Trilogía Hanzo the Razor / Goyokiba (Parte I): La espada de la justicia – Kenji Misumi, 1972

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Hanzo el navaja: La espada de la justicia (V.O. Goyōkiba, a.k.a. “Hanzo the Razor: Sword of Justice”)

Japón, 1972

Director: Kenji Misumi

Género: Chanbara, jidaigeki

Guión: Kazuo Koike, Takeshi Kanda

Intérpretes: Shintaro Katsu (Hanzo), Ko Nishimura (Magobei Onishi), Yukiji Asaoka, Mari Atsumi

Música: Kunihiko Murai

Argumento

Itami Hanzo es un oficial de policía en la ciudad de Edo (actual Tokyo) durante los últimos años del shogunato Tokugawa. Cuando le llega el momento de prestar juramento de fidelidad ante sus superiores y camaradas se niega a hacerlo, pues es consciente de que el organismo al que pertenece es sumamente corrupto. Su sentido del honor le impide firmar con su propia sangre un documento que no es más que una hueca formalidad burocrática. A Hanzo le asquea la doble moral: Los ricos y poderosos, aquellos que están “conectados” con las altas esferas, los “peces gordos” de la criminalidad, nunca son molestados; y los policías shogunales deben entretenerse limitándose a arrestar a pequeños malhechores.

El superior inmediato de Hanzo es Magobei Onishi, apodado “Serpiente”. Hanzo tiene a su servicio a dos rehabilitados ex-delincuentes que trabajan para él como criados. El incorruptible oficial, que practica metodologías sumamente contundentes a la hora de interrogar sospechosos, se somete voluntariamente a pruebas físicas muy dolorosas: “Las torturas que aplico, debo conocerlas yo mismo”. De ese modo, siguiendo tal vez el nitzscheano precepto de que “lo que no me mata me hace más fuerte”, ordena a sus sirvientes que le vayan colocando gruesos bloques de cemento en las piernas, mientras se encuentra sentado sobre sus tobillos encima de un tablón de madera con afiladas puntas.

Además de practicar las artes marciales (derribando a puñetazos figuras de piedra) “El Navaja” también entrena su enorme miembro viril: Cada tarde después del baño, sacude su falo en erección con un trozo de madera para así endurecerlo; y tras ello copula con un saco relleno de arroz al que previamente ha hecho un agujero…

En una ocasión, un criminal que huye de los agentes es detenido por Hanzo. El fugitivo, que no quiere volver a la cárcel, se dispone a darle una “información confidencial”… El policía le rompe la nariz dejándolo inconsciente, y se lo lleva diciendo a los demás agentes que está muerto. Una vez en su casa, mientras sus sirvientes le van vendando la destrozada nariz al herido, Hanzo le ordena que cuente más en detalle en qué consiste la confidencia.

Minokichi, el fugado retenido por Hanzo, le revela que el importante jefe criminal Kanbei en realidad no está preso como todos creen. Se encuentra en libertad, y en la cárcel un doble ocupa su lugar. Hanzo se dispone a investigar cómo eso ha llegado a ser posible.

A través de sus espías, el aguerrido oficial descubre que Kanbei tenía una amante. Esa joven (que según los informadores, que la siguen literalmente hasta las letrinas, carece de vello púbico) resulta ser la misma mujer con la que últimamente se ha estado viendo “Serpiente” Onishi, el superior de Hanzo.

Hanzo decide que hay que interrogar a la chica, llamada Omino, para que aclare la conexión existente entre el criminal Kanbei y Onishi, el jefe de la policía. El “desnarigado” Minokichi se hace pasar por muerto en casa de Omino, y así, con la excusa de su “asesinato” la joven es arrestada y llevada ante Hanzo: Éste se dispone a interrogarla, y lo hará realizando con ella lo que ya ha estado practicado con sacos de arroz… Pasados unos pocos minutos, la chica comienza a difrutar lo que inicialmente era una violación: “No… no… no pares!” gime entrecortadamente. Pues Hanzo no sólo es experto con la espada y la lucha, sino también en las artes amatoriales. El oficial insta a la muchacha a que confiese todo lo que sabe; y si ella no habla, él “parará” de embestirla. Más tarde, mientras se relajan tomando un baño y bebiendo sake, Omino cuenta más detalles sobre el caso: Dos misteriosos personajes enmascarados, un hombre y una mujer, acudieron cierto día ante Onishi para sobornarle, ofreciéndole un baúl en el que se encontraba ella desnuda, cubierta por monedas de oro… Los desconocidos, pertenecientes a alguna oscura organización secreta, querían que Onishi liberara a Kanbei y lo sustituyera por otro que se le pareciera físicamente. El jefe de la policía aceptó la propuesta.

Así Hanzo ha conseguido un nuevo indicio acerca de la corrupción que existe en el seno del aparato policial, y se ha cerciorado una vez más de que la honorabilidad de su inmediato superior Onishi deja mucho que desear. Pero conforme va indagando y profundizando en el turbio asunto, Hanzo constata con estupefacción que la trama salpica a gente mucho más poderosa que Onishi…

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Comentario

Después de unos siete años vuelvo a ver ésta primera parte de la trilogía sobre Kamisori Hanzo, cuya trama había ya olvidado. Tras tanto tiempo, no es extraño olvidar las conspiraciones e intrigas que formaban el enrevesado esqueleto argumental de la película. Lo que sin embargo sí recordaba perfectamente eran los pintorescos entrenamientos sexuales del protagonista, saco de arroz mediante, y sus métodos de interrogación a las féminas sospechosas (que primero se le resisten, pero después terminan convirtiéndose en sus más dóciles amantes)

Itami Hanzo, conocido como Kamisori (Navaja, o Cuchilla), tiene en su casa numerosas trampas mortales que se accionan presionando resortes en las paredes. Lanzas y otros punzantes objetos emergen del techo y atraviesan a “huéspedes no deseados”. Eso les sucede a unos ninjas que irrumpen en su morada con la intención de matarlo. Con ese artesanal dispositivo de seguridad, Hanzo está siempre protegido de sus numerosos enemigos.

La historia de Hanzo, y su lucha contra la corrupción enquistada en las altas instancias del shogunato (que por aquel entonces ya daba sus últimos coletazos) no termina en ésta película. Un año después, en 1973, se rodaría la continuación; y en 1974 saldría la tercera parte. Sin embargo, ninguna de las dos secuelas estuvo dirigida por Kenji Misumi.

Hacia el final del film, el oficial se ve involucrado en un asunto triste pero hermoso al mismo tiempo, que no tiene relación con la trama principal. Hanzo ayudará a una niña y a su hermanito, cuyo padre, mortalmente enfermo y sin remedio, yace agonizante.

Shintaro Katsu como Hanzo, interpreta un papel bastante diferente al de Zatoichi, hasta el punto de que resulta casi irreconocible para aquellos que estamos más habituados a verlo en su rol del espadachín y masajista ciego. Hanzo y Zatoichi tienen carácteres y temperamentos bien diferentes, pero sin embargo comparten un mismo código ético y un mismo sentido del honor.

Hanzo es una especie de “Dirty Harry” nipón decimonónico, con métodos harto expeditivos; un agente policial para el cual el fin justifica los medios; y que repudia el nepotismo, el elitismo y la hipocresía.

Goyokiba es una trilogía jidaigeki que se acerca, debido a su contenido sexual y a su sutil humor negro, al género de las pinku eiga. Recuerda por momentos a las películas de Norifumi Suzuki “El Imperio del sexo” y “El lujurioso shogun y sus 21 concubinas”, ambas de 1972. (Por los contenidos, pero también a causa de la banda sonora extremadamente setentera, y que guarda poca relación con la música tradicional japonesa).

La historia de Kamisori Hanzo está basada en un manga de Kazuo Koike, autor también de „Kozure Okami“ („Lone Wolf and Cub“) que asimismo fue llevado a la pantalla en forma de miniserie por Kenji Misumi y otros directores. En la excelente “Kozure Okami” el protagonista es Tomisaburo Wakayama, el hermano de Shintaro Katsu.

FHP, 2015

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