Autostop sangriento – Pasquale Festa Campanile, 1977

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Autostop sangriento (V.O. Autostop rosso sangue, a.k.a. “Hitch-Hike”)

Italia, 1977

Director: Pasquale Festa Campanile

Género: Thriller, Road movie

Guión: Pasquale Festa Campanile (Basado en una novela de Peter Kane)

Intérpretes: Franco Nero (Walter), Corinne Cléry (Eve), David Hess (Adam)

Música: Ennio Morricone

Argumento

El alcohólico y pendenciero periodista italiano Walter Mancini y su mujer Eve recorren en caravana las áridas carreteras del oeste de los EEUU con dirección a Los Angeles. Por el camino se dedican a cazar, repostando también en una especie de campamento hippy. La relación entre ambos es de todo menos romántica y discuten con frecuencia, pero en el fondo se complementan.

Un día ven a un joven haciendo autostop al borde de la calzada. Eve es la que conduce, y Walter le dice a su mujer que ignore al extraño, pero ésta prefiere llevarle la contraria a su marido, y frena para recoger al autostopista… cometiendo así un error fatal, del que no tardará en arrepentirse.

El joven, muy simpático y educado al principio, se llama Adam; e inmediatamente nota la coincidencia de que el nombre de la mujer que lleva el volante sea Eve (“Adán y Eva”). Pronto, el nuevo pasajero comienza a tomarse demasiadas confianzas, y a proparsarse descaradamente con la atractiva conductora. Walter no está dispuesto a tolerarlo, y tras decirle a su mujer que frene, saca a golpes al incómodo entrometido del automóvil… Tiene lugar una pelea a puñetazos entre ambos, y cuando parece que el italiano lleva las de ganar, Adam saca una pistola: Obliga al matrimonio a meterse de nuevo en el coche indicando a sus ahora rehenes que le lleven hasta la frontera mexicana.

Escuchando la radio, Walter e Eve se enteran de que el “húesped” que se les ha acoplado es un fugitivo que acaba de cometer un atraco a un banco con otros tres cómplices. Al parecer Adam abandonó y traicionó a sus compinches, pues la totalidad del botín está en su poder: Una maleta con dos millones de dólares en efectivo.

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Walter (Franco Nero), Adam (David Hess) y Eve (Corinne Cléry)

Walter idea una estrategia para alertar a la policía de que están secuestrados en su propio coche: En un paquete de cerillas escribe un breve mensaje “S.O.S.”, con la intención de mostrarlo a agentes de retenes policiales o empleados de gasolineras. Pronto dos policías motoristas frenan el vehículo de los Mancini para identificar a sus pasajeros. Los tres que van a bordo reaccionan con calma y sangre fría, Adam luce una sonrisa de tranquilidad e inocencia, mientras que Walter muestra al agente lo garabateado en la caja de cerillas sin que el delincuente se percate… Pero Adam nota por la cara del policía que algo extraño sucede, y de inmediato acribilla a balazos a los dos agentes… frustando así el plan de Walter.

Poco a poco, la pareja rehén va conociendo el carácter desequilibrado y un tanto histriónico del criminal. Adam es un auténtico psicópata, y tiene además complejos narcisistas y megalomaníacos delirios de grandeza: Propone seriamente a Walter, que es reportero, que escriba un libro sobre su persona (como si fuera Al Capone, cuando en realidad no es más que un ratero del tres al cuarto). Walter le sigue la corriente, e incluso saca su grabadora para que Adam vaya narrando la historia de su vida.

Por la noche, Adam decide maniatar a Walter “para poder dormir tranquilo”… pero en realidad pretende inmovilizarlo para tener sexo con su mujer evitando que el periodista intervenga. Mientras está preparando la comida en el interior de la caravana, Eve se siente tentada de tomar la escopeta que allí se encuentra (y que Walter usaba para cazar), un arma de la que Adam ignora su existencia. Podría ser muy fácil: Tomar el arma y desembarazarse de la nefasta amenaza. Pero por algún motivo, ya sea cobardía o no saber bien cómo se maneja la escopeta, Eve no aprovecha esa oportunidad. Más adelante, estando su marido atado con las manos a la espalda, el peligroso delincuente se dispone a abusar de ella…

Se oyen disparos, el criminal cae al río cercano y dos nuevos personajes entran en acción: son los cómplices de Adam en el atraco. Ahora ya no es uno sólo, sino dos (una pareja de homosexuales), los delincuentes que mantienen a Walter e Eve como rehenes y chóferes para llegar a la frontera mexicana… Los atracadores viajan en el interior de la caravana, y creen que se han librado de Adam y que van a poder disfrutar de los dos millones de dólares… pero se equivocan…

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Comentario

Ésta película llena de acción y de trepidantes e intensos momentos tiene bastantes puntos en común con la excelente “Cani Arrabbiati” a.k.a. “Rabid Dogs” de Mario Bava rodada cuatro años antes (en 1974, siendo el último trabajo del “Hitchcock italiano” Mario Bava, uno de los indiscutibles padres del giallo). La historia de un criminal desquiciado y brutal que, en calidad de fugitivo toma como rehenes a gente corriente y pacífica para huir de la policía no es demasiado original, y ha sido repetida hasta la saciedad en la gran pantalla, pero pocas veces de manera tan acertada como en “Cani Arrabbiati” o en ésta “Autostop Rosso sangue” que hoy reseñamos.

Walter y su atractiva esposa, un matrimonio con sus cotidianas disputas pero sin graves problemas fuera de lo común, no podían imaginar la pesadilla que daría inicio al permitir la entrada en su vehículo de ese autostopista con aspecto de “simpático estudiante”… La moraleja aquí parece ser: “Las apariencias engañan” o “¡No recojan autostopistas!”

También se percibe una ligera influencia del cine de Sam Peckinpah (especialmente “Straw Dogs” o “Perros de Paja”, de 1971).

“Autostop Rojo Sangre”, así como los “Cani Arrabbiati” de Mario Bava; tienen todo lo que una buena road movie debería contener: acción, intriga, fugitivos, emoción, drama, tensión y violencia. Mucho mejor que la harto sobrevalorada y soporífera “Death Proof” (Quentin Tarantino, 2007).

El director del film Pasquale Festa Campanile (quien estuvo ligado sentimentalmente a la malograda Lilli Carati), realizó en 1981 la remarcable comedia dramática “Manolesta” (protagonizada por Tomas Milian), una conmovedora historia de un padre y un hijo, muy divertida y algo triste al mismo tiempo; y más interesante que la sobrevaloradísima “La vita é bella” (Roberto Benigni, 1997).

La pareja protagonista está interpretada por el gran Franco Nero (el Django de Sergio Corbucci) y la siempre erótica Corinne Cléry (de “Histoire d´O”, Just Jaeckin, 1975), a quien recientemente vimos en el giallo “E tanta paura” (Paolo Cavara, 1976) junto a Michele Placido y Eli Wallach. En el papel del psicopático Adam tenemos al norteamericano David Hess, quien tuvo el rol protagónico (también como loco peligroso) en “The last house on the left” (Wes Craven, 1972), así como en la versión italianizada “The house on the edge of the park” a.k.a. “La casa sperduta nel parco” (Ruggero Deodato, 1980).

La banda sonora de “Autostop Rosso Sangue” corre a cargo de un compositor que nunca decepciona: el genial Ennio Morricone.

FHP, 2015

Terror infinito – Paolo Cavara, 1976

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Terror Infinito (V.O. E tanta paura, a.k.a. “Plot of fear”)

Italia, 1976

Director: Paolo Cavara

Género: Giallo

Guión: Paolo Cavara

Intérpretes: Corinne Cléry (Jeanne), Michele Placido (Gaspare Lomenzo), Eli Wallach (Pietro Riccio)

Música: Daniele Patucchi

Argumento

Un rechoncho individuo adepto a juegos masoquistas es estrangulado en su casa por la prostituta que había encargado. Al mismo tiempo, una joven es asesinada a martillazos en un autobús del cual era la única pasajera. En ambas escenas del crimen, la policía encuentra lo que parecen ser dos cartas de una baraja, tal vez de un tarot.

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Lomenzo (Michele Placido, quien en los años ´80 se convertiría en protagonista de La Piovra)

El inspector Gaspare Lomenzo recibe la misión de investigar los casos. Las autoridades suponen que las dos víctimas se conocían y que ambas muertes están interrelacionadas. Lomenzo descubre que las cartas dejadas junto a los cadáveres corresponden a imágenes del libro didáctico infantil alemán “Der Struwwelpeter” (en italiano “Pierino Porcospino”, y en español “Pedro el Desgreñado”); una especie de recopilación de cuentos gráficos realizada por el educador y dibujante Heinrich Hoffmann en 1848 (por lo tanto, al ser un libro ilustrado, se trata de un  antepasado directo del comic) .

Las pesquisas del inspector le llevan a la conclusión de que el nexo entre ambas víctimas está en una organización llamada “Amigos de la Fauna”, a la que los dos asesinados pertenecían. Los miembros de ese “filantrópico” club ya disuelto acostumbraban a reunirse cada sábado en una mansión llamada “Villa Hoffmann” (como el autor del decimonónico libro infantil). El (ya fallecido) líder del grupo también se apellidaba Hoffmann.

Una prostituta, la que había estrangulado al cliente con tendencias masoquistas, es asesinada al borde de la carretera. Tras golpearla, la atan a un árbol, la rocían con gasolina y la prenden fuego. Una nueva carta de “Der Struwwelpeter” aparece junto a sus chamuscados restos.

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Riccio (Eli Wallach, el célebre Tuco de “El Bueno, el Feo y el Malo”)

Pietro Riccio es un “detective privado” que cuenta con un importante dispositivo electrónico y de videovigilancia. A él acuden múltiples clientes que precisan de seguridad y herramientas de control. Uno de los miembros de la sociedad “protectora de animales”, amigo de los muertos, busca contratar sus servicios. También el inspector Lomenzo le hace una visita, para recordarle que su actividad a espaldas de las autoridades estatales es ilegal, y que es su deber pasarle datos a la policía. (Por cierto: El nombre “Pietro Riccio”, o “Pedro Rizos”, es prácticamente una traducción literal de “Struwwelpeter”).

Pronto se comete un nuevo asesinato, ésta vez ante millones de personas: Otro de los integrantes del club recibe un disparo en la frente durante un debate telesivo, en directo ante las cámaras.

El inspector Lomenzo inicia un idilio con una vecina francesa, la fotomodelo Jeanne. Ésta le confiesa haber participado en una ocasión en uno de los encuentros de los “Amigos de la Fauna” en la Villa Hoffmann. El inspector ya intuía que en realidad esa asociación actuaba como tapadera, y lo que le cuenta Jeanne reafirma sus sospechas: En aquella reunión, los participantes se dedicaron a contemplar bizarras películas pornográficas de dibujos animados y a realizar juegos eróticos debajo de la mesa… Lo único que tenía que ver con animales en esa supuesta organización benéfica de “Amigos de la Fauna” era la presencia en el jardín de un tigre enjaulado. Entre los asistentes a la fiesta se encontraban varias prostitutas, una de ellas muy jovencita, que se llamaba Rosa. Tras consumir grandes cantidades de alcohol, sigue narrando Jeanne, los demás quisieron gastarle una broma a la chica y la portaron hasta la jaula del hambriento tigre, haciendo como que pensaban meterla dentro. Aterrorizada, la muchacha colapsó fulminada por un infarto. A la mañana siguiente vino el “protector” de Rosa a recogerla, un tal Agostino. A éste no le contaron en detalle el motivo de la muerte de la joven, y sólo le dijeron que había sufrido un ataque después de la cena…

Jeanne piensa que ese Agostino es el autor de los asesinatos, y que está matando a los miembros del club “Amigos de la Fauna” a modo de venganza, pues los considera responsables de la muerte de Rosa.

Los investigadores comprueban el historial de Agostino: Se trata de un delincuente habitual con un amplio currículum delictivo por robos, tráfico de drogas y proxenetismo. Se convierte así en el principal sospechoso por la cadena de asesinatos relacionados con las cartas de Hoffmann, y Lomenzo acude a arrestarlo. Encuentran a Agostino en el cementerio, llevando nuevas flores a la tumba de Rosa, pues ese día era el aniversario de su muerte.

Agostino es detenido, pero protesta y afirma ser inocente. Durante el trayecto a comisaría logra fugarse del coche en marcha, pero tras una persecución es alcanzado y reducido por Lomenzo… Ahora, los periódicos informan que “terminó la pesadilla” y que “el asesino de las ilustraciones” está finalmente tras las rejas…

Sin embargo, un nuevo crimen vuelve a cometerse. Agostino está en prisión, pero otro de los miembros del club de “Amigos de la Fauna” es arrollado por un camión y junto a su ensangrentado cadáver aparece nuevamente una carta con una ilustración del libro infantil de Hoffmann…

Lomenzo continúa investigando y empieza a suponer que Jeanne no le contó toda la verdad acerca de lo sucedido aquella noche en la reunión…

El detective se dirige junto a Jeanne a la ahora abandonada Villa Hoffmann, pues tiene una corazonada: decide controlar exhaustivamente las rejas de las jaulas (donde se transportaban tigres, panteras y otras bestias) y comprueba que las rejas pueden fácilmente sacarse y que son tubos huecos, que tienen capacidad para albergar pequeños objetos de contrabando. Lomenzo está cada vez más convencido de que los “Amigos de la Fauna” se dedicaban a sacar clandestinamente desde Sudáfrica diamantes y otras piedras preciosas, ocultas en el interior de los barrotes de las jaulas donde a su vez viajaban los animales…

Comentario

Éste giallo es uno de los pocos que dirigió Paolo Cavara, realizador de “La tarántula del vientre negro” (1971). Cuenta con la presencia de Eli Wallach, el mítico Tuco de “El Bueno, el Feo y el Malo” (Sergio Leone, 1966). Wallach interpreta en ésta ocasión al muy orwelliano Pietro Riccio. Como protagonista brilla, en el rol del napolitano inspector Lomenzo, el actor Michele Placido; quien participaría años más adelante en la excelente “Pizza Connection” (Damiano Damiani, 1985) y quien dirigiría la interesante “Romanzo Criminale”, un neo-polizziesco del 2005 basado en hechos reales. El papel de Jeanne recae en la francesa Corinne Cléry, conocida sobre todo por la erótica-softcore “Histoire D´O” (Just Jaeckin, 1975).

“E tanta paura” cumple su cometido de mantener en vilo al espectador y constituye una interesante muestra del suspense a la italiana. Como suele ocurrir, no se sabrá hasta el final quien es en realidad el asesino…

Digna de mención es la banda sonora de Daniele Patucchi, especialmente la música que se escucha en los momentos de tensión y acción.

FHP, 2015