Holocausto caníbal – Ruggero Deodato, 1980

 

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(Reseña escrita por el autor del blog el 18.07.2008)

Cannibal Holocaust

Italia, 1980

Director: Ruggero Deodato

Género: Terror caníbal

Guión: Gianfranco Clerici

Intérpretes: Robert Kerman (prof. Harold Monroe), Francesca Ciardi (Faye)

Música: Riz Ortolani

Polémica como pocas, ésta película causó un enorme revuelo al ser estrenada, porque se pensó que las escenas presentadas como documental eran reales. Paradigma del sensacionalismo fílmico con ínfulas de concienciación social, el film de Deodato es el más conocido de la serie “mondo”, que pretendía impactar presentando las costumbres arcaicas de pueblos primitivos; y del típicamente italiano subgénero de caníbales, que tanto éxito cosechó a principios de los ochenta intentando revolver las tripas del espectador.

El argumento se reduce básicamente a lo siguiente: Un antropólogo estadounidense se dirige a las selvas amazónicas de Brasil en busca de unos periodistas desaparecidos que habían acudido para realizar un reportaje sobre las tribus supuestamente caníbales que moran en el “Infierno Verde”. Una vez allí, en compañía de unos curtidos militares, logra ponerse en contacto con los indígenas y descubre que éstos se han comido al equipo de reporteros.

El antropólogo consigue acceder al material que habían filmado los periodistas, y una vez de vuelta en New York, se dispone a visionarlo junto a los responsables de una cadena de televisión, que están dispuestos a difundirlo a toda costa. En el documental se observa claramente que los desaparecidos norteamericanos deglutidos, procedentes de la sociedad civilizada, habían dado rienda suelta a su salvajismo tratando a los indígenas amazónicos como a animales y quemando sus chozas por puro placer. Ésto levantó las iras de los primitivos, posibilitando que emergieran en ellos sus atávicos instintos antropófagos, que reviven con inusitada ferocidad una vez provocados por los invasores.

Con ello Deodato nos quiere mostrar que la barbarie no es exclusiva de las sociedades trbales, que un “civilizado” puede igualmente comportarse como una bestia y superar en crueldad al más sanguinario de los caníbales. Otra conclusión que podemos sacar es que “el hombre es un lobo para el hombre”, como dijo el sabio.

El hecho de que ésta película sea tan conocida se debe a la enorme publicidad que tuvo en los años ´80. Se extedió el rumor de que las escenas de documental, donde se ve cómo los periodistas maltratan a los indígenas y finalmente son devorados por ellos como castigo, no era ningun truco cinematográfico, sino que eran reales. Deodato no se apresuró a desmentirlo. En primer lugar era un cumplido para él que el realismo de las secuencias estuviera tan bien conseguido, y además, la difusión dela “leyenda urbana” extendía la fama de la película, lo que contribuía a llenarle los bolsillos. Pero en cierto momento los tribunales tomaron cartas en el asunto y Deodato tuvo que comparecer ante el juez, acusado de realizar una “snuff movie”, donde los actores son asesinados de verdad para el goce del espectador perturbado ávido de ultrarrealismo sádico. Pero el entuerto se aclaró cuando el director pudo probar que no era el caso, que los actores que hacían de periodistas estaban vivos y no habían sufrido el más leve rasguño.

En cambio los animales que aparecen en el film no tuvieron tanta suerte, éstos murieron ante las cámaras sin necesidad de mostrar para ello sus dotes interpretativas. Muy famosa es la escena de la tortuga, acuchillada y abierta en canal por los “periodistas”, quienes la asan y comen junto al río de la selva. También un mono y un cerdo son asesinados por exigencias del guión. Esas secuencias han sido duramente criticadas, pero hay que tener en cuenta que millones de animales viven hacinados en condiciones deplorables a la espera de ser ejecutados de maneras mucho más crueles y lentas que las que muestra la película.

En definitiva, “Cannibal Holocaust” no es una obra maestra ni mucho menos, pero puede resultar interesante, y es recomendable echarle un vistazo para comprobar por uno mismo si toda la controversia suscitada en torno al film tiene razón de ser o no.

Destacar la banda sonora de Riz Ortolani, con una pegadiza melodía que se queda grabada a fuego en los tímpanos.

FHP, 2008

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Antropophagus – Joe D´Amato, 1980

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(Reseña escrita por el autor del blog el 17.07.2008)

Antropophagus a.k.a. „Gomia, Terror en el Mar Egeo“

Italia, 1980

Director: Joe D´Amato

Género: Terror

Guión: Joe D´Amato, Luigi Montefiori (a.k.a. George Eastman)

Intérpretes: Tisa Farrow (Julie), Saverio Vallone (Andy), Luigi Montefiori/George Eastman (Nikos Karamanlis, el caníbal)

Música: Marcello Giombini

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Ésta controvertida película, la segunda de Joe D´Amato que tengo la oportunidad de visionar, levanta pasiones entre los amantes del cine italiano de terror. Unos la consideran una obra maestra, otros un bodrio. Tal vez influya que hay dos versiones distintas en circulación: La italiana, íntegra y original; y la estadounidense, conocida como “The Grim Reaper” fuertemente censurada y sin la excelente banda sonora que la hace tan especial (Para que se adaptase mejor al mercado norteamericano y sus cánones hollywoodienses). Yo he tenido la fortuna de ver la primera, la versión italiana, que es la que se encuentra mayormente en Europa.

“Antropophagus” tiene la atractiva reputación de ser considerada una película maldita, que está prohibida en multitud de países, lo quela convierte en una codiciada joya de difícil acceso. Esa misma característica la comparte con su film compatriota “Cannibal Holocaust”, de Ruggero Deodato; aunque ésta última tenga una fama mucho mayor. Y es que ambas no solo comparten nacionalidad y status de culto, sino también temática “gastronómica”. Salvando las distancias (nunca mejor dicho), pues la una está ambientada en las selvas del Amazonas y la otra en una isla del mar Egeo. En la primera los caníbales son los integrantes de una tribu indígena, en la segunda el atropófago es un solo hombre enloquecido.

En las primeras secuencias vemos como una pareja de turistas alemanes pasea feliz por un costero pueblecito mediterráneo de casas blancas, dirigiéndose a la playa. Ella se dispone a bañarse y él se tumba en la arena para escuchar música a través de unos auriculares. Una figura humana descomunal bucea bajo el punto donde la chica está nadando, la agarra del tobillo, la estira hacia abajo, y seguidamente vemos como el agua se tiñe de rojo sangre. Entonces, a cámara subjetiva (desde la perspectiva del monstruo) la amenaza se va acercando al descuidado alemán, que aún no advierte el peligro, y un cuchillo de carnicero le es hundido en el cráneo.

Tras ésta escena inicial conocemos a los protagonistas, un grupo de jóvenes que disfrutan en Atenas de sus vacaciones y se disponen a emprender un viaje por mar para visitar las islas del Egeo. Una de las chicas tiene amigos que veranean en una de esas islas, por lo que el grupo se dirige en barco hacia allí. Otra tiene una baraja de cartas de tarot y se dispone a leérselas a sus compañeros durante el trayecto. Una embarazada, integrante del elenco, desea saber si será niño o niña, si estará sano, etc. y se lo pregunta a la tarotista. Ésta observa las cartas que han salido, confusa y turbada, para finalmente decir titubeante que esa combinación es tan complicada que no puede interpretarla. Cuando la embarazada sale del camarote, la aficionada al esoterismo le confiesa acongojada a otra de sus amigas que cuando las cartas no muestran el futuro de una persona es porque esa persona no tiene futuro. La intuitiva mujer intenta convencer a los demás para que no vayan a la isla, pues percibe que algo maligno se cierne sobre ellos, pero nadie la toma en serio. Y hacen mal.

Cuando el barco atraca en la costa, los jóvenes se dirigen al pequeño pueblo de blancas casas que vimos al principio. La embarazada, que debido a su avanzado estado de gestación se encuentra indispuesta para caminar al mismo ritmo que los demás, permanece en el barco con el marinero que los ha llevado hasta allí. Los otros comprueban anonadados que en el municipio no hay nadie, y que el último telegrama fue enviado hace meses. (No hay servicio de teléfono en la isla). Se trata de un pueblo fantasma.

El grupo llega a la casa donde se supone que veranean los amigos de una de las chicas, y descubren con estupor que tampoco allí hay señales de vida. Por la noche encuentran en el sótano a una muchacha ciega, hija de los dueños, que aterrorizada y en estado de shock les habla de la desaparición de sus padres, y de la presencia de un voraz asesino que huele a sangre humana y que ha ido decimando la ya de por sí escasa población de la isla.

A la mañana siguiente, los turistas retornan a la playa para reunirse con la embarazada y el marinero, y con pánico cotejan que el barco se ha adentrado en el mar y que no hay rastro de ambos. Un terror abstracto se respira en el ambiente y va tomando su forma. Una oprimente angustia va estrangulando al grupo, el cual poco a poco irá menguando.

Más adelante descubriremos que el antropófago que da nombre a la película, interpretado por Luigi Montefiori (a.k.a. George Eastman), es un ermitaño que habita en unas lobregas catacumbas, superviviente de un aparatoso naufragio. Cuando zozobró su barco, se vió a bordo de una inestable lancha, perdido en el mar en compañía de su mujer y de su hijo, ya muerto durante el accidente. Nikos Karamanlis, que así se llamaba el náufrago, famélico y deshauciado, propuso a su mujer que se comieran el cadáver del hijo para sobrevivir; a lo que ella se negó. Tras un forcejeo mata involuntariamente a su esposa, se vuelve loco y devora ambos cuerpos. Más tarde, una vez en tierra y ya convertido en bestia psicópata, se dedicará a asesinar a los pueblerinos para calmar su ansia de carne humana.

Ésta tragedia nos remite a la historia del Conde Ugolino, narrada en la Divina Comedia de Dante, quien víctima del hambre se vió obligado a comerse a sus seres queridos para sobrevivir, tras lo cual pierde la razón. También se establecen paralelismos entre el monstruo de éste film y el cíclope Polifemo de la mitología griega.

SPOILER: La película contiene dos “famosas escenas” de las que ya había oído hablar antes de verlas, e imagino que el impacto habría sido mayor de no haber sabido yo nada al respecto. Una es el ataque del monstruo a la embarazada: Le arranca el feto de sus entrañas y se lo come. La otra tiene lugar al final; cuando Karamanlis, a quien uno de los turistas ha logrado reducir clavándole un pico en el estómago, cae de rodillas herido de muerte y se saca sus propias tripas para devorarlas, antes de desplomarse definitivamente muerto. Éstas escenas fueron cortadas para la versión de EEUU llamada “The Grim Reaper”. FIN DEL SPOILER.

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Cuando Joe D´Amato dirigió “Antropophagus” lo hizo con el único propósito de ganar dinero, sin interés artístico alguno. Lo cierto es que, sin pretenderlo, logró una película de puro terror visceral, con una atmósfera agobiante, claustrofóbica e hipertensa. A ello contribuyen fundamentalmente el lento ritmo narrativo, que a algunos puede incitar al letargo pero en mi opinión es fundamental para conseguir un ambiente opresivo; los juegos de cámara (no vemos al monstruo hasta bien entrado el metraje, pero D´Amato nos permite ver a través de sus ojos mediante planos subjetivos), la iluminación y las sombras, al estilo del “Nosferatu” de Murnau, la cueva del ermitaño psicópata, llena de esqueletos y momias (de verdad, pues esas escenas fueron rodadas en unas catacumbas a las afueras de Roma), el pueblo fantasma y su tétrico cementerio, donde una de las protagonistas se queda encerrada de noche mientras el caníbal acecha… Y sobre todo, cómo no, la excelente banda sonora de Marcello Giombini, que en mi opinión es mucho más importante para entender la película y disfrutar de ella que los diálogos de los personajes. Una música de tintes experimentales, minimalista y creada por sintetizador con sonidos de órgano insertados, espectralmente hipnótica, que consigue realzar hasta la cumbre el poderío visual del film.

Lastimadamente, Joe D´Amato no volvió a hacer más películas como “Buio Omega” o “Antropophagus”. En los años noventa decidió pasarse a la industria del porno duro, dirigiendo películas hardcore porque por lo visto era lo que siempre había querido hacer, y además se dió cuenta de que le salía más rentable económicamente.

Tal vez algún dia cae en mi poder alguna otra película de Masaccesi que merezca la pena ser comentada ya sea por su bizarrez o por su interés cinéfago.

FHP, 2008