El policía es corrupto – Fernando Di Leo, 1974

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Il polizziotto é marcio (a.k.a. “Shoot first, die later”)

Italia, 1974

Director: Fernando Di Leo

Género: Polizziesco

Guión: Fernando Di Leo, Sergio Donati

Intérpretes: Luc Merenda (Domenico), Richard Conte (Mazzanti), Delia Boccardo (Sandra), Vittorio Caprioli (Esposito)

Música: Luis E. Bacalov

Argumento

En Milán está en curso una guerra de bandas entre dos grupos dedicados al contrabando. El comisario Domenico Malacarne tiene contactos en los bajos fondos y los utiliza para realizar esporádicos arrestos, que le reportan prestigio ante sus superiores y compañeros. El padre de Domenico es un oficial de los carabinieri y está orgulloso de su hijo.

A través de sus informantes, Domenico se entera de que van a atracar una joyería. El comisario se posiciona en una cafetería frente al establecimiento que está por ser asaltado, junto a su novia Sandra, como si estuviera allí por casualidad. Cuando se produce el atraco, reacciona de inmediato y persigue a los delincuentes en coche por toda la ciudad, hasta finalmente detenerlos.

Malacarne saborea una vez más las mieles del éxito, su jefe, sus compañeros y su padre le felicitan efusivamente; una periodista admiradora suya trata de entrevistarle. Lo que nadie sabe es que Malacarne siempre está en el lugar apropiado y en el momento justo gracias a los “soplos” procedentes del mundo del hampa – con el que tiene lazos más que estrechos…

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Il Boss – Fernando Di Leo, 1973

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Il Boss (a.k.a. “Secuestro de una mujer”)

Italia, 1973

Director: Fernando Di Leo

Género: Polizziesco, Gangsters

Guión: Fernando Di Leo (basándose en una novela de Peter McCurtin)

Intérpretes: Henry Silva (Lanzetta), Richard Conte (Don Corrasco), Gianni Garko (Torri), Antonia Santilli (Rina), Corrado Gaipa (Rizzo), Marino Masé (Pignataro)

Música: Luis E. Bacalov

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Argumento

En Palermo, el sicario Nick Lanzetta se introduce en un cine durante una sesión privada en la que los miembros del grupo mafioso de Antonino Attardi se disponen a visionar una película erótica danesa. Lanzetta, que actua por cuenta de Don Giuseppe D´Aniello (rival de Attardi) masacra a todos los presentes desde la cabina de proyecciones disparándoles con un lanzagranadas.

Los 10 cadáveres semicarbonizados e irreconocibles terminan en el tanatorio, donde Carlo Attardi, hermano del jefe asesinado, jura venganza.

D´Aniello ordenó el ajuste de cuentas porque Attardi había metido en su organización a Cocchi, un asesino a sueldo de la ´Ndrangheta calabresa sospechoso de ser un infiltrado que vende informaciones a la comisión antimafia al mismo tiempo que trata de hacerse miembro de la Cosa Nostra.

El comisario Torri, encargado de investigar el atentado, se encuentra con Cocchi, descubriendo que éste planea formar junto al hermano de Attardi un grupo de sicarios para vengarse de D´Aniello. Torri, que tiene contactos en el vértice de la Cosa Nostra, avisa entonces a Don Corrasco de los planes del calabrés. Don Corrasco es el máximo jefe de la Mafia en Sicilia („il Boss“).

Cocchi pone pues en práctica la ejecución de su venganza y hace secuestrar a Rina, la joven y atractiva hija de D´Aniello. El calabrés pretende que D´Aniello se entregue a cambio de la vida de su hija. El padre se dispone a aceptar, pero Don Corrasco le dice que no se precipite, pues va a buscar una solución al dilema sin que sea necesario rendirse ante el chantaje: Don Corrasco encarga a Lanzetta, el mejor de sus hombres y autor de la masacre del cine, la misión de rescatar a Rina y eliminar a Cocchi. Al mismo tiempo Don Corrasco también avisa a Lanzetta de que vigile a D´Aniello, para impedir que éste trate de tomar medidas por su cuenta (pues había sugerido pagar un cuantioso rescate, lo que sería interpretado por el enemigo como un síntoma de debilidad).

Ante ésta situación de guerra de clanes en ciernes, el abogado Rizzo se dispone a arbitrar como mediador. Rizzo es el nexo entre el Estado y la Mafia; él le hace saber a D´Aniello y a Corrasco las disposiciones de las más altas instancias, los políticos de Roma – a quienes no gusta la convulsa situación de violencia en las calles que comienza en Sicilia y quienes quieren ver restablecido el “orden”. Rizzo aconseja pues a Don Corrasco que haga las paces con lo que queda de la familia Attardi y con Cocchi, integrándolos en su organización. Pero Corrasco no cede; “Cocchi o se va a Calabria o se va al otro mundo”.

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Richard Conte (Don Corrasco)

Foto:

Corrasco (Conte) con el comisario Torri (Gianni Garko)

Las conexiones del comisario Torri con el jefe supremo de la Mafia amenazan con salir a la luz pública. Magistrados y funcionarios están al corriente de que el corrupto policía está en la nómina de Don Corrasco, pero desde las “altas instancias” no se hace nada para cesarlo de su cargo o para al menos trasladarlo.

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Rina (Antonia Santilli) o el síndrome de Estocolmo

Mientras el acongojado Giuseppe D´Aniello se preocupa por su hija abducida y teme que esté siendo violada y torturada, Rina se lo pasa muy bien con sus secuestradores: Es una ninfómana empedernida que se acuesta gustosamente con todos ellos.

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Lanzetta (Henry Silva) y Don Giuseppe D´Aniello (Claudio Nicastro)

D´Aniello quiere recuperar a su hija sana y salva cuanto antes, sin importarle las órdenes de no negociar que ha dado Don Corrasco. Así, convoca a su brazo derecho y a Lanzetta, el mejor de sus pistoleros, para arreglar con Cocchi y su banda el pago de un cuantioso rescate. Lanzetta ahora se debate entre la fidelidad a D´Aniello, quien ha sido como un padre para él; y la obediencia hacia el máximo jefe Don Corrasco…

Del mismo modo que Lanzetta ha crecido a la sombra de Don Giuseppe D´Aniello, el ambicioso Pignataro es el protegido de Don Corrasco. Lanzetta y Pignataro se verán en la situación de forjar una alianza.

La violencia descontrolada que querían evitar aquellos que acaparan el auténtico poder no hace más que incrementarse. El abogado Rizzo visita a Don Corrasco para presionarle: Una vez más insiste en que debe aceptar a Cocchi en su organización – a menos que consiga hacerle desaparecer en el curso de días (Rizzo pone énfasis en la palabra “desaparecer”, es decir, quiere evitar que se encuentre un cadáver). Don Corrasco, el máximo jefe de la Cosa Nostra (el capo di tutti capi, “il Boss”), debe acatar las órdenes que vienen de “lo alto” si quiere seguir conservando su cuota de poder. Se trata de poner fin a la guerra abierta en las calles, a los tiroteos y a las carnicerías espectaculares como las del atentado con lanzagranadas en el cine… porque todo eso llama demasiado la atención. Los poderosos saben que los ajustes de cuentas “explosivos” (tanto en el sentido figurado como en el literal) deben ser convenientemente dosificados. Es más cómodo manejar los hilos de manera discreta en tiempos de “paz”.

Rizzo insiste en que, si Corrasco no es capaz de acabar de forma sigilosa con Cocchi, lo integre en su “familia”, tal y como éste reclamaba desde el principio. El gran jefe de la Mafia, que sin embargo sabe que Cocchi es un agente destinado a subvertir y a desbaratar su clan, pide a Rizzo un plazo de una semana para aniquilar al incómodo calabrés…

De ello deberá encargarse, una vez más, el circunspecto y eficiente Lanzetta – quien gracias a la colaboración de Pignataro ya ha logrado liberar a la libertina Rina.

Pero como acabar con Cocchi sin más derramamiento de sangre se revelará como una tarea imposible, Don Corrasco comienza a replantearse ciertas prioridades, y decide renunciar a su fiel Lanzetta para encasquetarle a él los crímenes que sacuden Palermo. El encargado de tender una trampa a Lanzetta y matarlo “en defensa propia” deberá ser otro esbirro a sueldo de Corrasco: El comisario Torri…

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Comentario

Más que ante un polizziesco común estamos ante un trepidante thriller ambientado en el contexto de la Mafia siciliana y repleto de connotaciones políticas. Aquí Di Leo vuelve de forma más amplia a un tema que el año anterior ya había tocado concisamente en “Milano calibro 9” (1972) por boca del  vice-comisario Mercuri: Muy por encima del jefe mafioso de turno siempre hay gente mucho más poderosa, que es la que realmente mueve los hilos y da las órdenes – Esos individuos, que se ocultan tras una mascara de respetabilidad, no son tampoco los políticos conocidos por el “ciudadano de a pie” que salen en los periódicos, sino otros que tras las bambalinas se mueven con mucho más secretismo.

Fernando Di Leo fue uno de los poquísimos directores (y probablemente el primero) que se atrevió a abordar el género polizziesco y gangsteril italiano desde esa perspectiva; junto a Damiano Damiani (“Io ho paura”, 1977) y los realizadores de la saga de miniseries “La Piovra” (1984-2001).

“Il Boss” es la tercera película de la “Trilogía del hampa” de Fernando Di Leo junto a “Milano calibro 9” (1972) y “La mala ordina” (1972). Al igual que „El Padrino“ basada en una novela, “Il Boss” contiene todos los ingredientes de los que debe estar provista una emocionante historia sobre la Mafia: Astutas estrategias, alianzas tácticas (que no tardan en romperse), doble moral, ajustes de cuentas, lucha por el poder, pactos, traiciones… (es decir, auténtica política – en el sentido más maquiavélico del término).

Llama la atención que varios de los personajes secundarios aparecen en los tres films de la trilogía en roles distintos. Por ejemplo, uno de los correos de la escena inicial de “Milano calibro 9” es un matón de Tressoldi en “La mala ordina” y un policía del comisario Torri en “Il Boss”. También otro curioso detalle: Don Vito Tressoldi usa en “La mala ordina” el mismo crucifijo-cenicero que Don Corrasco tiene en su despacho.

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Henry Silva (Lanzetta) y Gianni Garko (Comisario Torri)

El puertorriqueño Henry Silva (uno de los principales personajes de “La mala ordina”) interpreta al gélido y eficiente sicario Lanzetta, individuo imperturbable y duro como un témpano. A Don Corrasco lo encarna el actor italoamericano Richard Conte, quien en “El Padrino” (F.F. Coppola, 1972), un año antes, dio vida a Don Emilio Barzini, el más encarnizado rival de Don Vito Corleone. También en “El Padrino” aparece Corrado Gaipa, como el jefe mafioso que da asilo a Michael en Sicilia. En “Il Boss”, Corrado Gaipa es el abogado Rizzo. El comisario Torri está interpretado por el italo-croata Gianni Garko, protagonista de la excelente película de terror gótico “La noche de los diablos” (Giorgio Ferroni, 1972). En el rol de Pignataro está Marino Masé, a quien puede verse en “Kidnap Syndicate” (1975), otro muy recomendable polizziesco de Di Leo; o en “Baciamo le mani” (Vittorio Schiraldi, 1973), también un film de temática mafiosa.

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Antonia Santilli (Rina)

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La viciosa Rina, que no tiene vergüenza ni la conoce, casi merece un capítulo aparte. Su padre, Don Giuseppe D´Aniello, la tiene idealizada como a una inocente e ingenua princesita angelical. Adquiere casi proporciones cómicas ver los esfuerzos que hace el pobre hombre para rescatarla; teniendo en cuenta que ella, una “ninfómana drogadicta” (como la llamará después Lanzetta), se dedica durante su secuestro a dar rienda suelta a su lujuria…

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La caprichosa y consentida joven está interpretada por la bella Antonia Santilli, que en aquellos años fue doble de Ornella Muti en las escenas más subidas de tono de sus películas; y que tuvo roles secundarios en varias “sexy-comedias a la italiana” (que viene a ser lo equivalente a las películas españolas del “destape”) con títulos como “Decameroticus”, “Il mio corpo con rabbia” o “Ancora una volta prima di lasciarci” (“Una vez más antes de que nos dejemos”). Antonia Santilli también participó en 1974 en una co-producción italo-rusa rodada en la Unión Soviética y titulada “Increíbles aventuras de italianos en Rusia” (co-dirigida por Franco Prosperi, realizador del rape&revenge “La settima donna” o de los barbarian-exploitation “Gunan el guerrero” y “El Trono de fuego”).

De la banda sonora de “Il Boss” volvió a encargarse Luis E. Bacalov (habitual colaborador de Di Leo). Si bien no alcanza el altísimo nivel de la música de “Milano Calibro 9”, sí es bastante mejor que la de “La mala ordina”, y tiene en algunos momentos incluso unas ligeras reminiscencias western (italo-western, se entiende).

FHP, febrero de 2016