Marquis de Sade: Justine – Jesús Franco, 1969

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Marquis de Sade: Justine

Francia, 1969

Director: Jesús Franco

Género: Drama/Adaptación literaria

Guión: Julián Esteban, Jesús Franco

Intérpretes: Klaus Kinski (Marqués de Sade), Romina Power (Justine), Maria Rohm (Juliette)

Música: Bruno Nicolai

Argumento

Justine (Romina Power) y Juliette son dos hermanas que se han críado en un internado de monjas. Un día reciben la trágica noticia de la caída en desgracia de su padre, que ha debido huir del país, y la muerte de su madre. Al no poder la familia seguir pagando el internado, ambas deben abandonarlo y “buscarse la vida”.

Las dos hermanas son radicalmente opuestas en cuanto a carácter: La mayor, Juliette es fría y calculadora, segura de sí misma y de tendencia libertina, ambiciosa y sedienta de poder; mientras que la más joven, Justine, es dulce e inocente, y de naturaleza virtuosa.

Tras verse obligadas a dejar el internado donde hasta el momento vivían, llegan a una casa compartida con otras chicas, una especie de burdel, de donde Justine escapa inmediatamente al sentirse incómoda en ese ambiente hostil.

A partir de ese momento, la bella y angelical Justine comenzará una solitaria huída hacia ninguna parte, de un lado para otro; perseguida y humillada.

Siguiendo el consejo de un cura (al que entregó todo el poco dinero que tenía), Justine llega a una pensión regentada por un turbio hombrecillo que la usará como sirvienta. Uno de los huéspedes intentará abusar de ella, el posadero propone a la jovencita robar las joyas de ese individuo, pero ella se niega. Cuando las alhajas “desaparecen”, Justine es denunciada y la policía la arresta, llevándola a una cárcel femenina, donde conoce a madame Dusbois, la jefa de una red de bandidos, que ha sido condenada a muerte y debe ser ahorcada al día siguiente. La inocente y frágil Justine llama la atención la veterana líder criminal, que le propone escapar junto a ella: Todo está preparado para que al día siguiente, al alba, los hombres de la Dusbois lleven a cabo una operación de rescate.

Una vez en libertad, los bandidos que la han sacado de prisión, pretenden rudamente que la virginal Justine les “demuestre su agradecimiento”; ella vuelve a escapar.

Exhausta y al borde de la inconsciencia tiene la fortuna de ser encontrada por un apuesto galán, el pintor Raymond, que la lleva a su casa. Cuando Justine vuelve en sí, reacciona asustada, pero pronto comprueba que su anfitrión no quiere hacerla daño alguno. Pasan los días, ella le toma confianza, él la trata con delicadeza y comienza a desarrollarse un idilio… Pero la fortuna no sonreirá durante mucho tiempo a Justine… Los guardias que investigan la evasión en la cárcel de mujeres llegan hasta casa de Raymond y la joven se ve obligada a escapar nuevamente.

Ésta vez caerá en manos de un maligno aristócrata, el marqués cónyugue de Bressac, que, si bien primero le ofrece un empleo como asistente de su esposa la marquesa en el castillo, luego buscará utilizarla para desembarazarse de su mujer (envenenamiento mediante) para así hacerse con su fortuna y sus tierras.

Mientras tanto, Juliette, licenciosa, perversa y criminal, va prosperando mediante toda clase de artimañas, a base de prostitución, robos y asesinatos.

Justine se niega a ser cómplice en el asesinato de la marquesa, pero ésta es envenenada por su marido y la acusación recae, como no podía ser de otra manera, sobre la desgraciada muchacha. El cínico marqués hace que se le grabe una “m” en el pecho (la marca de los asesinos) con un hierro a fuego candente, tras lo cual la deja marcharse.

Por enésima vez, la casta jovencita debe huir; llegando a una especie de monasterio donde (le han asegurado) habitan unos “hombres santos”. Confiada, decide pedir asilo a la comunidad del “hermano Antonin”, para comprobar en carne propia una vez más, que ha caído en un nido de depravación. Los “hombres santos” son, en realidad, una secta de crápulas licensiosos, que mantienen retenidas también a otras jóvenes, con las que están “en constante búsqueda del placer”. Tras varios meses en las mazmorras soportando torturas, vejaciones y flagelamientos por parte de los canallas, Justine puede escapar una vez más gracias a una devastadora tormenta que destruye parcialmente el monasterio.

Pierde el sentido y en el bosque es hallada (de nuevo) por Raymond, que la lleva a un pueblo cercano. La deja en una pensión y se ausenta brevemente para buscar a unos amigos; lapso de tiempo que es aprovechado por la perversa madame Dusbois, que regenta una especie de compañía teatral de lascivos espectáculos en la misma localidad y que ha visto y reconocido a Justine al llegar a la posada. La Dusbois se lleva a Justine para hacerla trabajar en sus espectáculos, la obliga a exhibirse desnuda en el escenario, y el populacho reconoce en el pecho de la joven la marca “m” de los asesinos, por lo que estalla un escándalo y las multitudes incontroladas intentan lincharla.

Cuando de nuevo está escapando, Justine es reconocida desde un aristocrático coche de caballos; la amante del conde insta a que la perseguida sea dejada en paz y manifiesta el deseo de hablar con ella. Resulta que la amante del conde es nada menos que Juliette, que gracias a sus relaciones con el noble ostenta ahora una posición social elevada.

Tras el reencuentro de las dos hermanas, Justine llega a la conclusión de que su vida piadosa y decente sólo le ha traído calamidades y desgracias, mientras que su hermana ha logrado prosperar comportándose de forma delictiva y viciosa; y se propone cambiar, pero Juliette le insta a no hacerlo, pues (por lo que ella misma reconoce) la vida libertina y la falta de escrúpulos le ha proporcionado bienes materiales pero resulta vacía espiritualmente…

Finalmente, Justine puede vivir en paz junto a Raymond gracias a la intercesión de su bien posicionada hermana.

Comentario

Adaptación fílmica de una de las obras más conocidas de Donatien Alphonse François de Sade, por el prolífico Jesús Franco. Película muy interesante, que destaca por contar con un presupuesto decente (algo que pocas veces es el caso en la filmografía del incombustible “tío Jess”, uno de los máximos exponentes de la “serie B”) y que sorprende por no contar con los excesos (sangrientos y sexuales) de los que (se esperaría) estaría atiborrada una producción que combina el potencialmente muy explosivo tandem “Marqués de Sade & Jess Franco”.

A modo de historia emanada de la morbosa imaginación del marqués encarcelado (interpretado por Klaus Kinski) se presentan las desventuras de la casta Justine; las escenas donde aparece Sade/Kinski están acompañadas por una bombástica música de trágicas reminiscencias.

El film está protagonizado por una jovencísima y muy bella Romina Power, la hija del actor Tyrone Power y ex-mujer del cantante Al Bano, quien en el momento del rodaje contaba con 18 años, y que encarna muy convincentemente a la inocente y delicada Justine.

La “moraleja” de la obra del “Divino Marqués” (en general de toda su obra literaria, pero particularmente de ésta “Justine y los infortunios de la virtud” que nos ocupa) es que “los buenos” están destinados a ser humillados y aplastados, mientras que, para prosperar, hay que dejar de lado los escrúpulos, la honestidad y la honradez, sin renunciar a la lujuria y al desenfreno… Muchos han querido ver en ello una apología del vicio y de la maldad por parte del disoluto aristócrata, pero… ¿y si ello era en realidad una crítica a la corrupción de la alta sociedad? ¿No sería ese el motivo real por el cual el marqués fue condenado a tantos años de prisión?

Ciertamente tenía una imaginación enfermiza y lascivas obsesiones, pero ¿quiénes eran los peores crápulas, él, que se dedicaba a describir perversiones y vicios, o aquellos que le condenaron? (Tal vez éstos se daban por aludidos…)

El tiempo le ha dado la razón al “Divino Marqués”, pues cuanto más avanza la era tenebrosa del Kali Yuga, mayor es la corrupción de las clases dominantes y más nauseabunda la hipocresía de los poderosos; ello por cierto se ha ido acelerando exponencialmente desde la época de la revolución (masónica) francesa, vivida por el controvertido escritor.

Con la revolución francesa comenzó el progresivo desmantelamiento del orden sociopolítico tradicional en Europa; y con la pérdida de poder de la nobleza y el advenimiento de la “democracia” se pretendía hacer creer a las masas que se había derrotado a “los opresores”, cuando la opresión, en realidad, pero de manera velada, no hizo más que recrudecerse (sobre todo mediante la usura); con la llegada al poder de la burguesía y de la alta finanza parasitaria internacional. La siguiente fase sería la revolución bolchevique en Rusia con la alianza capitalista-comunista (“el paraíso de los trabajadores”), y la siguiente el globalismo de la era actual (“el paraíso de los derechos humanos”). Y ya se sabe: “La mayor estrategia del Diablo para consolidar su poder es hacer creer que no existe”.

Otra famosa adaptación fílmica de la obra literaria “sádica” es la última película de Pierpaolo Pasolini, “Salò o le 120 giornate di Sodoma”.

FHP, 2014