El muro del silencio – Luis Alcoriza, 1974

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El muro del silencio

México, 1974

Director: Luis Alcoriza

Guión: Luis Alcoriza, Julio Alejandro, Fernando Galiana

Intérpretes: Brontis Jodorowsky (Daniel), Fabiola Falcón (Regina)

Música: José Antonio Alcaraz, Rubén Fuentes

Género: Drama

Argumento

Regina es una madre soltera que vive con su hijo Daniel, de unos 9 años, fruto de su relación con Julio, fallecido poco después del nacimiento del niño. Daniel nunca fue oficialmente reconocido por su padre, que estaba casado con otra mujer. Aún así, Regina intenta conseguir las escrituras de propiedad de la casa en la que viven, que pertenece a la familia del difunto Julio. Para ello no duda en recurrir a todo tipo de sucias artimañas.

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Daniel es grotescamente sobreprotegido por su madre. Ésta no deja que vaya al colegio como los demás niños, porque teme que los demás se “burlen de él”, o lo conviertan en “un bruto”. Así, el “sensible” Daniel es educado en casa por Regina, quien además dirige allí un taller de costureras. El niño carece de un referente masculino. Pasa todo el tiempo en la vivienda con su madre y esas otras mujeres, tocando el piano o jugando solo en una parte abandonada de la casa.

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Los dacios – Sergiu Nicolaescu, 1966

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Dacii (Los Dacios)

Rumanía, 1966

Director: Sergiu Nicolaescu

Guión: Titus Popovici, Jacques Rémy

Intérpretes: Pierre Brice (Séptimo Severo), Marie-José Nat (Meda), Georges Marschal (Fuscus)

Música: Theodor Grigoriu

Género: Histórica, drama

Argumento

Durante la segunda mitad del primer siglo de nuestra era, los romanos asedian la región oriental de Dacia, al norte de Iliria y de los Balcanes.

Una pareja de jóvenes dacios, Cotizo y Meda, cazan ciervos en el bucólico bosque. Un emisario del rey Decibal les informa de que pronto van a tener lugar unas competiciones para elegir al mejor de los guerreros.

A poca distancia de ellos se están concentrando las tropas del general Fuscus, acompañado por el prestigioso senador Atius. Ambos planean el ataque a la fortificada capital de los dacios. “Esos bárbaros son más fieros que los galos, será muy difícil derrotarlos” advierten los romanos un tanto inquietos. Atius parece reticente a emprender la campaña. Para dirigir a sus legionarios sobre el terreno acude al campamento el propio emperador Domiciano en persona. Pero el monarca ignora que entre sus oficiales hay conspiradores que traman su perdición…

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Heya (La habitación) – Shion Sono, 1992

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Heya (a.k.a. The Room)

Japón, 1992

Director: Shion Sono

Género: Drama, experimental

Argumento

Un hombre de mediana edad, con bigote, gabardina y sombrero borsalino; se encuentra a la búsqueda de piso en el Tokyo, a principios de los años noventa. Se trata de un individuo taciturno y un tanto inquietante. La joven encargada por la agencia imobiliaria de ayudarle a encontrar el alojamiento deseado le acompaña por toda la ciudad.

El hombre describe la vivienda que busca: Debe ser pequeña, pero que cuente con una habitación espaciosa, con la ventana orientada hacia el sur, en una zona silenciosa, etc. Y no importa lo que cueste el alquiler.

Durante el primer día, la muchacha de la inmobiliaria le lleva a ver distintos pisos, pero ninguno termina de convencer al extraño cliente. La chica, inexpresiva y distante, parece un tanto intimidada.

Tras la jornada, el individuo va a tomarse un café y tiene un flashback donde aparecen algunos elementos de su pasado: Se trata, al parecer, de un asesino a sueldo. ¿Estará buscando una guarida para esconderse?

El piso que la joven de la agencia le enseña al día siguiente es prácticamente una ruina: No hay cocina, ni baños, las paredes están desconchadas y hay una gran humedad. Sin embargo, al misterioso personaje esa habitación le parece perfecta…

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Comentario

Ésta es una de las primeras películas (concretamente la segunda) del director japonés Shion Sono, realizador de films truculentos, oscuros, bizarros y surrealistas como “Strange Circus” a.k.a. Kimyo na sakasu (2005) o la muy extensa pero sumamente disfrutable “Love Exposure” a.k.a. Ai no mukidashi  (2010).

Junto a Takashi Miike, Sono es probablemente uno de los cineastas japoneses vivos más interesantes. Sin embargo, ésta “The Room” / Heia no está a la altura de sus obras posteriores. Rodada en blanco y negro, posee una envolvente atmósfera sombría e hipnótica; sin embargo cojea debido a la casi total ausencia de trama. En éste aspecto, el film recuerda bastante a la colombiana “Rodrigo D: No futuro” (Víctor Gaviria, 2005) – también sumamente experimental, demasiado quizás. El ambiente oprimente y pesadillesco de Heia resulta asimismo reminiscente de la famosa (y sobrevalorada) “Eraserhead” (David Lynch, 1977) o de la igualmente japonesa “Tetsuo” (Shinja Tsukamoto, 1989).

Durante la película se suceden secuencias interminables, siempre con planos fijos: Vemos durante casi cinco minutos como el hombre que busca piso y la chica de la inmobiliaria viajan en el metro, inexpresivos, inmóviles, sin decirse una palabra. Sólo se escucha como sonido de fondo el monótono traqueteo del tren. Transcurrida la primera hora sí que aparece de nuevo una banda sonora musical. Cuando los personajes hablan, lo hacen casi susurrando. El espectador comienza a sentirse presa de una implacable somnolencia. Con su escasa hora y media de metraje, ésta “Heia” se hace más larga que la monumental “Love Exposure” (también de Shion Sono) que dura casi cuatro horas.

FHP, septiembre de 2015

Sepultada viva – Aldo Lado, 1973

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Sepultada viva (V.O. Sepolta viva)

Italia, 1973

Director: Aldo Lado

Guión: Aldo Lado, Claudio Masenza, Antonio Troiso

Intérpretes: Agostina Belli (Christina Belli), Fred Robsahm (Phillippe), Maurizio Bonuglia (ferdinand)

Música: Ennio Morricone

Género: Drama

Argumento

En la Francia del siglo XVIII, el joven duque Phillippe gobierna sus tierras con equidad y justicia. Es muy popular entre sus súbditos, sobre todo desde que se casó con Christine. Ésta no procede de una familia aristocrática, sino que es hija de un humilde pescador. El bondadoso Phillippe ha reducido los impuestos a los campesinos y trata siempre de ayudar a los más desfavorecidos. Sin embargo, sus hermanos Ferdinand y Gael están menos contentos. Sobre todo el primero reprueba que Phillipe esté “derrochando” el patrimonio familiar en sus obras de beneficencia.

Durante una festividad local, unos niños juegan en las inmediaciones del castillo. Llegan hasta una torre al otro lado del río pero no se atreven a acercarse demasiado, pues una maldición pesa sobre ella. Allí fue encerrada una duquesa el siglo anterior por órdenes de su marido, quien la acusaba de alguna infidelidad. Cuando el duque se enteró de que su esposa era inocente, trató de liberarla; pero ya era demasiado tarde y ella había muerto. Desde entonces, cuenta la leyenda, el fantasma de la mujer vaga por los alrededores de la torre y sus lamentos pueden oírse por las noches. Uno de esos niños, el aprendiz de herrero Dani, se encuentra con Christine y ésta le regala un medallón para compensarle por la pérdida de unos cuchillos que debía pulir.

Gael, el hermano más joven de Phillippe, está enamorado de Dominique; una de las damas de compañía de Christine e hija del señor de Fontenuy. Por su parte, Dominique le confiesa a Christine que desea tomar los hábitos de monja, ingresando en un convento al alcanzar la mayoría de edad – Pero le pide que guarde el secreto y Christine le promete hacerlo.

Ferdinand, codicioso y sin escrúpulos, comienza a preparar un plan para librarse de los obstáculos que le impiden hacerse con el ducado. Durante una cacería, el caballo de Christine se desboca, galopando sin control por el bosque hasta que la joven cae de la montura. Los daños no son graves y Christine no tarda en recuperarse… Pero se descubre que el caballo había sido herido previamente de forma que al tener sobre sí un peso el dolor era insoportable… Todo indica que se produjo un sabotaje para provocarle un “accidente” a Christine. El médico del castillo comprueba examinando a la duquesa que está embarazada. Esa futura descendencia inquieta seriamente a Ferdinand.

Gael le pide a Christine que interceda por él para convencer a Dominique de que se convierta en su esposa, pero su cuñada nada puede hacer – Tampoco contarle la verdad, pues le prometió a Dominique que no revelaría su secreto. Así, Gael piensa que Christine no le quiere ayudar; y nace en su interior un resentimiento contra ella. Eso es utilizado por el pérfido Ferdinand para engatusar a su hermano pequeño en el complot contra su hermano mayor…

Ferdinand le dice a Gael que el señor de Fontenuy no quiere que su hija se case con él… porque en su familia se ha cometido el sacrilegio de “bastardizar” la sangre azul de su linaje con la de una plebeya. Así, la hostilidad del ingenuo Gael hacia Christine no hace más que incrementarse, y Ferdinand puede exponerle abiertamente a su hermano el plan que ha urdido para deshacerse de la cuñada de ambos.

Los hermanos necesitan además la complicidad de Morel, el administrador de las propiedades del duque. Morel es el padre de Odette, otra de las damas de compañía de Christine.  Ante la perspectiva de un ascenso social y de emparantarse con la familia de los duques mediante el matrimonio de su hija con Ferdinand, Morel accede a participar en la conspiración.

Ferdinand decide que actuarán cuando el duque Phillippe se ausente por unos días de su territorio para viajar a París. Gael le ruega a su hermano que no maten a Christine, pues, según una leyenda, si un miembro de su familia asesina a otro, sufrirá una muerte violenta. Ferdinand no le da crédito a esas paparruchas, pero trata de contentar a su hermano pequeño para asegurarse su adhesión. De ese modo resuelven encerrar a Christine en la torre al otro lado del río, la misma que todos los lugareños tratan de evitar por miedo a las historias de fantasmas. Pero de cara al pueblo fingirán la muerte de Christine. Para ello, hacen que la joven duquesa tome mezclado en su bebida un ungüento elaborado por una bruja que provoca el cese de las constantes vitales. El médico, a la mañana siguiente, “certifica” el “fallecimiento” de Christine al comprobar la ausencia de pulso y latidos cardiacos.

En todo el poblado los campesinos y aldeanos guardan riguroso luto, entre ellos el pequeño Dani, quien conserva el medallón que le regalara la duquesa. Mientras se prepara el entierro, los hermanos del duque transportan a la inconsciente Christine a la torre y rellenan su ataúd con piedras. Cuando Christine despierta, prisionera en la torre, observa estupefacta desde la enrrejada ventana su propio funeral… Morel es el encargado de hacer de carcelero, llevándole alimentos y asegurándose de que no escape.

Phillippe regresa a sus propiedades tras atender sus asuntos en París y de camino a su castillo es asaltado – Sus escoltas mueren, asesinados por unos bandidos que Ferdinand había contratado. Cuando Phillippe logra finalmente regresar a sus tierras, es informado de la desgarradora noticia… la muerte de su querida Christine.

El acongojado duque coquetea con el suicidio, e incluso redacta su testamento. Pero resuelve seguir viviendo y retirarse a un monasterio, bajo la nueva identidad de “hermano Antoine”. Ferdinand y Gael encuentran el testamento y aunque su cuerpo no ha sido hallado se reparten de inmediato sus posesiones, difundiendo por toda la comarca la noticia de la “muerte” de Phillippe.

Mientras se celebra la toma de posesión de Ferdinand como nuevo duque, una mujer que pasea por el bosque escucha llantos y lamentos procedentes de la torre (los de la prisionera Christine, ya con un avanzado embarazo) y piensa que se trata del “fantasma” de la vieja leyenda – Un nefasto presagio. Al contar la noticia del “retorno del fantasma” a sus parroquianos, el pequeño Dani la escucha y audazmente se dirige a la torre para comprobar lo que sucede…

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Comentario

Drama dieciochesco repleto de intriga, conspiraciones fratricidas y trágicas confusiones; que incluye además una bien lograda atmósfera gótica. En la película se pone sutilemente de manifiesto un conflicto “de clases”, existente entre el bondadoso y desprendido duque Phillippe (casado con una plebeya y benefactor de los humildes) y su insidioso hermano Ferdinand, quien se opone a “dilapidar” la fortuna de la casa ducal en el “populacho” y quien considera una infamia que el rancio abolengo de su estirpe se mezcle con la casta inferior de los plebeyos. A Ferdinand le repugna la idea de que sea alguien con sangre “impura” (el hijo de su hermano Phillipe con Christine, y por lo tanto el nieto un sencillo pescador) quien un día herede el ducado. Gael no es malvado como Ferdinand, pero se deja manipular por éste.

El título, “Sepultada viva”, llama a engaño; pues en ningún momento la protagonista es enTerrada – sólo enCerrada (en la torre). La historia resulta reminiscente en su ambientación y estilo de las obras de Alejandro Dumas; en particular “El vizconde de Bragelonne”, que trata el asunto del “hombre de la máscara de hierro”.

El melodrama familiar y las conspiraciones palaciegas por el poder se entremezclan con el drama social; todo ello aderezado con una historia de fantasmas (no demasiado elaborada) de por medio. El toque gótico contribuyen a resaltarlo las nocturnas tormentas, la densa niebla, el viento ululante, los lamentos “espectrales”, lo tenebroso de la torre o el aura de misterio que envuelve las leyendas populares. También hay un lugar en la trama para la inquietante catalepsia. Y no sería ésta la única ocasión en la que el director Aldo Lado tematizaría a la muerte aparente: La catalepsia es el centro argumental de su genial giallo “Malastrana” a.k.a. “La corta noche de las muñecas de cristal” (1971). Aldo Lado es también el realizador de “L´ultimo treno della notte” (1975), particular remake de “La última casa a la izquierda” (1972) que en mi opinión supera con creces al original de Wes Craven.

Christine está interpretada por la hermosa Agostina Belli, a quien vimos en films sumamente recomendables como “La notte dei diavoli” (Giorgio Ferroni, 1972) o “Revolver” (Sergio Sollima, 1973).

La banda sonora fue compuesta por Ennio Morricone y dirigida por su colaborador habitual Bruno Nicolai.

FHP, noviembre de 2016

Especial Todos los Santos / Día de Muertos: Macario – Roberto Gavaldón, 1960

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México, 1960

Director: Roberto Gavaldón

Guión: Emilio Carballido y Roberto Gavaldón (basándose en una historia de B. Traven)

Intérpretes: Ignacio López Tarso (Macario), Pina Pellicer (Mujer de Macario), Enrique Lucero (La Muerte)

Música: Raúl Lavista

Género: Drama

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Argumento

En el México rural del siglo XVIII, Macario es un pobre campesino y leñador indígena constantemente sumido en la escasez. A duras penas gana lo suficiente para sustentar a su numerosa familia; a su mujer y a sus siete hijos pequeños. Perseguido siempre por un hambre voraz, su mayor aspiración en la vida es poder darse un día un gran banquete, una comilona que lo sacie de una vez por todas.

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Como es el Día de los Muertos, la ciudad está repleta de puestos de comida por las calles: Hay comestibles calaveras dulces y también suculentos pavos asados (cuya ingesta el pobre Macario no se puede permitir; solamente los ve salir del horno en el lugar donde acude a entregar la leña).

El desesperado Macario decide pues que no volverá a probar bocado hasta que consiga un “guajolote” (pavo) que pueda comerse él solo, sin la necesidad de compartirlo con nadie (ni siquiera con sus hijos). Su esposa está bastante preocupada ante tan radical determinación:

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Ella: ¿No tienes hambre? (le pregunta cuando una mañana él rechaza el almuerzo al marcharse a trabajar al campo)

Macario: ¿Hambre? ¡Si no he tenido otra cosa en toda mi vida!

La buena mujer se dispone a ayudarle para que logre cuanto antes su objetivo. Así, la señora aprovecha la ocasión de las fiestas para robar un pavo en el corral de una familia rica.

Macario se marcha al bosque con el pavo asado, para comérselo a escondidas de sus hijos. Una vez allí se le van apareciendo sucesivamente tres misteriosos personajes, que tratan de convencerle de que comparta su guajolote con ellos. El primero es el Diablo, quien habiendo tomado la forma de un rico terrateniente está dispuesto a darle algo de valor a cambio. El Diablo le ofrece las espuelas de plata de sus botas, pero Macario responde que no tiene caballo. Luego, le tienta con unas monedas de oro que saca de su bolsillo, pero el campesino dice que todos creerían que las robó y que le cortarían las manos por ladrón. Entonces le ofrece todo el bosque; a lo que Macario responde que si le cedieran el bosque él seguiría siendo pobre, y debería continuar cortando la leña. Y además: El bosque no es suyo “sino de Dios”. Entonces, el Diablo se volatiliza.

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El Diablo

El segundo personaje que intenta persuadir a Macario de compartir su suculento manjar con él no es otro que el mismísimo Dios, bajo la forma de un humilde y decrépito anciano.Tampoco a Dios le cede el pavo, pues el pobre campesino argumenta que Él ya lo posee todo y que nada necesita, que sólo quiere ponerle a prueba y ver un gesto de su parte. Acto seguido el divino viejo se esfuma.

El tercero que se cruza en su camino es la Muerte, transformada en un campesino indígena a imagen y semejanza del propio Macario, pero vestido de riguroso negro y un sombrero de paja. Cuando la Muerte le dice que hace “miles de años” que no come, Macario acepta finalmente compartir su comida por comprensión (pues su propia situación era parecida). El campesino se da cuenta además de que nadie escapa ante el ineludible designio de la Muerte y le confiesa a su interlocutor que también aceptó convidarle para retrasar así su propia muerte.

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Tras el festín, y para recompensarle por su generoso gesto, la Muerte hace brotar del suelo un chorro de agua con propiedades curativas, capaz de sanar a personas gravemente enfermas. Macario vacía su cantimplora y la llena con ese agua nueva. Sin embargo, el uso de ese milagroso remedio tiene una condición: Si Macario ve, en el momento de proporcionar el agua al enfermo, que la Muerte está a los pies de su cama, la persona que beba el agua sanará. Pero si la ve en la cabecera, no hay ya nada que hacer; esa persona está acabada sin remedio.

Macario regresa a su casa y pronto se le presenta la oportunidad de usar su agua curativa. Una sola gota basta para que un moribundo recupere la salud. El primero al que puede socorrer es uno de sus hijos, quien yacía inconsciente tras caer en un pozo. Luego, a algunos vecinos de su poblado. Entre ellos, la esposa del acaudalado don Ramiro. Éste pretende hacer negocio a costa de las facultades de Macario, y prepara una lista con los nombres de amigos y conocidos enfermos y ricos, para cobrarles a cambio de su curación.

Poco a poco va creciendo la fama de Macario como curandero a nivel local e incluso en todo el virreinato. Los enfermos acuden masivamente a solicitar las atenciones de Macario, y éste en la mayor parte de las ocasiones logra sanarlos (sólo le es imposible cuando la Muerte se aparece en la cabecera de la cama del paciente). El éxito del antes humilde campesino es tal que deja sin trabajo al médico del lugar (y también al enterrador). Inicialmente no desea cobrar a la gente, pero los lugareños le traen comida y dinero por iniciativa propia. Así Macario deja de ser pobre, y como ahora vive en la abundancia comparte lo que gana con los más desfavorecidos.

Sin embargo, el agua curativa no es ilimitada, y pasado un tiempo está a punto de agotarse. Para empeorar las cosas, un día aparecen las autoridades de la Inquisición, quienes acusan a Macario de practicar hechicería…

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Comentario

Éste maravilloso clásico de la “Edad de Oro” del cine mexicano tiene todas las características de una parábola, de un cuento metafísico con sentido transcendente que invita a reflexionar sobre la vida y la muerte, sobre la delgada línea que separa ambos conceptos, y también sobre la predestinación. “Macario” es una bellísima fábula fúnebre, cuyo visionado es especialmente idóneo para el Día de los Muertos (o Día de Todos los Santos), 1 de Noviembre – Una tradicional festividad que está muy arraigada en la cultura mexicana. La película nos recuerda que, al igual que el agua milagrosa de la cantimplora de Macario, también la vida se acaba algún día, y que desde la perspectiva de la eternidad “pasamos más tiempo muertos que vivos”.

El film está ambientado en la época del Virreinato de Nueva España y se basa en una novela de B. Traven – pseudónimo del autor anarquista alemán Otto Feige (1882-1969), afincado en México desde los años ´20. Rodado en blanco y negro, recuerda tanto por su mortuoria temática como por su estilo y su estética al “Séptimo Sello” (1957) de Ingmar Bergman. En mi opinión, “Macario” es superior en interés al celebérrimo (pero en ocasiones un tanto cansino) largometraje del aclamado realizador sueco, y es una lástima que ésta maravillosa película hispana sea tan desconocida fuera de su país de su origen.

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Entre las mejores escenas deben ser destacadas la del calabozo, cuando a Macario las autoridades inquisitoriales le instan a que prediga allí las próximas muertes entre los condenados (y para asombro de todos el que está a punto de morir es el individuo menos pensado…); así como también la secuencia de la gruta hacia el final, cuando la Muerte le muestra a Macario la multitud de velas que allí se consumen (cada una representa una vida, y cuando la vela se apaga la persona muere. Macario se da cuenta de que también su propia vela está allí…)

Quien da vida (nunca mejor dicho en éste caso) a Macario es el gran Ignacio López Tarso, a quien ya conocemos por sus memorables roles protagónicos en las obras maestras “Rapiña” y “El profeta Mimí”. Al momento de escribir éstas líneas (marzo del 2016), el ya nonagenario López Tarso sigue activo en el mundo del cine en su México natal, participando como actor en películas actuales.

FHP, marzo de 2016

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Rapiña – Carlos Enrique Taboada, 1975

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Rapiña

México, 1975

Director: Carlos Enrique Taboada

Género: Drama

Guión: Carlos Enrique Taboada

Intérpretes: Ignacio López Tarso (Porfirio), Norma Lazareno (Rita), Germán Robles (Evodio), Rosenda Monteros (Fina)

Música: Raúl Lavista

Argumento

Porfirio es un humilde leñador indígena en un pueblito mexicano de las montañas. Vive en una cabaña con su embarazada esposa Rita y su anciano padre enfermo. Evodio y su mujer Fina son sus vecinos y más cercanos amigos. Porfirio está preocupado por la salud de su padre, el tata, quien cada día está más débil. Pero no tiene dinero suficiente para pagar al médico del pueblo. Su amigo Evodio le regala su cerdo para que lo venda en el mercado y pueda costearse la visita del doctor.

Así, Porfirio se dirige a la consulta, y escucha una conversación que el médico mantiene con el nuevo maestro. Éste es joven, acaba de llegar, y se dispone a emprender su tarea con grandes ánimos. Pero el galeno, hombre burgués que ya lleva viviendo allí varios años, no oculta su hastío por tener que consumir su existencia en ese pueblucho lleno de “salvajes”. El médico desprecia a la “chusma” que allí habita, porque considera que llevan una vida vacía, dedicándose a vegetar sin sentido, como animales, sin ganas de progresar, y cree que “se morirán como si nunca hubieran existido”. El médico está cansado de ese pueblo, pero no se atreve a marcharse de allí, piensa que ya es demasiado tarde para empezar de nuevo en otro sitio. “Tal vez ellos me contagiaron su apatía…”

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Ignacio López Tarso como Porfirio

Porfirio, que ha escuchado todo eso, se queda muy pensativo e influenciado y empieza a sentir deseos de salir de ese “pueblo mugriento”, de ser “civilizado”, de ir en busca de fortuna, de convertirse en un “hombre de mundo”. La idea de dejar atrás la pobreza y la monotonía aldeana le inquieta cada día más, hasta el punto de llegar a obsesionarle. Se lo comunica a su mujer y a su amigo Evodio. Se emborracha en la cantina, desesperado porque no sabe qué hacer para escapar de la rutina y de la miseria. Por primera vez es consciente de su situación, y de que hay “algo más” al otro lado de las montañas…

Sin embargo, su padre moribundo le aconseja que abandone esas obnubilaciones, que se quede en su pueblo y sea un hombre trabajador y honrado como sus antepasados.

“Si uno no tiene que salir del pueblo, ¿para qué hicieron el camino?” Le pregunta un día Porfirio a Evodio mientras descansan tras talar un árbol en el bosque.

De nuevo en la consulta del médico, el leñador le confiesa al doctor que escuchó su  conversación del otro día; y que ello hizo que le cayera una venda de los ojos: Ahora siente los impulsos de mejorar, para poder salir de ese ambiente atrasado y que su futuro hijo no crezca como un “animal”…

El padre de Porfirio, enfermo desde hace tiempo y de ya muy avanzada edad, fallece. Ello no hace más que reafirmar las nuevas ideas del rústico leñador.

Una mañana, mientras trabaja solo en el bosque, escucha un ruido de motores procedente de lo alto, que se va aproximando cada vez más… Un avión se estrella en el cerro vecino con enorme estruendo. Porfirio, tras recobrarse del susto incial, escala hasta el lugar del accidente. El avión está partido en varios pedazos, y entre los pasajeros no hay supervivientes. Junto a los amasijos de hierros yacen desperdigados cadáveres y montones de maletas.

Porfirio regresa a su casa. Nadie en la aldea sabe nada del accidente, la colisión no se vió ni se  escuchó desde allí. Porfirio le propone a su mujer tomar para sí las cosas de valor que encuentren en el lugar del siniestro. “Los muertos ya no las van a necesitar, y nosotros nunca volveremos a tener una oportunidad como ésta”. Rita inicialmente se opone, pero cambia de opinión al ver una gruesa cadena de oro que su marido ha encontrado entre los restos del avión. La mujer insiste en que Porfirio avise a los “compadres”, Evodio y Fina. El leñador sólo accede cuando su esposa le recuerda que ellos le regalaron el único cerdo que tenían cuando él no tenía con qué pagar al médico.

A la mañana siguiente, Porfirio y Evodio parten rumbo a la montaña donde está el avión despedazado. Comienzan a saquear todo lo que encuentran de valor: Las billeteras, anillos y relojes, un abrigo de pieles… Hallan incluso una pistola. Evodio parece contentarse con lo que consiguen juntar ese día, pero Porfirio lo quiere todo, incluídas las maletas. “En unos 20 viajes podremos conseguirlo”. Deberán darse prisa, pues en cualquier momento pueden llegar la policía y los equipos de rescate.

Sin embargo, los dos amigos se percatan de que no están solos: Otros dos aldeanos como ellos se encuentran allí… No son del mismo pueblo, pero también subieron hasta el cerro para curiosear tras la caída del avión. Y al igual que Porfirio y Evodio, los otros dos tienen la intención de desvalijar lo que les sea posible. “Hay suficiente para los cuatro, podemos compartirlo…” En realidad, las dos parejas de saqueadores no se fían la una de la otra. El recelo es mutuo, y se incrementa con el paso de las horas…

Porfirio decide golpear primero, y cuando los otros pueblerinos se encuentran desprevenidos, los mata a machetazos. Evodio no se ha atrevido a apoyar a su compadre en eso, y se siente bastante afligido tras los sangrientos asesinatos. “Seguro que ellos habrían hecho lo mismo con nosotros…”, trata de consolarle Porfirio. Los dos esconden todas las maletas en una cueva y regresan al pueblo, donde les aguardan sus mujeres.

Ahora deberán esperar unas semanas a que las autoridades lleguen al lugar del accidente y a que, tras los procedimientos pertinentes, las aguas vuelvan a su cauce… Mientras tanto deberán ser discretos y mantener un perfil bajo. Luego ya podrán ir vendiendo las cosas poco a poco, para finalmente marcharse del odiado pueblo…

Uno de esos días, la policía militar, el ejército y los equipos de rescate llegan al cerro. Descubren, además de los cadáveres de los pasajeros, los de dos indígenas locales no lejos de allí. Éstos no han muerto a consecuencia del accidente, sino a salvajes machetazos. Al registrar los cuerpos, los policías hallan algunas joyas y relojes, suponiendo acertadamente que “éstos llegaron al avión siniestrado antes que nosotros”… “Y los que los mataron también”… La policía de la comarca inicia sus pesquisas, pues ya no hay duda de que individuos de algún pueblo vecino se han dedicado al pillaje en los restos del avión, matando luego a sus rivales…

Mientras tanto, Porfirio y Evodio comienzan a vender los objetos en una pequeña ciudad cercana. Pero no tienen demasiado éxito, pues al no contar con las facturas que les acrediten como legítimos propietarios el precio que pagan los potenciales compradores está muy por debajo del valor real. Además, los dos indígenas – que aún ignoran que les están buscando –llaman demasiado la atención…

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Comentario

Ésta maravillosa película mexicana de enorme profundidad psicológica nos muestra las consecuencias que la codicia puede tener incluso en el más humilde de los hombres.

Desde el momento en el que se deciden a salir del pueblo con el botín, Evodio, Rita y Fina observan con creciente preocupación cómo el carácter del sencillo Porfirio se va paulatinamente transformando. De ser un hombre apacible, cariñoso y amable pasa a convertirse en un fiero déspota, avieso y huraño, agresivo y paranoico… La evolución del personaje de Porfirio, magistralmente interpretado por Ignacio López Tarso, es una de las peculiaridades más memorables del film.

Su obsesión por “salir de pobre” y “ver mundo” termina llevándole al abismo. Un primer indicio de esa corrupción moral que se apodera del protagonista puede observarse cuando, tras asesinar a los otros dos aldeanos a los que veía como competidores, le dice a su consternado amigo Evodio “y si tú hubieras tratado de impedírmelo (que los eliminara) habrías acabado como ellos” – Incluso a su mejor amigo habría sido capaz de matar si se hubiera interpuesto en su camino. Porfirio quiere dejar de ser un “salvaje” pero paradójicamente se vuelve más salvaje todavía.

Desde que escucha hablar al médico, Porfirio siente grandes ansias por conocer una vida mejor que la que tiene “vegetando en el pueblucho”. Pero por mucha disposición que tenga de hacerlo, sólo consigue salir del pueblo para caer en un pozo sin fondo que le hace aún más miserable. Su sabio padre, antes de expirar, ya le dijo: “¿Salir del pueblo? ¿A qué? Aquí tenemos que trabajar el cacho de tierra que nos tocó” Porfirio: “¿Y para qué es el otro cacho del mundo?” El padre responde: “Para los que viven allí. Si no, todos viviríamos muy amontonaos”… (Un diálogo genial, muy anterior por cierto a los fenómenos contemporáneos de la inmigración masiva y las crisis demográficas – de los que resulta ligeramente premonitorio).

“Rapiña” es una obra maestra sorprendentemente muy poco conocida, que además de entretener (con enormes dosis de drama, suspense y tensión) también invita al espectador a reflexionar sobre la condición humana – algo que muy pocas películas hacen hoy en día.

FHP, marzo de 2016

La Bella y la Bestia – Juraj Herz, 1978

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La Bella y la Bestia (V.O. Panna a Netvor)

Checoslovaquia, 1978

Director: Juraj Herz

Género: Fantasía/Romance

Guión: Juraj Herz

Intérpretes: Zdena Studenková (Julie), Vlastimil Harapes (Netvor)

Música: Petr Hapka

Argumento

Europa, siglo XIX. Un mercader checo se arruina después de que la caravana que transportaba sus valiosos productos fuera saqueada e incendida en un bosque maldito. El negociante es viudo y tiene tres hijas; las dos mayores son vanidosas y materialistas, mientras que la pequeña, Julie, es inocente y de buen corazón.

Como la familia ha quedado al borde de la miseria, el mercader se ve obligado a vender los objetos valiosos que les quedan en casa; entre éstos se encuentra un retrato al óleo de su difunta mujer, encuadrado en un marco de oro. La fallecida esposa del comerciante se parece mucho a Julie.

El hombre se despide de sus hijas y parte a través del bosque portando el cuadro. Su caballo muere durante el trayecto, y no tiene más remedio que continuar a pie cargando el cuadro a sus espaldas. Llega hasta una mansión semiderruída donde se dispone a pasar la noche. Es vigilado de cerca por el morador de la casa, que sin embargo no se presenta ante él. Pero como buen anfitrión, le ha dejado algo preparado para comer y beber. Mientras el mercader duerme, el dueño de la mansión observa admirado el cuadro y se lo lleva. Cuando el comerciante despierta a la mañana siguiente, halla en lugar del cuadro un gran número de alhajas y piedras preciosas. Satisfecho con la transacción y sumamente agradecido, se dispone a abandonar la casa… Pero antes comete la imprudencia de arrancar una rosa del jardín, con la intención de regalársela a su hija pequeña.

El habitante de la mansión, le interpela indignado ante lo que considera un robo, y por primera vez se muestra a los ojos de su “huésped”: Éste reacciona aterrorizado, pues al parecer su aspecto físico es monstruoso (el espectador todavía no ve a la criatura, pues la escena está grabada desde su perspectiva). El dueño de la casa, o “La Bestia”, le dice al mercader que debe morir por lo que ha hecho (arrancar la rosa). Su vida sólo será perdonada si una de sus hijas acude a la mansión por voluntad propia.

El lívido comerciante huye presa del pánico. Una vez ha retornado a su propiedad, puede de nuevo emprender sus negocios gracias a las joyas que ha adquirido. Pero todavía le preocupa el recuerdo de la Bestia, pues le acosa la posibilidad de su venganza. Ante la insistencia de su cariñosa Julie, que perspicazmente intuye que a su padre algo le atribula, el mercader cuenta la historia vivida (sólo sin mencionar que el ser que allí habita tiene una apariencia monstruosa).

Sin pensárselo un segundo, Julie parte sin demora hacia la vieja casa oculta tras las densas nieblas en el oscuro bosque… El residente de la mansión no hace acto de presencia, pero la observa con curiosidad e interés, parapetado tras diversos escondites. “La Bestia” tiene algunos sirvientes, tan monstruosos, enigmáticos y escurridizos como él.

El deforme ser posee sin embargo una voz muy agradable, y se comunica todas las noches con Julie. Pero el monstruo sabe que si ella lo viera cara a cara se espantaría y buscaría escapar, por lo que trata a toda costa de evitar ser visto por la muchacha. Se limita pues a hablarle cada noche durante un rato. Ella poco a poco se va sintiendo atraída hacia él, sumamente embelesada por su cálida voz y sus cautivadoras palabras.

“La Bestia” padece (además de su deformidad) una especie de trastorno esquizofrénico, pues mantiene diálogos mentales consigo mismo, como si en su cabeza dos fuerzas antagónicas pugnasen entre sí: Por un lado la parte maligna y animalesca (inclinada a matar a la chica para beberse su sangre) y por el otro la parte humana y bondadosa, que se enamora cada vez más de la atractiva Julie.

A “La Bestia” le atormentan esa constante lucha interior y el no poder mostrarse ante la mujer que ama; pero gracias a la presencia de la joven irá sanando poco a poco, y comenzará a librarse de su maldición…

Comentario

Ésta versión checa del popular cuento de “La Bella y la Bestia”, posee un tono más serio, oscuro y profundo que la mayoría de las adaptaciones de la clásica fábula infantil. La película está enriquecida con una envolvente atmósfera gótica, y amalgama elementos de drama romántico y de cine fantástico con toques de terror.

Narrando inicialmente lo que parece ser la historia de un amor imposible, el film evoluciona hacia la trascendencia de lo físico (la relación que “Bella” y “Bestia” tienen sin que ella le vea a él) y llegando a una fase de transmutación (“La Bestia” empieza a volverse humana); buscando así transmitir la moraleja de que el amor es la fuerza que todo lo hace posible…

Éste curioso cuento gótico eslavo recuerda en su estilo (argumental, visual y narrativo) a la polacaDom Sary a.k.a. “Sara´s House” (Zygmunt Lech, 1984).

El cine checo (o checoslovaco) cuenta con películas de temática similar sumamente interesantes, como es el caso de “Valerie a týden divu” a.k.a. “Valerie and her week of wonders” (Jaromil Jires, 1970) – una especie de “Alicia en el País de las Maravillas” repleta de magia y fantasía– o la excelente “Otesánek” a.k.a “Little Otik” (Jan Svankmajer, 2000), que incluye además grandes dosis de surrealismo y humor negro.

FHP, 2015