La Piovra I – Capítulo 6

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Sante Cirinnà (Angelo Infanti)

La Piovra I

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1984

 Director: Damiano Damiani

Guión: Nicola Badalucco, Lucio Battistrada, Massimo De Rita, Elio De Concini

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Barbara De Rossi (Raffaella “Titti” Pecci Scialoia), Angelo Infanti (Sante Cirinnà), Geoffrey Coppleston (Banquero Ravanusa), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), Francois Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra)

Música: Riz Ortolani

Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior

Capítulo 6

Altero ha sido encargado por el fiscal para llevar la investigación contra el comisario Cattani, quien hasta el momento era su inmediato superior. Anna ataca a Cattani porque piensa que ha actuado con negligencia. Nadie sabe el motivo real por el cual el comisario ha actuado de esa manera, ni el calvario por el cual está pasando. El más honesto de todos es precisamente quien acaba bajo sospecha. Le acusan de “traición a la ética profesional”.

Sólo dos personas parecen confiar todavía en Cattani: Su esposa Else y su amante Titti. Ésta última acude a visitar a Corrado a su casa, pero él la rechaza. No quiere exponerla a riesgos innecesarios. Poco después, sin embargo, arrepentido de su brusquedad al echarla, sale a buscarla a la calle.

Los parientes de Titti quieren llevarla a una clínica privada para que se cure de su drogadicción. El párroco no piensa que sea una buena idea, pero la joven marquesa acepta el traslado. Mientras tanto, Cirinà está a punto de obtener la libertad condicional.

Else regresa a Sicilia y una vez en casa, Corrado le cuenta la verdad acerca de Paola. Ese es además el día en el que la hija de ambos se supone iba a ser liberada. Efectivamente, la niña es soltada en un parquet. Allí acuden poco después sus padres, pero Paola reacciona agresivamente ante su progenitor; está en estado de shock. Poco después, cuando la examinan en un hospital, sale a luz que durante su cautiverio fue violada. Su recuperación psicológica será lenta y larga, y para ello es llevada a un centro en Suiza, país del que procede su madre.

También Titti se recupera en una clínica… Allí va a verla Cirinà, que ha conseguido la condicional. Además de sus promesas de amor eterno y propuestas de matrimonio, el delincuente le trae a la convaleciente joven una dosis de heroína. También Anna quería visitar a Titti, pero Cirinà se entera de que la hermana de Franco está allí y la oblige violentamente a marcharse.

Por la noche, Titti se debate con la tentación. Duda entre si pincharse o dejarlo estar. Se sienta en el marco de la ventana abierta y cae al vacío. De esa forma, muere.

Habiendo dejado esposa e hija en Suiza, Cattani regresa a Sicilia y presencia los funerales de Titti. Cirinà, que también acompaña el fúnebre cortejo, ve al retornado ex-jefe de la policía local y da grandes muestras de inquietud.

Cattani va a visitar a Olga Camastra. Ésta asegura no saber que su hija había sido secuestrada. Y reacciona con estupor cuando además se entera de que la violaron. Cattani le pide a la condesa que le diga a sus “socios” el abogado y el banquero que “quiere justicia”; y que quiere que le entreguen al “carcelero” de Paola.

 

El banquero y el abogado ignoraban que la pequeña fue abusada. Consideran que ello es contraproducente para ellos mismos, pues ésto motivará al padre a buscar venganza. “Había que devolver a la niña intacta, sino era mejor no devolverla”. Olga está muy disgustada con sus socios, y éstos le hacen saber a la condesa que lo mejor será que guarde silencio si quiere evitarse problemas.

El profesor Laureo, que dirige esa misteriosa organización política, está compinchado con el abogado y el banquero en las tramas de éstos. A través de Olga, los jefes del crimen organizado local se han enterado donde se oculta Cattani (en una furgoneta-caravana) y mandan a algunos sicarios para asesinarle. Éstos dejan la furgoneta como un colador. Pero estaba vacía.

Cattani vive en casa de Anna, y le dice a ésta sobre sus enemigos que ya no se conforma con detenerlos y encarcerlarlos, sino que “Ahora quiero ver el color de su sangre”. Cattani ha acordado con el abogado una cita para que le traigan al violador de su hija.

Una noche en un descampado acude Cirinà y Cattani le está esperando. El traficante le trae al violador, maniatado en el maletero del coche. Pero está muerto, Cattani lo quería vivo. Resulta ser el asesino de Leo, que fue además a interpelarle en el bar para transmitirle órdenes de la organización. En un momento de descuido, Cirinnà trata de golpear a Cattani y se desarrolla una pelea entre ambos. El policía ata a su contrincante de la misma forma que está atado el difunto en el maletero y los entrega a las autoridades.

Cirinà va a la cárcel, pero sus días están contados. Sabe demasiado, y sus poderosos jefes no ven otra solución que silenciarlo para siempre.

Corrado Cattani ya no es comisario, piensa incluso dimitir de la policía, pero no dejará de investigar por su cuenta y de ser útil a modo de testigo para hundir a los cabecillas de la trama.

FIN DE LA PIOVRA I

(Continuará en LA PIOVRA II)

FHP, 2015

 

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La Piovra I – Capítulo 5

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Cattani (Michele Placido) y su hija Paola (Cariddi Nardulli)

La Piovra I

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1984

 Director: Damiano Damiani

Guión: Nicola Badalucco, Lucio Battistrada, Massimo De Rita, Elio De Concini

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Barbara De Rossi (Raffaella “Titti” Pecci Scialoia), Angelo Infanti (Sante Cirinnà), Geoffrey Coppleston (Banquero Ravanusa), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), Francois Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra)

Música: Riz Ortolani

(Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior)

 

Capítulo 5

 

Los raptores le comunican a Cattani por teléfono que si quiere volver a ver a su hija con vida no puede hablar con nadie sobre lo sucedido. Cuando a la mañana siguiente le llama Else, el comisario debe mentirle, diciendo que la hija común de ambos se encuentra “con una amiga en la playa por unos días”.

 

Los secuestradores pretenden hacerle chantaje a Cattani: “De ahora en adelante, las órdenes las damos nosotros”. El comisario no tiene más remedio que obedecer. A todos los que preguntan por Paola les cuenta la misma historia de que está en la playa. Cattani se encuentra en los tribunales con el abogado Terraccini, quien le dice críptica y un tanto amenazadoramente que “Quien se dedica a pescar profundamente debe tener cuidado, pues a veces los peces más gordos pueden voltear la barca”.

 

Solo al párraco, bajo secreto de confesión, Cattani le da a entender que su hija ha sido abducida, y que la están usando como rehén. El ingeuo cura le recomienda que se lo comunique a sus superiores.

 

Cuando Cattani no le da a Else el teléfono de la casa donde en la playa supuestamente está Paola, la mujer del comisario piensa que es porque él quiere separarla de ella. Los secuestradores vuelven a llamarlo diciendo lo que esperan de él: Debe facilitar que Cirinà salga de prisión.

 

Así, bajo el falso pretexto de que padece una enfermedad coronaria, Cirinà es trasladado a una clínica, donde tiene una mayor libertad de movimiento. Allí llega Cattani para tratar de averiguar si el traficante está al corriente de la desaparición de su hija. Al principio Cirinà se hace el tonto, pero cuando el comisario está por marcharse le da a entender que sabe muy bien lo que sucede.

 

Cuando Cattani está en casa de Titti, Cirinà llama por telefóno: Otra de las “órdenes” que el comisario deberá acatar es no volver allí nunca más. (Cuando quieran verse de nuevo lo van a tener que hacer a escondidas).

 

Poco después, desaparecen además los expedientes judiciales que incriminan al banquero y al abogado. Éstos dos aparecen en el programa de televisión de Santamaria, donde niegan que exista cualquier prueba contra ellos y donde sutilmente realizan amenazas veladas contra el comisario. Cattani quiere indagar más profundamente si cabe, y a la vez ganar tiempo.

 

El asesimo material de Leo llega a un bar donde Cattani está almorzando a modo de emisario y le da a entender que quiere que les posibilite un atentado contra Altero, su segundo al mando. Cattani se niega y grita con ira al delincuente hasta que éste emprende la retirada.

 

La copia de los documentos incriminatorios también ha desaparecido. El sospechoso de llevarse los papeles es el nuevo vigilante nocturne, un joven policía recién graduado… Pero en realidad, quien se ha visto obligado a tomar las copias y llevárselas a los delincuentes es el propio Cattani, presionado por los secuestradores de su hija. Éstos le permiten ver a Paola por unos breves minutos, en una cita en el bosque, para que se cerciore de que la niña está bien.

 

El siguiente requerimiento de los criminales es lograr la absolución no solo del banquero y el abogado, sino también la de Cirinà. Para ello contratan a unos testigos falsos que aseguran que el comisario disparó primero… Cattani, impotente, no puede desmentir esas calumnias. Ahora, paradójicamente, es él quien se convierte en inculpado.

(Continuará)

FHP, 2015

 

La Piovra I – Capítulo 4

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El abogado Terrasini (François Périer)

La Piovra I

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1984

 Director: Damiano Damiani

Guión: Nicola Badalucco, Lucio Battistrada, Massimo De Rita, Elio De Concini

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Barbara De Rossi (Raffaella “Titti” Pecci Scialoia), Angelo Infanti (Sante Cirinnà), Geoffrey Coppleston (Banquero Ravanusa), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), François Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra)

Música: Riz Ortolani

(Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior)

Capítulo 4

 

Anna va a visitar a su hermano a prisión. Éste se encuentra en una situación de gran angustia y desesperación, teme que lo maten en cualquier momento. Cirinà está en la misma cárcel.

 

Mientras tanto, Cattani tiene serios indicios para solicitar una autorización judicial que le permita investigar las cuentas bancarias de ciertos importantes individuos de la localidad. Los movimientos de activos serán estudiados concienzudamente, para profundizar en la trama de lavado de dinero procedente del narcotráfico que se esconde tras los recientes asesinatos perpetrados en el municipio. El banquero Ravanusa y el abogado Terraccini se encuentran entre los sospechosos a investigar, así como la empresaria condesa Camastra.

 

Una noche, Franco es trasladado a otra celda, y la puerta es dejada abierta a propósito. Con la complicidad de los funcionarios de prisiones, dos otros presos entran y estrangulan al desventurado. Lo cuelgan de las rejas de su ventana para que parezca que se ha ahorcado.

 

Anna intuye que su hermano no su suicidó, sino que “lo suicidaron”. Cattani es de la misma opinión.

 

Titti ha desaparecido del centro de drogodependientes, y ahora que Cirinà está encarcelado ha encontrado a un nuevo “camello” que le proporciona la heroína, un tal Ciccio Petrosini. Cattani está indignado con sus hombres por no haber evitado que la muchacha se fugara. La atractiva heroinómana es imprevisible, se comporta a veces con cariño y dulzura, y otras de manera histérica y posesa.

 

El jefe de Cattani está ascendiendo como la espuma en la jerarquía policial del estado. Tiene ciertos contactos muy poderosos e influyentes en las altas esferas. Al superior del comisario destinado en Sicilia no le interesa que éste siga indagando en los negocios turbios en los que el banquero y sus secuaces andan metidos. Considera que el cometido de Cattani debe ser arrestar a pistoleros y delincuentes callejeros, y de vez en cuando a algún que otro traficante como Cirinà, pero no pasar de ahí. No sobrepasar la delgada línea que separa los negocios ilegales de los “legales”, tirando para ello del hilo conductor del dinero.

 

Pero en el último momento, poco antes de su jubilación, el procurador autoriza la investigación de las cuentas bancarias y la operación comienza a dar sus frutos. El banquero Ravanusa y el abogado Terraccini comienzan a ponerse nerviosos. Además, Cattani ordene que se vigile a todo aquel que visite a Cirinà en prisión.

 

La paralización de ciertos negocios en el municipio deja sin trabajo a muchos obreros del pueblo. Éstos responsabilizan de su desempleo al comisario. También la condesa Olga Camastra, que lleva la empresa constructora, ha recibido la visita de la Guardia de Finanzas.

 

El abogado Terraccini teme que Titti hable. En una de sus visitas a Cirinà le dice a éste que lo más prudente sería liquidarla (“en una de las siguientes dosis que la envíes habría que meter un poco de estricnina…”) – pero Cirinà se niega en redondo. “Tu imprudencia y las mujeres serán tu perdición” le dice el abogado. Poco a poco, Terraccini llega a presionar al traficante detenido para que emprensa medidas contra la drogadicta.

 

Entretanto, Santamaria presenta al comisario Cattani a una especie de nuevo líder político local, un tal profesor Laureo. Éste es integrante de una organización “moralista” muy bien conectada que supuestamente está interesada en acabar de raíz con el crimen organizado. Laureo le ofrece al comisario una mutual colaboración. Pero Santamaria también tiene buenos contactos con los potentados que están siendo investigados por lavado de dinero.

 

Paola ha tenido su primera menstruación. Esa misma noche, tras hablar telefónicamente con su madre en Milán, le pide a su padre que la lleve a conocer a Titti. El primer encuentro entre las dos es un tanto frío, pero no hostil.

 

Poco después, un acontecimento terrible golpea al comisario: Su hija Paola ha sido secuestrada.

(Continuará…)

FHP, 2015

La Piovra I – Capítulo 2

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Corrado Cattani (Michele Placido) y Olga Camastra (Florinda Bolkan)

La Piovra I

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1984

 Director: Damiano Damiani

Guión: Nicola Badalucco, Lucio Battistrada, Massimo De Rita, Elio De Concini

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Barbara De Rossi (Raffaella “Titti” Pecci Scialoia), Angelo Infanti (Sante Cirinnà), Geoffrey Coppleston (Banquero Ravanusa), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), Francois Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra)

Música: Riz Ortolani

(Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior)

Capítulo 2

El ayudante del comisario Cattani ha sido asesinado poco antes de revelarle a su superior una información supuestamente relevante. En el entierro, el párraco don Alfredo realiza de nuevo una arenga contra la Mafia. Cattani piensa ahora que los crímenes y misteriosas muertes que están sucediéndose en la ciudad siciliana no son hechos aislados, sino que forman parte de toda una trama.

 

Cattani va a ver al hermano de Anna en prisión, pero éste niega empecinadamente haber revelado información alguna al agente Leo Di Maria. Asegura que sólo quería conocerle porque iba a casarse con su hermana. Es muy probable que Franco Caruso le tendiese una trampa al joven policía por encargo de sus superiores en el seno de la Mafia.

 

Santamaria, el trabajador de la televisión local, continúa tratando de seducir a Else, la esposa de Cattani. Else ha descubierto su vocación como pintora, y solicita ayuda a Santamaria para organizar una exposición.

 

Mientras tanto, Tití padece el síndrome de abstinencia, pues lleva tiempo sin consumir su dosis de heroína. Telefonea al delincuente Sante Cirinà para que le traiga la droga. Éste se aprovecha de la adicción de la muchacha para acostarse con ella. Cattani, por su parte, se cita también con Tití y la lleva a cenar a un restaurante para hablar de los casos que está investigando. Ella reacciona con apatía y hostilidad. Cuando el comisario le dice que sabe que Marineo y su madre la marquesa murieron la misma noche en la misma sala, Tití reacciona con furia y le monta una histérica escena a Cattani. Luego él la acompaña a su casa diciendo que “no la molestará más” y que será ella quien vaya la próxima vez a buscarle…

 

Como Cattani había previsto, Tití efectivamente no tarda en ponerse en contacto con él, y le ruega que venga enseguida porque debe hablarle. Cuando el comisario llega, la chica está bajo los efectos de la heroína. En ese estado, ella declara estar enamorada de él… Y poco después confiesa la verdad sobre lo acontecido aquella fatídica noche: Tití se despertó al escuchar gritos en el salón, y al ir a ver qué sucedía se encontró con que Sante Cirinà se hallaba allí, discutiendo con su madre y con el comisario Marineo. Éste último decía tener pruebas de su implicación en el narcotráfico, mientras que la marquesa le responsabilizaba de la drogadicción de su hija. Cirinà sacó su revólver y asesinó a los dos, colocando el arma en la mano de la mujer para que pareciera que ella había dado muerte al comisario y a continuación se había suicidado.

 

Parece ser que también Cattani se siente atraído hacia la atormentada drogadicta. Ésta es chantajeada por Cirinà, que es quien la ha convertido en toxicómana y quien le suministra la droga (además de ser el asesino de su “suicidada” madre).

 

El comisario y la hija de la marquesa acuden a una fiesta de la alta sociedad. Allí se encuentran prestigiosos banqueros, abogados y aristócratas (como la condesa Olga Camastra) reunidos realizando apuestas de juego ilegalmente. Pero Cattani no pretende intervenir esa noche. Tití comienza a sentir de nuevo los efectos del “mono”, y el comisario la lleva al centro de drogodependientes regentado por el cura don Alfredo.

 

Tras ello, Cattani acude al concesionario propiedad del criminal Cirinà y le da a entender que está al corriente de su implicación en asuntos de narcotráfico. El mafioso buscará tenderle una emboscada esa misma noche. Pero el comisario está prevenido y no sale de su oficina sin chaleco antibalas. Mientras tanto, Else está a punto de consumar un nuevo adulterio con el tal Santamaria, que la lleva cortejando desde que llegaron a Sicilia.

(Continuará)

FHP, 2015

La Piovra I – Capítulo 1

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La Piovra I

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1984

 Director: Damiano Damiani

Guión: Nicola Badalucco, Lucio Battistrada, Massimo De Rita, Elio De Concini

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Barbara De Rossi (Raffaella “Titti” Pecci Scialoia), Angelo Infanti (Sante Cirinnà), Geoffrey Coppleston (Banquero Ravanusa), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), Francois Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra)

Música: Riz Ortolani

 

Capítulo 1

En una pequeña ciudad siciliana ha sido asesinado el comisario Marineo, jefe de la policía local. Para sustituirlo, llega allí procedente de la península el comisario Corrado Cattani, junto a su esposa Else y su hija Paola. La primera misión de Cattani una vez en Sicilia consiste en esclarecer la muerte de su predecesor. Un agente del lugar le explica quién es quién en la ciudad durante el entierro de Marineo. El párroco, don Alfredo, pronuncia un sermón contra la Mafia.

 

Al mismo tiempo del asesinato del comisario, otro trágico suceso ha conmovido a la población: La marquesa de Scialoia se ha suicidado, y también los funerales de ella tienen lugar. Allí acuden importantes personalidades del mundo de las finanzas, los negocios y la aristocracia. Entre ellos una condesa viuda llamada Olga Camastra, que se dedica al mundo de la construcción. También está presente la hija de la difunta, una joven de aspecto enfermizo apodada Tití. Cattani observa como un hombre la toma en brazos cuando la joven se desvanece. Se trata de un individuo llamado Cirinà que al parecer está relacionado con la Mafia, según le explica a su nuevo jefe el policía local que le acompaña.

 

El matrimonio entre Cattani y su mujer Else (suiza francófona) no pasa por sus mejores momentos, y ambos sienten mutuamente celos. Suelen discutir con frecuencia, pero acto seguido se reconcilian. La hija Paola, de unos 12 años, presencia la difícil convivencia de sus padres.

 

Por su parte, el joven policía que acompaña a Cattani en su nuevo destino está a punto de casarse con su prometida. Ésta le confiesa que hay mienbros de su familia relacionados con el turbio mundo del crimen organizado: Su hermano está en prisión por lavado de dinero. Pero ésto no inquieta al policía: “Quiero casarme contigo, y no con tu familia”.

 

En un programa televisivo, el nuevo comisario declara que “la Mafia se hace poderosa allá donde el Estado es débil. La desconfianza del pueblo en el Estado es el caldo de cultivo de la Mafia, que aspira a sustituirlo”.

 

Cattani comienza a investigar la muerte de su predecesor y sus pesquisas le llevan a la conclusión de que el asesino debía conocer bien a su víctima. Además, el cadáver probablemente fue cambiado de lugar. Por otro lado, el supuesto suicidio de la marquesa le resulta bastante sospechoso, y decide visitar a su hija Tití para hacerle algunas preguntas… Una vez allí encuentra una caja de cerillas manchada de sangre.

 

En los laboratorios se comprueba que esa sangre no pertenecía a la marquesa… sino al comisario Marineo. Cattani está convencido de que hay un nexo entre ambas muertes, pues el antiguo jefe de la policía fue asesinado junto a la aristócrata. En los informes que le proporciona su ayudante también sale a la luz que la joven Tití es drogadicta, y que el tal Cirinà la está utilizando.

 

Cattani tiene Fuertes indicios que le llevan a pensar que en su comisaría hay un infiltrado que le pasa informaciones a la Mafia, y sospecha concretamente de uno de los policías. Mientras tanto, Anna, la novia del ayudante de Cattani, recibe la noticia de que su hermano preso va a ser trasladado a la cárcel local.

 

Anna le dice al joven policía que su hermano tiene una información de gran importancia que confiarle, acerca del caso que Cattani está investigando. Cuando el hermano delincuente, Franco Caruso, le ha revelado al agente la delicada información, éste telefonea de inmediato a Cattani para contarle las novedades… Pero antes de que ambos puedan encontrarse, el joven policía que le servía de guía y ayudante en la nueva ciudad es cosido a balazos en el bar donde le estaba esperando…

(Continuará)

FHP, 2015

Introducción a la saga de miniseries “La Piovra” 1984-2001

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Introducción a la saga de miniseries „LA PIOVRA“ (1984-2001)

 Nota: El siguiente artículo incluye una descripción a grosso modo de la trama de la serie pero sin realizar spoilers. La lectura es por tanto también apta para aquellos que no hayan visto los episodios y estén interesados en hacerlo. Próximamente se irán publicando de manera regular los análisis pormenorizados de cada capítulo y de todas las entregas, que sí estarán repletos de “spoilers”.

 Trasfondo y datos previos

Entre 1984 y 2001 fue emitida a través de la cadena RAI de la televisión italiana una saga de mini-series llamada “La Piovra” (“El Pulpo”). Los observadores más simplistas y superficiales calificarían la temática de éstos telefilms como “de mafia”, pero lo cierto es que el contenido va mucho más allá del simple thriller gangsteril, transcendiendo la dicotomía de “policías contra bandidos” … Eso ya está implícito en el simbólico título de la saga; pues “la Mafia” es tan solo uno de los muchos tentáculos de ese gran “Pulpo” monstruoso, el Poder Oculto, ese engranaje corruptor enquistado en el mundo de la política y las altas finanzas. El crimen organizado (o la Mafia en el caso específico italiano), es tan solo una de las caras más visibles y mediáticas de un mecanismo global de dimensiones mucho más amplias y siniestras.

La estructura de la cadena de miniseries es poco habitual: “La Piovra” cuenta con diez entregas, de entre cinco y siete capítulos cada una, siendo cada entrega una miniserie en sí misma. En cada sesión se cuenta una historia distinta, pero que sin embargo está hilvanada con acontecimientos que tienen que ver con lo sucedido en entregas anteriores, y en la que intervienen personajes que ya habían aparecido previamente. De un modo u otro, los hechos ocurridos y sus protagonistas siempre están enlazados a lo largo de la cadena de diez entregas (de 1984 a 2001). Excepto en las dos primeras sesiones, cada capítulo tiene la duración de un largometraje.

Sinopsis general

Todo empieza cuando el comisario Corrado Cattani se traslada a una pequeña ciudad siciliana con la misión de investigar el asesinato de su predecesor. Una vez allí va descubriendo poco a poco que el homicidio no forma parte de una habitual venganza mafiosa, que no se trata de un rutinario ajuste de cuentas; sino que tras el crimen se esconden aspectos sumamente inquietantes de una trama mucho más enrevesada, en la que están implicados numerosos ciudadanos “respetables” de esa localidad: El banquero Ravanusa, el abogado Terrasini, la condesa Olga Camastra…

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Tengo miedo (V.O. Io ho paura) – Damiano Damiani, 1977

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Tengo miedo (V.O. Io ho paura)

Italia, 1977

Director: Damiano Damiani

Género: Thriller, polizziesco

Guión: Nicola Badalucco, Damiano Damiani

Intérpretes: Gian Maria Volonté (Ludovico Graziano), Erland Josephson (juez Cancedda), Mario Adorf (juez Moser)

Música: Riz Ortolani

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Argumento

Italia, años setenta. Se están cometiendo sangrientos atentados contra destacadas figuras del aparato judicial y político. Al parecer, los responsables son extremistas tanto “de izquierdas” como “de derechas”, que siembran la inestabilidad en el país. El brigadier Ludovico Graziano (Gian Maria Volontè) es asignado como guardaespaldas y protector del juez Cancedda, cuya vida corre peligro. Éste magistrado muestra una conducta intachable de máxima honestidad, algo que no es el caso de la mayoría de sus compañeros de profesión. Graziano descubre que un almacén está sirviendo como tapadera para el tráfico de armas, suministradas a las bandas terroristas, y junto al juez Cancedda tratarán de tirar del hilo para descubrir a los cerebros de la trama. Cuanto más investigan, más se percatan (con gran angustia y desasosiego) de que altos funcionarios de la cúpula del Estado están inmiscuidos en el turbio asunto. Tienen miedo, de ahí el título del film; miedo de lo que no comprenden…

Todo comienza a complicarse cuando Cancedda llama un domingo a Graziano para avisarle preocupado de que le están espiando.

Tras las revelaciones de una misteriosa mujer, el juez y su guardaespaldas acuden a vigilar el portal de un supuesto piso franco de agentes subversivos. Allí Graziano reconoce a un peligroso terrorista, autor material de un atentado con explosivos contra un tren. Siguen a éste individuo, llamado Caligari, hasta una desierta playa; donde lo fotografían junto a un importante representante de los servicios secretos; el coronel Ruiz. El muy honesto (pero ingenuo) juez Cancedda, se dirige inmediatamente a denunciar a ese coronel corrupto a las altas instancias, firmando así su propia sentencia de muerte, pues ignora que también éstas “altas instancias” son corruptas… La cúspide de la trama está mucho más “arriba” de lo que el encomiable magistrado pueda sospechar. Cancedda acaba siendo asesinado sin que Graziano pueda impedirlo, y éste es herido durante un tiroteo contra el ejecutor. El sucesor de Cancedda en la investigación del caso pasa a ser el juez Moser (Mario Adorf). Una vez recuperado, Graziano se convierte en su escolta personal, acompañándolo en todo momento durante sus pesquisas. Pronto, el guardaespaldas se da cuenta de que están tratando de tenderle una trampa…

Comentario

Muy interesante thriller de espionaje político que retrata y explora los turbulentos acontecimientos que sucedieron realmente en la Italia de aquellos anni di piombo (años de plomo), en medio de la famosa “estrategia de la tensión”, también presente en la España tardofranquista y de la “Transición”. El juez Cancedda y su fiel escolta Graziano no podían adivinar hasta qué punto el propio Estado estaba implicado en los atentados que sacudían al país para evitar el advenimiento (y la consolidación) de una auténtica democracia nacional (orgánica); y para en cambio catapultar a Italia (y al resto de países de Europa occidental) a los brazos del atlantismo. Y es que no sólo “arriba” había que buscar a los más altos responsables del terrorismo; sino más bien “afuera”, pues las órdenes de los atentados (como el de, por ejemplo, la estación de trenes de Bolonia) no procedían precisamente de “extremistas” “izquierdistas” o “derechistas”; sino del otro lado del Atlántico. Los anni di piombo fueron el violento periodo impuesto a Italia por parte de los servicios secretos internacionales y la OTAN (mediante la trama GLADIO), alimentando los extremismos de ambos bandos (como se hace hoy con el “islámico”) y provocando atentados de bandera falsa con el fin de fomentar la inestabilidad, justificar el control de la población y fortalecer así la fáctica colonización del país por parte de la estructura de poder mundialista.

“Io ho paura” cuenta con un reparto de lujo: Nada menos que Gian Maria Volontè (El “Indio” de “La Muerte tenía un Precio”/”Per qualche dollaro in più”, Sergio Leone 1965) en el papel del brigadier Graziano; y Mario Adorf (Rocco en “Milano Calibro 9”, Fernando Di Leo 1972) como juez Moser. El director Damiano Damiani también realizó la muy recomendable “Pizza Connection” (1985). Y el compositor de la banda sonora es Riz Ortolani (“Cannibal Holocaust” de Ruggero Deodato, 1980).

FHP, 2014