La Piovra II – Capítulo 1

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La Piovra II 

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1985

 Director: Florestano Vancini

Guión: Ennio De Concini, Odile Barski

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), Francois Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra), Paul Guers (Prof. Gianfranco Laudeo), Martin Balsam (Frank Carrisi), Daniel Ceccaldi (Nicola Sorbi), Sergio Fantoni (Coronel Ferretti), Geoffrey Copleston (Ravanusa)

Música: Ennio Morricone

Capítulo 1

Paola, la hija del comisario Corrado Cattani, continúa recuperándose en una clínica neurológica en Suiza. Sus padres están ambos junto a ella. Un día aparece un individuo llamado Ettore Ferretti, quien trata de convencer a Cattani que reemprenda las investigaciones contra el crimen organizado. Pero Cattani se niega, pues su prioridad en éste momento es estar junto a su hija. Ferretti es el brazo derecho del antiguo jefe de Cattani, aquel jefe de la policía en Roma llamado Sebastiano Cannito que ahora ha ascendido al vértice de los servicios secretos. Ferretti sospecha que Cannito pertenece a la misteriosa organización “filantrópica” de Laudeo (un grupo de tintes masónicos, aunque ello no se menciona). Ambos forman parte del poder oculto. Y en Sicilia, el banquero Ravanusa y el abogado Terrasini también están compinchados con ellos.

En la pequeña ciudad siciliana es ahora Altero el comisario. Él investiga junto al juez Bordonaro el secuestro de Paola. Uno de los implicados incrimina indirectamente a Ravanusa y Terrasini. Los dos son llamados a declarar ante el juez. Ravanusa se va involuntariamente de la lengua, demostrando que sabía que la niña había sido violada. Ello es un claro indicio de que está involucrado en el rapto. El cerco en torno a él y a Terrasini se va estrechando.

Al mismo tiempo, Terrasini y sus socios tratan de organizar transacciones con un tal Frank Carrisi de EEUU. Se trata de un blanqueo de dinero de enormes proporciones.

El juez Bordonaro ha logrado que Ravanusa le revele ciertos nombres. Entre ellos uno muy importante: El del jefe de los servicios secretos Cannito. Bordonaro hace una cita urgente con Cannito en Roma. Cuando el juez le cuenta a Cattani por teléfono que va a encontrarse con su antiguo jefe, el ex-comisario le advierte que cancele la cita, y que en Roma mejor se encuentre con él. Cattani se dirige a Roma para hablar con Bordonaro. Mientras tanto, en Sicilia es asesinado Altero, que tenía las copias de los documentos que incriminaban a Ravanusa y Terrasini.

Cuando Bordonaro se dirige en taxi a su cita con Cattani es víctima de un atentado. Él y el taxista son acribillados a balazos. Los asesinos se llevan los documentos que el juez portaba en su maletín. Cattani, estupefacto, se entera poco después de las muertes de su antiguo compañero y del juez. El agente Ferretti se encuentra en la escena del crimen e intenta de nuevo convencer a Cattani de que colabore con él. Pero el antiguo comisario sigue negándose.

Cattani vuelve a Suiza con su mujer y su hija. Paola se está recuperando favorablemente. Pero cuando ve a sus padres discutir, y escucha que no volverán a vivir los tres juntos sufre una nueva y violenta recaída. Los ocho días siguientes no dice una palabra. Una noche Paola sale de su habitación en la clínica, se escapa del centro y vaga desesperada por las calles sin rumbo fijo. Es atropellada por un coche y muere trágicamente.

En el entierro, una vez más, aparece Ferretti. Además de darle a Cattani sus condolencias, insiste para que trabajen conjuntamente.

(Continuará)

 

FHP, 2015

10.000 dólares por una masacre – Romolo Guerrieri, 1967

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10.000 dollari per un massacro

 Italia, 1967

Director: Romolo Guerrieri

Género: Western

Guión: Franco Fogagnolo

Intérpretes: Gianni Garko (Django), Loredana Nusciak (Mijanou), Adriana Ambesi (Dolores)

Música: Nora Orlandi

Argumento

Django es un cazarrecompensas en el salvaje oeste. Se gana la vida como pistolero solitario atrapando o matando a los delincuentes fugitivos que están en los clásicos carteles de “Se busca”. Uno de ellos es el torvo mexicano Manuel Vásquez, recien salido de prisión.

En una de las primeras escena de la película, Django y Manuel se cruzan a caballo en el desierto sin saber quien es el otro, intercambiando miradas suspicaces. Poco después, Django (que se dirigía a un poblado para entregarle el cadáver de un criminal) ve en las oficinas del sheriff un cartel donde piden 3.000 dólares por la cabeza de Manuel, con el que se acaba de tropezar por el camino…

Manuel y sus compinches se dirigen a la hacienda del acaudalado señor Mendoza, con el que tienen una cuenta pendiente. Una vez allí provocan una matanza, tiroteando a los trabajadores del hacendado, y dejando sólo a éste con vida. Manuel se la tenía jurada a Mendoza porque éste le mandó a la cárcel. Mendoza suplica cobardemente para que Manuel le perdone la vida, y se arrastra como un gusano, implorando clemencia. El fugitivo delincuente ha venido para llevarse algo, pero no se trata de dinero ni metales preciosos. No son dólares sino Dolores lo que quiere Manuel; la bella hija de Mendoza. El criminal y los suyos se llevan secuestrada a la chica.

Mendoza ha oído hablar de la destreza con el colt de la que Django hace gala, y decide contratar los servicios del pistolero para rescatar a su hija. El hacendado le promete 5.000 dólares al cazarrecompensas por la cabeza del abductor, 2.000 más de lo que constaba en el cartel.

En el saloon del pueblo trabaja como camarera una atractiva joven de origen francés llamada Mijanou. Ella es una amiga, especie de novia, de Django, al que le une una peculiar relación de amor-odio. Mijanou detesta la profesión del solitario pistolero, y le amonesta hostilmente por ello; pero en el fondo está enamorada de él.

Manuel es un individuo muy conocido en esa localidad, juega frecuentemente a las cartas en el saloon y no duda en liquidar sin contemplaciones a los que osen hacer trampas. Django le vigila de cerca esperando el momento propicio para reducirlo. Manuel intuye que el cazarrecompensas intentará atraparlo, y busca adelantársele: Le tienden una emboscada y le disparan desde una colina. Django cae de su montura gravemente herido, y los hombres de Manuel lo dan por muerto. Pero Django, que ha recibido un balazo en el hombro, logra incorporarse y con la ayuda del fotógrafo (que pasaba por allí en su coche de caballos) regresa al pueblo, donde recibe las atenciones de Mijanou.

Cuando a la mañana siguiente el pistolero se encuentra mejor, su amiga le dice que está harta de ese polvoriento pueblo, de los constantes tiroteos y de su trabajo de cazarrecompensas, y que está barajando la posibilidad de irse a San Francisco. Django responde que está dispuesto a dejarlo todo e irse con ella. Mijanou, emocionada, acepta y ambos se besan apasionadamente.

Pero pocos instantes después llega Mendoza, acompañado del fotógrafo (que se convertirá a partir de ahora en “escudero” de Django). El hacendado, que desea ver libre a su hija Dolores cueste lo que cueste, dobla la recompensa: Ahora ofrece 10.000 dólares por la cabeza de Manuel. Django acepta, pero sólo si paga por adelantado y Mendoza así lo hace. Mijanou se enfurece y se siente traicionada, pero finalmente accede a esperar seis días a que Django cumpla su último encargo como cazarrecompensas. Si pasado ese plazo Django no ha vuelto, ella se irá a San Francisco sola y no querrá volver a verle.

Así, Django (que ya ha cobrado el dinero) se pone “manos a la obra”, y averigua el paradero de Manuel interrogando a uno de sus esbirros. El fugitivo se encuentra en otro poblado, oculto en casa de su padre. Hasta allí llega el pistolero para enfrentarse a Manuel. Pero cuando finalmente lo localiza, en vez de matarlo se pone de acuerdo con él para atracar a modo de socios una caravana de diligencias que porta un cargamento de lingotes de oro…

Comentario

“10.000 dollari per un massacro” es un italo-western convencional, pero con la particularidad de que tiene varios giros imprevisibles en la trama, y de que está marcado por la tragedia… Pues entre los carruajes que Django y Manuel hacen volar por los aires durante la ejecución de su atraco se encuentra uno a bordo del cual está Mijanou, la novia (o “amigovia”) del protagonista. Ésta muere a causa de las explosiones provocadas por el propio Django, lo que afecta profundamente a éste. Por si eso fuera poco, el rastrero Manuel huye llevándose todo el oro, sin compartirlo con su “socio” que le ayudó a dar el golpe. Tras ello, ahora sí, Django se empleará a fondo para dar caza al bandido.

Durante los sesenta se rodaron en Italia numerosas películas protagonizadas por un taciturno pistolero de nombre “Django”. La más conocida es la original, la de Sergio Corbucci (“Django”, 1966); con Franco Nero dando vida al personaje. Luego también vendrían los “Ringo”, los “Sartana”… Pero el más célebre de todos éstos solitarios cazarrecompensas que realizan proezas con el revólver es precisamente uno que no tiene nombre: El “Man with no name” (a veces llamado “El Rubio”) de la Trilogía del Dólar de Sergio Leone, papel que lanzó al estrellato a Clint Eastwood.

En la piel de éste Django se metió el actor de origen croata Gianni Garko.

Interpretando a Dolores tenemos a Adriana Ambesi, a quien ya vimos en “Malenka” (1969) de Amando de Ossorio como vampiresa. Aunque el personaje de Dolores es clave para el desarrollo de la historia, la chica en cuestión aparece en muy pocas escenas y casi no dice ni una palabra.

Manuel está interpretado nada menos que por Claudio Camaso, cuyo nombre real era Claudio Volonté, hermano del gran Gian Maria (“El Indio” de “La muerte tenía un precio”), a quien por cierto se parece bastante. La historia personal del actor que hace del bandido Manuel también es harto intrincada: Acusado de homicidio, Claudio Camaso fue a parar a la cárcel, y allí se suicidaría en 1977.

La banda sonora de “10.000 dollari per un massacro” es bastante buena, pero no alcanza el nivel de las que compuso el genial Morricone para los westerns de Leone.

FHP, 2015

El amanecer de los vampiros – Jean Rollin, 1971

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El amanecer de los vampiros (V.O. Le frisson des vampires)

Francia, 1971

Director: Jean Rollin

Género: Terror erótico-surrealista

Guión: Jean Rollin, Monique Natan

Intérpretes: Sandra Julien (Isle), Jean Marie Durand (Antoine)

Música: Acanthus

Argumento

Isle y Antoine son una pareja de recién casados que se dispone a emprender su luna de miel. Antes de partir a Italia como tenían previsto, deciden pasar de visita por el pueblo de la familia de ella. Allí, en un apartado castillo, residen sus dos primos; los únicos parientes que a Isle le quedan con vida, y a los que ella no ha visto desde que era pequeña.

Pero nada más llegar al poblado se enteran de que los primos han muerto, y de que el fallecimiento de ambos es muy reciente. No obstante, Isle y Antoine resuelven ir al castillo. Una vez allí son acogidos por las criadas de de los difuntos, dos bellas jóvenes (una rubia y una asiática) que les conducen a sus aposentos.

La pareja observa asombrada el interior del tétrico castillo, con sus cráneos a modo de decoración, los largos pasillos sólo iluminados por velas en sus candelabros…

Isle acude al cementerio adyacente para visitar la tumba de sus primos. Allí se encuentra con otra doliente: Isabelle, embutida en un vestido negro, se presenta a la huésped del castillo como la prometida de los dos hermanos, y manifiesta guardar luto por los dos. Tras la muerte de ambos se considera “dos veces viuda”.

Esa noche, Antoine siente deseos de consumar el matrimonio con su esposa, pero ésta, apesadumbrada por la noticia de la muerte de sus parientes, prefiere dormir sola. Comprensivo, Antoine se retira a otra estancia. Cuando Isle se mete en la cama, una mujer extremadamente pálida y de aspecto mortecino sale del interior del reloj de carrillón. La aparecida se presenta como Isolde, y con su presencia hipnótica comienza a anular la voluntad de Isle… Tras acariciarla por sus desnudos pechos, la extraña muerde a la recién casada en el cuello succionándole la sangre, y la conduce a continuación al cementerio…

Mientras tanto, Antoine no logra conciliar el sueño y regresa donde su mujer, pero observa con estupor que su cama está vacía… Buscándola por el castillo llega hasta una estancia donde presencia una bizarra ceremonia: Las dos criadas, en compañía de dos hombres, realizan un ritual sangriento, algo que parece un sacrificio humano, clavando una estaca en el pecho de una joven… Alarmado, Antoine vuelve a la habitación de Isle, y ésta vez ella sí está allí, durmiendo plácidamente.

A la mañana siguiente, las sirvientas dicen a la pareja durante el desayuno que los amos del castillo “van a regresar”. Ante la estupefacción de Isle y Antoine, las criadas añaden que “los señores no estaban muertos, eso son habladurías de los aldeanos”. Las doncellas también les informan de que ambos hermanos “trabajan durante el día en la biblioteca”. Allí se dirige pues Antoine, pero la encuentra vacía. De forma repentina e inexpicable, los libros comienzan a caer de las estanterías y lloverle a él sobre la cabeza, dejándole bastante maltrecho…

Durante la comida, dos estrafalarios individuos vestidos a la usanza del siglo XVIII se les presentan a Isle y Antoine. Son los primos de ella (y también los dos hombres que Antoine había visto durante el siniestro ritual la noche anterior). “Nos sorprendió la noticia de vuestra muerte, pero más aún nos sorprende que ahora estéis aquí” dice Isle perpleja. Los dos hermanos, bastante mayores que su prima, inician una larga perorata explicando a qué se dedican: Al estudio de las artes ocultas, a las religiones ancestrales. Afirman haber preservado el culto de la diosa egipcia Isis en Europa… La pareja invitada se retira a sus aposentos; tampoco ésta noche Isle quiere yacer junto a su esposo, para gran disgusto de éste.

Y así, estando la bella y desnuda Isle sola en su cama, de nuevo recibe la visita de la vampira Isolde, que vuelve a absorber la sangre de su cuello…

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Comentario

Isolde se describe como una “vampira errante” mientras que los dos excéntricos hermanos primos de Isle son “vampiros burgueses”… Ellos dos habían sido originalmente humanos normales, que se dedicaban (ironías de la vida) a cazar vampiros. Isolde asesina a Isabelle (la “dos veces viuda”) mediante un abrazo mortal: llevaba puesto bajo su capa una especie de sujetador metálico con afilados pinchos. Isabelle amaba a los dos hermanos cuando aún eran mortales, desde su época de cazavampiros. Por ello debía morir, pues era el único nexo que a los dos les quedaba con su vida anterior… O casi el único, sin contar con la recién llegada Isle. Pero a Isle, Isolde no la matará; le tiene reservado otro destino: Transformarla en una vampiresa como ella, y como sus primos… Antoine, que día a día va siendo testigo de la paulatina transformación de su amada, hará todo lo posible para impedirlo.

Grandes y profundos conflictos anímicos se libran aquí: Cazadores de vampiros que se convierten ellos mismos en vampiros; Isle (lentamente vampirizada por Isolde) se debate entre la familia carnal (la familia “de sangre”, nunca mejor dicho en éste caso) y el amor a su esposo (algo similar a la “Malenka” de Amando de Ossorio)…

Estamos ante una de las más interesantes películas del período vampírico de Jean Rollin. Estéticamente es magnífica, como la gran mayoría de sus obras. Pero además, el argumento es menos enrevesado y confuso de lo que es habitual en el cine rolliniano, sin renunciar por ello al empleo de recursos surrealistas y al transfondo metafísico que impregna toda su obra. Ésta vez el hilo narrativo no es difícil de seguir y la trama no tiene incongruencias (como sí sucede en otras propuestas del cineasta galo).

Como buena película de Rollin, máximo exponente del gótico-erótico neo-surrealista francés, no falta la clásica ambientación en castillo medieval, los cementerios con sus criptas, las apariciones grotescas e inquietantes, la playa de siempre con los troncos en fila, así como bastantes desnudos de hermosas vampiresas y mortales. Eros y thanatos, sexo y muerte, siempre están presentes en la obra de Jean Rollin.

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Sandra Julien

La protagonista, llamada “Isa” en otras versiones pero Isle en la original francesa, está interpretada por la bella Sandra Julien; quien al año siguiente (en 1972) participaría en la japonesa „El Imperio del Sexo“ de Norifumi Suzuki (V.O. Tokugawa sekkusu kinshi-rei: shikijo daimyo), dando vida a una concubina occidental del shogun. Sandra también ha deleitado las retinas de los espectadores en películas de la talla de “Je suis une nymphomane” (1971) y “Je suis frigide… pourquoi?” (1972), ambas comedias eróticas softcore a cargo de Max Pécas.

Una de las criadas de los amos del castillo es Marie-Pierre Castel; junto a su hermana Catherine una de las gemelas colaboradoras habituales de Rollin, a las que ya vimos en La vampire nue (1970).

“Le frisson des vampires” cuenta además con una muy buena banda sonora a base de rock progresivo y psicodélico.

FHP, 2015

 

Síntomas – José Ramón Larraz, 1974

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Síntomas (V.O. Symptoms)

España/Reino Unido, 1974

Director: José Ramón Larraz

Género: Terror

Guión: José Ramón Larraz, Stanley Miller

Intérpretes: Angela Pleasence (Helen), Lorna Heilbron (Anne), Peter Vaughan (Brady)

Música: John Scott

Argumento

Helen invita a su amiga Anne a pasar unos días con ella en una gran casa campestre en el bosque. Una vez allí, Anne se fija en la fotografía enmarcada de una joven. „¿Familiar tuya?“ „No, sólo una amiga“ responde la anfitriona melancólica y misteriosamente…

Al día siguiente, Helen acude a la farmacia del pequeño pueblo cercano. El propietario del negocio le pregunta a la mujer (a quien ya conoce) si ha venido otra vez con “Miss Cora”, y Helen contesta que no, que ésta vez ella se ha quedado en Londres, y que ha venido sola…

Por las inmediaciones de la mansión pulula un vecino cincuentón llamado Brady, que desempeña las tareas de guardabosques y leñador. Helen siente una enorme antipatía hacia él, siempre le rehúye; y Brady, individuo de mirada torva y turbadora, no quitará el ojo de encima a las dos mujeres.

Durante un paseo por la campiña, Helen revela a Anne que puede “oír cosas que nadie más oye”, y que percibe todo lo que sucede en ese bosque.“En éste lago alguien se ahogó” dice mientras sube a una barca para cruzar a la otra orilla.

Pronto Helen da muestras de grave inestabilidad mental, de severo desequilibrio psicológico, y su amiga comenzará a preocuparse. Por las noches, Anne oye gritar a Helen desde su habitación, chillando como posesa y lamentándose angustiosamente en medio de violentos ataques de pánico. Pero cuando Anne, alarmada, va a comprobar si su amiga necesita ayuda, ésta (que ha cerrado su puerta desde dentro) abre y reacciona con calma, como si nada hubiera sucedido.

Helen percibe fantasmales presencias en el interior de esa casa. Varias veces ve fugazmente reflejarse sobre espejos la figura de una etérea mujer. Incluso Anne, que no tiene dones paranormales, escucha por las noches ruidos extraños procedentes del desván, lentos pasos y crujidos… Al día siguiente se lo comenta a su amiga, pero ésta le dice que sólo son figuraciones suyas (sabiendo mejor que nadie que en realidad hay “algo más”).

El novio de Anne llega hasta la casa campestre con la intención de recogerla para regresar a Londres, pero Anne le dice que su amiga no se encuentra bien, y que será mejor que se quede unos días más con ella. Helen reacciona con distanciada frialdad cuando Anne vuelve con ella, como si se sintiera celosa del novio de su invitada. Helen se torna posesiva, y reconoce abiertamente estar enferma y necesitar ayuda de Anne, pero se niega a regresar a Londres pues quiere quedarse sola con ella en el caserón lejos de la ciudad, en su plácido retiro del bosque. Anne no sabe cómo ayudarla, porque no conoce la causa de su enfermedad, sólo sus “síntomas” (de ahí seguramente el nombre de la película).

El guardabosques Brady sigue al acecho, y espía a las muchachas desde su cercana guarida. Helen lo sabe, y también lo tiene a él bajo vigilancia, siempre paranoicamente observando los alrededores con sus prismáticos desde la ventana.

Anne desea ayudar a su amiga, pero ella misma comienza a sentirse cada vez más incómoda en la inhóspita mansión. Una noche, tras despertarse a causa de pasos y crujidos procedentes del desván, Anne se levanta con sigilo y se dirige hacia allí, pensando que Helen se ha desvelado…

Comentario

“Síntomas” es una interesantísima película de terror atmosférico repleta de tensión e intriga, rodada en Inglaterra por el español José Ramón Larraz, un director poco conocido pero muy digno de ser reivindicado. Entre sus obras se encuentran “Vampyres”, filmada ese mismo año de 1974 también en la campiña inglesa, y “Los ritos sexuales del Diablo” (a.k.a. Black Candles), un fantaterror-softcore de 1982 algo inferior en calidad.

Ésta producción de temática espectral con toques de terror psicológico emplea muy apropiadamente un ritmo lento, pausado y angustioso. Los crujidos de las maderas y las puertas que chirrían en el interior de la casa, las tormentas y vendavales en el gris exterior, el rítmico tic-tac del reloj de carillon y los latidos del corazón, que palpita cada vez más rápidamente… Todo ello recursos muy bien aplicados a las tensas escenas del metraje.

Óptima resulta también la interpretación de las protagonistas, especialmente la de Angela Pleasence (Helen); hija por cierto del famoso actor británico Donald Pleasence (“Halloween” de John Carpenter, 1978). Angela Pleasence da vida a una mujer con poderes parapsicológicos seriamente afectada por un oscuro trauma del pasado.

FHP, 2015

 

Las garras de Lorelei – Amando de Ossorio, 1974

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Las garras de Lorelei

España, 1974

Director: Amando de Ossorio

Género: Fantaterror

Guión: Amando de Ossorio

Intérpretes: Tony Kendall (Sigurd), Helga Liné (Lorelei)

Música: Antón García Abril

Argumento

En un apacible pueblo alemán en las cercanías del Rin, una joven que está a punto de casarse muere en circunstancias atroces tras ser agredida por un extraño animal monstruoso. Los aldeanos se horrorizan al descubrir que la bestia había sacado el corazón de la chica. Se ignora qué clase de criatura pudo haber cometido la salvaje acción. Se descarta una responsabilidad humana, y se achaca la carnicería a un oso de grandes dimensiones o similar. Temiendo que la bestia regrese a cobrarse más víctimas, la directora de un internado para señoritas que se encuentra en las cercanías de la localidad contrata los servicios de un vigilante nocturno. El guardián, con muchos años de experiencia a sus espaldas, es un cazador llamado Sigurd. Hombre gallardo y apuesto, Sigurd pronto atraerá el interés de las chicas del colegio, lo que contraría en grado sumo a la joven pero rígida profesora Elke.

Pese a la atenta vigilancia del cazador, se produce otra tragedia: Una de las alumnas es masacrada pocas noches después. En el entierro de la muchacha, un solitario violinista ciego recuerda a los demás lugareños la leyenda de Lorelei, una ninfa acuática que cuando luce la luna llena se transforma en una repugnante criatura escamosa, con zarpas de afiladas garas, que para sobrevivir necesita alimentarse de los corazones de sus víctimas. Como es de esperar, nadie cree al pobre loco… a excepción de un excéntrico profesor, que está trabajando desde hace años en una fórmula para destruir a la mítica criatura marina.

Sigurd descubre al profesor husmeando en los alrededores de la escuela femenina, y contundentemente le pregunta qué se le ha perdido por allí. El investigador lleva al vigilante a sus laboratorios y, tras contarle al escéptico Sigurd los detalles de la leyenda de la ondina Lorelei, le muestra también el mejunje radioactivo que ha creado. Su objetivo es matar al monstruo clavándole un puñal untado con esa aleación. El cazador, está convencido de que las historias de sirenas asesinas son paparruchas y habladurías de las viejas del lugar.

A Sigurd, que duerme durante el día en el húmedo desván del internado, no le está permitido bañarse en la misma piscina que las alumnas, y para refrescarse debe acudir a un cercano pantano. Allí encontrará a una escurridiza y misteriosa mujer. En la primera ocasión que se ven, ella logra esconderse y huir, pero otro día Sigurd la alcanza y, deseoso de saber más interroga a la atractiva dama. Ésta dice llamarse Lorelei. Sigurd y ella, que se sienten mutuamente atraídos, terminan besándose. La enigmática mujer afirma que nunca la habían besado, y que piensa hacer a Sigurd su „consorte“, antes de desvanecerse exhausta. Poco después aparece un corpulento individuo llamado Alberico, que resulta ser el lacayo de Lorelei, y que toma a su ama en brazos para sumergirse con ella en las profundidades del pantano, ante los estupefactos ojos de Sigurd. Ahora también él comienza a creerse la vieja leyenda.

Elke, la joven profesora del internado femenino, siempre se había mostrado antipática y hostil hacia Sigurd. Pero súbitamente (como esos cambios en las mujeres suelen acontecer), Elke deja caer las máscaras y las inhibiciones reconociendo que también ella (como sus alumnas) se siente atraída por el único hombre que reside en el colegio. Ésto, como es lógico, despertará instantáneamente los furibundos y mortales celos de la siempre acechante Lorelei. Ambas mujeres (o más bien la mujer y la criatura mutante) pugnarán por el corazón de Sigurd, y éste, indeciso, compaginará a la “buena” con la “mala”.

Habiéndose enterado de que el científico está trabajando en lograr su destrucción, Lorelei acude con su lacayo a su laboratorio; y tras quemar las fórmulas y documentos, matan al profesor rociándole un ácido corrosivo que le disuelve el rostro.

Cuando Sigurd descubre éste nuevo asesinato, ya no le cabe la menor duda de que Lorelei es la autora de los crímenes, y se dispone a detenerla, haciendo uso del cuchillo radiactivo que el científico había fabricado. Una noche, Sigurd también salva a Elke de una muerte segura, y en otra ocasión también a dos chicas del internado que se estaban bañando…

El heroico cazador decide sumergirse en el pantano para acabar con la bestia. Llega hasta una gruta subacuática, donde Lorelei y su corte de súbditos (el lacayo de antes y unas lascivas doncellas) le están esperando. La ninfa, que es hija de Wotan y custodia el Oro del Rin, trata de hipnotizar a Sigurd para convencerle de que permanezca junto a ella como su consorte, y se muestra dispuesta a hacerlo inmortal. Pero el héroe, dando muestra de su Voluntad, se resiste a los encantos hipnóticos de la sirena-reptil y trata de clavarle la daga radiactiva.

Lorelei ordena que Sigurd sea atado a unas columnas, y ordena a sus sirvientas que custodien al prisionero. Pero cuando las tres comienzan a pelearse entre ellas, Sigurd aprovecha para escaparse, y retorna a la superficie, donde le esperan unos lugareños en lancha. El cazador deja caer grandes cantidades de dinamita para reventar la gruta con las doncellas de Lorelei y el “nibelungo” Alberico en su interior…

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Comentario

Finalmente, Sigurd logra alcanzar a Lorelei antes de que ésta consiga atacar a Elke, y mata al monstruo con la “espada de poder”. El cuerpo de la mutante se momifica casi al instante, y el espíritu de Lorelei (que no guarda rencor a Sigurd por haberla matado) se aleja a lomos de un caballo fantasma diciendo “¡Te esperaré!”, en una escena cargada de tétrico romanticismo gótico.

Ésta película de Amando de Ossorio, toma como punto de partida una leyenda germana procedente de la Renania, sobre una ninfa acuática de origen divino, que había perdido el favor de los dioses convirtiéndose en una criatura mutante reptiliana; en una bella mujer que en noches de luna de llena se transformaba en sanguinario monstruo. No es difícil encontrar una analogía con los mitos de licántropos y las historias de vampiros. Y del mismo modo que los vampiros necesitan beber sangre fresca para sobrevivir, la Lorelei de la leyenda alemana debía comer corazones humanos. La versión fílmica del mito rodada por Ossorio cuenta con una importante carga simbólica, también en lo que respecta al “triángulo amoroso” entre el héroe protagonista, la ninfa maldita y la humana; ambos elementos femeninos equivaliendo respectivamente a Lilith y a Eva en el judeocristianismo.

El actor italiano conocido como Tony Kendall (nombre artístico de Luciano Stella) interpreta a Sigurd, y en el rol de Lorelei tenemos a la ya por entonces madurita pero aún bien conservada alemana Helga Liné, habitual en el eurohorror y el exploitation setentero.

La obra más conocida de Amando de Ossorio es la Tetralogía del Terror Ciego (o de los Templarios).

FHP, 2015

La ira de Aquiles – Marino Girolami, 1962

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La ira de Aquiles (V.O. L´Ira d´Achille)

Italia, 1962

Director: Marino Girolami

Género: Peplum

Guión: Gino De Santis

Intérpretes: Gordon Mitchell (Aquiles), Jacques Bergerac (Hector), Cristina Gaioni (Xenia)

Música: Carlo Savina

 

Argumento

Los griegos, comandados por el rey Agamenón, asedian Troya. Entre ellos se encuentran Ulises, Aquiles (Gordon Mitchell) y su fiel Patroclo. Tras conquistar una ciudad próxima a Troya, los griegos toman como esclavas a varias mujeres. Agamenón como líder tiene derecho a ser el primero en elegir, y toma a Criséide, la hija de Creseo, sacerdote de Apolo. Aquiles elige a Briseida y Patroclo a Xenia.

Mientras tanto en Troya, Héctor, hijo del rey Príamo, ha convocado a sus hombres para trazar un plan que repela la invasión griega. El estratega Héctor diseña con la aprobación de su padre un cerco a las tropas enemigas, pues es sabido que la mejor defensa es el ataque, sobre todo el ataque sorpresa.

Mientras la bella Xenia acepta solícitamente a Patroclo, la dama Briseida se resiste inicialmente a su amo Aquiles. Trata incluso de apuñalarlo por la espalda, pero ante ello Aquiles es invencible y su fuerte omóplato parte el cuchillo. Aquiles le explica a la joven que su invulnerabilidad no es completa, y que una parte de su cuerpo (que él mismo ignora cual es) sí puede ser herida provocándole la muerte. “Incluso un niño podría matarme, si sabe donde golpear”. Continúa el héroe diciendo que no es totalmente invencible ni menos inmortal, pues según el oráculo morirá justo después de haber dado muerte al troyano Héctor. A partir de ese momento, Briseida cae rendida a los pies de Aquiles, y su inicial hostilidad desaparece completamente.

Al mismo tiempo, el sacerdote de Apolo Creseo intenta liberar a su hija, retenida por Agamenón. El anciano acude al encuentro del poderoso rey griego, y le suplica que le devuelva a Criséide, a cambio de unos tesoros que el dios Apolo ha materializado mágicamente. Agamenón repone que su prisionera es más valiosa para él que esos tesoros, que no tiene ninguna intención de liberarla. Y recuerda con amargura que mientras la hija del sacerdote por el retenida vive entre comodidades, la suya propia, Ifigenia, fue sacrificada siendo tan sólo una niña. Agamenón se apodera de los tesoros y echa a Creseo de su campamento, sin devolverle a su Criséide. El viejo sacerdote, afrentado por el blasfemo e injusto proceder de Agamenón, invocará a Apolo para que descargue una maldición contra los impíos griegos.

Así, pronto una tormenta divina anega las posiciones de los griegos, para gran desconcierto de Agamenón y los suyos. A continuación una mortal epidemia de peste se extiende entre los combatientes griegos. Agamenón y los demás guerreros se ven obligados a deliberar. Un sacerdote les advierte que la única solución para aplacar a Apolo consiste en devolver a Criséide a su padre. Finalmente Agamenón cede, pero insiste en tomar a cambio a Briseida, la concubina de Aquiles. Éste se enfurece, y estalla contra el líder de los reyes griegos. Aquiles rompe con Agamenón y se niega a seguir combatiendo junto a él; decide regresar a su propio reino en Grecia abandonando la guerra de Troya.

La devolución de Criseíde a su padre pone fin a la epidemia. Pero la enemistad entre Agamenón y Aquiles es pronto explotada por los troyanos. Ante las fisuras y divisiones que comienzan entre los propios griegos, Héctor planea un nuevo golpe contra los asediantes helenos. Ahora atacarán directamente el campamento de Agamenón.

Mientras tanto, Aquiles, que aún no ha recogido sus posiciones, se está embriagando con ingentes cantidades de vino cuando sus hombres corren a traerle la noticia de que los troyanos están devastando el campamento de Agamenón. Patroclo trata de convencer a su amigo de que acuda en rescate de sus compatriotas, de que olvide sus disputas y rivalidades personales con Agamenón y de que luche por Grecia, pero el lamentable estado alcoholizado de Aquiles no le permite reaccionar. De ese modo, Patroclo se ve obligado a encabezar él solo a los hombres del casi invulnerable. Xenia, enamorada de Patroclo, trata de impedírselo, pero él insiste en que debe partir al combate por el bien de todos, y que cuando vuelva victorioso se casarán…

Comentario

Éste peplum es una digna versión fílmica del clásico épico „La Ilíada“ de Homero. En la piel (y los músculos) de Aquiles tenemos al norteamericano Gordon Mitchell, actor y culturista que participó (al igual que Steve Reeves y Reg Park) en numerosos sword&sandals italianos de la época. La dirección corre a cargo de Marino Girolami, padre de Enzo G. Castellari (realizador en los años setenta de excelentes polizieschi como “Il grande racket”); quien un par de décadas después cabalgaría entre géneros tan dispares como el western, las comedias sexies all´italiana (fue el descubridor de Sabrina Siani), y el terror caníbal/zombie con “Zombi Holocaust” (1980). El papel de Patroclo está interpretado por Ennio Girolami, hijo del director y hermano por tanto de Castellari (quien profesionalmente usaba el apellido de soltera de su madre, para diferenciarse de su padre, también director).

En ésta película, Aquiles oscila en determinado momento entre su animadversión personal hacia el injusto Agamenón, que comanda a los reyes griegos, y su sentido del deber. Su orgullo y su honor han sido heridos por la conducta insolente y reprobable de Agamenón, pero pese a ello el héroe comprende que no puede abandonar a sus compatriotas, su obligación moral le empuja a combatir por el bien común de la Hélade. Eso intenta hacerle ver su amigo Patroclo, cuya inmolación en la encarnizada lucha, abrirá finalmente los ojos de Aquiles.

La película nos presenta una época, en la que en las guerras ambos bandos contendientes combatían en igualdad de condiciones, y sobre todo: con Honor.

“La ira de Aquiles” es un largometraje histórico-mitológico-épico de calidad artística indiscutible, para nada puede ser encuadrado en el subgénero de la serie B como otras muchas peplum de aquellos años, o como las películas a las que más adelante se dedicaría Girolami.

FHP, 2015

La Piovra I – Capítulo 6

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Sante Cirinnà (Angelo Infanti)

La Piovra I

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1984

 Director: Damiano Damiani

Guión: Nicola Badalucco, Lucio Battistrada, Massimo De Rita, Elio De Concini

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Barbara De Rossi (Raffaella “Titti” Pecci Scialoia), Angelo Infanti (Sante Cirinnà), Geoffrey Coppleston (Banquero Ravanusa), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), Francois Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra)

Música: Riz Ortolani

Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior

Capítulo 6

Altero ha sido encargado por el fiscal para llevar la investigación contra el comisario Cattani, quien hasta el momento era su inmediato superior. Anna ataca a Cattani porque piensa que ha actuado con negligencia. Nadie sabe el motivo real por el cual el comisario ha actuado de esa manera, ni el calvario por el cual está pasando. El más honesto de todos es precisamente quien acaba bajo sospecha. Le acusan de “traición a la ética profesional”.

Sólo dos personas parecen confiar todavía en Cattani: Su esposa Else y su amante Titti. Ésta última acude a visitar a Corrado a su casa, pero él la rechaza. No quiere exponerla a riesgos innecesarios. Poco después, sin embargo, arrepentido de su brusquedad al echarla, sale a buscarla a la calle.

Los parientes de Titti quieren llevarla a una clínica privada para que se cure de su drogadicción. El párroco no piensa que sea una buena idea, pero la joven marquesa acepta el traslado. Mientras tanto, Cirinà está a punto de obtener la libertad condicional.

Else regresa a Sicilia y una vez en casa, Corrado le cuenta la verdad acerca de Paola. Ese es además el día en el que la hija de ambos se supone iba a ser liberada. Efectivamente, la niña es soltada en un parquet. Allí acuden poco después sus padres, pero Paola reacciona agresivamente ante su progenitor; está en estado de shock. Poco después, cuando la examinan en un hospital, sale a luz que durante su cautiverio fue violada. Su recuperación psicológica será lenta y larga, y para ello es llevada a un centro en Suiza, país del que procede su madre.

También Titti se recupera en una clínica… Allí va a verla Cirinà, que ha conseguido la condicional. Además de sus promesas de amor eterno y propuestas de matrimonio, el delincuente le trae a la convaleciente joven una dosis de heroína. También Anna quería visitar a Titti, pero Cirinà se entera de que la hermana de Franco está allí y la oblige violentamente a marcharse.

Por la noche, Titti se debate con la tentación. Duda entre si pincharse o dejarlo estar. Se sienta en el marco de la ventana abierta y cae al vacío. De esa forma, muere.

Habiendo dejado esposa e hija en Suiza, Cattani regresa a Sicilia y presencia los funerales de Titti. Cirinà, que también acompaña el fúnebre cortejo, ve al retornado ex-jefe de la policía local y da grandes muestras de inquietud.

Cattani va a visitar a Olga Camastra. Ésta asegura no saber que su hija había sido secuestrada. Y reacciona con estupor cuando además se entera de que la violaron. Cattani le pide a la condesa que le diga a sus “socios” el abogado y el banquero que “quiere justicia”; y que quiere que le entreguen al “carcelero” de Paola.

 

El banquero y el abogado ignoraban que la pequeña fue abusada. Consideran que ello es contraproducente para ellos mismos, pues ésto motivará al padre a buscar venganza. “Había que devolver a la niña intacta, sino era mejor no devolverla”. Olga está muy disgustada con sus socios, y éstos le hacen saber a la condesa que lo mejor será que guarde silencio si quiere evitarse problemas.

El profesor Laureo, que dirige esa misteriosa organización política, está compinchado con el abogado y el banquero en las tramas de éstos. A través de Olga, los jefes del crimen organizado local se han enterado donde se oculta Cattani (en una furgoneta-caravana) y mandan a algunos sicarios para asesinarle. Éstos dejan la furgoneta como un colador. Pero estaba vacía.

Cattani vive en casa de Anna, y le dice a ésta sobre sus enemigos que ya no se conforma con detenerlos y encarcerlarlos, sino que “Ahora quiero ver el color de su sangre”. Cattani ha acordado con el abogado una cita para que le traigan al violador de su hija.

Una noche en un descampado acude Cirinà y Cattani le está esperando. El traficante le trae al violador, maniatado en el maletero del coche. Pero está muerto, Cattani lo quería vivo. Resulta ser el asesino de Leo, que fue además a interpelarle en el bar para transmitirle órdenes de la organización. En un momento de descuido, Cirinnà trata de golpear a Cattani y se desarrolla una pelea entre ambos. El policía ata a su contrincante de la misma forma que está atado el difunto en el maletero y los entrega a las autoridades.

Cirinà va a la cárcel, pero sus días están contados. Sabe demasiado, y sus poderosos jefes no ven otra solución que silenciarlo para siempre.

Corrado Cattani ya no es comisario, piensa incluso dimitir de la policía, pero no dejará de investigar por su cuenta y de ser útil a modo de testigo para hundir a los cabecillas de la trama.

FIN DE LA PIOVRA I

(Continuará en LA PIOVRA II)

FHP, 2015