“Uccellacci e Uccellini” (y otros films de Pasolini)

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Pier Paolo Pasolini (1922-1975)

“Uccellacci e Uccellini” (y otros films de Pasolini)

La última película que he visto del aclamado y controvertido intelectual italiano es una de sus obras más divertidas, fáciles de digerir, y alejada de la metafísica abstracta de por ejemplo “Teorema” o “Porcile”. “Uccelacci e Uccelini” (“Pajaritos y Pajarracos”) cuenta con el protagonismo del gran cómico napolitano Totò (que salvando las distancias vendría a ser algo así como el Charlot mediterráneo) en uno de sus últimos papeles, pues moriría un año despues.

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Totò y su hijo Ninetto caminan sin pausa por los campos periféricos de Roma, dirigiéndose quien sabe a donde, mientras conversan amenamente sobre la vida y la muerte. En su periplo encuentran a un cuervo, que ante el asombro de ambos no solo sabe hablar, sino que además es un locuaz intelectual marxista que con inusitada pedantería les soltará discursos, alegatos y aforismos referentes a las tesis del barbudo Karl.

En cierto momento el cuervo izquierdista les narra una fábula medieval sobre dos frailes (interpretados asimismo por Totò y Ninetto) que reciben el encargo por parte de San Francisco de Asís de evangelizar a las aves: a los halcones (“pajarracos”) y los gorriones (“pajaritos”); soberbios y arrogantes los primeros, dóciles los segundos. Tras un año de sobrehumanos esfuerzos y vicisitudes, fray Totò logra aprender el idioma de los halcones y consigue a base de graznidos comunicarse con ellos para transmitirles la buena nueva. Otro año de ininterrumpida meditación es necesario para que el anciano religioso pueda hacer lo propio con los gorriones, al comprender que estos se comunican dando pequeños saltos. Contentos tras haber llevado satisfactoriamente a termino su misión evangelizadora, se ponen en camino de vuelta rumbo al monasterio. Sin embargo una profunda y acongojante consternación se apodera de ellos cuando ven como uno de los halcones, cuyo instinto depredador no ha sido calmado por el mensaje divino, caza y destroza un pequeño e indefenso gorrión. Una vez ante San Francisco, Fray Totò y Fray Ninetto le explican que, si bien han tenido éxito en la misión que les había sido asignada, habiendo convertido a halcones y gorriones en fervientes cristianos, no han podido evitar que ambas especies se reconcilien y que los fuertes dejen de masacrar a los débiles. El Santo les insta a que retornen a predicar a las aves hasta que cese la problemática, ya que hasta entonces no habrán realmente captado la esencia del mensaje.

Tras esta metáfora más que obvia sobre la lucha de clases (Los gorriones, “pajaritos”, el proletariado oprimido; y los halcones, “pajarracos”; opresora burguesía), padre e hijo llegan a una casa semiderruída donde habita una paupérrima familia famélica. Descubrimos que Totò es el casero, que contundentemente insiste en que paguen sus deudas. Se produce pues aquí una de las escenas cómicas mas desternillantes del film, con un exquisito humor grotesco: El niño, desde el piso de arriba, llama desconsolado y hambriento a su madre repetidas veces y ésta le responde que siga durmiendo, que aún es de noche (a pesar de ser de día); tras lo cual se dirige a Totò diciéndole que hace cuatro días que le repite que “es de noche, que siga durmiendo”, porque no hay nada de comer en la casa. Padre e hijo no se dejan conmover y deciden deshauciar a los desventurados echándolos a la calle.

Despues de esta ruda maniobra capitalista el cuervo no les reprende directamente, pero les advierte, a modo de alegoría, que tengan cuidado de no ser engullidos por un pez más grande.

Memorables tambien las escenas con los “dentistas dantescos”, con los integrantes del circo o con la prostituta.

Encuentros simbólicos y de cariz surrealista se van sucediendo a lo largo del metraje, con la palpitante intención de mostrar (con mucho sentido del humor) el círculo vicioso de depredadores y devorados en el sistema social.

Al final, Totò y Ninetto presencian los funerales del líder comunista italiano Palmiro Togliatti, tras lo cual, ya hartos del cuervo parlanchín, deciden retorcerle el pescuezo y comérselo.

Excelente maravilla pasoliniana, desde los títulos de crédito (genial, por cierto, la original idea de cantarlos); hasta la escena final. La banda sonora es del inconmensurable Morricone, cualquier otro comentario es superfluo. Grandísimas interpretaciones de Totò y Ninetto Davoli (colaborador habitual de Pasolini).

“Pajaritos y Pajarracos” es una de las películas de las cuales el cineasta boloñés estaba más satisfecho, y podría englobarse en una trilogía ambientada en la periferia de Roma junto a sus dos films precedentes “Accatone” y “Mamma Roma”, muy buenos tambien estos dos, ambos un retrato fiel del subproletariado italiano de los años cincuenta y sesenta.

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“Accatone”, con Franco Citti (muso pasoliniano por antonomasia), narra la dura vida de un delincuente de poca monta y su lucha diaria por la supervivencia, sus intentos por reformarse y sus constantes recaídas en actividades ilegales debido a la falta de oportunidades. De esta película destaco particularmente la escena en la que el protagonista sueña que acude al cementerio a su propio funeral. En la banda sonora se incluyó un fragmento de la “Pasión según San Mateo” de Bach, empleado mucho despues por Scorsese para el principio de su obra maestra “Casino” (1995).

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“Mamma Roma”, con Anna Magnani, se centra en la historia de una ex-prostituta reconvertida en vendedora de mercado, dispuesta a sacar adelante a su hijo adolescente, y acosada por su antiguo proxeneta (Franco Citti) que insiste en seguir “protegiéndola”. El jóven hijo comienza a frecuentar “malas compañías” y pronto se verá envuelto en actividades al margen de la legalidad, para la consternación de su señora madre (quien tampoco aprueba su relación con una chica del barrio, más mayor que él y ya con un hijo). Si “Uccellacci e Uccelini” retrata una relación entre un padre y un hijo (Totò y Ninetto), “Mamma Roma” refleja la relación materno-filial. No faltará quien, desde una perspectiva freudiana vea ciertos toques edípicos en ésta.

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A propósito de edípico, Pasolini realizó una adaptación a la gran pantalla del mito griego: “Edipo Re”, tambien con Franco Citti. Esta fue prácticamente la única película de Pasolini que me decepcionó, pues no logró engancharme pese a lo sumamente interesante de la historia tratada, tal vez debería revisionarla y a lo mejor cambio de opinión.

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Poco despues Pier Paolo decidió hacer una nueva incursión en el fascinante mundo de la mitología griega, dirigiendo “Medea”, con Maria Callas. Ésta película me gustó más, sobre todo por su atmósfera, con una perturbadora música que incluye un hipnótico fragmento de cantos budistas tibetanos (el mismo empleado un año despues por Jodorowsky en su excelente “El Topo”, para la escena en la que el protagonista es herido de muerte sobre el puente). Muy buenas tambien las secuencias del centauro, del festín caníbal, y sobre todo el vestuario y la puesta en escena.

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Tras la “bilogía” mitológica vino la “bilogía” medieval: “Il Decameron” y “Racconti di Canterbury”, sobresalientes las dos, muy divertidas y con idéntica estructura, puesto que en ambas se narran varias historias, en tono jocoso y erótico-festivo (como en el episodio de “Il Decameron” donde un jóven entra en los recintos de un convento de monjas con el propósito de hacerles conocer los placeres de la carne). Cuentan con las participaciones de Franco Citti y Ninetto Davoli; y en el “Decameron” el propio Pasolini tiene un papel ante las cámaras interpretando a un pintor que recibe el encargo de realizar un fresco en una iglesia.

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“Il Fiore delle mille e una notte” (1974) puede añadirse a las dos precedentes para formar la así llamada “Trilogía de la Vida”. Esta producción, basada en los cuentos y leyendas orientales de las “Mil y una Noches”, fué filmada en Yemen, Etiopía, Irán, la India y Nepal. Excelente ambientación, preciosa fotografía, hipnótica atmósfera y música del gran Morricone, como en otras varias películas de Pasolini. Abundantes escenas eróticas y toques de comedia. El hilo argumental se construye en base al rapto de la esclava Zumurrud. Su dueño, el jóven Nur-e-din, inicia su búsqueda conociendo por el camino a varios personajes y sus correspondientes historias. En el film tambien aparecen Ninetto Davoli (en el fragmento de Aziz y Aziza), y Franco Citti (caracterizado de demonio)

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De “Teorema” esperaba más, sobre todo porque tras leer el argumento establecí un paralelismo con “Visitor Q” (2001) de Takashi Miike, probablemente mi película favorita de la primera década de este milenio. Ambas tratan sobre un extraño y enigmático personaje que se presenta en casa de una familia, convive con ella durante algún tiempo y al marcharse ha logrado cambiar la mentalidad y la perspectiva de sus integrantes, mejorando sus vidas (aunque esto último no está tan claro en “Teorema”, yo diría que ahí es más bien al contrario). No cabe duda que el film del excéntrico nipón está basado en la película del visionario italiano, y en este caso, paradójicamente, me gusta menos el original. El visitante pasoliniano seduce a la madre, al hijo, a la hija y hasta al padre; todos miembros de la acomodada burguesía; y acaba destrozando el núcleo familiar. La empleada doméstica, en un guiño surrealista, se marcha a una aldea donde se convierte en curandera venerada por los pueblerinos, que se alimenta exclusivamente de ortigas y es capaz de levitar.

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“Porcile” (“Pocilga”), 1969, es junto a “Teorema” el film más críptico de Pasolini. Cuenta dos historias paralelamente: La de una familia burguesa alemana con oscuro pasado nazi residente en una mansión, y la de un caníbal que huye por parajes volcánicos en algún momento de la Edad Media. El fugitivo antropófago se alimenta de mariposas, serpientes y carne humana. En su periplo se unirá a otro proscrito y ambos serán perseguidos por un destacamento militar-inquisitorial. No hay diálogos durante toda la historia a excepción del impactante final, cuando ambos son apresados. En cuanto a la familia Klotz, el padre (con bigotito hitleriano) trata de llegar a un acuerdo con su rival en el mundo de los negocios, el Sr. Herdhitze. Ambos están involucrados en turbios acontecimientos del III Reich. Por su parte, Julian, el hijo del sr. Klotz; tiene interesantes diálogos con su novia Ida; y un inconfesable secreto: Gusta de pasar su tiempo libre en la pocilga (supuestamente desfogándose con los cerdos, quienes al final terminarán devorándolo).

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“Salò o le 120 giornate di Sodoma”(1975) fué con diferencia el más polémico de los films de Pasolini, y tambien el último, ya que el intelectual cineasta homosexual e izquierdista fue asesinado brutalmente antes del estreno en circunstancias aún hoy no del todo esclarecidas. La controvertida propuesta es una adaptación de la obra del Marqués de Sade “Los 120 días de Sodoma”, ambientada en el siglo XVIII- es decir, en la actualidad de su autor- en la que cuatro altos cargos del poder franceses: un duque, un obispo, un juez, y un magistrado; todos acérrimos degenerados y sodomitas militantes, deciden enclaustrarse en un castillo suizo con un grupo de adolescentes de ambos sexos (en contra de su voluntad, pues son secuestrados) con los cuales piensan entregarse a todo tipo de perversiones y excesos;

y cuatro viejas prostitutas que fungirán de narradoras, contando las historias de sus vidas repletas de nauseabundas trangresiones sexuales para entonar a los lascivos libertinos.

Lo que hizo Pier Paolo fué adaptar esta historia a la Italia de finales la II Guerra Mundial, cuando tras el derrocamiento de Mussolini los fascistas establecieron la República de Salò, un estado títere del III Reich. Los cuatro degenerados son aquí jerarcas del régimen fascista, y los jovencitos y jovencitas que mantienen retenidos y de los que abusan sin piedad son hijos e hijas de partisanos.

Si bien el film de Pasolini, que no escatima en escenas de coprofagia, homosexualidad y variopintas torturas, me pareció en su día sumamente perturbador (de hecho fue la primera de sus películas que ví, pese a ser la última que dirigió); tras leer el libro del “Divino Marqués”, donde aberraciones inenarrables son descritas de manera hiperbólica con todo lujo de detalles, llegué a la conclusión de que “Salò o le 120 giornate di Sodoma” es “Bambi” comparado con la sumamente enferma novela del libertino aristócrata francés.

De la última película de Pasolini destaco especialmente la escena final, en la que los degenerados, uno por uno, van contemplando con unos prismáticos las salvajes torturas a las que son sometidas sus víctimas en el patio del castillo.

Poco despues del rodaje, Pasolini fue asesinado; supuestamente por un jóven al que había recogido de la calle en algún barrio marginal para contratar sus servicios como chapero. El director, al que masacraron a golpes con atroz contundencia, fué despues atropellado repetidas veces por su propio coche, en el que el presunto asesino huyó, para ser poco despues detenido por la policía. A día de hoy aún quedan muchos cabos sueltos referentes a la muerte del prolífico cineasta, y los amantes de teorías conspiranoicas hacen especial hincapié en sus intereses políticos, y en lo polémicas e incómodas que resultaban sus declaraciones en los medios. La controversia continúa…

FHP (AlucineCinéfago), 2009