El ladrón de Bagdad – Arthur Lubin, 1961

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El ladrón de Bagdad (V.O. Il ladro di Bagdad)

Italia, 1961

Director: Arthur Lubin, Bruno Vailati

Género: Aventuras

Guión: Augusto Frassinetti

Intérpretes: Steve Reeves (Karim), Giorgia Moll (Amina)

Música: Carlo Rustichelli

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Argumento

En Bagdad y alredores tienen lugar las andanzas de un hábil y astuto ladrón llamado Karim, de corazón generoso, que reparte su botín con los más necesitados.

El sultán de Bagdad, hombre distraído que casi parece afectado por una especie de precoz demencia senil, está a punto de entregar la mano de su bella hija Amina al príncipe Osman, un poderoso y ambicioso noble. Karim se ha infiltrado en el palacio del sultán precisamente cuando el príncipe llega a la corte para conocer a su futuro suegro. Así, el ladrón deja fuera de combate al importante huésped y ocupa su lugar haciéndose pasar por él.

Amina ve al recién llegado, hombre atlético y bien parecido, y enseguida se enamora de él. El impostor aprovecha para robar joyas, alhajas y objetos valiosos a los presentes, mientras les hace obsequios para distraerles. Cuando el visir y los demás nobles de la corte se dan cuenta del engaño y de que el príncipe había sido suplantado, Karim ya ha emprendido su huída. Pero antes de dejar el palacio, tiene la oportunidad de ver de cerca a la princesa en sus aposentos, y queda prendado de ella. Tienen una breve oprtunidad de cruzar unas palabras, tras lo cual Karim se aleja para evitar ser capturado.

Un misterioso djinn, o espíritu benigno, con la forma física de anciano sabio venerable, acompaña y guía al apuesto ladrón. Karim es muy popular entre la gente humilde de Bagdad. El fruto de sus robos siempre lo comparte con los más pobres.

La princesa, que cree todavía que su designado prometido es el galán que la visitó furtivamente en su estancia, se lleva una gran decepción cuando descubre que el auténtico príncipe es otro. Osman no es viejo ni decrépito, pero tampoco es tan atractivo como Karim, ni irradia su carisma y bondad. Ante su padre el sultán, Amina rechaza a Osman en las narices de éste; lo que el príncipe considera una flagrante humillación. “Yo defenderé Bagdad…” comienza Osman “Cómo vas a defender Bagdad si nisiquiera te has sabido defender del ladrón que te suplantó?” repone Amina. Pese a esa afrenta, Osman se dispone a conseguir la mano de la princesa a toda costa. Pero no por estar enamorado de ella, sino porque aspira al poder; a convertirse en el siguiente sultán de Bagdad. El sultán reacciona diciendo que la boda se celebrará cuando su hija se enamore de su prometido.

Karim vuelve a realizar arriesgadas visitas nocturnas a Amina. Ambos se aman, pero saben que su relación es imposible. En una de esas ocasiones, Karim es descubierto por los guardias en las inmediaciones del palacio y apresado. Lo mandan a trabajar como esclavo haciendo girar las ruedas de un molino.

Uno de los consejeros de Osman le propone un método de ganarse a la princesa (y de esa forma el trono de Bagdad ) sin necesidad de derramamiento de sangre: Una poción mágica hará que se enamore del hombre que se la de a beber. Pero ello entraña un riesgo, pues si la mujer ya está enamorada de otro, tras beber el mejunje puede morir. Como Osman no sospecha que el corazón de Amina ya pertenece a otro, acepta que la idea sea implementada.

Amina enferma fatalmente, y ningún médico de la corte la puede curar. La noticia llega a oídos de Karim, y éste traza un plan para escapar de su cautiverio. El djinn benigno se aparece ante el sultán como mago, y ante la estupefacción del visir y los demás presentes, afirma que lo único que puede sanar a Amina es una rosa azul. El hombre que traiga para ella una rosa azul está destinado a desposarla.

El sultán, en su desesperación por ver a su hija recuperada, acepta promulgar un decreto convocando a todos los hombres de Bagdad a que partan en busca de la rosa azul, la “Flor Inexistente”. Ésto enfurece a Osman, a quien le había sido prometida la mano de la princesa desde el principio. Karim logra liberarse, y vestido de azul como los demás candidatos, se presenta ante el sultán para participar en la expedición. Ésto ofusca todavía más al príncipe Osman, que no comprende como a un vulgar ladrón e impostor se le permite participar en tal misión. Pero el sultán no tiene nada que objetar y confía en la buena voluntad de Karim.

Así, los candidatos a casarse con Amina parten a través del desierto en busca de la enigmática flor. El pérfido Osman intentará mediante sucias tácticas sabotear los avances de sus competidores, y Karim se enfrentará a numerosos peligros (árboles cuyas ramas cobran vida cual tentáculos…) y a mágicas aventuras (una especie de “Circe” tratará que retenerlo junto a sí, la tentadora Kadeejah…)

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Comentario

En ésta ocasión, el musculoso galán Steve Reeves, célebre como Hércules y uno de los más destacados protagonistas de peplums, encarna a un “Robin Hood” de “Las Mil y Una Noches”. “El Ladrón de Bagdad” está basada en una de las historias narradas por Shehrezade en el famoso y medieval compendio de cuentos árabes (entre los que destacan el de Alí Baba y los 40 ladrones, Sinbad el Marino, etc).

La propuesta conjuga de manera fresca y amena excitantes aventuras, exotismo, drama y fantasía con notas de comedia, resultando así fiel al espíritu original de los relatos de “Las Mil y Una Noches”. Sólo falta un toque de erotismo; pues las relaciones amorosas son demasiado castas, recatadas y sin toques picantes, muy “para toda la familia”. La hermosa Giorgia Moll interpreta a la princesa Amina.

“El Ladrón de Bagdad” fue rodada en Túnez, y dirigida por el norteamericano Arthur Lubin (ya en esa época un veterano tras las cámaras, que había llegado a realizar películas mudas) y el italiano Bruno Vailati.

El tema de “Las Mil y Una Noches” sería años después retomado por Pier Paolo Pasolini en su “La Fiore delle Mille e Une Notte” (1974), rodada en Yemen. Pasolini se inspiraría en otros cuentos de la célebre recopilación, empleando además para su película un estilo diferente.

FHP, 2015

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El Diablo Blanco – Riccardo Fredda, 1959

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El diablo blanco (V.O. Agi Murad il diavolo bianco, a.k.a. “The White Warrior”)

Italia, 1959

Director: Riccardo Freda

Género: Aventuras, drama, histórica

Guión: Gino De Santis

Intérpretes: Steve Reeves (Murad), Giorgia Moll (Sultanet), Renato Baldini (Ahmed Khan)

Música: Roberto Nicolosi

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Argumento

Alrededor de 1840, el Zar Nicolás I de Rusia se encuentra en guerra con algunas tribus de las montañas del Cáucaso. Una de las figuras más carismáticas entre los líderes de los rebeldes es Hadji Murad, conocido como el Guerrero Blanco; famoso por su audacia y su astucia, temido y respetado por amigos y enemigos.

El príncipe Sergei dirige la campaña contra los insurrectos desde su cuartel en Tbilisi (Tiflis), Georgia. La esposa de éste es la atractiva Maria, a la que su padrino el Zar desea apasionadamente. El Monarca envía a su ahijada como emisaria al Cáucaso, para hacer saber al príncipe Sergei su intención de llevar a cabo negociaciones de paz con los montañeses.

Los rusos ofrecen el cese de hostilidades a los pueblos del Cáucaso, a cambio de que éstos acepten someterse a la soberanía del Zar.

La caravana en la que viaja la princesa Maria es detenida por Hadji Murad y los suyos. Al comprobar que los rusos no vienen con intenciones aviesas, los rebeldes les permiten continuar su viaje. Maria queda hondamente impresionada por la personalidad y la imponente presencia del galán Hadji Murad.

Los clanes y pueblos del Cáucaso que se levantan contra los rusos están representados por la figura del anciano rey Shamil. Éste necesita un sucesor, y hay varios candidatos entre los jefes tribales. Hadji Murad, dinámico y popular, es el más idóneo; pero tiene un importante rival en Ahmed Khan, un poderoso comandante de carácter mezquino y rastrero, que además pretende casarse con la hermosa Sultanet, que ama a Murad.

Ahmed trata siempre de sabotear las iniciativas de Murad, y secretamente desea su perdición. Comienza así a conspirar contra él, lo cual abre una brecha cada vez más grande entre las diversas tribus caucasianas que combaten a los rusos. Sergei es consciente de eso y piensa usar a Ahmed, pero también sabe que sólo Hadji Murad será capaz de liderar a los pueblos montañeses ya que goza de gran prestigio entre su gente.

Murad y Sultanet se aman, pero Ahmed interfiere hostigándola a ella y tratando de presionarla para que se case con él. Murad tiene un hijo de una primera mujer (que falleció en el parto). El pequeño Yusuf está al cuidado de Sultanet y su padre Aslan Bey, un venerable jeque.

Un día, cuando Murad y su amada reposan plácidamente en el bosque , son atacados por un destacamento ruso. Sultanet logra escapar a caballo, pero Murad es herido y hecho prisionero. Se ha consumado la traición de Ahmed Khan, que había revelado a los rusos el paradero de su rival para quitárselo de encima. Pero los rusos no albergan la intención de matar al flamante caudillo montañés. Por el contrario, el príncipe Sergei busca persuadirlo de que acepte las condiciones para la “Pax Russica” propuesta por el Zar.

Hadji Murad es tratado de sus heridas por médicos rusos en el cuartel general de Tiflis, donde también se encuentra la princesa Maria. Mientras tanto, Ahmad ha extendido entre los pueblos caucásicos el rumor de que Hadji Murad se ha convertido en un “colaboracionista” al servicio de San Petersburgo, de que se ha vendido al enemigo. Las calumnias son creídas por algunos, pero no por Sultanet, que sabe la verdad (pues estaba ahí cuando los rusos se llevaron preso a Murad). Sin embargo, Ahmed ejerce una influencia creciente sobre el senil rey Shamil, y éste termina dando crédito a sus ponzoñosas mentiras.

Murad languidece en su cautiverio, ignorando tercamente los constantes intentos del príncipe Sergei por hacerle firmar la paz. El Guerrero Blanco trata de escaparse, y llega hasta los aposentos de la princesa Maria, una “admiradora secreta” suya. Maria intenta mediar ante su esposo para que libere a Murad. Pero Sergei, que comienza a ponerse celoso, decide torturar al aguerrido líder tribal para forzarle a claudicar.

Entretanto, Ahmed está ahora a la cabeza de las tribus, sólo por debajo de la muy simbólica figura del decrépito rey Shamil (al que maneja a su antojo).

Cuando Murad se entera, al recibir una carta de Sultanet, de que ha sido víctima de una conspiración urdida por Ahmed, monta en cólera y la idea de un pacto con los rusos (para salvarse no sólo él mismo, sino también a su pueblo) ya no le parece tan descabellada…

El brutal Ahmed, por su parte, quiere exterminar la estirpe de su rival, y por ello condena a muerte al niño Yusuf, hijo de Murad. Sólo la intercesión de Sultanet (quien desesperada se ofrece a casarse con el villano para que éste perdone la vida del pequeño) logra salvarlo. “Bien pensado, nos será más útil como rehén” dice el malvado.

Hadji Murad debe tomar una crucial decisión, pues la paz o la guerra dependen de él…

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Steve Reeves (1926-2000)

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Giorgia Moll (1938-)

Comentario

“El Diablo Blanco” es una amena película de aventuras con pinceladas históricas y toques de drama basada en una novela de Leon Tolstoy (quien a su vez se inspiró en hechos reales).

El auténtico Hadji Murad (1792-1852) fue un caudillo tribal ávaro del Daguestán, que lideró a rebeldes chechenos y daguestaníes contra el Imperio Ruso. La novela de Tolstoy que narra sus andanzas fue escrita alrededor de 1904, pero no salió a la luz hasta 1912 (fue publicada a título póstumo, y se trata de la última obra literaria del famoso escritor ruso).

Es muy interesante observar los paralelismos entre la historia de Hadji Murad y las recientes guerras en el Cáucaso de los años noventa, entre separatistas chechenos y la Federación Rusa. Los dos bandos que pugnan entre sí en la película (el del noble Hadji Murad y el del pérfido Ahmed Khan) son equiparables a los que surgen entre los chechenos a finales de los noventa: Los nacionalistas sufis (entre los que se encontraban los Kadyrov) y los terroristas fundamentalistas wahabitas (Basáyev, etc).

En el conflicto caucásico reciente también se estableció la Pax Russica, cuando los Kadyrov (antiguos rebeldes) se comprometieron a aceptar las condiciones del “Zar” Putin; y éste por su parte concedió una gran autonomía en todos los niveles a la República de Chechenia, bajo la premisa de que ésta siguiera formando parte de la Federación Rusa.

A día de hoy los chechenos gozan de enormes libertades políticas, pues pueden practicar sin restricciones su religión, sus tradiciones, hablar su lengua, e incluso legislar según sus costumbres (algo que no era el caso bajo la URSS).

Los Kadyrov se dieron cuenta a tiempo de que el bando islamista wahabita de Basáyev y Doku Umárov no buscaba la libertad del pueblo checheno (de mayoría sufi, y con ricas y ancestrales tradiciones, en algunos casos preislámicas) sino imponer por la fuerza un “Emirato” transnacional wahabita-saudí de tendencia expansiva (algo así como lo que trata hoy de hacer el “ISIS” en Siria e Iraq).

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Tras éste paréntesis político-comparativo, volvamos a la película que nos ocupa: Hadji Murad está interpretado por el hercúleo y apolíneo Steve Reeves, protagonista de numerosos peplums italianos. (“Hadji”, por cierto, es un título honorífico que reciben los musulmanes que han completado el Hadj, o peregrinaje a La Meca. Su nombre de pila era por tanto Murad)

La bellísima Giorgia Moll encarna a la amada del Guerrero Blanco. A ésta actriz ya la conocemos por haberla visto en Il Ladro di Bagdad (Arthur Lubin, 1961); film basado en un cuento de “Las 1001 Noches”, donde también comparte cartel con Steve Reeves.

El gran Mario Bava (uno de los pioneros del giallo) trabajó en “Agi Murad il diavolo bianco” como director de fotografía, lo que contribuye a aumentar la ya de por sí alta calidad de ésta película.

FHP, 2015