El Trono de Fuego – Franco Prosperi, 1983

Il trono di fuoco (a.k.a. Throne of Fire)

Italia, 1983

Director: Franco Prosperi

Género: espada y brujería

Guión: Giuseppe Buricchi, Nino Marino

Intérpretes: Sabrina Siani (Valkari), Pietro Torrisi (Siegfried), Harrison Muller (Morak/Belial)

Música: Carlo & Paolo Rustichelli

Argumento

En una tétrica noche tempestuosa, una humilde mujer es abordada en su casa por un siniestro desconocido que aparece de la nada. Se trata de Belial, un enviado del Maligno; que ha encarnado para preñarla con la semilla del Señor de la Oscuridad. La pobre mujer, ahora convertida en sumisa sirviente del Diablo, ha sido escogida para dar a luz a una especie de mesías satánico. En un lugar no lejano, un mago erudito en las artes místicas percibe que esa noche el Hijo de la Bestia será concebido, y se lo hace saber a su esposa. El mago conoce la ancestral profecía, que señala a ese demoníaco recién nacido como futuro usurpador del reino de Edar, para someter tras ello a la Humanidad en su conjunto. Sólo un hombre, añade el mago, podrá vencer a la Bestia y frustrar sus planes: Su propio hijo Siegfried, aún bebé, que ha sido destinado a ello por la profecía.

Muchos años después, el niño concebido en aquella noche de tormenta ha creado un ejército de sanguinarios secuaces y ha tomado a sangre y fuego el castillo del rey Edar. Pero Morek, pues así se llama el hijo de Belial, todavía no puede sentarse en el Trono, pues para ello debe estar casado con la heredera de la dinastía de Edar, que desciende directamente de los dioses. Ha de revestir su usurpación con un manto de legitimidad. Sin embargo, la princesa Valkary (Sabrina Siani) escapó del castillo cuando sus padres fueron asesinados por las hordas de Morek. Éste debe encontrarla y forzarla a casarse con él. Sólo así el hijo del Maligno podrá sentarse en el Trono de Fuego antes del “día de la noche del día” como está profetizado. Lo que ese enigmático “día de la noche del día” significa, Morek lo ignora, pues su madre desaparece antes de poder revelárselo.

Uno de los esbirros de Morek, tratando de adular a su “amo y señor” le anima a sentarse en el trono independientemente de su matrimonio con la princesa, diciendo que no crea en las viejas profecías. Tras insistir que es imprescindible desposarse con la hija de Edar, descendiente del linaje divino, Morek le ordena a su siervo que si tan a la ligera se toma las leyes del mundo intangible se siente él en el Trono de Fuego… Cuando el incauto secuaz obedece, surgen alrededor del Trono enormes llamas infernales que lo abrasan. Morek contempla la escena con una torva sonrisa: Ese era el motivo por el cual no podía acceder todavía al Trono de Fuego (cuyo poder, como vemos, es literal). Es por tanto menester ineludible ser descendiente legítimo del linaje de los dioses… o al menos estar emparentado con él, para poder así sentarse sin ser calcinado. La captura de la fugitiva princesa es urgente, y los soldados de Morlek se ponen a buscarla por todo el país arrasando, saqueando y masacrando todo lo que encuentran a su paso.

Para frenar al usurpador y proteger a la princesa entra en acción Siegfried (Pietro Torrisi), el héroe, el superhombre.

La bellísima Valkary es una experta amazona que maneja las armas con pericia. No obstante, es apresada por los esbirros de Morek y llevada a su presencia. Pero, consciente de su linaje divino y del escarnio que supondría mancillarlo uniéndose en matrimonio a ese usurpador asesino de su familia, la joven se niega obstinadamente a convertirse en su esposa y antes prefiere morir. “Hay cosas peores que la muerte…” repone amenazante el siniestro hijo de Belial.

Al rescate de la princesa llega Siegfried, quien para acceder al castillo se ha ataviado con los hábitos de monje, diciendo a los guardias de la entrada que llega para oficiar el enlace. El musculoso titán, guerrero curtido en innumerables batallas, lucha contra los hombres del usurpador derrotándolos, y se enfrenta finalmente al propio Morek; logrando atravesarlo con su espada… pero sin hacerle un solo rasguño: Pues el hijo del Maligno (cuyo rostro real, de engendro demoníaco, puede apreciarse en ese momento de manera intermitente) parece ser invulnerable. Siegfried trata de escapar para volver más adelante, pero tras una encarnizada lucha es prendido por los esbirros del enemigo, que lo acorralan hasta hacerle caer en “el pozo de la locura”, del cual “nadie jamás ha salido con vida”.

En el interior de ese pozo, que da a un complejo enjambre de pasadizos subterráneos, Siegfried es expuesto a numerosas visiones demenciales y asediado por múltiples peligros. Una putrefacta cabeza cercenada le habla, hay montañas de huesos y cráneos por doquier. El héroe debe enfrentarse a una gigantesca serpiente que amenaza con estrangularle, y ha de combatir contra un misterioso guerrero con armadura. Tras vencer a éste, Siegfried contempla

con estupor que la armadura estaba vacía… a excepción de otra serpiente, que sale reptando de entre el amasijo de hierros… En una lóbrega mazmorra excavada en una gruta, Siegfried encuentra a su anciano padre el mago, a quien creía muerto. Él fue testigo de la toma del castillo por parte de Morlek y los sublevados, algo que sólo fue posible mediante la traición de uno de los hombres de confianza del rey legítimo. El mago otorga a su hijo dos poderes para que pueda salir del “pozo de la locura”, enfrentarse con éxito al Maligno y rescatar a la princesa: la invisibilidad temporal y la invulnerabilidad en combate (excepto al fuego).

Así, Siegfried acude a sacar a Valkary de las mazmorras en las que ha sido encerrada. Ella, inicialmente escéptica, acepta su ayuda y lo nombra su escolta… aunque entre el aguerrido héroe y la seductora princesa bárbara no tardará en surgir algo más que una relación de protector y protegida…

 

Comentario

Il Trono di Fuoco (1983) es una poco conocida y muy infravalorada barbarian-exploitation a la italiana. La dirección corre a cargo de Franco Prosperi, realizador un año antes de Gunan il Guerriero, otra de las más importantes exponentes del subgénero; y colaborador del maestro Mario Bava en el memorable peplum Ercole al centro della Terra (1961).

El papel de Siegfried está interpretado por el musculoso Pietro Torrisi (a.k.a. Peter McCoy), culturista, levantador de pesos y stuntman siciliano; actor que aparece también en la mencionada Gunan y en otros films de espada y brujería italianos de la época. También habitual de éstas producciones es su compañera de reparto Sabrina Siani, bellísima actriz romana que en ésta película da vida a la princesa Valkary, y que participa igualmente en Gunan, en Sangraal la spada di fuoco (Michele Massimo Tarantini, 1982), Ator, l´invincibile (Joe D´Amato, 1982) y en Conquest (Lucio Fulci, 1983). La deliciosa Sabrina Siani, musa indiscutible del cine de bárbaros italiano, fue descubierta en 1979 a la edad de 16 años por el director Marino Girolami (Italia a mano armata, 1976 – padre a su vez del gran Enzo G. Castellari); y abandonó el mundo del celuloide al casarse en 1988.

Poco sabemos sobre el ignoto Harrison Muller Jr. quien en Il Trono di fuoco hace las veces de Morek (y también en la escena inicial de su demoníaco progenitor Belial, “padre e hijo son Uno”). Éste desconocido actor brilla en su papel de malvado carismático.

Spoiler – el misterio de “la noche del día de la noche“ queda desvelado cuando están a punto de celebrarse las nupcias entre Morek y la princesa: se trata de un eclipse total de sol que durará varios minutos. Antes de que el eclipse concluya, Morek deberá sentarse en el Trono de Fuego como pretendiente legitimizado, pero la celebración de la boda es abortada en el último momento por Siegfried, quien lanza al usurpador al trono antes de que el sacerdote termine el ritual. Morek es así reducido a cenizas tras una infernal agonía; y Valkary acepta a Siegfried como su consorte tras la aclamación popular.

Il Trono di Fuoco es una pequeña joya de la serie B, sumamente interesante y disfrutable, con un argumento y un planteamiento sencillo y hasta tal vez estereotípico pero muy bien desarrollado y ejecutado. En ningún momento aburre. Pietro Torrisi es un perfecto “conan a la italiana” y qué decir de la hermosísima Sabrina Siani. Lamentablemente, ésta película ha sido olvidada e infravalorada, siendo probablemente la mejor del subgénero.

FHP, 2015

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Los ritos sexuales del diablo (a.k.a. Black Candles) – José Ramón Larraz, 1982

Los ritos sexuales del diablo (a.k.a. Black Candles)

España, 1982

Director: José Ramón Larraz

Género: fantaterror-softcore

Guión: José Ramón Larraz

Intérpretes: Helga Liné (Fiona), Vanessa Hidalgo (Maya)

Música: Cam España

Argumento

Las primeras escenas del film nos muestran cómo un individuo calvo muere en el transcurso del acto sexual con una joven, que no parece demasiado consternada al respecto. Lo que podría parecer una muerte súbita consecuencia de un fallo cardíaco es en realidad el resultado de un rito de magia negra de estilo vudú, pues el hombre siente un pinchazo en el corazón cuando en un lugar distante una mujer le clava una aguja a un muñeco que lo representa…

Una pareja llega al aeropuerto Gatwick de Londres. Se trata de Carol (Vanessa Hidalgo) y su novio Robert. Ella es la hermana de Paul, el calvo fallecido en la escena inicial. Han llegado a Inglaterra de visita, para arreglar procedimientos burocráticos relativos a la herencia. En el aeropuerto les recoge Fiona, la viuda de Paul y cuñada de Carol; quien a través de las lluviosas y nubladas carreteras de la campiña inglesa conduce a los huéspedes hasta su casa. Allí dos inquietantes detalles llamarán la atención de Carol: Por carecer de electricidad, la iluminación sólo es posible por medio de velas… todas ellas negras. Y las paredes están decoradas con siniestras ilustraciones y grabados de temática satánica.

Una vez instalados en su habitación, Carol le confiesa a su prometido que esa poco acogedora atmósfera le hace sospechar que su cuñada tiene algo que ver con brujerías… y tal vez también con la misteriosa muerte de su hermano. Robert trata de tranquilizar a Carol, y restarle importancia a sus temores, mientras Fiona espía a través de un agujero en la pared.

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Cromwell, el rey de los bárbaros – Albert Pyun, 1982

The sword and the sorcerer (a.k.a. Cromwell, el rey de los bárbaros)

EEUU, 1982

Director: Albert Pyun

Género: aventuras, espada y brujería

Guión: Tom Karnowski

Intérpretes: Lee Horsley (Talon), Kathleen Beller (Alana)

Música: David Whitaker

Argumento

Titus Cromwell es un caudillo guerrero que busca conquistar el pacífico y civilizado reino de Ehdan. Para ello, contacta con la ayuda de una hechicera a un siniestro demonio llamado Xusia. Éste monstruoso ser habita en estado de “hibernación” en el interior de una cueva ubicada en una isla. Con él se encuentran asimismo sus infernales acólitos, cuyas cabezas gimientes emergen de las paredes… Cromwell permanece impertérrito ante ésta dantesca escena. Para demostrar su poder, el monstruo arranca el corazón de la bruja que le había invocado. El jefe de los guerreros pone a Xusia bajo sus órdenes. El demonio resucitado deberá ayudar a Cromwell con su magia negra a lograr la victoria contra Richard, el sabio y benevolente rey de Ehdan. Éste se encuentra en su palacio, impotente ante los avances de las  tropas enemigas. Los invasores liderados por Cromwell se acercan peligrosamente a su reino, y ya nada puede detenerlos. El hijo mayor de Richard es herido en combate y muere poco después en brazos de su consternado padre. Cuando todo está perdido, Richard da la orden de que su mujer y sus demás hijos sean llevados a un lugar seguro. Sin embargo, a su vástago menor (llamado Talon)  le encomienda que en un futuro ejecute la vengaza contra los invasores. Cromwell y los suyos arrasan todo lo que encuentra a su paso y se disponen a tomar Ehdan. Cuando el jefe bárbaro considera que el monstruoso Xusia ya no le es de utilidad, lo apuñala a traición, tras lo cual el demonio se despeña por un acantilado.

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Caligola: La storia mai raccontata (a.k.a. Caligula, the untold story) – Joe D´Amato, 1982

Caligola: La storia mai raccontata (a.k.a. Caligula, the untold story)

Italia, 1982

Director: Joe D´Amato

Género: histórica, neo-peplum, erótica-softcore

Guión: Joe D´Amato, George Eastman, Michele Soavi

Intérpretes: David Brandon (Calígula), Laura Gemser (Miriam), Fabiola Toledo (Livia), Michele Soavi (Domitius)

Música: Carlo Maria Cordio

Argumento

Roma, 37 d.C. Cayo César Germánico (David Brandon) ha sucedido a su tío Tiberio como Emperador. El joven Cayo César (que sería póstumamente conocido con el apodo de Calígula – “Botitas”-) es un desequilibrado con delirios de grandeza, que se hace adorar por sus súbditos como si fuera un dios encarnado. Su soberbia llega hasta el punto de ordenar la decapitación de las estatuas de Júpiter para colocar una réplica en piedra de su propia cabeza en el lugar de la del dios supremo del panteón romano. Calígula instaura un reino de terror, una sangrienta tiranía de la que sus propios senadores comienzan a resentirse. Para burlarse de éstos, decide investir con el cargo de cónsul a su caballo Incitatus. Cruel y lascivo, el emperador se entrega asiduamente a las más frenéticas y voluptuosas bacanales.

Por las noches, una misma pesadilla le acosa sin tregua: Es perseguido en la playa por un misterioso enemigo enmascarado que trata de matarle, disparando una flecha con su arco. Mientras en una ocasión se revuelve en su lecho soñando la repetitiva secuencia onírica, uno de sus criados intenta efectivamente asesinarlo. Pero el déspota despierta a tiempo, y el tiranicida es detenido en el acto. Calígula resuelve poner a su agresor un castigo ejemplar más duro que la muerte: le cortará los tendones de brazos y piernas y le amputará la lengua, torturándolo con saña y provocando al desgraciado el máximo sufrimiento. Tras ello, Domicius (que así se llama el desventurado) deberá vivir como un vegetal, incapaz de moverse o hablar, como un muñeco testigo mudo de los excesos salvajes del monarca.

En otra ocasión, Calígula pasea con su guardia pretoriana en la misma playa escenario de la pesadilla que cada noche le atormenta. Allí se encuentra con un grupo de jóvenes, chicos y chicas, que encienden su desenfrenada lujuria. El tirano se dirige a una pareja, formada por Ecio y Livia. Ella es una conversa al cristianismo, y porta consigo un amuleto pisciforme, que simboliza su nueva fe. Pero él es hijo de un importante miembro del senado, y sólo por éste motivo Calígula los deja en paz… al menos por el momento. Más tarde, cuando ya no hay testigos y la pareja se encuentra sola en un bosque cercano, Ecio y Livia son abordados nuevamente por Calígula, quien viola a Livia, hasta el momento virgen, mientras su anonadado prometido es sujetado por uno de los esbirros del déspota. Livia trata de resistirse, y saca el puñal de Calígula para clavárselo en defensa propia, pero el emperador se percata y la hoja se hunde en las carnes de la joven. Tras ello, también Ecio es asesinado. Al ser éste hijo de un influyente político de la corte, la realidad de los hechos es obviamente ocultada, y Calígula señala a integrantes de la nueva secta oriental de los cristianos (a la que la chica pertenecía) como autores del doble crimen. En consecuencia se desata una nueva oleada de persecución contra los cristianos.

Sin embargo, no todos están tan convencidos de que el César sea inocente. Entre los que sospechan de él se encuentran muchos de sus senadores, que llevan ya tiempo conspirando para derrocarlo. El líder de la trama es el senador Marcelus, quien había enviado al criado Domicius para que liquidase al loco. Marcelus y los suyos buscan la manera de librar a Roma del demencial dictador, pero no es tan fácil, pues a Calígula aún le quedan apoyos en el senado.

Por otro lado, también la egipcia Miriam (Laura Gemser), sacerdotisa de Anubis, tiene la certeza absoluta de que Calígula es el asesino de la pareja. Miriam decide vengar a su amiga Livia; y para ello se inscribe como concubina en el harén del César, presentándose ante un “seleccionador” (marcadamente homosexual) que la acepta entre las candidatas a trabajar en lo sucesivo como encargadas de aplacar la insaciable lujuria del tirano. Miriam piensa que así, estando cerca de Calígula, tendrá tarde o temprano la oportunidad de acabar con él, aunque para ello muera en el intento. Antes de entregarse al harén imperial, la egipcia ofrenda su virginidad a Anubis, penetrándose con un consolador de ébano, que rompe su hasta entonces intacto himen.

Calígula, por su parte, se encuentra con sus senadores tratando de diseñar un megalomaníaco proyecto arquitectónico. Algunos tratan sutilmente de disuadirlo, pues no hay suficiente dinero para ello en las arcas del estado. Pero Calígula no atiende a razones, e insiste en la construcción de monumentos y edificaciones que atestigüen su “divinidad” y su “eterna gloria”. En el momento del brindis, el emperador finge ser víctima de un envenenamiento, y cuando dos de los senadores que conspiraban contra él le adulan cínicamente y uno de ellos ofrece pagar de su bolsillo la construcción, Calígula se recupera al instante y toma la palabra de ambos: al que había ofrecido costear el proyecto “si el emperador se salvaba” le recuerda su promesa; al que había “ofrecido a los dioses su propia vida por la del emperador” lo atraviesa con su espada en el acto. El reino de terror de Calígula se hace cada día más insoportable, y la facción de Marcelus lleva por el momento las de perder.

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Shanghai Joe – Mario Caiano, 1973

Il mio nome e Shanghai Joe

Italia, 1973

Director: Mario Caiano

Género: Western

Guión: Mario Caiano, Carlo Alberto Alfieri

Intérpretes: Chen Lee (Shanghai Joe), Klaus Kinski (Scalper Jack), Gordon Mitchell (Burying Sam), Carla Romanelli (Cristina)

Música: Bruno Nicolai

Argumento

Alrededor de 1870 llegan a San Francisco numerosos inmigrantes chinos. Uno de ellos es conocido como “Shanghai Joe”, quien pronto sufre en carne propia el racismo de los “WASP”. El chino Joe, un joven ataviado al estilo de su país, coleta incluída, se desplaza hasta Texas, donde infructuosamente busca trabajo como vaquero.

Trata de conseguir empleo en un rancho, pero los cowboys encargados se dedican a tomarle el pelo (tratan de engañarle “como a un chino”, nunca mejor dicho), se mofan de él y creen poder ridiculizarlo sometiéndole a ciertas pruebas. Joe sale victorioso de las mismas, haciendo gala de su pericia acrobática y clavando un clavo en un madero sin necesidad de martillo; tras lo cual reclama su recompensa: un caballo. Pero los vaqueros no están dispuestos a concederle lo que se ha ganado, y tratan de humillarlo a latigazos. El chino, sin embargo, es un experto en kung-fu, y consigue fácilmente reducir a sus contrincantes para escapar a continuación a lomos del prometido equino. Más tarde se hospeda en una pensión, donde una familia de matones (compuesta por el anciano padre y sus cuatro rudos vástagos) también alojada allí le reta a una partida de poker. El chino resulta ganador absoluto, y se hace con el dinero que los demás habían apostado. Sus contrincantes tratan de recuperar lo perdido durante la noche, disponiéndose a atacar a Joe mientras duerme. Pero éste despierta a tiempo y gracias a su maestría en las artes marciales vapulea a todos dejándolos K.O.

Tras ello, continúa su búsqueda de empleo en el salvaje oeste, y es abordado no mucho más tarde por unos enigmáticos jinetes que le prometen un buen trabajo. Han oído hablar de sus dotes para el combate y están interesados en contratarlo para “cuidar ganado”. Poco después, Joe se da cuenta de que el “ganado” al que esos individuos se referían es un grupo de prisioneros mexicanos, vendidos por un forajido igualmente mexicano para ser utilizados como esclavos. Joe permanece estupefacto, pues creía que la esclavitud ya había sido abolida en los EEUU. Cuando a continuación llegan las autoridades a realizar una especie de redada, los bandidos “liberan” a los mexicanos (para que no se les pueda acusar de trata de esclavos), sólo para fusilarlos mientras tratan de esconderse (“para que no queden pruebas”). Ante éste cobarde y rastrero proceder, Joe reacciona con indignación y trata de neutralizar gracias al kung-fu a los criminales que le habían contratado. Así algunos de los prisioneros logran salvarse. Entre éstos se encuentra un viejo, que es atendido más adelante por Joe, tras lo cual puede retornar a su casa.

Los mercaderes de esclavos, sin embargo, logran capturar a Joe y lo llevan ante su jefe, un cruel y despiadado ranchero con el cual el sheriff de la zona está compinchado. Allí, lanzan al chino a una plaza de toros, y le sueltan un salvaje morlaco, que intenta varias veces embestirle. Pero Joe siempre lo esquiva, para el asombro de sus enemigos, e incluso consigue desnucarlo de una patada tras realizar una acrobática pirueta. Seguidamente, dejando a los adversarios boquiabiertos, se sienta de un salto en la montura de un caballo llevándose como rehén al jefe de los bandidos, el malvado ranchero. Una vez lejos de sus dominios, el cobarde ranchero ruega por su vida, suplicándole compasión. Joe le perdona la vida tras golpearle un par de veces y se marcha. No matar a ese enemigo cuando pudo haberlo hecho le traerá nuevos problemas, pues el ranchero, en lugar de olvidar sus diferencias con el chino pondrá precio a su cabeza.

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Gishiki (a.k.a. “The Ceremony”) – Nagisa Oshima

Gishiki (a.k.a. “The Ceremony”)

Japón, 1971

Director: Nagisa Oshima

Género: Drama

Guión: Mamoru Sasaki

Intérpretes: Kenzo Kawarasaki (Masuo), Atsuko Kaku (Ritsuko), Atsuo Nakamura (Terumichi)

Música: Toru Takemitsu

Argumento

A través de diversos diálogos y flashbacks vamos conociendo la historia de la familia Sakurada, un clan de la alta sociedad japonesa que tras la derrota de 1945 trata de salir adelante. La historia, que no es lineal sino que es presentada mediante saltos temporales, tiene como principal protagonista al ingenuo y sufrido Masuo, nacido en el Manchukuo (la porción de Manchuria ocupada por el Imperio Japonés). Su padre se suicidó en enero de 1946, cuando el Emperador Hiro-Hito (el Showa-Tenno) abdicó de su divinidad como consecuencia de la debacle bélica y por presión de los vencedores aliados. Masuo y su madre se ven obligados a abandonar Manchukuo tras la entrada de las tropas soviéticas, y deben regresar a Japón, con el resto de la familia.

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Zatôichi kenka-tabi (a.k.a. „Zatoichi on the road“) – Kimiyoshi Yasuda, 1963

Zatôichi kenka-tabi (V.O.) – a.k.a. „Zatoichi on the road“

Japón, 1963

Director: Kimiyoshi Yasuda

Género: Chambara, jidaigeki

Guión: Minoru Inuzuka

Intérpretes: Shintaro Katsu (Zatoichi), Shiho Fujimura (Mitsu)

Música: Akira Ifukube

 

Argumento

Ichi es invitado por el jefe yakuza Hikozo con todos los gastos pagados a hacerle una visita a la ciudad de Doyama. Al parecer hay un trabajo importante que desea encomendarle al errante invidente. Uno de los emisarios de Hikozo recoge a Ichi en una posada y se dispone a escoltarle ante la presencia de su jefe. Por el camino son atacados por un grupo de samurais a sueldo del clan rival. El acompañante y guía de Zatoichi muere en el enfrentamiento, pero el espadachín ciego elimina sin gran esfuerzo a los atacantes, que les habían seguido desde la posada. Entre los agresores difuntos se encuentra el esposo de la bella Hisa (Reiko Fujiwara), quien es testigo de la muerte de su esposo en la lucha contra Ichi.

Aquella noche, cuando Ichi, ya solo, continúa su camino rumbo a Doyama, presencia como un grupo de hombres armados buscan frenéticamente a una joven. Se trata de la dulce e inocente Mitsu. Ichi encuentra primero a un anciano moribundo herido por los perseguidores de la chica, que le ruega al ciego vagabundo proteger a Mitsu y llevarla sana y salva hasta Edo. Tras eliminar a varios samurais que se abalanzan sobre él, Ichi encuentra a Mitsu y se dispone a acompañarla a la ciudad indicada, donde reside su familia. Al parecer, es perseguida porque apuñaló a un importante señor feudal que había intentado violarla.

Ichi y Mitsu llegan a una posada donde también se encuentran Hisa y el jefe yakuza Jingoro, quien había contratado a los tres asaltantes iniciales (entre ellos el esposo de Hisa) para que mataran a Ichi. Jingoro es el principal rival de Hikozo, y es por ello que trató de eliminar a Ichi; para impedir que comenzase a trabajar para su enemigo. Cuando Jingoro y Hisa se enteran de que Ichi se encuentra hospedado en el mismo local, tratan de atraerlo con la excusa de necesitar un masaje. Jingoro se dispone a entretener a Zatoichi, mientras Hisa intenta averiguar quien es la chica y logra separarla de su protector mediante subterfugios y engaños. Ichi se percata enseguida de que su “cliente” tiene turbias intenciones, y corta de raíz cualquier intento de ataque por su parte, alejando su espada y neutralizándolo con un brusco y expeditivo “masaje” disuasor (el cual por cierto no se olvida de cobrar). Pero Ichi no puede impedir que la pérfida Hisa se lleve a Mitsu haciendo uso de sus artimañas. Para separarla definitivamente de Ichi, Hisa trata de convencer a los rudos trabajadores del gremio de transportistas que las lleven a ambas a Edo lo antes posible. Cuando Tomegoro, el jefe yakuza encargado de esos menesteres, descubre que Mitsu es la hija de un rico comerciante, prefiere retenerla para devolverla a su hogar él mismo, a cambio de un buen rescate. Los yakuza echan a Hisa a patadas de sus oficinas. Poco después llega Zatoichi, quien obliga a Hisa a contarle la verdad acerca del desarrollo de los acontecimientos y a revelarle el paradero de Mitsu.

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