Cani arrabbiati (a.k.a. “Semáforo rojo”) – Mario Bava, 1974

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Cani arrabbiati (Perros Rabiosos) a.k.a. “Semáforo Rojo” a.k.a. “Rabid Dogs”

Italia, 1974

Director: Mario Bava

Género: Thriller, road movie

Guión: Alessandro Parenzo

Intérpretes: George Eastman (Trentadue), Maurice Poli (Dottori), Don Backy (Bisturi), Riccardo Cucciola (Riccardo)

Música: Stelvio Cipriani

Argumento

Cuatro delincuentes llevan a la práctica el atraco que han planeado: Se trata de asaltar a las puertas de una fábrica a los que traen el sueldo semanal de la nómina para los empleados. La banda, cuyos integrantes están fuertemente armados, no escatima en el uso de la violencia; dos vigilantes mueren durante el intercambio de disparos, y uno de los trabajadores es asesinado al resistirse a soltar la bolsa con el dinero.

Los delincuentes toman el botín y se dan a la fuga en un coche robado. Uno de ellos es alcanzado en el cuello por los tiros de la policía y muere instantes después. Tratando de evadir a las autoridades los tres criminales restantes se introducen en un garaje con la intención de cambiar de coche. La policía les pisa los talones, y para poder escapar toman dos mujeres como rehenes. A uno de los delincuentes se le “va la mano”, rajando fatalmente el cuello de la chica que tenía agarrada. Los agentes deciden dejarlos marchar para que no maten también a la otra…

No lejos de allí y al mismo tiempo, un hombre conduce por las calles con un niño de unos cinco años dormido en el asiento trasero. Cuando está parado ante un semáforo en rojo, es abordado por los tres atracadores, que buscan cambiar una vez más de vehículo y salir de la ciudad.

Los delincuentes y la mujer que han tomado como rehén se suben al coche; el hombre y su pequeño hijo se convierten así en rehenes también. “¿Qué le pasa al niño? Está pálido como un cadáver…” dice uno de los bandidos. Riccardo, que así se llama el conductor, les dice que su hijo está gravemente enfermo, y que lo estaba llevando al hospital. Ruega a los criminales que le permitan hacerlo, pero éstos no se dejan ablandar. La máxima prioridad tras el sangriento atraco es escapar a un lugar seguro.

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De izquierda a derecha “El Doctor” (Maurice Poli), “Treinta y dos” (George Eastman), Maria (Lea Lander), “Bisturí” (Don Backy) y Riccardo (Riccardo Cucciola)

El sanguinario trío está compuesto por “Il Dottore” (que como su apodo hace suponer es el jefe de la banda), “Bisturí” (quien porta siempre consigo una afilada navaja) y “Trentadue” (“Treinta y dos”, así llamado por la longitud de cierta parte de su cuerpo, como le hará ver más adelante a la mujer que llevan consigo).

El niño dormita sin percatarse de lo que está sucediendo. La rehén Maria trata de mantener la calma, pero cuando en la radio escucha la noticia del atraco y las muertes ocasionadas, incluída la de su amiga, estalla en un ataque de histeria. Riccardo, por su parte, se mantiene muy calmado al volante. La sangre fría del preocupado padre levanta las suspicacias del Dottore. Éste ultimo es el más mayor, el más inteligente y el más reflexivo – por algo es el líder de la banda. Los otros dos, Bisturí y Trentadue, son unos psicópatas natos, hiperviolentos, crueles e impredecibles – Pero obedecen a su jefe sin rechistar.

La angustia de Maria y Riccardo se incrementa a cada instante. Il Dottore tiene en mente un arriesgado plan para alejarse del lugar donde han cometido el espectacular atraco. Por el momento han logrado salir de la ciudad y despistar a la policía, pero cruzar con éxito los varios puestos de bloque en la carretera será mucho más difícil…

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Comentario

“Cani arrabbiati” (o “Perros rabiosos”) es un trepidante road-movie repleto de suspense y violencia del que guardo un muy buen recuerdo desde que lo viera por vez primera hace unos 8 años. Se trata de una de las últimas películas de Mario Bava, el maestro del terror gótico a la italiana. Para la realización del film, Bava contó con la ayuda de su hijo Lamberto (quien más adelante dirigiría sus propias películas).

Otros “perros”, como los “de paja” de Peckinpah o los “de reserva” de Tarantino, palidecen ante éste contundente tour de force nihilista. Huelga decir que tampoco los “Perros callejeros” de De la Loma están a la altura de los rabiosos canes de Mario Bava – quien con ésta obra maestra se despidió del cine a lo grande.

La película es sumamente tensa, los personajes están muy bien construídos y las actuaciones son más que convincentes. El guión está escrito de forma que el interés de la trama no decae en ningún momento y cuenta incluso con un viraje imprevisto con final sorpresa… Técnicamente el film es muy superior a otras producciones de temática similar, y los brillantes trabajos de cámara y fotografía están realizados con el máximo esmero.

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El argumento es simple: Tras el atraco que acaban de perpetrar, unos delincuentes se hacen con un coche tomando a una mujer y poco después también a un hombre y a un niño como rehenes. Para poner a salvo el botín y escapar de la policía están dispuestos a cualquier cosa…

Mucho más importante que las escenas de acción, tiroteos y persecuciones (como cabría esperar teniendo en cuenta la historia) es la tensión dramática creciente en el interior del claustrofóbico automóvil; así como la profundidad y la riqueza en matices de los personajes, la intriga de lo que va a suceder a continuación y el terror que acongoja a los rehenes. A lo largo del metraje la violencia no suele ser explícita, pero aún así la sensación de que “algo va a pasar” está omnipresente; y ello, el sugerir más que el mostrar, es precisamente lo que consigue hacer el film tan perturbador y cautivador al mismo tiempo.

Temáticamente es posible encontrar similitudes entre el género español del cine quinqui y la película que nos ocupa – si bien los delincuentes no son aquí retratados como simpáticos inadaptados marginales víctimas de la cruel sociedad y/o de las drogas (como suele ser el caso en las ibéricas propuestas de De la Loma y De la Iglesia), sino como monstruos feroces y sin escrúpulos, criminales sádicos que no titubean en emplear la máxima brutalidad mientras disfrutan con el sufrimiento ajeno. Tras el visionado de la película, no hay ganas de emular a éstos rastreros antihéroes; seres despreciables por los que sólo es posible sentir rechazo y repulsión. Aún así, Bava no cae en la trampa de establecer polarizaciones simplistas de “buenos vs. malos” – pues como se verá en el genial final, no todo es lo que parece…

“Cani arrabbiati” bebe pues de la misantrópica “The last house on the left” (1972) y de los muchos títulos inspirados por esa opera prima de Wes Craven: Gran cantidad de films ricos en violencia y bajos en presupuesto que proliferaron durante los años setenta y primeros ochenta, poniéndose de moda especialmente en Italia. Esas películas siempre seguían un esquema análogo, muy sencillo y al mismo tiempo muy efectivo: Un grupo de delincuentes, tras perpetrar un robo o atraco, toma unos rehenes a los que aterroriza. La acción podía desarrollarse en una casa (de forma estática) o en un coche (en movimiento), transformándose así en una road-movie, como es el caso de los “Cani arrabbiati” de Bava. Otros ejemplos muy bien logrados de éste subgénero vendrían a ser “Autostop Rosso Sangue” (Pasquale Festa Campanile, 1977) con Franco Nero y Corinne Cléry; o “La settima donna” a.k.a. “The last house on the beach” (Franco Prosperi, 1978) con Florinda Bolkan. También “L´ultimo treno della notte” (Aldo Lado, 1975) podría encajar en esa categoría (siendo de igual modo clasificable como “rape&revenge”).

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El volátil Trentadue está interpretado por Luigi Montefiori alias George Eastman (el caníbal del “Antropophagus” de Joe D´Amato). Riccardo Cucciola, a quien ya vimos en “El caso está cerrado, olvídelo” (Damiano Damiani, 1971), da vida a su tocayo rehén, obligado a permanecer al volante. Aldo Caponi (alias Don Backy) es Bisturí – quien además de esgrimir su amenazadora navaja lleva las manos cubiertas por unos guantes de cuero negro (probable guiño a los gialli de Dario Argento y del propio Bava).

Aunque “Cani arrabbiati” fue filmada en 1974 no pudo ser estrenada en su momento debido a problemas relacionados con la producción. La película no apareció en los cines hasta 1998 (!) y tristemente Mario Bava, fallecido en 1980, ya no llegaría a ver en la gran pantalla su última contribución al séptimo arte.

La memorable banda sonora fue compuesta por Stelvio Cipriani, un nombre conocido para los amantes del terror italiano, el giallo y el polizziesco (suya es la música de “La polizia ringrazia” o de “Deviation” entre otros títulos).

FHP, febrero de 2016

Il Boss – Fernando Di Leo, 1973

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Il Boss (a.k.a. “Secuestro de una mujer”)

Italia, 1973

Director: Fernando Di Leo

Género: Polizziesco, Gangsters

Guión: Fernando Di Leo (basándose en una novela de Peter McCurtin)

Intérpretes: Henry Silva (Lanzetta), Richard Conte (Don Corrasco), Gianni Garko (Torri), Antonia Santilli (Rina), Corrado Gaipa (Rizzo), Marino Masé (Pignataro)

Música: Luis E. Bacalov

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Argumento

En Palermo, el sicario Nick Lanzetta se introduce en un cine durante una sesión privada en la que los miembros del grupo mafioso de Antonino Attardi se disponen a visionar una película erótica danesa. Lanzetta, que actua por cuenta de Don Giuseppe D´Aniello (rival de Attardi) masacra a todos los presentes desde la cabina de proyecciones disparándoles con un lanzagranadas.

Los 10 cadáveres semicarbonizados e irreconocibles terminan en el tanatorio, donde Carlo Attardi, hermano del jefe asesinado, jura venganza.

D´Aniello ordenó el ajuste de cuentas porque Attardi había metido en su organización a Cocchi, un asesino a sueldo de la ´Ndrangheta calabresa sospechoso de ser un infiltrado que vende informaciones a la comisión antimafia al mismo tiempo que trata de hacerse miembro de la Cosa Nostra.

El comisario Torri, encargado de investigar el atentado, se encuentra con Cocchi, descubriendo que éste planea formar junto al hermano de Attardi un grupo de sicarios para vengarse de D´Aniello. Torri, que tiene contactos en el vértice de la Cosa Nostra, avisa entonces a Don Corrasco de los planes del calabrés. Don Corrasco es el máximo jefe de la Mafia en Sicilia („il Boss“).

Cocchi pone pues en práctica la ejecución de su venganza y hace secuestrar a Rina, la joven y atractiva hija de D´Aniello. El calabrés pretende que D´Aniello se entregue a cambio de la vida de su hija. El padre se dispone a aceptar, pero Don Corrasco le dice que no se precipite, pues va a buscar una solución al dilema sin que sea necesario rendirse ante el chantaje: Don Corrasco encarga a Lanzetta, el mejor de sus hombres y autor de la masacre del cine, la misión de rescatar a Rina y eliminar a Cocchi. Al mismo tiempo Don Corrasco también avisa a Lanzetta de que vigile a D´Aniello, para impedir que éste trate de tomar medidas por su cuenta (pues había sugerido pagar un cuantioso rescate, lo que sería interpretado por el enemigo como un síntoma de debilidad).

Ante ésta situación de guerra de clanes en ciernes, el abogado Rizzo se dispone a arbitrar como mediador. Rizzo es el nexo entre el Estado y la Mafia; él le hace saber a D´Aniello y a Corrasco las disposiciones de las más altas instancias, los políticos de Roma – a quienes no gusta la convulsa situación de violencia en las calles que comienza en Sicilia y quienes quieren ver restablecido el “orden”. Rizzo aconseja pues a Don Corrasco que haga las paces con lo que queda de la familia Attardi y con Cocchi, integrándolos en su organización. Pero Corrasco no cede; “Cocchi o se va a Calabria o se va al otro mundo”.

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Richard Conte (Don Corrasco)

Foto:

Corrasco (Conte) con el comisario Torri (Gianni Garko)

Las conexiones del comisario Torri con el jefe supremo de la Mafia amenazan con salir a la luz pública. Magistrados y funcionarios están al corriente de que el corrupto policía está en la nómina de Don Corrasco, pero desde las “altas instancias” no se hace nada para cesarlo de su cargo o para al menos trasladarlo.

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Rina (Antonia Santilli) o el síndrome de Estocolmo

Mientras el acongojado Giuseppe D´Aniello se preocupa por su hija abducida y teme que esté siendo violada y torturada, Rina se lo pasa muy bien con sus secuestradores: Es una ninfómana empedernida que se acuesta gustosamente con todos ellos.

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Lanzetta (Henry Silva) y Don Giuseppe D´Aniello (Claudio Nicastro)

D´Aniello quiere recuperar a su hija sana y salva cuanto antes, sin importarle las órdenes de no negociar que ha dado Don Corrasco. Así, convoca a su brazo derecho y a Lanzetta, el mejor de sus pistoleros, para arreglar con Cocchi y su banda el pago de un cuantioso rescate. Lanzetta ahora se debate entre la fidelidad a D´Aniello, quien ha sido como un padre para él; y la obediencia hacia el máximo jefe Don Corrasco…

Del mismo modo que Lanzetta ha crecido a la sombra de Don Giuseppe D´Aniello, el ambicioso Pignataro es el protegido de Don Corrasco. Lanzetta y Pignataro se verán en la situación de forjar una alianza.

La violencia descontrolada que querían evitar aquellos que acaparan el auténtico poder no hace más que incrementarse. El abogado Rizzo visita a Don Corrasco para presionarle: Una vez más insiste en que debe aceptar a Cocchi en su organización – a menos que consiga hacerle desaparecer en el curso de días (Rizzo pone énfasis en la palabra “desaparecer”, es decir, quiere evitar que se encuentre un cadáver). Don Corrasco, el máximo jefe de la Cosa Nostra (el capo di tutti capi, “il Boss”), debe acatar las órdenes que vienen de “lo alto” si quiere seguir conservando su cuota de poder. Se trata de poner fin a la guerra abierta en las calles, a los tiroteos y a las carnicerías espectaculares como las del atentado con lanzagranadas en el cine… porque todo eso llama demasiado la atención. Los poderosos saben que los ajustes de cuentas “explosivos” (tanto en el sentido figurado como en el literal) deben ser convenientemente dosificados. Es más cómodo manejar los hilos de manera discreta en tiempos de “paz”.

Rizzo insiste en que, si Corrasco no es capaz de acabar de forma sigilosa con Cocchi, lo integre en su “familia”, tal y como éste reclamaba desde el principio. El gran jefe de la Mafia, que sin embargo sabe que Cocchi es un agente destinado a subvertir y a desbaratar su clan, pide a Rizzo un plazo de una semana para aniquilar al incómodo calabrés…

De ello deberá encargarse, una vez más, el circunspecto y eficiente Lanzetta – quien gracias a la colaboración de Pignataro ya ha logrado liberar a la libertina Rina.

Pero como acabar con Cocchi sin más derramamiento de sangre se revelará como una tarea imposible, Don Corrasco comienza a replantearse ciertas prioridades, y decide renunciar a su fiel Lanzetta para encasquetarle a él los crímenes que sacuden Palermo. El encargado de tender una trampa a Lanzetta y matarlo “en defensa propia” deberá ser otro esbirro a sueldo de Corrasco: El comisario Torri…

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Comentario

Más que ante un polizziesco común estamos ante un trepidante thriller ambientado en el contexto de la Mafia siciliana y repleto de connotaciones políticas. Aquí Di Leo vuelve de forma más amplia a un tema que el año anterior ya había tocado concisamente en “Milano calibro 9” (1972) por boca del  vice-comisario Mercuri: Muy por encima del jefe mafioso de turno siempre hay gente mucho más poderosa, que es la que realmente mueve los hilos y da las órdenes – Esos individuos, que se ocultan tras una mascara de respetabilidad, no son tampoco los políticos conocidos por el “ciudadano de a pie” que salen en los periódicos, sino otros que tras las bambalinas se mueven con mucho más secretismo.

Fernando Di Leo fue uno de los poquísimos directores (y probablemente el primero) que se atrevió a abordar el género polizziesco y gangsteril italiano desde esa perspectiva; junto a Damiano Damiani (“Io ho paura”, 1977) y los realizadores de la saga de miniseries “La Piovra” (1984-2001).

“Il Boss” es la tercera película de la “Trilogía del hampa” de Fernando Di Leo junto a “Milano calibro 9” (1972) y “La mala ordina” (1972). Al igual que „El Padrino“ basada en una novela, “Il Boss” contiene todos los ingredientes de los que debe estar provista una emocionante historia sobre la Mafia: Astutas estrategias, alianzas tácticas (que no tardan en romperse), doble moral, ajustes de cuentas, lucha por el poder, pactos, traiciones… (es decir, auténtica política – en el sentido más maquiavélico del término).

Llama la atención que varios de los personajes secundarios aparecen en los tres films de la trilogía en roles distintos. Por ejemplo, uno de los correos de la escena inicial de “Milano calibro 9” es un matón de Tressoldi en “La mala ordina” y un policía del comisario Torri en “Il Boss”. También otro curioso detalle: Don Vito Tressoldi usa en “La mala ordina” el mismo crucifijo-cenicero que Don Corrasco tiene en su despacho.

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Henry Silva (Lanzetta) y Gianni Garko (Comisario Torri)

El puertorriqueño Henry Silva (uno de los principales personajes de “La mala ordina”) interpreta al gélido y eficiente sicario Lanzetta, individuo imperturbable y duro como un témpano. A Don Corrasco lo encarna el actor italoamericano Richard Conte, quien en “El Padrino” (F.F. Coppola, 1972), un año antes, dio vida a Don Emilio Barzini, el más encarnizado rival de Don Vito Corleone. También en “El Padrino” aparece Corrado Gaipa, como el jefe mafioso que da asilo a Michael en Sicilia. En “Il Boss”, Corrado Gaipa es el abogado Rizzo. El comisario Torri está interpretado por el italo-croata Gianni Garko, protagonista de la excelente película de terror gótico “La noche de los diablos” (Giorgio Ferroni, 1972). En el rol de Pignataro está Marino Masé, a quien puede verse en “Kidnap Syndicate” (1975), otro muy recomendable polizziesco de Di Leo; o en “Baciamo le mani” (Vittorio Schiraldi, 1973), también un film de temática mafiosa.

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Antonia Santilli (Rina)

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La viciosa Rina, que no tiene vergüenza ni la conoce, casi merece un capítulo aparte. Su padre, Don Giuseppe D´Aniello, la tiene idealizada como a una inocente e ingenua princesita angelical. Adquiere casi proporciones cómicas ver los esfuerzos que hace el pobre hombre para rescatarla; teniendo en cuenta que ella, una “ninfómana drogadicta” (como la llamará después Lanzetta), se dedica durante su secuestro a dar rienda suelta a su lujuria…

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La caprichosa y consentida joven está interpretada por la bella Antonia Santilli, que en aquellos años fue doble de Ornella Muti en las escenas más subidas de tono de sus películas; y que tuvo roles secundarios en varias “sexy-comedias a la italiana” (que viene a ser lo equivalente a las películas españolas del “destape”) con títulos como “Decameroticus”, “Il mio corpo con rabbia” o “Ancora una volta prima di lasciarci” (“Una vez más antes de que nos dejemos”). Antonia Santilli también participó en 1974 en una co-producción italo-rusa rodada en la Unión Soviética y titulada “Increíbles aventuras de italianos en Rusia” (co-dirigida por Franco Prosperi, realizador del rape&revenge “La settima donna” o de los barbarian-exploitation “Gunan el guerrero” y “El Trono de fuego”).

De la banda sonora de “Il Boss” volvió a encargarse Luis E. Bacalov (habitual colaborador de Di Leo). Si bien no alcanza el altísimo nivel de la música de “Milano Calibro 9”, sí es bastante mejor que la de “La mala ordina”, y tiene en algunos momentos incluso unas ligeras reminiscencias western (italo-western, se entiende).

FHP, febrero de 2016

 

Nuestro hombre en Milán – Fernando Di Leo, 1972

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Nuestro hombre en Milán (V.O. La mala ordina, a.k.a. “The Italian Connection”, a.k.a. “Manhunt”)

Italia, 1972

Director: Fernando Di Leo

Género: Gangsters, acción

Guión: Fernando Di Leo

Intérpretes: Mario Adorf (Luca), Henry Silva (Dave), Woody Strode (Frank)

Música: Armando Trovajoli

Argumento

En Nueva York, un poderoso jefe criminal conocido como el Corso convoca en su rascacielos a dos de sus más eficientes sicarios, David Catania y Frank Webster. Ha pensado en ellos para encargarles una misión en Italia (pues David es de origen italiano y el afroamericano Frank estuvo como soldado en ese país durante la IIGM). Deberán localizar en Milán a un tal Luca Canali para liquidarlo; el objetivo debe ser asesinado de manera espectacular, para que su muerte sirva de ejemplo y como advertencia.

Pues a Luca, un proxeneta de poca monta, se le acusa de haber robado un cargamento de heroína propiedad de la organización del Corso. Una vez en Milán, los dos asesinos a sueldo deberán acudir a ver al jefe local, Don Vito Tressoldi, para coordinar con él la busqueda de  Luca.

Los dos matones se instalan en un hotel y son recibidos por una guía turística llamada Eva que nada sabe de sus propósitos. Ella es la encargada de enseñarles los lugares de la ciudad que deseen conocer. David y Frank quieren visitar clubs nocturnos, pues creen que en los antros conseguirán informaciones de interés sobre el paradero del individuo que deben eliminar.

Luca tiene a varias chicas que se prostituyen bajo su “protección”. Al mismo tiempo está casado y tiene una hija pequeña. Su mujer vive separada de él porque su ocupación le repugna, pero ambos tienen una relación cordial y se ven esporádicamente, sobre todo a causa de la niña, quien nada sabe del poco honesto trabajo de su padre

Vito Tressoldi está inquieto por la llegada de los americanos. Aunque tiene mucho poder como jefe del hampa en Milán, en realidad no es más que un subalterno del Corso. La presencia de los sicarios de Nueva York en su ciudad le incomoda, y quiere que se vayan cuanto antes. Cuando David y Frank van a su despacho para comunicarle que quieren la cabeza de Luca, Tressoldi afirma más aliviado que colaborará con ellos en su captura.

En una discoteca, Frank y David hablan con una chica llamada Trini, quien les revela la zona por donde se mueve Luca. Poco después Trini (que vive en una especie de comuna hippy) llama a Luca para ponerle sobre aviso de que los americanos lo buscan.

Cuando una mañana Luca sale de la casa de Anna, una de sus amantes, es abordado por dos esbirros de Tressoldi, quienes le “invitan” a acompañarlos a su coche. Lo llevan a una fábrica maderera a las afueras de la ciudad diciéndole que don Vito quiere “hablar con él”. Pero una vez allí, comienzan a pegarle. Luca se defiende y logra huir. Cuando llegan Tressoldi y los americanos, sólo encuentran a los dos lacayos magullados. Indignado porque han dejado escapar a Luca, don Vito los ejecuta allí mismo. Quiere demostrales a los americanos que él también toma muy en serio la captura del proxeneta.

A partir de ese momento, se inicia una auténtica caza del hombre a través de todo Milán. Tressoldi pone en funcionamiento una tupida red de informadores, y da orden de localizar al fugitivo cueste lo que cueste. Luca es consciente de las dimensiones que ha tomado la “busca y captura” vigente contra él, pero no entiende el motivo. Intenta buscar refugio en casa de Anna, pero ésta le rechaza porque quiere evitar problemas. Luca se hace con una pistola, que compra a un vendedor de armas amigo suyo que usa un taller mecánico como tapadera. Pero éste “amigo”, seducido por el dinero de Tressoldi, cede a la tentación de entregarle…

No obstante Luca consigue una vez más eludir el cerco. Pero quiere saber la causa por la cual le están persiguiendo, y llama a Tressoldi para preguntárselo. Don Vito asegura que solo quiere “hablar con él”, y que se persone en sus oficinas; pero Luca intuye que se trata de una trampa. Cuando Tressoldi se percata de las reticencias de su interlocutor, le chantajea mencionando a su mujer y a su hija (diciendo algo así como “sería una pena que les pasara algo…”). Aterrado, entre la espada y la pared, Luca intentará convencer a su esposa de que ella y la niña abandonen Milán antes de que sea demasiado tarde…

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El director Fernando Di Leo (en el centro) flanqueado por Henry Silva (David) y Woody Strode (Frank)

Comentario

Cuenta Quentin Tarantino, gran admirador de Fernando Di Leo y del polizziesco en general, que para crear al dúo protagonista de “Pulp Fiction” (1994) se inspiró en los dos sicarios de “La mala ordina”. Vincent Vega y Jules Winnfield, uno blanco y el otro negro, tienen su precedente en David y Frank, los personajes de Henry Silva y Woody Strode.

Luca Canali está interpretado por Mario Adorf, a quien ya vimos en un papel muy memorable (y bastante diferente) en “Milano Calibro 9” (1972). Woody Strode aparece brevemente en “Hasta que llegó su hora” (Sergio Leone, 1968) como uno de los hombres de Frank a los que Charles Bronson elimina en la primera escena. Con Fernando Di Leo volvería a trabajar en “Colpo in canna” (1975), donde compartiría cartel con Ursula Andress. A Henry Silva el rol de sicario le viene como anillo al dedo, y sus personajes responden por lo general a esquemas muy parecidos, como puede verse en otras películas en las que participa: “Quelli che contano” (Andrea Bianchi, 1974) o la coproducción italo-alemana “Zinksärge für die Goldjungen” (Jürgen Roland, 1973). Fernando Di Leo volvería a contar con él para su siguiente película, “Il Boss” (1974), la tercera de la “trilogía del hampa” junto a “Milano calibro 9” y ésta “La mala ordina”.

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El título original del film que nos ocupa podría traducirse como “El hampa ordena” (“La mala” es una abreviatura para “la malavita”, es decir la delincuencia o el hampa). Como en “Milano calibro 9” tenemos aquí un gangster acusado de robar, injustamente o no, a la gran organización. Luca Canali hace las veces de Ugo Piazza en el otro film; el bandido solitario que tiene que vérselas con un nutrido y compacto grupo de enemigos, y que cada vez tiene menos personas en las que poder confiar.

Sin embargo, debido al giro que irán tomando los acontecimientos, Luca llegará a convertirse de perseguido en perseguidor…

Don Vito Tressoldi es el máximo jefe de la criminalidad en Milán, pero se siente intimidado por las noticias que vienen desde EEUU, pues allí están otros que mandan mucho más que él. Los peces gordos como el Corso están furibundos por el robo de su mercancía y Tressoldi teme que en realidad sospechan de él. Al mismo tiempo, descubre que había infravalorado a Luca.

Ésta vez la banda sonora no está compuesta por el maestro Bacalov sino por un tal Armando Trovajoli. La música, muy setentera y con repetitivas melodías a base de saxofones, no es tan notable como en “Milano calibro 9” .

“La mala ordina” no puede considerarse estrictamente un polizziesco, pues no aparece durante el metraje ni un solo policía.

Aunque sin duda es una buena película, „La mala ordina“ es en mi opinión la más floja de la célebre „trilogía del hampa“ de Fernando Di Leo. Considero tanto a “Milano calibro 9” como a “Il Boss” muy superiores.

FHP, febrero de 2016

Milán Calibre 9 – Fernando Di Leo, 1972

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Milán Calibre 9 (V.O. Milano Calibro 9)

Italia, 1972

Director: Fernando Di Leo

Género: Polizziesco

Guión: Fernando Di Leo (basándose en libro de Giorgio Scerbanenco)

Intérpretes: Gastone Moschin (Ugo), Barbara Bouchet (Nelly), Mario Adorf (Rocco), Lionel Stander (Americano)

Música: Franco Campanino

Argumento

Rocco Musco y un compinche supervisan en Milán una operación de contrabando de dólares, realizada por unos correos que deben pasarse en cadena un paquete repleto de billetes. Pero cuando Rocco recibe el paquete, debe constatar con estupefacción y furia que en lugar de dinero contiene papel de periódicos viejos. La clara consecuencia de ello es que van a rodar cabezas: Tres de los correos cuya misión consistía en hacer llegar los dólares hasta Milán son localizados, torturados y finalmente liquidados en una cueva en las montañas con una carga de dinamita – sin que logre esclarecerse quién fue el responsable del robo.

Uno de los correos, Ugo Piazza, logró escapar a la cruel venganza; al haber sido detenido tras cometer un atraco poco después. Cuando tres años más tarde Ugo sale de la cárcel, los esbirros de un poderoso jefe del crimen organizado conocido como “El Americano” le están esperando… Entre ellos Rocco, quien está convencido de que fue Ugo quien escondió los dólares tres años antes, y que para salvarse se hizo arrestar tras un atraco mal planificado a propósito.

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Rocco (Mario Adorf) a la derecha

Rocco y sus secuaces conducen a Ugo hasta un vertedero de basuras, y le pegan una paliza llevándose sus documentos y el poco dinero que lleva encima. Rocco insiste en que vaya a ver al Americano, para darle explicaciones por la desaparición de sus 300.000 dólares. Pero Ugo insiste en que no tiene nada que ver con el robo de ese dinero.

Ugo no tiene más remedio que acudir a la comisaría para solicitar un nuevo documento provisional (sin el cual le sería imposible encontrar alojamiento). El comisario y él son viejos conocidos. El jefe policial está al corriente del conflicto que Ugo tiene con la banda del Americano, así como del asunto del dinero desaparecido y le ofrece protección a cambio de su colaboración como informador. Sin embargo Ugo sigue insistiendo en que él no sabe nada.

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El Americano (Lionel Stander)

El comisario, hombre duro, obstinado y feroz, comparte oficina con su segundo al mando, el vice-comisario Mercuri, de ideas más “progresistas”. Mercuri tiene una visión más amplia de cómo funciona realmente la criminalidad organizada, pues está convencido de que por encima del Americano hay peces mucho más gordos, ocultos bajo el manto de la “respetabilidad”:  Banqueros, políticos, etc. Según Mercuri, éstos se dedican a usar al Americano (quien no sería más que un hombre de paja) para realizar grandes fugas de capitales al extranjero. Sin ellos, gente como el Americano no tendrían ningún poder.

Mientras tanto, Rocco y sus hombres siguen a Ugo en todo momento, pues están seguros de que tarde o temprano dará un paso en falso e irá al lugar en el que tiene escondidos los 300.000 dólares de cuyo robo le acusan. Ugo se ha instalado en un modesto hotel, y hasta allí van los bandidos para registrar concienzudamente su habitación destrozándola en el proceso. No encuentran nada, pero Rocco le insta una vez más a que se presente ante el Americano.

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Chino (Philippe Leroy), Don Vincenzo (Ivo Garrani) y Ugo (Gastone Moschin)

En lugar de eso, Ugo va a visitar a su antiguo jefe Don Vincenzo, ahora ciego, que fue desplazado por el Americano. Con Don Vincenzo vive también un viejo amigo de Ugo llamado Chino (pronúnciese “Kino”; diminutivo de Francesco-Franceschino). Ambos están prácticamente retirados del mundo del delito, pero Ugo solicita su protección para poder enfrentar a la banda de sicarios que le pisa los talones. Chino no parece estar dispuesto a buscarse problemas con el Americano; un hombre demasiado poderoso que tiene “muchos amigos influyentes por encima de él y mucha gente sin escrúpulos por debajo”. Sin embargo accede a prestarle la cantidad de dinero que necesita para pagar los desperfectos causados en el hotel  por los esbirros del Americano. En ésto que se presentan allí Rocco con dos de sus matones. Cuando amenazadoramente hostigan a Don Vincenzo, Chino interviene para defender a su padrino y Ugo le cubre las espaldas. Ambos bandos quedan empatados durante la pelea, y Rocco se ve obligado a devolverle a Ugo el dinero que le acababa de entregar Chino. Cuando Rocco y sus hombres se han retirado, Chino le recomienda a Ugo que vaya a ver al Americano.

Ugo sigue el consejo de su amigo, y acude a las oficinas del importante jefe gangsteril. Sorprendentemente, el Americano quiere contratarlo, y lo pone a las órdenes de Rocco. Ugo imagina que se trata de una estratagema, pues qué mejor forma de tenerlo bajo control que readmitirlo en el seno de la organización.

Esa misma noche Ugo se dirige a un club nocturno donde trabaja como bailarina su antigua novia Nelly. A partir de ese momento, el ex-presidiario se instala a vivir en casa de ella y ambos retoman su relación. También Nelly está convencida de que fue Ugo quien tres años antes se hizo con los 300.000 dólares, pero él proclama una vez más su inocencia. La bailarina le propone que se marchen juntos, “a Beirut”, pero Ugo repone que eso no haría más que confirmar las sospechas que los del Americano tienen contra él.

Ahora que han vuelto a aceptarlo en la banda, Ugo tratará de averiguar quién fue el auténtico responsable de la desaparición del dinero…

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Ugo (Moschin) y Nelly (Barbara Bouchet)

Comentario

“Milano Calibro 9” es una de las más destacables obras maestras del cine negro a la italiana o polizziesco. El director Fernando Di Leo, provisto de un enorme talento para la escritura de guiones (había colaborado con Sergio Leone en el desarrollo de la “Trilogía del Dólar”), se basó en una serie de relatos policiacos del novelista Giorgio Scerbanenco ambientados en Milán.

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El espectador se mantiene en tensión desde el brutal e inolvidable arranque de la película (al que acompaña la excelente banda sonora del argentino Luis E. Bacalov) hasta el apoteósico final sorpresa. Hacia el último tramo del film se producen varios giros de guión que provocan  que la intriga crezca exponencialmente.

Ugo trata de desempeñar una función de “caballo de Troya” en la banda del Americano mientras éste y su brazo derecho Rocco lo mantienen constantemente bajo control. Al mismo tiempo, el comisario intenta hacer del excarcelado un informador policial, aprovechándose de la delicada situación en la que se encuentra. Pero Ugo sólo confía en su amigo Chino y en su novia Nelly (con la que reinicia un idilio tras los tres años de prisión).

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Imelde Marani, que aparece en la escena inicial, también puede verse en “Flesh for Frankenstein” (Antonio Margheriti, 1973) – a la derecha

“Milano Calibro 9” es la primera película de la denominada “Trilogía del milieu” (o “Trilogia della Malavita” – de la “mala vida”, es decir, de la delincuencia, o del hampa). Poco más adelante Di Leo filmaría “La mala ordina” (1972) y “Il Boss” (1973) – Respectivos títulos españoles: “Nuestro hombre en Milán” y “Secuestro de una mujer”.

El hierático protagonista Ugo Piazza está encarnado por Gastone Moschin (el malvado Don Fanucci de “El Padrino II”, F.F. Coppola, 1974). La checa Barbara Bouchet interpreta a su amante Nelly, sensual bailarina de dudosa reputación. El Americano es Lionel Stander (a quien podemos ver en un pequeño papel secundario como barista en “Hasta que llegó su hora” de Sergio Leone, 1968). Pero sin duda, el más destacable del elenco de actores es el italo-germano Mario Adorf, quien brilla dando vida al histriónico y gesticulante Rocco Musco – gangster de humor sarcástico y temperamento explosivo que recuerda a Eli Wallach como Tuco en “El Bueno, el Feo y el Malo” (Sergio Leone, 1966) y a quien Joe Pesci bien podría haber tomado como referencia para los personajes que interpreta en “Uno de los nuestros” (1990) y “Casino” (1995), ambas de Martin Scorsese (quien es por cierto, como Tarantino, un gran admirador del género polizziesco procedente de la “madre patria” italiana).

El realizador Fernando Di Leo (a quien puede verse al inicio en un pequeño cameo à la Hitchcock; es el hombre que sale de una cabina de teléfonos) demuestra tener una capacidad portentosa para la construcción de historias con gancho y para el desarrollo de diálogos con frases agudas, ingeniosas y contundentes.

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Asimismo las sub-tramas y los conflictos entre los personajes secundarios encajan muy bien en el conjunto, están magistralmente hilvanados y son de gran interés. En ese apartado entraría el enfrentamiento entre los dos policías; el comisario “facha” (quien categóricamente afirma que “delincuente se nace” o que “la amnistía es un estímulo para delinquir”) y su segundo Mercuri, hombre más ponderado y razonable a quien disgusta la cotidiana metodología de represión hacia los rateros de poca monta mientras que al mismo tiempo, a los criminales de “cuello blanco” (como grandes banqueros y políticos corruptos) se les permite campar a sus anchas. En su opinión, los segundos hacen más daño a la sociedad que los primeros – y los pequeños delincuentes ni siquiera existirían si no fuera por los criminales de máscara “respetable”.

Igual que existe una oposición frontal entre éstos dos agentes de la ley y sus respectivas ideas,  también se establece una dicotomía entre los dos jefes del crimen: Por un lado el ciego padrino Don Vincenzo, un “hombre de honor” (aunque acabado y en la ruina) que representa a la “vieja escuela”; y por el otro el Americano, individuo muy peligroso, avasallador y carente de escrúpulos, quien no duda en meterse en nuevos negocios como la droga y en asesinar a traición a todo aquel que ose ponérsele por delante. De ese modo, no sólo tenemos al “poli bueno” y al “poli malo”, sino también al “gangster bueno” y al “gangster malo” (Don Vincenzo: “Si ésto sigue así, crearán una comisión antimafia para Milán… A cualquier cosa hoy llaman mafia, pero lo único que quedan son bandas. La auténtica Mafia ya no existe”).

La música fílmica fue compuesta por Luis Enríquez Bacalov (habitual colaborador de Di Leo) con la participación de los Osanna, un grupo de rock progresivo-psicodélico. Di Leo volvería a emplear la misma banda sonora reciclándola para otras de sus películas posteriores, como “La città sconvolta: Caccia spietata ai rapitori” (1975), con Luc Merenda o “Vacanze per un massacro” (1980), con Joe D´Alessandro.

FHP, febrero de 2016

La banda Vallanzasca -Mario Bianchi, 1977

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La banda Vallanzasca

Italia, 1977

Director: Mario Bianchi

Género: Polizziesco

Guión: Mario Bianchi, Claudio Fragasso

Intérpretes: Enzo Pulcrano (Roberto), Stefania D´Amario (Antonella)

Música: Giampaolo Chitti

Argumento

Roberto y su amigo Italo son dos presos que comparten celda en un sórdido centro penitenciario romano. Tras presenciar como en medio de un ajuste de cuentas dos internos enmascarados asesinan a otro con la complicidad de los guardianes, Roberto e Italo resuelven escaparse. Una vez fuera de la cárcel se hacen con un coche y huyen hacia el monte, a las afueras de la ciudad. Tras conseguir ropa nueva, comienzan a planear nuevos golpes. Para ello necesitarán armas, y acuden a comprárselas a uno de sus contactos.

El vendedor de armas se encuentra en la celebración de una boda, la de la hija de Enrico Salerno, un poderoso jefe del crimen organizado. Roberto e Italo no tienen dinero para pagar las pistolas, así que dejan fuera de combate al proveedor y se las llevan gratis. Pero en lugar de escapar de allí lo más rápido y sigilosamente posible, se les ocurre la “genial” idea de atracar a los invitados a la boda. No contaban con que allí se encuentra gente sumamente peligrosa, gente que “no bromea”… Rápidamente son reducidos, y parece que no les queda escapatoria… Pero, para sorpresa de todos, hombres armados intervienen para rescatarlos y les ayudan a huir en coche.

Son llevados a un chalet, donde una misteriosa mujer llamada Sandra les informa de que “la organización” ha decido reclutarlos. Roberto reacciona con recelo, pues no quiere recibir órdenes de nadie, desea ser su propio jefe, sin pertenecer a ninguna “organización”. Pero Sandra insiste en que van a ganar mucho dinero, y les hace saber que coches y documentos falsos ya están a su disposición.

Sandra es sólo una intermediaria, y el verdadero jefe es desconocido para los dos delincuentes. Probablemente se trate del clan rival de Enrico Salerno, piensan ambos fugados.

La policía sigue detrás de los fugitivos, y los intercepta en la carretera. Roberto frena y les muestra a los agentes sus documentos (falsos), con la esperanza de que les dejen proseguir. Pero los policías sospechan… Desesperado, Italo saca la pistola y dispara. A cambio recibe una ráfaga de metralleta y muere, pero Roberto consigue escapar y se refugia en casa de Sandra.

Mientras tanto, el jefe criminal Enrico Salerno y uno de sus socios son acribillados a balazos en una gasolinera. Roberto no estaba allí y no tiene nada que ver, pero autoridades y medios buscan endilgarle esos asesinatos al peligroso prófugo.

Sandra le explica a Roberto el “trabajo” que la enigmática organización le ha encomendado: Se trata de un secuestro. Para ello deberá contar con un equipo de malhechores, con los que planeará y ejecutará el delito. Han de raptar a la joven Antonella, hija de un magnate del petróleo…

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Comentario

Pese a su título, nada tiene que ver ésta película con la auténtica banda de Renato Vallanzasca, un delincuente milanés muy activo en los años setenta. El Vallanzasca real no está exento de ciertos paralelismos con el en España muy famoso Juan José Moreno Cuenca alias “El Vaquilla”.

Éste film comienza en una prisión con unas escenas que resultan reminiscentes de los dramas carcelarios propios del cine quinqui. Eloy de la Iglesia (“El Pico”, 1983) y Juan Antonio de la Loma (“Perros Callejeros”, 1977) retrataron más o menos por la misma época el sombrío ambiente de los presidios con impactante realismo (rodando dentro de auténticas cárceles y siendo los extras y muchos de los actores verdaderos presos y delincuentes), así como fugas, atracos y demás ingredientes cotidianos de lo que en Italia se conoce como la malavita.

La película empieza muy bien, y promete mucho, pero se torna un tanto confusa y pierde realismo conforme va avanzando la trama. El que esos dos ladronzuelos de poca monta conciban siquiera atracar espontáneamente a los asistentes a la boda de la hija de un importante “Padrino” ya parece cosa de locos. Pero aún más inaudito resulta que esos “pobres diablos” sean reclutados por un grupo del estilo de la Mafia para trabajos de gran envergadura. Nadie se explica por qué esa secreta “organización” sin nombre (de la cual Sandra es la intermediaria) intercede para salvarlos una vez que han sido reducidos por los hombres de Salerno. Por otro lado, Roberto no parece con su actitud un auténtico malavitoso forjado en la calle y en las prisiones, pues hace demasiadas preguntas y siempre quiere saber demasiado. Elementos así no duran mucho en una auténtica organización delictiva, pero en éste film no solo no le eliminan sino que le asignan una tarea de enorme responsabilidad…

A destacar la muy setentera banda sonora, compuesta por Giampaolo Chitti.

Mario Bianchi también dirigiría años más tarde la sumamente entretenida película de terror “Non aver paura della zia Marta” (1988).

Existe una película mucho más reciente, de 2010, sobre la auténtica banda Vallanzasca. Está dirigida nada menos que por Michele Placido, protagonista de las primeras entregas de “La Piovra” (1984-1989) y realizador de “Romanzo Criminale” (2005) (sobre la banda de la Magliana, otra organización delictiva italiana). Kim Rossi Stuart (que también aparece en Romanzo Criminale) interpreta ahí el papel de Renato Vallanzasca. Michele Placido participó como actor co-protagonista en la excelente “Pizza Connection” (Damiano Damiani, 1985).

FHP, 2015

La Piovra II – Capítulo 5

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El periodista Alvaro Maurilli (Victor Cavallo)

La Piovra II 

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1985

 Director: Florestano Vancini

Guión: Ennio De Concini, Odile Barski

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), Francois Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra), Paul Guers (Prof. Gianfranco Laudeo), Martin Balsam (Frank Carrisi), Daniel Ceccaldi (Nicola Sorbi), Sergio Fantoni (Coronel Ferretti), Geoffrey Copleston (Ravanusa)

Música: Riz Ortolani

Aquí puede leerse lo sucdedido en el capítulo anterior

Capítulo 5

Cattani le entrega a Terrasini los informes sobre el pasado oscuro de Cannito: Corrupción, tráfico de armas, desvío de fondos a bancos suizos… Terrasini le retribuye con un paquete repleto de billetes. Cattani acude a una iglesia y dona todo ese dinero al cura sin dar mayores explicaciones, pues no está dispuesto a aceptar dinero negro.

Terrasini a su vez le entrega al periodista Maurilli los informes sobre Cannito para que los publique. Cannito descubre que esas informaciones están a punto de salir a la luz y se lo comunica a su socio Laudeo. Éste sospecha que Maurilli está involucrado en el asunto y va a buscarlo. Presionándolo logra hacerle confesar que había sido contratado por Terrasini y los demás del bando siculo-americano. Laudeo consigue persuadir al periodista de que se pase a su facción, informándole de los movimientos de sus rivales.

Así, Maurilli emprende un peligroso juego a dos bandos, al igual que Cattani.

La imprenta donde está a punto de elaborarse la edición de la revista que busca desenmascarar a Cannito sufre un atentado con bomba. Todas las máquinas son destrozadas. Maurilli teme que sospechen que él ha hablado, y por ello, en lugar de huir (lo que corroboraría su complicidad) acude a la villa de Sorbi, donde está teniendo lugar una fiesta (en la que además de los grandes jefes también se encuentra Cattani).

Maurilli le cuenta a Sorbi lo que ha sucedido, y éste le da la noticia de la voladura de la imprenta a sus socios Terrasini y Carrisi. Terrasini sabe que alguien ha tenido que irse de la lengua: O Maurilli o Cattani. Hace que Carrisi se quede, con la excusa de una partida de poker, mientras ordena que varios de sus matones “acompañen” en su coche a Maurilli… En un descampado le propinan una brutal paliza al reportero con el fin de hacerle hablar. Antes de morir confiesa que efectivamente le había estado pasando información a Laudeo.

Con la confirmación de la culpabilidad de Maurilli, Terrasini da por concluída la partida de poker que había servido como pretexto para mantener en la villa a Cattani. Éste intuía que le retenían allí por algún motivo, como le cuenta a la condesa Olga.

Cannito descubre lo sucedido y sospecha que hay una conexión entre el atentado contra la imprenta y el asesinato del periodista. Trata de contactar a Laudeo, quien siempre está ausente. Entonces hace que venga Cattani a su oficina. Éste, una vez más, le aconseja que dimita. Y más adelante, porque ya no tiene nada que perder, le dice que fue él quien le pasó a Terrasini la información confidencial en su contra. Cannito está acabado.

Laudeo y su “asociación” (la masonería, aunque nunca se mencione explícitamente) se ponen del lado de los siculo-americanos, la alianza Terrasini-Carrisi.

Cannito ha decidido dimitir, y llama a Cattani a su casa para comunicárselo. Allí, el ex-comisario trata de hacer hablar a su alcoholizado y hundido ex-jefe… Pero éste no confiesa estar detrás del secuestro de su hija, tan solo confiesa haber mantenido un silencio cómplice… y relata cómo se embarcó en una espiral de corrupción y crimen por su adicción al poder.

Esa noche, cuando Cattani se ha ido y tras telefonear con su esposa para despedirse de ella, Cannito se suicida pegándose un tiro.

Cattani le dice a Olga que eso solo es el principio, y que está dispuesto a ir hasta el fondo: Irá a por Laudeo, Terrasini, Carrisi, y los demás. También admite Cattani a su amante que la utilizó para estar al tanto de los movimientos de los socios de ésta.

(Continuará)

FHP, 2015

 

La Residencia – Narciso Ibáñez Serrador, 1970

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La Residencia

España, 1970

Director: Narciso Ibáñez Serrador

Género: Suspense, terror

Guión: Narciso Ibáñez Serrador (como “Luis Peñafiel”), basado en una historia de Juan Tébar

Intérpretes: Lilli Palmer (Sra. Forneau), Cristina Galbó (Teresa), Mary Maude (Irene), John Moulder-Brown (Luis), Maribel Martín (Isabel), Pauline Challoner (Catherine)

Música: Waldo de los Ríos

Argumento

Finales del siglo XIX en la Provenza francesa. Un coche de caballos se aproxima a través de un bucólico bosque a un internado para señoritas. En el interior de la residencia, la directora Madame Forneau dicta un texto sobre Molière. Una de las chicas se niega a escribir y responde con insolencia cuando es interpelada por la directora. La Forneau ordena que la muchacha, llamada Catherine, sea conducida a la habitación de castigo, donde estará aislada y en completa reclusión.

Del coche de caballos recién llegado se apean un hombre maduro y una jovencita. El caballero solicita encontrarse con la señora Forneau, y le encomienda a su protegida Thérese, hija de una amiga suya que por el momento no puede ocuparse de ella. Tras pagar las cuotas escolares, el hombre se marcha. Thérese, procedente de Avignon, ingresa así en el centro. El primer día ya empieza a observar algunos fenómenos extraños: Puertas que se abren sin aparente motivo, la silueta de alguien que parece estar espiando… Una sensación de inquietud invade a la chica.

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Thérese (Cristina Galbó)

Madame Forneau ha explicado al hombre que la trajo que el internado está especializado en “chicas difíciles”, y que por ese motivo ella se ve obligada en muchas ocasiones a actuar con la mayor severidad. Las chicas han llegado allí o bien por delinquir o bien por proceder de familias desestructuradas. Se trata de un reformatorio femenino para adolescentes conflictivas de entre 15 y 21 años.

Por la noche, todas duermen en la misma gran habitación. Las internas acogen amigablemente a su nueva compañera Thérese. La mayoría de las chicas están allí a disgusto, y le cuentan a la recién llegada que últimamente algunas alumnas del centro “han logrado escaparse”… Tres chicas desaparecieron recientemente y nunca se volvió a saber de ellas.

Mientras tanto, la rebelde Catherine languidece en la habitación de castigo. La directora llega hasta allí con Irene, una joven que actúa como su mano derecha y mantiene a las chicas bajo el más estricto control. Cuando Catherine continúa sin querer adaptarse a las normas, la desnudan y la tumban boca abajo en el camastro. Irene comienza a azotarla con un látigo, algo que visiblemente realiza con deleite y con fruición – la directora tiene que decirle dos veces que pare.

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Madame Forneau (Lilli Palmer) y su hijo Louis (John Moulder Brown)

La Forneau tiene un hijo en plena pubertad, Louis, que también vive en el internado y cuya mayor afición consiste en espiar a las chicas mientras se duchan; en seguirlas por el centro e intentar acercamientos. Su sobreprotectora madre le regaña por ello, le dice que todavía es “demasiado joven” para pensar en chicas, que “ya llegará el momento”, que las muchachas del internado “son veneno” y que para el futuro deberá encontrar “una mujer que sea como yo” (es decir, como ella, su madre).

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Irene (Mary Maude)

Irene desarrolla una fijación para con la nueva estudiante Thérese. Le ordena, ya a la mañana siguiente de haber llegado, que haga todas las camas; junto con otra chica llamada Susanne. Ésta le cuenta cómo “funciona todo” en la residencia: Normalmente nunca hay hombres, pero una vez cada tres semanas viene a los alrededores un leñador llamado Henry. Las chicas se lo echan a suertes, y cada vez le toca a una irse por unas horas con él (sin que se entere la directora, por supuesto). También está el hijo de la Forneau, cuenta Susanne, pero ese es todavía prácticamente un niño, y además tiene una relación con Isabelle, otra de las compañeras. Isabelle, de 15 años, es la única a la que el hijo de la directora le parece interesante.

Louis se encuentra con Isabelle a escondidas de su castrante madre siempre que tiene la oportunidad. Una tarde se refugian en una habitación, pero escuchan pasos que se aproximan amenazadoramente… Poco después la misteriosa persona se retira. Los adolescentes no saben quién ha podido estar vigilándoles…

Thérese es llamada a la presencia de Irene. Ésta le pregunta si ya está al corriente de cómo “funciona todo” en la escuela… pues le había dejado con Susanne a propósito, porque a esa chica le gusta mucho hablar y estaba segura de que le contaría los “secretos” del internado. Irene le realiza una demostración de su poder a Thérese: Afirma que ella es la que más manda después de la directora, que depende de ella que las chicas se encuentren o no con Henry sin que la Forneau se entere, y que las chicas coman bien o no, de que vivan tranquilamente o sean represaliadas… Irene, cuyas inclinaciones sáficas se van haciendo más que evidentes, le dice a Thérese que si quiere evitar problemas, tendrá que obedecerla “en todo”…

Esa noche, cuando las chicas se disponen a acostarse, Isabelle encuentra bajo su almohada una llave y una nota. En el baño lee el papel: Louis le escribe que la estará esperando en el invernadero y que ella podrá entrar con esa llave. Cuando todas duermen, Isabelle se escabulle sigilosamente de la gran habitación, sale de la residencia y entra en el invernadero… Una vez allí un brazo aparece desde detrás, y una figura sombría apuñala a la quinceañera hasta la muerte…

A la mañana siguiente, la directora interroga a las muchachas por la desaparición de Isabelle. Ya es la cuarta que ha “escapado” en los últimos meses, y Madame Forneau quiere saber si tuvo cómplices que la ayudaran a evadirse…

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Catherine (Pauline Challoner)

Ese mismo día, las chicas van a ducharse – siempre bajo la atenta mirada de la Forneau. Entre las jóvenes se encuentra de nuevo Catherine, a quien le ha sido conmutada la pena de aislamiento. El hijo de la directora, por su parte, se introduce en una especie de tubo que comunica la sala de las calderas con las duchas. Desde el otro extremo del tubo, a través de unas rendijas, el mozo acostumbra a espiar a las muchachas mientras se duchan. Pero ésta vez, cuando quiere salir de allí, se da cuenta con horror que alguien ha cerrado la portezuela de metal de la sala de calderas. El joven se ha quedado atrapado en el interior del tubo…

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Chicho dando indicaciones durante el rodaje

Comentario

Ésta excelente película de suspense y misterio con atmósfera gótica constituye la primera contribución a la gran pantalla del maestro Narciso “Chicho” Ibáñez Serrador, a quien no pocos aclaman como el Hitchcock hispano. Nacido en Uruguay en 1935, como hijo del actor asturiano Narciso Ibáñez Menta y de la actriz argentina (de origen valenciano) Pepita Serrador, Chicho alcanzaría la celebridad en España durante los años ´60 gracias a la emisión de sus “Historias para no dormir”, inquietantes mediometrajes televisivos basados mayormente en relatos de autores como Edgar Allan Poe o Ray Bradbury, e incluyendo también otros de cosecha propia, que acostumbraba a firmar con el pseudónimo de Luis Peñafiel.

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“La Residencia” (que en España fue todo un éxito de taquilla en su momento) es muy reminiscente en su estilo visual y temático del giallo italiano en general y del cine de Dario Argento en particular – que por cierto es posterior a ésta obra maestra de Ibáñez Serrador. El visionado de “La Residencia” podría haber inspirado a Argento para su “Phenomena” (1985) también ambientada en un estereotípico internado femenino.

Cuando en el internado se producen desapariciones, la “versión oficial” es que las chicas han escapado… Pero pronto comienza a extenderse el rumor de que un asesino en serie anda suelto. El miedo y la incertidumbre se apodera de Thérese (quien había ya notado algo extraño nada más llegar), así como de sus compañeras.

La veterana Lilli Palmer, de origen alemán, interpreta a la severa Madame Forneau. El resto del reparto está compuesto por bellas y desconocidas jovencitas, la mayor parte españolas (o inglesas,como Mary Maude y Pauline Challoner).

Chicho Ibáñez Serrador realizó auténticos malabares para esquivar a la censura (pues la película fue filmada y estrenada en la España franquista). Sobre todo teniendo en cuenta lo escabroso del tema y el picante tono de erotismo – que aunque sutil es omnipresente, y que en algunos casos contiene incluso toques lésbicos y sadomasoquistas.

El lento pero siempre intenso e intrigante desarrollo de la trama está realizado de forma magistral. La melancólica banda sonora corre a cargo del argentino Waldo de los Ríos – compositor también de la música de la segunda película de Chicho, la igualmente maravillosa “Quién puede matar a un niño” (1977), así como de la banda sonora de la popular serie televisiva “Curro Jiménez” (1976).

FHP, febrero de 2016