Serie „Oshi Samurai“ („El Samurai Mudo“) con Tomisaburo Wakayama

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Serie jidaigeki „Oshi Samurai“ („El Samurai Mudo“) con Tomisaburo Wakayama

Tras el éxito de la saga sobre Zatoichi (el masajista ciego y experto espadachín que recorre el Japón decimonónico “desfaziendo entuertos”), el protagonista Shintaro Katsu lanzó en 1973 una serie de televisión de 26 capítulos que sería protagonizada por su hermano Tomisaburo Wakayama. Ésta vez, el personaje principal ya no sería un justiciero ciego… sino uno mudo: “Oshi Samurai”.

Kiichi Hogan (“Magistrado del Demonio”) es el nombre por el cual el siempre silencioso ronin es conocido. Su padre (Yanagida Toemon) era un funcionario shogunal, un honesto e incorruptible magistrado que se opuso a comerciantes sin escrúpulos y a la influencia mercantil procedente del exterior. Por su tenaz lucha contra las transacciones ilegales y especulativas fue asesinado por un mercader español; un tal González. Éste además violó a la novia de Yanagida Kennosuke ante sus ojos, y después le rajó a él la garganta, dándole por muerto. Pero Kennosuke (alias Kiichi Hogan) sobrevivió, aunque al ser dañadas sus cuerdas vocales perdió para siempre su facultad de hablar… transformándose así en el Oshi Samurai – el Samurai Mudo, sediento de venganza.

Desde entonces, Kiichi vaga por todo Dai Nippon buscando sin descanso a González, y enfrentándose mientras tanto a todos los maleantes y corruptos que se cruzan en su camino. Pues del mismo modo que el ciego Zatoichi se ganaba el pan desempeñando la tarea de masajista, el mudo Kiichi es un implacable shokin kasegi – un cazarrecompensas. Lo que ambos tienen en común (además de padecer una tara física) es el prodigioso manejo la espada, que en manos tanto del uno como del otro se desenvaina, golpea y se vuelve a envainar con la precisión y la velocidad del rayo.

El argumento de “Oshi samurai” resulta reminiscente al del italo-western “Il Grande Silenzio” de Sergio Corbucci (1968), donde el héroe es un solitario pistolero mudo (Jean Louis Trintignant), que busca vengarse de un malvado forajido (Klaus Kinski).

Aunque los atuendos tradicionales y todo en la apariencia de los personajes japoneses y ciudades es idéntico a la estética de la saga Zatoichi, es de suponer que la serie “Oshi Samurai” está ambientada en una época bastante anterior (probablemente hacia mitades del siglo XVII). Pues en 1639 las autoridades del shogunato Tokugawa habían decretado el sakoku, o aislamiento total, para blindarse de la perniciosa influencia que los mercaderes extranjeros (como el tal González) ejercían sobre el país del Sol Naciente. Ello también provocó que el cristianismo (traído por misioneros portugueses y españoles) fuera prohibido desde entonces, pues el shogunato contemplaba a esa religión “globalista” como una especie de “caballo de Troya”, una amenaza a la estabilidad nacional. En “Oshi Samurai” aparecen europeos (navegantes, mercaderes…) e iglesias cristianas, lo que implica que el sakoku todavía no había sido implementado. Desde el siglo XVII hasta la abolición del shogunato en 1868, año de la proclamación de la Era Meiji y de la apertura al mundo exterior, Japón quedó “congelado en el tiempo”, por ello las vestimentas, la arquitectura y las armas son idénticas en “Oshi samurai” y en “Zatoichi”, que está ambientada dos siglos después.

ACTUALIZACIÓNEscribí el párrafo anterior habiendo visto sólo los dos primeros capítulos. Tras visionar la serie al completo, debo corregir la impresión inicial: “Oshi Samurai” está ambientada (al igual que Zatoichi) en los últimos años del Shogunato, cuando Japón volvía tímidamente a abrirse al mundo, y no antes del sakoku. La historia de Kiichi Hogan se desarrolla a lo largo de los años 40 del siglo XIX. (En posteriores episodios aparecen con frecuencia armas de fuego, y aproximadamente a partir del capítulo 15 Kiichi posee un revólver al estilo del Oeste americano, que usa con la misma destreza que su katana).

El sakoku tuvo cosas positivas (como la preservación durante muchas décadas de la soberanía nacional), pero finalmente también negativas: Pues mientras los occidentales habían evolucionado mucho a nivel tecnológico, los japoneses seguían estancados con unos sistemas de defensa demasiado arcaicos: Así, no les fue posible defenderse con sus katanas y lanzas de los cañonazos del comodoro Perry – De manera paradójica, el férreo aislamiento que debía asegurarles la conservación de su soberanía contribuyó finalmente a lo contrario.

“Oshi Samurai”, emitida en la televisión japonesa entre 1973 y 1974, estuvo producida por Shintaro Katsu (intérprete de los inolvidables Zatoichi y “Hanzo el Navaja”), quien dirigió además el primer capítulo. Katsu también participa como actor en el rol secundario del misterioso Manji, quien sigue a Kiichi desde el primer capítulo por un motivo que poco a poco se irá esclareciendo.

Además. Shintaro Katsu es el intérprete de la canción que acompaña a los títulos de crédito (con la música compuesta por Isao Tomita).

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Tomisaburo Wakayama (quien encarna a Ogami Itto en Kozure Okami y al pendenciero sacerdote budista Shinkai en Gokuaku Bozu) da vida al hierático e imperturbable Kiichi Hogan, el rapado samurai mudo. Siendo como su hermano Shintaro Katsu un rostro habitual en las jidaigeki de los años sesenta y setenta, Wakayama practicó artes marciales para meterse mejor en los papeles que interpretaba. Entrenó en las disciplinas del kendo y el iaido, aprendiendo el manejo de la katana, y era además cinturón negro de judo. Jamás usó dobles en las escenas de acción, ni tampoco durante el rodaje de combates y la lucha con espadas.

La idea de hacer una serie televisiva chanbara sobre un samurai mudo parte de Hideo Gosha (probablemente inspirado por la corbucciana “Il Grande Silenzio”). Gosha fue un gran director del género jidaigeki que cuenta en su filmografía con excelentes películas como Sanbiki no samurai a.k.a. “Three outlaw samurai” (1964), Hitokiri (1969) o el epos yakuza Sussho Iwai a.k.a. “The Wolves”(1971). En Hitokiri, Shintaro Katsu comparte cartel con Yukio Mishima, el famoso escritor que un año después se practicaría el seppuku y que en esa película participa interpretando al samurai Tanaka Shinbei.

La excelente banda sonora de Oshi Samurai fue compuesta por el célebre Isao Tomita, pionero de la música electrónica con sintetizadores y el “ambient” (especialmente la space music, que evoca viajes espaciales y la reconditez del cosmos – por lo que sus composiciones con frecuencia fueron usadas para films de ciencia ficción). Tomita creó también la música de la segunda parte de la trilogía de Goyokiba (“Hanzo the Razor: The Snare”).

La atmósfera en Oshi samurai es tan oscura, violenta y melancólica como en los mejores westerns de Sergio Leone. Los 26 capítulos de la serie (de una duración aproximada de 45 minutos cada uno) sí están relacionados entre sí (el hilo conductor es la búsqueda de González), por lo que no es recomendable verlos de manera salteada (como sí es posible, por ejemplo en el caso de Zatoichi).

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En “Oshi Samurai”, Tomisaburo Wakayama tiene un aspecto bastante diferente al que presenta como Ogami Itto en “Lone Wolf and Cub”. Ogami lleva el pelo largo, recogido al tradicional estilo samurai, tiene las cejas muy espesas y no luce bigote. En cambio, Kiichi tiene el pelo muy corto (al principio lleva la cabeza rapada), tiene un fino bigote y casi siempre porta un gran sombrero a modo de protección solar. Es muy curioso el detalle de que se ha instalado un espejo retrovisor en su sombrero, de modo que sin girarse puede ver llegar a los enemigos que tiene a sus espaldas.

Además del enorme sombrero, el característico atuendo del cazarrecompensas también incluye un poncho y unos guantes de cuero, así como una malas (rosario budista) enrrollada en la muñeca izquierda y un pañuelo en el cuello que sirve para ocultar la gran cicatriz. Dos fieles animales suelen acompañar al mudo justiciero (y tienen incluso algún rol vital en más de un capítulo): Su caballo negro y su perrito blanco.

Los DVDs de la serie “Oshi samurai”, incluyendo todos los episodios, se pueden conseguir a través de Fareastflix.com.

Una serie occidental que en cierto modo recuerda por su parecido estilístico a “Oshi Samurai” es la franco-británica “Guillermo Tell” (“Crossbow” en versión original), rodada a partir de 1987 y emitida en España por vez primera alrededor de 1993. En la versión televisiva sobre las medievales peripecias del legendario ballestero suizo (interpretado por Will Lyman), éste también vive una aventura diferente en cada capítulo, enfrentándose al villano Gessler (Jeremy Clyde). Los episodios de “Guillermo Tell”, sin embargo, son mucho más cortos; pero la serie es bastante más larga que “Oshi Samurai”, llegando a tener varias temporadas. Al igual que las aventuras del cazarrecompensas mudo cuentan con la fantástica banda sonora de Isao Tomita, la serie de Guillermo Tell también tiene una música estupenda (y bastante ochentera), compuesta por el polaco Stanislas Syrewicz.

Escena del capítulo 15 – Kiichi Hogan lucha contra varios enemigos

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Three outlaw samurai (V.O. Sanbiki no samurai) – Hideo Gosha, 1964

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Three outlaw samurai (V.O. Sanbiki no samurai)

Japón, 1964

Director: Hideo Gosha

Género: Chambara

Guión: Hideo Gosha, Keiichi Abe

Intérpretes: Tetsuro Tanba (Sakon Shiba), Isamu Nagato (Kyojuro Sakura), Mikijiro Hira (Einosuke Kikyo)

Música: Toshiaki Tsushima

Calificación: 8,5

Argumento

El ronin errante Shiba (Tetsuro Tanba) llega a un viejo molino (atraído por una pinza para los cabellos que halla en las inmediaciones, y que debe pertenecer a alguna dama de alcurnia). Una vez allí, se encuentra con que tres campesinos tienen retenida a una chica. Ésta ha sido secuestrada porque es la hija del administrador de la provincia, Uzaemon Matsushita, que tiraniza a los lugareños y les hace pagar impuestos desorbitantes. Los tres campesinos reclaman una mejora de sus condiciones de vida a cambio de liberar a la joven Aya.

Mientras tanto, las autoridades han descubierto quienes han organizado el rapto, y en su palacio, Matsushita da la orden de atacar el molino para rescatar a la hija.

Shiba por su parte, tras conocer el motivo del secuestro, decide ponerse de parte de los campesinos y lucha junto a ellos contra los hombres del tiránico administrador. Éstos son derrotados gracias al hábil ronin.

Más tarde, Matsushita envía a hombres de élite para que reduzcan a Shiba, hombres reclutados entre samurais como Kikyo y Sakura (éste último un ronin encarcelado). Cuando llegan al molino, Shiba sale al encuentro de los nuevos antagonistas, y tras vencer en combate a algunos de ellos, Sakura decide unirse a los campesinos al conocer la noble causa de éstos. Sakura también trae consigo provisiones, que ya comenzaban a escasear para los aldeanos. Lo que éstos ignoran es que esos alimentos fueron robados a un labrador del lugar, conocido por todos allí (el cual fue muerto por Sakura).

Kikyo en cambio vuelve al palacio de Matsushita, pues prefiere vivir entre comodidades y tiene allí a su amante, la cruel Omaki. Ésta mantiene retenida a la hija de Jinbei, uno de los tres campesinos rebeldes.

Poco después vuelve a aparecer un destacamento ante el refugio de los resistentes, ésta vez conducido por el propio Matsushita. Llevan prisionera a la hija de Jinbei, y la maltratan ante los ojos de su padre; amenazando con matarla si no liberan a Aya.

Accidentalmente, terminan matando a la joven campesina, para gran desconsuelo e ira de su progenitor, que se dispone a degollar a la rehén. Ello es impedido por la rápida intervención del samurai Shiba, que como mediador busca llegar a un acuerdo con Matsushita: Su hija será liberada, a cambio de que los campesinos sean perdonados. Como alguien debe ser formal y ejemplarmente castigado, el mismo Shiba se ofrece para ser azotado; el castigo correspondiente será de cien latigazos. Así pues, Aya es liberada y Shiba arrestado y conducido a las mazmorras del palacio administrativo.

Tras los latigazos, el traicionero Matsushita no lo deja marchar sino que lo encierra en los calabozos, y ordena además liquidar a los campesinos. Cuando Sakura descubre la trampa, se dispone a rescatar a su amigo. La viuda del campesino que mató, Omoe, intenta impedírselo, pues ve en él un protector y está enamorada de él (sin saber que fue precisamente Sakura el responsable de la muerte de su esposo). Los tres secuestradores de Aya son asesinados por los hombres del administrador, mientras Shiba languidece en las mazmorras. El valiente y abnegado ronin se entera de la traición por Kikyo, uno de los hombres más temibles de Matsushita.

Sakura llega al palacio, informa a una cortesana sobre la detención de Shiba y la muerte de los campesinos, y la mujer (para la cual Jinbei había sido como un padre), libera al ronin encarcelado proporcionándole la llave, pero muere en el forcejeo con el vigilante de los calabozos. Éste ha dado las campanadas de alarma antes de expirar, pero el siguiente esbirro es ultimado por Kikyo, que decide ayudar a Shiba permitiéndole la fuga. Aya, que ve al malherido samurai tratando de escapar, le ayuda a salir de palacio (pues se siente atraída por él, y considera que le salvó la vida: “Si pudiera, me iría contigo”).

Antes de exhalar su último suspiro, el vigilante al que Kikyo malhirió puede aún revelar el nombre de éste como “su asesino”; por lo cual el administrador ordena que sea liquidado por traición, además de los otros dos samurais, que tienen el documento firmado por él en el que constaba que “los campesinos serían perdonados a cambio de los latigazos a Shiba” (un pacto incumplido). Éste documento, que portaba uno de los tres campesinos poco antes de ser rastreramente ejecutado, fue lanzado al río y la corriente lo llevó hasta que fue encontrado por los dos ronin.

Kikyo consigue escapar de sus verdugos, pero su amante Omaki no tiene la misma suerte, y perece bajo las espadas. Así, Kikyo decide finalmente unirse a Shiba y Sakura, convirtiéndose en el tercer samurai “fuera de la ley”. Mientras tanto, Sakura descubre que los hombres de Matsushita mantienen retenida a Omoe, y para lograr su liberación se ve obligado a confesar que el documento se encuentra donde sus amigos en el molino. Tras lograr salvar la vida de Omoe, pero avergonzado por revelar el paradero del documento, Sakura parte hacia el molino para auxiliar a sus camaradas en la lucha contra las tropas del administrador.

Shiba busca entregar el documento a los campesinos, instándoles a que lo lleven a las máximas autoridades shogunales para probar así el traicionero y deshonesto proceder de Matsushita. Pero los campesinos, resultan ser unos resignados pusilánimes, unos gusanos cobardes, que prefieren malvivir oprimidos y arrastrándose y que por lo tanto (como finalmente debe constatar el desconcertado ronin) no merecen ser ayudados.

Shiba y Kikyo se enfrentan entonces a los hombres de Matsushita, Sakura llega y entre los tres logran derrotar al enemigo. Tras la victoria, Shiba se dirige al palacio administrativo para ajustarle las cuentas al tirano y desleal Matsushita. Pero su hija Aya interviene, interponiéndose entre Shiba y su padre. El ronin, entonces, decide perdonarle la vida al déspota, pero de una kata le corta el moño, lo cual simbólicamente representa su derrota y su humillación.

A continuación, Shiba regresa donde le esperan sus camaradas y (tras lanzar la pinza para el cabello de Aya, que el ronin conservaba, para que les indicase una dirección seguir) los tres parten hacia nuevas tierras.

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Comentario

Excelente chambara del maestro Hideo Gosha, narra la historia del valiente y honorable samurai Shiba (interpretado por un magnífico Tetsuro Tanba) y de cómo se unió a la causa de unos campesinos oprimidos que (tras la eliminación de sus tres líderes) resultaron ser unos borregos cobardes que no merecían que un gran hombre se sacrificase por ellos.

El tema del film invita pues a la reflexión, a plantearse que la masa muchas veces es incapaz de luchar por su libertad sin los guías adecuados, sin alguien que canalice y amalgame el sentir popular; y que la calidad es siempre más importante que la cantidad – veáse como ilustrador ejemplo la destreza con la espada que demuestran los tres ronin contra las tropas (mucho más numerosas) del tirano Matsushita. La película también reivindica la camaradería y el honor, así como la importancia del respeto a la palabra dada.

En cuanto a las mujeres, se ponen de manifiesto los conflictos internos existentes en los dos principales personajes femeninos: Aya, la hija del déspota, enamorada del forajido; se debate entre la lealtad a su padre y su atracción por el ronin, impidiendo tanto la muerte del uno como del otro. Omoe, enamorada de Sakura, al principio está decidida a vengar la muerte de su marido, pero cuando Sakura le confiesa que es él el homicida, ello no cambia sus sentimientos.

Obra maestra del cine de samurais, de obligada visión para los amantes del género.

FHP, 2014

The Wolves (V.O. Shussho Iwai) – Hideo Gosha, 1971

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The Wolves (V.O. Shussho Iwai)

Japón, 1971

Director: Hideo Gosha

Género: Gendai-geki, Ninkyo-eiga (yakuza)

Guión: Hideo Gosha, Kei Tasaka

Intérpretes: Rumi Aiki, Hideyo Amamoto, Noburo Ando

Música: Masaru Sato

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Argumento

Japón, diciembre de 1926. Tras el fallecimiento del Emperador Taisho y la entrada en el periodo Showa con su sucesor Hirohito, el gobierno concedió una amnistía carcelaria de la que se beneficiaron varios convictos.

Entre ellos se encuentran algunos destacados integrantes de dos poderosas familias de la Yakuza: Los Kannon-gumi y los Enoki-ya. Éstos dos clanes están dispuestos a firmar la paz, y para ratificar los nuevos tiempos de mutua cooperación y zanjar definitavente sus seculares disputas, han decidido celebrar próximamente el enlace matrimonial entre Aya, la hija del fallecido líder de los Enoki-ya, y el nuevo jefe de los Kannon-gumi. A partir de ahora, se supone que los miembros de ambas familias pasarán a ser “aniki”, hermanos. Ésta reconciliación se produce bajo el arbitraje de un gran jefe Yakuza, que busca participar próximamente en la construcción de una red ferroviaria desde Japón hasta Manchuria.

Los miembros del Enoki-ya liberados tras la amnistía estaban cumpliendo una condena por el homicidio del antiguo jefe de los Kannon-gumi, mientras el viejo líder de los Enoki-ya (padre de Aya, la joven que ha de ser entregada al matrimonio de conveniencia) falleció supuestamente tras un derrame cerebral. Pero Aya está enamorada de otro yakuza, Tsutomu, quien también ha sido liberado, y no tiene la intención de casarse con el nuevo oyabun de los Kannon-gumi.

Se van sucediendo numerosas intrigas, asesinatos y traiciones, hasta el explosivo desenlace final, incluyendo un nocturno duelo en la playa con fiesta shintoísta de fondo.

Comentario

Muy buen film de yakuza dirigido por Hideo Gosha, uno de los máximos exponentes del género gendai-geki y del ninkyo-eiga. Las películas jidai-geki son aquellas cuyas historias se desarrollan en el periodo Edo, hacia finales del shogunato Tokugawa; es decir “las de samurais”, mientras que las gendai-geki están ambientadas en la época contemporánea, tras la restauración Meiji, y se las suele relacionar con el cine de yakuzas de los años sesenta y setenta. El ninkyo-eiga, literalmente “películas de caballería”, también hace referencia a los films de gangsters y alude a los yakuza como los nuevos samurais, es decir los “caballeros” de la época actual, tomando ellos el rol que los ronin desempeñaban en el siglo precedente, el papel de personajes que se guían por un rígido y ancestral código de honor que para la mayoría de los japoneses en la “sociedad legal” moderna se considera desfasado: “En nuestro mundo, romper una promesa significa derramamiento de sangre” dice uno de los gangsters de ésta película. Tema principal de los ninkyo-eiga es el conflicto entre giri y ninjo, es decir entre la obligación hacia el clan (hacia la comunidad) y los sentimientos personales del yakuza.

En “Shussho Iwai” (título internacional “The Wolves”) tenemos un melodrama gangsteril sobre la rivalidad nunca superada y la problemática reconciliación entre dos clanes; incluyendo las viejas heridas que no terminan de cicatrizar, las traiciones y conspirativas intrigas siempre a la orden del día; y con reminiscencias a la arquetípica y trágica historia de amor de “Romeo y Julieta”. Éste film de Gosha es estilísticamente muy potente, y aunque en ocasiones la trama pueda resultar confusa, es innegable el poderío visual y los tonos poéticos que la película irradia. Su carácter casi épico la convierte en un precedente japonés de joyas del cine como “Goodfellas” (1990) o “Casino” (1995), e Hideo Gosha puede ser considerado a todas luces como una especie de Scorsese nipón.

Hideo Gosha (1929-1992) dirigió en 1969 Hitokiri, film de samurais donde su amigo el famoso escritor nacionalista Yukio Mishima participa como actor (interpretando al ronin Tanaka Shinbei), junto a dos grandes de la talla de Shintaro Katsu (serie de Zatoichi, trilogía de Goyokiba…) y Tatsuya Nakadai (Seppuku,1962…). Mishima, gran aficionado al cine de yakuza y admirador de Hideo Gosha, no llegaría a ver Shussho Iwai, puesto que se había inmolado en 1970, un año antes de su estreno.

FHP, 2014