Freddy – Narciso Ibáñez Serrador, 1982

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(Imagen: blogs.lainformacion)

Recientemente, Chicho Ibáñez Serrador recibió un merecido reconocimiento a su trayectoria: Nada menos que el Goya de Honor. Por ello, dedicamos la entrada de hoy a “Freddy”, uno de los episodios de sus “Historias para no dormir”. En el libro que escribí el año pasado sobre esa mítica serie de televisión, pionera en España del terror, el suspense y la ciencia ficción, pueden encontrarse comentados todos y cada uno de los episodios (de las temporadas: 1966, 1968 y 1982), así como de otras contribuciones de Chicho a la pequeña pantalla y sus dos largometrajes.

Nuestro compañero cinéfilo Domingo Ortega, autor del blog Fantástico Español (interesantísima bitácora que recomendamos encarecidamente seguir), ha escrito una excelente reseña en su espacio web tras leer el libro. ¡Muchas gracias por los elogios y por darle difusión!

Domingo, crítico de cine y cortometrajista, es un gran admirador de Chicho, de cuya obra se ha empapado desde la niñez. No se pierdan su video dedicado a la figura del maestro, en el que repasa concisamente la trayectoria cinematográfica de Ibáñez Serrador demostrando un gran conocimiento y un enorme cariño hacia nuestro “Hitchcock” hispano.

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Emanuelle e Françoise – Joe D´Amato, 1975

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Emanuelle e Françoise (Le sorelline)

Italia, 1975

Director: Joe D´Amato

Género: Drama, thriller, softcore

Guión: Joe D´Amato, Bruno Mattei

Intérpretes: George Eastman (Carlo), Rosemarie Lindt (Emanuelle), Patrizia Gori (Françoise)

Música: Gianni Marchetti

Argumento

Françoise es una joven que trabaja posando como modelo fotográfica. Un día que la sesión de fotos termina antes de lo previsto, regresa a la casa en donde vive encontrándose con que su novio Carlo está en la cama con otra mujer. Carlo, lejos de sentirse sorprendido o pesaroso, reacciona con frialdad y arrogancia, echando de casa a su novia. Ésta vaga atribulada por las calles, portando una maleta con sus escasas pertenencias. Trata de llamar a una tal Emanuelle, pero siempre salta el contestador automático. Desesperada y sin ganas de seguir viviendo tras un desengaño tan cruel, Françoise camina hasta las vías del ferrocarril y se arroja cuando pasa el tren.

Más tarde, en el tanatorio, el cadáver debe ser reconocido por su hermana mayor. Ésta no es otra que Emanuelle, la mujer con la que Françoise había tratado sin éxito de comunicarse. Los policías allí presentes le dicen a Emanuelle que entre los restos de su hermana encontraron una carta de despedida dirigida a ella.

Tras leerla, tanto Emanuelle como las autoridades comprenden que ese individuo llamado Carlo, al que se menciona en el escrito, es responsable del suicidio. Los agentes han tratado de localizarlo, pero no ha sido posible. Al parecer, Françoise llevaba una doble vida, pues ninguna de las personas interrogadas con las que la difunta tenía contacto habitual sabían nada de ese novio suyo. La misiva deja entrever que Carlo es un jugador empedernido que siempre pierde y que está permanentemente endeudado. Cuando no puede pagar, Carlo ofrece a Françoise para que sus acreedores se diviertan con ella. Sin embargo, la chica no le abandona: Siente un amor ciego hacia él, se trata de una relación enfermiza y adictiva, autodestructiva para ella. Él sólo la utiliza manejándola a su antojo, pero ella no puede estar sin él.

Emanuelle es una mujer con un alto poder adquisitivo, que reside en una lujosa villa y es propietaria de varios caballos de carreras. Un día, en el terreno donde entrenan los equinos, ve a un tipo que se asemeja a Carlo por la descripción que Françoise hiciera de él. Tras preguntar a uno de sus empleados, averigua que es un jugador profesional que quiere apostar en las carreras, y que tiene muchas deudas. Emanuelle comprende que se trata del hombre que estaba buscando.

Carlo es un casanova nato, y al ver a Emanuelle intenta conquistarla. Ella inicialmente finge desinterés, pero se complace en haber encontrado al individuo que empujó a su hermana a la muerte. Ella pretende atraerlo para destruirlo lentamente, vengando así a Françoise…

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Comentario

En ésta ocasión, Joe D´Amato nos propone un cruce entre drama y thriller – sin escatimar, como es habitual en él, en escenas de desnudos y sexo softcore (trío lésbico incluído).

Cuando Emanuelle encuentra a Carlo, comienza un sutil juego de seducción para cautivarlo y atarlo (también en el sentido literal, como veremos). No se entrega de inmediato a él como suelen hacer el resto de las mujeres, y precisamente por eso Carlo se siente tan fascinado por ella (Una mujer cuarentona del montón, que por lo demás no es particularmente atractiva). Emanuelle quiere tratar a Carlo del mismo modo que éste trató a su hermana; manipularlo y utilizarlo.

Las personalidades de las dos hermanas no podían ser más diferentes. Françoise, la más joven, es ingenua, dócil e inocente; está sinceramente enamorada del macarra Carlo, un truhán ludópata y playboy, que no duda en ponerla de patitas en la calle cuando se cansa de ella – provocando así su suicidio. La madura Emanuelle, por su parte, es astuta y calculadora. Además, odia a los hombres. Va a propiciar que la ley del karma se vuelva contra el indeseable que causó la muerte de su hermana. Mediante flashbacks (a raíz de la lectura de la carta) vemos cómo era la tormentosa relación de amor-odio entre Françoise y Carlo; secuencias que se van alternando con la intervención de Emanuelle para vindicar a su hermana.

En su cautiverio, encadenado y mantenido a base de pan y agua en una habitación secreta en la villa de Emanuelle, Carlo piensa que ella está actuando por cuenta de alguno de sus muchos enemigos a los que debe dinero. No sabe (todavía) quién era su hermana, y que la tortura a la que es sometido es el fruto de una bien planificada venganza. El maltrecho Carlo, drogado y atado de pies y manos por cadenas, se ve reducido a tener que comer mendrugos de pan seco del suelo, como un perro; mientras que Emanuelle disfruta del espectáculo y con sorna realiza un strip-tease a través de una pared corrediza de cristal transparente.

Sin embargo, Carlo no se da por vencido y tratará de escapar; manipulando con un alambre las esposas que le mantienen retenido. Además, su desaparición ha levantado las suspicacias de Mira, otra de sus novias, quien le había visto últimamente en compañía de Emanuelle.

Digna de mención es la escena en la que Carlo, bajo el influjo de los alucinógenos que Emanuelle le inyecta, cree ver un orgiástico y delirante festín caníbal a través del cristal. La película gana considerablemente en interés a partir de la segunda mitad, y el tenso final es muy bueno.

Joe D´Amato firmó el guión de la película con su nombre real, Aristide Massaccesi; y contó para la elaboración del mismo con la ayuda de Bruno Mattei; otro de los directores emblemáticos de la exploitation italiana.

Carlo está interpretado por el gran George Eastman (Luigi Montefiori), a quien vimos en “Cani Arrabbiati” (Mario Bava, 1974) y quien más adelante interpretaría al loco de la isla griega en “Antropophagus” (1980), también de Joe D´Amato. Patrizia Gori, que encarna a Françoise, tiene papeles secundarios en “Zinkssärge für die Goldjungen” (Jürgen Roland, 1973) y en “Quelli che contano” (Andrea Bianchi, 1974), ambas protagonizadas por Henry Silva.

Los personajes “Emmanuelle y Françoise” resultan reminiscentes de “Justine y Juliette”, las hermanas creadas por la pluma del Marqués de Sade; dos mujeres completamente opuestas: Justine es sumisa, creyente, confiada y candorosa; pero su vida es un calvario, siempre de una desgracia a la otra. Juliette, por su parte, es pérfida, depravada y carente de escrúpulos; pero asciende rápidamente en la escala social, acaparando gran prestigio y riquezas. De Sade escribió sobre las dos hermanas en sus libros “Justine o los infortunios de la virtud” (1791) y “Juliette o las prosperidades del vicio” (1796). El cineasta español Jesús Franco, que tiene mucho en común con Joe D´Amato, dedicaría una película a Justine: “Marquis de Sade: Justine” (1969), con Romina Power como protagonista.

FHP, abril de 2016

 

Tango 2001 (a.k.a. “Tango of perversion”) – Kostas Karagiannis, 1974

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Tango 2001 (a.k.a. “Tango of perversion”)

Grecia, 1974

Director: Kostas Karagiannis

Género: Thriller

Guión: Lazaros Montanaris a.k.a. Elio Montanari

Intérpretes: Lakis Komninos (Stathis), Vagelis Voulgaridis (Ioakim), Erika Raffael (Ioanna), Dorothy Moore (Rosita)

Música: Yannis Spanos

Argumento

El club nocturno “The Tango” es frecuentado por personajes variopintos: Stathis, una especie de gigoló y playboy, su drogodependiente novia Ionna, la voluptuosa Rosita, que tiene inclinaciones lésbicas; o también el tímido Ioakim, quien disfruta viendo a las chicas bailar y se las imagina desnudas, pero no se atreve a aproximárseles. La mayoría de los asiduos al local se conocen entre ellos.

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Stathis (Lakis Komninos) y Ioanna (Erika Raffael)

Rosita trata de aprovecharse de la adicción a las drogas de Ioanna para conseguir que se acueste con ella. Como Stathis no le trae su dosis, ella le ofrece lo que Ioanna necesita; pero lógicamente quiere algo a cambio…

El ingenuo Ioakim siempre es utilizado por su “mejor amigo” Stathis, un gorrón y aprovechado, quien tiene las llaves de su casa y lleva allí frecuentemente a sus clientas y amantes; que suelen ser adineradas mujeres casadas. Lo que Stathis ignora es que Ioakim tiene una pasión voyeurística, y filma los encuentros sexuales desde una habitación secreta separada del dormitorio por un vidrio que desde un lado parece un espejo y desde el otro es transparente.

El apocado y retraído Ioakim sólo consigue excitarse al contemplar cómo otros tienen sexo. Él mismo es impotente. Un médico le dice que nada puede hacer por él, pues su impotencia no es orgánica sino psicológica; físicamente está sano. Ioakim le confiesa su impotencia a su padre, y éste le firma un cheque para que pueda pagar un tratamiento psiquiátrico. Le recomienda además que se consiga una novia.

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Ioakim (Vagelis Voulgaridis)

Una noche en el club, Rosita le pide a Ioakim las llaves de su casa, para poder llevar allí a Ioanna. Ésta se había resistido hasta el momento a sus avances, pero la necesidad de consumir su dosis la empuja hacia el encuentro lésbico que pretendía evitar. Ioakim (que es un “pagafantas”) le da las llaves a Rosita, creyendo ilusamente que ésta le “recompensará”.

Stathis ve a las dos mujeres salir del club. Ellas toman un taxi y él las sigue hasta la casa de Ioakim. Éste, por su parte, también se dirige a su casa lo más velozmente posible, accede a su habitación secreta y desde allí prepara su cámara para filmar a las dos chicas a través del espejo de dos caras.

Cuando Rosita se beneficia de Ioanna, llega Stathis (quien también tiene las llaves). Él quiere unirse a las dos para formar un trío, pero Rosita se rebela, provocando su furia. Mientras se pelean, Ioanna aprovecha para escaparse. Ioakim continúa filmando. La riña entre Stathis y Rosita sube de tono, pronto pasan a las manos y a los golpes. Durante el forcejeo, ella tiene la mala suerte de perder el equilibrio y cae desnucándose contra un mueble. Stathis comprueba conmocionado que está muerta, y se marcha rápidamente del lugar.

Ioakim, que lo ha presenciado y grabado todo, sale de su escondite cuando su amigo se ha ido; quedándose a solas con la bella y desnuda muerta. Una tentadora excitación nueva se apodera de él… Con un cuerpo inanimado sí que es capaz de tener erecciones. Así, Ioakim “pierde su virginidad” con el cadáver de Rosita, tras lo cual procede a deshacerse del mismo: Roba un coche, lo conduce hasta un acantilado y lo despeña con la muerta dentro.

Entretanto, el preocupado Stathis, muy nervioso, llama una y otra vez a casa de Ioakim. Éste no descuelga el auricular. Al día siguiente, Stathis busca a su amigo, y trata de averiguar si la noche anterior no notó nada “extraño” en su casa. Ioakim finge no saber a qué se refiere. Poco después, en los periódicos aparece la noticia del “accidente” de Rosita, las autoridades están al corriente de que el coche del siniestro era robado.

Unos días más tarde, Stathis rompe con Ioanna y cansado de ella la echa de su casa. El gigoló vuelve a encontrarse con una de sus amantes y la lleva como de costumbre a casa de Ioakim. Éste, sin que nadie lo sepa, se encuentra preparado para filmar en la habitación secreta. Pero ésta vez Stathis no está de humor para el sexo, pues recuerda la pelea que días antes tuvo lugar en esa misma habitación, la pelea en la que fatídicamente mató a Rosita. Stathis se marcha, dejando sola a la mujer. Ésta, desengañada y furiosa, toma un cenicero lanzándolo contra el espejo, rompiéndolo y descubriendo tras él a Ioannis y sus aficiones voyeurísticas.

Ioakim le ruega que no se lo cuente a nadie, y confiesa que él hace eso porque es impotente y no es capaz de mantener relaciones sexuales con mujeres. Ella se burla de él, y dice que se lo va a contar a todo el mundo – Y esa es su sentencia de muerte… Ioakim se abalanza contra ella para impedirle que se marche. Durante la disputa la estrangula, e instantes después se da cuenta de que la ha matado. Luego, como ya hiciera con Rosita, tiene sexo con el cadáver y se desembaraza del cuerpo mediante el mismo procedimiento que la vez anterior. Pero ésta vez, la policía comienza a sospechar y un comisario suspicaz intuye que hay gato encerrado…

El comisario interroga a Stathis, quien fue el último que vio a la difunta con vida, y ordena que el club “The Tango” sea puesto bajo vigilancia.

Al mismo tiempo, la desamparada Ioanna, a quien Stathis ha echado de casa, llega a la villa de Ioakim en busca de refugio. Él acepta hospedarla. Ver en su cama el apetecible cuerpo desnudo de ella comienza a excitarle… Pero hay un pequeño problema: La chica está viva…

La sórdida senda de la perversión, que de inofensivo voyeur lo ha llevado a viciarse con la necrofilia, le tienta ahora para que se convierta también en un asesino…

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Ioakim (Vagelis Voulgaridis), Stathis (Lakis Komninos) y Ionna (Erika Raffael)

Comentario

Una muy grata sorpresa desde Grecia es éste genial thriller repleto de suspense; con grandes cargas dramáticas y eróticas. La película escarba sin tapujos en psicopatías de caracter sexual y en las consecuencias del vicio; y la escabrosa trama está aderezada con una buena ración de humor negro. Por sus características el film seguro que haría las delicias del enfant terrible nipón Takashi Miike (“Visitor Q”, 2001).

El infeliz Ioakim está acostumbrado a que las mujeres lo ignoren y se burlen de él. Se encuentra en el polo completamente opuesto respecto a su amigo el macho alfa Stathis. La impotencia sexual (psicológica) que padece Ioakim es consecuencia directa de su falta de confianza en sí mismo, que, como en un círculo vicioso, se acrecienta a causa de su nulo éxito con las mujeres. Sólo grabando a otros teniendo sexo y viendo en soledad sus clandestinas películas pornográficas el pobre fracasado encuentra una efímera vía de escape a su frustración… Pero Ioanna, chica frágil que como él tiene problemas (pues depende de las drogas) parece poder convertirse potencialmente en una compañera perfecta. Juntos, tal vez,  podrían superar sus respectivas angustias. Ella es una joven cariñosa y comprensiva, que al ver a Ioakim como a un hombre, sin mofarse de él,  será capaz de curarlo de su impotencia. Pero Stathis, celoso e indignado cuando se corre la voz de que su ex-novia ha iniciado una relación con su mejor amigo, no está dispuesto a tolerar que la felicidad de la pareja dure mucho. Stathis teme convertirse en el hazmerreír del club si la gente se entera de que su novia está ahora con “un perdedor y un espantajo” como Ioakim. Pero éste posee una información que compromete seriamente a Stathis, y así se lo insinúa a su “mejor amigo”: Ioakim conoce perfectamente las circunstancias que rodearon a la muerte de Rosita…

En el detalle del espejo doble (y también en la atmósfera general de la película) éste thriller helénico tan sumamente recomendable recuerda a „Emanuelle e Françoise – Le sorelline“ (1975), interesante film italiano del maestro del exploitation Joe D´Amato – Y por cierto, el personaje de Stathis (interpretado por Lakis Komninos) es muy similar al de Carlo (George Eastman) en la película de D´Amato.

FHP, abril de 2016

Terror y encajes negros – Luis Alcoriza, 1985

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Terror y encajes negros

México, 1985

Director: Luis Alcoriza

Género: Thriller, comedia negra, drama

Guión: Luis Alcoriza, Ramón Obón

Intérpretes: Maribel Guardia (Isabel), Gonzalo Vega (Giorgio), Jaime Moreno (Rubén), Claudia Guzmán (Coquis)

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Argumento

La bella y escultural Isabel vive confinada en casa por su celoso marido. La joven esposa desearía salir por la ciudad, tener un grupo de amigas, irse de compras o al cine. Pero el posesivo Giorgio teme que, si sale sola, sea asediada en la calle por otros hombres.

El matrimonio reside en un ático, en lo alto de un gran edificio de apartamentos. Bajo ellos vive César, solitario hombre de mediana edad, tranquilo y retraído, aficionado a la música clásica y a la antropología. Pero no son esos sus únicos intereses: El reservado caballero tiene un pasatiempo bastante más escabroso; oscuras fantasías a las que da rienda suelta por las noches…

Debajo de César viven tres chicas, compañeras de piso, estudiantes frívolas y juerguistas. Acostumbran a poner la música muy alta y desesperan a su circunspecto vecino con el escándalo. Coquis, sencilla y atractiva, es la chica de los recados del edificio. A César no le gusta que ella vaya por ahí con el pelo suelto, insiste en que mejor se lo recoja. Y es que al respetable señor le excitan sobremanera las melenas femeninas, más adelante veremos hasta qué punto…

Desobedeciendo a su marido, Isabel decide salir de paseo por la ciudad. Rápidamente, como Giorgio preveía, ella se convierte en un imán para los hombres. En un centro comercial, Isabel se encapricha de un liguero y un corsé negros; y no duda en comprárselos con el dinero que recientemente le pidió a su esposo.

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Cuando regresa a su casa, Isabel debe enfrentarse a la furia de su marido, que le pide explicaciones – pues acostumbra a llamarla desde la oficina para cerciorarse de que está en casa. Discuten acaloradamente y ella llega a pedirle el divorcio, pero poco después se reconcilian como si nada. Isabel se da cuenta de que para sus siguientes salidas deberá emplear una coartada.

Mientras tanto, César se dedica a salir por las noches, cambiando sospechosamente la matrícula de su automóvil… Se dirige a “cazar cabelleras”, en busca de mujeres a las que escalpar… Ese es el gran secreto que esconde el introvertido y discreto vecino. En un armario colecciona a modo de fetiches las decenas de melenas de sus víctimas.

Isabel vuelve a salir, y una vez más es el centro de atención de todas las miradas masculinas. Cuando se rompe uno de sus tacones y cae al suelo es auxiliada por uno de los pasantes, Rubén, que se ofrece a acompañarla a su casa en coche. Isabel acepta, aunque tratando de mantener las distancias. No le da su teléfono, pero él ha visto dónde vive. Para tener una coartada de cara a su marido, Isabel va a visitar a su cuñada, la hermana de él. Así podrá excusarse diciendo que pasó la tarde con ella.

Pocos días después, Isabel recibe una llamada de Rubén. Éste la localizó a través de la guía telefónica. La joven se siente sorprendida, y dice inicialmente que volver a verse será algo imposible, pero termina cediendo; y accede a un breve encuentro. Una vez en el bar, Rubén se comporta como un caballero, y le dice a Isabel que comprende su situación, que ella no puede quedarse siempre encerrada en casa como en una cárcel, que necesita “realizarse”, etc. Su táctica para llevársela al huerto va por buen camino.

Giorgio es informado en la oficina de que ha sido elegido para acompañar al jefe en un viaje de negocios a Tijuana. Eso quiere decir que se ausentará de casa por unos días…

La noche en la que el celoso marido se marcha, Rubén ya ha convencido a Isabel de que vaya a visitarlo a su apartamento. Ella se coloca la lencería sexy que no se había atrevido a mostrarle a su esposo y se dispone, aunque muy dubitativa, a ir hacia allí. Entretanto, de camino al aeropuerto, una de las ruedas del coche de Giorgio sufre un pinchazo. No tiene tiempo de cambiarla, y corre el riesgo de perder su vuelo a Tijuana…

Al mismo tiempo, en el piso de las tres “estudiantes” tiene lugar una escandalosa fiesta; que una vez más altera los nervios de César, vecino de arriba. A casa de éste llega Coquis, insinuante y con su pelo suelto, tentándole…

Una tragedia está a punto de desencadenarse… ¿O son varias?

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Comentario

Excelente película mexicana, cruce de géneros entre la comedia negra, el drama y el thriller. Esa aparente disparidad de estilos en el mismo film funciona muy bien en éste caso, consiguiendo un largometraje muy divertido, al mismo tiempo que tenso e intrigante (sobre todo a partir de la segunda mitad).

Inicialmente se nos presentan dos historias principales paralelas: Por un lado la de los Martínez (Giorgio e Isabel), con los celos y la complicada relación matrimonial; y por el otro la de César y su doble vida, un catedrático solitario amante de la tranquilidad, que por las noches es dominado por su lado psicopático, estableciéndose en él una dualidad similar a la del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Aunque los Martínez y César son vecinos, no se conocen entre sí más que de vista. Pero a partir de la segunda mitad de la película, se desencadenará una serie de eventos que hará que las dos historias confluyan.

Pese al engañoso título, “Terror y encajes negros” no puede encuadrarse en el género de terror como tal. No hay nada sobrenatural a lo largo del film. Sin embargo, la protagonista Isabel sí que vivirá un auténtico terror, un pánico atroz, al ser perseguida por el edificio por el maníaco del hacha. Esas secuencias, con la chica huyendo en el ascensor, por el techo o escondiéndose en su piso; están maravillosamente bien logradas, resultando tensas en grado sumo, muy inquietantes y hasta claustrofóbicas. Al mismo tiempo hay momentos en esas escenas con un toque sutil de humor, algo que tiene mucho mérito al no estropear la atmósfera tan turbadora (el espectador realmente sufre con la protagonista). Se trata en ese caso de un humor negro e irónico: Como cuando, mientras Isabel corre por el tejado huyendo del loco con el hacha, oye cómo se aproxima un coche de policía, que aparca justo a las puertas de su edificio… Pero los agentes sólo llegan para pedirles a las vecinas juerguistas que bajen el volumen de la música. Isabel, desde el techo, intenta desesperadamente llamar la atención de los policías, y para ello les tira a la calle su vestido (quedándose ella en ropa interior). Sin embargo, los policías, cuando les cae el vestido con el que Isabel trata de alarmarles, comentan jovialmente algo así como “Vaya, sí que está animada la fiesta” y se marchan…

Isabel está interpretada por Maribel Guardia, actriz de origen costarricense que desarrolló su carrera en México y a la que ya vimos en “Pedro Navaja” (Alfonso Rosas Priego, 1984). Maribel Guardia está muy convincente en su papel, despertando la completa empatía del espectador. Claudia Guzmán da vida a Coquis, la chica de los recados, que si bien tiene un papel secundario es un personaje de crucial importancia en la película (para que las dos historias que se narran desde el principio terminen confluyendo). Claudia Guzmán participaría en la memorable “Violación” (Valentín Trujillo, 1989), y en ese otro thriller mexicano también aparece Olivia Collins; quien en la película que nos ocupa se pone en la piel de una de las frívolas vecinas pachangueras.

“Terror y encajes negros” fue dirigida por Luis Alcoriza, originalmente español, quien emigró a México durante la Guerra Civil. Alcoriza era amigo y colaborador de Luis Buñuel, escribiendo con él ocho de sus guiones (entre otros los de “Los Olvidados”, 1950; o “Él”, 1953).

FHP, abril de 2016

Violación – Valentín Trujillo, 1989

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Violación

México, 1989

Director: Valentín Trujillo

Género: Suspense, acción

Guión: Valentín Trujillo

Intérpretes: Valentín Trujillo (Pepe), Eleazar García Jr. (Irak), Olivia Collins (Laura), Claudia Guzmán (Jenny)

Música: Diego Herrera

Argumento

El reportero Pepe Garrido trabaja una noche en su casa en uno de sus artículos, ayudado por su amigo el aprendiz Sancho. De repente ambos escuchan ruidos sospechosos procedentes del piso de abajo. Se asoman a las escaleras, y ven como tres hombres cargan con su vecina Alma. Sancho piensa que deben ser “cuates” suyos, que la llevan así porque habrá bebido demasiado, y que es mejor no meterse donde no les llaman. Pero a Pepe algo no le cuadra. Su sexto sentido de periodista le dice que se trata de asaltantes. De inmediato llama a la policía, pero para su gran desconcierto los agentes no le hacen ningún caso. Entonces el intrépido reportero decide intervenir él mismo. Armado tan solo con su cámara de fotos tira la puerta de su vecina abajo y sorprende a los tres maleantes “con las manos en la masa”. Uno de ellos, un individuo bigotudo y de aspecto particularmente patibulario, estaba violando a la joven, que había sido maniatada.

Cuando Pepe hace fotos de la escena que se encuentra, los criminales comienzan a disparar contra él, pero el periodista consigue huir. Al ruido de los disparos acude la policía y arresta a los malhechores.

Pepe trata de convencer a su vecina de que haga una declaración formal denunciando a sus agresores, pero la chica tiene miedo. “Aunque los denuncie volverán pronto a la calle y se vengarán de mí”. Pero Pepe está convecido de que ésta vez será diferente, porque tiene las fotos que prueban la implicación de los delincuentes.

Finalmente Alma accede a declarar, José y Sancho la acompañan a las dependencias policiales. Pero el comisario no la toma en serio. Además, el médico encargado de examinarla dictamina que, al no encontrar desgarramientos ni huellas de esperma, no hay pruebas que atestigüen una violación.

“Todos ustedes están  más podridos que los que me atacaron” les espeta con furia la joven antes de marcharse. Un par de días después, el violador del bigote y sus dos secuaces salen a la calle bajo fianza. El feroz bigotudo, al que llaman Irak, es el líder. Sus compinches se oponen a que siga violando, pues ellos sólo son delincuentes comunes, ladrones que actúan por dinero. En cambio Irak es un psicópata; necesita abusar sexualmente de las jóvenes a las que desvalija. Durante el acto, además, se coloca siempre unos auriculares en los que escucha música mientras perpetra la violación. Uno de sus dos esbirros le deja, pero el otro acepta seguir con él cuando le promete que le pagará el doble.

Pepe está muy frustrado al comprobar que los delincuentes se han salido con la suya. Alma, traumatizada, se ha marchado de la vecindad. El periodista se dispone a combatir la injusticia mediante sus artículos, y escribe un contundente reportaje criticando la pasividad de las autoridades, la ineficacia y laxitud de las leyes. Sin embargo, al director del diario no le gusta nada el artículo… El jefe se mofa de Pepe llamándolo “Clark Kent”, y le reprende con dureza: “¿Pretendes que nos clausuren el periódico? Tienes más coraje que prudencia, y eso no es bueno en éste negocio”.

La novia de Sancho es Jenny, una secretaria que trabaja en las oficinas del periódico. Irak y su cómplice lo primero que pretenden al salir de prisión es darle un escarmiento al entromentido periodista, y se quedan en un coche apostados frente al edificio del diario “El Heraldo” donde Pepe trabaja. Ven salir a Pepe con Sancho y Jenny. Ya es de noche. Pepe acerca a la pareja en su automóvil hasta la casa de ella. Y hasta allí los sigue Irak…

Pepe tiene una relación con Laura, una empleada de una tienda de modas. Ambos deciden casarse espontáneamente, y esa misma noche van a buscar a un funcionario para que realice el enlace. Mientras tanto, Sancho intenta convencer a Jenny de que se acueste con él, pero la chica le dice que “tenga paciencia”, que espere hasta el matrimonio. Sancho, al no ser capaz de conseguir un “adelanto”, se despide de su novia y se marcha a su casa para darse “una ducha fría”… Irak, que estaba todo el tiempo al acecho, se introduce en el piso de Jenny a través de una ventana cuando la chica se ha quedado sola…

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Comentario

Valentín Trujillo, icónico intérprete del cine de acción y policiaco mexicano, protagoniza y dirige éste trepidante e intenso thriller. Trujillo da vida al valiente reportero José “Pepe” Garrido, hombre idealista y sediento de justicia.

Pepe está cada vez más desencantado ante la indiferencia de las autoridades, que parecen proteger a los delincuentes en lugar de a las víctimas. El temerario periodista hará todo lo que esté en su mano para combatir a los criminales, especialmente al siniestro violador Irak. Éste último, interpretado por Eleazar García Jr., es un peligroso maníaco de aspecto bestial: Grande y fuerte, con un poblado bigote, el cabello oscuro con una mecha canosa peinado con gomina hacia atrás, mirada gélida y feroz, siempre vestido de cuero negro.

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Eleazar García (en otra película)

Cuando Irak comienza a acosar a mujeres que pertenecen al círculo íntimo de Pepe, éste le declarará una guerra sin tregua. Sintiendo gran impotencia ante la incapacidad de las autoridades para retirar permanentemente de las calles a ese energúmeno, Pepe decidirá tomarse la justicia por su mano…

La película busca ser una crítica social, y tiene bastantes elementos en común con el polizziesco italiano de los años setenta: En ese género también solía ser un tema recurrente la lucha de un hombre solo (normalmente un policía) contra bandas criminales que operan con la complicidad de la “justicia”. El cuerpo de policía como organismo tiene las manos atadas, pero un agente solitario, consciente de la iniquidad del sistema, se rebela y actúa por su cuenta.

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Claudia Guzmán (Jenny)

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Olivia Collins (Laura)

Éste interesantísmo film de Valentín Trujillo tiene también claras influencias del subgénero “rape&revenge” en lo que al argumento respecta. También pueden observarse reminiscencias de “giallo” – pues aunque sabemos desde el principio quién es el criminal, éste realiza siempre sus fechorías ataviado de cuero negro (como las famosas manos de Argento), y sobre todo la forma en la que están rodadas ciertas escenas recuerdan al thriller italiano.

Pero el toque más curioso lo aportan los momentos cómicos, algunos rozando el “slapstick”, y que abundan a lo largo de la primera mitad. Podría pensarse que en una película como ésta la comedia está fuera de lugar, pero lo cierto es que los momentos desenfadados y humorísticos sirven como recurso para que el espectador “baje la guardia”, de forma que las escenas de tensión e intriga que siguen a continuación le cojan desprevenido. Así, tras ver momentos inocentes y graciosos aparecen de repente secuencias muy crudas y violentas, e incluso trágicas: El contraste es brutal, lo que resulta muy efectivo; otorgando al conjunto del largometraje un encanto muy particular.

El personaje más cómico es el entrañable Sancho, el payasil amigo de Pepe. Sancho (interpretado por Rodolfo Rodríguez) admira al reportero, a quien ve como una especie de hermano mayor, y aspira a ser un gran periodista como él. Pero sus constantes meteduras de pata y sus comentarios fuera de lugar le convierten en una especie de bufón. Su aspecto consolida esa imagen: Un jersey de Micky Mouse y unas ridículas y gigantescas gafas ochenteras. Su teléfono está “camuflado” con la forma de una botella de Coca-Cola.

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Rodolfo Rodríguez (Sancho)

Así, la película va incluyendo numerosos momentos cómicos – como cuando Pepe se queda dormido en su despacho, o su improvisada boda con Laura, o los ruegos de Sancho para que Jenny se acueste con él –  Esos jocosos momentos de comicidad van siendo aleatoriamente combinados con escenas brutales y escabrosas, lentas, muy tensas e incluso angustiosas (rodadas cámara en mano y muchas veces desde la perspectiva de la víctima). A partir de la segunda mitad, el humorismo se evapora, la trama se torna completamente seria y la historia se centra en torno a la venganza personal de Pepe.

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Mario Almada, que como Valentín Trujillo es uno de los máximos exponentes del policiaco ochentero mexicano, tiene un papel secundario como detective en acción. A Valentín Trujillo ya lo vimos en la memorable “Policía de narcóticos” (Gilberto de Anda, 1986).

La potente banda sonora de Diego Herrera resulta también muy efectiva, incluyendo elementos de música electrónica.

Por último, es curioso señalar que el nombre (¿o apodo?) del “malo de la película” sea Irak; teniendo en cuenta que el film fue rodado en 1989, cuando comenzó la campaña de demonización contra Saddam Hussein. También el característico mostacho del villano recuerda por cierto al que lucían Saddam y muchos de los ministros y oficiales iraquíes.

“Violación” de Valentín Trujillo es una joya del cine mexicano de serie B que es menester reivindicar.

FHP, marzo de 2016

 

La terrorífica noche del demonio – Jean Brismée, 1971

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La terrificante notte del demonio (a.k.a. La plus longue nuit du diable)

Italia/Bélgica, 1971

Director: Jean Brismée

Género: Terror

Guión: Pierre-Claude Garnier, Patrice Rhomm

Intérpretes: Erika Blanc (Lisa), Jean Servais (Baron von Rhoneberg)

Música: Alessandro Alessadroni

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Argumento

La introducción que precede a los títulos de crédito nos sitúa en Berlín, durante un bombardeo aliado en 1945. El barón Karl von Rumberg, general de la Wehrmacht, se encuentra en su casa mientras fuera llueven las bombas. La guerra está perdida. Su esposa, la baronesa, está por dar a luz; pero se encuentra enferma, su estado físico es muy débil y fallece tras el parto. Von Rumberg espera que el bebé sea un niño. Mas la descendencia del barón no es un varón, sino una fémina… El general le dice a sus asistentes que se marchen al refugio, y él se queda sólo con la recién nacida. Tras bautizarla simbólicamente, hunde un puñal en el cuerpo de la pequeña. Lo hace con cara de resignación, como si de algún modo se viera forzado a cometer un acto tan abominable.

Muchos años después, en la época “actual” (es decir, cuando se rodó la película, en 1971) el barón vive retirado en el gran castillo familiar con su mayordomo y una criada. Crímenes espantosos suceden de cuando en cuando en las inmediaciones, y los lugareños los achacan a una misteriosa mujer conocida como “La Endemoniada”.

Un autobús portando a bordo un grupo de turistas circula por la zona. A causa del temporal, el guía del grupo y conductor del vehículo decide que lo mejor será detenerse. Preguntan a un extraño individuo delgado, de nariz aquilina y vestido de negro dónde pueden pasar la noche; y el siniestro hombrecillo (que parece un enterrador) les indica el castillo del barón von Rumberg.

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El grupo, compuesto en total por siete personas, entra en el inmenso y tenebroso castillo. Las puertas se abren solas. De improviso aparece el mayordomo, que conduce a los recién llegados a los aposentos para ellos dispuestos – parece como si ya les estuvieran esperando…

El guía del grupo se llama Max y es un glotón empedernido. Con él viajan seis turistas: Un joven cura llamado Alvin (que como luego descubriremos es todavía en realidad un seminarista); dos bellas muchachas, Corinne y Cathrine; un matrimonio, Howard y Nancy; y un viejo gruñón apellidado Mason.

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Ivana Novak como Corinne

El mayordomo del castillo, Hans, explica que una maldición pesa sobre el lugar. Ya desde el siglo XIV han ido sucediendo desgracias y calamidades entre sus paredes. Saber eso, unido a la ya de por sí tétrica atmósfera, inquieta un tanto a los huéspedes. Más tarde aparece el barón, quien en su senectud se entretiene realizando experimentos alquímicos en el sótano.

El matrimonio compuesto por Howard y Nancy siempre está discutiendo. La voluptuosa Corinne flirtea coquetamente con Howard, y más adelante la insoportable Nancy pone a prueba los nervios de su marido con sus escenas de celos…

Durante la cena, los invitados preguntan al barón en qué consiste la maldición que mencionara su mayordomo. El aristócrata, cansado pero dispuesto a saciar la curiosidad de los presentes, les cuenta que en el siglo XIV un antepasado suyo hizo un pacto con el Diablo… Desde entonces, la primogénita de los barones von Rumberg sería consagrada a Satanás como súcubo, por todas las generaciones venideras. Cada vez que en el seno de la familia von Rumberg naciera en primer lugar una niña, ésta sería „La Endemoniada“.

„Pero usted no ha tenido ninguna hija, ¿verdad barón?“ inquiere Corinne. “Yo…no…” responde el caballero un tanto titubeante, deseando que no le hubieran hecho esa pregunta…

Esa noche, que es precisamente “El aniversario del Pacto”, llega una nueva viajera al castillo: Una pelirroja que dice llamarse Ilse Müller. La criada del barón ha abierto la puerta, y se siente visiblemente turbada al reconocerla “Dijiste que ya no volverías por aquí!”. Ilse se presenta y se une a los demás. Se sienta al lado del seminarista, y éste no puede evitar que sus ojos se posen en ella: Ilse es atractiva y va vestida de manera sugerente.

El hecho de que el barón sea un aficionado a la alquimia ha despertado la curiosidad de Nancy. Está convencida de que el barón ha logrado fabricar oro, y ávida de hacerse con algo del precioso metal, planea explorar el sótano cuando los demás estén durmiendo.

Su marido Howard también tiene algo previsto para la noche: Acostarse con la bella y provocadora Corinne (quien a su vez ya se ha revolcado antes lésbicamente con su compañera de habitación, la rubia Cathrine).

Mientras tanto, el tragaldabas Max intenta salir del castillo para buscar más provisiones que había dejado en el autobús, pero es imposible… El portón parece estar herméticamente cerrado. Mason trata de ayudarle pero todos sus esfuerzos son inútiles. De repente les sobresalta un agudo grito procedente de una de las habitaciones: Se trata de Cathrine, quien ha reaccionado despavorida al observar cómo gotea sangre del techo… Cuando Max, Mason y Corinne suben al piso superior comprueban que se trata de la sangre de un gato, que ha muerto brutalmente torturado con unos pinchos.

Con desasosiego, los turistas se percatan de que están encerrados en el castillo y de que en él hay suelto un psicópata… o algo peor…

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Comentario

Ésta co-producción italo-belga ha resultado ser un descubrimiento interesante. Siendo el director y los actores unos completos desconocidos y tratándose de un film de bajo presupuesto, uno está prejuiciosamente inclinado a pensar que debe por fuerza tratarse de un subproducto trash. La trama mil veces vista (unos viajeros que deben pasar la noche en un castillo del terror en el que uno a uno serán eliminados) parece confirmar las sospechas. Sin embargo, lo que inicialmente y de por sí parece un argumento de rutina y poco original, va tomando forma y convirtiéndose en una historia bien hilvanada que cuenta incluso con alguna que otra sorpresa.

Contrariamente a lo que sucedería en la típica película trash, los primeros muertos y escenas sangrientas no aparecen hasta bien entrados los 50 minutos de metraje. Hasta ese punto, la historia se va construyendo sólidamente, haciendo hincapié en el ambiente, en el desarrollo argumental y en la relación entre los personajes.

Es curioso señalar que las primeras víctimas de la súcubo Ilse perecen precisamente a causa de sus propias flaquezas: El zampabollos Max, atragantado durante un atracón; por su gula. Nancy, que quería robar el oro del castillo, y que se ahoga en una montaña de polvo dorado; por su codicia. Howard y Corinne; adulterio y lujuria, respectivamente… Y el único superviviente del grupo es el futuro cura. Quien hace un nuevo pacto con el Diablo (el fúnebre individuo que les recomendó hospedarse en el castillo) para salvar las almas de sus compañeros… y quien despierta a la mañana siguiente y encontrándose con que todo había sido un sueño y con que los demás están sanos y salvos (…¿pero aún por mucho tiempo?)

Si el barón mató a su hija recién nacida para evitar que la maldición de la Endemoniada continuara, ¿cómo es que ésta aún existe? Porque el barón ignoraba que Ilse era la hija ilegítima de su hermano mayor, y por tanto la primogénita de los von Rumberg – el sacrificio de su propia hija era inútil, pues la Endemoniada (su sobrina) ya había nacido antes…

Ésta “La terrificante notte del demonio” es el único largometraje de su director, el belga Jean Brismée (el resto de su escueta filmografía consiste en capítulos de series de televisión y documentales). El estilo visual y narrativo se asemeja en muchos aspectos al de directores curtidos y especialistas del terror como Jesús Franco y Jean Rollin.

La actriz principal es la italiana Erika Blanc (nombre real Enrica Bianchi) en el rol de Ilse. Recuerda bastante fisonómicamente a otra intérprete igual de ignota, Annik Borel, quien encarnó a Daniela en “La Mujer Lobo” (Rino Di Silvestro, 1975).

FHP, agosto de 2015

 

 

Zatoichi senryo-kubi (“Zatoichi y el baúl del oro”) – Kazuo Ikehiro, 1964

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Zatoichi senryo-kubi (a.k.a. “Zatoichi and the chest of gold”)

Japón, 1964

Director: Kazuo Ikehiro

Género: chanbara, jidaigeki

Guión: Minoru Inuzuka

Intérpretes: Shintaro Katsu (Zatoichi), Tomisaburo Wakayama (Joshiro)

Música: Ichiro Saito

Argumento

Ichi, el masajista ciego, llega a la ciudad de Itakura para honrar la memoria de un viejo conocido allí sepultado. Un año atrás, Zatoichi se vio obligado a matar en combate a aquel hombre, pues ambos habían tomado partido por dos bandos opuestos durante una contienda. En Itakura, Ichi es reconocido por la hermana del difunto. La joven Chiyo comienza a acecharle, con la esperanza de tener la oportunidad de vengarse.

En las inmediaciones del cementerio que el masajista acaba de visitar, los campesinos locales están celebrando una fiesta. Todos están exultantes de gozo, pues pese a la sequía que azota la zona finalmente han logrado reunir la cantidad de oro que el señor feudal de aquellas tierras exige como tributo. Zatoichi se une a los alegres pueblerinos y participa de su jolgorio, tocando junto a ellos el tradicional tambor.

Al mismo tiempo, unos ronin convertidos en bandidos han preparado un golpe y se disponen a llevarlo a la práctica: Su plan consiste en hacerse con el oro que los campesinos han juntado con enorme esfuerzo para pagar sus impuestos. El líder de la banda es el imponente Joshiro.

Cuando los labriegos portan el cofre destinado a las arcas del daimyo, son asaltados y los bandidos les arrebatan el oro. Tres de ellos ven a Zatoichi en las inmediaciones, y pensando que puede llegar a delatarlos (no se dan cuenta de que es ciego) intentan liquidarlo, pero el masajista con su espectacular dominio de la espada rápidamente los elimina a ellos.

Los campesinos están desesperados al haber perdido el oro con el que debían pagar a su señor. Como Zatoichi se hallaba cerca, y no es oriundo del área, su presencia de inmediato levanta las suspicacias de los vecinos de Itakura. Rápidamente se extiende el rumor de que él es uno de los ladrones. A difundir tal calumnia contribuye la hermana del hombre que Ichi mató en combate el año anterior.

El inflexible daimyo no cree al portavoz de los aldeanos, quien asegura entre lágrimas que los impuestos para él recaudados fueron saqueados por unos bandidos. El terrateniente concede 10 días de plazo para que los campesinos le entreguen el oro, de lo contrario deberán atenerse a las consecuencias…

Mientras tanto, Zatoichi es circundado por los lugareños. Éstos, exaltados y furibundos, le acusan directamente del robo y afirman “tener testigos”. Ichi les asegura que se trata de un error, y promete aclarar lo sucedido. El invidente masajista se entera de que los tres hombres que le atacaron y que él mató en defensa propia pertenecían al grupo del oyabun Chuji, por él conocido. Ese jefe yakuza tiene un refugio en las montañas, y hasta allí acude Ichi para tratar de arrojar luz al asunto. El oyabun era famoso en la región como benefactor de los humildes contra los abusos del severo daimyo, y por ello Ichi no se explica cómo sus hombres han podido cometer tal injusticia. Chuji, por su parte, está muy indignado con el masajista por haber éste acabado con tres de sus mejores espadachines. Cuando Ichi le expone lo sucedido y le pide explicaciones por el robo que tanto ha perjudicado a los campesinos, el oyabun reacciona sumamente extrañado y afirma no tener nada que ver. Así, Zatoichi entiende que los tres bandidos que le atacaron actuaron “por libre”, y que probablemente el cerebro del golpe es un yakuza desleal hacia su oyabun…

Efectivamente, el que ha tramado y ejecutado el robo a espaldas del benefactor popular Chuji es el ronin Joshiro, un individuo sin escrúpulos que destaca en el manejo del látigo. Zatoichi deberá emplearse a fondo para encontrarlo y enfrentarse a él, localizar el paradero del oro, devolvérselo a los legítimos propietarios y limpiar su nombre ante los habitantes de Itakura que injustamente le acusan de la fechoría.

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Comentario

Ésta es la sexta parte de una veintena de películas rodadas a lo largo de los años sesenta sobre las aventuras del ciego espadachín Zatoichi. Siempre movido por profundas convicciones y por su férreo sentido del honor, en ésta ocasión Ichi debe esclarecer el robo cometido a unos humildes campesinos para demostrar que él no tuvo relación alguna con el delito. Dos intrigantes mujeres, la astuta Ogin y la jovencita Chiyo (hermana del guerrero que el año anterior mató Zatoichi) tratarán de obstaculizar que el masajista invidente cumpla su loable propósito.

La ética de Zatoichi concuerda a la perfección con la del Bushido, aunque él está lejos de pertenecer a la casta samurai. Paradójicamente, muchos de los samurai “de nacimiento” y ronins (samurais errantes sin amo) que aparecen en éstas jidaigeki ignoran sistemáticamente los honorables preceptos del código Bushido; y es en cambio un vagabundo masajista ciego (perteneciente a una de las castas más bajas de la sociedad, casi comparable a la de los shudras o “intocables” de la India) quien mejor encarna esos divinos principios. Se nota pues que el Japón feudal de la era Tokugawa estaba ya en plena decadencia y se aproximaba a pasos agigantados a su fin (ésta película, como las demás de la serie de Zatoichi, está ambientada en los años ´40 del siglo XIX). No sólo la penetración occidental contribuyó a la caída del shogunato, sino también la degeneración de las clases altas (daimyos y samurais) y la corrupción de los poderosos (algo que también se aprecia en la trilogía sobre Kamisori Hanzo / “Hanzo the Razor” / Goyokiba previamente aquí reseñada – donde igualmente el magnífico Shintaro Katsu es el protagonista.

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Zatoichi (Katsu) y Joshiro (Wakayama)

En “The chest of gold” tenemos el raro privilegio de ver enfrentados en la misma película a los dos grandes del género chanbara: Por un lado Shintaro Katsu como el heróico Zatoichi y por el otro su hermano Tomisaburo Wakayama (Ogami Itto en Kozure Okami / “Lone Wolf and Cub”) como su antagonista el malvado ronin Joshiro. Del mismo modo que en “Zatoichi´s Pilgrimage” (también dirigida por Kazuo Ikehiro) su oponente Tohachi (Isao Yamagata) tiene como particularidad su pericia con el kyudo (tiro con arco), aquí Joshiro destaca en el uso de otro arma o técnica combativa: La del látigo.

FHP, agosto de 2015