Tu ley es lenta, la mía no – Stelvio Massi, 1979

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(Imagen: pianetacinema.com)

Tu ley es lenta, la mía no (V.O. Sbirro, la tua legge è lenta… la mia no!)

Italia, 1979

Director: Stelvio Massi

Género: Polizziesco

Guión: Marino Girolami, Vincenzo Mannino, José Sánchez

Intérpretes: Maurizio Merli (Comisario Ferro), Mario Merola (Raffaele Accampora), Francisco Rabal (Don Alfonso), Matilde C. Tisano (Eva)

Música: Stelvio Cipriani

Argumento

En Milán se están produciendo una serie de violentos homicidios. Varios hombres de negocios relacionados con el sector inmobiliario son asesinados. Entre ellos el profesor Guidi, que recibe varios disparos en su despacho; o el abogado Attardi, tiroteado por sicarios en plena calle.

El comisario Paolo Ferro, destinado en Francia, es llamado de vuelta a Milán para descubrir qué se oculta tras los sangrientos sucesos. A la estación acude a recogerle su fiel pero patoso ayudante Arrigo. Inicialmente los investigadores sospechan que la Mafia ha ordenado los asesinatos, pero Ferro no lo cree así. Sabe que Guidi, una de las víctimas, estaba estrechamente aliado con los clanes sicilianos.

El restaurador napolitano Raffaele Acampora es propietario de varias trattorías en Milán. A diferencia de la mayoría de los empresarios de la zona él no se deja extorsionar por el hampa. A unos matones que piensan cobrarle porcentajes a cambio de “protección” los echa a patadas. Y es que pocos saben que él mismo, en el pasado, fue un activo miembro de la Camorra. Entre quienes no ignoran éste hecho se encuentra el comisario Ferro, quien va a hacerle una visita para preguntarle si sabe algo de los asesinatos. Accampora tiene coartada, y Ferro se marcha prácticamente convencido de que el napolitano ha abandonado la senda del crimen.

En Milán, Ferro se hospeda en casa de su hermana. Ésta vive con su hijo universitario llamado Stefano, quien no parece tener mucha simpatía hacia la profesión de su tío.

El comisario se entera de que en un caserón a las afueras están teniendo lugar unas conversaciones de paz entre mafiosos sicilianos y gangsters marselleses, para poner fin a largos años de rivalidades y conflictos. Ferro acude allí y pone en evidencia a los franceses, al descubrir que en la máquina de coca-colas que había en la sala escondían varias pistolas con la intención de liquidar a los sicilianos a traición.

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Mannaja – Sergio Martino, 1977

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Mannaja (a.k.a. “A man called Blade”)

Italia, 1977

Director: Sergio Martino

Guión: Sergio Martino, Sauro Scavolini

Intérpretes: Maurizio Merli (Mannaja), John Steiner (Valler), Sonja Jeannine (Deborah)

Música: Guido & Maurizio De Angelis

Género: Western

Argumento

El cazarrecompensas Mannaja no sólo es un experto con el revólver; también es muy diestro en el manejo de un pequeño hacha que porta siempre consigo y usa como arma arrojadiza. Mannaja persigue a través de unos nublados y pantanosos parajes a un delincuente que está en busca y captura. Cuando finalmente lo atrapa, lo lleva al pueblo más cercano con la intención de entregarlo al sheriff local y cobrar el dinero que ofrecen por su cabeza.

Pero ese pueblo, al que Mannaja y el hombre por él detenido llegan en medio de una tormenta, carece de sheriff. Las leyes están allí reguladas por un poderoso magnate de la minería llamado McGowan. Su empresa explota inmisericordemente a los lugareños, que trabajan como esclavos en sus minas de plata.

En el saloon de la población, Mannaja tiene su primer encuentro con Valler, la mano derecha de McGowan. Valler es el líder de un nutrido grupo de pistoleros que controla a los mineros. Inicialmente, la única intención de Mannaja es entregar al fugitivo y cobrar la recompensa. Como Valler no está dispuesto a pagarle ni un centavo a cambio de su presa, Mannaja reta al lugarteniente de McGowan a una partida de cartas: 5000 dólares será la cantidad apostada. Cuando Valler insiste en ver los 5000 dólares de su contrincante, éste le señala a su detenido y le muestra el cartel de “se busca” en el que consta que ese el dinero que se paga a quien lo entregue. Valler sólo acepta porque está convencido de ganar gracias a sus trampas. Pero para su estupor Mannaja vence la partida, y se hace con el dinero. El perplejo Valler  ordena a sus esbirros que cosan a balazos al cazarrecompensas, pero éste reacciona velozmente y dispara a las manos de los pistoleros. Tras ello se marcha del saloon con 5000 dólares y su capturado. Valler no olvidará semejante ultraje…

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