Historias para no dormir: Libro sobre la serie de Narciso Ibáñez Serrador

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(Foto: europapress)

A la escasa literatura disponible sobre la obra fantaterrorífica de Chicho Ibáñez Serrador se suma ahora ésta modesta contribución del autor de Alucine Cinéfago.

Gracias a la editorial Bubok he publicado un libro donde se analizan todos los episodios de las “Historias para no dormir”.

Se trata en su casi totalidad de material inédito, no posteado en el blog.

Además de las reseñas de cada uno de los 27 capítulos de las tres temporadas de la serie (1966, 1967 y 1982) en el libro se comentan:

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El Televisor – Narciso Ibáñez Serrador, 1974

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El Televisor

España, 1974

Director: Narciso Ibáñez Serrador

Género: Suspense, tragicomedia

Argumento

Enrique es un hombre sencillo de mediana edad que trabaja de empleado en un banco en el Madrid de comienzos de los años setenta. El abnegado padre de familia se ha sacrificado siempre para que a los suyos no les faltara de nada. Su empleo como oficinista consume la mayor parte de su tiempo. Diligente y muy ahorrador, ha procurado que su mujer y sus hijos tengan a su alcance todas las comodidades que su sueldo permite: Un buen piso, una lavadora, electrodomésticos… “En realidad todo es mediocre. Pero como Enrique también lo es, no se da cuenta” nos explica el narrador.

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Enrique (Narciso Ibáñez Menta)

Pues el buen Enrique es un hombre simple y gris, consumido por una vida rutinaria y monótona. Tiene, sin embargo, una gran aspiración en la vida; un gran sueño que ansía cumplir algún día: Comprarse un televisor a color, un televisor que no sea “uno cualquiera”, sino el último modelo; el más moderno y el de mejor calidad. Nunca ha querido ir a ver la televisión a casa de los vecinos, como hacían su mujer y sus hijos, porque prefiere pacientemente esperar a poder comprarse su propio aparato…

Tras varios años ahorrando, finalmente llega el gran día. Enrique puede comprarse el televisor que tanto ha anhelado. Su esposa Susana se alegra de verlo tan contento. A la mañana siguiente, que es domingo, Enrique ha puesto el despertador para levantarse temprano; pues no quiere perderse la carta de ajuste. Incluso se viste elegantemente de traje y corbata, sentándose con sacramental solemnidad en el sofá dispuesto a no perderse un segundo de emisión.

Susana y los hijos, Quique y Julita, van a salir a misa; pero en lugar de acompañarles como cada domingo Enrique prefiere seguir la retransmisión de la misa desde casa. A Enrique le gustaría que su familia se quedara todo el día con él ante el televisor, pero su esposa e hijos tienen otros planes.

Cuando Susana regresa por la noche, Enrique sigue mirando la televisión, casi hipnotizado; no ha comido en todo el día. Susana cree que esa fascinación entre infantil y enfermiza que siente su marido ante la novedad de poseer un televisor irá decreciendo próximamente… Pero se equivoca.

Al día siguiente, lunes, Enrique pide permiso a su jefe en la oficina para salir unas horas antes del trabajo: “Es que mi mujer no se encuentra bien, va a venir el médico y quiero estar con ella…” El director del banco le concede incluso dos días libres, pues es su mejor empleado y nunca antes había pedido un favor. En realidad, Enrique lo que quiere es seguir viendo la televisión: Un hábito que poco a poco se va convirtiendo en algo tan vital para él, en algo tan imprescindible, como el oxígeno que respira…

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Hoy, 4 de julio, Ibáñez Serrador cumple 81 años – ¡Felicidades, Chicho!

Comentario

Éste sublime mediometraje de algo más de una hora de duración no es, como podría pensarse,  un episodio tardío de las sesenteras „Historias para no dormir“ sino una producción independiente de la famosa serie dedicada al terror y el suspense.

Chicho Ibáñez Serrador retrata  magistralmente cómo se va transformando la vida de un hombrecillo que se convierte en adicto a la televisión: Ya no escucha a su familia, ya no le interesa salir de casa (ni siquiera para ir a trabajar)… No se despega de la pantalla en todo el día y todo lo demás le es indiferente.

“El Televisor” es una tragicomedia de suspense que comienza con bastante humor negro, sarcástico y paródico; y que va adquiriendo, conforme avanza la historia, tintes cada vez más agobiantes de pesadilla kafkiana. Enrique se sumerge en una espiral de locura, ya no es capaz de diferenciar la realidad de la ficción. El paulatino e hiperbólico delirio del teleadicto amenaza con destruir su vida y las de sus seres queridos…

La película, que realiza una sutil crítica social, no está ni mucho menos desfasada: Hoy podría rodarse perfectamente un film análogo a modo de “remake” – Mostrando las consecuencias del abuso de teléfonos móviles “smartphone”, por ejemplo.

No cabe duda de que la televisión, consumida de forma excesiva, mucho más que “informar” o “entretener” contribuye a incrementar los niveles de aborregamiento y estupidización de las masas. Hoy mucho más que en 1974. Y la visionaria propuesta de Chicho adquiere un carácter casi profético, si tenemos en cuenta los niveles de bajeza, inmundicia y adoctrinamiento presentes en la televisión actual.

Enrique al psiquiatra: “Hace ya unos días que me dí cuenta, pero ya era demasiado tarde… Todo lo que sale por aquí (el televisor) es mentira o es maldad”

Psiquiatra: “Durante algún tiempo tiene usted que dejar de ver televisión“

Enrique: „No puedo…“

Psiquiatra: „¿Por qué?”

Enrique: “Porque ya no sé pensar (…) El televisor piensa por mí.”

El gran Chicho Ibáñez Serrador, con sus inolvidables “Historias para no dormir”, es uno de los pocos que ha dedicado su vida a hacer televisión de calidad en España.

Su padre Narciso Ibáñez Menta interpreta una vez más al protagonista de éste episodio.

FHP, marzo de 2016

La Residencia – Narciso Ibáñez Serrador, 1970

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La Residencia

España, 1970

Director: Narciso Ibáñez Serrador

Género: Suspense, terror

Guión: Narciso Ibáñez Serrador (como “Luis Peñafiel”), basado en una historia de Juan Tébar

Intérpretes: Lilli Palmer (Sra. Forneau), Cristina Galbó (Teresa), Mary Maude (Irene), John Moulder-Brown (Luis), Maribel Martín (Isabel), Pauline Challoner (Catherine)

Música: Waldo de los Ríos

Argumento

Finales del siglo XIX en la Provenza francesa. Un coche de caballos se aproxima a través de un bucólico bosque a un internado para señoritas. En el interior de la residencia, la directora Madame Forneau dicta un texto sobre Molière. Una de las chicas se niega a escribir y responde con insolencia cuando es interpelada por la directora. La Forneau ordena que la muchacha, llamada Catherine, sea conducida a la habitación de castigo, donde estará aislada y en completa reclusión.

Del coche de caballos recién llegado se apean un hombre maduro y una jovencita. El caballero solicita encontrarse con la señora Forneau, y le encomienda a su protegida Thérese, hija de una amiga suya que por el momento no puede ocuparse de ella. Tras pagar las cuotas escolares, el hombre se marcha. Thérese, procedente de Avignon, ingresa así en el centro. El primer día ya empieza a observar algunos fenómenos extraños: Puertas que se abren sin aparente motivo, la silueta de alguien que parece estar espiando… Una sensación de inquietud invade a la chica.

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Thérese (Cristina Galbó)

Madame Forneau ha explicado al hombre que la trajo que el internado está especializado en “chicas difíciles”, y que por ese motivo ella se ve obligada en muchas ocasiones a actuar con la mayor severidad. Las chicas han llegado allí o bien por delinquir o bien por proceder de familias desestructuradas. Se trata de un reformatorio femenino para adolescentes conflictivas de entre 15 y 21 años.

Por la noche, todas duermen en la misma gran habitación. Las internas acogen amigablemente a su nueva compañera Thérese. La mayoría de las chicas están allí a disgusto, y le cuentan a la recién llegada que últimamente algunas alumnas del centro “han logrado escaparse”… Tres chicas desaparecieron recientemente y nunca se volvió a saber de ellas.

Mientras tanto, la rebelde Catherine languidece en la habitación de castigo. La directora llega hasta allí con Irene, una joven que actúa como su mano derecha y mantiene a las chicas bajo el más estricto control. Cuando Catherine continúa sin querer adaptarse a las normas, la desnudan y la tumban boca abajo en el camastro. Irene comienza a azotarla con un látigo, algo que visiblemente realiza con deleite y con fruición – la directora tiene que decirle dos veces que pare.

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Madame Forneau (Lilli Palmer) y su hijo Louis (John Moulder Brown)

La Forneau tiene un hijo en plena pubertad, Louis, que también vive en el internado y cuya mayor afición consiste en espiar a las chicas mientras se duchan; en seguirlas por el centro e intentar acercamientos. Su sobreprotectora madre le regaña por ello, le dice que todavía es “demasiado joven” para pensar en chicas, que “ya llegará el momento”, que las muchachas del internado “son veneno” y que para el futuro deberá encontrar “una mujer que sea como yo” (es decir, como ella, su madre).

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Irene (Mary Maude)

Irene desarrolla una fijación para con la nueva estudiante Thérese. Le ordena, ya a la mañana siguiente de haber llegado, que haga todas las camas; junto con otra chica llamada Susanne. Ésta le cuenta cómo “funciona todo” en la residencia: Normalmente nunca hay hombres, pero una vez cada tres semanas viene a los alrededores un leñador llamado Henry. Las chicas se lo echan a suertes, y cada vez le toca a una irse por unas horas con él (sin que se entere la directora, por supuesto). También está el hijo de la Forneau, cuenta Susanne, pero ese es todavía prácticamente un niño, y además tiene una relación con Isabelle, otra de las compañeras. Isabelle, de 15 años, es la única a la que el hijo de la directora le parece interesante.

Louis se encuentra con Isabelle a escondidas de su castrante madre siempre que tiene la oportunidad. Una tarde se refugian en una habitación, pero escuchan pasos que se aproximan amenazadoramente… Poco después la misteriosa persona se retira. Los adolescentes no saben quién ha podido estar vigilándoles…

Thérese es llamada a la presencia de Irene. Ésta le pregunta si ya está al corriente de cómo “funciona todo” en la escuela… pues le había dejado con Susanne a propósito, porque a esa chica le gusta mucho hablar y estaba segura de que le contaría los “secretos” del internado. Irene le realiza una demostración de su poder a Thérese: Afirma que ella es la que más manda después de la directora, que depende de ella que las chicas se encuentren o no con Henry sin que la Forneau se entere, y que las chicas coman bien o no, de que vivan tranquilamente o sean represaliadas… Irene, cuyas inclinaciones sáficas se van haciendo más que evidentes, le dice a Thérese que si quiere evitar problemas, tendrá que obedecerla “en todo”…

Esa noche, cuando las chicas se disponen a acostarse, Isabelle encuentra bajo su almohada una llave y una nota. En el baño lee el papel: Louis le escribe que la estará esperando en el invernadero y que ella podrá entrar con esa llave. Cuando todas duermen, Isabelle se escabulle sigilosamente de la gran habitación, sale de la residencia y entra en el invernadero… Una vez allí un brazo aparece desde detrás, y una figura sombría apuñala a la quinceañera hasta la muerte…

A la mañana siguiente, la directora interroga a las muchachas por la desaparición de Isabelle. Ya es la cuarta que ha “escapado” en los últimos meses, y Madame Forneau quiere saber si tuvo cómplices que la ayudaran a evadirse…

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Catherine (Pauline Challoner)

Ese mismo día, las chicas van a ducharse – siempre bajo la atenta mirada de la Forneau. Entre las jóvenes se encuentra de nuevo Catherine, a quien le ha sido conmutada la pena de aislamiento. El hijo de la directora, por su parte, se introduce en una especie de tubo que comunica la sala de las calderas con las duchas. Desde el otro extremo del tubo, a través de unas rendijas, el mozo acostumbra a espiar a las muchachas mientras se duchan. Pero ésta vez, cuando quiere salir de allí, se da cuenta con horror que alguien ha cerrado la portezuela de metal de la sala de calderas. El joven se ha quedado atrapado en el interior del tubo…

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Chicho dando indicaciones durante el rodaje

Comentario

Ésta excelente película de suspense y misterio con atmósfera gótica constituye la primera contribución a la gran pantalla del maestro Narciso “Chicho” Ibáñez Serrador, a quien no pocos aclaman como el Hitchcock hispano. Nacido en Uruguay en 1935, como hijo del actor asturiano Narciso Ibáñez Menta y de la actriz argentina (de origen valenciano) Pepita Serrador, Chicho alcanzaría la celebridad en España durante los años ´60 gracias a la emisión de sus “Historias para no dormir”, inquietantes mediometrajes televisivos basados mayormente en relatos de autores como Edgar Allan Poe o Ray Bradbury, e incluyendo también otros de cosecha propia, que acostumbraba a firmar con el pseudónimo de Luis Peñafiel.

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“La Residencia” (que en España fue todo un éxito de taquilla en su momento) es muy reminiscente en su estilo visual y temático del giallo italiano en general y del cine de Dario Argento en particular – que por cierto es posterior a ésta obra maestra de Ibáñez Serrador. El visionado de “La Residencia” podría haber inspirado a Argento para su “Phenomena” (1985) también ambientada en un estereotípico internado femenino.

Cuando en el internado se producen desapariciones, la “versión oficial” es que las chicas han escapado… Pero pronto comienza a extenderse el rumor de que un asesino en serie anda suelto. El miedo y la incertidumbre se apodera de Thérese (quien había ya notado algo extraño nada más llegar), así como de sus compañeras.

La veterana Lilli Palmer, de origen alemán, interpreta a la severa Madame Forneau. El resto del reparto está compuesto por bellas y desconocidas jovencitas, la mayor parte españolas (o inglesas,como Mary Maude y Pauline Challoner).

Chicho Ibáñez Serrador realizó auténticos malabares para esquivar a la censura (pues la película fue filmada y estrenada en la España franquista). Sobre todo teniendo en cuenta lo escabroso del tema y el picante tono de erotismo – que aunque sutil es omnipresente, y que en algunos casos contiene incluso toques lésbicos y sadomasoquistas.

El lento pero siempre intenso e intrigante desarrollo de la trama está realizado de forma magistral. La melancólica banda sonora corre a cargo del argentino Waldo de los Ríos – compositor también de la música de la segunda película de Chicho, la igualmente maravillosa “Quién puede matar a un niño” (1977), así como de la banda sonora de la popular serie televisiva “Curro Jiménez” (1976).

FHP, febrero de 2016

Los Bulbos – Narciso Ibáñez Serrador, 1974

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Los Bulbos

 

Argentina, 1974

Director: Narciso Ibáñez Serrador

Género: Terror/Suspense

Guión: Narciso Ibáñez Serrador (como Luis Peñafiel)

Intérpretes: Narciso Ibáñez Menta, Víctor Laplace, Virginia Lago

Argumento

Un mercachifle, el buhonero Gianfranco (Narciso Ibáñez Menta), llega a un pequeño pueblo italiano llamado Montepulciano para vender sus baratijas a la población. Le acompaña su asistente, la joven Lina. Los niños del lugar se sienten atraídos por los trucos de prestidigitación que realiza el mercader y se dedican a frecuentarlo, pues lo ven como a una especie de mago.

Misteriosamente, uno a uno, los niños de la localidad comienzan a desaparecer; pero sólo por unas horas… Cuando regresan se encuentran completamente transformados; con un carácter extraño, taciturno, hierático, impropio de ellos hasta el momento, y que alarma a sus padres y familiares.

El hermano de uno de éstos niños es un joven médico; que además está enamorado de la atractiva asistente del extraño comerciante. El audaz doctor se percata de que, a parte del comportamiento, algo más ha cambiado en su hermano pequeño: Ahora tiene una cicatriz en el pecho. Inmediatamente establece una conexión entre el misterio que afecta a los niños y el siniestro Gianfranco.

Mientras tanto, el encargado de la pensión donde se aloja el buhonero, comenta a una empleada que por las noches observa “unos satélites que surcan el cielo”. Al parecer, se trata de OVNIs.

El joven doctor toma la resolución de operar urgentemente a su hermano, tras confirmar con rayos X que tiene cerca del pulmón una especie de bulto palpitante que parece tener vida propia. La intervención quirúrgica es un éxito, y al niño le es extraído una especie de ser gelatinoso, el bulbo, con ramificaciones o tentáculos, que había aumentado de tamaño desde que el día anterior fue observado por los rayos X.

El médico llega a la conclusión de que se trata de un organismo parasitario maligno, que “no puede ser de éste mundo” porque “carece de células”; y se deshace viscosamente hasta desaparecer una vez separado del organismo humano al que se había acoplado.

Esa entidad succionaba la energía vital del cuerpo parasitado, y se dedicaba paulatinamente a extender su dominio sobre él; de no haber sido extirpado a tiempo se habría extendido al cerebro tomando control absoluto de su víctima.

El doctor decide que lo mejor es operar a todos los niños afectados (ardua tarea, pues es necesario contar con el permiso de los padres) y lo que es aún más importante: hay que actuar contra Gianfranco, el responsable de injertar esos bulbos en los niños. Pero no hay pruebas sólidas contra él y a nivel legal nada se puede hacer… Sólo cuando la hija del jefe de policía corre la misma suerte que el hermano del médico, las autoridades intentarán frenar al infernal mercachifle.

 

Comentario

Lamentablemente no he podido ver completa la mini-serie de “Los Bulbos”, y ésta reseña se reduce al episodio de en medio. Actualmente, éste episodio (emitido por la televisión argentina en 1974) es el único que se conserva disponible en video (y en la red); al parecer todas las copias de los dos otro capítulos, el inicio y el desenlace, se “han perdido”. Es curioso que ha sucedido lo mismo con otras películas del gran Ibáñez Menta, como es el caso de “El Muñeco Maldito” (1962), basado en una obra de Gaston Leroux.

El protagonista es Narciso Ibáñez Menta, y la dirección corre a cargo de su hijo Narciso “Chicho” Ibáñez Serrador, el Hitchcock hispano. “Los Bulbos” entran dentro de la versión argentina de las excelentes “Historias para no dormir”, emitidas en España durante los años sesenta y primeros setenta.

Ésta historia (la mini-serie argentina de los bulbos) recuerda a capítulos españoles de la serie como “La Alarma” o “El Fin que empezó ayer”, por su muy sugestiva y fascinante temática de entidades parasitarias de origen extraterrestre apoderándose de la voluntad humana…

Todas éstas películas del genial Chicho son anteriores al éxito de John Carpenter “They Live!” (“Viven!”, 1988), que tiene un argumento muy similar. No es, por lo tanto, imposible que el director norteamericano se “inspirase” en las insuperables obras del maestro Ibáñez Serrador.

 

FHP, 2014

Quién puede matar a un niño – Chicho Ibáñez Serrador, 1976

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Quién puede matar a un niño (a.k.a. Who can kill a child?)

España, 1976

Director: Narciso Ibáñez Serrador

Género: Terror / Thriller (fantaterror)

Guión: Narciso Ibáñez Serrador (como Luis Peñafiel); inspirado en la novela “El Juego de los Niños” de Juan José Plans

Intérpretes: Lewis Fiander (Tom), Prunella Ransome (Evelyn)

Música: Waldo de los Ríos

Es una lástima que este grande de la televisión española solo dirigiera dos largometrajes, pues visto su talento incuestionable para realizar cine de terror, Chicho Ibáñez Serrador hubiera cosechado éxitos internacionales y gozaría de prestigio mundial para los amantes del género.

“Quien puede matar a un niño?” es bajo mi punto de vista bastante superior a la tambien hispana “No profanar el sueño de los muertos”, y junto a “El Pico” de Eloy de la Iglesia (de temática muy diversa), ha pasado a convertirse en mi película española favorita, entrando de lleno en la selecta lista de mis films predilectos de todos los tiempos y naciones, la misma ecléctica lista donde figuran “El Padrino”, los italo-western de Leone, “Vertigo” o la polanskiana “El Quimérico Inquilino”, por citar solo unos pocos ejemplos.

“Quien puede…” cuenta los avatares a los que se enfrenta una pareja de turistas ingleses, Tom y Evelyn, dispuestos a pasar sus vacaciones en España. Ella está en avanzado estado de gestación, el matrimonio espera su tercer hijo.

Ambos llegan a la ficticia localidad costera mediterránea Benavís, con la intención de embarcarse al día siguiente rumbo a la (tambien imaginaria) isla Almanzora, donde Tom ya estuvo en el pasado. La primera parte del film tiene un desarrollo pausado, donde solamente suceden cosas banales, pero esto sirve para incrementar la expectación del espectador, pues la tensión se masca en el ambiente. En Benavís presencian las fiestas del pueblo, van a la playa, disfrutan del espectáculo pirotécnico, etc. Cuando a la mañana próxima llegan a la isla, comienza el intenso suspense, que irá creciendo durante el resto del metraje. La lancha de los ingleses alcanza el muelle de Almanzora, y se encuentran allí con unos niños, parcos de palabras, que resultan inquietantes. Tom y Evie caminan hasta el municipio, descubriendo con estupor que está abandonado, no hay nadie en las calles ni tampoco en las casas (algo parecido a lo que sucede en “Anthropophagus” de Joe D´Amato cuando los protagonistas inspeccionan el poblado de la isla griega). Solo algunos niños, escurridizos y de risas maliciosas, pululan por el lugar.

El matrimonio llega a la conclusión, tras ver como una niña mata alegremente a bastonazos a un anciano, que los adultos de la isla han sido o están siendo asesinados por los niños, en lo que parece ser una epidemia que incita a los infantes a liquidar a sus mayores. Acorralados, intentarán escapar de la isla debatiéndose con la idea que da nombre a la película: En defensa propia, podría matarse a un niño?

Original e interesantísima cinta de suspense, basada en una novela y que podría considerarse, estilísticamente, una especie de híbrido entre “Los Pájaros” de Hitchcock y “La noche de los muertos vivientes” de George Romero, superando a ambas en mi opinión.

A propósito de la comparación con la posterior “Anthropophagus” antes mencionada, hay otra escena en la obra de D´Amato que recuerda ligeramente a algo que tambien sucede en el film que nos ocupa. No diré de que se trata pero, a modo de pista, puedo mencionar que tiene que ver con el embarazo de la protagonista. (En “Anthropophagus” tambien aparece una embarazada)

La atmósfera de la película es sobrecogedora y está muy bien lograda, lo que tiene mucho mérito, pues la acción transcurre siempre de día, en un pintoresco pueblito, bajo la cálida luz de un Sol resplandeciente, y los “monstruos” son tiernos y angelicales niños. Ser capaz de provocar temor e inquietud con estas premisas es a todas luces digno de aplauso.

Según el transfondo con el que Chicho ha impregnado al film, la actitud asesina de los infantes responde a una venganza, pues las injusticias cometidas por los adultos (quienes deciden las guerras) siempre tienen a los inocentes niños como primordiales víctimas. Eso explica el preámbulo inicial que introduce la película, con esa cortinilla de extractos de las noticias televisivas, con imagenes reales de campos de exterminio nazis, o guerras en ese momento más actuales, como la del Vietnam o Biafra.

En la novela, en cambio, la razón que se da es una especie de epidemia natural (como en el caso de los zombies romerianos).

Obra Maestra (así, con mayúsculas). Muestra inconmensurable de buen hacer cinematográfico, y máximo exponente del género fantástico en Europa.

FHP (AlucineCinéfago), 2008