Mister Scarface – Fernando Di Leo, 1976

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I padroni della città (a.k.a. “Mr. Scarface”)

Italia, 1976

Director: Fernando Di Leo

Género: gangsters, acción, comedia

Guión: Fernando Di Leo, Peter Berling

Intérpretes: Jack Palance (Scarface Manzari), Al Cliver (Rick), Harry Baer (Tony)

Música: Luis E. Bacalov

Argumento

Nos introduce al film una secuencia de carácter onírico y ralentizado, donde vemos a un individuo que asesina a otro en una casa en presencia de un niño (que suponemos es el hijo de la víctima). No hay diálogos y las imágenes están acompañadas por una música que subraya la tensión y la angustia de la escena. El asesino es un personaje inquietante con el rostro marcado por una cicatriz. El chico, que estaba en la cama y ha sido testigo del asesinato de su padre, se levanta, toma la pistola que el criminal ha dejado sobre la mesa y le dispara. Pero ya no había balas. El asesino golpea al muchacho y se marcha.

Tras ese preámbulo y los títulos de crédito comienza la historia: Estamos en Roma en 1976. Tony se desempeña como cobrador para una banda de extorsionistas, dedicándose a recolectar semanalmente el dinero de “protección” a comerciantes de la zona. Recorre Roma en un llamativo y extraño descapotable todoterreno y a los que no quieren o pueden pagar les hace “cobrar” a base de golpes. Es un buen luchador curtido en innumerables peleas callejeras.

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Tony (Harry Baer) al volante, Ric (Al Cliver) en el asiento de copiloto y Vincenzo Napoli (Vittorio Caprioli) detrás.

Tony trabaja para la banda de Luigi, quien tiene sus oficinas en unas salas de billar. El cobrador está cansado de desempeñar siempre la misma tarea, y piensa que no es posible ganar mucho dinero de ese modo. Además, una nueva organización más violenta y peligrosa está comenzando a hacerles la competencia: Se trata del grupo dirigido por un siniestro individuo apodado “Lo Sfregiato” (El Cicatrizado).

Luigi se siente amenazado ante el apogeo de esa otra banda y presiente que sus negocios serán absorbidos por sus rivales. Lo Sfregiato está subiendo como la espuma, y su cuartel general no está en una vulgar y mugrienta sala de billar subterránea, sino en el rascacielos de su empresa. El grupo de Luigi se encuentra además fracturado por divisiones internas: El pendenciero Beppe detesta a Tony, ambos se pelean con frecuencia. Tony tiene pocos amigos dentro de la banda. Entre ellos se cuenta el ya maduro Vincenzo Napoli, una especie de consigliere de Luigi.

En una ocasión, el Cicatrizado acude con sus guardaespaldas a los billares de Tony para hacer una demostración de poder. Con la excusa de participar en un juego de cartas busca marcar su territorio. Pero Ric, uno de sus hombres, pierde en el juego. Indignado porque, a su juicio, uno de los suyos ha hecho el ridículo ante los rivales, el Cicatrizado lo expulsa de su banda y a la salida de los billares ordena a sus matones que le den una paliza. Tony encuentra al demacrado Ric y lo lleva a su casa. Ambos se hacen amigos, y comienzan a planear un golpe contra el Cicatrizado.

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Ric (Al Cliver) siendo vapuleado por los hombres del Caracortada

Tony y un actor, disfrazados con uniformes de la guardia de finanzas, acuden una mañana al edificio donde la está la sede de la empresa-tapadera del Cicatrizado Manzari. Éste todavía no se encuentra allí, pero los dos registran las oficinas diciendo que tienen que controlar los libros de contabilidad… saben que los hombres del Cicatrizado van a tratar de sobornarles, y efectivamente así sucede. Uno de los secretarios de Manzari les da 10 millones de liras, y los dos “guardias de finanzas” se marchan con el dinero.

Tony entrega tres millones a su jefe Luigi. El hasta ahora recolector de “dinero de protección” está convencido de que la idea de hacerse pasar por controladores financieros para cobrar sobornos de empresarios corruptos es una genial idea, mucho mejor que lo que estaba haciendo hasta ahora, y se propone implementarla a gran escala. Pero grandes contratiempos se avecinan: El Cicatrizado ha descubierto el engaño, y responsabiliza directamente a Luigi. Éste sabe que está acabado, y huye de la ciudad. Cuando los hombres del Cicatrizado llegan a los billares en busca del dinero, sólo encuentran a Beppe, y éste les da tres millones (la cantidad que Tony les había entregado). Beppe no sabía que la suma total ascendía a 10 millones de liras… Como siempre había sentido una profunda antipatía contra Tony, Beppe se decide a colaborar con Lo Sfregiato para localizar al astuto embaucador.

Tony, por su parte, también se está ocultando. Junto a Ric se esconde en casa de Napoli. Los tres sospechan que Luigi no va a volver y que Beppe, ahora compinchado con Manzari, ha tomado el control de la banda. Ahora los tres solos están en una trinchera en medio de la guerra que ha desencadenado contra ellos la temible organización de Lo Sfregiato.

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Jack Palance como “Scarface” Manzari.

Comentario

Teniendo en cuenta el altísimo nivel de la casi siempre brillante filmografía de Fernando Di Leo, ésta “I padroni della città” a.k.a. “Mr. Scarface” se encuentra entre sus propuestas más flojas (junto a “La espía se desnuda”, comedia sexy con toques de slapstick rodada el año anterior y con una ya madurita Ursula Andress como protagonista).

La escena inicial cobra sentido hacia el final de la película, cuando descubrimos que el niño cuyo padre fue asesinado por “Lo Sfregiato” no es otro que Ric; quien se había introducido en su organización con el fin de ajustarle las cuentas. Ric prepara una trampa al Cicatrizado, atrayéndole hasta el lugar donde éste mató a su padre 16 años antes… Pero lógicamente, el jefe criminal no acude solo a la cita, sino con una docena de guardaespaldas. Ric, Tony y Napoli, parapetados en los techos de las naves y almacenes en ese abandonado polígono industrial, tratarán de eliminar al Cicatrizado y sus esbirros, en unas escenas de acción y tiroteos que recuerdan bastante a las que grabó Enzo G. Castellari para el tercer acto de su “Il Grande Racket” (también de 1976).

“I padroni della città” incluye un sutil tono cómico, sobre todo con el personaje de Napoli (interpretado por Vittorio Caprioli, a quien vimos en el rol de comisario en “La città sconvolta: caccia spietata ai rapitori” a.k.a. “Kidnap Syndicate”, también de Di Leo y rodada el año anterior). Además, durante las peleas, el protagonista Tony (Harry Baer) exhibe un particular sentido del humor haciendo bromas y comentarios “graciosos” al estilo de Spiderman (los que estén familiarizados con los comics del trepamuros sabrán a qué me refiero…) Ese tono tan desenfadado de la película, que por momentos parece que no se toma demasiado en serio a sí misma, la aleja de las excelentes obras de su director como “Milano Calibro 9” (1972) o “Il Boss” (1973). La banda sonora, como en muchos de los films de Di Leo, fue compuesta por Luis E. Bacalov.

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El protagonista Tony (Harry Baer) con una prostituta

En ésta ocasión (cosa rara en Di Leo) los personajes femeninos no aportan nada a la trama; son unas prostitutas que no intervienen en el desarrollo de los acontecimientos y que tienen un mero carácter de comparsa.

El actor que encarna a Beppe es Enzo Pulcrano, a quien conocemos por haber visto en el polizziesco “La banda Vallanzasca” (Mario Bianchi, 1977).

El rubio Ric está interpretado por Al Cliver (nombre real Pierluigi Conti), quien participa en las fulcianas “Zombi 2” (1979) o “L´Aldilà” / “The Beyond” (1981).

Jack Palance (alias fílmico de Vladimir Palahniuk) realiza una buen trabajo poniéndose en la piel del villano “Scarface” Manzari – Aunque éste “Caracortada” no tenga nada que ver con el Tony Montana que llegaría en 1983 de la mano de Brian De Palma.

FHP, agosto de 2015

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La espía se desnuda – Fernando Di Leo, 1975

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La espía se desnuda ( V.O. Colpo in canna, a.k.a. “Loaded Gun”)

Italia, 1975

Director: Fernando Di Leo

Género: polizziesco, comedia

Guión: Fernando Di Leo

Intérpretes: Ursula Andress (Nora Green), Woody Strode (Silvera), Marc Porel (Manuel)

Música: Luis E. Bacalov

Argumento

Nora Green trabaja como azafata en una compañía aérea. Uno de los vuelos en los que viaja la lleva hasta la ciudad de Nápoles. Nada más llegar al aeropuerto se despide del resto de la tripulación y se dispone a cumplir un encargo: Un pasajero le había pedido que entregara una carta a un tal Silvera. Éste tiene sus oficinas en un circo. Nora llega hasta allí y se presenta ante Silvera y sus hombres, individuos patibularios y de hosco aspecto gangsteril. Silvera, el jefe del grupo, es un enorme mulato con cara de pocos amigos. Cuando Nora le entrega la carta, hace amago de marcharse, pero los miembros de la banda la retienen. La misiva contenía una amenaza de muerte de un rival de Silvera conocido como “el Americano”. Éste le informa de su intención de tomar el control de sus negocios en Nápoles.

Silvera  y sus hombres sospechan que el Americano es uno de los pasajeros que llegó en el mismo vuelo que Nora, y que fue él quien le dió personalmente la carta a la azafata. Así, los gangsters la interrogan pero sólo consiguen que Nora les haga una descripción muy vaga del individuo. Deciden dejarla marchar a su hotel, pero la seguirán en todo momento, convencidos de que ella les llevará hasta el Americano. (Pues deben neutralizar al potencial enemigo y ninguno de ellos sabe cómo es porque nadie lo ha visto hasta el momento).

Cuando está saliendo del circo, Nora se desvanece (pues ha sido zarandeada y maltratada por los delincuentes). Un baboso pervertido que trabaja en el circo trata de abusar de ella mientras está inconsciente, pero un joven la salva y se la lleva a su casa. Se trata del trapecista Manuel, una de las estrellas del circo. Los hombres de Silvera, que siempre están vigilando, los siguen en coche.

Nora, muy ligerita de cascos, no tarda en insinuársele voluptuosamente al galante acróbata. Éste insiste en que es necesario notificar lo sucedido a la policía, y los dos se dirigen a la comisaría (siempre con la gente de Silvera al acecho). Allí le exponen el confuso caso al comisario Calogero, un individuo sin muchas ganas de trabajar que les dice que poco puede hacer por ellos…

La situación se complica cada vez más para la pobre azafata. Además de Silvera y el Americano hay otro candidato a convertirse en el “rey del crimen” de Nápoles; un camorrista conocido como Don Calò. Éste pretende que sus adversarios se destruyan mutuamente y manifiesta su intención de no intervenir. Los tres jefes, entre ellos el misterioso Americano a quien nadie conoce, están pendientes de la curvilínea rubia, que sin quererlo y por azar se ha visto implicada en sus tejemanejes y en sus luchas por el poder.

Más adelante, Nora y su protector acuden al espectáculo de Rosy, una payasa monologuista amiga de Manuel que siempre “lo sabe todo sobre todos”. Según sus propias declaraciones, ha sido amante de Silvera y luego de Don Calò (también del playboy Manuel, por cierto), conoce los secretos del uno y del otro (Gente que sabe tanto no suele durar demasiado en el mundillo del hampa). Los tres aspiran a hacerse con el control absoluto del lucrativo negocio de las drogas.

Rosy le dice a Nora que su vida corre peligro. Pero la azafata, en lugar de amilanarse, flirtea con todos los que la siguen; con los hombres de Silvera, con los de Calò, con la policía…

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Ursula Andress en una escena de la película

 

Comentario

Antes de visionar éste film ya estaba prevenido de antemano de que no se trataba de una película “seria” como el resto de la filmografía de Fernando Di Leo, sino de un polizziesco cómico, paródico, parecido en su estilo a los protagonizados por Bud Spencer y Terence Hill o por Tomas Milian interpretando a su popular personaje del “Monezza”.

Con situaciones de enredos, chistes fáciles, ramalazos de “comedia sexy all´italiana”, persecuciones automovilísticas y grandes dosis de slapstick, “Colpo in canna” entretiene pero no deja huella. Es sin duda la más floja de las nueve películas de Di Leo que he tenido la oportunidad de ver hasta el momento, pero ello no significa que sea mala; pues el listón está muy alto: La mayoría de las propuestas de Di Leo (Desde “Milano Calibro 9” hasta “Avere vent´anni”) son auténticas obras maestras.

Ursula Andress, ya madurita aunque todavía de buen ver (rozaba la cuarentena en el momento del rodaje), interpreta a la azafata Nora. Como muchos de los personajes femeninos de Di Leo encarna al arquetipo de femme fatale, a la mujer “emancipada y segura de sí misma” aunque sin perder un ápice de femeneidad; que carece de tapujos en el sexo y a la que le gusta usar a los hombres a su antojo… En ese sentido, el personaje de Nora es análogo al que interpreta Lilli Carati en “Avere vent´anni” (1978) o al de Paola (Lorraine De Selle) en “Vacanze per un massacro” (1980).

Mito erótico de finales de los cincuenta y principio de los sesenta, la suiza Ursula Andress también se desenvolvió como actriz en otras películas italianas como “La montagna del dio cannibale” (Sergio Martino, 1978)

El afroamericano Woody Strode encarna al gangster mulato Silvera. Strode llegó al mundo del cine procedente del atletismo (de forma similar a los culturistas Steve Reeves o Reg Park), y participó como secundario en célebres películas como “Spartacus” (Stanley Kubrick, 1960) o “Hasta que llegó su hora” (Sergio Leone, 1968).

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Lino Banfi

Por su parte, el comisario (personaje que siempre tiene que existir en un polizziesco, aunque sea humorístico) está interpretado por el famoso cómico italiano Lino Banfi. Es muy curioso para el espectador español constatar la enorme similitud entre su personaje, el comisario Calogero, y el excéntrico humorista malagueño Chiquito de la Calzada (en el aspecto físico y la apariencia general), quien no se haría famoso hasta 20 años después de éste film.

La banda sonora fue compuesta por el argentino Luis Enríquez Bacalov, colaborador habitual de Di Leo y autor de la excepcional música de “Milano Calibro 9” (reciclada más adelante para otras películas posteriores del mismo director).

 

FHP, 2015

 

Vacaciones para matar – Fernando Di Leo, 1980

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Vacanze per un massacro

Italia, 1980

Director: Fernando Di Leo

Género: Thriller/Softcore

Guión: Fernando Di Leo

Intérpretes: Joe Dallesandro (Joe), Lorraine De Selle (Paola)

Música: Luis E. Bacalov

Argumento

Un presidiario se fuga de la cárcel, descolgándose por las paredes de la prisión con una cuerda fabricada a base de sábanas. Huye a pie, corriendo por el campo hasta llegar a una granja. Con la intención de robar un coche, allí se enfrenta a dos hombres, matando a uno de ellos. Logra hacerse con el vehículo y escapa por carretera a través de las montañas.

Llega hasta un idílico paraje donde ve una rústica casa campestre de piedra y madera. Haciéndose pasar por un “agente de seguros” pregunta a unos pastores si vive alguien allí. Éstos responden que la casa pertenece a gentes de la ciudad, que suelen venir allí a pasar los fines de semana.

Pensando que aún faltan varios días para que aparezca alguien, el fugitivo decide refugiarse en la casa. Pero una vez ha logrado entrar a través de la ventana, no tarda en escuchar el motor de un coche que se aproxima… Los dueños de la casa están llegando.

El preso fugado sale y se oculta tras unas rocas, y ve cómo tres personas entran en la casa: Un hombre y dos mujeres.

Se trata de Sergio, su mujer Liliana y la hermana de ésta, Paola. Los tres desean pasar unos días de tranquilidad y calma en la apartada casa rural. Sergio es un aficionado a la caza y tiene la intención de salir temprano con su escopeta a la mañana siguiente. Liliana proyecta ir a comprar víveres al pueblo mientras su marido se dedica a la caza. La ninfómana Paola, por su parte, está impaciente por acostarse con Sergio y le recrimina a éste que prefiera irse a pegar tiros por ahí. Liliana ignora que su esposo tiene una relación con su hermana pequeña a sus espaldas.

El presidiario, parapetado tras las rocas y más tarde a través de la ventana, contempla a los recién llegados y escuchando sus conversaciones es testigo de la atípica relación existente entre los tres. Más adelante, cuando oscurece, observa cómo la desnuda Paola se masturba en el sofá mientras escucha los jadeos de su hermana y Sergio procedentes de la habitación contigua…

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A la mañana siguiente, el fugitivo se despierta poco antes de que Sergio salga de la casa para cazar. El preso nota que Sergio está pertrechado con una escopeta, y que domina las artes marciales, pues antes de disponerse a cazar realiza unos calentamientos de tai-chi. Poco después, Liliana se marcha en coche con dirección al pueblo y Paola queda sola en la casa…

Mientras Liliana conduce, escucha las noticias en la radio: Un preso se ha fugado de una cárcel en la comarca. Se trata de Joe Brezzi, delincuente sumamente peligroso, condenado a cadena perpetua por atraco con homicidio. “El dinero del que se apoderó en su asalto nunca fue encontrado”. A continuación, el locutor procede a realizar una descripción del fugitivo…

Aprovechando que Paola ha quedado sola en casa, el presidiario (que no es otro que Joe Brezzi) la deja inconsciente, la tiende en el sofá, y tras tomar algo para comer de la nevera, agarra un pico y comienza a cavar, agujereando el suelo de piedra en el salón en un lugar muy preciso, como sabiendo perfectamente lo que está buscando…

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El director Fernando Di Leo (en el centro) con los actores de la película durante uno de los descansos del rodaje

Comentario

Éste thriller de presidiarios fugitivos que mantienen rehenes retenidos es una de las respuestas italianas al éxito de “The last house on the left” (Wes Craven, 1972).

Usando un tema muy sencillo y no demasiado original, el maestro Fernando Di Leo dirige con pulso certero éste intrigante film, consiguiendo una vez más cautivar al espectador. De un instante a otro, está claro que estallará la violencia entre el taciturno y gélido Brezzi y los integrantes del curioso ménage a trois que esperaban (ilusamente) pasar unos días tranquilos en la casa de campo…

Los primeros cuarenta minutos la historia se desarrollan sin demasiada acción, lo que mantiene al público en vilo, expectante ante el momento en que realmente “arranque” la película; cuando el trío compuesto por el matrimonio formado por Sergio y Liliana y la lasciva Paola descubran la presencia del extraño en la rural morada.

Y los tres saben que ese individuo bien parecido, rubio, de mirada feroz y con camiseta de tirantes no puede ser otro que el peligroso asesino que todos buscan… Pero también el fugado asesino busca algo… (¿Los millones que logró ocultar antes de que lo mandaran tras las rejas?)

Joe Brezzi está interpretado por el guaperas italoamericano Joe Dallessandro, “muso” de Andy Warhol. Dallessandro participó junto al alemán Udo Kier en el mediocre tandem warholiano del terror “Flesh for Frankenstein” (dirigida por Paul Morrissey y Antonio Margheriti en 1973) y “Blood for Dracula” (Paul Morrissey, 1974); así como en otras películas patrocinadas/presentadas o co-producidas por el anodino (pero siempre ensalzado por los medios) inventor del “pop-art”.

Los trabajos previos de Joe Dallessandro son más bien para olvidar, pero ésta “Vacanze per un massacro” resulta sumamente interesante. Y es que se nota que tras las cámaras está un genio: El gran Fernando Di Leo.

Lo primero que llama la atención en las escenas iniciales del film es la excelente banda sonora del argentino Luis Enríquez Bacalov: La música es la misma que en las primeras secuencias de “Milano Calibro 9” (1972); un fenómeno de “reciclaje” que ya habíamos notado en “La città sconvolta: Caccia spietata ai rapitori” a.k.a. Kidnap Syndicate (1975). En esas dos películas posteriores de Fernando Di Leo, “Kidnap Syndicate” de 1975 y ésta “Vacanze per un massacro” de 1980, Bacalov retomó la partitura que ya había usado para “Milano Calibro 9” en 1972, cambiando mínimamente algún que otro acorde. Esa melodía no se olvida fácilmente.

A la libidinosa Paola la interpreta la francesa Lorraine De Selle, quien participaría ese mismo año en “La casa sperduta nel parco” de Ruggero Deodato (realizador de la célebre y controvertida “Cannibal Holocaust”); y al año siguiente, en 1981, en “Cannibal Ferox” de Umberto Lenzi. Al cazador Sergio le da vida Gianni Macchia, a quien conocemos por haberlo visto en el papel del atracador italiano Luigi en la película de acción alemana “Blutiger Freitag” (Rolf Olsen, 1972).

FHP, 2015

Caza despiadada a los secuestradores – Fernando Di Leo, 1975

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La città sconvolta: Caccia spietata ai rapitori (a.k.a. Kidnap Syndicate)

Italia, 1975

Director: Fernando Di Leo

Género: Polizziesco

Guión: Fernando Di Leo, Ernesto Gastaldi

Intérpretes: Luc Merenda (Colella), James Mason (Filippini), Irina Maleeva (Lina), Marino Masé (Pardi)

Música: Luis E. Bacalov

Argumento

El joven padre viudo Colella es un humilde mecánico que repara motocicletas en su taller. Una mañana, cuando ha acompañado a su hijo Fabrizio al colegio, éste se entretiene a hablar a las puertas de la escuela con su amigo Antonio, que es de familia acomodada. De repente, aparece un coche del que emergen individuos con pasamontañas. Éstos se llevan a Antonio por la fuerza. Cuando Fabrizio trata de impedirlo, también éste es abducido.

El pintoresco y simpático comisario Magrini, de marcado acento napolitano, está a punto de irse de vacaciones. Pero la llamada telefónica de un superior hace aguas sus planes: Ha habido un doble secuestro y debe entrar en acción.

El pequeño Antonio es el hijo de un multimillonario industrial, el ingeniero Filippini. Él era el único objetivo del rapto, pues los secuestradores tienen la intención de pedir un jugoso rescate al acaudalado padre. El hecho de que también se llevaran a Fabrizio, hijo de un pobre trabajador sin recursos, no ha sido más que mala suerte, algo puramente accidental. Fabrizio se encontraba en el lugar equivocado en el momento equivocado. A esa conclusión llega también el temperamental comisario Magrini.

Entretanto, los niños están retenidos en un habitáculo de madera con dos camas. Los secuestradores, entre los que se encuentra una mujer, les dan comida y revistas de comics.

En la rueda de prensa que pronto se celebra tras el doble secuestro, el millonario Filippini declara junto a su abogado que no piensa pagar nada, ante la consternación de su esposa. El humilde Colella, por su parte, dice que está dispuesto a pagar lo que sea, a venderlo todo, con tal de poder volver a abrazar a su hijo.

Filippini espera mediante esa táctica que los secuestradores no pidan una recompensa demasiado alta. Unos días después los delincuentes se ponen en contacto con la familia Filippini, a través de la secretaria Lina: Quieren 10.000 millones de liras. Aunque el riquísimo ingeniero posee esa cantidad, se muestra reticente a desembolsarla, y prefiere “negociar”, “regatear”, para que los criminales bajen con el precio. Ello agrava el carácter neurótico de su mujer, tendente a crisis nerviosas y al alcoholismo.

También Colella está sumamente indignado por la actitud del magnate. Él, un pobre mecánico, vendería todo con tal de ver de nuevo a su Fabrizio; mientras que el potentado Filippini piensa en el ahorro y en los negocios mientras la vida de su hijo corre peligro.

El comisario Magrini por ahora poco puede hacer, pues hasta que el ingeniero no pague el rescate y trate de seguir “negociando”, habrá que esperar a que los raptores se vuelvan a comunicar con la familia.

Los autores materiales del secuestro no son los auténticos cerebros de la trama, sino tan solo los ejecutores de la operación (y los supervisores de los niños retenidos). También ellos esperan “órdenes de arriba”. Los jefes de la banda se impacientan ante la sangre fría que muestra el ricachón Filippini, tan apegado a sus millones que insiste en bajar la recompensa de 10.000 a 5.000 millones. También Colella se impacienta, y trata de convencer al millonario de que pague ya.

Cuando tras unos días más no se ha alcanzado ningún acuerdo, los jefes de la banda dan una orden perentoria: hay que mandar “un aviso” a Filippini. Un elegante y trajeado individuo llega a la guarida donde los secuestradores tienen ocultos a los muchachos. Ordena que uno de ellos sea sacado fuera (metido dentro de un saco). Los autores materiales del secuestro obedecen, pero miran compungidos y con rostros sombríos, pues se temen, intuyen, lo que va a suceder a continuación: El niño, uno de los rehenes, es asesinado.

Una llamada a la comisaría sobresalta a Magrini: Han encontrado el cadáver de uno de los niños. “De cuál?” “Aún no se sabe”. Magrini se dirige con los dos padres, Colella y Filippini, al tanatorio, para que se proceda a la identificación del cuerpo…

Tras unos segundos sumamente tensos, Colella destapa la blanca sábana que cubre al pequeño muerto… Se trata de su hijo Fabrizio. Un dolor lacerante se apodera del humilde mecánico. Su furia estalla cuando Filippini trata de consolarlo: “Es tu culpa! Tú lo mataste! Estaría vivo de no ser por tu sucio dinero!”

Filippini sale del hospital, prácticamente echado a patadas por el indignado Colella. Pero ha entendido el “aviso”, y lo primero que hace (ahora sí) es pagar la recompensa de los 10.000 millones. Su hijo es liberado.

Pero Colella no se da por vencido y decide investigar por su cuenta, para encontar a los secuestradores y vengar la muerte de su Fabrizio.

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Comentario

Una vez más, ha sido un enorme acierto visionar una película del grandísimo Fernando Di Leo. Éste intrigante y tenso polizziesco, con toques dramáticos y de crítica social, puede contarse entre los mejores de su género.

Una gran tragedia sacude al mecánico Colella, que pierde a su hijo a manos de una banda de desalmados delincuentes, con la responsabilidad de un millonario un tanto tacaño, que también es un delincuente, aunque de cuello blanco. No obstante, Colella decide con arrojo y heroísmo ir hasta el fondo en la compleja trama de secuestradores, y llegar hasta los máximos jefes de la oscura organización… La policía oficial, encarnada en el bienintencionado pero no demasiado eficiente comisario napolitano, tiene las manos atadas; por lo que Colella (con su moto y una pistola) toma la iniciativa de enfrentarse directamente a la peligrosa banda.

Colella (cuyo nombre de pila nunca es mencionado) está interpretado por el francés Luc Merenda, habitual en películas de acción italianas de la época. Al villano, asesino de Fabrizio y nexo de los secuestradores con los jefes de la organización, le da vida Marino Masé (quien suele ponerse en la piel de “malos malísimos”: Es Pignataro en “Il Boss” de Di Leo, y Luciano Ferrante en “Baciamo le mani” de Vittorio Schiraldi; ambas de 1973)

Como en otras producciones de Fernando Di Leo (Milano calibro 9 o La seduzione), la banda sonora corre a cargo de Luis Bacalov. De hecho, a partir de la escena donde los sacos de dinero son depositados en el maletero de un coche que luego Colella persigue, la música es la misma que en la excelente escena inicial de “Milano Calibro 9” (1972) – sólo con unas pequeñas variaciones. Bacalov “recicló” la partitura de Milano Calibro 9 para la banda sonora de éste film.

FHP, 2015

Il Boss – Fernando Di Leo, 1973

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Il Boss (a.k.a. “Secuestro de una mujer”)

Italia, 1973

Director: Fernando Di Leo

Género: Polizziesco, Gangsters

Guión: Fernando Di Leo (basándose en una novela de Peter McCurtin)

Intérpretes: Henry Silva (Lanzetta), Richard Conte (Don Corrasco), Gianni Garko (Torri), Antonia Santilli (Rina), Corrado Gaipa (Rizzo), Marino Masé (Pignataro)

Música: Luis E. Bacalov

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Argumento

En Palermo, el sicario Nick Lanzetta se introduce en un cine durante una sesión privada en la que los miembros del grupo mafioso de Antonino Attardi se disponen a visionar una película erótica danesa. Lanzetta, que actua por cuenta de Don Giuseppe D´Aniello (rival de Attardi) masacra a todos los presentes desde la cabina de proyecciones disparándoles con un lanzagranadas.

Los 10 cadáveres semicarbonizados e irreconocibles terminan en el tanatorio, donde Carlo Attardi, hermano del jefe asesinado, jura venganza.

D´Aniello ordenó el ajuste de cuentas porque Attardi había metido en su organización a Cocchi, un asesino a sueldo de la ´Ndrangheta calabresa sospechoso de ser un infiltrado que vende informaciones a la comisión antimafia al mismo tiempo que trata de hacerse miembro de la Cosa Nostra.

El comisario Torri, encargado de investigar el atentado, se encuentra con Cocchi, descubriendo que éste planea formar junto al hermano de Attardi un grupo de sicarios para vengarse de D´Aniello. Torri, que tiene contactos en el vértice de la Cosa Nostra, avisa entonces a Don Corrasco de los planes del calabrés. Don Corrasco es el máximo jefe de la Mafia en Sicilia („il Boss“).

Cocchi pone pues en práctica la ejecución de su venganza y hace secuestrar a Rina, la joven y atractiva hija de D´Aniello. El calabrés pretende que D´Aniello se entregue a cambio de la vida de su hija. El padre se dispone a aceptar, pero Don Corrasco le dice que no se precipite, pues va a buscar una solución al dilema sin que sea necesario rendirse ante el chantaje: Don Corrasco encarga a Lanzetta, el mejor de sus hombres y autor de la masacre del cine, la misión de rescatar a Rina y eliminar a Cocchi. Al mismo tiempo Don Corrasco también avisa a Lanzetta de que vigile a D´Aniello, para impedir que éste trate de tomar medidas por su cuenta (pues había sugerido pagar un cuantioso rescate, lo que sería interpretado por el enemigo como un síntoma de debilidad).

Ante ésta situación de guerra de clanes en ciernes, el abogado Rizzo se dispone a arbitrar como mediador. Rizzo es el nexo entre el Estado y la Mafia; él le hace saber a D´Aniello y a Corrasco las disposiciones de las más altas instancias, los políticos de Roma – a quienes no gusta la convulsa situación de violencia en las calles que comienza en Sicilia y quienes quieren ver restablecido el “orden”. Rizzo aconseja pues a Don Corrasco que haga las paces con lo que queda de la familia Attardi y con Cocchi, integrándolos en su organización. Pero Corrasco no cede; “Cocchi o se va a Calabria o se va al otro mundo”.

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Richard Conte (Don Corrasco)

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Corrasco (Conte) con el comisario Torri (Gianni Garko)

Las conexiones del comisario Torri con el jefe supremo de la Mafia amenazan con salir a la luz pública. Magistrados y funcionarios están al corriente de que el corrupto policía está en la nómina de Don Corrasco, pero desde las “altas instancias” no se hace nada para cesarlo de su cargo o para al menos trasladarlo.

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Rina (Antonia Santilli) o el síndrome de Estocolmo

Mientras el acongojado Giuseppe D´Aniello se preocupa por su hija abducida y teme que esté siendo violada y torturada, Rina se lo pasa muy bien con sus secuestradores: Es una ninfómana empedernida que se acuesta gustosamente con todos ellos.

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Lanzetta (Henry Silva) y Don Giuseppe D´Aniello (Claudio Nicastro)

D´Aniello quiere recuperar a su hija sana y salva cuanto antes, sin importarle las órdenes de no negociar que ha dado Don Corrasco. Así, convoca a su brazo derecho y a Lanzetta, el mejor de sus pistoleros, para arreglar con Cocchi y su banda el pago de un cuantioso rescate. Lanzetta ahora se debate entre la fidelidad a D´Aniello, quien ha sido como un padre para él; y la obediencia hacia el máximo jefe Don Corrasco…

Del mismo modo que Lanzetta ha crecido a la sombra de Don Giuseppe D´Aniello, el ambicioso Pignataro es el protegido de Don Corrasco. Lanzetta y Pignataro se verán en la situación de forjar una alianza.

La violencia descontrolada que querían evitar aquellos que acaparan el auténtico poder no hace más que incrementarse. El abogado Rizzo visita a Don Corrasco para presionarle: Una vez más insiste en que debe aceptar a Cocchi en su organización – a menos que consiga hacerle desaparecer en el curso de días (Rizzo pone énfasis en la palabra “desaparecer”, es decir, quiere evitar que se encuentre un cadáver). Don Corrasco, el máximo jefe de la Cosa Nostra (el capo di tutti capi, “il Boss”), debe acatar las órdenes que vienen de “lo alto” si quiere seguir conservando su cuota de poder. Se trata de poner fin a la guerra abierta en las calles, a los tiroteos y a las carnicerías espectaculares como las del atentado con lanzagranadas en el cine… porque todo eso llama demasiado la atención. Los poderosos saben que los ajustes de cuentas “explosivos” (tanto en el sentido figurado como en el literal) deben ser convenientemente dosificados. Es más cómodo manejar los hilos de manera discreta en tiempos de “paz”.

Rizzo insiste en que, si Corrasco no es capaz de acabar de forma sigilosa con Cocchi, lo integre en su “familia”, tal y como éste reclamaba desde el principio. El gran jefe de la Mafia, que sin embargo sabe que Cocchi es un agente destinado a subvertir y a desbaratar su clan, pide a Rizzo un plazo de una semana para aniquilar al incómodo calabrés…

De ello deberá encargarse, una vez más, el circunspecto y eficiente Lanzetta – quien gracias a la colaboración de Pignataro ya ha logrado liberar a la libertina Rina.

Pero como acabar con Cocchi sin más derramamiento de sangre se revelará como una tarea imposible, Don Corrasco comienza a replantearse ciertas prioridades, y decide renunciar a su fiel Lanzetta para encasquetarle a él los crímenes que sacuden Palermo. El encargado de tender una trampa a Lanzetta y matarlo “en defensa propia” deberá ser otro esbirro a sueldo de Corrasco: El comisario Torri…

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Comentario

Más que ante un polizziesco común estamos ante un trepidante thriller ambientado en el contexto de la Mafia siciliana y repleto de connotaciones políticas. Aquí Di Leo vuelve de forma más amplia a un tema que el año anterior ya había tocado concisamente en “Milano calibro 9” (1972) por boca del  vice-comisario Mercuri: Muy por encima del jefe mafioso de turno siempre hay gente mucho más poderosa, que es la que realmente mueve los hilos y da las órdenes – Esos individuos, que se ocultan tras una mascara de respetabilidad, no son tampoco los políticos conocidos por el “ciudadano de a pie” que salen en los periódicos, sino otros que tras las bambalinas se mueven con mucho más secretismo.

Fernando Di Leo fue uno de los poquísimos directores (y probablemente el primero) que se atrevió a abordar el género polizziesco y gangsteril italiano desde esa perspectiva; junto a Damiano Damiani (“Io ho paura”, 1977) y los realizadores de la saga de miniseries “La Piovra” (1984-2001).

“Il Boss” es la tercera película de la “Trilogía del hampa” de Fernando Di Leo junto a “Milano calibro 9” (1972) y “La mala ordina” (1972). Al igual que „El Padrino“ basada en una novela, “Il Boss” contiene todos los ingredientes de los que debe estar provista una emocionante historia sobre la Mafia: Astutas estrategias, alianzas tácticas (que no tardan en romperse), doble moral, ajustes de cuentas, lucha por el poder, pactos, traiciones… (es decir, auténtica política – en el sentido más maquiavélico del término).

Llama la atención que varios de los personajes secundarios aparecen en los tres films de la trilogía en roles distintos. Por ejemplo, uno de los correos de la escena inicial de “Milano calibro 9” es un matón de Tressoldi en “La mala ordina” y un policía del comisario Torri en “Il Boss”. También otro curioso detalle: Don Vito Tressoldi usa en “La mala ordina” el mismo crucifijo-cenicero que Don Corrasco tiene en su despacho.

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Henry Silva (Lanzetta) y Gianni Garko (Comisario Torri)

El puertorriqueño Henry Silva (uno de los principales personajes de “La mala ordina”) interpreta al gélido y eficiente sicario Lanzetta, individuo imperturbable y duro como un témpano. A Don Corrasco lo encarna el actor italoamericano Richard Conte, quien en “El Padrino” (F.F. Coppola, 1972), un año antes, dio vida a Don Emilio Barzini, el más encarnizado rival de Don Vito Corleone. También en “El Padrino” aparece Corrado Gaipa, como el jefe mafioso que da asilo a Michael en Sicilia. En “Il Boss”, Corrado Gaipa es el abogado Rizzo. El comisario Torri está interpretado por el italo-croata Gianni Garko, protagonista de la excelente película de terror gótico “La noche de los diablos” (Giorgio Ferroni, 1972). En el rol de Pignataro está Marino Masé, a quien puede verse en “Kidnap Syndicate” (1975), otro muy recomendable polizziesco de Di Leo; o en “Baciamo le mani” (Vittorio Schiraldi, 1973), también un film de temática mafiosa.

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Antonia Santilli (Rina)

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La viciosa Rina, que no tiene vergüenza ni la conoce, casi merece un capítulo aparte. Su padre, Don Giuseppe D´Aniello, la tiene idealizada como a una inocente e ingenua princesita angelical. Adquiere casi proporciones cómicas ver los esfuerzos que hace el pobre hombre para rescatarla; teniendo en cuenta que ella, una “ninfómana drogadicta” (como la llamará después Lanzetta), se dedica durante su secuestro a dar rienda suelta a su lujuria…

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La caprichosa y consentida joven está interpretada por la bella Antonia Santilli, que en aquellos años fue doble de Ornella Muti en las escenas más subidas de tono de sus películas; y que tuvo roles secundarios en varias “sexy-comedias a la italiana” (que viene a ser lo equivalente a las películas españolas del “destape”) con títulos como “Decameroticus”, “Il mio corpo con rabbia” o “Ancora una volta prima di lasciarci” (“Una vez más antes de que nos dejemos”). Antonia Santilli también participó en 1974 en una co-producción italo-rusa rodada en la Unión Soviética y titulada “Increíbles aventuras de italianos en Rusia” (co-dirigida por Franco Prosperi, realizador del rape&revenge “La settima donna” o de los barbarian-exploitation “Gunan el guerrero” y “El Trono de fuego”).

De la banda sonora de “Il Boss” volvió a encargarse Luis E. Bacalov (habitual colaborador de Di Leo). Si bien no alcanza el altísimo nivel de la música de “Milano Calibro 9”, sí es bastante mejor que la de “La mala ordina”, y tiene en algunos momentos incluso unas ligeras reminiscencias western (italo-western, se entiende).

FHP, febrero de 2016