La Piovra IV – Capítulo 4

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Corrado Cattani (Michele Placido) y Salvatore Frolo (Mario Adorf)

La Piovra IV

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1989

 Director: Luigi Perelli

Guión: Sandro Petraglia, Stefano Rulli, Francesco Marcucci

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Patricia Millardet (Silvia Conti), Remo Girone (Tano Cariddi), Simona Cavallari (Esther Rasi), Luigi Diberti (Ettore Salimbeni), Bruno Cremer (Antonio Espinosa), Mario Adorf (Salvatore Frolo), Marcello Tusco (Il Puparo),  Adriano Pappalardo (Santuzzu Salieri), Gianpaolo Saccarola (Salvo), Alice de Giuseppe (Greta Antinari), Claude Rich (Filippo Rasi), Franco Trevisi (Kemal Yfter), Vanessa Gravina (Lorella de Pisis)

Música: Ennio Morricone

Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior

Capítulo 4

En los laboratorios policiales, los investigadores analizan la foto de la niña que la viuda de Tindari entregó a Faetti. Descubren que hay una inscripción, pero es ilegible. Cattani y la jueza Silvia Conti siguen la pista del dinero, para hallar la conexión entre el casino, la Mafia, la banca Antinari y la política.

Silvia regresa  a su trabajo y ordena la detención de varios funcionarios del consejo comunal de una pequeña ciudad, por su involucración en las tramas.

Esther trata de ganarse la confianza de Tano. Éste, poco a poco, comienza a sentir un sincero afecto por ella. La joven por su parte, quiere vengarse de la muerte de su padre. Esther le pide que la invite a cenar: „En éste momento lo que quisiera es no estar tan triste“ Él responde, con su carácterística frialdad: “Yo no soy capaz de alegrar a las personas” – pero acepta llevarla a cenar esa noche.

Uno de los presos detenidos en el capítulo anterior declara saber quien está detrás del secuestro y violación de la jueza, y durante un nuevo interrogatorio vuelve a agredirla; pero Cattani interviene a tiempo protegiéndola.

Tano ha ido a encontrarse con Salvo. Amos miran un video sobre la isla que Espinosa pretende adquirir. Se trata de una isla abandonada, cercana a las costas de Sicilia, con cientos de túneles que la atraviesan de punta a punta, y desde la superficie a lo más profundo. En el pasado se realizaron allí trabajos de minería. Está claro que a Espinosa le interesa la isla por los túneles.

Silvia le reconoce a Corrado que su matrimonio se está apagando. Entre los dos va naciendo poco a poco algo más que una simple relación de amigos y compañeros de trabajo.

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La Piovra IV – Capítulo 3

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Comisario Cattani (Michele Placido) y jueza Silvia Conti (Patricia Millardet)

La Piovra IV

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1989

 Director: Luigi Perelli

Guión: Sandro Petraglia, Stefano Rulli, Francesco Marcucci

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Patricia Millardet (Silvia Conti), Remo Girone (Tano Cariddi), Simona Cavallari (Esther Rasi), Luigi Diberti (Ettore Salimbeni), Bruno Cremer (Antonio Espinosa), Mario Adorf (Salvatore Frolo), Marcello Tusco (Il Puparo),  Adriano Pappalardo (Santuzzu Salieri), Gianpaolo Saccarola (Salvo), Alice de Giuseppe (Greta Antinari), Claude Rich (Filippo Rasi), Franco Trevisi (Kemal Yfter), Vanessa Gravina (Lorella de Pisis)

Música: Ennio Morricone

Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior

Capítulo 3

En la comisaría se está diseñando un retrato robot de uno de los asaltantes de la comitiva policial que custodiaba a Frolo. Se trata de uno del más corpulento y temible de los pistoleros, un individuo que nunca habla llamado Salieri.

El periodista, Davide Faetti, observa movimientos sospechosos en los alrededores de su oficina. Están llevando una tarta a un hotel, pero el reportero intuye que en el interior del pastel hay algo más, y sigue a quien transporta la tarta. Averigua que es para la habitación 112, y va hasta allí fingiendo ser otro cliente que se ha equivocado de habitación. Allí ve a Salvo y sus cómplices, pero como éstos no se conocen puede usar efectivamente su estratagema.

Tano y los demás deciden marcharse, sólo uno de los miembros de la banda se queda allí para averiguar si el que acaba de intentar entrar en su habitación es un espía. Entretanto, Faetti alerta a Cattani y éste se dirige al hotel raudamente. Logra intervenir a tiempo antes de que el sicario de la Mafia mate al periodista. Lo que había en el interior de la tarta resultan ser unos planos, que servían para el seguimiento del comisario: Éste se ha convertido en objetivo a eliminar.

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La corta noche de las muñecas de cristal – Aldo Lado, 1971

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La corta noche de las muñecas de cristal (V.O. „La corta notte delle bambole di vetro“ / „Short night of glass dolls“ a.k.a. „Malastrana“)

Italia, 1971

Director: Aldo Lado

Guión: Aldo Lado

Intérpretes: Jean Sorel (Gregory), Mario Adorf (Jacques), Barbara Bach (Mira)

Música: Ennio Morricone

Género: Suspense

Argumento

El inerte cuerpo del reportero Gregory Moore es encontrado en un parque de Praga y llevado a la morgue. Sin embargo Gregory no está muerto, sino que sufre de un episodio de catalepsia que le impide moverse y que ha bloqueado sus constantes vitales. Los empleados del tanatorio lo mantienen en una cámara frigorífica a la espera de poder identificarlo para proceder a la autopsia y establecer las causas del “deceso”. Mientras tanto, el reportero es consciente de lo que sucede a su alrededor; y comienza a recapitular a modo de flashback los acontecimientos que le llevaron a su actual situación…

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Jean Sorel como el cataléptico Gregory

Inicialmente amnésico, los recuerdos afloran poco a poco a su mente. Había llegado a Checoslovaquia como corresponsal junto a sus compañeros periodistas Jacques y Jessica, al mismo tiempo que iniciaba en la capital una ola de secuestros (y posteriores asesinatos) de bellas mujeres. En Praga había conocido a una joven llamada Mira, checa pero de otra ciudad, con la que entabló una relación. En el marco de su trabajo como periodista, Gregory fue invitado a una recepción en casa de un político llamado Valinski. Allí se congregaban personalidades importantes de la ciudad. Gregory llevó como acompañante a Mira, quien habiendo llegado de visita desde su pueblo pasaba unos días junto a él en Praga. Más tarde ambos regresaron al piso de Gregory. Pero el reportero tuvo que salir una vez más, tras recibir una llamada de su compañero Jacques. Una vez reunido con éste, todo resultó ser una falsa alarma. De vuelta en su casa, Gregory se dió cuenta de que Mira había desaparecido… Aunque su maleta y toda su ropa seguían allí, e incluso su dinero y sus documentos. El periodista comprendió de inmediato que alguien tuvo que raptarla, y que la “falsa alarma” fue activada para alejarle de su casa de modo que la chica se quedara allí sola. Gregory está convencido de que Mira fue secuestrada, aunque su compañera Jessica (que, atraída por él, se siente celosa) intenta convencerle de que simplemente le abandonó. Pero también el huraño comisario Kierkoff trata de dar el caso por cerrado. Así, Gregory inicia sus propias pesquisas. Al principio, sospecha de un asesino en serie. Pero tras indagar a fondo, el audaz reportero va acercándose cada vez más peligrosamente a la verdad…

Todo parece estar relacionado con una compleja y misteriosa red conspirativa internacional que se dedica a abducir jóvenes muchachas para oscuros ritos. No se trata pues de un solo individuo, sino de toda una organización bien estructurada y ramificada.

Los padres de las otras chicas desaparecidas tienen miedo de hablar. Un hombre que se había decidido a relatar lo que sabe es asesinado ante los ojos de Gregory, cuando un desconocido lo empuja desde un puente a las vías del tren.

Todas las pistas conducen al “Club 99”, donde personajes de la alta política y las finanzas acuden (supuestamente) a recitales de música clásica. El propietario del club no es otro que Valinski, el anfitrión de la fiesta a la que Gregory acudió con Mira – y donde la chica fue vista por última vez en público.

El hostil comisario, al darse cuenta de que el reportero continúa investigando por su cuenta, busca la manera de acusarle a él de la desaparición de su novia.

En su estado cataléptico, Gregory trata de unir todas las piezas para resolver el caso y se esfuerza por poder volver a mover su cuerpo. Los médicos se asombran de que transcurridas tantas horas aún no haya hecho su aparición el rigor mortis, y de que el cuerpo tenga todavía una temperatura templada. Iván, un médico amigo suyo, intentará reanimarle. Pero unos siniestros individuos están muy interesados en que Gregory no despierte jamás…

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Comentario

Ésta obra maestra visionaria se adelantó varias décadas en su temática y en su planteamiento a “Eyes wide shut” (1999), la última película de Stanley Kubrick. “La corta noche de las muñecas de cristal” (a.k.a. “Malastrana”) combina a la perfección los cánones estilísticos habituales del thriller a la italiana o giallo con un suspense hitchcockiano provisto de toques oníricos (lo que recuerda a “Vértigo”, 1958) y ocultistas. También son patentes las referencias al Polanski más macabro, el de “Rosemary´s Baby” (1968) o “El Inquilino” (1976).

La leyenda del Golem de Praga (hecha literatura por la pluma de Gustav Meyrink) es asimismo una de las influencias esenciales para “La corta noche de las muñecas de cristal”. La acción se desarrolla también en la enigmática Praga, y Gregory (Jean Sorel) encarna al extremo opuesto del golem. La leyenda judía del golem (que inspiraría a Mary Shelley para escribir su “Frankenstein”) trata de cómo un rabino devuelve a la vida mediante la magia negra cabalística a un ser compuesto a base de cadáveres para que se convierta en su esclavo. El golem es un autómata, un muerto transformado en robot, un ser animado (y animalesco) aunque sin alma ni conciencia; y en cambio el cataléptico Gregory es un hombre reducido a la inmovilidad de un cadáver (¿también acaso debido a la magia negra?) que sin embargo sí es capaz de sentir y razonar.

La sensación de pesadilla kafkiana que embarga a Gregory durante su impotencia cataléptica es transmitida directamente al espectador (a través del diálogo interno del personaje y sus memorias), quien con angustia ansía reconstruir junto a él los hechos relacionados con la desaparición de su novia; hechos que sin duda deben tener algo que ver con la infortunada situación en la que él se encuentra (Su mente no descansa en ningún momento, y es siempre consciente de que debe recuperar la movilidad cuanto antes, pues si no morirá de verdad durante la “autopsia”).

Un grupo de carácter sectario y satanista comandado por exponentes de la “élite”, la política internacional y las altas finanzas, realiza una serie de rituales perversos para mantener la cohesión, saciar sus apetitos vampíricos y preservar su poder. Cuando Gregory, que ha estado investigando a algunos exponentes de ese grupo, descubre que el secuestro de su novia (y el de otras chicas) está relacionado con el siniestro círculo, atrae inevitablemente la atención de sus miembros, quienes intentarán evitar a toda costa que el intrépido reportero siga tirando del hilo…

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Barbara Bach, quien encarna a Mira, trabajó ese mismo año de 1971 en el giallo “La tarántula del vientre negro”, de Paolo Cavara. También aparece en el polizziesco “El ciudadano se rebela” (Enzo G. Castellari, 1974). Jacques está interpretado por Mario Adorf (Rocco en “Milano Calibro 9” de Fernando Di Leo, 1972).

Aunque la acción transcurre en Praga, la mayor parte de la película fue rodada en Zagreb, Croacia. De la banda sonora se encargó el maestro Ennio Morricone.

Aldo Lado rodaría pocos años después el gran thriller “El último tren de la noche” (1975), y también el giallo “¿Quién la ha visto morir?” (1972), ambientado en Venecia.

FHP, abril de 2016

Nuestro hombre en Milán – Fernando Di Leo, 1972

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Nuestro hombre en Milán (V.O. La mala ordina, a.k.a. “The Italian Connection”, a.k.a. “Manhunt”)

Italia, 1972

Director: Fernando Di Leo

Género: Gangsters, acción

Guión: Fernando Di Leo

Intérpretes: Mario Adorf (Luca), Henry Silva (Dave), Woody Strode (Frank)

Música: Armando Trovajoli

Argumento

En Nueva York, un poderoso jefe criminal conocido como el Corso convoca en su rascacielos a dos de sus más eficientes sicarios, David Catania y Frank Webster. Ha pensado en ellos para encargarles una misión en Italia (pues David es de origen italiano y el afroamericano Frank estuvo como soldado en ese país durante la IIGM). Deberán localizar en Milán a un tal Luca Canali para liquidarlo; el objetivo debe ser asesinado de manera espectacular, para que su muerte sirva de ejemplo y como advertencia.

Pues a Luca, un proxeneta de poca monta, se le acusa de haber robado un cargamento de heroína propiedad de la organización del Corso. Una vez en Milán, los dos asesinos a sueldo deberán acudir a ver al jefe local, Don Vito Tressoldi, para coordinar con él la busqueda de  Luca.

Los dos matones se instalan en un hotel y son recibidos por una guía turística llamada Eva que nada sabe de sus propósitos. Ella es la encargada de enseñarles los lugares de la ciudad que deseen conocer. David y Frank quieren visitar clubs nocturnos, pues creen que en los antros conseguirán informaciones de interés sobre el paradero del individuo que deben eliminar.

Luca tiene a varias chicas que se prostituyen bajo su “protección”. Al mismo tiempo está casado y tiene una hija pequeña. Su mujer vive separada de él porque su ocupación le repugna, pero ambos tienen una relación cordial y se ven esporádicamente, sobre todo a causa de la niña, quien nada sabe del poco honesto trabajo de su padre

Vito Tressoldi está inquieto por la llegada de los americanos. Aunque tiene mucho poder como jefe del hampa en Milán, en realidad no es más que un subalterno del Corso. La presencia de los sicarios de Nueva York en su ciudad le incomoda, y quiere que se vayan cuanto antes. Cuando David y Frank van a su despacho para comunicarle que quieren la cabeza de Luca, Tressoldi afirma más aliviado que colaborará con ellos en su captura.

En una discoteca, Frank y David hablan con una chica llamada Trini, quien les revela la zona por donde se mueve Luca. Poco después Trini (que vive en una especie de comuna hippy) llama a Luca para ponerle sobre aviso de que los americanos lo buscan.

Cuando una mañana Luca sale de la casa de Anna, una de sus amantes, es abordado por dos esbirros de Tressoldi, quienes le “invitan” a acompañarlos a su coche. Lo llevan a una fábrica maderera a las afueras de la ciudad diciéndole que don Vito quiere “hablar con él”. Pero una vez allí, comienzan a pegarle. Luca se defiende y logra huir. Cuando llegan Tressoldi y los americanos, sólo encuentran a los dos lacayos magullados. Indignado porque han dejado escapar a Luca, don Vito los ejecuta allí mismo. Quiere demostrales a los americanos que él también toma muy en serio la captura del proxeneta.

A partir de ese momento, se inicia una auténtica caza del hombre a través de todo Milán. Tressoldi pone en funcionamiento una tupida red de informadores, y da orden de localizar al fugitivo cueste lo que cueste. Luca es consciente de las dimensiones que ha tomado la “busca y captura” vigente contra él, pero no entiende el motivo. Intenta buscar refugio en casa de Anna, pero ésta le rechaza porque quiere evitar problemas. Luca se hace con una pistola, que compra a un vendedor de armas amigo suyo que usa un taller mecánico como tapadera. Pero éste “amigo”, seducido por el dinero de Tressoldi, cede a la tentación de entregarle…

No obstante Luca consigue una vez más eludir el cerco. Pero quiere saber la causa por la cual le están persiguiendo, y llama a Tressoldi para preguntárselo. Don Vito asegura que solo quiere “hablar con él”, y que se persone en sus oficinas; pero Luca intuye que se trata de una trampa. Cuando Tressoldi se percata de las reticencias de su interlocutor, le chantajea mencionando a su mujer y a su hija (diciendo algo así como “sería una pena que les pasara algo…”). Aterrado, entre la espada y la pared, Luca intentará convencer a su esposa de que ella y la niña abandonen Milán antes de que sea demasiado tarde…

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El director Fernando Di Leo (en el centro) flanqueado por Henry Silva (David) y Woody Strode (Frank)

Comentario

Cuenta Quentin Tarantino, gran admirador de Fernando Di Leo y del polizziesco en general, que para crear al dúo protagonista de “Pulp Fiction” (1994) se inspiró en los dos sicarios de “La mala ordina”. Vincent Vega y Jules Winnfield, uno blanco y el otro negro, tienen su precedente en David y Frank, los personajes de Henry Silva y Woody Strode.

Luca Canali está interpretado por Mario Adorf, a quien ya vimos en un papel muy memorable (y bastante diferente) en “Milano Calibro 9” (1972). Woody Strode aparece brevemente en “Hasta que llegó su hora” (Sergio Leone, 1968) como uno de los hombres de Frank a los que Charles Bronson elimina en la primera escena. Con Fernando Di Leo volvería a trabajar en “Colpo in canna” (1975), donde compartiría cartel con Ursula Andress. A Henry Silva el rol de sicario le viene como anillo al dedo, y sus personajes responden por lo general a esquemas muy parecidos, como puede verse en otras películas en las que participa: “Quelli che contano” (Andrea Bianchi, 1974) o la coproducción italo-alemana “Zinksärge für die Goldjungen” (Jürgen Roland, 1973). Fernando Di Leo volvería a contar con él para su siguiente película, “Il Boss” (1974), la tercera de la “trilogía del hampa” junto a “Milano calibro 9” y ésta “La mala ordina”.

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El título original del film que nos ocupa podría traducirse como “El hampa ordena” (“La mala” es una abreviatura para “la malavita”, es decir la delincuencia o el hampa). Como en “Milano calibro 9” tenemos aquí un gangster acusado de robar, injustamente o no, a la gran organización. Luca Canali hace las veces de Ugo Piazza en el otro film; el bandido solitario que tiene que vérselas con un nutrido y compacto grupo de enemigos, y que cada vez tiene menos personas en las que poder confiar.

Sin embargo, debido al giro que irán tomando los acontecimientos, Luca llegará a convertirse de perseguido en perseguidor…

Don Vito Tressoldi es el máximo jefe de la criminalidad en Milán, pero se siente intimidado por las noticias que vienen desde EEUU, pues allí están otros que mandan mucho más que él. Los peces gordos como el Corso están furibundos por el robo de su mercancía y Tressoldi teme que en realidad sospechan de él. Al mismo tiempo, descubre que había infravalorado a Luca.

Ésta vez la banda sonora no está compuesta por el maestro Bacalov sino por un tal Armando Trovajoli. La música, muy setentera y con repetitivas melodías a base de saxofones, no es tan notable como en “Milano calibro 9” .

“La mala ordina” no puede considerarse estrictamente un polizziesco, pues no aparece durante el metraje ni un solo policía.

Aunque sin duda es una buena película, „La mala ordina“ es en mi opinión la más floja de la célebre „trilogía del hampa“ de Fernando Di Leo. Considero tanto a “Milano calibro 9” como a “Il Boss” muy superiores.

FHP, febrero de 2016

Milán Calibre 9 – Fernando Di Leo, 1972

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Milán Calibre 9 (V.O. Milano Calibro 9)

Italia, 1972

Director: Fernando Di Leo

Género: Polizziesco

Guión: Fernando Di Leo (basándose en libro de Giorgio Scerbanenco)

Intérpretes: Gastone Moschin (Ugo), Barbara Bouchet (Nelly), Mario Adorf (Rocco), Lionel Stander (Americano)

Música: Franco Campanino

Argumento

Rocco Musco y un compinche supervisan en Milán una operación de contrabando de dólares, realizada por unos correos que deben pasarse en cadena un paquete repleto de billetes. Pero cuando Rocco recibe el paquete, debe constatar con estupefacción y furia que en lugar de dinero contiene papel de periódicos viejos. La clara consecuencia de ello es que van a rodar cabezas: Tres de los correos cuya misión consistía en hacer llegar los dólares hasta Milán son localizados, torturados y finalmente liquidados en una cueva en las montañas con una carga de dinamita – sin que logre esclarecerse quién fue el responsable del robo.

Uno de los correos, Ugo Piazza, logró escapar a la cruel venganza; al haber sido detenido tras cometer un atraco poco después. Cuando tres años más tarde Ugo sale de la cárcel, los esbirros de un poderoso jefe del crimen organizado conocido como “El Americano” le están esperando… Entre ellos Rocco, quien está convencido de que fue Ugo quien escondió los dólares tres años antes, y que para salvarse se hizo arrestar tras un atraco mal planificado a propósito.

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Rocco (Mario Adorf) a la derecha

Rocco y sus secuaces conducen a Ugo hasta un vertedero de basuras, y le pegan una paliza llevándose sus documentos y el poco dinero que lleva encima. Rocco insiste en que vaya a ver al Americano, para darle explicaciones por la desaparición de sus 300.000 dólares. Pero Ugo insiste en que no tiene nada que ver con el robo de ese dinero.

Ugo no tiene más remedio que acudir a la comisaría para solicitar un nuevo documento provisional (sin el cual le sería imposible encontrar alojamiento). El comisario y él son viejos conocidos. El jefe policial está al corriente del conflicto que Ugo tiene con la banda del Americano, así como del asunto del dinero desaparecido y le ofrece protección a cambio de su colaboración como informador. Sin embargo Ugo sigue insistiendo en que él no sabe nada.

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El Americano (Lionel Stander)

El comisario, hombre duro, obstinado y feroz, comparte oficina con su segundo al mando, el vice-comisario Mercuri, de ideas más “progresistas”. Mercuri tiene una visión más amplia de cómo funciona realmente la criminalidad organizada, pues está convencido de que por encima del Americano hay peces mucho más gordos, ocultos bajo el manto de la “respetabilidad”:  Banqueros, políticos, etc. Según Mercuri, éstos se dedican a usar al Americano (quien no sería más que un hombre de paja) para realizar grandes fugas de capitales al extranjero. Sin ellos, gente como el Americano no tendrían ningún poder.

Mientras tanto, Rocco y sus hombres siguen a Ugo en todo momento, pues están seguros de que tarde o temprano dará un paso en falso e irá al lugar en el que tiene escondidos los 300.000 dólares de cuyo robo le acusan. Ugo se ha instalado en un modesto hotel, y hasta allí van los bandidos para registrar concienzudamente su habitación destrozándola en el proceso. No encuentran nada, pero Rocco le insta una vez más a que se presente ante el Americano.

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Chino (Philippe Leroy), Don Vincenzo (Ivo Garrani) y Ugo (Gastone Moschin)

En lugar de eso, Ugo va a visitar a su antiguo jefe Don Vincenzo, ahora ciego, que fue desplazado por el Americano. Con Don Vincenzo vive también un viejo amigo de Ugo llamado Chino (pronúnciese “Kino”; diminutivo de Francesco-Franceschino). Ambos están prácticamente retirados del mundo del delito, pero Ugo solicita su protección para poder enfrentar a la banda de sicarios que le pisa los talones. Chino no parece estar dispuesto a buscarse problemas con el Americano; un hombre demasiado poderoso que tiene “muchos amigos influyentes por encima de él y mucha gente sin escrúpulos por debajo”. Sin embargo accede a prestarle la cantidad de dinero que necesita para pagar los desperfectos causados en el hotel  por los esbirros del Americano. En ésto que se presentan allí Rocco con dos de sus matones. Cuando amenazadoramente hostigan a Don Vincenzo, Chino interviene para defender a su padrino y Ugo le cubre las espaldas. Ambos bandos quedan empatados durante la pelea, y Rocco se ve obligado a devolverle a Ugo el dinero que le acababa de entregar Chino. Cuando Rocco y sus hombres se han retirado, Chino le recomienda a Ugo que vaya a ver al Americano.

Ugo sigue el consejo de su amigo, y acude a las oficinas del importante jefe gangsteril. Sorprendentemente, el Americano quiere contratarlo, y lo pone a las órdenes de Rocco. Ugo imagina que se trata de una estratagema, pues qué mejor forma de tenerlo bajo control que readmitirlo en el seno de la organización.

Esa misma noche Ugo se dirige a un club nocturno donde trabaja como bailarina su antigua novia Nelly. A partir de ese momento, el ex-presidiario se instala a vivir en casa de ella y ambos retoman su relación. También Nelly está convencida de que fue Ugo quien tres años antes se hizo con los 300.000 dólares, pero él proclama una vez más su inocencia. La bailarina le propone que se marchen juntos, “a Beirut”, pero Ugo repone que eso no haría más que confirmar las sospechas que los del Americano tienen contra él.

Ahora que han vuelto a aceptarlo en la banda, Ugo tratará de averiguar quién fue el auténtico responsable de la desaparición del dinero…

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Ugo (Moschin) y Nelly (Barbara Bouchet)

Comentario

“Milano Calibro 9” es una de las más destacables obras maestras del cine negro a la italiana o polizziesco. El director Fernando Di Leo, provisto de un enorme talento para la escritura de guiones (había colaborado con Sergio Leone en el desarrollo de la “Trilogía del Dólar”), se basó en una serie de relatos policiacos del novelista Giorgio Scerbanenco ambientados en Milán.

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El espectador se mantiene en tensión desde el brutal e inolvidable arranque de la película (al que acompaña la excelente banda sonora del argentino Luis E. Bacalov) hasta el apoteósico final sorpresa. Hacia el último tramo del film se producen varios giros de guión que provocan  que la intriga crezca exponencialmente.

Ugo trata de desempeñar una función de “caballo de Troya” en la banda del Americano mientras éste y su brazo derecho Rocco lo mantienen constantemente bajo control. Al mismo tiempo, el comisario intenta hacer del excarcelado un informador policial, aprovechándose de la delicada situación en la que se encuentra. Pero Ugo sólo confía en su amigo Chino y en su novia Nelly (con la que reinicia un idilio tras los tres años de prisión).

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Imelde Marani, que aparece en la escena inicial, también puede verse en “Flesh for Frankenstein” (Antonio Margheriti, 1973) – a la derecha

“Milano Calibro 9” es la primera película de la denominada “Trilogía del milieu” (o “Trilogia della Malavita” – de la “mala vida”, es decir, de la delincuencia, o del hampa). Poco más adelante Di Leo filmaría “La mala ordina” (1972) y “Il Boss” (1973) – Respectivos títulos españoles: “Nuestro hombre en Milán” y “Secuestro de una mujer”.

El hierático protagonista Ugo Piazza está encarnado por Gastone Moschin (el malvado Don Fanucci de “El Padrino II”, F.F. Coppola, 1974). La checa Barbara Bouchet interpreta a su amante Nelly, sensual bailarina de dudosa reputación. El Americano es Lionel Stander (a quien podemos ver en un pequeño papel secundario como barista en “Hasta que llegó su hora” de Sergio Leone, 1968). Pero sin duda, el más destacable del elenco de actores es el italo-germano Mario Adorf, quien brilla dando vida al histriónico y gesticulante Rocco Musco – gangster de humor sarcástico y temperamento explosivo que recuerda a Eli Wallach como Tuco en “El Bueno, el Feo y el Malo” (Sergio Leone, 1966) y a quien Joe Pesci bien podría haber tomado como referencia para los personajes que interpreta en “Uno de los nuestros” (1990) y “Casino” (1995), ambas de Martin Scorsese (quien es por cierto, como Tarantino, un gran admirador del género polizziesco procedente de la “madre patria” italiana).

El realizador Fernando Di Leo (a quien puede verse al inicio en un pequeño cameo à la Hitchcock; es el hombre que sale de una cabina de teléfonos) demuestra tener una capacidad portentosa para la construcción de historias con gancho y para el desarrollo de diálogos con frases agudas, ingeniosas y contundentes.

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Asimismo las sub-tramas y los conflictos entre los personajes secundarios encajan muy bien en el conjunto, están magistralmente hilvanados y son de gran interés. En ese apartado entraría el enfrentamiento entre los dos policías; el comisario “facha” (quien categóricamente afirma que “delincuente se nace” o que “la amnistía es un estímulo para delinquir”) y su segundo Mercuri, hombre más ponderado y razonable a quien disgusta la cotidiana metodología de represión hacia los rateros de poca monta mientras que al mismo tiempo, a los criminales de “cuello blanco” (como grandes banqueros y políticos corruptos) se les permite campar a sus anchas. En su opinión, los segundos hacen más daño a la sociedad que los primeros – y los pequeños delincuentes ni siquiera existirían si no fuera por los criminales de máscara “respetable”.

Igual que existe una oposición frontal entre éstos dos agentes de la ley y sus respectivas ideas,  también se establece una dicotomía entre los dos jefes del crimen: Por un lado el ciego padrino Don Vincenzo, un “hombre de honor” (aunque acabado y en la ruina) que representa a la “vieja escuela”; y por el otro el Americano, individuo muy peligroso, avasallador y carente de escrúpulos, quien no duda en meterse en nuevos negocios como la droga y en asesinar a traición a todo aquel que ose ponérsele por delante. De ese modo, no sólo tenemos al “poli bueno” y al “poli malo”, sino también al “gangster bueno” y al “gangster malo” (Don Vincenzo: “Si ésto sigue así, crearán una comisión antimafia para Milán… A cualquier cosa hoy llaman mafia, pero lo único que quedan son bandas. La auténtica Mafia ya no existe”).

La música fílmica fue compuesta por Luis Enríquez Bacalov (habitual colaborador de Di Leo) con la participación de los Osanna, un grupo de rock progresivo-psicodélico. Di Leo volvería a emplear la misma banda sonora reciclándola para otras de sus películas posteriores, como “La città sconvolta: Caccia spietata ai rapitori” (1975), con Luc Merenda o “Vacanze per un massacro” (1980), con Joe D´Alessandro.

FHP, febrero de 2016