La guerra de Troya – Giorgio Ferroni, 1961

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La guerra de Troya (V.O. La guerra di Troia)

Italia, 1961

Director: Giorgio Ferroni

Género: Peplum

Guión: Giorgio Ferroni, Ugo Liberatore

Intérpretes: steve Reeves (Eneas), Juliette Mayniel (Creusa), John Drew Barrymore (Ulises)

Música: Mario Ammonini, Giovanni Fusco

Argumento

Ya dura varios años el asedio a la ciudad de Troya por parte de los griegos. El conflicto estalló tras el rapto por parte de Paris, hijo del rey Príamo de Troya, de la bella Helena, esposa del rey espartano Menelao. En honor a la verdad, más que de un rapto se trató de una fuga, pues la joven se marchó con el príncipe troyano por voluntad propia. Una alianza entre los pueblos de la Hélade, dirigida por valerosos guerreros como Aquiles, Ulises o el propio Menelao; se formó para atacar Troya y devolver a Helena a su legítimo marido.

Héctor, uno de los máximos comandantes troyanos, es también hijo del rey Príamo y por tanto hermano de Paris. Tras matar en combate a Patroclo, gran amigo de Aquiles; Héctor es muerto por Aquiles. El desolado Príamo desea recuperar el cadáver de su vástago para poder sepultarlo con todos los honores, y parte personalmente hacia el campamento griego para negociar con Aquiles al respecto. Le acompaña su yerno Eneas, esposo de su hija Creusa y cuñado del caído (así como de Paris). Inicialmente reticente, Aquiles accede a entregarle al viejo rey el cuerpo de su hijo. Pero el caudillo aqueo pretende conservar la armadura que le arrebató a su contrincante a modo de trofeo. Para recuperar también ésta y devolvérsela a la viuda de Héctor, Eneas se ofrece a competir en una pelea contra el más fornido de los luchadores griegos, el coloso Áyax. Tras vencerlo, Aquiles le dice a Eneas que por fin sabe que en Troya tiene un enemigo digno de él.

El noble Eneas desea que finalmente llegue la paz entre griegos y troyanos, tras una larga guerra que no lleva a ninguna parte. Eneas está sumamente disgustado ante la actitud del arrogante Paris (ahora máximo comandante troyano, sólo por debajo de su padre el rey) y la pérfida e intrigante Helena; y considera que con su adulterio ellos son los responsables de la sangre vertida en esa estúpida contienda. Pero aunque su convicción personal le empuje a buscar una negociación para el fin de la guerra, Eneas debe obedecer a su suegro Príamo; y éste (influenciado por Paris) ordena que continúen los preparativos militares. En realidad, Príamo no hace más que defender su amurallada ciudad, pues los atacantes son los griegos, quienes sin éxito tratan desde hace años de entrar.

Poco a poco se van acabando los recursos y los soldados. A Eneas se le encarga la misión de partir en busca de refuerzos. Pero para que Eneas pueda traer más guerreros desde la Frigia, los troyanos necesitan ganar tiempo. Es por ello que solicitan una tregua a los griegos. Paris en persona acude a visitar a los aqueos y se entrevista con Aquiles, Ulises y Menelao. Está dispuesto a entregarles cuatro carros repletos de oro para que acepten la tregua. El gran estratega Ulises propone que además los troyanos les entreguen grandes cantidades de madera, así como diez rehenes, que serán retenidos por los griegos como garantía de que la tregua no será traicioneramente rota. “Al menos uno de los rehenes deberá ser de tu familia directa” dice Ulises. Paris acepta el trato. Cuando se retira, Aquiles y Menelao preguntan a Ulises para qué quiere tanta madera. El astuto rey de Ítaca, futuro protagonista de la Odisea, tiene un plan…

Cuando la tregua ha sido acordada, Eneas parte rumbo a Frigia para buscar refuerzos. Ignora que su esposa Creusa está embarazada. Paris, aconsejado por Helena, decide que su hermana Creusa sea uno de los rehenes que se entregarán a los griegos. Mientras tanto, Ulises va instruyendo a sus hombres para que con la madera vayan construyendo un gigantesco caballo (hueco por dentro). Los troyanos que contemplan ésto desde sus murallas, imaginan que se trata de una ofrenda a los dioses.

Eneas retorna antes de lo esperado, trayendo consigo un enorme destacamento de soldados dárdanos. Alarmados, los griegos deciden que hay que frenar a Eneas antes de que logre entrar en Troya. Aquiles, sin embargo, se opone a atacar a Eneas, pues ello supondría romper la tregua. Aquiles no quiere cometer el deshonor de traicionar un pacto, pero Ulises es más pragmático… Se produce una monumental batalla a las puertas de Troya entre Eneas y sus dárdanos y los guerreros aqueos. A éstos últimos se suman los mirmidones de Aquiles.

Finalmente llega el momento de la lucha cuerpo a cuerpo entre Eneas y Aquiles. Mientras ambos pelean, una flecha lanzada por Paris se clava en el talón del rey griego. Ese era el único punto débil de Aquiles (un semidivino hijo de un mortal y una diosa), y así muere el héroe heleno. Paris se jacta de haber acabado con el máximo comandante enemigo, pero en realidad el mayor mérito es de Eneas. Éste se entera de que su esposa Creusa ha sido entregada como rehén y consigue liberarla. Pero Paris contempla a su cuñado como un estorbo y un potencial rival, y toma la decisión de someterlo a una especie de tribunal militar con la excusa de no haber obedecido sus órdenes.

Al mismo tiempo, se va cristalizando el plan trazado por Ulises: Los mejores soldados griegos se esconderán dentro del caballo hueco de madera. Ulises y los demás fingirán una retirada, marchándose a sus barcos en la costa. Cuando los troyanos ven que los griegos ya no están y que sólo han dejado el caballo donde antes estaba su campamento, piensan exultantes de gozo que sus enemigos se han rendido, que el asedio ha terminado, y que al fin han ganado la guerra. Paris da la orden de entrar el gigantesco caballo dentro de la ciudad, a modo de trofeo. Pero Casandra, la adivina, ha profetizado que ello les acarreará una inmensa desgracia…

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Comentario

Aunque la película “La Furia de Aquiles” (Marino Girolami, 1962) es de un año más tarde, ésta “La Guerra de Troya” puede considerarse como su continuación, en lo que a la historia lineal del conflicto greco-troyano respecta. “La Furia de Aquiles”, con Gordon Mitchell en el papel principal, termina cuando el rey de los aqueos mata a Héctor; y el film que hoy nos ocupa empieza precisamente tras ese suceso.

Si el largometraje de Girolami está visto desde la perspectiva de los griegos, “La Guerra di Troia” tiene como protagonista al troyano Eneas, interpretado por Steve Reeves (“Hércules”, Pietro Francisci, 1958). Eneas, con su carácter pacifista, se opone a una guerra inútil y se indigna con su cuñado Paris y la adúltera Helena. Pero por su honor de troyano, combate valientemente contra los invasores griegos, si bien lo que en realidad preferiría sería vivir tranquilamente con su esposa Creusa y el hijo común que ambos esperan.

Si tras la guerra de Troya Ulises se embarcó para retornar a sus tierras junto a Penélope y vivió las aventuras narradas por Homero en “La Odisea”, Eneas también se hizo a la mar rumbo a occidente, llegando hasta costas itálicas (lo que está descrito en “La Eneida”). Él sería así el mítico antepasado de Rómulo y Remo, los legendarios fundadores de Roma. Ese mismo año de 1961, Steve Reeves daría vida a Rómulo en la épica Romolo e Remo de Sergio Corbucci. Ese Rómulo tiene en la película un carácter idéntico (amante de la paz y la tranquilidad) al de su antepasado Eneas en éste film; Steve Reeves interpretó en 1961 prácticamente el mismo papel en ambas películas: el del primer rey de Roma y el de su antepasado troyano.

FHP, 2015

Rómulo y Remo – Sergio Corbucci, 1961

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Romolo e Remo

Italia, 1961

Director: Sergio Corbucci

Género: Peplum

Guión: Sergio Corbucci, Sergio Leone, Ennio De Concini, Duccio Tessari

Intérpretes: Steve Reeves (Rómulo), Gordon Scott (Remo), Virna Lisi (Julia)

Música: Fabio Frizzi

Argumento

Dos bebés en el interior de un canasto son depositados en un río por su madre, que parece estar huyendo de alguien. La corriente se los lleva a tiempo, antes de que los perseguidores alcancen a la mujer. El canasto con los niños navega a la deriva por el río hasta llegar a una orilla, donde una loba recoge a los pequeños. Ésta se hace cargo de ellos como si fueran cachorros suyos. Pero un día, un pastor mata a la loba y encuentra a los dos hermanos, llevándoselos con él y criándolos como sus hijos: Los niños crecerán hasta convertirse en los legendarios Rómulo (Steve Reeves) y Remo (Gordon Scott).

Rómulo y Remo viven como pastores en la comarca itálica de Alba Longa, regida por el despótico rey Amulio. Las arbitrariedades de ese monarca se hacen cada vez más insoportables para el pueblo humilde. Los dos hermanos comienzan a gestar una rebelión para deponer al tirano.

En Alba Longa se celebran por aquellos días las fiestas en honor del dios Pan. A esos eventos ha sido invitada Julia, la hija del rey de los sabinos, quien está por casarse con Curzio, el designado sucesor de Amulio. Rómulo y Remo acuden a presenciar los festejos. El apuesto Rómulo se fija de inmediato en la bella Julia, y decide que la hermosa princesa deberá ser suya.

Los hermanos planean robar los caballos del tirano Amulio durante unas carreras que están por tener lugar en el marco de las festividades del dios Pan. Rómulo participa en esas carreras para distraer a los soldados, mientras que Remo y los demás se hacen con los equinos. En medio del caos que estalla después, Rómulo toma a Julia y se la lleva consigo. La princesa sabina hace como que se resiste, pero en realidad también ella se siente atraída por el forzudo pastor. Sin embargo, a Remo no le parece bien que su hermano haya raptado a la princesa, pues eso puede poner contra ellos también al vecino reino de los sabinos.

Curzio y sus hombres buscan a Julia y localizan la choza donde la joven se encuentra junto a Rómulo. Éste es reducido por los soldados y Curzio se dispone a ensartarlo con su espada, pero Julia le ruega que la vida le sea perdonada, y que sea el rey Amulio quien decida su suerte. Así, Rómulo es llevado preso a Alba Longa, donde será torturado en una mazmorra. Amulio tratará sin éxito de hacerle hablar para que revele el paredero de sus caballos y el lugar donde se ocultan sus cómplices.

La vestal Rea Silvia observa a través de una ventana cómo martirizan al fornido joven. Amargas lágrimas brotan de sus ojos: Pues ella ha reconocido a Rómulo como uno de sus hijos, uno de los dos bebés que depositó hace años en el río. Al estar Rea Silvia consagrada como sacerdotisa a la diosa Vesta, le estaba vetado conocer varón y tener descendencia. Pero el padre de Rómulo y Remo, aquel que engendró en el vientre de la vestal la simiente de la vida, no era un mortal sino un dios. En su juventud, Rea Silvia fue pretendida por el tirano Amulio, pero ella prefirió consagrarse a Vesta para evitar casarse con él.

Durante la huída con los caballos robados, el pastor que recogió a los hermanos de la madriguera de los lobos (y al que Rómulo y Remo consideran su padre) es herido por una flecha envenenada. Agonizante, el hombre expone a Remo la verdad, haciéndole saber antes de expirar que no es él su auténtico progenitor.

En ausencia de su hermano, el iracundo Remo toma la determinación de convertirse en el líder de la tribu. Él considera su derecho indiscutible comandar la rebelión contra el despótico régimen de Amulio. Es el suyo un auténtico espíritu de caudillo guerrero. Remo y los suyos se disponen a liberar a Rómulo y parten rumbo a Alba Longa. Allí va a tener lugar la ejecución pública del reo, para conmoción y congoja de su madre rea Silvia y la princesa Julia. El malherido Rómulo es dejado en la arena junto a un hambriento oso, para regocijo del público ansioso de presenciar un sagriento espectáculo. Pero ante la estupefacción de todos, Rómulo vence a la bestia. Rea Silvia aprovecha para interceder por la vida de su hijo, pero en un ataque de furia el tirano Amulio la apuñala sin contemplaciones. En ese momento hacen su aparición Remo y los demás, que liquidan al déspota e inician una feroz batalla contra sus tropas. Alba Longa arde. Julia decide por voluntad propia irse con Rómulo, pues no ama a Curzio, el general con el que su padre la había prometido.

Rea Silvia, que ha sido herida por el tirano, muere en brazos de sus dos hijos, no sin antes explicarles que descienden del troyano Eneas, y que son de linaje divino. La vestal les revela la profecía según la cual ellos están destinados a fundar “entre siete colinas” y “más allá de la Montaña de Fuego” una gran ciudad que extenderá sus dominios por el orbe, una ciudad eterna…

Tras enterarse de la defenestración de Amulio y el “secuestro” de su hija, el rey sabino comienza a perseguir encarnizadamente a los rebeldes, asesorado por Curzio.

Al mismo tiempo, comieza una rivalidad fratricida entre Rómulo y Remo, que podría tornarse contraproducente para la causa común de establecer un reino de justicia en la península itálica. El impulsivo y vehemente Remo quiere ser a toda costa el único líder de la tribu. Pero los auspicios de los dioses han decidido que el jefe sea Rómulo, de carácter más tranquilo y pacífico. Para evitar nuevas peleas y confrontaciones, la tribu decide separarse en dos bandos comprometidos a apoyarse y colaborar mutuamente; cada uno de esos grupos dirigido por uno de los dos hermanos.

Entretanto, el rey sabino padre de Julia, acompañado por Curzio, el designado sucesor de Amulio (ambos a la cabeza de un vasto ejército), va pisándoles los talones a los rebeldes liderados por Rómulo y Remo…

Comentario

Éste peplum histórico-mítico narra la leyenda de los hermanos Rómulo y Remo y la fundación de Roma, la ciudad eterna. Los dos héroes están interpretados por los norteamericanos Steve Reeves (culturista protagonista de películas sobre Hércules) y Gordon Scott (actor que dió vida al selvático Tarzán y al griego Maciste en varias ocasiones). Condenados al ostracismo por Hollywood, ambos actores estadounidenses residieron durante años en Italia, participando habitualmente en la industria cinematográfica del país transalpino.

Director de éste épico peplum es el gran Sergio Corbucci, realizador ese mismo año de 1961 de la interesantíma “Maciste contro il vampiro” (que cuenta también con Gordon Scott). El romano Corbucci alcanzaría la fama unos años después dirigiendo excelentes italo-westerns (como su tocayo y paisano Sergio Leone).

Sergio Leone (quien también dirigió en sus comienzos algún que otro peplum), participó en el guión de ésta película, escribiendo los diálogos. Una bellísima Virna Lisi interpreta a la princesa sabina Julia.

FHP, 2015

 

Hércules – Pietro Francisci, 1958

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Hércules (V.O. Le fatiche di Ercole)

Italia, 1958

Director: Pietro Francisci

Género: Peplum, aventuras

Guión: Pietro Francisci, Ennio di Concini

Intérpretes: Steve Reeves (Hércules), Sylvia Koscina (Iole)

Música: Enzo Masetti

Argumento

Hércules de Tebas (Steve Reeves) se encuentra viajando rumbo al reino de Jolco. Ha sido contratado por el monarca Pelias, como entrenador de su hijo y heredero Ifitos. Una chica que trata infructuosamente de domar un carro de caballos desbocados se cruza en su camino, y Hércules la salva de una muerte segura. La joven resulta ser la princesa Iole (Sylva Koscina), hija del rey Pelias.

De camino a su patria, Iole le cuenta al robusto héroe la desventurada historia de su familia: Siendo ella aún una niña, su tío el rey Esón, hermano de su padre, fue asesinado una noche en palacio cuando se encontraba de visita en Jolco. Tras el crimen, el sabio Quirón y Jasón, hijo del asesinado, desaparecieron sin volver a tenerse noticia de ellos, así como también el Vellocino de Oro. Iole sospecha que Quirón fue el autor de la muerte de su tío, y que se llevó consigo a su primo Jasón y al preciado tesoro. Pero Hércules intuye que el viejo Quirón, preceptor suyo, es inocente, y sugiere que el responsable es el propio rey Pelias (cosa que Iole se niega a aceptar).

A Pelias la sibila ha profetizado que su reino corre peligro, y que debe cuidarse de un hombre que llegará ante él con una sola sandalia… Hércules comparece ante el soberano, en compañía de su hija la princesa (Pelias observa sus pies con inquietud, pero ve que calza dos sandalias en sus pies). El trabajo del semidios consistirá en enseñar a Ifitos, primogénito del monarca y hermano de Iole, las artes de la guerra y el combate. Ifitos es un joven arrogante e impertinente, que reacciona con soberbia ante su designado maestro. Al insolente príncipe Hércules le baja pronto los humos, pues le demuestra que no es tan diestro en el lanzamiento de disco como él creía.

En Jolco, una bestia sanguinaria comienza a hacer estragos: Se trata del León de Nemea, que ha devorado a varios niños locales. Hércules se dispone a neutralizarlo, y el insolente Ifitos insiste en acompañarle, probablemente porque quiere ver derrotado al vigoroso vástago de Zeus. El león ataca al príncipe y lo hiere fatalmente. Hércules logra vencer al león con su prodigiosa fuerza, pero su protegido Ifitos, de cuya vida era responsable, expira. Hércules lleva el cadáver del joven ante su desolado padre el rey. Éste le responsabiliza de lo sucedido y le encarga una misión que nunca nadie ha logrado jamás cumplir: Matar al toro de Creta.

Hércules parte para llevar a cabo el encargo de Pelias. Tras grandes avatares y una encarnizada lucha, el coloso acaba con la bestia, salvando al anciano Quirón y a Jasón, quien se encontraban retenidos por el Toro de Creta. Quirón, que había sido malherido por el monstruoso toro, muere poco después sin revelar el nombre del asesino de Esón, hermano del rey de Jolco y padre de Jasón. El Vellocino de Oro ya no lo tienen ellos.

Hércules y Jasón retornan a Jolco tras la misión cumplida. Ahora Pelias tiene un heredero para el trono, su sobrino. En el camino Hércules y Jasón ayudan a una mujer y sus pequeñas hijas a cruzar un arroyo, y en esa ocasión el sobrino de Pelias pierde una de sus sandalias arrastrada por la corriente… Cuando ambos llegan a la corte de Jolco, Jasón calza sólo una sandalia, y el rey recuerda la profecía de la sibila.

Jasón propone ir en busca del Vellocino de Oro, y varios miembros de la corte se ofrecen a acompañarle, entre ellos Argos, Cástor y Pólux, y el propio Hércules. El decrépito y abatido Pelias no tiene más remedio que autorizar la expedición. Pelias tiene un consejero enigmático y siniestro, que especula con la posibilidad de convertirse en su sucesor en lugar de Jasón. Ese consejero parte con los Argonautas como un miembro más de la tripulación con el propósito de sabotear la misión.

Nuevas aventuras aguardan a Hércules y a sus compañeros, que en busca del Vellocino de Oro harán escala en la isla de las amazonas; las tan atractivas como viperinas mujeres guerreras…

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Comentario

Éste film de Pietro Francisci es uno de los primeros peplum italianos inspirado en las aventuras del mitológico Hércules. Su éxito daría lugar a toda una serie de secuelas donde el musculoso héroe de la Hélade es el personaje principal; películas éstas dirigidas por los más variopintos realizadores y protagonizadas por diversos forzudos del celuloide.

El culturista natural estadounidense Steve Reeves encarna muy acertadamente a Hércules, “cuya mirada es pura como la luz del Sol”. Si bien no tan fornido (tal vez por ser más alto) como su rival y colega de los “sword and sandals” Reg Park, Reeves tiene de igual manera un físico envidiable y muy bien proporcionado, de acuerdo al ideal grecolatino.

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La bella greco-polaca Sylva Koscina (nacida en Croacia y naturalizada italiana) interpreta a la princesa Iole, enamorada de Hércules.

Lamentablemente, la película no muestra de manera fidedigna los trabajos de Hércules, que fueron 12, y se concentra más en la historia de Jasón y los Argonautas. Aún así “Le fatiche di Ercole” resulta una aceptable cinta de aventuras, si bien en mi opinión no está a la altura de la muy infravalorada “Ercole alla conquista di Atlantide” rodada tres años después con Reg Park en el papel protagónico.

FHP, 2015

El ladrón de Bagdad – Arthur Lubin, 1961

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El ladrón de Bagdad (V.O. Il ladro di Bagdad)

Italia, 1961

Director: Arthur Lubin, Bruno Vailati

Género: Aventuras

Guión: Augusto Frassinetti

Intérpretes: Steve Reeves (Karim), Giorgia Moll (Amina)

Música: Carlo Rustichelli

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Argumento

En Bagdad y alredores tienen lugar las andanzas de un hábil y astuto ladrón llamado Karim, de corazón generoso, que reparte su botín con los más necesitados.

El sultán de Bagdad, hombre distraído que casi parece afectado por una especie de precoz demencia senil, está a punto de entregar la mano de su bella hija Amina al príncipe Osman, un poderoso y ambicioso noble. Karim se ha infiltrado en el palacio del sultán precisamente cuando el príncipe llega a la corte para conocer a su futuro suegro. Así, el ladrón deja fuera de combate al importante huésped y ocupa su lugar haciéndose pasar por él.

Amina ve al recién llegado, hombre atlético y bien parecido, y enseguida se enamora de él. El impostor aprovecha para robar joyas, alhajas y objetos valiosos a los presentes, mientras les hace obsequios para distraerles. Cuando el visir y los demás nobles de la corte se dan cuenta del engaño y de que el príncipe había sido suplantado, Karim ya ha emprendido su huída. Pero antes de dejar el palacio, tiene la oportunidad de ver de cerca a la princesa en sus aposentos, y queda prendado de ella. Tienen una breve oprtunidad de cruzar unas palabras, tras lo cual Karim se aleja para evitar ser capturado.

Un misterioso djinn, o espíritu benigno, con la forma física de anciano sabio venerable, acompaña y guía al apuesto ladrón. Karim es muy popular entre la gente humilde de Bagdad. El fruto de sus robos siempre lo comparte con los más pobres.

La princesa, que cree todavía que su designado prometido es el galán que la visitó furtivamente en su estancia, se lleva una gran decepción cuando descubre que el auténtico príncipe es otro. Osman no es viejo ni decrépito, pero tampoco es tan atractivo como Karim, ni irradia su carisma y bondad. Ante su padre el sultán, Amina rechaza a Osman en las narices de éste; lo que el príncipe considera una flagrante humillación. “Yo defenderé Bagdad…” comienza Osman “Cómo vas a defender Bagdad si nisiquiera te has sabido defender del ladrón que te suplantó?” repone Amina. Pese a esa afrenta, Osman se dispone a conseguir la mano de la princesa a toda costa. Pero no por estar enamorado de ella, sino porque aspira al poder; a convertirse en el siguiente sultán de Bagdad. El sultán reacciona diciendo que la boda se celebrará cuando su hija se enamore de su prometido.

Karim vuelve a realizar arriesgadas visitas nocturnas a Amina. Ambos se aman, pero saben que su relación es imposible. En una de esas ocasiones, Karim es descubierto por los guardias en las inmediaciones del palacio y apresado. Lo mandan a trabajar como esclavo haciendo girar las ruedas de un molino.

Uno de los consejeros de Osman le propone un método de ganarse a la princesa (y de esa forma el trono de Bagdad ) sin necesidad de derramamiento de sangre: Una poción mágica hará que se enamore del hombre que se la de a beber. Pero ello entraña un riesgo, pues si la mujer ya está enamorada de otro, tras beber el mejunje puede morir. Como Osman no sospecha que el corazón de Amina ya pertenece a otro, acepta que la idea sea implementada.

Amina enferma fatalmente, y ningún médico de la corte la puede curar. La noticia llega a oídos de Karim, y éste traza un plan para escapar de su cautiverio. El djinn benigno se aparece ante el sultán como mago, y ante la estupefacción del visir y los demás presentes, afirma que lo único que puede sanar a Amina es una rosa azul. El hombre que traiga para ella una rosa azul está destinado a desposarla.

El sultán, en su desesperación por ver a su hija recuperada, acepta promulgar un decreto convocando a todos los hombres de Bagdad a que partan en busca de la rosa azul, la “Flor Inexistente”. Ésto enfurece a Osman, a quien le había sido prometida la mano de la princesa desde el principio. Karim logra liberarse, y vestido de azul como los demás candidatos, se presenta ante el sultán para participar en la expedición. Ésto ofusca todavía más al príncipe Osman, que no comprende como a un vulgar ladrón e impostor se le permite participar en tal misión. Pero el sultán no tiene nada que objetar y confía en la buena voluntad de Karim.

Así, los candidatos a casarse con Amina parten a través del desierto en busca de la enigmática flor. El pérfido Osman intentará mediante sucias tácticas sabotear los avances de sus competidores, y Karim se enfrentará a numerosos peligros (árboles cuyas ramas cobran vida cual tentáculos…) y a mágicas aventuras (una especie de “Circe” tratará que retenerlo junto a sí, la tentadora Kadeejah…)

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Comentario

En ésta ocasión, el musculoso galán Steve Reeves, célebre como Hércules y uno de los más destacados protagonistas de peplums, encarna a un “Robin Hood” de “Las Mil y Una Noches”. “El Ladrón de Bagdad” está basada en una de las historias narradas por Shehrezade en el famoso y medieval compendio de cuentos árabes (entre los que destacan el de Alí Baba y los 40 ladrones, Sinbad el Marino, etc).

La propuesta conjuga de manera fresca y amena excitantes aventuras, exotismo, drama y fantasía con notas de comedia, resultando así fiel al espíritu original de los relatos de “Las Mil y Una Noches”. Sólo falta un toque de erotismo; pues las relaciones amorosas son demasiado castas, recatadas y sin toques picantes, muy “para toda la familia”. La hermosa Giorgia Moll interpreta a la princesa Amina.

“El Ladrón de Bagdad” fue rodada en Túnez, y dirigida por el norteamericano Arthur Lubin (ya en esa época un veterano tras las cámaras, que había llegado a realizar películas mudas) y el italiano Bruno Vailati.

El tema de “Las Mil y Una Noches” sería años después retomado por Pier Paolo Pasolini en su “La Fiore delle Mille e Une Notte” (1974), rodada en Yemen. Pasolini se inspiraría en otros cuentos de la célebre recopilación, empleando además para su película un estilo diferente.

FHP, 2015

El Diablo Blanco – Riccardo Fredda, 1959

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El diablo blanco (V.O. Agi Murad il diavolo bianco, a.k.a. “The White Warrior”)

Italia, 1959

Director: Riccardo Freda

Género: Aventuras, drama, histórica

Guión: Gino De Santis

Intérpretes: Steve Reeves (Murad), Giorgia Moll (Sultanet), Renato Baldini (Ahmed Khan)

Música: Roberto Nicolosi

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Argumento

Alrededor de 1840, el Zar Nicolás I de Rusia se encuentra en guerra con algunas tribus de las montañas del Cáucaso. Una de las figuras más carismáticas entre los líderes de los rebeldes es Hadji Murad, conocido como el Guerrero Blanco; famoso por su audacia y su astucia, temido y respetado por amigos y enemigos.

El príncipe Sergei dirige la campaña contra los insurrectos desde su cuartel en Tbilisi (Tiflis), Georgia. La esposa de éste es la atractiva Maria, a la que su padrino el Zar desea apasionadamente. El Monarca envía a su ahijada como emisaria al Cáucaso, para hacer saber al príncipe Sergei su intención de llevar a cabo negociaciones de paz con los montañeses.

Los rusos ofrecen el cese de hostilidades a los pueblos del Cáucaso, a cambio de que éstos acepten someterse a la soberanía del Zar.

La caravana en la que viaja la princesa Maria es detenida por Hadji Murad y los suyos. Al comprobar que los rusos no vienen con intenciones aviesas, los rebeldes les permiten continuar su viaje. Maria queda hondamente impresionada por la personalidad y la imponente presencia del galán Hadji Murad.

Los clanes y pueblos del Cáucaso que se levantan contra los rusos están representados por la figura del anciano rey Shamil. Éste necesita un sucesor, y hay varios candidatos entre los jefes tribales. Hadji Murad, dinámico y popular, es el más idóneo; pero tiene un importante rival en Ahmed Khan, un poderoso comandante de carácter mezquino y rastrero, que además pretende casarse con la hermosa Sultanet, que ama a Murad.

Ahmed trata siempre de sabotear las iniciativas de Murad, y secretamente desea su perdición. Comienza así a conspirar contra él, lo cual abre una brecha cada vez más grande entre las diversas tribus caucasianas que combaten a los rusos. Sergei es consciente de eso y piensa usar a Ahmed, pero también sabe que sólo Hadji Murad será capaz de liderar a los pueblos montañeses ya que goza de gran prestigio entre su gente.

Murad y Sultanet se aman, pero Ahmed interfiere hostigándola a ella y tratando de presionarla para que se case con él. Murad tiene un hijo de una primera mujer (que falleció en el parto). El pequeño Yusuf está al cuidado de Sultanet y su padre Aslan Bey, un venerable jeque.

Un día, cuando Murad y su amada reposan plácidamente en el bosque , son atacados por un destacamento ruso. Sultanet logra escapar a caballo, pero Murad es herido y hecho prisionero. Se ha consumado la traición de Ahmed Khan, que había revelado a los rusos el paradero de su rival para quitárselo de encima. Pero los rusos no albergan la intención de matar al flamante caudillo montañés. Por el contrario, el príncipe Sergei busca persuadirlo de que acepte las condiciones para la “Pax Russica” propuesta por el Zar.

Hadji Murad es tratado de sus heridas por médicos rusos en el cuartel general de Tiflis, donde también se encuentra la princesa Maria. Mientras tanto, Ahmad ha extendido entre los pueblos caucásicos el rumor de que Hadji Murad se ha convertido en un “colaboracionista” al servicio de San Petersburgo, de que se ha vendido al enemigo. Las calumnias son creídas por algunos, pero no por Sultanet, que sabe la verdad (pues estaba ahí cuando los rusos se llevaron preso a Murad). Sin embargo, Ahmed ejerce una influencia creciente sobre el senil rey Shamil, y éste termina dando crédito a sus ponzoñosas mentiras.

Murad languidece en su cautiverio, ignorando tercamente los constantes intentos del príncipe Sergei por hacerle firmar la paz. El Guerrero Blanco trata de escaparse, y llega hasta los aposentos de la princesa Maria, una “admiradora secreta” suya. Maria intenta mediar ante su esposo para que libere a Murad. Pero Sergei, que comienza a ponerse celoso, decide torturar al aguerrido líder tribal para forzarle a claudicar.

Entretanto, Ahmed está ahora a la cabeza de las tribus, sólo por debajo de la muy simbólica figura del decrépito rey Shamil (al que maneja a su antojo).

Cuando Murad se entera, al recibir una carta de Sultanet, de que ha sido víctima de una conspiración urdida por Ahmed, monta en cólera y la idea de un pacto con los rusos (para salvarse no sólo él mismo, sino también a su pueblo) ya no le parece tan descabellada…

El brutal Ahmed, por su parte, quiere exterminar la estirpe de su rival, y por ello condena a muerte al niño Yusuf, hijo de Murad. Sólo la intercesión de Sultanet (quien desesperada se ofrece a casarse con el villano para que éste perdone la vida del pequeño) logra salvarlo. “Bien pensado, nos será más útil como rehén” dice el malvado.

Hadji Murad debe tomar una crucial decisión, pues la paz o la guerra dependen de él…

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Steve Reeves (1926-2000)

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Giorgia Moll (1938-)

Comentario

“El Diablo Blanco” es una amena película de aventuras con pinceladas históricas y toques de drama basada en una novela de Leon Tolstoy (quien a su vez se inspiró en hechos reales).

El auténtico Hadji Murad (1792-1852) fue un caudillo tribal ávaro del Daguestán, que lideró a rebeldes chechenos y daguestaníes contra el Imperio Ruso. La novela de Tolstoy que narra sus andanzas fue escrita alrededor de 1904, pero no salió a la luz hasta 1912 (fue publicada a título póstumo, y se trata de la última obra literaria del famoso escritor ruso).

Es muy interesante observar los paralelismos entre la historia de Hadji Murad y las recientes guerras en el Cáucaso de los años noventa, entre separatistas chechenos y la Federación Rusa. Los dos bandos que pugnan entre sí en la película (el del noble Hadji Murad y el del pérfido Ahmed Khan) son equiparables a los que surgen entre los chechenos a finales de los noventa: Los nacionalistas sufis (entre los que se encontraban los Kadyrov) y los terroristas fundamentalistas wahabitas (Basáyev, etc).

En el conflicto caucásico reciente también se estableció la Pax Russica, cuando los Kadyrov (antiguos rebeldes) se comprometieron a aceptar las condiciones del “Zar” Putin; y éste por su parte concedió una gran autonomía en todos los niveles a la República de Chechenia, bajo la premisa de que ésta siguiera formando parte de la Federación Rusa.

A día de hoy los chechenos gozan de enormes libertades políticas, pues pueden practicar sin restricciones su religión, sus tradiciones, hablar su lengua, e incluso legislar según sus costumbres (algo que no era el caso bajo la URSS).

Los Kadyrov se dieron cuenta a tiempo de que el bando islamista wahabita de Basáyev y Doku Umárov no buscaba la libertad del pueblo checheno (de mayoría sufi, y con ricas y ancestrales tradiciones, en algunos casos preislámicas) sino imponer por la fuerza un “Emirato” transnacional wahabita-saudí de tendencia expansiva (algo así como lo que trata hoy de hacer el “ISIS” en Siria e Iraq).

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Tras éste paréntesis político-comparativo, volvamos a la película que nos ocupa: Hadji Murad está interpretado por el hercúleo y apolíneo Steve Reeves, protagonista de numerosos peplums italianos. (“Hadji”, por cierto, es un título honorífico que reciben los musulmanes que han completado el Hadj, o peregrinaje a La Meca. Su nombre de pila era por tanto Murad)

La bellísima Giorgia Moll encarna a la amada del Guerrero Blanco. A ésta actriz ya la conocemos por haberla visto en Il Ladro di Bagdad (Arthur Lubin, 1961); film basado en un cuento de “Las 1001 Noches”, donde también comparte cartel con Steve Reeves.

El gran Mario Bava (uno de los pioneros del giallo) trabajó en “Agi Murad il diavolo bianco” como director de fotografía, lo que contribuye a aumentar la ya de por sí alta calidad de ésta película.

FHP, 2015