrecuadrada inicia gestiones para lograr la puesta en libertad del jóven, contactando con un abogado corrupto que no duda en aceptar sobornos y emplear métodos poco ortodoxos para evitar que la testigo declare en el juicio.

Paco es acosado por el Tejas y su banda, agresivos homosexuales, pero el Lenda logra protegerlo debido a su influencia en prisión.

Betty, su amiga argentina, se ha mudado a Madrid para trabajar en un “salón de masajes”, y visita en la cárcel a Paco.

Poco más tarde, El Lenda le explica a él y al Pirri que tiene un plan para escaparse: Rajarse el estómago, con el fin de ser trasladado a la enfermería, desde donde una huída es muy fácil. Su compañero de celda el travesti tambien se supone que debe hacer lo mismo, pues se han propuesto evadirse a la vez. Cuando el Pirri manifiesta sus dudas de que sea capaz, éste responde “Igual que tengo un par de tetas tengo un par de huevos”.

En Bilbao, los queridos canarios de la principal testigo en el caso del homicidio del Cojo aparecen sin vida. Inmediatamente la asustada mujer llama al abogado de los Torrecuadrada para asegurar que no declarará. “Celebro que haya usted reflexionado”, dice el letrado con satisfacción.

Al mismo tiempo, en Carabanchel, el Lehendakari lleva a cabo su proyecto de evasión, haciéndose un superficial hara-kiri. Su amigo con tetas, que debía secundarlo, se echa atrás en el último momento (es decir, se raja, pero no en el sentido literal como debería, si no tan solo en el metafórico). El Lenda es trasladado a la enfermería como pretendía, el travesti en cambio se queda en la celda con Paco y el Pirri, mientras estos le increpan por su cobardía. Esa noche ambos jóvenes consumen toda la heroína que el Lehendakari les había dejado, y cuando despiertan a la mañana siguiente descubren que el travesti se ha suicidado cortándose las venas, avergonzado por su falta de agallas.

Habiéndose acabado la droga, Paco y el Pirri vuelven a sufrir virulentamente el síndrome de abstinencia. “No te quedan ganas de vivir, ni de morir ni de nada”. En esa tesitura, y muy a su pesar, no les queda más remedio que recurrir al “bujarrón” del Tejas. Paco acude a la celda de éste y sus secuaces, y como no tiene bastante dinero para costearse el jaco, debe prostituirse y los cuatro degenerados abusan de él a cambio de un pico. Ni siquiera le dan algo de heroína para el Pirri. Éste monta en cólera cuando descubre lo sucedido y ataca al Tejas en el patio del centro penitenciario. Ambos se enzarzan en una pelea cuchillo en mano, rodeados por un corro de los demás presos, hasta que son separados por los funcionarios.

Entretanto a Paco le notifican que su padre ha logrado conseguir su libertad, por lo que seguidamente abandona la cárcel.

Paco vuelve con su progenitor a casa de su abuela en Madrid, y tras unos días de sosiego en los que se supone que debería replantearse su vida para rehabilitarse y dejar atrás el mundo de la droga, recibe una llamada de Betty. Poco despues el incorregible Torrecuadrada abandona el domicilio familiar, dejando a su padre una carta de despedida, donde le ruega que no le busque, y vuelve a las andadas, mudándose al piso de Betty. Ésta se prostituye a través de anuncios en los periódicos, y lo que recauda es invertido por Paco en tráfico de heroína, pero los negocios no marchan demasiado bien, debido a los muchos competidores (en ambos sectores: la prostitución y la droga).

Gracias a las noticias de la TV, Paco descubre que el Lenda se ha escapado. Se ponen en contacto, y el vasco va a vivir tambien al piso de Betty, con la que se enrrolla.

El Lendahakari les cuenta que agentes de la policía querían contratarlo como mercenario en la guerra sucia contra ETA, a lo que él se opuso pues estaba decidido a ser su propio patrón, independizarse y trabajar por su cuenta. Muestra una pistola que ha conseguido y propone a Paco yBetty formar una banda dedicada a atracos. Los agentes de la policía secreta tienen bajo vigilancia al Lenda, y saben donde se esconde.

De ese modo, los tres llevan a la práctica el plan del Lehendakari. Utilizarán a Betty como cebo, haciéndola pasar por víctima de un accidente de tráfico en la carretera. Cuando dos guardia civiles se disponen a socorrerla, Paco y el Lenda los dejan fuera de combate, se visten con sus uniformes, y haciéndose pasar por agentes del cuerpo, a bordo de las motos reglamentarias, ordenan parar a un furgón blindado cuya ruta tenían previamente controlada. Así se hacen con una ingente cantidad de dinero, que están dispuestos a invertir en narcotráfico. Pero el individuo al que el Lenda quería comprarle la heroína no está dispuesto a vendérsela, ya que previamente el vasco se ha negado a colaborar en calidad de mercenario con la trama de los GAL. De ese modo continúan dando palos en joyerías de Madrid mientras la policía les pisa cada vez más los talones. En uno de esos atracos el Lenda es herido de bala por los disparos del dueño del establecimiento. Los tres toman la resolución de huir de la capital rumbo al norte, retornar a Bilbao, donde tiene una más amplia red de contactos.

Por su parte, el comandante Torrecuadrada piensa retirarse de la Guardia Civil, pero antes está decidido enfrentarse a su última misión: Encontrar a su hijo pródigo y prófugo cueste lo que cueste. Tuvo la oportunidad de reinsertarse y la desaprovechó, por ello no va a permitir que continúe por la senda del crimen.

En el escondite del fugitivo trío, una villa desocupada a las afueras de Bilbao, se hace patente la cada vez más preocupante adicción de Paco al equino opiáceo. En una magistral y conmovedora escena, vemos varios primeros planos de como la aguja penetra la vena, mientras de fondo se escuchan los truenos y el viento, pues se trata de una noche tempestuosa. La atmósfera recuerda a una película de terror.

Betty: “Quieres que te pase lo mismo que a Urko?

Paco: “Urko si que se lo hizo bien, un buen pico, un buen flash, y a descansar para siempre”

El reportero, que ha descubierto donde se ocultan los tres delincuentes, avisa al comandante Torrecuadra, y éste, escoltado por varios agentes de la Guardia Civil que le cubren las espaldas, se persona en la villa abandonada donde su hijo se esconde con Betty y el Lenda.

Una vez dentro, se produce un enfrentamiento dialéctico entre padre e hijo, ambos armados, ambos apuntándose mutuamente con sus pistolas. El comandante ha venido a por el incorregible adolescente, pero éste no está dispuesto a dejar la vida que ha escogido. Ya no hay marcha atrás.

Paco: “Tengo una pistola, al fin y al cabo lo que tú querías. Armado y sin tener que ponerme en la cabeza ese ridículo tricornio”

Torrecuadrada: “Pues úsala”

Se producen instantes de una gran tensión. Pero el jóven drogadicto, abatido y emocionalmente derrotado, no es capaz de cometer un parricidio. De repente aparece el Lehendakari, y se desencadena un tiroteo. El picoleto cae abatido por las balas del vasco, para gran conternación de su hijo Paco, quien desconsolado se abraza al cadáver.

Tras oir los disparos, los demás agentes irrumpen en la casa, al mismo tiempo que el Lenda trata de huir por la ventana. En ese momento, Paco lo acribilla a balazos en venganza por la muerte de su padre.

Un enjambre de guardia civiles y periodistas se personan en el lugar de los hechos. Estos últimos, sin ningún tipo de escrúpulos, hacen fotos del desolado jóven, llorando ante el cuerpo ensangrentado de su progenitor.

EPILOGO: Paco fué condenado a ocho meses de cárcel, tras los cuales hizo el servicio militar. En la última secuencia del film, descubrimos que ha tenido un hijo con Betty, y que los tres viven en un piso desde el cual manejan una red de tráfico de heroína. Allí acuden dos chicos, más jóvenes que Paco, a los cuales este entrega la mercancía que deben distribuir. (Igual que en su día Paco y Urko trabajaban para el Cojo)

Cuando los muchachos camellos han salido de la casa, Torrecuadrada Jr. recibe una llamada de teléfono: Se trata de un alto cargo de la Guardia Civil, para la cual Paco trabaja como informador, haciendo el mismo doble juego que el Cojo en la primera parte de “El Pico”!

Excelente drama hiperrealista, El Pico (1 y 2) son fuera de toda duda las mejores películas sobre drogas que he visto, donde mejor queda retratado el sórdido ambiente carcelario y los estragos que provoca la adicción al caballo. Protagonizada por auténticos delincuentes juveniles que Eloy de la Iglesia reclutó en los bajos fondos de la periferia de Madrid, El Pico logra lo que sus films homólogos hollywoodienses no consiguen: Conmover e impresionar, no por efectos especiales y virguerías palomiteras, si no por su apabullante y sincera autenticidad, ya que la mayoría de los personajes simplemente se interpretan a sí mismos.

Jose Luis Manzano (Paco), moriría menos de una década más tarde víctima de las drogas, de la soledad y de la miseria. Igualmente, el Pirri fué hallado sin vida en un descampado con una aguja clavada en el brazo. Sobredosis. Tambien acabó así la actriz que encarna a Betty, Laly Espinet. El propio Eloy de la Iglesia tuvo sus escarceos con el consumo de narcóticos, pero a este respecto llegó a declarar: “Mi adicción a las drogas es insignificante comparada con mi adicción al cine”.

Las escenas carcelarias están rodadas en la matritense prisión de Carabanchel, y los presos, a quienes está dedicada la película, colaboraron como figurantes.

“El Pico” es a todas luces la cumbre del cine quinqui, y como dice la lapidaria frase final que despide el film:

“La España de los ochenta no era la España de los héroes sino la de los heroinómanos”

FHP (AlucineCinéfago), 2009