La última casa a la izquierda – Wes Craven, 1972

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La última casa a la izquierda (V.O. The last house on the left)

EEUU, 1972

Director: Wes Craven

Guión: Wes Craven

Intérpretes: Sandra Cassel (Mari), Lucy Grantham (Phillys), David Hess (Krug Stillo)

Música: David Hess

Género: Thriller, slasher

Argumento

En vísperas de su cumpleaños, la adolescente Mari se dispone a acudir a un concierto junto a su amiga Phyllis. Las chicas viven en una zona campestre a las afueras de la ciudad. Los padres de Mari están un tanto inquietos porque no conocen demasiado bien a Phyllis y temen que su hija frecuente malas compañías. Pero la dejan ir, tras obsequiarla con un colgante con el símbolo de “Peace”.

De camino al concierto, las jóvenes toman alcohol y hablan de conseguir marihuana. En el coche, conduciendo rumbo a la ciudad, escuchan por la radio la noticia de la fuga de tres peligrosos delincuentes, a los que presumiblemente acompaña una mujer. Los tres criminales, que al escapar mataron a dos guardias, son psicópatas sin escrúpulos y están armados…

También los propios prófugos escuchan la radio desde su escondite. Se han atrincherado en un piso de la ciudad. Son Krug Stillo, quien parece ser el líder del grupo; Fred “El Comadreja” Podowsky y el drogadicto Junior, hermano pequeño del primero. La amiga del trío se llama Sadie.

Mari y Phyllis llegan a la ciudad para el concierto, pero todavía no tienen marihuana. Se les ocurre la desafortunada idea de preguntarle por droga precisamente a Junior, el yonki de la banda, quien se encontraba vigilando en la calle.

Junior lleva a las chicas hasta la madriguera de sus compinches, depredadores natos que se regocijan ante la llegada de nuevas víctimas. Mari y Phyllis han caído en una trampa fatal…

Mientras tanto, ajenos a la tragedia que se cierne sobre ellos, los padres de Mari preparan alegremente la fiesta de cumpleaños de su hija. Sólo a la mañana siguiente, cuando se dan cuenta de que Mari no ha regresado, inician seriamente a preocuparse y llaman a la policía. El sheriff le resta importancia al asunto, y manifiesta su confianza de que la muchacha regresará próximamente…

Pero Mari y Phillys siguen atrapadas por el cuarteto de perturbados. Éstos introducen a las chicas en el maletero de su coche y abandonan su escondite en la ciudad con destino al bosque. Pretenden allí someter a las adolescentes a mil y una vejaciones.

El coche de los delincuentes se queda de improviso sin gasolina, y los maleantes proceden a sacar a las chicas del maletero, para internarse con ellas en la espesura. Allí, la maniatada Mari se percata de que están a un tiro de piedra de su casa – Pero siente la impotencia de no poder hacer aún nada para liberarse.

Las abducidas esperarán el momento idóneo para escapar. Pero saben que, si su fuga se frustra y son nuevamente capturadas, los criminales no dudarán en cometer con ellas los más viles excesos de la barbarie…

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Comentario

Tras finalmente visionar el original “La última casa a la izquierda” de Wes Craven (1972) no puedo más que asombrarme tras constatar la casi idéntica trama, línea argumental y caracterización de los personajes respecto a la italiana “L´ultimo treno della notte” (Aldo Lado, 1975).

Ya sabía que varios directores italianos habían adoptado la exitosa fórmula de ésta opera prima de Wes Craven (el subgénero de “criminales prófugos que toman chicas como rehenes, las torturan violan y matan”); pero en el caso del memorable film de Aldo Lado (rodado tres años después de “La última casa a la izquierda”) las analogías son tan abrumadoras que casi podríamos decir que estamos ante un apócrifo remake.

En ambas películas el padre de una de las chicas es médico, en ambas está preparándose una celebración (en “L´ultimo treno della notte” son las Navidades, en “Last house on the left” es el cumpleaños de la protagonista); en las dos hay un yonki en el grupo de maleantes, y también una chica perversa (en éste caso Sadie, nombre muy apropiado para ésta sádica). En los dos films, los delincuentes llegan casualmente hasta la casa de los padres de una de sus víctimas – y cuando éstos se enteran de lo que ha sucedido y se dan cuenta de quiénes son sus “huéspedes”, el padre (y en ésta original de Craven también la madre) se aprestan a tomarse la justicia por su mano (lo que acerca a ambas películas al subgénero de “Rape&revenge”).

También el detalle del “regalo” está presente en el largometraje original y en el italiano: En el film de Aldo Lado se trata de la corbata de colores chillones que una de las chicas iba a regalar a su padre por Navidad (cuando los delincuentes llegan a la casa, uno de ellos la lleva puesta). Y en “La última casa a la izquierda” es el colgante de Mari con el símbolo de “peace”, que ella regaló al yonki para tratar de ganarse su confianza. (Por cierto: El hippiesco emblema del “peace” es en realidad la Runa de la Muerte… Quién sabe si Wes Craven no quiso, con ese detalle, señalar de antemano el destino que le esperaba a la desdichada Mari).

Sin embargo, y pese a descubrir con un cierto desengaño la poca originalidad de la película de Aldo Lado, sigo prefiriendo la versión italiana – Que me parece de una superior calidad técnica y artística, y cuenta con una atmósfera más cruda, claustrofóbica y tensa. Además, en mi opinión, era más fácil sentir empatía hacia las dulces e inocentes chicas del tren que por éstas dos del concierto – quienes, después de todo, se metieron ellas mismas en la “boca del lobo” (Moraleja: No toméis drogas). “L´ultimo treno della notte” cuenta con una magnífica banda sonora, a cargo de Ennio Morricone y con una canción de Demis Roussos como tema principal. La música de “Last house on the left”, a base de toques hippys y countries (compuesta por el actor David Hess), no es particularmente destacable.

Los dos policías, que en realidad no aportan nada al desarrollo de la trama, ponen una cierta nota cómica a la violenta película – Esa comicidad alcanza su apogeo en la escena del camión de pollos…

Krug Stillo, el líder del feroz cuarteto, está interpretado por David Hess – Quien se puso en la piel de un personaje muy similar en la recomendable “Autostop Rosso Sangue” (Pasquale Festa Campanile, 1977), protagonizada por Franco Nero y Corinne Cléry. Los demás actores son prácticamente unos completos desconocidos; quizás con la excepción de Fred J. Lincoln (“Fred the Weasel Podowski”), quien más tarde se haría un hueco, como director y productor, en la industria del porno.

FHP, abril 2016

 

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