La policía pide ayuda – Massimo Dallamano, 1974

(Imagen: staticflickr)

La polizia chiede aiuto

Italia, 1974

Director: Massimo Dallamano

Género: Polizziesco, giallo

Guión: Massimo Dallamano, Ettore Sanzò (basándose en una novela de Peter McCurtin)

Intérpretes: Giovanna Ralli (juez Vittoria Stori), Claudio Cassinelli (Inspector Silvestri), Mario Adorf (Inspector Valentini), Farley Granger (Polvesi), Sherri Buchannan (Silvia)

Música: Stelvio Cipriani

Argumento

En el pequeño ático de un edificio, la policía encuentra el cadáver de una muchacha ahorcada. La chica cuelga desnuda. El comisario Valentini ha llegado hasta allí tras recibir una llamada anónima. Por el momento se desconoce la identidad de la adolescente y todo apunta a un suicidio. La autopsia determina que la joven mantuvo relaciones sexuales poco antes de su muerte.

La juez Vittoria Stori recibe el encargo de dirigir las investigaciones. Las autoridades consiguen desvelar la identidad de la chica: Se trata de Silvia Polvese. La quinceañera, de buena familia, acudía a un exclusivo colegio de monjas. En el momento de la tragedia, sus padres se hallaban ausentes en África, donde tenían negocios. La criada explica que Silvia había cambiado mucho en los últimos meses, y que se comportaba de manera extraña; siempre llevaba consigo una pequeña hoja de afeitar para cortarse las venas “en caso de emergencia”.

Las pesquisas policiales son delegadas al inspector Silvestri. Valentini se siente aliviado al no tener ya ocuparse del escabroso caso; pues tiene una hija, Patrizia, de la misma edad que la muerta.

Casualmente, mientras en la comisaría se proyectan las grabaciones policiales de una reciente manifestación, la juez Stori reconoce en las imágenes a la difunta Silvia. Allí se ve cómo la chica se mete en un portal, frente a la calle donde tienen lugar las protestas estudiantiles. Se trata del mismo día de su muerte, y sólo como una hora antes. Aquella manifestación se realizó en la otra punta de la ciudad respecto al ático donde apareció el cuerpo de Silvia: Los investigadores llegan pues a la conclusión de que la chica fue asesinada y su cadáver transportado seguidamente al lugar donde fue encontrado.

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La Piovra IV – Capítulo 6

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La Piovra IV

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1989

 Director: Luigi Perelli

Guión: Sandro Petraglia, Stefano Rulli, Francesco Marcucci

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Patricia Millardet (Silvia Conti), Remo Girone (Tano Cariddi), Simona Cavallari (Esther Rasi), Luigi Diberti (Ettore Salimbeni), Bruno Cremer (Antonio Espinosa), Mario Adorf (Salvatore Frolo), Marcello Tusco (Il Puparo),  Adriano Pappalardo (Santuzzu Salieri), Gianpaolo Saccarola (Salvo), Alice de Giuseppe (Greta Antinari), Claude Rich (Filippo Rasi), Franco Trevisi (Kemal Yfter), Vanessa Gravina (Lorella de Pisis)

Música: Ennio Morricone

Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior

Capítulo 6

Tano se dirige a la sede de la banca Antinari para supervisar la compleja maniobra bursátil que le convertirá en dueño de los Seguros Internacionales. Mientras tanto, el tren repleto de residuos radioactivos circula a través de Italia rumbo a Sicilia.

Corrado, Silvia y los demás esperan junto a Lorella al padre adoptivo de ésta. Poco después aparece: No es otro que “il Puparo”, que llega (en condición de arrestado) junto a su fiel Santuzzo. “Il Puparo”, que es un uomo d´onore de la vieja escuela, ha sido expulsado de la Cúpula, que había decidido su asesinato y reemplazo por su hermano menor Salvo. Ahora las nuevas generaciones están tomando el poder en los vértices de Cosa Nostra, aquellos que trafican con drogas a gran escala, que no dudan en matar mujeres y niños. “Il Puparo” se había opuesto al asunto del material radioactivo. También se descubre que se opuso al asesinato de la mujer e hija de Frolo. Paola, la niña de éste, fue rescatada de entre las llamas del coche por Tindari, y poco después adoptada por “Il Puparo” bajo el nombre de Lorella de Pisis.

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La Piovra IV – Capítulo 5

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La Piovra IV

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1989

 Director: Luigi Perelli

Guión: Sandro Petraglia, Stefano Rulli, Francesco Marcucci

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Patricia Millardet (Silvia Conti), Remo Girone (Tano Cariddi), Simona Cavallari (Esther Rasi), Luigi Diberti (Ettore Salimbeni), Bruno Cremer (Antonio Espinosa), Mario Adorf (Salvatore Frolo), Marcello Tusco (Il Puparo),  Adriano Pappalardo (Santuzzu Salieri), Gianpaolo Saccarola (Salvo), Alice de Giuseppe (Greta Antinari), Claude Rich (Filippo Rasi), Franco Trevisi (Kemal Yfter), Vanessa Gravina (Lorella de Pisis)

Música: Ennio Morricone

Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior

Capítulo 5

Mientras Cattani y sus hombres continúan indagando acerca de la niña Lorella, adoptada por Tindari, la Comisión de la Mafia ha aceptado ver a Tano para que éste exponga el asunto de la compra de la isla. Salvo trama deponer a su jefe, “il Puparo”, con ayuda de la Comisión y ocupar su lugar.

Tano comienza a sospechar de que Esther le oculta algo. Cuando se marcha a Sicilia para encontrarse con la Comisión, le encarga a su chófer que mantenga bajo vigilancia a la chica, y que la siga allá donde vaya. Esther, por su parte, continúa fingiendo que le ama (salvando las distancias, desempeña a la perfección el papel de su tocaya bíblica…)

El marido de Silvia se marcha definitivamente hacia Roma, para ejercer sus funciones como senador.

Tano es guiado por Salvo hasta el lugar donde está reunida la cúpula. Las caras de sus integrantes no son visibles. Tano les relata a los jefes sus propósitos, mencionando las astronómicas ganancias que el proyecto de almacenar basura radioactiva puede tener para todos ellos. Tienen tres días de tiempo para darles una respuesta.

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La Piovra IV – Capítulo 4

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Corrado Cattani (Michele Placido) y Salvatore Frolo (Mario Adorf)

La Piovra IV

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1989

 Director: Luigi Perelli

Guión: Sandro Petraglia, Stefano Rulli, Francesco Marcucci

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Patricia Millardet (Silvia Conti), Remo Girone (Tano Cariddi), Simona Cavallari (Esther Rasi), Luigi Diberti (Ettore Salimbeni), Bruno Cremer (Antonio Espinosa), Mario Adorf (Salvatore Frolo), Marcello Tusco (Il Puparo),  Adriano Pappalardo (Santuzzu Salieri), Gianpaolo Saccarola (Salvo), Alice de Giuseppe (Greta Antinari), Claude Rich (Filippo Rasi), Franco Trevisi (Kemal Yfter), Vanessa Gravina (Lorella de Pisis)

Música: Ennio Morricone

Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior

Capítulo 4

En los laboratorios policiales, los investigadores analizan la foto de la niña que la viuda de Tindari entregó a Faetti. Descubren que hay una inscripción, pero es ilegible. Cattani y la jueza Silvia Conti siguen la pista del dinero, para hallar la conexión entre el casino, la Mafia, la banca Antinari y la política.

Silvia regresa  a su trabajo y ordena la detención de varios funcionarios del consejo comunal de una pequeña ciudad, por su involucración en las tramas.

Esther trata de ganarse la confianza de Tano. Éste, poco a poco, comienza a sentir un sincero afecto por ella. La joven por su parte, quiere vengarse de la muerte de su padre. Esther le pide que la invite a cenar: „En éste momento lo que quisiera es no estar tan triste“ Él responde, con su carácterística frialdad: “Yo no soy capaz de alegrar a las personas” – pero acepta llevarla a cenar esa noche.

Uno de los presos detenidos en el capítulo anterior declara saber quien está detrás del secuestro y violación de la jueza, y durante un nuevo interrogatorio vuelve a agredirla; pero Cattani interviene a tiempo protegiéndola.

Tano ha ido a encontrarse con Salvo. Amos miran un video sobre la isla que Espinosa pretende adquirir. Se trata de una isla abandonada, cercana a las costas de Sicilia, con cientos de túneles que la atraviesan de punta a punta, y desde la superficie a lo más profundo. En el pasado se realizaron allí trabajos de minería. Está claro que a Espinosa le interesa la isla por los túneles.

Silvia le reconoce a Corrado que su matrimonio se está apagando. Entre los dos va naciendo poco a poco algo más que una simple relación de amigos y compañeros de trabajo.

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La Piovra IV – Capítulo 3

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Comisario Cattani (Michele Placido) y jueza Silvia Conti (Patricia Millardet)

La Piovra IV

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1989

 Director: Luigi Perelli

Guión: Sandro Petraglia, Stefano Rulli, Francesco Marcucci

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Patricia Millardet (Silvia Conti), Remo Girone (Tano Cariddi), Simona Cavallari (Esther Rasi), Luigi Diberti (Ettore Salimbeni), Bruno Cremer (Antonio Espinosa), Mario Adorf (Salvatore Frolo), Marcello Tusco (Il Puparo),  Adriano Pappalardo (Santuzzu Salieri), Gianpaolo Saccarola (Salvo), Alice de Giuseppe (Greta Antinari), Claude Rich (Filippo Rasi), Franco Trevisi (Kemal Yfter), Vanessa Gravina (Lorella de Pisis)

Música: Ennio Morricone

Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior

Capítulo 3

En la comisaría se está diseñando un retrato robot de uno de los asaltantes de la comitiva policial que custodiaba a Frolo. Se trata de uno del más corpulento y temible de los pistoleros, un individuo que nunca habla llamado Salieri.

El periodista, Davide Faetti, observa movimientos sospechosos en los alrededores de su oficina. Están llevando una tarta a un hotel, pero el reportero intuye que en el interior del pastel hay algo más, y sigue a quien transporta la tarta. Averigua que es para la habitación 112, y va hasta allí fingiendo ser otro cliente que se ha equivocado de habitación. Allí ve a Salvo y sus cómplices, pero como éstos no se conocen puede usar efectivamente su estratagema.

Tano y los demás deciden marcharse, sólo uno de los miembros de la banda se queda allí para averiguar si el que acaba de intentar entrar en su habitación es un espía. Entretanto, Faetti alerta a Cattani y éste se dirige al hotel raudamente. Logra intervenir a tiempo antes de que el sicario de la Mafia mate al periodista. Lo que había en el interior de la tarta resultan ser unos planos, que servían para el seguimiento del comisario: Éste se ha convertido en objetivo a eliminar.

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La corta noche de las muñecas de cristal – Aldo Lado, 1971

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La corta noche de las muñecas de cristal (V.O. „La corta notte delle bambole di vetro“ / „Short night of glass dolls“ a.k.a. „Malastrana“)

Italia, 1971

Director: Aldo Lado

Guión: Aldo Lado

Intérpretes: Jean Sorel (Gregory), Mario Adorf (Jacques), Barbara Bach (Mira)

Música: Ennio Morricone

Género: Suspense

Argumento

El inerte cuerpo del reportero Gregory Moore es encontrado en un parque de Praga y llevado a la morgue. Sin embargo Gregory no está muerto, sino que sufre de un episodio de catalepsia que le impide moverse y que ha bloqueado sus constantes vitales. Los empleados del tanatorio lo mantienen en una cámara frigorífica a la espera de poder identificarlo para proceder a la autopsia y establecer las causas del “deceso”. Mientras tanto, el reportero es consciente de lo que sucede a su alrededor; y comienza a recapitular a modo de flashback los acontecimientos que le llevaron a su actual situación…

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Jean Sorel como el cataléptico Gregory

Inicialmente amnésico, los recuerdos afloran poco a poco a su mente. Había llegado a Checoslovaquia como corresponsal junto a sus compañeros periodistas Jacques y Jessica, al mismo tiempo que iniciaba en la capital una ola de secuestros (y posteriores asesinatos) de bellas mujeres. En Praga había conocido a una joven llamada Mira, checa pero de otra ciudad, con la que entabló una relación. En el marco de su trabajo como periodista, Gregory fue invitado a una recepción en casa de un político llamado Valinski. Allí se congregaban personalidades importantes de la ciudad. Gregory llevó como acompañante a Mira, quien habiendo llegado de visita desde su pueblo pasaba unos días junto a él en Praga. Más tarde ambos regresaron al piso de Gregory. Pero el reportero tuvo que salir una vez más, tras recibir una llamada de su compañero Jacques. Una vez reunido con éste, todo resultó ser una falsa alarma. De vuelta en su casa, Gregory se dió cuenta de que Mira había desaparecido… Aunque su maleta y toda su ropa seguían allí, e incluso su dinero y sus documentos. El periodista comprendió de inmediato que alguien tuvo que raptarla, y que la “falsa alarma” fue activada para alejarle de su casa de modo que la chica se quedara allí sola. Gregory está convencido de que Mira fue secuestrada, aunque su compañera Jessica (que, atraída por él, se siente celosa) intenta convencerle de que simplemente le abandonó. Pero también el huraño comisario Kierkoff trata de dar el caso por cerrado. Así, Gregory inicia sus propias pesquisas. Al principio, sospecha de un asesino en serie. Pero tras indagar a fondo, el audaz reportero va acercándose cada vez más peligrosamente a la verdad…

Todo parece estar relacionado con una compleja y misteriosa red conspirativa internacional que se dedica a abducir jóvenes muchachas para oscuros ritos. No se trata pues de un solo individuo, sino de toda una organización bien estructurada y ramificada.

Los padres de las otras chicas desaparecidas tienen miedo de hablar. Un hombre que se había decidido a relatar lo que sabe es asesinado ante los ojos de Gregory, cuando un desconocido lo empuja desde un puente a las vías del tren.

Todas las pistas conducen al “Club 99”, donde personajes de la alta política y las finanzas acuden (supuestamente) a recitales de música clásica. El propietario del club no es otro que Valinski, el anfitrión de la fiesta a la que Gregory acudió con Mira – y donde la chica fue vista por última vez en público.

El hostil comisario, al darse cuenta de que el reportero continúa investigando por su cuenta, busca la manera de acusarle a él de la desaparición de su novia.

En su estado cataléptico, Gregory trata de unir todas las piezas para resolver el caso y se esfuerza por poder volver a mover su cuerpo. Los médicos se asombran de que transcurridas tantas horas aún no haya hecho su aparición el rigor mortis, y de que el cuerpo tenga todavía una temperatura templada. Iván, un médico amigo suyo, intentará reanimarle. Pero unos siniestros individuos están muy interesados en que Gregory no despierte jamás…

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Comentario

Ésta obra maestra visionaria se adelantó varias décadas en su temática y en su planteamiento a “Eyes wide shut” (1999), la última película de Stanley Kubrick. “La corta noche de las muñecas de cristal” (a.k.a. “Malastrana”) combina a la perfección los cánones estilísticos habituales del thriller a la italiana o giallo con un suspense hitchcockiano provisto de toques oníricos (lo que recuerda a “Vértigo”, 1958) y ocultistas. También son patentes las referencias al Polanski más macabro, el de “Rosemary´s Baby” (1968) o “El Inquilino” (1976).

La leyenda del Golem de Praga (hecha literatura por la pluma de Gustav Meyrink) es asimismo una de las influencias esenciales para “La corta noche de las muñecas de cristal”. La acción se desarrolla también en la enigmática Praga, y Gregory (Jean Sorel) encarna al extremo opuesto del golem. La leyenda judía del golem (que inspiraría a Mary Shelley para escribir su “Frankenstein”) trata de cómo un rabino devuelve a la vida mediante la magia negra cabalística a un ser compuesto a base de cadáveres para que se convierta en su esclavo. El golem es un autómata, un muerto transformado en robot, un ser animado (y animalesco) aunque sin alma ni conciencia; y en cambio el cataléptico Gregory es un hombre reducido a la inmovilidad de un cadáver (¿también acaso debido a la magia negra?) que sin embargo sí es capaz de sentir y razonar.

La sensación de pesadilla kafkiana que embarga a Gregory durante su impotencia cataléptica es transmitida directamente al espectador (a través del diálogo interno del personaje y sus memorias), quien con angustia ansía reconstruir junto a él los hechos relacionados con la desaparición de su novia; hechos que sin duda deben tener algo que ver con la infortunada situación en la que él se encuentra (Su mente no descansa en ningún momento, y es siempre consciente de que debe recuperar la movilidad cuanto antes, pues si no morirá de verdad durante la “autopsia”).

Un grupo de carácter sectario y satanista comandado por exponentes de la “élite”, la política internacional y las altas finanzas, realiza una serie de rituales perversos para mantener la cohesión, saciar sus apetitos vampíricos y preservar su poder. Cuando Gregory, que ha estado investigando a algunos exponentes de ese grupo, descubre que el secuestro de su novia (y el de otras chicas) está relacionado con el siniestro círculo, atrae inevitablemente la atención de sus miembros, quienes intentarán evitar a toda costa que el intrépido reportero siga tirando del hilo…

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Barbara Bach, quien encarna a Mira, trabajó ese mismo año de 1971 en el giallo “La tarántula del vientre negro”, de Paolo Cavara. También aparece en el polizziesco “El ciudadano se rebela” (Enzo G. Castellari, 1974). Jacques está interpretado por Mario Adorf (Rocco en “Milano Calibro 9” de Fernando Di Leo, 1972).

Aunque la acción transcurre en Praga, la mayor parte de la película fue rodada en Zagreb, Croacia. De la banda sonora se encargó el maestro Ennio Morricone.

Aldo Lado rodaría pocos años después el gran thriller “El último tren de la noche” (1975), y también el giallo “¿Quién la ha visto morir?” (1972), ambientado en Venecia.

FHP, abril de 2016

Nuestro hombre en Milán – Fernando Di Leo, 1972

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Nuestro hombre en Milán (V.O. La mala ordina, a.k.a. “The Italian Connection”, a.k.a. “Manhunt”)

Italia, 1972

Director: Fernando Di Leo

Género: Gangsters, acción

Guión: Fernando Di Leo

Intérpretes: Mario Adorf (Luca), Henry Silva (Dave), Woody Strode (Frank)

Música: Armando Trovajoli

Argumento

En Nueva York, un poderoso jefe criminal conocido como el Corso convoca en su rascacielos a dos de sus más eficientes sicarios, David Catania y Frank Webster. Ha pensado en ellos para encargarles una misión en Italia (pues David es de origen italiano y el afroamericano Frank estuvo como soldado en ese país durante la IIGM). Deberán localizar en Milán a un tal Luca Canali para liquidarlo; el objetivo debe ser asesinado de manera espectacular, para que su muerte sirva de ejemplo y como advertencia.

Pues a Luca, un proxeneta de poca monta, se le acusa de haber robado un cargamento de heroína propiedad de la organización del Corso. Una vez en Milán, los dos asesinos a sueldo deberán acudir a ver al jefe local, Don Vito Tressoldi, para coordinar con él la busqueda de  Luca.

Los dos matones se instalan en un hotel y son recibidos por una guía turística llamada Eva que nada sabe de sus propósitos. Ella es la encargada de enseñarles los lugares de la ciudad que deseen conocer. David y Frank quieren visitar clubs nocturnos, pues creen que en los antros conseguirán informaciones de interés sobre el paradero del individuo que deben eliminar.

Luca tiene a varias chicas que se prostituyen bajo su “protección”. Al mismo tiempo está casado y tiene una hija pequeña. Su mujer vive separada de él porque su ocupación le repugna, pero ambos tienen una relación cordial y se ven esporádicamente, sobre todo a causa de la niña, quien nada sabe del poco honesto trabajo de su padre

Vito Tressoldi está inquieto por la llegada de los americanos. Aunque tiene mucho poder como jefe del hampa en Milán, en realidad no es más que un subalterno del Corso. La presencia de los sicarios de Nueva York en su ciudad le incomoda, y quiere que se vayan cuanto antes. Cuando David y Frank van a su despacho para comunicarle que quieren la cabeza de Luca, Tressoldi afirma más aliviado que colaborará con ellos en su captura.

En una discoteca, Frank y David hablan con una chica llamada Trini, quien les revela la zona por donde se mueve Luca. Poco después Trini (que vive en una especie de comuna hippy) llama a Luca para ponerle sobre aviso de que los americanos lo buscan.

Cuando una mañana Luca sale de la casa de Anna, una de sus amantes, es abordado por dos esbirros de Tressoldi, quienes le “invitan” a acompañarlos a su coche. Lo llevan a una fábrica maderera a las afueras de la ciudad diciéndole que don Vito quiere “hablar con él”. Pero una vez allí, comienzan a pegarle. Luca se defiende y logra huir. Cuando llegan Tressoldi y los americanos, sólo encuentran a los dos lacayos magullados. Indignado porque han dejado escapar a Luca, don Vito los ejecuta allí mismo. Quiere demostrales a los americanos que él también toma muy en serio la captura del proxeneta.

A partir de ese momento, se inicia una auténtica caza del hombre a través de todo Milán. Tressoldi pone en funcionamiento una tupida red de informadores, y da orden de localizar al fugitivo cueste lo que cueste. Luca es consciente de las dimensiones que ha tomado la “busca y captura” vigente contra él, pero no entiende el motivo. Intenta buscar refugio en casa de Anna, pero ésta le rechaza porque quiere evitar problemas. Luca se hace con una pistola, que compra a un vendedor de armas amigo suyo que usa un taller mecánico como tapadera. Pero éste “amigo”, seducido por el dinero de Tressoldi, cede a la tentación de entregarle…

No obstante Luca consigue una vez más eludir el cerco. Pero quiere saber la causa por la cual le están persiguiendo, y llama a Tressoldi para preguntárselo. Don Vito asegura que solo quiere “hablar con él”, y que se persone en sus oficinas; pero Luca intuye que se trata de una trampa. Cuando Tressoldi se percata de las reticencias de su interlocutor, le chantajea mencionando a su mujer y a su hija (diciendo algo así como “sería una pena que les pasara algo…”). Aterrado, entre la espada y la pared, Luca intentará convencer a su esposa de que ella y la niña abandonen Milán antes de que sea demasiado tarde…

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El director Fernando Di Leo (en el centro) flanqueado por Henry Silva (David) y Woody Strode (Frank)

Comentario

Cuenta Quentin Tarantino, gran admirador de Fernando Di Leo y del polizziesco en general, que para crear al dúo protagonista de “Pulp Fiction” (1994) se inspiró en los dos sicarios de “La mala ordina”. Vincent Vega y Jules Winnfield, uno blanco y el otro negro, tienen su precedente en David y Frank, los personajes de Henry Silva y Woody Strode.

Luca Canali está interpretado por Mario Adorf, a quien ya vimos en un papel muy memorable (y bastante diferente) en “Milano Calibro 9” (1972). Woody Strode aparece brevemente en “Hasta que llegó su hora” (Sergio Leone, 1968) como uno de los hombres de Frank a los que Charles Bronson elimina en la primera escena. Con Fernando Di Leo volvería a trabajar en “Colpo in canna” (1975), donde compartiría cartel con Ursula Andress. A Henry Silva el rol de sicario le viene como anillo al dedo, y sus personajes responden por lo general a esquemas muy parecidos, como puede verse en otras películas en las que participa: “Quelli che contano” (Andrea Bianchi, 1974) o la coproducción italo-alemana “Zinksärge für die Goldjungen” (Jürgen Roland, 1973). Fernando Di Leo volvería a contar con él para su siguiente película, “Il Boss” (1974), la tercera de la “trilogía del hampa” junto a “Milano calibro 9” y ésta “La mala ordina”.

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El título original del film que nos ocupa podría traducirse como “El hampa ordena” (“La mala” es una abreviatura para “la malavita”, es decir la delincuencia o el hampa). Como en “Milano calibro 9” tenemos aquí un gangster acusado de robar, injustamente o no, a la gran organización. Luca Canali hace las veces de Ugo Piazza en el otro film; el bandido solitario que tiene que vérselas con un nutrido y compacto grupo de enemigos, y que cada vez tiene menos personas en las que poder confiar.

Sin embargo, debido al giro que irán tomando los acontecimientos, Luca llegará a convertirse de perseguido en perseguidor…

Don Vito Tressoldi es el máximo jefe de la criminalidad en Milán, pero se siente intimidado por las noticias que vienen desde EEUU, pues allí están otros que mandan mucho más que él. Los peces gordos como el Corso están furibundos por el robo de su mercancía y Tressoldi teme que en realidad sospechan de él. Al mismo tiempo, descubre que había infravalorado a Luca.

Ésta vez la banda sonora no está compuesta por el maestro Bacalov sino por un tal Armando Trovajoli. La música, muy setentera y con repetitivas melodías a base de saxofones, no es tan notable como en “Milano calibro 9” .

“La mala ordina” no puede considerarse estrictamente un polizziesco, pues no aparece durante el metraje ni un solo policía.

Aunque sin duda es una buena película, „La mala ordina“ es en mi opinión la más floja de la célebre „trilogía del hampa“ de Fernando Di Leo. Considero tanto a “Milano calibro 9” como a “Il Boss” muy superiores.

FHP, febrero de 2016