Antropophagus – Joe D´Amato, 1980

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(Reseña escrita por el autor del blog el 17.07.2008)

Antropophagus a.k.a. „Gomia, Terror en el Mar Egeo“

Italia, 1980

Director: Joe D´Amato

Género: Terror

Guión: Joe D´Amato, Luigi Montefiori (a.k.a. George Eastman)

Intérpretes: Tisa Farrow (Julie), Saverio Vallone (Andy), Luigi Montefiori/George Eastman (Nikos Karamanlis, el caníbal)

Música: Marcello Giombini

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Ésta controvertida película, la segunda de Joe D´Amato que tengo la oportunidad de visionar, levanta pasiones entre los amantes del cine italiano de terror. Unos la consideran una obra maestra, otros un bodrio. Tal vez influya que hay dos versiones distintas en circulación: La italiana, íntegra y original; y la estadounidense, conocida como “The Grim Reaper” fuertemente censurada y sin la excelente banda sonora que la hace tan especial (Para que se adaptase mejor al mercado norteamericano y sus cánones hollywoodienses). Yo he tenido la fortuna de ver la primera, la versión italiana, que es la que se encuentra mayormente en Europa.

“Antropophagus” tiene la atractiva reputación de ser considerada una película maldita, que está prohibida en multitud de países, lo quela convierte en una codiciada joya de difícil acceso. Esa misma característica la comparte con su film compatriota “Cannibal Holocaust”, de Ruggero Deodato; aunque ésta última tenga una fama mucho mayor. Y es que ambas no solo comparten nacionalidad y status de culto, sino también temática “gastronómica”. Salvando las distancias (nunca mejor dicho), pues la una está ambientada en las selvas del Amazonas y la otra en una isla del mar Egeo. En la primera los caníbales son los integrantes de una tribu indígena, en la segunda el atropófago es un solo hombre enloquecido.

En las primeras secuencias vemos como una pareja de turistas alemanes pasea feliz por un costero pueblecito mediterráneo de casas blancas, dirigiéndose a la playa. Ella se dispone a bañarse y él se tumba en la arena para escuchar música a través de unos auriculares. Una figura humana descomunal bucea bajo el punto donde la chica está nadando, la agarra del tobillo, la estira hacia abajo, y seguidamente vemos como el agua se tiñe de rojo sangre. Entonces, a cámara subjetiva (desde la perspectiva del monstruo) la amenaza se va acercando al descuidado alemán, que aún no advierte el peligro, y un cuchillo de carnicero le es hundido en el cráneo.

Tras ésta escena inicial conocemos a los protagonistas, un grupo de jóvenes que disfrutan en Atenas de sus vacaciones y se disponen a emprender un viaje por mar para visitar las islas del Egeo. Una de las chicas tiene amigos que veranean en una de esas islas, por lo que el grupo se dirige en barco hacia allí. Otra tiene una baraja de cartas de tarot y se dispone a leérselas a sus compañeros durante el trayecto. Una embarazada, integrante del elenco, desea saber si será niño o niña, si estará sano, etc. y se lo pregunta a la tarotista. Ésta observa las cartas que han salido, confusa y turbada, para finalmente decir titubeante que esa combinación es tan complicada que no puede interpretarla. Cuando la embarazada sale del camarote, la aficionada al esoterismo le confiesa acongojada a otra de sus amigas que cuando las cartas no muestran el futuro de una persona es porque esa persona no tiene futuro. La intuitiva mujer intenta convencer a los demás para que no vayan a la isla, pues percibe que algo maligno se cierne sobre ellos, pero nadie la toma en serio. Y hacen mal.

Cuando el barco atraca en la costa, los jóvenes se dirigen al pequeño pueblo de blancas casas que vimos al principio. La embarazada, que debido a su avanzado estado de gestación se encuentra indispuesta para caminar al mismo ritmo que los demás, permanece en el barco con el marinero que los ha llevado hasta allí. Los otros comprueban anonadados que en el municipio no hay nadie, y que el último telegrama fue enviado hace meses. (No hay servicio de teléfono en la isla). Se trata de un pueblo fantasma.

El grupo llega a la casa donde se supone que veranean los amigos de una de las chicas, y descubren con estupor que tampoco allí hay señales de vida. Por la noche encuentran en el sótano a una muchacha ciega, hija de los dueños, que aterrorizada y en estado de shock les habla de la desaparición de sus padres, y de la presencia de un voraz asesino que huele a sangre humana y que ha ido decimando la ya de por sí escasa población de la isla.

A la mañana siguiente, los turistas retornan a la playa para reunirse con la embarazada y el marinero, y con pánico cotejan que el barco se ha adentrado en el mar y que no hay rastro de ambos. Un terror abstracto se respira en el ambiente y va tomando su forma. Una oprimente angustia va estrangulando al grupo, el cual poco a poco irá menguando.

Más adelante descubriremos que el antropófago que da nombre a la película, interpretado por Luigi Montefiori (a.k.a. George Eastman), es un ermitaño que habita en unas lobregas catacumbas, superviviente de un aparatoso naufragio. Cuando zozobró su barco, se vió a bordo de una inestable lancha, perdido en el mar en compañía de su mujer y de su hijo, ya muerto durante el accidente. Nikos Karamanlis, que así se llamaba el náufrago, famélico y deshauciado, propuso a su mujer que se comieran el cadáver del hijo para sobrevivir; a lo que ella se negó. Tras un forcejeo mata involuntariamente a su esposa, se vuelve loco y devora ambos cuerpos. Más tarde, una vez en tierra y ya convertido en bestia psicópata, se dedicará a asesinar a los pueblerinos para calmar su ansia de carne humana.

Ésta tragedia nos remite a la historia del Conde Ugolino, narrada en la Divina Comedia de Dante, quien víctima del hambre se vió obligado a comerse a sus seres queridos para sobrevivir, tras lo cual pierde la razón. También se establecen paralelismos entre el monstruo de éste film y el cíclope Polifemo de la mitología griega.

SPOILER: La película contiene dos “famosas escenas” de las que ya había oído hablar antes de verlas, e imagino que el impacto habría sido mayor de no haber sabido yo nada al respecto. Una es el ataque del monstruo a la embarazada: Le arranca el feto de sus entrañas y se lo come. La otra tiene lugar al final; cuando Karamanlis, a quien uno de los turistas ha logrado reducir clavándole un pico en el estómago, cae de rodillas herido de muerte y se saca sus propias tripas para devorarlas, antes de desplomarse definitivamente muerto. Éstas escenas fueron cortadas para la versión de EEUU llamada “The Grim Reaper”. FIN DEL SPOILER.

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Cuando Joe D´Amato dirigió “Antropophagus” lo hizo con el único propósito de ganar dinero, sin interés artístico alguno. Lo cierto es que, sin pretenderlo, logró una película de puro terror visceral, con una atmósfera agobiante, claustrofóbica e hipertensa. A ello contribuyen fundamentalmente el lento ritmo narrativo, que a algunos puede incitar al letargo pero en mi opinión es fundamental para conseguir un ambiente opresivo; los juegos de cámara (no vemos al monstruo hasta bien entrado el metraje, pero D´Amato nos permite ver a través de sus ojos mediante planos subjetivos), la iluminación y las sombras, al estilo del “Nosferatu” de Murnau, la cueva del ermitaño psicópata, llena de esqueletos y momias (de verdad, pues esas escenas fueron rodadas en unas catacumbas a las afueras de Roma), el pueblo fantasma y su tétrico cementerio, donde una de las protagonistas se queda encerrada de noche mientras el caníbal acecha… Y sobre todo, cómo no, la excelente banda sonora de Marcello Giombini, que en mi opinión es mucho más importante para entender la película y disfrutar de ella que los diálogos de los personajes. Una música de tintes experimentales, minimalista y creada por sintetizador con sonidos de órgano insertados, espectralmente hipnótica, que consigue realzar hasta la cumbre el poderío visual del film.

Lastimadamente, Joe D´Amato no volvió a hacer más películas como “Buio Omega” o “Antropophagus”. En los años noventa decidió pasarse a la industria del porno duro, dirigiendo películas hardcore porque por lo visto era lo que siempre había querido hacer, y además se dió cuenta de que le salía más rentable económicamente.

Tal vez algún dia cae en mi poder alguna otra película de Masaccesi que merezca la pena ser comentada ya sea por su bizarrez o por su interés cinéfago.

FHP, 2008

 

La flor de pétalos de acero – Gianfranco Piccioli, 1973

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La flor de pétalos de acero (V.O. Il fiore dai petali d´acciaio)

Italia, 1973

Director: Gianfranco Piccioli

Género: Giallo

Guión: Gianfranco Piccioli, Gianni Martucci

Intérpretes: Gianni Garko (Dr. Andrea Valenti), Carroll Baker (Evelyn)

Música: Marcello Giombini

Argumento

El doctor Andrea Valenti es un prestigioso cirujano que trabaja en un hospital de Roma. Su esposa Daniela, de la que está pensando divorciarse, acaba de salir del manicomio donde durante años estuvo internada. Andrea no quiere volver a verla, pero Daniela le acosa merodeando por los alrededores de su domicilio y una noche cuando el cirujano regresa de su trabajo se la encuentra en casa. En el transcurso de una acalorada discusión, Andrea la empuja, y ella cae sobre unas plantas decorativas de hojas metálicas hiriéndose fatalmente. Las hojas de esa planta artificial son puntiguadas y afiladas como cuchillos, y Daniela muere en el acto.

En lugar de llamar a la policía, temiendo que nadie creería que se ha tratado de un accidente, Andrea decide hacer desaparecer el cadáver. Como es cirujano y posee amplios conocimientos anatómicos, se dispone a descuartizar el cuerpo en la bañera, empleando para ello su bisturí y otras herramientas profesionales. Después lleva los pedazos en bolsas de plástico al maletero de su coche… siendo observado en el proceso por una chismosa vecina. Los restos del cuerpo los transporta hasta la trituradora de un vertedero de basuras, y contempla, ya algo más tranquilo, como las “pruebas del crimen” se convierten en puré.

Sin embargo, a la mañana siguiente, le sobresalta alguien que insistentemente llama a su timbre. Se trata de Evelyn, la hermana de Daniela, que insiste en ver a ésta. Andrea le dice que no se encuentra allí, pero Evelyn sólo le cree al inspeccionar la casa. “¿Hasta qué hora se quedó anoche?” inquiere Evelyn. “¡Anoche no estuvo aquí!” responde alarmado el cirujano. “¡Ella me dijo que pensaba ir a tu casa! Además, si no vino aquí … ¿por qué su coche está aparcado fuera?” Andrea se da cuenta de que Evelyn va a proporcionarle más de un quebradero de cabeza…

Durante la jornada en el hospital, el doctor Valenti recibe una visita no demasiado agradable: El inspector Garrano, detective de la policía, desea hacerle unas preguntas. Evelyn ha denunciado la desaparición de Daniela y ha declarado que Andrea fue el último que la vió. El cirujano, cada vez más intranquilo, vuelve a reiterar que la mujer no estuvo la noche anterior en su casa y que no sabe a donde puede haber ido.

Evelyn intenta persuadir al comisario de que a Daniela le ha sucedido algo, insistiendo en que Andrea tiene que ser el culpable. Evelyn le cuenta además al policía que su “hermana pequeña” (en realidad Daniela es una amiga por la que siente instintos maternales y sobreprotectores) fue internada en el manicomio sin estar realmente loca, sino sólo porque el influyente doctor Valenti quería librarse de ella. Daniela pertenecía a una familia acaudalada, y Evelyn insinúa que Andrea se casó con ella sólo por su dinero, para quitársela de su camino una vez conseguida la posición social a la que aspiraba.

Garrano acude al manicomio donde estuvo Daniela, para hablar con el director del centro. Cuando el policía le sugiere al máximo responsable del psiquiátrico que pudo haber algún tipo de fraude en el internamiento de la desaparecida por parte del marido, el director del manicomio responde “Ustedes de la policía piensan que todos son delincuentes”; a lo que el detective repone “Y ustedes que todos están locos”.

Andrea ha hecho desaparecer el cadáver, y no hay pruebas contra él. Sin embargo, está cada vez más preocupado. Su amante, la enfermera Lena, comienza a notarlo también. Mientras tanto, el inspector Garrano y la “entrometida” Evelyn continuarán indagando para averiguar qué le sucedió a Daniela.

Pronto Andrea va a tener motivos para inquietarse todavía más: comienza a recibir cartas anónimas con fotos que prueban que es responsable de la desaparición de su esposa. Al parecer, alguno de los vecinos le espiaba, y aprovecha ahora su comprometida situación para hacerle chantaje…

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Comentario

Interesantísimo y tenso giallo con un planteamiento atípico para el género. Normalmente no se descubre hasta el final quien es el asesino, y sin embargo en ésta película sabemos desde el primer momento que el autor del “crimen” es nuestro protagonista. La trama se desarrolla a partir de los intentos de éste de eludir las pesquisas de la policía (y de la incómoda Evelyn). En realidad, en éste thriller a la italiana ni siquiera ha habido un asesinato: La muerte de Daniela, tras clavarse los “pétalos de acero” ha sido puramente accidental. ¿Pero quien lo iba a creer, teniendo en cuenta las pésimas relaciones que tenía con su esposo, y los no disimulados intentos del cirujano de desembarazarse de ella?

El que sepamos de antemano lo que ha sucedido no le resta en absoluto intriga a la historia. En cierto modo, ésta estructura argumental recuerda a la que tenían los episodios de la célebre serie “Colombo”, con Peter Falk. Ahí también el espectador sabía quién era el asesino, y la trama giraba en torno a la investigación del pintoresco detective, y los “errores” que pudiera cometer el sospechoso delatándose.

“La flor de pétalos de acero” cuenta con el italo-croata Gianni Garko como protagonista, en el papel del asediado cirujano Andrea Valenti. Gianni Garko es un habitual en los subgéneros polizzieschi e italo-western. Por su parte, Evelyn está interpretada por la norteamericana de origen polaco Carroll Baker (nombre real Karolina Piekarski), musa de Umberto Lenzi.

La en ocasiones hipnótica banda sonora fue compuesta por Marcello Giombini, autor de la excelente música fílmica del controvertido “Anthropophagus” (1980) de Joe D´Amato.

 

FHP, 2015