Once días, once noches – Joe D´Amato, 1987

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Once días, once noches (V.O. Undici giorni, undici notti a.k.a. “Eleven days, eleven nights”)

Italia, 1987

Director: Joe D´Amato

Género: Drama, erótico, softcore

Guión: Rossella Drudi, Claudio Fragasso

Intérpretes: Jessica Moore (Sarah Asproon), Joshua McDonald (Michael Terenzi), Giovanni Lombardo Radice (Brett)

Música: Piero Montanari

Argumento

Durante un trayecto en barco rumbo a una ciudad de EEUU, el ingeniero Michael se da cuenta de que una bella joven le lanza miradas provocadoras. La chica le invita a seguirla, y una vez están al resguardo del resto de los pasajeros, ella se desnuda (llevaba puesta como única prensa una gabardina). Ambos tienen sexo salvaje sin que medie palabra alguna.

Más adelante, cuando el barco ha llegado a su destino, se presentan. Ella se llama Sarah. Se despiden sin intercambiar teléfonos. Él aún está atónito, sin terminar de creerse lo que le acaba de suceder. Michael se dirige a la obra que supervisa como arquitecto y le cuenta a su amigo el capataz la asombrosa “conquista”. Más tarde, cuando los dos están en un local y Michael se dispone a pagar, se percata de que le falta su cartera. El ingenuo ingeniero supone haberla “perdido” durante el viaje…

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El amanecer de los vampiros – Jean Rollin, 1971

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El amanecer de los vampiros (V.O. Le frisson des vampires)

Francia, 1971

Director: Jean Rollin

Género: Terror erótico-surrealista

Guión: Jean Rollin, Monique Natan

Intérpretes: Sandra Julien (Isle), Jean Marie Durand (Antoine)

Música: Acanthus

Argumento

Isle y Antoine son una pareja de recién casados que se dispone a emprender su luna de miel. Antes de partir a Italia como tenían previsto, deciden pasar de visita por el pueblo de la familia de ella. Allí, en un apartado castillo, residen sus dos primos; los únicos parientes que a Isle le quedan con vida, y a los que ella no ha visto desde que era pequeña.

Pero nada más llegar al poblado se enteran de que los primos han muerto, y de que el fallecimiento de ambos es muy reciente. No obstante, Isle y Antoine resuelven ir al castillo. Una vez allí son acogidos por las criadas de de los difuntos, dos bellas jóvenes (una rubia y una asiática) que les conducen a sus aposentos.

La pareja observa asombrada el interior del tétrico castillo, con sus cráneos a modo de decoración, los largos pasillos sólo iluminados por velas en sus candelabros…

Isle acude al cementerio adyacente para visitar la tumba de sus primos. Allí se encuentra con otra doliente: Isabelle, embutida en un vestido negro, se presenta a la huésped del castillo como la prometida de los dos hermanos, y manifiesta guardar luto por los dos. Tras la muerte de ambos se considera “dos veces viuda”.

Esa noche, Antoine siente deseos de consumar el matrimonio con su esposa, pero ésta, apesadumbrada por la noticia de la muerte de sus parientes, prefiere dormir sola. Comprensivo, Antoine se retira a otra estancia. Cuando Isle se mete en la cama, una mujer extremadamente pálida y de aspecto mortecino sale del interior del reloj de carrillón. La aparecida se presenta como Isolde, y con su presencia hipnótica comienza a anular la voluntad de Isle… Tras acariciarla por sus desnudos pechos, la extraña muerde a la recién casada en el cuello succionándole la sangre, y la conduce a continuación al cementerio…

Mientras tanto, Antoine no logra conciliar el sueño y regresa donde su mujer, pero observa con estupor que su cama está vacía… Buscándola por el castillo llega hasta una estancia donde presencia una bizarra ceremonia: Las dos criadas, en compañía de dos hombres, realizan un ritual sangriento, algo que parece un sacrificio humano, clavando una estaca en el pecho de una joven… Alarmado, Antoine vuelve a la habitación de Isle, y ésta vez ella sí está allí, durmiendo plácidamente.

A la mañana siguiente, las sirvientas dicen a la pareja durante el desayuno que los amos del castillo “van a regresar”. Ante la estupefacción de Isle y Antoine, las criadas añaden que “los señores no estaban muertos, eso son habladurías de los aldeanos”. Las doncellas también les informan de que ambos hermanos “trabajan durante el día en la biblioteca”. Allí se dirige pues Antoine, pero la encuentra vacía. De forma repentina e inexpicable, los libros comienzan a caer de las estanterías y lloverle a él sobre la cabeza, dejándole bastante maltrecho…

Durante la comida, dos estrafalarios individuos vestidos a la usanza del siglo XVIII se les presentan a Isle y Antoine. Son los primos de ella (y también los dos hombres que Antoine había visto durante el siniestro ritual la noche anterior). “Nos sorprendió la noticia de vuestra muerte, pero más aún nos sorprende que ahora estéis aquí” dice Isle perpleja. Los dos hermanos, bastante mayores que su prima, inician una larga perorata explicando a qué se dedican: Al estudio de las artes ocultas, a las religiones ancestrales. Afirman haber preservado el culto de la diosa egipcia Isis en Europa… La pareja invitada se retira a sus aposentos; tampoco ésta noche Isle quiere yacer junto a su esposo, para gran disgusto de éste.

Y así, estando la bella y desnuda Isle sola en su cama, de nuevo recibe la visita de la vampira Isolde, que vuelve a absorber la sangre de su cuello…

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Comentario

Isolde se describe como una “vampira errante” mientras que los dos excéntricos hermanos primos de Isle son “vampiros burgueses”… Ellos dos habían sido originalmente humanos normales, que se dedicaban (ironías de la vida) a cazar vampiros. Isolde asesina a Isabelle (la “dos veces viuda”) mediante un abrazo mortal: llevaba puesto bajo su capa una especie de sujetador metálico con afilados pinchos. Isabelle amaba a los dos hermanos cuando aún eran mortales, desde su época de cazavampiros. Por ello debía morir, pues era el único nexo que a los dos les quedaba con su vida anterior… O casi el único, sin contar con la recién llegada Isle. Pero a Isle, Isolde no la matará; le tiene reservado otro destino: Transformarla en una vampiresa como ella, y como sus primos… Antoine, que día a día va siendo testigo de la paulatina transformación de su amada, hará todo lo posible para impedirlo.

Grandes y profundos conflictos anímicos se libran aquí: Cazadores de vampiros que se convierten ellos mismos en vampiros; Isle (lentamente vampirizada por Isolde) se debate entre la familia carnal (la familia “de sangre”, nunca mejor dicho en éste caso) y el amor a su esposo (algo similar a la “Malenka” de Amando de Ossorio)…

Estamos ante una de las más interesantes películas del período vampírico de Jean Rollin. Estéticamente es magnífica, como la gran mayoría de sus obras. Pero además, el argumento es menos enrevesado y confuso de lo que es habitual en el cine rolliniano, sin renunciar por ello al empleo de recursos surrealistas y al transfondo metafísico que impregna toda su obra. Ésta vez el hilo narrativo no es difícil de seguir y la trama no tiene incongruencias (como sí sucede en otras propuestas del cineasta galo).

Como buena película de Rollin, máximo exponente del gótico-erótico neo-surrealista francés, no falta la clásica ambientación en castillo medieval, los cementerios con sus criptas, las apariciones grotescas e inquietantes, la playa de siempre con los troncos en fila, así como bastantes desnudos de hermosas vampiresas y mortales. Eros y thanatos, sexo y muerte, siempre están presentes en la obra de Jean Rollin.

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Sandra Julien

La protagonista, llamada “Isa” en otras versiones pero Isle en la original francesa, está interpretada por la bella Sandra Julien; quien al año siguiente (en 1972) participaría en la japonesa „El Imperio del Sexo“ de Norifumi Suzuki (V.O. Tokugawa sekkusu kinshi-rei: shikijo daimyo), dando vida a una concubina occidental del shogun. Sandra también ha deleitado las retinas de los espectadores en películas de la talla de “Je suis une nymphomane” (1971) y “Je suis frigide… pourquoi?” (1972), ambas comedias eróticas softcore a cargo de Max Pécas.

Una de las criadas de los amos del castillo es Marie-Pierre Castel; junto a su hermana Catherine una de las gemelas colaboradoras habituales de Rollin, a las que ya vimos en La vampire nue (1970).

“Le frisson des vampires” cuenta además con una muy buena banda sonora a base de rock progresivo y psicodélico.

FHP, 2015

 

Vampyres (a.k.a. Las hijas de Drácula) – José Ramón Larraz, 1974

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Vampyres (a.k.a. Las hijas de Drácula)

España/Reino Unido, 1974

Director: José Ramón Larraz

Género: Terror

Guión: José Ramón Larraz

Intérpretes: Marianne Morris (Fran), Anulka Dziubinska (Miriam)

Música: Fabio Frizzi

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Argumento

John y Harriet hacen una excursión a la campiña inglesa. Aparcan su caravana en un paraje boscoso, cercano a un viejo cementerio y una mansión. Estando de camino, a Harriet le habían llamado poderosamente la atención dos mujeres al borde de la carretera. Una parecía estar disponiéndose a hacer autostop, mientras que la otra se ocultaba misteriosamente tras los árboles…

Más tarde en el interior de la caravana, Harriet se siente intimidada por la espesura y la oscuridad del bosque donde van a pernoctar. Comienza a recordar a las dos extrañas mujeres, y de repente ve una mano posándose sobre la ventana; el pánico la invade. John intenta hacerle ver que se trata de autosugestión, trata de convencerla de que estaría soñando… A la mañana siguiente, la timorata Harriet continúa preocupada y dándole vueltas a sus miedos.

En esa zona, donde comienzan a proliferar accidentes automovilísticos, un hombre llamado Ted recoge a una autostopista. Ésta se presenta como Fran, y resulta ser una de las mujeres que Harriet viera el día anterior. Fran tiene un aura enigmático, y Ted pronto se siente poderosamente intrigado, y atraído hacia ella. La acompaña hasta lo que parece ser su morada: La vieja mansión cercana al lugar donde John y Harriet han aparcado su caravana. Se trata de una gran casa tétrica y destartalada, lo que contribuye a incrementar las suspicacias de Ted.

Ambos acaban teniendo sexo, y a la mañana siguiente, Ted no encuentra a su compañera a su lado al despertarse. Fran no está en la cama ni en toda la casa, ha desaparecido… Ted se da cuenta de que tiene un profundo corte en el brazo, del que ha manado sangre abundantemente, pero no recuerda cómo se hizo la herida. En busca de “primeros auxilios” sale a explorar los alrededores de la mansión y llega hasta la caravana de John y Harriet, que amablemente le atienden, desinfectando y vendando el corte.

Ted se encuentra tan debilitado que se queda dormido en el interior de su coche, en las inmediaciones de la casa de Fran. Esa noche, al volver Ted en sí, ella reaparece y se disculpa por haberse marchado abruptamente durante la mañana. Fran no viene sola, trae consigo a su amiga Miriam y ésta a su vez tiene un acompañante. Los cuatro entran, comienzan a beber, y luego ambas parejas se separan para tener más intimidad…

Cuando el agotado Ted, que ha perdido mucha sangre, se queda de nuevo dormido, Fran va en busca de Miriam y su “amigo” (al que acababan de conocer ese mismo día, pues él también las recogió cuando “hacían autostop”). El pobre Rupert, que así se llama el incauto, está siendo desangrado vivo por Miriam. Ambas mujeres comienzan a succionar el precioso y colorado líquido vital. Pues las dos son vampiras, que atraen a los hombres a la vieja casa haciéndose pasar por autostopistas, para matarlos y beberse su sangre.

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Fran y Miriam tienen relaciones lésbicas. Miriam le dice a su amiga que „está jugando un juego peligroso” y que “hay que matarlo” (a Ted) “antes de que sea demasiado tarde”… Una vez más, Ted despierta a la mañana siguiente solo en la cama (y en toda la casa), sintiéndose muy maltrecho. Se dispone a marcharse del lugar, pero en la carretera se encuentra un retén policial, pues de nuevo ha habido un accidente… Cuando Ted se fija en el cadáver del infortunado, comprueba con estupor que se trata de Rupert, el “amigo” de Miriam. Así, Ted regresa a la casa, aún ajeno al riesgo que corre. El inmueble sigue vacío, y Ted se dispone a explorarlo, quedándose encerrado en el sótano…

Mientras tanto, Harriet contempla con curiosidad y miedo a las dos mujeres, que merodean por el bosque, y corren a través del cementerio. Harriet está pintando en un cuadro la mansión que se yergue no lejos de donde ella y John han aparcado su caravana. Mientras está dando las últimas pinceladas a su obra, es sorprendida por las vampiras…

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Comentario

“Vampyres”, también conocida como “Las hijas de Drácula”, es una producción británica dirigida por el cineasta español José Ramón Larraz, que realizó la mayoría de sus películas de terror en Inglaterra. Resulta un film con un argumento interesante; una sáfica pareja de vampiras atrae a crédulos e imprudentes hasta su lúgubre residencia mientras que una pareja ajena a los acontecimientos se encuentra no lejos de allí, expectante… Recuerda en temática a ciertas obras de Jean Rollin, sobre todo en lo que respecta al protagonismo de las chupasangres lésbicas.

Inicialmente, ningún indicio confirma que las “estrellas” del film sean auténticas “vampiras”, en el sentido sobrenatural del término (seres inmortales y con colmillos), y se sugiere que podrían tratarse simplemente de dos psicópatas literalmente “sedientas de sangre”. Éstas “vampiras” son capaces de estar fuera durante el día sin que les afecte la luz solar, y no duermen en féretros.

Las dos mujeres en cuestión están interpretadas por Marianne Morris (Fran) y la bella polaca Anulka Dziubinska (Miriam). Aunque según ImDb ambas actrices nacieron en 1950 y tenían por tanto 24 años en el momento del rodaje, Fran parece bastante más mayor.

La atmósfera está muy bien lograda, y uno de los alicientes del film es de hecho su ambiente lúgubre y siniestro, acertadamente conjugado con la tensión de la trama. Los grises y brumosos parajes de la campiña inglesa constituyen una excelente ubicación para una película como ésta. También la inquietante banda sonora es muy buena.

“Es demasiado bonito para ser verdad” dice uno de los “invitados” a sus bellas anfitrionas, inconsciente de que pronto morirá. “Nada es demasiado bonito para ser verdad…” repone la rubia Miriam “lo único malo es que la vida es demasiado corta…”

FHP, 2015

Caligola: La storia mai raccontata (a.k.a. Caligula, the untold story) – Joe D´Amato, 1982

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Caligola: La storia mai raccontata (a.k.a. Caligula, the untold story)

Italia, 1982

Director: Joe D´Amato

Género: histórica, neo-peplum, erótica-softcore

Guión: Joe D´Amato, George Eastman, Michele Soavi

Intérpretes: David Brandon (Calígula), Laura Gemser (Miriam), Fabiola Toledo (Livia), Michele Soavi (Domitius)

Música: Carlo Maria Cordio

 

Argumento

Roma, 37 d.C. Cayo César Germánico (David Brandon) ha sucedido a su tío Tiberio como Emperador. El joven Cayo César (que sería póstumamente conocido con el apodo de Calígula – “Botitas”-) es un desequilibrado con delirios de grandeza, que se hace adorar por sus súbditos como si fuera un dios encarnado. Su soberbia llega hasta el punto de ordenar la decapitación de las estatuas de Júpiter para colocar una réplica en piedra de su propia cabeza en el lugar de la del dios supremo del panteón romano. Calígula instaura un reino de terror, una sangrienta tiranía de la que sus propios senadores comienzan a resentirse. Para burlarse de éstos, decide investir con el cargo de cónsul a su caballo Incitatus. Cruel y lascivo, el emperador se entrega asiduamente a las más frenéticas y voluptuosas bacanales.

Por las noches, una misma pesadilla le acosa sin tregua: Es perseguido en la playa por un misterioso enemigo enmascarado que trata de matarle, disparando una flecha con su arco. Mientras en una ocasión se revuelve en su lecho soñando la repetitiva secuencia onírica, uno de sus criados intenta efectivamente asesinarlo. Pero el déspota despierta a tiempo, y el tiranicida es detenido en el acto. Calígula resuelve poner a su agresor un castigo ejemplar más duro que la muerte: le cortará los tendones de brazos y piernas y le amputará la lengua, torturándolo con saña y provocando al desgraciado el máximo sufrimiento. Tras ello, Domicius (que así se llama el desventurado) deberá vivir como un vegetal, incapaz de moverse o hablar, como un muñeco testigo mudo de los excesos salvajes del monarca.

En otra ocasión, Calígula pasea con su guardia pretoriana en la misma playa escenario de la pesadilla que cada noche le atormenta. Allí se encuentra con un grupo de jóvenes, chicos y chicas, que encienden su desenfrenada lujuria. El tirano se dirige a una pareja, formada por Ecio y Livia. Ella es una conversa al cristianismo, y porta consigo un amuleto pisciforme, que simboliza su nueva fe. Pero él es hijo de un importante miembro del senado, y sólo por éste motivo Calígula los deja en paz… al menos por el momento. Más tarde, cuando ya no hay testigos y la pareja se encuentra sola en un bosque cercano, Ecio y Livia son abordados nuevamente por Calígula, quien viola a Livia, hasta el momento virgen, mientras su anonadado prometido es sujetado por uno de los esbirros del déspota. Livia trata de resistirse, y saca el puñal de Calígula para clavárselo en defensa propia, pero el emperador se percata y la hoja se hunde en las carnes de la joven. Tras ello, también Ecio es asesinado. Al ser éste hijo de un influyente político de la corte, la realidad de los hechos es obviamente ocultada, y Calígula señala a integrantes de la nueva secta oriental de los cristianos (a la que la chica pertenecía) como autores del doble crimen. En consecuencia se desata una nueva oleada de persecución contra los cristianos.

Sin embargo, no todos están tan convencidos de que el César sea inocente. Entre los que sospechan de él se encuentran muchos de sus senadores, que llevan ya tiempo conspirando para derrocarlo. El líder de la trama es el senador Marcelus, quien había enviado al criado Domicius para que liquidase al loco. Marcelus y los suyos buscan la manera de librar a Roma del demencial dictador, pero no es tan fácil, pues a Calígula aún le quedan apoyos en el senado.

Por otro lado, también la egipcia Miriam (Laura Gemser), sacerdotisa de Anubis, tiene la certeza absoluta de que Calígula es el asesino de la pareja. Miriam decide vengar a su amiga Livia; y para ello se inscribe como concubina en el harén del César, presentándose ante un “seleccionador” (marcadamente homosexual) que la acepta entre las candidatas a trabajar en lo sucesivo como encargadas de aplacar la insaciable lujuria del tirano. Miriam piensa que así, estando cerca de Calígula, tendrá tarde o temprano la oportunidad de acabar con él, aunque para ello muera en el intento. Antes de entregarse al harén imperial, la egipcia ofrenda su virginidad a Anubis, penetrándose con un consolador de ébano, que rompe su hasta entonces intacto himen.

Calígula, por su parte, se encuentra con sus senadores tratando de diseñar un megalomaníaco proyecto arquitectónico. Algunos tratan sutilmente de disuadirlo, pues no hay suficiente dinero para ello en las arcas del estado. Pero Calígula no atiende a razones, e insiste en la construcción de monumentos y edificaciones que atestigüen su “divinidad” y su “eterna gloria”. En el momento del brindis, el emperador finge ser víctima de un envenenamiento, y cuando dos de los senadores que conspiraban contra él le adulan cínicamente y uno de ellos ofrece pagar de su bolsillo la construcción, Calígula se recupera al instante y toma la palabra de ambos: al que había ofrecido costear el proyecto “si el emperador se salvaba” le recuerda su promesa; al que había “ofrecido a los dioses su propia vida por la del emperador” lo atraviesa con su espada en el acto. El reino de terror de Calígula se hace cada día más insoportable, y la facción de Marcelus lleva por el momento las de perder.

Mientras tanto, Miriam se ha integrado en el harén. El seleccionador de concubinas procede a mostrar a las chicas cómo han de complacer las voluptuosidades del crápula. Bajo las directrices del afeminado, una de las jóvenes practica una felación a un esclavo griego, mientras las demás se tocan. Una de las mujeres, mayor y poco agraciada, ha sido aceptada solamente para copular con perros y caballos, para regocijo voyeurístico del degenerado emperador y sus ministros.

Calígula y sus allegados se refocilan viciosamente en una orgía desenfrenada, donde tiene lugar además (a modo de espectáculo) una brutal pelea de gladiadores, sin más armas que unos puños metálicos. Las salpicaduras de sangre de los contendientes llueven sobre los ebrios y obnubilados participantes de la bacanal, mientras éstos muerden sus muslos de pollo, o se revuelcan con esclavas y eunucos.

La conspiración para deponer a Calígula y lograr que la normalidad y el orden retornen a Roma sigue su curso. Por un lado, los senadores rebeldes de Marcelus; por el otro, la joven egipcia, infiltrada entre las concubinas. Por medio está también un robusto guerrero bárbaro procedente del norte, Ulmar. Príncipe en su tierra natal y esclavizado por los romanos, Ulmar ha obtenido el cargo de guardaespaldas personal del César…

Comentario

Ésta película sobre el depravado emperador romano es un remake filmado con el único y exclusivo propósito de aprovechar el éxito de la superproducción también italiana “Calígula” (1979) de Tinto Brass. El controvertido y sumamente productivo Joe D´Amato (junto con Jess Franco uno de los “reyes” de la serie B de los ´70 y ´80) dirigió éste largometraje neopeplum-softcore obteniendo sorprendentemente un resultado bastante decente. Podría incluso decirse que la versión d´amatiana (ésta “segunda parte” apócrifa) no es necesariamente inferior en calidad a la original de Tinto Brass, que contaba con un presupuesto mucho más holgado.

En algunas escenas, éste “Caligola 2” recuerda a la obra de Pasolini (especialmente a “Salò o le 120 giornate di Sodoma”). Por cierto, resulta sorprendente que el “Divino Marqués” de Sade, autor del mencionado libro en el que se inspiró Pasolini, y de “Justine” (encarnada por Romina Power en la gran pantalla de la mano de Jesús Franco) no escribiese una novela biográfica sobre Calígula, el más “sádico” de los emperadores de la Antigua Roma según consta ya en las crónicas de Suetonio.

La banda sonora de Carlo Maria Cordio decepciona, pues no es tan épica y bombástica como cabría esperar en una película de ésta temática. Más bien pasa desapercibida, lo que no sucede con la memorable música del Calígula de Tinto Brass (plagiada por cierto al compositor ruso Prokofiev).

Al igual que la de Jesús Franco, la filmografía de Joe D´Amato es bastante irregular. Si bien la mayor parte de sus muchas películas son prescindibles y de ínfima calidad (se dedicó incluso al porno duro en sus últimos años), cuenta con algunas genialidades del terror y gore como “Antropophagus” (con George Eatman en el papel de caníbal protagonista y banda sonora de Marcello Giombini) y “Buio Omega” (cuya música fue compuesta nada menos que por los Goblin, colaboradores de Dario Argento). La actriz Laura Gemser (que interpreta a la egipcia Miriam) es una habitual de las películas de Joe D´Amato a lo largo de los años ochenta, y da vida a la famosa “Emmanuelle”.

D´Amato también perpetró allá por los primeros años ochenta producciones tan bizarras e inenarrables (pero al mismo tiempo entrañables) como “Porno Holocaust” o “Las noches eróticas de los muertos vivientes”, ambas un cruce de géneros entre el terror zombi y el softcore.

En el secundario papel del desgraciado Domicius (que trata de matar al tirano en las primeras escenas) tenemos a un joven Michele Soavi, quien años después se dedicaría él mismo a la realización de películas dirigiendo la excelente “Dellamorte Dellamore” (1994), basada en los comics de Dylan Dog, con Rupert Everett y una bellísima Anna Falchi.

“Caligola 2” cuenta en su versión integral (más de dos horas) con algunas escenas “hard”, de sexo explícito.

FHP, 2015