Zatoichi y el ajedrecista – Kenji Misumi, 1965

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Zatoichi jigoku tabi (a.k.a. “Zatoichi and the chess expert”)

Japón, 1965

Director: Kenji Misumi

Género: Chanbara, Jidaigeki

Guión: Daisuke Ito

Intérpretes: Shintaro Katsu (Zatoichi), Mikio Narita (Tadasu Jumonji)

Música: Akira Ifukube

Argumento

Zatoichi se dirige en ésta ocasión a la isla de Honshu. Durante el viaje, participa a bordo del barco en un juego de dados apostando con otros pasajeros. Éstos tratan de engañarlo, aprovechándose de su condición de ciego. Pero Ichi ya contaba con eso, y se les adelanta astutamente… Logra así ganar la partida final. El invidente masajista errante es un experto jugador de dados, y raras veces es derrotado en las apuestas. Además, sabe siempre defenderse, y cuando sus contrincantes no se resignan con haber perdido y tratan de retomar su dinero, Zatoichi los contiene sin necesidad siquiera de desenvainar su espada (una afilada hoja siempre oculta en la caña de bambú que usa como bastón de ciego). A dos que poco después le atacan en la cubierta, les quema en la cara con su pipa y casi les tira por la borda.

Durante el naval trayecto, Ichi conoce al samurai Tadasu Jumonji, un avezado jugador de ajedrez. Se hacen amigos y juegan varias partidas (sin hacer apuestas de dinero). El misterioso  Jumonji tiene una misión que cumplir, sobre la cual no da detalles al ciego vagabundo. En el barco también se encuentran, además de otros muchos viajeros, una mujer llamada Tane y una niña pequeña.

Más adelante, en Honshu, Zatoichi y Jumonji se hospedan en la misma posada. Allí, durante una nueva partida de ajedrez, el samurai se da cuenta de que no es justo que él tenga la facultad de ver mientras que su oponente sea ciego y no pueda contemplar los movimientos de las fichas. Así, Jumonji se coloca una venda en los ojos para que ambos estén en igualdad de condiciones. Resulta sumamente memorable verles jugar de ese modo: El tablero lo han colocado a un lado y ya no lo usan para nada, pero cada vez que a uno le llega su turno, dice en voz alta su “movimiento de fichas” y el otro, tras unos instantes para pensar su estrategia, contesta con el suyo. Nadie toca ya las fichas ni el tablero, no los necesitan, y se dedican a ejercitar un “ajedrez mental”. (Para lo que es necesario un prodigioso grado de concentración)

Mientras están enfrascados en la práctica de esa disciplina, unos individuos irrumpen estruendosamente en la estancia desenvainando sus katanas: Jumonji pensaba que iban a por él, pero en realidad los asesinos trataban de liquidar a Zatoichi. Los intrusos eran miembros de un clan de la Yakuza, que pretendían ajustarle las cuentas al invidente espadachín. Pero Zatoichi y el samurai logran repeler con éxito a sus atacantes. Sin embargo, la espada de uno de ellos cae desde la ventana a la calle, hiriendo en el pie a una niña que caminaba por allí en ese momento. Se trata de la misma pequeña que iba a bordo del barco en el que también llegaron a Honshu Zatoichi y Tadasu Jumonji.

La niña Miki comienza a padecer altas fiebres y su estado es sumamente grave. Para consternación de su tía Tane, la anciana chamán asegura que la herida se ha infectado, provocando el tétanos. Sólo una medicina muy cara y difícil de conseguir podrá salvar a la pequeña. Zatoichi, que se halla presente durante la visita de la chamán y que se siente responsable del accidente, se ofrece a partir en busca del milagroso remedio. Jumonji le acompañará “como guardaespaldas”.

Ichi trata de reunir el dinero en varias casas de juego, apostando a los dados, y participando en ferias locales. Cuando finalmente ha conseguido la suma, adquiere la preciada medicina y se dirige de vuelta a la posada… Pero durante el camino de regreso, es nuevamente atacado por la noche en una cañada por un grupo fuertemente armado. Una vez más vence a sus enemigos pero constata acongojado que ha perdido la caja con la medicina… Sin embargo, cuando tras varios minutos de búsqueda el abatido Ichi está a punto de darse por vencido, finalmente palpa la cajita. El espectador podía ver en todo momento que la cajita se encontraba junto a Zatoichi; sólo él, al ser ciego, no se daba cuenta. Tensa y conmovedora escena.

Tras serle aplicada la medicina a la niña, ella y su tía, acompañadas por Zatoichi y Jumonji, se dirigen a Hakone, en Kanagawa; una población famosa por sus aguas termales, que deberán contribuir a la completa recuperación de la pequeña.

De ese modo, tras tomar el remedio antitetánico y una vez en Hakone, Miki logra rápidamente reponerse. Para ella, el masajista ciego que le salvó la vida será a partir de ahora el “tío Ichi”. Miki le agradece con un infantil y sincero arigato lo que ha hecho por ella, y Zatoichi reacciona profundamente emocionado. Más adelante, la tía de la niña (que se llama Tane al igual que la mujer que Zatoichi amaba en las primeras entregas de sus aventuras) le cuenta al ciego que Miki es hija de un antiguo sacerdote shintoísta que colgó los hábitos para convertirse en bandido, y que fue matado durante una de sus correrías. Desde entonces su pequeña sobrina pasó a estar a su cargo.

A la misma posada también llegan un enfermizo noble llamado Sasagara, acompañado por su leal sirviente Roppei. A ellos pronto se une la hermana del primero, la bella Kume; que llegó ataviada con kimono de hombre creyendo así que su viaje sería más seguro. Ellos, igual que el enigmático experto ajedrecista Jumonji, tienen una importante misión que cumplir. Zatoichi es empleado como masajista por el convaleciente Sasagara.

Pocos días después, el criado Roppei es asesinado, estrangulado con una cuerda. Sasagara le revela a Zatoichi que el que mató a su sirviente no puede ser otro que el que segó la vida de su padre: Pues el progenitor del joven aristócrata fue asesinado años atrás y Roppei fue el único que vió la cara del homicida, el único que podría identificarlo. El objetivo del noble y de su hermana Kume es vengar la muerte de su padre, quien fue matado, añade Sasagara, “tras una partida de ajedrez”…

Zatoichi comienza a sospechar que su compañero de viaje, el misterioso samurai ajedrecista, tiene algo que ver con los asesinatos.

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Comentario

Una vez más, Shintaro Katsu realiza una brillante interpretación del masajista ciego Zatoichi, vagabundo con un ejemplar código ético y experto en las artes marciales.

Ésta doceava entrega de la serie de películas dedicadas a la figura de Zatoichi está dirigida por Kenji Misumi, indiscutible sensei del género chanbara.

Tras la partida de “ajedrez mental” (sin usar fichas ni tablero) entre Zatoichi y Jumonji, éste último comienza a practicar disciplinadamente el arte de la visualización… algo que según sus propias palabras le sirve para desarrollar la facultad de ver sin sus ojos, y de ver lo que sucede, por ejemplo, a sus espaldas. Desde que el samurai le expone eso a Zatoichi, está claro que ambos están destinados a enfrentarse tarde o temprano en un implacable duelo final (también en igualdad de condiciones)… Ichi ya le había contado que prefiere siempre evitar cualquier derramamiento de sangre, y aunque él no pertenece a la casta de los samurais (sino a la de los masajistas ciegos) sigue los honorables preceptos del bushido y nunca desenvaina la afilada hoja de su caña de bambú a menos que sea estrictamente necesario. A ello, el samurai ajedrecista repuso fríamente que él “mataba por matar”…

Pronto está claro que Jumonji asesinó al padre de Sasagara así como a Roppei; y Zatoichi se ve envuelto en medio de las hostilidades y de la sed de venganza entre su compañero de viaje, el noble Sasagara y su hermosa hermana con kimono de hombre. Mientras tanto, Tane comienza a encariñarse con Zatoichi y la pequeña Miki ve en él la figura de un padre…

(El ajedrez japonés que juega un papel tan importante en ésta película se llama shogi y es diferente al occidental: en lugar de figuras como peones, caballos y demás tiene fichas, como en el juego de las damas.)

 

FHP, 2015

 

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Katana maldita – Kenji Misumi, 1965

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Katana Maldita (V.O. Ken Ki)

Japón, 1965

Director: Kenji Misumi

Género: Chanbara, Jidaigeki

Guión: Seiji Hoshikawa (basado en la novela de Renzaburo Shibata)

Intérpretes: Reizo Ichikawa (Hanpei), Michiko Sugata (Osaki)

Música: Hajime Kaburagi

Argumento

La señora Makino, afectada por una extraña enfermedad que perturba sus facultades mentales, es la viuda de un daimyo. Años después de la muerte de su marido, ha dado a luz un hijo. El padre del bebé es desconocido, y ninguna de las cortesanas sabe cómo un hombre ha podido acceder a las dependencias de la señora para dejarla encinta. Tan solo un perro se encuentra siempre al lado de la aristocrática viuda, y las malas lenguas comienzan a sugerir (medio en serio medio en broma) que sería el can el padre de la criatura. Poco después del nacimiento del niño, la enferma Makino fallece. Antes de morir, le confía a sus sirvientas el niño y el perro (al que encomienda sea tratado también  “como un hijo”). El perro se declara “en huelga de hambre” tras la defunción de su dueña, y muere poco después de ella. Por su parte el bebé Hanpei, es dado en adopción a un viejo y empobrecido samurai. Oficialmente, el niño no es hijo de la viuda del daimyo, sino de una de sus criadas.

Hanpei recibe el sobrenombre de Inu-ko (Niño-Perro o Hijo del Perro). Constantemente debe enfrentarse a las burlas, al desprecio y a las sarcásticas mofas de los demás. Años después, cuando Hanpei es un joven adulto, su anciano padre adoptivo se aproxima al fin de sus días. Antes de expirar, el viejo samurai le dice que, para superar el estigma que pesa sobre él (ser considerado hijo de un perro), deberá alcanzar una maestría, una técnica especial, una facultad que le haga destacar entre los demás. Así, los que ahora se burlan de él dejarán de menospreciarlo y será respetado como hombre.

Hanpei siente una predilección por las flores, y se especializa en el cultivo de las mismas. Pronto su buen hacer en el arte de la floristería llama la atención de funcionarios del daimyo Masanobu. Éste es el hijo legítimo de la señora Makino y el anterior daimyo, y por tanto un medio-hermano de Hanpei (Pero todos lo ignoran, pues según la versión oficial la madre del “Niño-Perro” era una criada). Así, Hanpei el “sin título” es contratado como florista y entra al servicio del daimyo.

Masanobu comienza a mostrar síntomas de la enfermedad mental que afectaba a su madre. El joven daimyo no está en sus cabales, y se comporta cada vez más excéntricamente. En una ocasión, durante una visita al jardín cultivado por Hanpei, contempla las flores satisfecho y encandilado para acto seguido destrozarlas con repentina furia a golpes de espada (tratando de matar a una abeja que planeaba zumbando a su alrededor y que se posaba sobre las flores). Una piedra lanzada contra la espada por Hanpei (oculto de forma que el daimyo no pudiera verlo) frena al furibundo Masanobu.

Otra de las costumbres poco ortodoxas de Masanobu consiste en salir del castillo galopando velozmente a caballo sin motivo alguno, como huyendo de algo. Sólo cuando sus samurais lo alcanzan y lo frenan, el enajenado daimyo regresaba sumisamente a sus aposentos.

En una ocasión, el “descastado” Hanpei ruega a los samurais poder acompañarles la próxima vez que sigan a Masanobu en una de sus escapadas para traerlo de nuevo al castillo. Inicialmente se burlan de él, pues ni siquiera tiene caballo, y no es más que un siervo florista. Pero como insiste y parece muy dispuesto a ayudar, los samurais aceptan permitirle su petición.

Cuando el daimyo vuelve a marcharse de sus propiedades, Hanpei lo sigue… a pie. Corriendo es tan veloz como Masanobu a caballo, y es el primero en llegar hasta él para frenarlo. Ello deja perplejos a los samurais y despierta su admiración.

En otra ocasión, Hanpei contempla en el bosque como un viejo entrena con su espada. El florista muestra una enorme fascinación observando las katas del desconocido, que es capaz de partir por la mitad una mariposa de un solo golpe envainando y desenvainando en una fracción de segundo. Hanpei se dirige al venerable espadachín y le comunica su deseo de ser instruído y convertirse en su aprendiz. El enigmático anciano repone (con la característica simplicidad del estilo zen) que no tiene nada que enseñarle y que él se limita a “sacar la espada, cortar y volver a envainarla”. El maestro es un ronin, un samurai errante y sin daimyo al que servir. El ronin le dice a Hanpei que “aprenda con sus ojos”, que le observe atentamente mientras entrena.

Así, día tras día, Hanpei acude a contemplar como el viejo “saca la espada, corta y la vuelve a envainar”. Cuando ha transcurrido un año, el ronin considera que su pupilo ya ha aprendido lo suficiente, y le regala la espada para que ahora sea él quien practique el iai-do. El maestro Daigo Yaichiro se despide de Hanpei y se retira.

El florista se ha rápidamente convertido en un experto espadachín. Un día recibe la visita del funcionario Kanbei, quien le informa de que hay una conspiración en la corte para deponer al legítimo daimyo. Aprovechando la enfermedad de Masanobu, los intrigantes tratan de derrocarlo. Kanbei ha descubierto una red de espías que trabajan para el enemigo contra el clan. Uno de esos agentes se hace pasar por maestro de la ceremonia del té, y Hanpei recibe la misión de neutralizarlo. Es su primer encargo como asesino, y Hanpei se siente muy excitado por la confianza que depositan en él, y considera todo un honor poder servir al clan. Finalmente va a ser un hombre respetado, y dejarán de considerarlo un “Inu-ko” o “Niño-Perro”…

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Kanbei decidió encomendarle esa misión al florista porque estaba convencido de que poseía cualidades sobrehumanas: Su destreza con la katana adquirida en tan poco tiempo y su velocidad en la carrera (capaz de alcanzar el galope de un caballo) eran cosas inauditas. Además, Kanbei había sido testigo de cómo el Inu-ko lanzó con tanta puntería aquella piedra contra la espada de Masanobu para frenar el ataque de locura que acometió a éste en el jardín. Desde entonces, Kanbei estaba convencido de que había que emplear a Hanpei en misiones especiales y de alto riesgo. El “Hijo del Perro” desempeña con éxito su primer trabajo con las armas, pero en su espíritu todavía hay cabida para titubeos: “A lo mejor me matan algún día” comenta preocupado a su jefe Kanbei. Éste le responde impertérrito y tajante: “En ésta profesión nunca dudes de tí mismo“.

Como suele suceder, “el alumno supera al maestro”… y en ocasiones también lo mata. Cuando Hanpei escucha una noche ruidos sospechosos en el jardín, y sigilosos pasos junto a su estancia, desenvaina rápidamente su katana y corta a través de la fina pared de madera hiriendo de un tajo en el cuello al intruso… el espía que merodeaba por allí resultó ser nada menos que el viejo ronin Daigo Yaichiro. Arrepentido y apenado, Hanpei ruega a su antiguo maestro que le perdone, pero éste no le guarda rencor alguno, ya que cumplió con su deber. De hecho, está sumamente orgulloso de él, es todo un honor ser muerto por su aplicado alumno. Ello implica que él fue un buen maestro. Sin embargo, en una escena que reviste una importante carga simbólica, el entristecido Hanpei rompe la espada con la que provocó la muerte del ronin.

Una chica llamada Saki, y que trabaja como sirvienta en la corte se hace amiga de Hanpei. Ella lo ve como a un sensible florista, e ignora que además el Inu-ko es ahora un experto con la katana. Un día, un samurai de bajo rango trata de violar a Saki, pero Hanpei la defiende y lo impide en el último momento. Entre el florista y la chica inicia tímidamente un romance. El desairado samurai, por su parte, buscará por todos los medios poner a los miembros de la corte contra Hanpei para vengarse de su intromisión.

Tras haber partido su katana, la que dió la muerte a su maestro, Hanpei busca una nueva espada. En un baúl examina muchas katanas que allí están almacenadas, hasta hallar una nueva que considera idónea. Su jefe Kanbei, que le ha seguido, le informa de que esas son “katanas malditas”, que fueron usadas en actos deshonrosos y que vertieron sangre inocente. Por eso están escondidas allí. Esa que empuña ahora, por ejemplo, perteneció hace veinte años a un peligroso bandido. Hanpei sabe que las katanas como esa, impregnadas por malos espíritus, traen mala suerte. Pero está dispuesto a desafiar a su destino…

Comentario

Muy buena chanbara del maestro Kenji Misumi (director de varias entregas de Zatoichi con Shintaro Katsu y de Kozure Okami con Tomisaburo Wakayama). La película, sumamente poética y elegante, desprende la profunda filosofía del espíritu nipón y retrata con gran acierto elementos como el código de honor samurai. Sumamente recomendable.

FHP, 2015

Zatoichi kessho-tabi – Kenji Misumi, 1964

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Zatoichi kessho-tabi (a.k.a. “Fight, Zatoichi, fight!”)

Japón, 1964

Director: Kenji Misumi

Género: Chanbara, Jidaigeki

Guión: Seiji Hoshikawa, Kan Shimozawa, Tetsuro Yoshida

Intérpretes: Shintaro Katsu (Zatoichi), Nobuo Kaneko (Unosuke)

Música: Akira Ifukube

Argumento

Al masajista ciego Zatoichi una banda de facinerosos le pisan los talones. Un clan de bandidos ha sido contratado para ajustarle las cuentas, y lo persiguen allá a donde va. Por suerte, pese a su invidencia, Zatoichi es un excelente espadachín, y sabe defenderse siempre de sus atacantes, aunque éstos le superen en número. En muchas ocasiones debe emplear tácticas de estrategia y recurrir a la astucia para evitar ser hallado. Otras veces le ayudan personas que va encontrando en su camino. Tal es el caso de una cofradía de ciegos, que solidariamente le permiten esconderse entre ellos para despistar a los bandidos.

Más adelante, después de que unos porteadores le insistieran mucho, Zatoichi accede a ser transportado en una jinrikisha (una modalidad de proto-taxi en el Japón de la era Tokugawa, y en otros países asiáticos). Los perseguidores que quieren matar al ciego ven como monta en el vehículo, pues lo vigilan de cerca. Al borde de la calzada, Zatoichi y sus porteadores se encuentran con una mujer con bebé que se siente indispuesta. Caballerosamente Zatoichi propone a la madre que se suba al carro en su lugar; él continuará a pie. Unos cuantos metros más adelante, la jinrikisha es atacada, los asesinos ensartan a la persona que se encuentra en su interior pensando que se trata de Zatoichi… y matando en su lugar a la joven madre, que cae de lado con su lloroso bebé en brazos.

Los transportistas, que han huído al ver llegar a los individuos armados, relatan lo ocurrido a Zatoichi, quien aún se hallaba en las inmediaciones.

La mujer muerta llevaba consigo documentos que acreditaban su identidad, así como su lugar de procedencia y el nombre de su marido. Zatoichi, que se siente responsable de la tragedia, decide llevar al bebé hasta la localidad de Miyagi para entregárselo a su padre Unosuke, el esposo de la fallecida.

Inicialmente es acompañado por los porteadores, pero éstos pronto desisten cuando se producen nuevos enfrentamientos con los bandidos que quieren liquidar al espadachín ciego. Los criminales no se dan por vencidos, y tratan de aprovechar cada nueva oportunidad que se les presenta para eliminar a su objetivo. Pero Zatoichi, gracias a su prodigioso oído y sus veloces reflejos, siempre es más rápido y logra derrotarlos.

En una ocasión, cuando el ciego se halla con el bebé en lo que parece ser un callejón sin salida rodeado por unos cinco malhechores, Zatoichi trata de proponerles un pacto de honor: Les explica que ha de portar al niño a Miyagi para entregarlo a su padre, y que luego está dispuesto a combatir contra ellos. Pero los bandidos no aceptan y prefieren atacarlo ahora, ya que es más vulnerable al tener que cuidar un niño. Indignado por el proceder rastrero de sus adversarios, Zatoichi pelea contra ellos sacando su afilada espada oculta en el bastón de bambú, y pese a ser ciego y llevar al bebé en brazos ultima a varios de los atacantes y hace que los supervivientes se batan en retirada.

Para poder comprarle pañales al niño, Zatoichi prueba su suerte en una casa de juego. Además de diestro con las armas blancas, también es un experimentado jugador. Gana varias rondas de partidas de dados. Cuando el jefe del antro le propone que juegue contra él, Zatoichi acepta, pero de inmediato nota por el sonido de los dados que su contrincante está tratando de hacer trampa… Una nueva pelea se produce, de la que el valiente ciego sale victorioso.

En lo que sin duda es una de las mejores escenas de la película, tiene lugar el encuentro entre Zatoichi y una ladronzuela, perseguida por un samurai al que acaba de sustraer la cartera. La ladrona mete lo robado entre las ropas de Zatoichi (con quien se ha tropezado durante su huída) y dice al samurai que es su marido y el bebé su hijo, para intentar enternecerlo y evitar así represalias. Pero el samurai no se deja aplacar por sentimentalismos y quiere la cabeza de la delincuente. Entonces interviene Zatoichi: Tras devolverle su cartera al indignado noble, dice que efectivamente esa es su esposa, y que por favor la perdone. El samurai sigue en sus trece y quiere matarla, a lo que Zatoichi repone que en ese caso los mate a los tres. “Con mucho gusto” contesta el colérico individuo. “Pero antes deme una hoja de papel” ruega Zatoichi. El samurai sumamente extrañado pregunta para qué, pero cuando Zatoichi dice que es su „último deseo” se la da… Nada más saca la hoja de papel, Zatoichi desenvaina su espada y de un solo tajo corta en folio en tres pedazos: “Es para que en cada uno de esos tres trozos sean escritos nuestros nombres, para realizar una ofrenda en el templo por nuestras almas…” El samurai, perplejo ante lo que acaba de ver, prefiere no tener que enfrentarse a un espadachín tan hábil como ese prodigioso ciego que tiene delante, perdona a la mujer, y se retira… Así, con una simple demostración de sus artes esgrimísticas, Zatoichi ha derrotado a su oponente sin tan siquiera la necesidad de enfrentarse directamente a él.

Sumamente agradecida por haberle salvado la vida, la ladrona promete enmendarse y se ofrece para hacer de niñera del bebé que lleva Zatoichi. Éste la contrata, aunque ella se muestra dispuesta a acompañarle sin pedir ningún sueldo a cambio.

Más adelante llegan a Miyagi, la ciudad donde habita el padre del pequeño. La ex-carterista se ha encariñado con el bebé… y también con Zatoichi (a quien llama “maestro”). El invidente espadachín, por su parte, también echará de menos al niño, pero no quiere que la mujer se de cuenta. Él opina de que ha llegado el momento de que sus caminos se separen, y que cada uno de los tres vaya por su lado.

Zatoichi no está hecho para casarse y mantener una vida estable y sedentaria, pues es un buscavidas errante, un bandido, un forajido, un ciego masajista solitario que va de un poblado al otro, siempre perseguido tanto por las autoridades como por enemigos que buscan ajustarle las cuentas.

Cuando Zatoichi encuentra a Unosuke, el padre del bebé, se percata de que éste es ahora un hombre rico y poderoso, muy influyente en Miyagi, y probablemente conectado con la Yakuza. Según los documentos que portaba su mujer trágicamente muerta, Unosuke era un pobre sin recursos y con muchas deudas, y ella, al momento de su muerte, estaba trabajando duramente para pagar tales deudas…

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Comentario

Ésta entrega es la octava secuela de la excelente “Zatoichi monogatari” (Kenji Misumi, 1962). El director de cada película sobre las andanzas del espadachín ciego no siempre es el gran Kenji Misumi, pero ello sí es el caso en ésta “Zatoichi kessho-tabi” que hoy nos ocupa, y cuyo título internacional en inglés viene a ser, sin demasiado sentido, “Fight, Zatoichi, fight”. Decimos sin demasiado sentido porque ese título no resulta necesariamente descriptivo del film (Zatoichi lucha en todas sus películas), y nos inclinamos a pensar que no se trata tampoco de la traducción literal del japonés.

Una vez más, Shintaro Katsu interpreta magistralmente a Zatoichi. El noble masajista ciego es un fuera de la ley con gran corazón y muy diestro con las armas. Tiene un profundo sentido del honor y de la justicia, y (como apreciamos especialmente en ésta entrega) un gran sentido de la responsabilidad y el deber. Zatoichi es uno de los personajes más populares del género chanbara, y una figura casi folklórica en Japón.

En tiempos más recientes se han hecho también versiones fílmicas con el carismático y bonachón personaje como protagonista (como la interpretada y dirigida por Takeshi Kitano en 2003), pero éstas no alcanzan ni por asomo la exquisitez y la sobresaliente calidad en todos los niveles que poseen las “Zatoichi” de los años sesenta con Shintaro Katsu (y especialmente las dirigidas por Misumi, como la primera y ésta, entre otras).

FHP, 2015

 

Serie „Oshi Samurai“ („El Samurai Mudo“) con Tomisaburo Wakayama

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Serie jidaigeki „Oshi Samurai“ („El Samurai Mudo“) con Tomisaburo Wakayama

Tras el éxito de la saga sobre Zatoichi (el masajista ciego y experto espadachín que recorre el Japón decimonónico “desfaziendo entuertos”), el protagonista Shintaro Katsu lanzó en 1973 una serie de televisión de 26 capítulos que sería protagonizada por su hermano Tomisaburo Wakayama. Ésta vez, el personaje principal ya no sería un justiciero ciego… sino uno mudo: “Oshi Samurai”.

Kiichi Hogan (“Magistrado del Demonio”) es el nombre por el cual el siempre silencioso ronin es conocido. Su padre (Yanagida Toemon) era un funcionario shogunal, un honesto e incorruptible magistrado que se opuso a comerciantes sin escrúpulos y a la influencia mercantil procedente del exterior. Por su tenaz lucha contra las transacciones ilegales y especulativas fue asesinado por un mercader español; un tal González. Éste además violó a la novia de Yanagida Kennosuke ante sus ojos, y después le rajó a él la garganta, dándole por muerto. Pero Kennosuke (alias Kiichi Hogan) sobrevivió, aunque al ser dañadas sus cuerdas vocales perdió para siempre su facultad de hablar… transformándose así en el Oshi Samurai – el Samurai Mudo, sediento de venganza.

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Lone Wolf and Cub / Kozure Okami (Parte V): “Meifumado” – Kenji Misumi, 1973

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El lobo solitario y su cachorro: Meifumadō (V.O. Kozure Ōkami: Meifumado / T.I. “Lone Wolf and Cub: Baby Cart in the Land of Demons”)

Japón, 1973

Director: Kenji Misumi

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Kazuo Koike, Goseki Kojima

Intérpretes: Tomisaburo Wakayama (Itto Ogami), Akihiro Tomikawa (Daigoro), Michiyo Ohkusu (Shiranui), Tomomi Sato (Oyo), Hideji Otaki (Jikei)

Música: Hideaki Sakurai

Argumento

Itto Ogami y su hijo Daigoro se encuentran atravesando un paraje a los pies de una cascada. Junto a ellos pasa un individuo que en su sombrero porta colgada la imagen con la que se dan a conocer aquellos que quieren contactar al ex-kaishakunin para encargarle un asesinato. Ogami le interpela al respecto y el otro le ataca. El ronin reacciona velozmente, hiriendo de muerte a su contrincante. El agresor le explica que se trataba de una prueba. Le dice que es un samurai del clan Kuroda y le entrega 100 ryo, la quinta parte de lo que Ogami suele cobrar por sus trabajos; pero le dice que en su camino se encontrará con otros cuatro miembros del clan que le irán revelando detalles sobre la misión a cumplir y le darán 100 ryos más cada uno. Para que los restantes cuatro agentes de los Kuroda le reconozcan, Ogami deberá llevar colgado al cuello un mala (o rosario budista) que el samurai le entrega antes de expirar.

Así, Ogami se va encontrando sucesivamente a los otros cuatro espadachines de los Kuroda, que igualmente tratan de comprobar su habilidad en la esgrima, muriendo siempre en el intento tras entregarle 100 ryos, un mala, y contarle los pormenores de su encargo: Debe matar a la princesa Hamachiyo, una niña de 5 años, por ser la hija ilegítima del daimyo Naritako. Éste encerró al auténtico heredero Matsumaru, su primogénito e hijo de su mujer legal; y hace pasar a Hamachiyo (cuya madre es una de sus concubinas) por el príncipe. Ogami también tendrá que arrebatarle un importante documento relacionado con ese conflicto familiar a Wajo Jikei, máximo sacerdote del templo Sofuku; y a continuación matar a ese importante clérigo, venerado como un Buda viviente. Ogami aprende que Wajo Jikei está relacionado con los Yagyu, y que próximamente tiene previsto entregarle el confidencial manuscrito al propio Retsudo. Los agentes del clan Kuroda quieren evitar eso a todo a costa. Si sale a la luz que el príncipe legítimo Matsumaru está en un calabozo y que en su lugar se sienta una impostora, hija de una concubina, el shogun podría ordenar la disolución del clan; y sus posesiones y territorios serían absorbidos por los Yagyu.

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Lone Wolf and Cub / Kozure Okami (Parte II): “Coche de bebé en el Río Estigia” – Kenji Misumi, 1972

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El lobo solitario y su cachorro: coche de bebé en el río Estigia (V.O. Kozure Ōkami: Sanzu no kawa no ubaguruma / T.I “Lone Wolf and Cub: Baby Cart at the River Styx”)

Japón, 1972

Director: Kenji Misumi

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Kazuo Koike, Goseki Kojima

Intérpretes: Tomisaburo Wakayama (Itto Ogami), Akihiro Tomikawa (Daigoro), Kayo Matsuo (Sayaka Yagyu), Akiji Kobayashi (Ozuno)

Música: Hideaki Sakurai

Argumento

En la escena que sirve de preludio a ésta segunda entrega de la saga del Lobo Solitario, el fugitivo ronin Ogami y su hijo Daigoro son atacados por dos espadachines. Pero el antiguo kaishakunin los vence sin dificultad. Antes de expirar, uno de los asesinos le dice que no le servirá de nada esconderse, pues el clan Yagyu tiene poder en todo Japón; tarde o temprano acabarán con él…

Tras los títulos de crédito, Ogami Itto y su “cachorro” llegan a un poblado, donde se hospedan en una pensión. El dueño de la posada originalmente es un tanto escéptico cuando ve aparecer al ronin, pues piensa que se trata de un pobre vagabundo, que no tendrá dinero para pagar y que puede causar problemas. Cuando, con una cortesía postiza el hotelero trata de decirle que no tienen habitaciones libres, Ogami le entrega un paquete con 500 ryo (suponemos que es mucho dinero) para que se lo guarde en lugar seguro mientras esté hospedado allí. Entonces, de repente, la actitud del dueño de la pensión cambia y se muestra sumamente servicial…

Mientras tanto, Ozuno del clan Kurokawa (aliado a los Yagyu) es enviado por Retsudo a contactar a Sayaka, la hermosa pero sumamente peligrosa jefa de un grupo de asesinas. Sayaka pertenece a una rama del clan Yagyu. Forma parte de los Akashi-Yagyu, y cuando es informada de que Ogami mató en duelo a dos importantes exponentes de su clan en Edo, y que ha osado desafiar a los Yagyu, estalla de furia y promete al emisario que ella y las ninjas que comanda vencerán al Lobo Solitario, tal y como ha ordenado Retsudo. Ozuno dice que hay que tener mucho cuidado con Ogami y con su espada, en ningún momento hay que bajar la guardia, pues era el kaishakunin oficial y es un maestro del estilo Suio… Sayaka profiere una demencial carcajada, pues está convencida de que nadie es superior en las artes marciales y que nadie domina las técnicas de combate mejor que su equipo femenino de mortales ninjas… Para demostrarlo, le dice a Ozuno que el mejor de sus hombres “trate de llegar hasta el jardín” (tratando de esquivar a sus asesinas, que se encuentran junto a la puerta que da al jardín). El elegido por Ozuno se dispone a realizar lo que le piden, da un salto con varios giros en el aire, pero es interceptado por las mujeres. Sigue intentando llegar hasta la puerta, pero cada vez las ninjas de Sayaka le van cercenando partes de su cuerpo (ora le cortan los dedos, ora una de las manos, la nariz, un pie…) – Cuando el hombre de Ozuno llega hasta la puerta (sin haber alcanzado el jardín) ya no es más que un mutilado despojo. El sobrecogido enviado del clan Kurokawa está ahora seguro de que las mujeres ninja de Sayaka están a la altura de la misión.

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Lone Wolf and Cub / Kozure Okami (Parte I): “La espada de la venganza” – Kenji Misumi, 1972

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(Imagen: cinematerial)

El lobo solitario y su cachorro: niño y maestría de alquiler (V.O. Kozure Ōkami: Kowokashi udekashi tsukamatsuru / T.I. „Lone Wolf and Cub: Sword of Vengeance“)

Japón, 1972

Director: Kenji Misumi

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Kazuo Koike, Goseki Kojima

Intérpretes: Tomisaburo Wakayama (Itto Ogami), Akihiro Tomikawa (Daigoro), Tokio Oki (Retsudo Yagyu), Tomoko Mayama (Osen)

Música: Hideaki Sakurai

Argumento

El shogunato Tokugawa controla férreamente el Japón, pero las intrigas entre los diversos clanes que se reparten el poder hacen tambalear de vez en cuando la estabilidad. Para mantener la situación bajo control, el shogunato ha creado desde Edo varios organismos oficiales cuya misión es velar por el buen funcionamiento de las instituciones y el equilibrio entre los clanes. A esos aparatos estatales está supeditada la función de los espías (que hoy se llaman más frecuentemente agentes secretos), la de los ninjas (o integrantes de los cuerpos de élite) y la del kaishakunin shogunal, el verdugo supremo. La misión de éste último consiste en asistir a los nobles que hayan sido condenados por el shogun a practicarse el suicidio ritual del seppuku, cortándoles la cabeza de un certero tajo para evitarles el inmenso sufrimiento que implica tener que abrirse el vientre.

Itto Ogami, samurai de rancio abolengo y experto en el manejo de la espada con el estilo de la escuela Suio (Suiō-ryū) ostenta la dignidad de kaishakunin al inicio de ésta historia. Todo vestido de blanco (el color del luto en la tradición japonesa), ejerce solemnemente sus funciones de verdugo decapitando a nobles que han perdido la gracia del shogun. En las primeras escenas debe incluso decapitar a un niño, un pequeño príncipe que, guiado por su desolado preceptor, se aprieta una espadita de madera contra el vientre para remedar simbólicamente el acto del hara-kiri.

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