La noche de los diablos – Giorgio Ferroni, 1972

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La noche de los diablos (V.O. La notte dei diavoli, a.k.a. “The night of the devils”)

Italia, 1972

Director: Giorgio Ferroni

Guión: Eduardo Manzanos Brochero, Romano Migliorini, Gianbattista Mussetto (basándose en relato de Aleksei Tolstoy)

Intérpretes: Gianni Garko (Nicholas), Agostina Belli (Zdenka), Teresa Gimpera (Elena)

Música: Giorgio Gaslini

Género: Terror gótico

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Argumento

Un hombre se desploma herido en el campo, cerca de la frontera italiana con Yugoslavia. Es llevado a un hospital, y cuando vuelve en sí muestra claros síntomas de confusión y amnesia. No recuerda su identidad y es incapaz de articular palabra. Un inspector de la policía intenta averiguar quién es el misterioso paciente. Todo indica que se trata de un yugoslavo. En general, el hombre se comporta tranquilamente; pero comienza a agitarse durante la noche y parece sentir miedo ante la oscuridad.

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Gianni Garko como Nicholas

Días después de su ingreso, el amnésico recibe la visita de una atractiva joven. La muchacha dice ser amiga suya, pero lo único que sabe de él es que se llama Nicholas.

Cuando la chica es llevada ante el paciente, éste reacciona con un ataque de pánico. La visión de la visitante ha provocado en él un efecto traumático. Por primera vez Nicholas dice algo: “Sacadme de aquí” e intenta escaparse. Pero es reducido y vuelven a encerrarlo en su habitación. Allí, comienzan a retornar poco a poco a su mente los recuerdos de los acontecimientos que le llevaron a su desafortunada situación actual…

Unas semanas antes, Nicholas conducía por una zona campestre cuando de repente apareció de la nada una mujer ante él. Tratando de frenar, su coche se salió de la carretera chocando contra unos árboles en el bosque. Ahora el motor estaba estropeado. La mujer había desaparecido, y Nicholas se internó en el bosque, en busca de personas que pudieran ayudarle a reparar su vehículo o a llegar a la localidad más cercana.

Unos hoscos aldeanos ven avecinarse al forastero. Los pueblerinos, que miran con recelo al extraño, entierran a un muerto en el cementerio; el difunto está ensangrentado. Mientras tanto, Nicholas llega a una aldea semiabandonada, parcialmente en estado de ruina; casi un pueblo fantasma. Se respira allí una atmósfera inquietante y poco acogedora. Poco después llegan los escasos habitantes del lugar, que regresan del entierro. Son una familia encabezada por el patriarca, sus dos hijos y sus dos hijas. También hay dos niñas, cuya madre es la hija mayor del cabeza de familia. El fallecido al que acaban de sepultar es el hermano del patriarca.

Los aldeanos son parcos de palabras pero ofrecen al forastero pasar la noche en su casa – Pues no es posible arreglar el coche ahora, no hay pensiones cerca… y sobre todo: Es peligroso permanecer en el bosque cuando se torna oscuro. La más joven de las hijas se llama Zdenka – es la chica que más tarde visitará a Nicholas en el hospital. Entre la joven y el recién llegado comienza a surgir una atracción mutua. Jovan, el hijo mayor, se comporta fríamente y con cierta hostilidad; pero se ofrece a intentar reparar el coche al día siguiente. Pese a su hospitalidad, todos en la casa se muestran taciturnos y muy reservados, dando la impresión de que tienen algo que ocultar. Por la noche, Zdenka acompaña a Nicholas a la “habitación de huéspedes”, que es la misma que hasta hace poco ocupaba su tío difunto. Cuando Nicholas intenta abrir la ventana (cerrada y reforzada con barras metálicas) la chica le implora que no lo haga, y que la deje bien cerrada – sobre todo durante la noche.

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Agostina Belli como Zdenka

Al cementerio llega una siniestra y enajenada mujer, la misma que Nicholas vió al llegar a esos parajes y la que causó su accidente. La bruja se hace un corte en la mano y deja que su sangre gotee sobre la tumba del muerto poco antes enterrado. La familia está al corriente de la existencia de esa nigromante. La consideran la fuente de las calamidades que azotan a la comarca, y que han provocado que los lugareños vayan abandonando el pueblo. El patriarca está dispuesto a tomar medidas contra ella.

A la mañana siguiente, mientras Jovan trata de reparar el automóvil de Nicholas (para que éste se vaya lo antes posible), el cabeza de familia se interna en el bosque con una afilada y larga estaca para dar caza a la bruja…

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Comentario

Notabilísima película de terror gótico basada en un relato de Alexei Tolstoy (“La familia del Vurdalak”), inspirado a su vez por las viejas leyendas eslavas de vampiros, muertos vivientes y pactos demoníacos. Ya el arranque del film, durante los primeros diez minutos, resulta muy prometedor: Las macabras y oníricas imágenes pesadillescas que aturden al desdichado protagonista enganchan desde las primeras escenas: Sexo y muerte se combinan en el binomio aterrador y excitante del “eros-thanatos”.

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Los artesanales efectos especiales de “gore” y putrefacción están muy bien logrados.

La continuación no decepciona, y tras unas secuencias introductorias donde vamos conociendo al misterioso paciente en su estado amnésico, poco a poco se va revelando a modo de flashback la historia que ha llevado al protagonista a su lamentable estado: El terror vivido en la remota aldea ha hecho mella en su salud mental. La visita de Zdenka va logrando que paulatinamente Nicholas consiga ordenar sus pensamientos.

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La película se torna cada vez más interesante a partir de su segunda mitad; desde que (en la memoria de Nicholas) los miembros de la familia comienzan a ser infectados por un vampirismo que los zombifica (convirtiéndose casi todos en “vurdulaks”). El desenlace es apoteósico y demoledor, sumamente romántico y cargado de tragedia.

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Gianni Garko, para quien el papel de yugoslavo era muy adecuado al ser él de origen croata, interpreta al protagonista. Garko destacó durante los años sesenta en varios italo-western como los de la saga de „Sartana“ o  “10.000 dollari per un massacro” (Romolo Guerrieri, 1967). También desempeñó el papel principal en el giallo “La flor de pétalos de acero” (Gianfranco Piccioli, 1973) y apareció en la excelente “Il Boss” (Fernando Di Leo, 1973).

Zdenka está interpretada por la bellísima Agostina Belli – a quien pudimos ver en „Baciamo le mani“ (1973) de Vittorio Schiraldi.

El director Giorgio Ferroni es también el realizador, entre otros títulos, de la épica peplum “La guerra di Troia” (1961), con Steve Reeves en el papel principal.

“La noche de los diablos” es una pequeña joya del gótico italiano extrañamente poco conocida e injustamente relegada al olvido. Sin duda, una obra muy digna que es necesario reivindicar.

FHP, diciembre de 2015

Il Boss – Fernando Di Leo, 1973

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Il Boss (a.k.a. “Secuestro de una mujer”)

Italia, 1973

Director: Fernando Di Leo

Género: Polizziesco, Gangsters

Guión: Fernando Di Leo (basándose en una novela de Peter McCurtin)

Intérpretes: Henry Silva (Lanzetta), Richard Conte (Don Corrasco), Gianni Garko (Torri), Antonia Santilli (Rina), Corrado Gaipa (Rizzo), Marino Masé (Pignataro)

Música: Luis E. Bacalov

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Argumento

En Palermo, el sicario Nick Lanzetta se introduce en un cine durante una sesión privada en la que los miembros del grupo mafioso de Antonino Attardi se disponen a visionar una película erótica danesa. Lanzetta, que actua por cuenta de Don Giuseppe D´Aniello (rival de Attardi) masacra a todos los presentes desde la cabina de proyecciones disparándoles con un lanzagranadas.

Los 10 cadáveres semicarbonizados e irreconocibles terminan en el tanatorio, donde Carlo Attardi, hermano del jefe asesinado, jura venganza.

D´Aniello ordenó el ajuste de cuentas porque Attardi había metido en su organización a Cocchi, un asesino a sueldo de la ´Ndrangheta calabresa sospechoso de ser un infiltrado que vende informaciones a la comisión antimafia al mismo tiempo que trata de hacerse miembro de la Cosa Nostra.

El comisario Torri, encargado de investigar el atentado, se encuentra con Cocchi, descubriendo que éste planea formar junto al hermano de Attardi un grupo de sicarios para vengarse de D´Aniello. Torri, que tiene contactos en el vértice de la Cosa Nostra, avisa entonces a Don Corrasco de los planes del calabrés. Don Corrasco es el máximo jefe de la Mafia en Sicilia („il Boss“).

Cocchi pone pues en práctica la ejecución de su venganza y hace secuestrar a Rina, la joven y atractiva hija de D´Aniello. El calabrés pretende que D´Aniello se entregue a cambio de la vida de su hija. El padre se dispone a aceptar, pero Don Corrasco le dice que no se precipite, pues va a buscar una solución al dilema sin que sea necesario rendirse ante el chantaje: Don Corrasco encarga a Lanzetta, el mejor de sus hombres y autor de la masacre del cine, la misión de rescatar a Rina y eliminar a Cocchi. Al mismo tiempo Don Corrasco también avisa a Lanzetta de que vigile a D´Aniello, para impedir que éste trate de tomar medidas por su cuenta (pues había sugerido pagar un cuantioso rescate, lo que sería interpretado por el enemigo como un síntoma de debilidad).

Ante ésta situación de guerra de clanes en ciernes, el abogado Rizzo se dispone a arbitrar como mediador. Rizzo es el nexo entre el Estado y la Mafia; él le hace saber a D´Aniello y a Corrasco las disposiciones de las más altas instancias, los políticos de Roma – a quienes no gusta la convulsa situación de violencia en las calles que comienza en Sicilia y quienes quieren ver restablecido el “orden”. Rizzo aconseja pues a Don Corrasco que haga las paces con lo que queda de la familia Attardi y con Cocchi, integrándolos en su organización. Pero Corrasco no cede; “Cocchi o se va a Calabria o se va al otro mundo”.

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Richard Conte (Don Corrasco)

Foto:

Corrasco (Conte) con el comisario Torri (Gianni Garko)

Las conexiones del comisario Torri con el jefe supremo de la Mafia amenazan con salir a la luz pública. Magistrados y funcionarios están al corriente de que el corrupto policía está en la nómina de Don Corrasco, pero desde las “altas instancias” no se hace nada para cesarlo de su cargo o para al menos trasladarlo.

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Rina (Antonia Santilli) o el síndrome de Estocolmo

Mientras el acongojado Giuseppe D´Aniello se preocupa por su hija abducida y teme que esté siendo violada y torturada, Rina se lo pasa muy bien con sus secuestradores: Es una ninfómana empedernida que se acuesta gustosamente con todos ellos.

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Lanzetta (Henry Silva) y Don Giuseppe D´Aniello (Claudio Nicastro)

D´Aniello quiere recuperar a su hija sana y salva cuanto antes, sin importarle las órdenes de no negociar que ha dado Don Corrasco. Así, convoca a su brazo derecho y a Lanzetta, el mejor de sus pistoleros, para arreglar con Cocchi y su banda el pago de un cuantioso rescate. Lanzetta ahora se debate entre la fidelidad a D´Aniello, quien ha sido como un padre para él; y la obediencia hacia el máximo jefe Don Corrasco…

Del mismo modo que Lanzetta ha crecido a la sombra de Don Giuseppe D´Aniello, el ambicioso Pignataro es el protegido de Don Corrasco. Lanzetta y Pignataro se verán en la situación de forjar una alianza.

La violencia descontrolada que querían evitar aquellos que acaparan el auténtico poder no hace más que incrementarse. El abogado Rizzo visita a Don Corrasco para presionarle: Una vez más insiste en que debe aceptar a Cocchi en su organización – a menos que consiga hacerle desaparecer en el curso de días (Rizzo pone énfasis en la palabra “desaparecer”, es decir, quiere evitar que se encuentre un cadáver). Don Corrasco, el máximo jefe de la Cosa Nostra (el capo di tutti capi, “il Boss”), debe acatar las órdenes que vienen de “lo alto” si quiere seguir conservando su cuota de poder. Se trata de poner fin a la guerra abierta en las calles, a los tiroteos y a las carnicerías espectaculares como las del atentado con lanzagranadas en el cine… porque todo eso llama demasiado la atención. Los poderosos saben que los ajustes de cuentas “explosivos” (tanto en el sentido figurado como en el literal) deben ser convenientemente dosificados. Es más cómodo manejar los hilos de manera discreta en tiempos de “paz”.

Rizzo insiste en que, si Corrasco no es capaz de acabar de forma sigilosa con Cocchi, lo integre en su “familia”, tal y como éste reclamaba desde el principio. El gran jefe de la Mafia, que sin embargo sabe que Cocchi es un agente destinado a subvertir y a desbaratar su clan, pide a Rizzo un plazo de una semana para aniquilar al incómodo calabrés…

De ello deberá encargarse, una vez más, el circunspecto y eficiente Lanzetta – quien gracias a la colaboración de Pignataro ya ha logrado liberar a la libertina Rina.

Pero como acabar con Cocchi sin más derramamiento de sangre se revelará como una tarea imposible, Don Corrasco comienza a replantearse ciertas prioridades, y decide renunciar a su fiel Lanzetta para encasquetarle a él los crímenes que sacuden Palermo. El encargado de tender una trampa a Lanzetta y matarlo “en defensa propia” deberá ser otro esbirro a sueldo de Corrasco: El comisario Torri…

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Comentario

Más que ante un polizziesco común estamos ante un trepidante thriller ambientado en el contexto de la Mafia siciliana y repleto de connotaciones políticas. Aquí Di Leo vuelve de forma más amplia a un tema que el año anterior ya había tocado concisamente en “Milano calibro 9” (1972) por boca del  vice-comisario Mercuri: Muy por encima del jefe mafioso de turno siempre hay gente mucho más poderosa, que es la que realmente mueve los hilos y da las órdenes – Esos individuos, que se ocultan tras una mascara de respetabilidad, no son tampoco los políticos conocidos por el “ciudadano de a pie” que salen en los periódicos, sino otros que tras las bambalinas se mueven con mucho más secretismo.

Fernando Di Leo fue uno de los poquísimos directores (y probablemente el primero) que se atrevió a abordar el género polizziesco y gangsteril italiano desde esa perspectiva; junto a Damiano Damiani (“Io ho paura”, 1977) y los realizadores de la saga de miniseries “La Piovra” (1984-2001).

“Il Boss” es la tercera película de la “Trilogía del hampa” de Fernando Di Leo junto a “Milano calibro 9” (1972) y “La mala ordina” (1972). Al igual que „El Padrino“ basada en una novela, “Il Boss” contiene todos los ingredientes de los que debe estar provista una emocionante historia sobre la Mafia: Astutas estrategias, alianzas tácticas (que no tardan en romperse), doble moral, ajustes de cuentas, lucha por el poder, pactos, traiciones… (es decir, auténtica política – en el sentido más maquiavélico del término).

Llama la atención que varios de los personajes secundarios aparecen en los tres films de la trilogía en roles distintos. Por ejemplo, uno de los correos de la escena inicial de “Milano calibro 9” es un matón de Tressoldi en “La mala ordina” y un policía del comisario Torri en “Il Boss”. También otro curioso detalle: Don Vito Tressoldi usa en “La mala ordina” el mismo crucifijo-cenicero que Don Corrasco tiene en su despacho.

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Henry Silva (Lanzetta) y Gianni Garko (Comisario Torri)

El puertorriqueño Henry Silva (uno de los principales personajes de “La mala ordina”) interpreta al gélido y eficiente sicario Lanzetta, individuo imperturbable y duro como un témpano. A Don Corrasco lo encarna el actor italoamericano Richard Conte, quien en “El Padrino” (F.F. Coppola, 1972), un año antes, dio vida a Don Emilio Barzini, el más encarnizado rival de Don Vito Corleone. También en “El Padrino” aparece Corrado Gaipa, como el jefe mafioso que da asilo a Michael en Sicilia. En “Il Boss”, Corrado Gaipa es el abogado Rizzo. El comisario Torri está interpretado por el italo-croata Gianni Garko, protagonista de la excelente película de terror gótico “La noche de los diablos” (Giorgio Ferroni, 1972). En el rol de Pignataro está Marino Masé, a quien puede verse en “Kidnap Syndicate” (1975), otro muy recomendable polizziesco de Di Leo; o en “Baciamo le mani” (Vittorio Schiraldi, 1973), también un film de temática mafiosa.

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Antonia Santilli (Rina)

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La viciosa Rina, que no tiene vergüenza ni la conoce, casi merece un capítulo aparte. Su padre, Don Giuseppe D´Aniello, la tiene idealizada como a una inocente e ingenua princesita angelical. Adquiere casi proporciones cómicas ver los esfuerzos que hace el pobre hombre para rescatarla; teniendo en cuenta que ella, una “ninfómana drogadicta” (como la llamará después Lanzetta), se dedica durante su secuestro a dar rienda suelta a su lujuria…

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La caprichosa y consentida joven está interpretada por la bella Antonia Santilli, que en aquellos años fue doble de Ornella Muti en las escenas más subidas de tono de sus películas; y que tuvo roles secundarios en varias “sexy-comedias a la italiana” (que viene a ser lo equivalente a las películas españolas del “destape”) con títulos como “Decameroticus”, “Il mio corpo con rabbia” o “Ancora una volta prima di lasciarci” (“Una vez más antes de que nos dejemos”). Antonia Santilli también participó en 1974 en una co-producción italo-rusa rodada en la Unión Soviética y titulada “Increíbles aventuras de italianos en Rusia” (co-dirigida por Franco Prosperi, realizador del rape&revenge “La settima donna” o de los barbarian-exploitation “Gunan el guerrero” y “El Trono de fuego”).

De la banda sonora de “Il Boss” volvió a encargarse Luis E. Bacalov (habitual colaborador de Di Leo). Si bien no alcanza el altísimo nivel de la música de “Milano Calibro 9”, sí es bastante mejor que la de “La mala ordina”, y tiene en algunos momentos incluso unas ligeras reminiscencias western (italo-western, se entiende).

FHP, febrero de 2016

 

La flor de pétalos de acero – Gianfranco Piccioli, 1973

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La flor de pétalos de acero (V.O. Il fiore dai petali d´acciaio)

Italia, 1973

Director: Gianfranco Piccioli

Género: Giallo

Guión: Gianfranco Piccioli, Gianni Martucci

Intérpretes: Gianni Garko (Dr. Andrea Valenti), Carroll Baker (Evelyn)

Música: Marcello Giombini

Argumento

El doctor Andrea Valenti es un prestigioso cirujano que trabaja en un hospital de Roma. Su esposa Daniela, de la que está pensando divorciarse, acaba de salir del manicomio donde durante años estuvo internada. Andrea no quiere volver a verla, pero Daniela le acosa merodeando por los alrededores de su domicilio y una noche cuando el cirujano regresa de su trabajo se la encuentra en casa. En el transcurso de una acalorada discusión, Andrea la empuja, y ella cae sobre unas plantas decorativas de hojas metálicas hiriéndose fatalmente. Las hojas de esa planta artificial son puntiguadas y afiladas como cuchillos, y Daniela muere en el acto.

En lugar de llamar a la policía, temiendo que nadie creería que se ha tratado de un accidente, Andrea decide hacer desaparecer el cadáver. Como es cirujano y posee amplios conocimientos anatómicos, se dispone a descuartizar el cuerpo en la bañera, empleando para ello su bisturí y otras herramientas profesionales. Después lleva los pedazos en bolsas de plástico al maletero de su coche… siendo observado en el proceso por una chismosa vecina. Los restos del cuerpo los transporta hasta la trituradora de un vertedero de basuras, y contempla, ya algo más tranquilo, como las “pruebas del crimen” se convierten en puré.

Sin embargo, a la mañana siguiente, le sobresalta alguien que insistentemente llama a su timbre. Se trata de Evelyn, la hermana de Daniela, que insiste en ver a ésta. Andrea le dice que no se encuentra allí, pero Evelyn sólo le cree al inspeccionar la casa. “¿Hasta qué hora se quedó anoche?” inquiere Evelyn. “¡Anoche no estuvo aquí!” responde alarmado el cirujano. “¡Ella me dijo que pensaba ir a tu casa! Además, si no vino aquí … ¿por qué su coche está aparcado fuera?” Andrea se da cuenta de que Evelyn va a proporcionarle más de un quebradero de cabeza…

Durante la jornada en el hospital, el doctor Valenti recibe una visita no demasiado agradable: El inspector Garrano, detective de la policía, desea hacerle unas preguntas. Evelyn ha denunciado la desaparición de Daniela y ha declarado que Andrea fue el último que la vió. El cirujano, cada vez más intranquilo, vuelve a reiterar que la mujer no estuvo la noche anterior en su casa y que no sabe a donde puede haber ido.

Evelyn intenta persuadir al comisario de que a Daniela le ha sucedido algo, insistiendo en que Andrea tiene que ser el culpable. Evelyn le cuenta además al policía que su “hermana pequeña” (en realidad Daniela es una amiga por la que siente instintos maternales y sobreprotectores) fue internada en el manicomio sin estar realmente loca, sino sólo porque el influyente doctor Valenti quería librarse de ella. Daniela pertenecía a una familia acaudalada, y Evelyn insinúa que Andrea se casó con ella sólo por su dinero, para quitársela de su camino una vez conseguida la posición social a la que aspiraba.

Garrano acude al manicomio donde estuvo Daniela, para hablar con el director del centro. Cuando el policía le sugiere al máximo responsable del psiquiátrico que pudo haber algún tipo de fraude en el internamiento de la desaparecida por parte del marido, el director del manicomio responde “Ustedes de la policía piensan que todos son delincuentes”; a lo que el detective repone “Y ustedes que todos están locos”.

Andrea ha hecho desaparecer el cadáver, y no hay pruebas contra él. Sin embargo, está cada vez más preocupado. Su amante, la enfermera Lena, comienza a notarlo también. Mientras tanto, el inspector Garrano y la “entrometida” Evelyn continuarán indagando para averiguar qué le sucedió a Daniela.

Pronto Andrea va a tener motivos para inquietarse todavía más: comienza a recibir cartas anónimas con fotos que prueban que es responsable de la desaparición de su esposa. Al parecer, alguno de los vecinos le espiaba, y aprovecha ahora su comprometida situación para hacerle chantaje…

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Comentario

Interesantísimo y tenso giallo con un planteamiento atípico para el género. Normalmente no se descubre hasta el final quien es el asesino, y sin embargo en ésta película sabemos desde el primer momento que el autor del “crimen” es nuestro protagonista. La trama se desarrolla a partir de los intentos de éste de eludir las pesquisas de la policía (y de la incómoda Evelyn). En realidad, en éste thriller a la italiana ni siquiera ha habido un asesinato: La muerte de Daniela, tras clavarse los “pétalos de acero” ha sido puramente accidental. ¿Pero quien lo iba a creer, teniendo en cuenta las pésimas relaciones que tenía con su esposo, y los no disimulados intentos del cirujano de desembarazarse de ella?

El que sepamos de antemano lo que ha sucedido no le resta en absoluto intriga a la historia. En cierto modo, ésta estructura argumental recuerda a la que tenían los episodios de la célebre serie “Colombo”, con Peter Falk. Ahí también el espectador sabía quién era el asesino, y la trama giraba en torno a la investigación del pintoresco detective, y los “errores” que pudiera cometer el sospechoso delatándose.

“La flor de pétalos de acero” cuenta con el italo-croata Gianni Garko como protagonista, en el papel del asediado cirujano Andrea Valenti. Gianni Garko es un habitual en los subgéneros polizzieschi e italo-western. Por su parte, Evelyn está interpretada por la norteamericana de origen polaco Carroll Baker (nombre real Karolina Piekarski), musa de Umberto Lenzi.

La en ocasiones hipnótica banda sonora fue compuesta por Marcello Giombini, autor de la excelente música fílmica del controvertido “Anthropophagus” (1980) de Joe D´Amato.

 

FHP, 2015