Los Bulbos – Narciso Ibáñez Serrador, 1974

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Los Bulbos

 

Argentina, 1974

Director: Narciso Ibáñez Serrador

Género: Terror/Suspense

Guión: Narciso Ibáñez Serrador (como Luis Peñafiel)

Intérpretes: Narciso Ibáñez Menta, Víctor Laplace, Virginia Lago

Argumento

Un mercachifle, el buhonero Gianfranco (Narciso Ibáñez Menta), llega a un pequeño pueblo italiano llamado Montepulciano para vender sus baratijas a la población. Le acompaña su asistente, la joven Lina. Los niños del lugar se sienten atraídos por los trucos de prestidigitación que realiza el mercader y se dedican a frecuentarlo, pues lo ven como a una especie de mago.

Misteriosamente, uno a uno, los niños de la localidad comienzan a desaparecer; pero sólo por unas horas… Cuando regresan se encuentran completamente transformados; con un carácter extraño, taciturno, hierático, impropio de ellos hasta el momento, y que alarma a sus padres y familiares.

El hermano de uno de éstos niños es un joven médico; que además está enamorado de la atractiva asistente del extraño comerciante. El audaz doctor se percata de que, a parte del comportamiento, algo más ha cambiado en su hermano pequeño: Ahora tiene una cicatriz en el pecho. Inmediatamente establece una conexión entre el misterio que afecta a los niños y el siniestro Gianfranco.

Mientras tanto, el encargado de la pensión donde se aloja el buhonero, comenta a una empleada que por las noches observa “unos satélites que surcan el cielo”. Al parecer, se trata de OVNIs.

El joven doctor toma la resolución de operar urgentemente a su hermano, tras confirmar con rayos X que tiene cerca del pulmón una especie de bulto palpitante que parece tener vida propia. La intervención quirúrgica es un éxito, y al niño le es extraído una especie de ser gelatinoso, el bulbo, con ramificaciones o tentáculos, que había aumentado de tamaño desde que el día anterior fue observado por los rayos X.

El médico llega a la conclusión de que se trata de un organismo parasitario maligno, que “no puede ser de éste mundo” porque “carece de células”; y se deshace viscosamente hasta desaparecer una vez separado del organismo humano al que se había acoplado.

Esa entidad succionaba la energía vital del cuerpo parasitado, y se dedicaba paulatinamente a extender su dominio sobre él; de no haber sido extirpado a tiempo se habría extendido al cerebro tomando control absoluto de su víctima.

El doctor decide que lo mejor es operar a todos los niños afectados (ardua tarea, pues es necesario contar con el permiso de los padres) y lo que es aún más importante: hay que actuar contra Gianfranco, el responsable de injertar esos bulbos en los niños. Pero no hay pruebas sólidas contra él y a nivel legal nada se puede hacer… Sólo cuando la hija del jefe de policía corre la misma suerte que el hermano del médico, las autoridades intentarán frenar al infernal mercachifle.

 

Comentario

Lamentablemente no he podido ver completa la mini-serie de “Los Bulbos”, y ésta reseña se reduce al episodio de en medio. Actualmente, éste episodio (emitido por la televisión argentina en 1974) es el único que se conserva disponible en video (y en la red); al parecer todas las copias de los dos otro capítulos, el inicio y el desenlace, se “han perdido”. Es curioso que ha sucedido lo mismo con otras películas del gran Ibáñez Menta, como es el caso de “El Muñeco Maldito” (1962), basado en una obra de Gaston Leroux.

El protagonista es Narciso Ibáñez Menta, y la dirección corre a cargo de su hijo Narciso “Chicho” Ibáñez Serrador, el Hitchcock hispano. “Los Bulbos” entran dentro de la versión argentina de las excelentes “Historias para no dormir”, emitidas en España durante los años sesenta y primeros setenta.

Ésta historia (la mini-serie argentina de los bulbos) recuerda a capítulos españoles de la serie como “La Alarma” o “El Fin que empezó ayer”, por su muy sugestiva y fascinante temática de entidades parasitarias de origen extraterrestre apoderándose de la voluntad humana…

Todas éstas películas del genial Chicho son anteriores al éxito de John Carpenter “They Live!” (“Viven!”, 1988), que tiene un argumento muy similar. No es, por lo tanto, imposible que el director norteamericano se “inspirase” en las insuperables obras del maestro Ibáñez Serrador.

 

FHP, 2014

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Curso sobre cómo hacer cine, por James Wallestein

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James Wallestein es un crítico cinematográfico estadounidense que residió muchos años en España (de hecho nació en Barcelona) y habla perfectamente nuestro idioma. Autor del blog “Dimensión Fantástica” y de un canal de YouTube donde analiza diversas películas, se le puede considerar todo un experto en el séptimo arte. Como buen cinéfilo (¿o más bien cinéfago?), se interesa por todo tipo de films: No sólo por lo último de la cartelera y por aquello que tienen que ofrecer las salas comerciales, sino también por películas raras de géneros diversos; por las recónditas joyas del celuloide que nos gusta comentar en éste blog.

James está publicando últimamente en su canal de YouTube instructivos, amenos e interesantes videos didácticos donde explica cómo hacer una película desde el momento mismo en que se concibe la idea.

¿Cómo se mejora y pule la idea original para una película? ¿Cómo se plasma en un guión? ¿Son realmente necesarias las escuelas de cine o es posible convertirse en un prestigioso guionista o director siendo autodidacta? Éstas y más cuestiones serán abordadas de manera divertida en los episodios del curso (en constante actualización).

Aquí la introducción de James al curso online y gratuito a través de su canal de YouTube.

Curso sobre cómo hacer Cine – Ep. 1: Introducción y objetivos del curso

Naked Blood (V.O. Nekeddo Buraddo: Megyaku) – Hisayasu Sato, 1996

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Naked Blood (V.O. Nekeddo Buraddo: Megyaku)

Japón, 1996

Director: Hisayasu Sato

Género: Terror/Ciencia Ficción/Gore

Guión: Taketoshi Watari

Intérpretes: Misa Aika (Rika Mikami), Yumika Hayashi (chica glotona), Mika Kirihara (chica vanidosa)

Música: Kimitake Hiraoka

Argumento

El joven Eiji fabrica un suero para “convertir el dolor en placer”, con el que pretende “salvar a la humanidad”. A ésta droga la llama “My Son” (en inglés, “mi hijo”).

La pasión por los experimentos Eiji la heredó de sus padres, ambos científicos. Su progenitor, que (mientras él estaba en gestación) trató de crear una sustancia que posibilitase “la vida eterna”, desapareció un día internándose poco a poco en el océano, ante los atónitos ojos de su mujer, que grababa desde la costa; y no volvió nunca más.

La madre, preocupada por la hiper-población mundial que puede ser “la gran amenaza del futuro”, ha creado una sustancia anticonceptiva, que se dispone a inyectar a tres chicas. Eiji le pide a su madre que le permita presenciar el experimento, pero ésta se opone. Entonces, el joven (que previamente ha inoculado al materno anticonceptivo una dosis de su propia droga, la que busca “convertir el dolor en placer”) se provee de una cámara y graba el experimento desde una azotea vecina.

Las chicas tienen caracteres distintos y bien diferenciados. Una es una glotona, cuyo mayor placer es comer; otra por el contrario está sumamente preocupada por su aspecto físico, su mayor interés es estar en forma y vestir a la moda… La tercera, Rika, padece insomnio crónico (a causa de un shock, desde que comenzó a menstruar); es la más tímida y tiene trazos misantrópicos.

Eiji, pertrechado de su cámara, continúa vigilando a las chicas para comprobar los efectos de su suero. Se siente especialmente atraído por una de ellas, la introvertida Rika (quien le vio mientras grababa desde la azotea). La sigue por el metro, ella le descubre y terminan haciéndose amigos. Rika cuenta al precoz científico en una especie de jardín botánico que tiene la facultad de escuchar los sonidos que emiten las plantas. Luego se dirigen a la casa de ella. Rika convive con un gigantesco cactus, y aunque nunca puede dormir debido a su insomnio, usa una especie de casco emisor de ondas cerebrales que le posibilita relajarse e incluso soñar. Un casco similar está aplicado en el cactus.

Mientras tanto, las otras dos chicas que participaron en el experimento comienzan a notar los efectos de la sustancia creada por Eiji, que “transforma el dolor en placer”.

La que está obsesionada por su físico, tras hacer su gimnasia se contempla en el espejo y comienza a introducirse varas de metal en la carne; primero en los lóbulos de la oreja, luego en brazos y piernas, en todo el organismo; alcanzando sensaciones de carácter orgásmico. No puede parar de perforarse compulsivamente.

Por su parte, la glotona, que está cocinando algo en tempura, siente deseos irrefrenables de comerse a sí misma (!)… Embargada de una lasciva voluptuosidad, en una escena sumamente grotesca y delirante, se corta los labios de la vulva para degustarlos; después se amputa un pezón y lo ingiere, y finalmente también se arranca con el tenedor uno de sus ojos, para asimismo engullirlo…

Ambas terminan muriendo desangradas. El experimento de Eiji para “salvar a la humanidad” ha resultado ser un fiasco, una catástrofe. Sin embargo, no se aprecian adversos efectos en Rika, a quien también le fuera inoculada la droga “My Son”.

Cuando la madre de Eiji se entera de la muerte de ambas jóvenes, hace venir inmediatamente a su consulta a la tercera, a la superviviente, para analizarla e investigar qué ha podido ser la causa detonante de las misteriosas sangrías. La científica no sabe nada de la sustancia “My Son” y menos aún, que “su hijo” la había añadido al anticonceptivo por ella creado.

A partir de ahora, la trama se torna confusa en su etapa final. Eiji también conoce el frustrante desenlace de su experimento, y, desesperado, se “despide” de su madre y parte a encontrarse con Rika en su apartamento. Ésta vuelve de la consulta de la científica, a la que ha destripado (?) aunque sigue con vida, moribunda en una cama de su hospital… Eiji se inyecta a sí mismo todo lo que quedaba del “My Son” y a continuación realiza el coito con Rika en una escena de reminiscencias tántrico-lisérgicas; tras la cual la chica (cual arácnida “viuda negra”) procede a degollar al infeliz con un cuttex…

Entretanto, en la cama donde yace la madre con el vientre abierto, se produce la aparición fantasmal del padre (su marido); que tras decirle que “ahora estarán juntos para siempre” se introduce en el sangriento orificio corporal de la mujer, que se cierra seguidamente tras lo cual ella expira.

El delirio termina con un epílogo en el cual se ve a Rika en una caravana con un niño que parece ser Eiji II, en un desierto americano con cactus. Rika se dispone a fumigar (como motorista) una especie de “chemtrails” por el desierto…

Comentario

Ésta bizarra película japonesa es una positiva sorpresa. No se trata, como era de esperar por la carátula, de splatter gratuito como la saga de “Guinea Pig”, con vísceras y chorros de plasma sanguíneo a mansalva, sino de un inteligente thriller, rodado directamente a video y con muy pocos medios (lo que hace aumentar su mérito).

Las (pocas) escenas gore están muy bien dosificadas, y son por lo tanto sumamente impactantes y efectivas. La secuencia donde “la glotona” se automutila y se come a sí misma es probablemente una de las más inquietantes del género.

El argumento recuerda en cierto modo a la historia de Frankenstein, donde también un científico trata de desafiar a las leyes de la naturaleza. En la novela de Mary Shelley, Victor Frankenstein (que quiere crear vida) fabrica un golem, un monstruo repugnante a base de pedazos de cadáveres; lo que traerá como consecuencia múltiples infortunios sobre él y los suyos.

En “Naked Blood”, Sato nos presenta no a uno sino a tres “científicos locos”: El padre en busca de “la vida eterna”, la madre trata de hallar el “anticonceptivo perfecto”, para evitar la “super-población mundial”; el hijo con su suero “My Son” quiere transformar “el dolor en placer” para así “redimir a la humanidad”. Todo buenas intenciones que no traerán más que desastres.

Muy recomendable, aunque obviamente no para todos los paladares.

FHP, 2014

Al otro lado del espejo – Jesús Franco, 1973

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Al otro lado del espejo (V.O. Le miroir obscéne)

Francia, 1973

Director: Jesús Franco

Género: Suspense

Guión: Jesús Franco, Nicole Guettard

Intérpretes: Emma Cohen (Anette), Phillippe Lemaire (Pipo)

Música: André Bénichou

Argumento

La joven pianista Anette (Emma Cohen) está a punto de casarse con su prometido. Poco antes de la boda, su hermana se suicida. El enlace no sólo se aplaza, sino que directamente se anula; Anette se separa de su novio, abandona la casa paterna y se independiza yéndose a trabajar en un club de jazz, que funciona además como antro de prostitución. Allí conoce a una colega con la que tiene relaciones lésbicas (que se muestran explícitamente). Al mismo tiempo tiene un nuevo pretendiente, que es actor de teatro. Un día, llamando a su casa, se entera de que su padre se ha suicidado ahorcándose. A partir de ese momento Anette comenzará a tener alucinaciones, escuchando la voz de su hermana muerta que le habla desde un espejo y la incita a cometer crímenes. También ella intentará quitarse la vida (cortándose las venas en la bañera), pero es rescatada a tiempo.

Comentario

El sumamente prolífico Jess Franco dirigió a lo largo de su carrera cinematográfica más de 200 películas (bajo numerosos pseudónimos para evitar saturar el mercado fílmico). Entre sus obras destacan algunas producciones de gran interés y calidad artística (como la adaptación de la “Justine” del marqués de Sade, con una exquisita Romina Power), pero lo que más abunda son films de serie B o Z (algunos de los cuales son, sin embargo, sumamente divertidos); y también bodrios infumables (particularmente, las películas realizadas en los últimos años). Ésta cinta que nos ocupa, (cuyo título original es “Le Mirail Obscéne”) no entra dentro de ninguna de éstas tres categorías. No es ni una maravilla,  ni una producción “casposa pero entretenida” ni tampoco una bazofia. Es simplemente, mediocre, aburrida y prescindible; al menos la versión francesa que he visto, y que por lo que he leído está mutilada de algunas escenas. Sobrevalorada, pese a su prometedor argumento no engancha al espectador como por ejemplo el suspense del maestro Chicho Ibáñez Serrador o muchos de los gialli italianos de aquellos años.
FHP, 2014

Three outlaw samurai (V.O. Sanbiki no samurai) – Hideo Gosha, 1964

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Three outlaw samurai (V.O. Sanbiki no samurai)

Japón, 1964

Director: Hideo Gosha

Género: Chambara

Guión: Hideo Gosha, Keiichi Abe

Intérpretes: Tetsuro Tanba (Sakon Shiba), Isamu Nagato (Kyojuro Sakura), Mikijiro Hira (Einosuke Kikyo)

Música: Toshiaki Tsushima

Calificación: 8,5

Argumento

El ronin errante Shiba (Tetsuro Tanba) llega a un viejo molino (atraído por una pinza para los cabellos que halla en las inmediaciones, y que debe pertenecer a alguna dama de alcurnia). Una vez allí, se encuentra con que tres campesinos tienen retenida a una chica. Ésta ha sido secuestrada porque es la hija del administrador de la provincia, Uzaemon Matsushita, que tiraniza a los lugareños y les hace pagar impuestos desorbitantes. Los tres campesinos reclaman una mejora de sus condiciones de vida a cambio de liberar a la joven Aya.

Mientras tanto, las autoridades han descubierto quienes han organizado el rapto, y en su palacio, Matsushita da la orden de atacar el molino para rescatar a la hija.

Shiba por su parte, tras conocer el motivo del secuestro, decide ponerse de parte de los campesinos y lucha junto a ellos contra los hombres del tiránico administrador. Éstos son derrotados gracias al hábil ronin.

Más tarde, Matsushita envía a hombres de élite para que reduzcan a Shiba, hombres reclutados entre samurais como Kikyo y Sakura (éste último un ronin encarcelado). Cuando llegan al molino, Shiba sale al encuentro de los nuevos antagonistas, y tras vencer en combate a algunos de ellos, Sakura decide unirse a los campesinos al conocer la noble causa de éstos. Sakura también trae consigo provisiones, que ya comenzaban a escasear para los aldeanos. Lo que éstos ignoran es que esos alimentos fueron robados a un labrador del lugar, conocido por todos allí (el cual fue muerto por Sakura).

Kikyo en cambio vuelve al palacio de Matsushita, pues prefiere vivir entre comodidades y tiene allí a su amante, la cruel Omaki. Ésta mantiene retenida a la hija de Jinbei, uno de los tres campesinos rebeldes.

Poco después vuelve a aparecer un destacamento ante el refugio de los resistentes, ésta vez conducido por el propio Matsushita. Llevan prisionera a la hija de Jinbei, y la maltratan ante los ojos de su padre; amenazando con matarla si no liberan a Aya.

Accidentalmente, terminan matando a la joven campesina, para gran desconsuelo e ira de su progenitor, que se dispone a degollar a la rehén. Ello es impedido por la rápida intervención del samurai Shiba, que como mediador busca llegar a un acuerdo con Matsushita: Su hija será liberada, a cambio de que los campesinos sean perdonados. Como alguien debe ser formal y ejemplarmente castigado, el mismo Shiba se ofrece para ser azotado; el castigo correspondiente será de cien latigazos. Así pues, Aya es liberada y Shiba arrestado y conducido a las mazmorras del palacio administrativo.

Tras los latigazos, el traicionero Matsushita no lo deja marchar sino que lo encierra en los calabozos, y ordena además liquidar a los campesinos. Cuando Sakura descubre la trampa, se dispone a rescatar a su amigo. La viuda del campesino que mató, Omoe, intenta impedírselo, pues ve en él un protector y está enamorada de él (sin saber que fue precisamente Sakura el responsable de la muerte de su esposo). Los tres secuestradores de Aya son asesinados por los hombres del administrador, mientras Shiba languidece en las mazmorras. El valiente y abnegado ronin se entera de la traición por Kikyo, uno de los hombres más temibles de Matsushita.

Sakura llega al palacio, informa a una cortesana sobre la detención de Shiba y la muerte de los campesinos, y la mujer (para la cual Jinbei había sido como un padre), libera al ronin encarcelado proporcionándole la llave, pero muere en el forcejeo con el vigilante de los calabozos. Éste ha dado las campanadas de alarma antes de expirar, pero el siguiente esbirro es ultimado por Kikyo, que decide ayudar a Shiba permitiéndole la fuga. Aya, que ve al malherido samurai tratando de escapar, le ayuda a salir de palacio (pues se siente atraída por él, y considera que le salvó la vida: “Si pudiera, me iría contigo”).

Antes de exhalar su último suspiro, el vigilante al que Kikyo malhirió puede aún revelar el nombre de éste como “su asesino”; por lo cual el administrador ordena que sea liquidado por traición, además de los otros dos samurais, que tienen el documento firmado por él en el que constaba que “los campesinos serían perdonados a cambio de los latigazos a Shiba” (un pacto incumplido). Éste documento, que portaba uno de los tres campesinos poco antes de ser rastreramente ejecutado, fue lanzado al río y la corriente lo llevó hasta que fue encontrado por los dos ronin.

Kikyo consigue escapar de sus verdugos, pero su amante Omaki no tiene la misma suerte, y perece bajo las espadas. Así, Kikyo decide finalmente unirse a Shiba y Sakura, convirtiéndose en el tercer samurai “fuera de la ley”. Mientras tanto, Sakura descubre que los hombres de Matsushita mantienen retenida a Omoe, y para lograr su liberación se ve obligado a confesar que el documento se encuentra donde sus amigos en el molino. Tras lograr salvar la vida de Omoe, pero avergonzado por revelar el paradero del documento, Sakura parte hacia el molino para auxiliar a sus camaradas en la lucha contra las tropas del administrador.

Shiba busca entregar el documento a los campesinos, instándoles a que lo lleven a las máximas autoridades shogunales para probar así el traicionero y deshonesto proceder de Matsushita. Pero los campesinos, resultan ser unos resignados pusilánimes, unos gusanos cobardes, que prefieren malvivir oprimidos y arrastrándose y que por lo tanto (como finalmente debe constatar el desconcertado ronin) no merecen ser ayudados.

Shiba y Kikyo se enfrentan entonces a los hombres de Matsushita, Sakura llega y entre los tres logran derrotar al enemigo. Tras la victoria, Shiba se dirige al palacio administrativo para ajustarle las cuentas al tirano y desleal Matsushita. Pero su hija Aya interviene, interponiéndose entre Shiba y su padre. El ronin, entonces, decide perdonarle la vida al déspota, pero de una kata le corta el moño, lo cual simbólicamente representa su derrota y su humillación.

A continuación, Shiba regresa donde le esperan sus camaradas y (tras lanzar la pinza para el cabello de Aya, que el ronin conservaba, para que les indicase una dirección seguir) los tres parten hacia nuevas tierras.

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Comentario

Excelente chambara del maestro Hideo Gosha, narra la historia del valiente y honorable samurai Shiba (interpretado por un magnífico Tetsuro Tanba) y de cómo se unió a la causa de unos campesinos oprimidos que (tras la eliminación de sus tres líderes) resultaron ser unos borregos cobardes que no merecían que un gran hombre se sacrificase por ellos.

El tema del film invita pues a la reflexión, a plantearse que la masa muchas veces es incapaz de luchar por su libertad sin los guías adecuados, sin alguien que canalice y amalgame el sentir popular; y que la calidad es siempre más importante que la cantidad – veáse como ilustrador ejemplo la destreza con la espada que demuestran los tres ronin contra las tropas (mucho más numerosas) del tirano Matsushita. La película también reivindica la camaradería y el honor, así como la importancia del respeto a la palabra dada.

En cuanto a las mujeres, se ponen de manifiesto los conflictos internos existentes en los dos principales personajes femeninos: Aya, la hija del déspota, enamorada del forajido; se debate entre la lealtad a su padre y su atracción por el ronin, impidiendo tanto la muerte del uno como del otro. Omoe, enamorada de Sakura, al principio está decidida a vengar la muerte de su marido, pero cuando Sakura le confiesa que es él el homicida, ello no cambia sus sentimientos.

Obra maestra del cine de samurais, de obligada visión para los amantes del género.

FHP, 2014

Ranpo Jigoku (a.k.a. Rampo Noir) – Hisayasu Sato, 2005

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Ranpo Jigoku (a.k.a. Ranpo Noir)

Japón, 2005

Directores: Akio Jissoji, Atsushi Kaneko, Hisayasu Sato, Suguru Takeuchi

Género: Terror (surrealista), ero-guro

Guión: Kenichiro Hara

Intérpretes: Tadanobu Asano (Kogoro Akechi), Yuko Daike, Chisako Hara

Música: Saiko Ai &al.

 

Argumento

 

La película se divide en cuatro segmentos no relacionados entre sí.

 

“El canal de Marte” – Muy breve, se trata de secuencias oníricas de un individuo atormentado que escapa desnudo a través de un paisaje rocoso mientras recuerda a modo de flashback torturas cometidas contra una amante, hasta llegar a una especie de gran cráter.

 

“El espejo del infierno” – La más interesante de las cuatro a nivel argumental (y la más larga). Dos mujeres (que se conocen entre ellas por participar en una tradicional ceremonia del te), mueren en misteriosas circunstancias, con la cara disuelta en una masa informe. El detective Kogoro Akechi (Tadanobu Asano) encuentra el nexo entre ambos casos; las dos se habían mirado en unos extraños espejos, fabricados por un inquietante personaje que ambas conocían, el joven Toru. Éste loco había elaborado los espejos incluyendo una especie de micro-ondas que producían que quien se mirara en ellos pereciera. El segmento incluye un efecto visual caleidoscópico debido a la continua presencia de espejos en las escenas del mediometraje.

 

“La oruga” – Una mujer, para evitar que su marido soldado vuelva a ir a la guerra, lo ha mutilado amputándole brazos y piernas (y lengua). La enajenada, además, somete a su víctima a múltiples vejaciones, latigazos incluídos. Patológicamente celosa, lo hace supuestamente “por amor”; e incluso tiene relaciones sexuales con su deforme cónyugue al que llama “mi oruga”. Finalmente, con la complicidad de un extraño individuo amigo suyo que considera al desventurado como “una obra de arte”, la degenerada decide mutilarse ella misma y convertirse también en “oruga”. Al mismo tiempo, los miembros amputados de su esposo, conservados en formol, se exhiben ante los tres.

 

“Bichos que se arrastran” – El protagonista (otra vez Asano, en un papel diferente) es el chófer de una prestigiosa actriz, a la que conduce en limusina del trabajo hacia su casa o (en ocasiones) al “lugar especial” donde ella se cita con su amante. El chófer está secretamente enamorado de su jefa, y padece una extraña enfermedad psicosomática en la piel que le produce intensos picores y eccemas; los síntomas se recrudecen sobre todo cuando tiene contacto con otras personas (es pues parte de una especie de fobia social). Para poder tener junto a sí a la actriz sin padecer los picores, termina matándola mediante estrangulamiento y luego trata infructuosamente de embalsamarla consiguiendo sólo que se desangre.

 

Comentario

 

Cada uno de los cuatro segmentos está a cargo de un director diferente, y no tienen ningún nexo salvo por la presencia (en los cuatro metrajes) en roles distintos del melenudo Tadanobu Asano.

 

Éstas “historias para no dormir” estilo japonés bizarro compiladas en “Ranpo Jigoku” (o “Rampo Noir”) están inspiradas en la macabra obra de Edogawa Ranpo (1894-1965), escritor de novelas policiacas y de misterio con toques sádicos. El nombre real de éste autor (algunos de cuyos escritos están aún hoy prohibidos en Japón por su carácter extremadamente perverso) era Taro Hirai, siendo “Edogawa Ranpo” un pseudónimo basado en la pronunciación japonizada de “Edgar Allan Poe”; a quien Hirai admiraba.

 

La obra literaria de Ranpo y otros autores fue clasificada en el Japón de los años ´30 como “ero-guro-nansensu” (“erotique-grotesque-nonsense”); un subgénero típicamente nipón que también daría el salto a la gran pantalla con productos tan interesantes como “Strange Circus” (también del 2005) de Shion Sono o éste “Ranpo Jigoku”, de indudable calidad visual.

 

FHP, 2014

Sobre “Dead & Buried” y “Dressed to Kill”

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Buenas ideas que no terminan de convencer

(sobre “Dead & Buried” y “Dressed to Kill”)

“Dead & Buried”, del ignoto Gary Sherman; y “Dressed to kill”, obra del archiconocido Brian De Palma, son dos ejemplos de películas con excelente argumento que llegan a decepcionar por no estar a la altura de sus guiones. En ambas el planteamiento es muy prometedor y la temática podría haber dado de si mucho más de lo que el resultado final ofrece.

“Dead & Buried” (1981) es un film independiente de presupuesto modesto, aparentemente concebido sin grandes pretensiones. Su onírica carátula llama poderosamente la atención, invitando a ver una película que parece destacar de entre los múltiples films de zombis y muertos vivientes varios surgidos en los albores de los años 80.

La escena introductoria nos muestra a un fotógrafo llegado a un remoto pueblo costero para tomar algunas instantáneas en la desértica playa de la localidad. De repente aparece una atractiva jóven , que cual traicionera sirena le seduce ladinamente para hacerlo caer en una letal trampa. Presa de una sádica turba de lúgubres lugareños es atado a un árbol y quemado vivo mientras los aldeanos toman fotos de la macabra tortura.

Otras nuevas muertes, acaecidas en circunstancias similares, conmocionan a la pacífica población; y el sheriff Dan Gillis se resuelve a esclarecer los enigmáticos crímenes con la ayuda de un anciano empleado de la funeraria local, encargado de recomponer cadáveres que quedan desfigurados.

La mayor incógnita a la que se enfrenta el policía durante sus pesquisas es el hecho de que varios testigos afirman haber visto en las inmediaciones del pueblo a varias personas que ya se suponían muertas y enterradas. Para el espectador, un interrogante aún más desconcertante es que los asesinos (sádicos autómatas pueblerinos) se dediquen a fotografiar y tambien a grabar los crímenes que cometen. “Por qué lo hacen?”, nos preguntamos. El desenlace es el plato fuerte del film, con su agobiante y angustiosa sorpresa final.

Para concluir, “Dead & Buried” cuenta con muy buenas ideas por parte del guionista, un argumento original y en grado sumo interesante (que no desentonaría en un comic de Dylan Dog, el en Italia tan popular “detective de la pesadilla”); pero está dirigida sin pericia, de manera plana y en exceso austera, por lo que carece de la atmósfera tensa, tétrica y claustrofóbica que es vital en las cintas de terror. Si en vez del tal Gary Sherman el director hubiera sido Lucio Fulci, con toda probabilidad estaríamos hablando de una maravilla.

Con “Dressed to Kill” (1980) sucede algo similar. Generalmente considerada como una de las películas más flojas del director del “Scarface” pacinesco, la trama es atractiva pero está pobremente desarrollada. En este thriller erótico destaca la genial idea del psicoterapeuta psicópata, con problemas de desdoblamiento de personalidad e identificación sexual, y tendencias transexuales; que vestido de mujer se dedica a liquidar a las mujeres que como hombre le resultan atrayentes. En esto, que se descubre en torno al final del film, reside el mayor encanto de “Dressed to Kill”, propuesta que entretiene pero no cautiva, a la que Dario Argento en su mejor época junto a una banda sonora de los Goblin hubiera podido sacar todo su jugo convirtiendo en obra maestra..

Lamentablemente, tanto “Dead & Buried” como “Dressed to Kill”se quedan a medio camino, sin lograr fascinar al espectador pese a sus brillantes guiones.

FHP (AlucineCinéfago), 2008