Lone Wolf and Cub / Kozure Okami (Parte VI): “Nieve blanca en el infierno” – Yoshiyuki Kuroda, 1974

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El lobo solitario y su cachorro: ¡ahora vamos al infierno, Daigorō! a.k.a. “Nieve blanca en el infierno” (V.O. Kozure Ōkami: Jigoku e ikuzo! Daigoro / T.I. “Lone Wolf and Cub: White Heaven in Hell”)

Japón, 1974

Director: Yoshiyuki Kuroda

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Kazuo Koike, Goseki Kojima, Tsutomu Nakamura

Intérpretes: Tomisaburo Wakayama (Itto Ogami), Akihiro Tomikawa (Daigoro), Junko Hitomi (Kaori Yagyu), Goro Mutsumi (Ozunu), Minoru Oki (Retsudo Yagyu), Isao Kimura (Hyoei)

Música: Kunihiko Murai

Argumento

Retsudo Yagyu comparece ante el shogun, quien le reprende por no haber todavía eliminado al fugitivo Itto Ogami. El shogun advierte que tiene la intención de declarar a Ogami como enemigo del estado, ordenando a todos los clanes de todas las provincias de Japón dar caza al ronin-mercenario conocido como el Lobo Solitario. Si ello sucede, los Yagyu serán el hazmerreír en todo el país, pues serán vistos a escala nacional como unos inútiles que desaprovecharon todas las oportunidades, que no han podido derrotar nunca al Kozure Okami y su cachorro (un solo hombre y su hijo de cuatro años).

Para evitar tal oprobio, Retsudo decide enviar a su hija Kaori, la más joven, para que intente acabar con Ogami. Ella debe vengar a sus tres hermanos mayores, caídos en combate contra el ex-kaishakunin. Kaori es experta en el uso de los puñales, y es capaz de realizar malabares con ellos. Se ejercita en las artes marciales con hombres del clan, y los mata durante los entrenamientos. Esos samurais parecen estar orgullosos de perder la vida de ese modo, ayudando a su ama a perfeccionar su técnica.

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Kaori se pone en marcha para encontrar a padre e hijo. Los espías del clan van dejando para ella mensajes y noticias en las veredas: “El Lobo va hacia el oeste” “El Lobo va hacia el norte”, etc. Lo cierto es que Ogami se dirige hacia Edo. En dirección a la capital, acude a visitar el cementerio donde yacen los restos de su esposa, asesinada por los ninjas de Retsudo en el marco de la conspiración en su contra que le convirtió en proscrito. Ogami y su pequeño Daigoro, hijo de la difunta, presentan sus respetos ante la tumba y honran así su memoria. El ronin le dice “Azami, voy hacia Edo para enfrentarme con Retsudo Yagyu y rehabilitar la Casa de Ogami”. De repente, el Lobo escucha un leve ruido procedente de los muros del cementerio. De inmediato dispara en aquella dirección las pequeñas ametralladoras ocultas en el carrito y las paredes del cementerio se van tiñendo de sangre… Agentes del clan Yagyu se encontraban tras ellas al acecho.

Poco después, en los alrededores, Daigoro juega con otros niños en el campo. Hasta allí llega Kaori, que ha leído un mensaje al borde del camino que reza: “El niño del Lobo está aquí”. Kaori se aproxima y le llama con dulzura: “Daigoro-chan!” Éste reacciona mirándola inexpresivamente. La chica trata de ganarse su confianza con juegos malabares. Entonces aparece el padre. Ogami se percata de que la joven está tratando de tenderles una trampa… Kaori no tarda en revelar su auténtica identidad, ni en manifestar su objetivo. Ambos pelean. Ogami coloca a Daigoro sobre sus hombros, y el niño lleva a su vez atado a la frente un espejito, que refleja la luz del sol cegando así a la hija de Retsudo. Kaori recibe un golpe mortal de la espada de Itto. Mientras agoniza le dice a su adversario: “No te parece un acto innoble utilizar a un niño tan pequeño durante un duelo, arriesgando así su vida? Qué clase de padre haría eso?” El imperturbable ronin responde tajantemente con su ya clásica frase: “Los dos, padre e hijo, hemos escogido el camino del infierno”.

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Tras la muerte de Kaori, Retsudo decide que ha llegado el momento de emergencia en el que no hay más remedio que recurrir a un hijo ilegítimo suyo, que habita en el interior de una gruta en las montañas… Se trata de Hyoei, un poderoso brujo que se ha criado al amparo de los Tsuchigomo, un clan de ocultistas y de místicos, que dominan las artes de la magia negra.

Hyoei no se considera un Yagyu, y está resentido hacia Retsudo porque éste le abandonó de pequeño. Retsudo le ruega que acabe con Ogami, y Hyoei está dispuesto a hacerlo… pero no para los Yagyu, sino por cuenta de su propio clan, los Tsuchigomo.

Hyoei posee poderes fabulosos que le permiten invocar al inframundo, y de ese modo logra revivir a tres de sus hombres, muertos y enterrados hace 42 días. A éstos les ordena cazar al Lobo Solitario.

A partir de ese momento, las cosas comienzan a ponerse difíciles para los fugitivos padre e hijo… Los siniestros Tsuchigomo les han lanzado una maldición, provocando que todos aquellos que tienen contacto con los Ogami mueran poco después en circunstancias brutales. “Allá por donde paséis, portaréis con vosotros el derramamiento de sangre y la masacre. Sois los Ángeles de la Muerte” dice una lúgubre y aterradora voz a los Ogami cuando éstos comienzan a comprobar las catástrofes de las que personas inocentes que se habían cruzado en su camino iban siendo víctimas (una mujer que regala una flauta a Daigoro, un vendedor de bombones, el personal al completo de una pensión…) Para evitar más muertes de inocentes, Ogami decide no comprar nada de nadie directamente, por lo cual él y su hijo se ven obligados a pasar hambre. Sólo por la noche, el Lobo toma unos nabos y un poco de arroz de una ofrenda religiosa al borde del sendero, dejando en su lugar unas monedas como pago.

A pesar de que Hyoei está teniendo éxito en su acoso y persecución a Ogami, Retsudo está indignado, pues su hijo bastardo se niega a ponerse al servicio de los Yagyu, e insiste en ir por libre, actuando sólo en nombre de su clan adoptivo, el de los nigromantes Tsuchigomo.

Una noche, en un templo, Ogami está esperando a un emisario que debe encargarle un trabajo como mercenario. El enviado se retrasa. Finalmente aparece, enmascarado, y se presenta como miembro del clan Zeze. Afirma que, lamentablemente, debe retirar el encargo que pensaba hacerle y le ofrece 20 ryo a modo de compensación “por las molestias”. Pero Ogami desea saber el motivo, tal y como se corresponde con la “etiqueta” en esos casos. Tras mucho insistir, el enmascarado le explica que el shogunato va a declarar en breve a Itto Ogami como enemigo del estado, y que entonces todos los samurais del país (los del clan Zeze incluídos) tendrán el deber de perseguirle. El misterioso individuo le recomienda a Ogami que él y su hijo tomen una barca y huyan hacia el norte… De repente, el mercenario desenvaina y ataca a su interlocutor. Éste, sorprendido, logra parar el golpe y pregunta el motivo de esa reacción. Ogami ha sospechado desde el principio que ese enmascarado no era alguien que quería proponerle un trabajo, que no era un integrante del clan Zeze, y que ni siquiera era un samurai: Pues cuando el enmascarado se avecinaba subiendo desde su barca a la plataforma donde se halla el templo, el Lobo escuchó que el visitante se estaba encaramando por su espada, usando ésta como apoyo para subir: “Jamás ningún samurai pisaría su espada. Tú no eres un samurai. Eres un Tsuchigomo.” Ogami ha reconocido correctamente a su adversario, e intuído la trampa que éste pretendía tenderle… Una lucha se desencadena a continuación entre los Tsuchigomo y el ronin. Al final, Ogami se enfrenta directamente a Hyoei… Con sus artes de la magia negra, Hyoei consigue que Ogami se vaya hundiendo en unas arenas movedizas…

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Comentario

Ogami logra sin embargo salvarse, al retar a Hyoei a un duelo en igualdad de condiciones. Al calificar de “estilo cobarde” el proceder de los Tsuchigomo, “que necesitan recurrir a la magia” para vencerle, Ogami apunta directamente al espíritu y a la sangre samurai que Hyoei posee. El hijo de Retsudo, pese a no considerarse ya un Yagyu y sentirse más identificado con la fraternidad esotérica que le acogió, aún tiene latentes los principios del Honor del Guerrero, y acepta por consiguiente el desafío. Pero, como era de esperar, es vencido por el Lobo… Herido de muerte, Hyoei se dirige a los aposentos de Azusa, su hermana menor, en un desesperado intento de copular con ella antes de expirar, para fecundarla y conseguir descendencia: Desea que continúe así el linaje de los Tsuchigomo. Pero Retsudo los sorprende en pleno incesto, y los atraviesa a ambos con su espada. El líder de los Yagyu confía en que los Tsuchigomo restantes se sometan a él, pero los tres resucitados se niegan y siguen las órdenes de su amo Hyoei, que les instó a matar a Ogami por su cuenta y a buscar la gloria para el clan Tsuchigomo sin plegarse a los designios de Retsudo.

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Sexta y última parte de la hexalogía del Lobo Solitario, dirigida por Yoshiyuki Kuroda (curiosamente, éste director comparte apellido con el clan que requiere los servicios de Ogami en la entrega precedente).

Aquí, presenciamos la lucha entre el arquetipo del Guerrero y el del Brujo; algo reminiscente de las historias de Conan con ciertos toques también del género de terror. Ogami debe enfrentarse a tres seres “que ya no pertenecen al reino de los muertos ni al de los vivos”, a tres criaturas directamente procedentes del inframundo. Los Tsuchigomo emplearán contra el Kozure Okami su enigmática y arcana “técnica de las cinco ruedas”, pero fracasarán; y los “Ángeles de la Muerte”, padre e hijo, lograrán anular la maldición que pesa sobre ellos. Es una lucha metafísica entre el Superhombre y lo Sobrenatural…

Finalmente, parece que llegará el esperado momento del duelo definitivo entre Itto Ogami y su némesis Retsudo Yagyu… En una batalla en las nevadas montañas, con trineos, cañones, ametralladoras, explosivos, y todo tipo de armas blancas; las tropas del tuerto Retsudo tratarán de aniquilar, de una vez por todas, al Lobo Solitario y su Cachorro. Pero éstos decimarán considerablemente al nutrido ejército del poderoso usurpador… La blanca nieve se va tiñendo de rojo sangre, y los cadáveres se amontonan por doquier.

El personaje de Retsudo no está interpretado en todas las películas por el mismo actor, sino por tres diferentes: Tokio Oki, Tatsuo Endo y (en los últimos dos films) por Minoru Ohki. Como Retsudo está caracterizado con una larga melena y barba blanca (y en las últimas dos entregas además con un parche en el ojo) no llama demasiado la atención que no siempre sea el mismo actor. Junko Hitomi se mete en el papel de su bella, joven (y peligrosa) hija Kaori.

La banda sonora, ésta vez compuesta por Kunihiko Murai y no por Hideaki Sakurai como en las otras cinco entregas, tiene bastantes influencias funky-setenteras y no desentonaría para nada en un giallo italiano de la misma época.

FHP, 2015

Lone Wolf and Cub / Kozure Okami (Parte V): “Meifumado” – Kenji Misumi, 1973

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El lobo solitario y su cachorro: Meifumadō (V.O. Kozure Ōkami: Meifumado / T.I. “Lone Wolf and Cub: Baby Cart in the Land of Demons”)

Japón, 1973

Director: Kenji Misumi

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Kazuo Koike, Goseki Kojima

Intérpretes: Tomisaburo Wakayama (Itto Ogami), Akihiro Tomikawa (Daigoro), Michiyo Ohkusu (Shiranui), Tomomi Sato (Oyo), Hideji Otaki (Jikei)

Música: Hideaki Sakurai

Argumento

Itto Ogami y su hijo Daigoro se encuentran atravesando un paraje a los pies de una cascada. Junto a ellos pasa un individuo que en su sombrero porta colgada la imagen con la que se dan a conocer aquellos que quieren contactar al ex-kaishakunin para encargarle un asesinato. Ogami le interpela al respecto y el otro le ataca. El ronin reacciona velozmente, hiriendo de muerte a su contrincante. El agresor le explica que se trataba de una prueba. Le dice que es un samurai del clan Kuroda y le entrega 100 ryo, la quinta parte de lo que Ogami suele cobrar por sus trabajos; pero le dice que en su camino se encontrará con otros cuatro miembros del clan que le irán revelando detalles sobre la misión a cumplir y le darán 100 ryos más cada uno. Para que los restantes cuatro agentes de los Kuroda le reconozcan, Ogami deberá llevar colgado al cuello un mala (o rosario budista) que el samurai le entrega antes de expirar.

Así, Ogami se va encontrando sucesivamente a los otros cuatro espadachines de los Kuroda, que igualmente tratan de comprobar su habilidad en la esgrima, muriendo siempre en el intento tras entregarle 100 ryos, un mala, y contarle los pormenores de su encargo: Debe matar a la princesa Hamachiyo, una niña de 5 años, por ser la hija ilegítima del daimyo Naritako. Éste encerró al auténtico heredero Matsumaru, su primogénito e hijo de su mujer legal; y hace pasar a Hamachiyo (cuya madre es una de sus concubinas) por el príncipe. Ogami también tendrá que arrebatarle un importante documento relacionado con ese conflicto familiar a Wajo Jikei, máximo sacerdote del templo Sofuku; y a continuación matar a ese importante clérigo, venerado como un Buda viviente. Ogami aprende que Wajo Jikei está relacionado con los Yagyu, y que próximamente tiene previsto entregarle el confidencial manuscrito al propio Retsudo. Los agentes del clan Kuroda quieren evitar eso a todo a costa. Si sale a la luz que el príncipe legítimo Matsumaru está en un calabozo y que en su lugar se sienta una impostora, hija de una concubina, el shogun podría ordenar la disolución del clan; y sus posesiones y territorios serían absorbidos por los Yagyu.

El último de los agentes del clan Kuroda que Ogami se encuentra, no se da a conocer como tal desde el principio… Al inicio dice ser sólo un observador que ha quedado maravillado tras verle luchar en el lago (contra el cuarto samurai, usando la técnica “corta-olas” de la Suio-ryu). Tras los elogios le invita a beber te. Ogami acepta, toma un sorbo y seguidamente se retuerce cayendo al suelo. En ese momento, el quinto samurai Kuroda se presenta, diciendo que el te estaba envenenado y que ésta era la quinta prueba, pues había que asegurarse de que Ogami estaría preparado para todo tipo de eventualidades… El agente piensa que el ronin-mercenario no ha superado la prueba; y se dispone a darle el toque de gracia. Pero Ogami se levanta, le da un estocazo con su espada y escupe el envenenado brebaje, que no había llegado a tragar. Previsor, Ogami contaba con una trampa de ese tipo. Antes de morir, el Kuroda le entrega al ex-kaishakunin los últimos 100 ryu que faltaban para completar los 500 que cobra por sus servicios, así como el quinto mala. Y también le dice que el “Buda viviente” Wajo Jikei, confabulado con los Yagyu, esconde los documentos relativos al clan Kuroda en unos rollos-sutra que siempre porta consigo. Antes de su previsto encuentro con Retsudo, el sacerdote pasará por un pueblo cercano donde tiene lugar una festividad veraniega. Ese será el sitio ideal para matarlo.

Una vez en el evento, padre e hijo vuelven a separarse (como ya sucedió en la anterior entrega). Ogami entra empuñando su espada en el templo donde se encuentra el sacerdote. Éste se encuentra sumergido en profunda meditación, entonando mantras guturalmente. El ronin se le acerca diciendo con tono firme “Vuestra vida me pertenece”. Wajo Jikei, sin inmutarse, le responde: “No es posible matar a la Nada. No puedes matarme, ya que mi ser se ha disuelto y se ha convertido en una parte del Todo.” Ante éstas palabras, Ogami comienza a vacilar. Gotas de sudor perlan su frente. El siniestro sacerdote continúa, pronunciando el famoso koan zen: “Si encuentras a Buda mátalo. Si encuentras a tus padres mátalos (…)” Y añade: “La Nada es el Camino del Asesino”. Ogami ha sido “desarmado” con la táctica de “guerra mágico-psicológica” empleada por el clérigo. Lentamente, el ronin se retira sin cumplir (aún) su misión…

Mientras tanto, en la fiesta veraniega que en las calles está teniendo lugar, una pareja de carteristas está haciendo de las suyas. La ladrona Oyo y un cómplice roban a varios de los presentes en el concurrido evento. Oyo finge tropezarse con el “objetivo”, al que aprovecha para birlar la cartera, y se la pasa a su compinche que se encuentra detrás de ella, y que corre a ocultar el botín en un escondite donde almacenan todo lo robado. Pero unos policías de Edo están al tanto de que Oyo se encuentra allí cometiendo sus fechorías y le siguen la pista… Uno de sus robos sale mal, pues la víctima se da cuenta enseguida de que su cartera ha desaparecido y da la voz de alarma. Los policías se movilizan, y Oyo escapa, entregándole la cartera (prueba de su delito) a un niño que pasaba por allí, diciéndole “Toma ésto, y guárdamelo; no le digas a nadie que yo te lo dí”. Ese niño no era otro que Daigoro, el “cachorro” del Lobo Solitario… Cuando llegan los agentes y ven a Daigoro con la cartera, suponen que es un cómplice de la ladrona. Tratan de interrogarle por las buenas, ofreciéndole caramelos, pero el niño se niega a hablar… Entonces lo arrestan y lo llevan atado, ante la sorpresa y la indignación de los presentes, que se preguntan qué crimen ha podido cometer un niño tan pequeño.

El comisario coloca a Daigoro ante la vista de todos y, para que sirva de ejemplo, se dispone a aplicarle un dracónico castigo ante la multitud… a menos que la carterista Oyo se entregue. Ésta, preocupada, contempla la escena mezclada entre la gente. También Ogami se encuentra allí. Cuando el policía hace amago de azotar al pequeño, Oyo no resiste la idea de que el niño sea torturado por su culpa y se entrega. El policía pregunta entonces a Daigoro si esa es la mujer que le dió la cartera… pero el pequeño lo niega. Oyo insiste en que ya no es necesario que la encubra, pero Daigoro sigue empecinado en negarlo todo. Furibundo, el policía le aplica unos azotes. El rostro de Daigoro apenas se inmuta, y ni un quejido sale de sus labios… La multitud que todo lo contempla está sumamente asombrada. Oyo, llorando, vuelve a insistir en que es ella la buscada carterista, hasta que finalmente el policía la cree y deja a Daigoro libre. La ladrona, muy emocionada, afirma que el niño le ha dado una lección, y promete no robar nunca más. Daigoro es aclamado por todos los presentes, que admiran el valor y la firmeza sin par que ha demostrado ese niño de cuatro años. Oyo le había dicho que le guardase la cartera y que no dijese a nadie que fue ella quien se la dió. El pequeño supo cumplir al pie de la letra.

A las afueras del poblado, Itto Ogami espera a su hijo. Ambos se reencuentran, y el Lobo Solitario está orgulloso de su vástago: Daigoro ha demostrado ser un auténtico Ogami. Pero el padre, el ronin-mercenario, todavía no ha cumplido su misión…

Una integrante del clan Kuroda llamada Shiranui acude una noche a visitar a Ogami mientras éste ora en un templo. Le vuelve a recordar el encargo que debe cumplir, añadiendo que además de matar al sacerdote y a la princesa, debe también acabar con el corrupto daimyo (jefe del clan Kuroda), quien mantiene encerrado a su propio primogénito; y también a la amante de éste (madre de la princesa Hamachiyo). Ogami responde con su grave voz: “Nosotros, padre e hijo, hemos decidido vivir en el Camino de la Sangre. Estamos preparados para todo y no retrocedemos ante nada.”

Ogami sabe que Wajo Jikei acompañado por todo su séquito va a cruzar un río, y que a la otra orilla le espera Retsudo Yagyu con sus hombres, para recibir los documentos que comprometen al clan Kuroda. Ogami decide llevar a cabo un plan casi suicida: Bucea hasta llegar justo debajo de la barca del sacerdote, recorta con un puñal el compartimento de madera donde el alto clérigo se encuentra, de modo que éste se hunde en el agua. Ahora, Ogami sí logra asesinarle. De inmediato el agua entra en la barca donde estaba el sacerdote, y ésta se hunde. Retsudo, ahora tuerto (tras la batalla que vimos en el episodio precedente), intuye de inmediato quién ha provocado ese sabotaje y pronuncia la que se va convirtiendo en su frase habitual: “Maldito sea Ogami Itto!”

Como era de esperar, todos los escoltas del sacerdote se le echan encima; así como los samurais Yagyu. Pero un grupo de jinetes acude de improviso en ayuda del ronin: Son los guerreros enmascarados del clan Kuroda, expertos en el manejo de lanzas…

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Comentario

Para ésta quinta y penúltima entrega, Kenji Misumi volvió tras las cámaras a dirigir la continuación de la saga de Kozure Okami; realizando una vez más un magnífico y emocionante largometraje. Continúan aquí las pruebas a Daigoro (algo que ya había dado inicio en el capítulo anterior, cuando el samurai Yagyu queda impactado ante el aplomo del pequeño). La escena en la que el niño, haciendo gala de un valor impresionante, se niega a hablar aún bajo tortura es sencillamente magistral; pues ilustra la importancia que ya desde la más tierna infancia implicaba para él la lealtad a la palabra dada. Daigoro es sin duda un pequeño guerrero en potencia, por cuyas venas fluye inequívocamente la sangre samurai. Su padre puede estar orgulloso de él.

Los enmascarados del clan Kuroda que ayudan al mercenario contra los Yagyu terminarán volviéndose contra él, y en las escenas finales Ogami luchará contra ellos; tras lo cual cumplirá la segunda parte de su misión, siguiendo así el camino de su dharma

Es interesante mencionar que uno de los muchos paralelismos entre Ogami y Conan es el sentido de la espiritualidad de ambos superhombres. Ninguno de los dos es ateo, pero tanto el uno como el otro se muestran suspicaces ante el clero, los sacerdotes y la magia. Conan no conoce el miedo a la hora de enfrentarse a hordas de enemigos fuertemente armados, pero sus atávicas “supersticiones bárbaras” le hacen contemplar con cierto “respeto” el poder que emana de nigromantes, magos y brujos. Algo muy similar ocurre con Itto Ogami, como puede observarse en la escena en la que, en el templo, se produce su primer intento de eliminar al imponente y siniestro sacerdote.

A lo largo de la película se menciona una vez más que la espada de Ogami es una dotanuki.

FHP, 2015

Lone Wolf and Cub / Kozure Okami (Parte IV): “Carro de bebé en peligro” – Buichi Saito, 1972

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El lobo solitario y su cachorro: el corazón de un padre, el corazón de un hijo a.ka. “Carro de bebé en peligro” (V.O. Kozure Ōkami: Oya no kokoro ko no kokoro /T.I. “Lone Wolf and Cub: Baby Cart in Peril”)

Japón, 1972

Director: Buichi Saito

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Kazuo Koike, Goseki Kojima

Intérpretes: Tomisaburo Wakayama (Itto Ogami), Akihiro Tomikawa (Daigoro), Yoichi Hayashi (Gunbei Yagyu), Michi Azuma (Oyuki), Tatsuo Endo (Retsudo Yagyu)

Música: Hideaki Sakurai

Argumento

Oyuki es una experta espadachina perseguida por el clan de los Owari. Hasta hace poco trabajaba para ellos como besshikime; como mujer-ninja o guardaespaldas femenina. Pero tras una disputa con un alto oficial ha sido expulsada, y sus antiguos camaradas la buscan para matarla. Cada vez que los hombres al servicio de los Owari tratan de apresarla, ella los elimina a todos sin demasiado esfuerzo.

Aquí entra en juego Itto Ogami: Ésta vez, el errante mercenario es contratado para liquidar a la tatuada fugitiva. Cuando le piden que mate a Oyuki, Ogami responde lapidariamente con su ya clásica frase: “Por asesinatos cobro 500 ryo”.

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Ogami se dedica en primer lugar a recabar información sobre la tal Oyuki. Para ello se pone en contacto con su tatuador. Éste le dice que la joven solicitó que le hiciese en el cuerpo “tatuajes que infundiesen terror”. Con su punzón y los colores, el tatuador hizo un dibujo que cubría toda la espalda de Oyuki, representando a la Bruja de la Montaña. Y en su parte delantera, junto a los pechos, pintó a Kintaro, el hijo de la bruja. “El dolor de ser tatuado es muy intenso, sobre todo en los pechos y en el vientre. Pero ella ni siquiera suspiró“. El artista no sabe por qué ella quería esos tatuajes tan llamativos, pero sospecha que una vez expulsada del clan Owari, la espadachina siguió el camino de asesina a sueldo (igual que Ogami).

En el pueblo donde el Lobo Solitario y su Cachorro están de paso, unos payasos ambulantes entretienen a los niños en la calle. Daigoro acude a ver el espectáculo, y cuando termina sigue a los titiriteros, alejándose cada vez más del pueblo. Ogami busca a su hijo, pero no lo encuentra, pues el pequeño se ha escondido al ver pasar a unos “monjes mendicantes” (otra constante de la serie de películas; esos “monjes”, en realidad, son siempre agentes disfrazados de los Yagyu, que espían por todo Japón ataviados de ese modo).

De esa forma, ambos Ogami se han separado. Daigoro no encuentra a su padre y se ha perdido. Pero el niño sabe que su progenitor suele acudir a los templos que hay en los caminos para orar a Buda (y también para comunicarse con su madre, seguramente). Por eso, el pequeño entra en los templos que hay en los alrededores con la esperanza de reencontrarse con él.

En uno de esos templos, Daigoro encuentra a un samurai. Éste, de espaldas a la puerta, desenvaina velozmente su espada y salta hacia la entrada nada más oir que alguien se está aproximando. Al ver que sólo era un niño queda profundamente impresionado por el aplomo, la imperturbabilidad y el aplomo de éste. “Con sus tres o cuatro años, no ha dado muestras de asustarse cuando he saltado hacia él con la amenzante espada” Y observando los ojos de Daigoro piensa con asombro que “Sólo aquellos que han presenciado cruentas batallas poseen esa mirada”.

Daigoro continúa solo, a través de los campos. El samurai lo sigue de cerca. Unos campesinos prenden fuego a la paja seca, sin darse cuenta de que el niño se encuentra cerca. Ahora, Daigoro corre el riesgo de ser devorado por las llamas. El samurai está a punto de intervenir para socorrerle, pero se le ocurre que “ésta es una buena oportunidad para ponerlo a prueba”. El pequeño logra sobrevivir sin ayuda de nadie, pues cava un agujero en la tierra y se cubre de manera que queda a resguardo del fuego. Poco después los campesinos lo encuentran medio inconsciente y se lo llevan para atenderlo; pero el samurai les dice que se lo dejen a él. Ante el aspecto solemne e imponente del extraño, los campesinos no tienen nada que objetar a su solicitud y huyen.

El samurai está hondamente impactado por la capacidad de conservación y de valerse por sí mismo que ha demostrado ese niño tan pequeño. Daigoro lo mira sin miedo, y hasta con expresión desafiante. “Ese es el Shishogan, la mirada del Auténtico Guerrero. Todos los que siguen el Bushido – el camino del guerrero – aspiran a ese estado espiritual, a esa condición entre la vida y la muerte.” El samurai piensa que debe someter a Daigoro a la prueba final y desenvaina su espada contra él gritándole “Lucha!” El niño coge un palo y se pone en guardia. “Suio-ryu!” exclama desconcertado el espadachín, reconociendo el estilo de esgrima de la escuela Suio, que el pequeño parece conocer… En ese momento aparece en el horizonte Itto Ogami, empujando el vacío carrito de Daigoro. Éste corre hacia él al verlo “Papá, papa!”. Padre e hijo vuelven a estar juntos.

El samurai reconoce al recién llegado… sabe muy bien quien es Ogami, pues en una ocasión se enfrentó a él en un combate frente al shogun. Ogami y él, Gunbei Yagyu, se disputaban el título de kaishakunin. Gunbei considera que él ganó aquella lucha, pues hizo que Ogami perdiera su espada. No obstante el shogunato le dió el puesto de kaishakunin a Ogami… Porque éste, desarmado, se había puesto entre la espada de su contrincante y el shogun, dando así la impresión de que trataba de proteger a éste último con su cuerpo. Desde entonces se incrementó el odio que el clan Yagyu profesa hacia los Ogami. Retsudo obligó a Gunbei en aquella ocasión a que marchara al destierro. Le perdonó la vida e hizo que un doble suyo cometiera seppuku en su lugar, para lavar la deshonra que implicaba haber perdido la ocasión de acceder al puesto. Desde ese día, empezaron a forjarse las intrigas contra Ogami que desembocaron en los acontecimientos sucedidos en la primera parte de la saga.

Ahora, Gunbei Yagyu tiene de nuevo la oprtunidad de luchar contra Ogami. Ambos son muy diestros y están bastante igualados, pero finalmente Ogami consigue amputarle un brazo. Entonces, Gunbei le pide que lo mate. “Tú ya estás muerto. Matar a un muerto no tiene sentido” es la oscura respuesta del Lobo Solitario. Y prosigue su camino, ahora de nuevo junto a su cachorro.

Por la noche, Ogami observa las imágenes que aquellos que le quieren contratar dejan colgadas en los templos. A modo de respuesta, el ronin realiza en el suelo una señal con piedras para indicar su localización… pero se trata de una trampa: Cuando Ogami entra en el templo, se pone a rezar a Amida-Buda (Amitābha), y percibe un movimiento extraño tras la estatua de la divinidad… Pronunciando una conocida frase zen (“Si encuentras al Buda en tu camino… mátalo!), Ogami saca su katana y arremete contra la estatua, en el interior de la cual se encontraba un ninja. Otros más se descuelgan a continuación del techo y se desencadena una lucha brutal, una auténtica carnicería, en la que Ogami cercena brazos y piernas, corta cabezas y hace pedazos a los enemigos. Sin duda serían enviados de los Yagyu, piensa el Kozure Okami.

Poco después, Ogami se dirige con Daigoro a un poblado donde habitan los gomune (artistas callejeros y circenses) que como todas las profesiones en el Japón de la era Tokugawa (y también en nuestra Edad Media) estaban organizadas en forma de gremios y vivían como una gran familia. Ogami sospecha que la „asesina tatuada“, la misteriosa Oyuki a la que está buscando, procede de ese ámbito. Y efectivamente así es, como le confirma el jefe de la comunidad, un anciano ciego. Éste le dice que Oyuki realizaba espectáculos con espadas y que un día fue descubierta por un miembro del clan Owari que presenció una de sus funciones. Allí empezó a trabajar directamente al servicio del daimyo. Pero al caer en desgracia con el clan, huyó y se dedica a los asesinatos por encargo. El anciano dice que no sabe donde puede estar la tatuada ahora, pero aconseja a Ogami que acuda a unas aguas termales que “tienen el poder de conceder deseos”. Al despedirse, el jefe de los gomune añade que Oyuki es su hija…

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Comentario

Oyuki se encuentra bañándose en las aguas termales de Tsuta-na-yu. Recuerda el motivo por el que fue expulsada del clan: Se había resistido a ser violada por Enki Kozuka, uno de los más importantes funcionarios, y maestro ilusionista, que era capaz de lograr una “combustión espontánea” de su espada mediante algún truco de prestidigitación. Ante la espada llameante, sus adversarios reaccionaban con perplejidad y Enki aprovechaba ese instante de anonadamiento para derrotar con facilidad a sus oponentes.

Ésta continuación de Kozure Okami, la cuarta de una serie de seis películas, no está dirigida por Kenji Misumi, sino por Buichi Saito. Se aprecian algunos ligeros cambios estilísticos, como por ejemplo en la música (que es de un tipo más “Funky-setentero”, parecida a la de la primera parte de Hanzo the Razor / Goyokiba), aunque la banda sonora es de Hideaki Sakurai, el mismo que compuso la música de las otras tres entregas.

Una vez más, Ogami Itto, su pequeño Daigoro y el resto de los personajes nos dan una enorme lección de ética caballeresca nipona. La relación entre el Guerrero y la Muerte, así como el Honor, vuelve a ser aquí un tema cosmovisivo que impregna todo el metraje.

Ogami lamenta tener que matar a Oyuki (en realidad ésta es su contraparte femenina) pero debe cumplir su misión y su palabra. La chica se había hecho los terribles tatuajes a modo de táctica psicológica, para contrarrestar el ilusionismo de su enemigo Enki Kozuka, a quien finalmente logra vencer (antes de expirar ella misma en los brazos de Ogami). El Lobo Solitario incinera a Oyuki en una pira funeraria y lleva sus cenizas a su padre, el anciano jefe del gremio los artistas circenses. Éste reacciona profundamente emocionado por ese gesto.

Mientras tanto, los Yagyu siguen intrigando y ponen al daimyo de Owari contra el errante mercenario. Las escenas finales están repletas de acción aún más impactante que la batalla del film precedente. Ogami se enfrenta al mismísmo Retsudo, el poderosísimo líder de los Yagyu, y éste es un oponente sumamente peligroso. Ambos casi se matan mutuamente: Retsudo es dejado tuerto, y Ogami cae malherido con una espada clavada en su espalda…

Daigoro, encuentra a su padre entre las montañas de cadáveres pero vivo, y le saca la katana que tenía incrustada en el omóplato… El tambaleante y ensangrentado Lobo Ogami se levanta y continúa su “camino del infierno” empujando el carrito de su cachorro…

FHP, 2015

Lone Wolf and Cub / Kozure Okami (Parte III): “Carro de bebé en el Hades” – Kenji Misumi, 1972

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El lobo solitario y su cachorro: carro de bebé en el Hades (V.O. Kozure Ōkami: Shinikazeni mukau ubaguruma / T.I. “Lone Wolf and Cub: Baby Cart to Hades”)

Japón, 1972

Director: Kenji Misumi

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Kazuo Koike, Goseki Kojima

Intérpretes: Tomisaburo Wakayama (Itto Ogami), Akihiro Tomikawa (Daigoro), Go Kato (Magomura Kanbei), Yuko Hama (Torizo), Isao Yamagata (Sawatari Genba)

Música: Hideaki Sakurai, Hiroshi Kamayatsu

Argumento

Itto Ogami y su hijo Daigoro continúan su “camino del infierno”. Cuando cruzan un río a bordo de una barca junto a otros pasajeros, a Ogami le llama la atención una pareja que discute. El equipaje de la mujer cae al agua pero flota, y Daigoro (que está detrás en su carrito atado a la barca) recoje el paquete para devolvérselo a su propietaria una vez en la orilla.

Mientras tanto, un grupo de ronins que también trabajan como mercenarios descansan al borde de un camino. Tres de ellos beben abundantes cantidades de sake y hablan con vulgaridad de diversiones y de mujeres; mientras que el cuarto, de aspecto solemne y austero, no está interesado en frivolidades y come sus fideos apartado de los demás.

Pronto se avecinan tres figuras: Una mujer mayor (con los dientes pintados de negro, como al parecer era usanza en las japonesas casadas), una joven y un samurai que las escolta. Los tres ronins, corren hacia las mujeres deseosos de saciar sus pulsiones carnales. Dejan fuera de combate al samurai y violan salvajemente a madre e hija. Poco después el escolta vuelve en sí y con furia ataca a los agresores. Está a punto de vencerlos, pero de repente aparece el cuarto ronin, y para defender a sus compañeros liquida al escolta. Entonces, se acerca a las violadas y las mata también (para que no tengan que seguir viviendo tras haber sido ultrajadas de forma tan bestial). Los violadores quedan boquiabiertos. El cuarto ronin toma una caña y la parte en tres trozos; coloca los tres palitos en su mano y le dice a sus compañeros que escojan uno. “Si no lo hacéis os mato a los tres”. Obedecen y uno de ellos ha sacado la cañita más corta. “Eres tú, entonces, el que debe morir (…) Tú serás oficialmente el culpable de toda ésta masacre, y nosotros tuvimos que matarte en defensa propia”. Cuando el ronin que ignora las frivolidades arremete con su katana contra su compañero inferior (inferior tanto en el manejo de las armas como en lo moral) aparece en el camino Ogami empujando el carrito infantil de Daigoro.

Al echar un veloz vistazo, Ogami entiende la situación, y le dice al ronin que es un auténtico guerrero (“makoto-no-bushi”). Tras ser elogiado, el otro mercenario se presenta: Su nombre es Kanbei. Sabe que tiene ante sí al ex-kaishakunin del shogun, y ha oído hablar de los prodigios marciales atribuídos al Lobo Solitario, maestro del estilo Suio. Kanbei le pide a Ogami que acepte un duelo, usando la excusa de que él ha sido testigo de lo sucedido. Cuando Ogami no responde, los otros dos ronin se abalanzan contra él antes de que Kanbei pueda frenarlos, pero el antiguo kaishakunin los elimina de un par de tajos en un abrir y cerrar de ojos.

Ahora sólo quedan Kanbei y Ogami (y Daigoro). “En el caso de que yo ganase, me comprometo a hacerme cargo de vuestro hijo” “No será necesario que os hagáis cargo de él. Mi hijo y yo hemos elegido el camino del infierno. Estamos preparados para todo”.

Los dos se ponen en guardia. Pero poco después Ogami vuelve a envainar su espada. “El duelo queda en empate.” “Por qué?” “Un auténtico guerrero merece vivir”. Y el Lobo prosigue su andadura junto a su cachorro…

Esa noche, en una pensión, volvemos a ver a la pareja que discutía en la escena inicial. El hombre trata de forzar a la muchacha. “Te he comprado, he pagado por tí y puedo hacer contigo lo que me plazca!” La chica se resiste. Cuando el individuo trata de violarla y acerca su boca a la de ella, la joven le arranca la lengua de un mordisco. Poco despúes el hombre se desangra y muere. Presa del pánico, ella trata de huir. Intentando esconderse, entra en la habitación de Ogami y su pequeño (que también se alojan en la misma pensión). Ogami decide protegerla. La esconde en la parte inferior del armario y cuando las autoridades registran el edificio no la encuentran.

Poco después aparece ante la estancia donde se hospeda Ogami una misteriosa y atractiva mujer, acompañada por un séquito de espadachines. Son integrantes de un grupo yakuza. La viperina fémina se presenta como Torizo y le dice a Ogami que le entregue a la chica, pues había sido comprada por Monomatsu, que era uno de sus hombres. Torizo acusa a la muchacha de haber asesinado a Monomatsu. Pero Ogami se niega a entregarla. Torizo le amenaza con una pistola “Por qué un samurai quiere poner en peligro su vida y la de su hijo por ésta chica?” La joven a la que el ex-verdugo protege lleva consigo una especie de panel funerario. Ogami responde enigmáticamente a Torizo: “Porque el panel funerario que ella lleva une nuestro karma”. La jefa de los yakuza dispara, rápidamente Ogami levanta la alfombra del suelo amortiguando las balas, y lanza luego pequeños dardos que inutilizan la pistola de Torizo.

Los yakuza quieren intervenir y ya desenvainan sus espadas, pero Torizo los contiene; sabe que Ogami es un adversario demasiado peligroso. Trata de dialogar con él y alcanzar un acuerdo por las buenas. Torizo dice que su clan debe vengar la muerte de Monomatsu, pero que está dispuesta a dejar libre a la muchacha tras aplicarle una tortura llamada “buri-buri” a modo de simbólico castigo. Ogami propone ser él quien sea sometido a ese castigo en lugar de la frágil jovencita. Torizo acepta.

Ogami es atado boca abajo y los yakuza giran a su alrededor golpeándole rítmicamente con palos mientras gritan “buri-buri!” (en eso consiste la homónimo suplicio). Mientras la chica que había sido comprada por el bandido se deshace en llantos y sollozos, y mientras Daigoro observa sin inmutarse cómo su padre es martirizado, Torizo contempla impresionada. El aguante que estoicamente demuestra Ogami mientras es azotado le parece imponente.

Tras ser sometido al buri-buri, Ogami es desatado y la jovencita por la se ha sacrificado es liberada. Torizo ya no es la fiera y gélida yakuza, sino una mujer que siente un gran respeto por el ronin. Antes de despedirse de él tiene una propuesta que hacerle: Le lleva hasta una habitación donde se encuentra un hombre con un brazo amputado. Se trata de Tatewaki Miura, antes un alto funcionario cuyo clan fue disuelto. Miura es el padre de Torizo. Del mismo modo que Ogami perdió su puesto como kaishakunin shogunal por culpa de las intrigas de los Yagyu, a los Miura les fueron arrebatados sus puestos oficiales a causa de las conspiraciones de un gobernador llamado Sawatari Genba. Miura y su hija Torizo piden a Ogami que mate a Genba. Como siempre cuando le hacen uno de esos encargos, el ronin responde: “Por asesinatos cobro 500 ryo”.

Kozure Okami y su pequeño siguen su camino. A la siguiente noche Ogami es contactado por unos samurais que también quieren proponerle un trabajo… Se trata nada menos que de los hombres de Genba. Éste en persona quiere ver a Ogami. Genba le encarga al mercenario que mate a un ministro, y le ofrece 1000 ryo (el doble de lo que Ogami cobra por cada trabajo)…

Comentario

Sin embargo, Ogami no acepta. Ha dado su palabra a los Miura de que matará a Genba y piensa cumplir su promesa. Cuando Ogami abandona las estancias del gobernador, éste se queda pensativo e imagina lo que efectivamente sucede: Que Ogami ya ha sido contratado… para matarlo a él. Genba decide reunir a sus mejores hombres para que eliminen al peligroso ronin. Pero uno a uno éstos van pereciendo: Un gran espadachín, un experto pistolero… Todos sucumben ante Itto Ogami y su maestría en el Suio-ryu.

Genba se ve obligado a contratar a samurais, ronins y expertos en artes marciales procedentes de otras provincias… De ese modo entra a su servicio el mercenario Kanbei que vimos al inicio, y cuyo combate con Ogami quedó en empate…

Soberbia tercera parte de la hexalogía de “Lone Wolf and Cub”, dirigida por Kenji Misumi al igual que las dos precedentes. La escena final en la que Ogami se enfrenta contra el ejército de Genba es espectacular. Entran también allí en acción armas de fuego, y vemos que Ogami ha instalado en el carrito de Daigoro un sistema de pequeños cañones. En ese combate desigual y apoteósico de uno contra todos y todos contra uno, Ogami lucha con dos espadas a la vez, usa también la naginata, así como dos revólveres que ha tomado del pistolero de Genba. La atmósfera western (que recuerda al mejor Sergio Leone) está patente en el film en los momentos de tiroteos. El Lobo Solitario logra derrotar al centenar de esbirros de Genba, matando finalmente también a éste. La extasiada Torizo (Yuko Hama) y dos de sus hombres contemplan todo desde un montículo vecino.

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El último contrincante de Ogami en esa monumental batalla es el samurai-mercenario del principio, Kanbei, el auténtico bushi (guerrero). Éste se enfrenta a Ogami (que ahora sí acepta el reto), y cae malherido de rodillas, con la espada clavada en el torso…

Magistral el diálogo que poco antes de que Kanbei expira mantienen éste y Ogami. Kanbei explica que fue desterrado por su señor, paradójicamente por haber tratado de salvarle la vida: Considerando que la mejor defensa es el ataque, Kanbei se echo sobre unos rebeldes que amenazaban a la comitiva que él escoltaba. Tras ello, fue expulsado por el daimyo por haber actuado “sin compasión”. Ahora, el agonizante Kanbei quiere saber en qué consiste el camino del guerrero: “¿Vivir con compasión, o morir al servicio de una causa?” Ogami Itto, con el rostro salpicado en sangre (propia y de su adversario) responde: “El camino del guerrero consiste en vivir constantemente de cara a la muerte”. (Inmenso!) “Y de haber estado en tu lugar habría actuado igual que tú“ (añade haciendo alusión al motivo por el cual Kanbei fue desterrado). Una sonrisa se dibuja en los labios del moribundo. „Por fin voy a encontrarme con la muerte!“ (parece casi un tributo a Mishima). Reuniendo las pocas fuerzas que le quedan, Kanbei solicita que Ogami sea su kaishakunin; que le corte la cabeza mientras se practica el seppuku. Y así murió un makoto-no-bushi, un auténtico guerrero.

Los Yagyu no tienen demasiada relevancia en éste episodio, pero dos jinetes de ese clan que han presenciado la batalla le dicen a Ogami que no tiene escapatoria, ya que ellos, los Yagyu, controlan secretamente el país.

También merece ser mencionado el papel, cada vez más importante, de Daigoro (interpretado por el niño Akihiro Tomikawa, quien tenía cuatro años en el momento del rodaje). El pequeño Daigoro aporta la nota tierna y cómica a unas películas que si no serían demasiado crudas. En el rol del gobernador Genba tenemos a Isao Yamagata (a quien ya vimos en “Zatoichi´s Pilgrimage” – Kazuo Ikehiro, 1966).

FHP, 2015

Lone Wolf and Cub / Kozure Okami (Parte II): “Coche de bebé en el Río Estigia” – Kenji Misumi, 1972

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El lobo solitario y su cachorro: coche de bebé en el río Estigia (V.O. Kozure Ōkami: Sanzu no kawa no ubaguruma / T.I “Lone Wolf and Cub: Baby Cart at the River Styx”)

 

Japón, 1972

 

Director: Kenji Misumi

 

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Kazuo Koike, Goseki Kojima

Intérpretes: Tomisaburo Wakayama (Itto Ogami), Akihiro Tomikawa (Daigoro), Kayo Matsuo (Sayaka Yagyu), Akiji Kobayashi (Ozuno)

Música: Hideaki Sakurai

 

Argumento

 

En la escena que sirve de preludio a ésta segunda entrega de la saga del Lobo Solitario, el fugitivo ronin Ogami y su hijo Daigoro son atacados por dos espadachines. Pero el antiguo kaishakunin los vence sin dificultad. Antes de expirar, uno de los asesinos le dice que no le servirá de nada esconderse, pues el clan Yagyu tiene poder en todo Japón; tarde o temprano acabarán con él…

 

Tras los títulos de crédito, Ogami Itto y su “cachorro” llegan a un poblado, donde se hospedan en una pensión. El dueño de la posada originalmente es un tanto escéptico cuando ve aparecer al ronin, pues piensa que se trata de un pobre vagabundo, que no tendrá dinero para pagar y que puede causar problemas. Cuando, con una cortesía postiza el hotelero trata de decirle que no tienen habitaciones libres, Ogami le entrega un paquete con 500 ryo (suponemos que es mucho dinero) para que se lo guarde en lugar seguro mientras esté hospedado allí. Entonces, de repente, la actitud del dueño de la pensión cambia y se muestra sumamente servicial…

 

Mientras tanto, Ozuno del clan Kurokawa (aliado a los Yagyu) es enviado por Retsudo a contactar a Sayaka, la hermosa pero sumamente peligrosa jefa de un grupo de asesinas. Sayaka pertenece a una rama del clan Yagyu. Forma parte de los Akashi-Yagyu, y cuando es informada de que Ogami mató en duelo a dos importantes exponentes de su clan en Edo, y que ha osado desafiar a los Yagyu, estalla de furia y promete al emisario que ella y las ninjas que comanda vencerán al Lobo Solitario, tal y como ha ordenado Retsudo. Ozuno dice que hay que tener mucho cuidado con Ogami y con su espada, en ningún momento hay que bajar la guardia, pues era el kaishakunin oficial y es un maestro del estilo Suio… Sayaka profiere una demencial carcajada, pues está convencida de que nadie es superior en las artes marciales y que nadie domina las técnicas de combate mejor que su equipo femenino de mortales ninjas… Para demostrarlo, le dice a Ozuno que el mejor de sus hombres “trate de llegar hasta el jardín” (tratando de esquivar a sus asesinas, que se encuentran junto a la puerta que da al jardín). El elegido por Ozuno se dispone a realizar lo que le piden, da un salto con varios giros en el aire, pero es interceptado por las mujeres. Sigue intentando llegar hasta la puerta, pero cada vez las ninjas de Sayaka le van cercenando partes de su cuerpo (ora le cortan los dedos, ora una de las manos, la nariz, un pie…) – Cuando el hombre de Ozuno llega hasta la puerta (sin haber alcanzado el jardín) ya no es más que un mutilado despojo. El sobrecogido enviado del clan Kurokawa está ahora seguro de que las mujeres ninja de Sayaka están a la altura de la misión.

 

Por su parte, padre e hijo prosiguen “el camino del infierno” tras haber descansado en la pensión. El sistema que siguen aquellos que desean contratar los servicios de Ogami como mercenario es el siguiente: Colocan la imagen de un furioso dios en la parte de afuera de un templo. Así, cuando el ex-verdugo pasa por allí sabe que quieren encargarle un trabajo y realiza una señal con piedras en el suelo indicando dónde pueden encontrarlo.

 

De esa manera, es contactado por Ichibe Hirano, el portavoz del clan Awa. Los Awa controlan una provincia que ha logrado gran riqueza y prosperidad gracias al descubrimiento de un colorante de índigo. Pero el poder central del shogunato desea apoderarse del secreto de la elaboración y aplicación del valioso colorante. Por ese motivo, agentes al servicio de Edo han instigado una rebelión entre los campesinos de la provincia, para extender el caos a modo de presión. El máximo jefe de la revuelta, Chuzaemon Makuya, escapó de los territorios del clan Awa y se dirige hacia Edo, para revelar a las autoridades de allí el secreto del índigo. Para evitar que el shogunato se aproveche de su negocio y expropie los bienes de su clan y de su provincia, Hirano pide a Ogami que mate a Makuya antes de que éste llegue a Edo. Pero Ogami deberá estar alerta, pues Makuya viaja con tres temibles guardaespaldas; los hermanos Hidari. Cada uno de ellos domina una técnica de combate específica: Uno el puño de hierro, el otro usa una porra con pinchos y el tercero una garra metálica. Ogami es informado de la ruta que van a seguir aquellos que en ésta ocasión debe mandar al infierno…

 

Continuando en el camino, Ogami y su hijo son atacados en varias ocasiones por ágiles y diestras mujeres (las asesinas al servicio de Sayaka Yagyu), que cuando se aproximan padre e hijo se hacen pasar por campesinas que limpian nabos, por acróbatas que realizan una función o por peregrinas; para desenvainar y lanzar sus armas en el momento en que Ogami y Daigoro se aproximan… Pero el ex-kaishakunin, con su estilo Suio, las derrota a todas. Sólo la propia Sayaka sobrevive, y huye por el momento.

 

Poco después, el ronin mercenario y su pequeño son atacados por los hombres del clan Kurokawa. Ogami también los vence, dejando vivos sólo a tres (entre ellos el líder Ozunu). Pero durante la desigual contienda, el ronin ha sido gravemente herido. Ensangrentado y tambaleante, por la noche llega tirando del carrito hasta un pajar. Allí se echa para tratar de reponerse. El pequeño Daigoro es consciente de lo que sucede y cuida de su padre.

 

Entretanto, Sayaka y Ozunu, cuyos clanes han sido muy mermados, discuten acerca de cómo eliminar al Kozure Okami… A Ozunu se le ocurre la idea de secuestrar a su hijo Daigoro. Inicialmente a Sayaka esa proposición le parece rastrera y cobarde, pero finalmente acepta, pues “a Ogami Itto no es posible vencerle con métodos normales”…

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Comentario

 

La segunda parte de “Lone Wolf and Cub” también fue dirigida por Kenji Misumi. Apreciamos aquí muchas secuencias memorables, y una gran carga poética (además de filosófica) tanto en lo narrativo como en lo visual. Hay momentos de hiperbólica violencia (con chorros de sangre que manan a raudales) y también otros de gran ternura, como cuando Daigoro quiere ayudar a su padre herido que está semi-inconsciente tirado en el pajar. El pequeño camina hasta el lago cercano, toma agua en su boca y se la trae así al padre. También le lleva algo de comer, que ha tomado de una ofrenda a una imagen de Buda que hay en el camino. Pero como el niño ya es consciente de que se trata de algo sagrado, no quiere tomar la comida sin más, lo que equivaldría a “robar”, y se quita su chaqueta para dejarla allí a modo de “pago”… También es digna de ser destacada la escena en la que, tras el incendio del barco, Ogami y Daigoro llegan a tierra con Sayaka (Kayo Matsuo), que ha sido desarmada y reducida por Ogami. Una vez en el interior de un refugio, padre e hijo se desnudan quitándose la ropa mojada; tras lo cual Ogami se abalanza sobre Sayaka, al parecer con la intención de violarla… pero sólo quiere quitarle también a ella su ropa mojada y que los tres junten sus cuerpos para calentarse mutuamente… Al final, la dura y fría Sayaka, jefa de las asesinas ninjas e integrante del clan Yagyu que reía como una psicópata en su primera aparición, ya no tiene intención alguna de matar a Itto Ogami…

 

Al igual que Kamisori Hanzo (interpretado por Shintaro Katsu) ha instalado en su casa todo tipo de trampas para impedir que sus enemigos le sorprendan, Ogami también ha colocado en el carrito de Daigoro diversos dispositivos defensivos.

 

Mencionar también la escena en el desierto (tan reminiscente del italo-western), donde Ogami Itto se enfrenta a los tres tremendos hermanos que escoltan a Makuya.

FHP, 2015

Lone Wolf and Cub / Kozure Okami (Parte I): “La espada de la venganza” – Kenji Misumi, 1972

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El lobo solitario y su cachorro: niño y maestría de alquiler (V.O. Kozure Ōkami: Kowokashi udekashi tsukamatsuru / T.I. „Lone Wolf and Cub: Sword of Vengeance“)

Japón, 1972

Director: Kenji Misumi

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Kazuo Koike, Goseki Kojima

Intérpretes: Tomisaburo Wakayama (Itto Ogami), Akihiro Tomikawa (Daigoro), Tokio Oki (Retsudo Yagyu), Tomoko Mayama (Osen)

Música: Hideaki Sakurai

Argumento

El shogunato Tokugawa controla férreamente el Japón, pero las intrigas entre los diversos clanes que se reparten el poder hacen tambalear de vez en cuando la estabilidad. Para mantener la situación bajo control, el shogunato ha creado desde Edo varios organismos oficiales cuya misión es velar por el buen funcionamiento de las instituciones y el equilibrio entre los clanes. A esos aparatos estatales está supeditada la función de los espías (que hoy se llaman más frecuentemente agentes secretos), la de los ninjas (o integrantes de los cuerpos de élite) y la del kaishakunin shogunal, el verdugo supremo. La misión de éste último consiste en asistir a los nobles que hayan sido condenados por el shogun a practicarse el suicidio ritual del seppuku, cortándoles la cabeza de un certero tajo para evitarles el inmenso sufrimiento que implica tener que abrirse el vientre.

Itto Ogami, samurai de rancio abolengo y experto en el manejo de la espada con el estilo de la escuela Suio (Suiō-ryū) ostenta la dignidad de kaishakunin al inicio de ésta historia. Todo vestido de blanco (el color del luto en la tradición japonesa), ejerce solemnemente sus funciones de verdugo decapitando a nobles que han perdido la gracia del shogun. En las primeras escenas debe incluso decapitar a un niño, un pequeño príncipe que, guiado por su desolado preceptor, se aprieta una espadita de madera contra el vientre para remedar simbólicamente el acto del hara-kiri.

Una noche, mientras ora en el templo dedicado a aquellos que murieron por su espada, Ogami escucha un alarido proferido por su esposa: Azami, su mujer, acaba de ser asesinada. Un comando ninja huye de la casa tras la comisión del crimen. El pequeño Daigoro, de un año de edad, ha sobrevivido. Se trata sin duda de un ajuste de cuentas, piensa el kaishakunin. Itto Ogami jura dar caza a los asesinos de su mujer.

A la mañana siguiente, un funcionario llamado Bizen Yagyu llega con la intención de arrestar a Ogami. Le acusan de haber colocado el emblema shogunal en el templo de su casa dedicado a los muertos (lo que está destinado a traer mal agüero, pues ello implica que le desea la muerte al shogun). Los tres samurais que, según Bizen, ordenaron el ataque a su casa la noche anterior (matando a su esposa) y que seguidamente cometieron seppuku, eran seguidores de un daimyo que pereció ejecutado por Ogami. Supuestamente esos tres nobles acusan de traición al verdugo de la corte, por haber colocado el emblema Tokugawa en el templo morturio. Pero Ogami (que no ha hecho nunca tal cosa) sospecha inmediatamente que algo más oscuro y retorcido se esconde tras tales infames y falsas acusaciones…

Para la estupefacción del kaishakunin, en el Templo de la Muerte instalado en su propiedad se encuentra efectivamente el mon (emblema) de los Tokugawa. Ahora Bizen tiene la “prueba” que necesita para arrestarlo. Sin embargo, Ogami está convencido de que todo responde a una conspiración para hundirle, pergeñada por los Ura-Yagyu (una facción del clan Yagyu a la que pertenece el inspector Bizen, y que está comandada por su abuelo Retsudo). Los Yagyu son rivales de los Ogami y aspiran al puesto de kaishakunin. Por eso han urdido ese pérfido ardid: Su objetivo de desembarazarse del incómodo Itto Ogami para que uno de los suyos ocupe su lugar.

Ogami no está dispuesto a dejarse prender. Lucha a muerte contra los hombres de Bizen, matándolos a todos (incluído finalmente al propio Bizen).

Lo hasta ahora relatado corresponde a un flashback, que Ogami rememora mientras vaga por los caminos, estando desterrado, y manejando un carrito de madera a bordo del cual viaja su hijo Daigoro. El ex-kaishakunin busca ahora vengarse del clan Yagyu, especialmente de su líder Retsudo. Busca resarcimiento por el asesinato de su mujer, por la ruin acusación falsa, por la ignominiosa confabulación que le ha convertido en proscrito. De ser un dignatario oficial del shogunato, Itto Ogami ha pasado a convertirse en un mercenario, en un asesino a sueldo que viaja por todo el país empujando un carrito de bebé. Ahora se le conoce como Kozure Okami – Lobo Solitario.

A lo largo de su recorrido se encuentra con samurais y ronins que le reconocen, y que tienen encargos que hacerle: Matar a algún poderoso enemigo, o acabar con alguien que amenaza su clan… Un chambelán decide contratar los servicios del ex-verdugo para liquidar a cuatro desalmados individuos que a su vez han tramado una conspiración contra su daimyo. Para estar completamente seguro de que el hombre con el carrito es efectivamente el antiguo kaishakunin, el chambelán pide a dos de sus mejores hombres que le ataquen – sólo si sobrevive será el auténtico Ogami Itto. Mientras el que busca contratarle le explica el plan, Ogami es atacado por la espalda, pero a la velocidad de la luz elimina a los dos agresores sin inmutarse y sin ni siquiera volver la cabeza. El atónito chambelán ahora está seguro: Éste hombre sí es Ogami.

El verdugo-mercenario y su pequeño Daigoro se dirigen ahora a cumplir el encargo encomendado. Por el camino, ven a unas niñas jugando a la pelota. Ello trae un recuerdo a la memoria de Itto, que vemos a modo de flashback: Cuando Ogami fue víctima de la conspiración y la dignidad de kaishakunin le fue retirada, puso a su hijo de un año de edad ante una elección:

“Daigoro, tu padre ya ha elegido el camino que va a tomar. Es el camino del infierno. No voy a rendirme ante el shogun, sino que me voy a rebelar; viviré como fugitivo y no descansaré hasta vengar la afrenta que nos hicieron los Yagyu. Ahora ha llegado el momento de que elijas tú: Aquí hay una pelota y aquí una espada. Si eliges la pelota, te mandaré con tu madre. Pero si eliges la espada, vendrás conmigo y juntos recorreremos el camino del infierno. Seguramente no entiendes mis palabras ni lo que todo ésto significa, pero por tus venas fluye la sangre de los Ogami, deja que sea la sangre la que elija por tí. La pelota o la espada, elige Daigoro!!” El pequeño gatea hasta la espada. Su padre (orgulloso pero sombrío como siempre) lo toma en brazos y añade: “Has elegido el camino más duro. Habrías sido más feliz con tu madre…” ¡Colosal!

También recuerda Ogami como se negó a practicar el seppuku ante los enviados del shogun. Éstos fueron liquidados por su katana, y el ahora ronin abandonó junto a su hijo Daigoro sus propiedades para convertirse en proscrito. Antes, el maligno Retsudo (que consiguió para su clan el codiciado puesto de kaishakunin) propuso que uno de los suyos luchase en un duelo contra Ogami. Pero el Yagyu fue eliminado; tras lo cual padre e hijo se marcharon de Edo. La cuenta pendiente con Retsudo sigue abierta, pero de momento, a lo largo de sus periplos a través de Japón, Ogami se verá envuelto en otras peripecias…

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Comentario

Para cumplir su primera misión como mercenario, Ogami llega a un poblado que ha sido tomado por unos brutales forajidos. Por allí van a pasar los nobles que el chambelán ha indicado como sus objetivos. Los bandidos confiscan la espada de Ogami y lo recluyen a él y a Daigoro en una casa con otros viajeros que se encontraban allí de paso. Entre ellos se haya una bella prostituta y ladrona llamada Osen (Tomoko Mayama). El kaishakunin exiliado, frío como un témpano, imperturbable, hace todo lo posible para pasar inadvertido. No se deja provocar por los criminales (el más fanfarrón y agresivo de los cuales es un tal Monosuke) y permanece quieto e introspectivo… Espera que lleguen sus “clientes” aquellos a los que debe mandar al infierno…

Así comienza la historia de Itto Ogami, la excelente saga de seis películas del “Lobo Solitario y su cachorro”. Hace bastantes años ya ví la hexalogía al completo y me impactó profundamente, hasta el punto de despertar en mí un creciente interés por el Japón y por su historia, así como por las artes marciales (especialmente el kendo y el iaido, aquellas relacionadas con el manejo de la espada).

A destacar los excelentes diálogos, algunos de clara impronta nitzscheana (y espartana) y de una enorme profundidad; como la paterna alocución, antes señalada, de Itto a su pequeño Daigoro: “(…) por tus venas fluye la sangre de los Ogami, deja que sea la sangre la que elija por tí…”

Ésta primera parte, como las dos siguientes, está dirigida por el célebre Kenji Misumi, realizador de innumerables jidaigeki de grandísima calidad (entre ellas muchas de Zatoichi, mi otra saga predilecta del género). Tomisaburo Wakayama brilla dando vida al hierático e inmutable Ogami Itto. Su hermano Shintaro Katsu (el actor que da vida a Zatoichi) produjo ésta entrega.

FHP, 2015