La Piovra I – Capítulo 4

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El abogado Terrasini (François Périer)

La Piovra I

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1984

 Director: Damiano Damiani

Guión: Nicola Badalucco, Lucio Battistrada, Massimo De Rita, Elio De Concini

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Barbara De Rossi (Raffaella “Titti” Pecci Scialoia), Angelo Infanti (Sante Cirinnà), Geoffrey Coppleston (Banquero Ravanusa), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), François Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra)

Música: Riz Ortolani

(Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior)

Capítulo 4

 

Anna va a visitar a su hermano a prisión. Éste se encuentra en una situación de gran angustia y desesperación, teme que lo maten en cualquier momento. Cirinà está en la misma cárcel.

 

Mientras tanto, Cattani tiene serios indicios para solicitar una autorización judicial que le permita investigar las cuentas bancarias de ciertos importantes individuos de la localidad. Los movimientos de activos serán estudiados concienzudamente, para profundizar en la trama de lavado de dinero procedente del narcotráfico que se esconde tras los recientes asesinatos perpetrados en el municipio. El banquero Ravanusa y el abogado Terraccini se encuentran entre los sospechosos a investigar, así como la empresaria condesa Camastra.

 

Una noche, Franco es trasladado a otra celda, y la puerta es dejada abierta a propósito. Con la complicidad de los funcionarios de prisiones, dos otros presos entran y estrangulan al desventurado. Lo cuelgan de las rejas de su ventana para que parezca que se ha ahorcado.

 

Anna intuye que su hermano no su suicidó, sino que “lo suicidaron”. Cattani es de la misma opinión.

 

Titti ha desaparecido del centro de drogodependientes, y ahora que Cirinà está encarcelado ha encontrado a un nuevo “camello” que le proporciona la heroína, un tal Ciccio Petrosini. Cattani está indignado con sus hombres por no haber evitado que la muchacha se fugara. La atractiva heroinómana es imprevisible, se comporta a veces con cariño y dulzura, y otras de manera histérica y posesa.

 

El jefe de Cattani está ascendiendo como la espuma en la jerarquía policial del estado. Tiene ciertos contactos muy poderosos e influyentes en las altas esferas. Al superior del comisario destinado en Sicilia no le interesa que éste siga indagando en los negocios turbios en los que el banquero y sus secuaces andan metidos. Considera que el cometido de Cattani debe ser arrestar a pistoleros y delincuentes callejeros, y de vez en cuando a algún que otro traficante como Cirinà, pero no pasar de ahí. No sobrepasar la delgada línea que separa los negocios ilegales de los “legales”, tirando para ello del hilo conductor del dinero.

 

Pero en el último momento, poco antes de su jubilación, el procurador autoriza la investigación de las cuentas bancarias y la operación comienza a dar sus frutos. El banquero Ravanusa y el abogado Terraccini comienzan a ponerse nerviosos. Además, Cattani ordene que se vigile a todo aquel que visite a Cirinà en prisión.

 

La paralización de ciertos negocios en el municipio deja sin trabajo a muchos obreros del pueblo. Éstos responsabilizan de su desempleo al comisario. También la condesa Olga Camastra, que lleva la empresa constructora, ha recibido la visita de la Guardia de Finanzas.

 

El abogado Terraccini teme que Titti hable. En una de sus visitas a Cirinà le dice a éste que lo más prudente sería liquidarla (“en una de las siguientes dosis que la envíes habría que meter un poco de estricnina…”) – pero Cirinà se niega en redondo. “Tu imprudencia y las mujeres serán tu perdición” le dice el abogado. Poco a poco, Terraccini llega a presionar al traficante detenido para que emprensa medidas contra la drogadicta.

 

Entretanto, Santamaria presenta al comisario Cattani a una especie de nuevo líder político local, un tal profesor Laureo. Éste es integrante de una organización “moralista” muy bien conectada que supuestamente está interesada en acabar de raíz con el crimen organizado. Laureo le ofrece al comisario una mutual colaboración. Pero Santamaria también tiene buenos contactos con los potentados que están siendo investigados por lavado de dinero.

 

Paola ha tenido su primera menstruación. Esa misma noche, tras hablar telefónicamente con su madre en Milán, le pide a su padre que la lleve a conocer a Titti. El primer encuentro entre las dos es un tanto frío, pero no hostil.

 

Poco después, un acontecimento terrible golpea al comisario: Su hija Paola ha sido secuestrada.

(Continuará…)

FHP, 2015

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