El Diablo Blanco – Riccardo Fredda, 1959

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El diablo blanco (V.O. Agi Murad il diavolo bianco, a.k.a. “The White Warrior”)

Italia, 1959

Director: Riccardo Freda

Género: Aventuras, drama, histórica

Guión: Gino De Santis

Intérpretes: Steve Reeves (Murad), Giorgia Moll (Sultanet), Renato Baldini (Ahmed Khan)

Música: Roberto Nicolosi

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Argumento

Alrededor de 1840, el Zar Nicolás I de Rusia se encuentra en guerra con algunas tribus de las montañas del Cáucaso. Una de las figuras más carismáticas entre los líderes de los rebeldes es Hadji Murad, conocido como el Guerrero Blanco; famoso por su audacia y su astucia, temido y respetado por amigos y enemigos.

El príncipe Sergei dirige la campaña contra los insurrectos desde su cuartel en Tbilisi (Tiflis), Georgia. La esposa de éste es la atractiva Maria, a la que su padrino el Zar desea apasionadamente. El Monarca envía a su ahijada como emisaria al Cáucaso, para hacer saber al príncipe Sergei su intención de llevar a cabo negociaciones de paz con los montañeses.

Los rusos ofrecen el cese de hostilidades a los pueblos del Cáucaso, a cambio de que éstos acepten someterse a la soberanía del Zar.

La caravana en la que viaja la princesa Maria es detenida por Hadji Murad y los suyos. Al comprobar que los rusos no vienen con intenciones aviesas, los rebeldes les permiten continuar su viaje. Maria queda hondamente impresionada por la personalidad y la imponente presencia del galán Hadji Murad.

Los clanes y pueblos del Cáucaso que se levantan contra los rusos están representados por la figura del anciano rey Shamil. Éste necesita un sucesor, y hay varios candidatos entre los jefes tribales. Hadji Murad, dinámico y popular, es el más idóneo; pero tiene un importante rival en Ahmed Khan, un poderoso comandante de carácter mezquino y rastrero, que además pretende casarse con la hermosa Sultanet, que ama a Murad.

Ahmed trata siempre de sabotear las iniciativas de Murad, y secretamente desea su perdición. Comienza así a conspirar contra él, lo cual abre una brecha cada vez más grande entre las diversas tribus caucasianas que combaten a los rusos. Sergei es consciente de eso y piensa usar a Ahmed, pero también sabe que sólo Hadji Murad será capaz de liderar a los pueblos montañeses ya que goza de gran prestigio entre su gente.

Murad y Sultanet se aman, pero Ahmed interfiere hostigándola a ella y tratando de presionarla para que se case con él. Murad tiene un hijo de una primera mujer (que falleció en el parto). El pequeño Yusuf está al cuidado de Sultanet y su padre Aslan Bey, un venerable jeque.

Un día, cuando Murad y su amada reposan plácidamente en el bosque , son atacados por un destacamento ruso. Sultanet logra escapar a caballo, pero Murad es herido y hecho prisionero. Se ha consumado la traición de Ahmed Khan, que había revelado a los rusos el paradero de su rival para quitárselo de encima. Pero los rusos no albergan la intención de matar al flamante caudillo montañés. Por el contrario, el príncipe Sergei busca persuadirlo de que acepte las condiciones para la “Pax Russica” propuesta por el Zar.

Hadji Murad es tratado de sus heridas por médicos rusos en el cuartel general de Tiflis, donde también se encuentra la princesa Maria. Mientras tanto, Ahmad ha extendido entre los pueblos caucásicos el rumor de que Hadji Murad se ha convertido en un “colaboracionista” al servicio de San Petersburgo, de que se ha vendido al enemigo. Las calumnias son creídas por algunos, pero no por Sultanet, que sabe la verdad (pues estaba ahí cuando los rusos se llevaron preso a Murad). Sin embargo, Ahmed ejerce una influencia creciente sobre el senil rey Shamil, y éste termina dando crédito a sus ponzoñosas mentiras.

Murad languidece en su cautiverio, ignorando tercamente los constantes intentos del príncipe Sergei por hacerle firmar la paz. El Guerrero Blanco trata de escaparse, y llega hasta los aposentos de la princesa Maria, una “admiradora secreta” suya. Maria intenta mediar ante su esposo para que libere a Murad. Pero Sergei, que comienza a ponerse celoso, decide torturar al aguerrido líder tribal para forzarle a claudicar.

Entretanto, Ahmed está ahora a la cabeza de las tribus, sólo por debajo de la muy simbólica figura del decrépito rey Shamil (al que maneja a su antojo).

Cuando Murad se entera, al recibir una carta de Sultanet, de que ha sido víctima de una conspiración urdida por Ahmed, monta en cólera y la idea de un pacto con los rusos (para salvarse no sólo él mismo, sino también a su pueblo) ya no le parece tan descabellada…

El brutal Ahmed, por su parte, quiere exterminar la estirpe de su rival, y por ello condena a muerte al niño Yusuf, hijo de Murad. Sólo la intercesión de Sultanet (quien desesperada se ofrece a casarse con el villano para que éste perdone la vida del pequeño) logra salvarlo. “Bien pensado, nos será más útil como rehén” dice el malvado.

Hadji Murad debe tomar una crucial decisión, pues la paz o la guerra dependen de él…

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Steve Reeves (1926-2000)

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Giorgia Moll (1938-)

Comentario

“El Diablo Blanco” es una amena película de aventuras con pinceladas históricas y toques de drama basada en una novela de Leon Tolstoy (quien a su vez se inspiró en hechos reales).

El auténtico Hadji Murad (1792-1852) fue un caudillo tribal ávaro del Daguestán, que lideró a rebeldes chechenos y daguestaníes contra el Imperio Ruso. La novela de Tolstoy que narra sus andanzas fue escrita alrededor de 1904, pero no salió a la luz hasta 1912 (fue publicada a título póstumo, y se trata de la última obra literaria del famoso escritor ruso).

Es muy interesante observar los paralelismos entre la historia de Hadji Murad y las recientes guerras en el Cáucaso de los años noventa, entre separatistas chechenos y la Federación Rusa. Los dos bandos que pugnan entre sí en la película (el del noble Hadji Murad y el del pérfido Ahmed Khan) son equiparables a los que surgen entre los chechenos a finales de los noventa: Los nacionalistas sufis (entre los que se encontraban los Kadyrov) y los terroristas fundamentalistas wahabitas (Basáyev, etc).

En el conflicto caucásico reciente también se estableció la Pax Russica, cuando los Kadyrov (antiguos rebeldes) se comprometieron a aceptar las condiciones del “Zar” Putin; y éste por su parte concedió una gran autonomía en todos los niveles a la República de Chechenia, bajo la premisa de que ésta siguiera formando parte de la Federación Rusa.

A día de hoy los chechenos gozan de enormes libertades políticas, pues pueden practicar sin restricciones su religión, sus tradiciones, hablar su lengua, e incluso legislar según sus costumbres (algo que no era el caso bajo la URSS).

Los Kadyrov se dieron cuenta a tiempo de que el bando islamista wahabita de Basáyev y Doku Umárov no buscaba la libertad del pueblo checheno (de mayoría sufi, y con ricas y ancestrales tradiciones, en algunos casos preislámicas) sino imponer por la fuerza un “Emirato” transnacional wahabita-saudí de tendencia expansiva (algo así como lo que trata hoy de hacer el “ISIS” en Siria e Iraq).

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Tras éste paréntesis político-comparativo, volvamos a la película que nos ocupa: Hadji Murad está interpretado por el hercúleo y apolíneo Steve Reeves, protagonista de numerosos peplums italianos. (“Hadji”, por cierto, es un título honorífico que reciben los musulmanes que han completado el Hadj, o peregrinaje a La Meca. Su nombre de pila era por tanto Murad)

La bellísima Giorgia Moll encarna a la amada del Guerrero Blanco. A ésta actriz ya la conocemos por haberla visto en Il Ladro di Bagdad (Arthur Lubin, 1961); film basado en un cuento de “Las 1001 Noches”, donde también comparte cartel con Steve Reeves.

El gran Mario Bava (uno de los pioneros del giallo) trabajó en “Agi Murad il diavolo bianco” como director de fotografía, lo que contribuye a aumentar la ya de por sí alta calidad de ésta película.

FHP, 2015

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Serie rusa “Spets” – Vitali Dyomochka, 2003

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Vitali “Bondar” Dyomochka durante una entrevista para un documental

Serie rusa “Spets” – Vitali Dyomochka, 2003

No tiene nada de particular rodar una película sobre el crimen organizado. En EEUU, Martin Scorsese, por ejemplo, ha dirigido excelentes films de temática gangsteril como Goodfellas a.k.a. “Uno de los nuestros” (1990) o Casino (1995), que acertadamente retratan desde dentro el peligroso pero fascinante mundo de la Mafia.

Sin embargo, lo que sí resulta sensacional, es que sean los propios gangsters los que realicen una película sobre sí mismos. Eso es lo que hace unos años hizo Vitali “Bondar” Dyomochka, importante (ex) jefe del crimen organizado en el extremo oriental ruso.

Natural de la ciudad de Ussurisk (cerca de Vladivostok y de la frontera con China), Dyomochka adquirió poder y notoriedad durante los años noventa como líder de una “bratsva” (hermandad) dedicada a negocios ilícitos como la extorsión de incipientes empresarios que comenzaban a lucrarse con el recién instaurado capitalismo.

Cansado de su ajetreada vida criminal, que lo llevó a periódicas estadías en la cárcel, Bondar decidió retirarse gradualmente… pasándose al cine.

Según sus declaraciones, las películas que cineastas profesionales de su país habían hecho hasta el momento sobre la denominada “mafia rusa” no retrataban fidedignamente cómo ese turbio mundillo funcionaba en realidad. Por ello, Dyomochka tomó la resolución de contar en una película su propia historia y la de varios otros de sus compinches (con el fin de disuadir a los jóvenes que coqueteaban con el camino de la delincuencia, tratando de convencerles de que era una vida demasiado peligrosa y que no valía la pena). El proyecto fílmico acabó convirtiéndose en Spets, una miniserie de siete capítulos que sería emitida por la televisión local de Ussurisk.

En Spets (2003) se muestra el “día a día“ en una sociedad criminal rusa del lejano oriente. Bondar supervisó personalmente todas las tareas para hacer posible el proyecto: Escribió el guión, controló los trabajos tras las cámaras, dió indicaciones a la hora de grabar las escenas y durante la post-producción indicó cómo debía realizarse el montaje. Y, como no podía ser de otra manera, participó como actor y protagonista, interpretándose a sí mismo (igual que todos los demás “actores”: los otros delincuentes pertenecientes a la banda).

Durante el tiempo del rodaje, varios de los participantes fueron arrestados por la policía al tener causas pendientes con la justicia, y uno de ellos fue asesinado por rivales de otros grupos. Por ello, como algunos de los “actores” eran “dados de baja”, continuamente hubo que improvisar.

En la serie abundan las escenas espectaculares de acción. Las armas de fuego y los tiroteos, así como las palizas, la sangre y las destrucciones de coches son 100% reales. En lo que respecta a las palizas, Bondar explica que aquellos que son golpeados durante el metraje (los “stuntmen”, por así decirlo) eran individuos que le debían dinero, y que aceptaron colaborar y recibir golpes ante las cámaras a cambio de saldar así las deudas que habían contraído con su organización. En cuanto a la sangre para las escenas violentas, Dyomochka asegura que cuando “no había suficiente”, él se sacaba con una jeringuilla de la suya propia.

Pero no todo es violencia en “Spets”; en la trama también hay cabida para alguna que otra historia de amor. Entre ellas se cuenta el idilio que Bondar tuvo con una fiscal. Tuvieron que dejarlo, porque si no, “ella habría acabado corrompiéndose” y él no “habría logrado dejar atrás la vida criminal”.

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“Nunca he hecho daño a una sola persona honrada” Dyomochka (con fusil) y miembros de su “bratsva”

En los años 80, Eloy de la Iglesia ya había empleado como actores para sus películas sobre la delincuencia juvenil española (el “cine quinqui”) a atracadores y ladrones reales, así como a auténticos heroinómanos y presos. La propuesta del ruso Dyomochka lleva ésta peculiar forma de hacer cine varios pasos más adelante: Películas de gangsters escritas, dirigidas, interpretadas y producidas por auténticos bandidos. Así, el hiperrealismo fílmico alcanza la cúspide.

Es muy difícil acceder fuera de Rusia a una copia de ésta miniserie tan insólita, a medio camino entre el cine y el documental. Lo que sí se encuentra disponible en la red (en ruso con subtítulos en inglés) es el siguiente reportaje sobre la serie (Vitali Dyomochka: A Romantic from the underworld, 2011), que contiene el making-of y la historia de su creador.

Vitali Dyomochka alias Bondar explica con su cara de poker y su gélida mirada todos los pormenores que le llevaron a dirigir el proyecto e interpretarse a sí mismo.

Alucine Cinéfago, 2015

Vitaly Dyomochka. A Romantic from the Underworld.