Lone Wolf and Cub / Kozure Okami (Parte I): “La espada de la venganza” – Kenji Misumi, 1972

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El lobo solitario y su cachorro: niño y maestría de alquiler (V.O. Kozure Ōkami: Kowokashi udekashi tsukamatsuru / T.I. „Lone Wolf and Cub: Sword of Vengeance“)

Japón, 1972

Director: Kenji Misumi

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Kazuo Koike, Goseki Kojima

Intérpretes: Tomisaburo Wakayama (Itto Ogami), Akihiro Tomikawa (Daigoro), Tokio Oki (Retsudo Yagyu), Tomoko Mayama (Osen)

Música: Hideaki Sakurai

Argumento

El shogunato Tokugawa controla férreamente el Japón, pero las intrigas entre los diversos clanes que se reparten el poder hacen tambalear de vez en cuando la estabilidad. Para mantener la situación bajo control, el shogunato ha creado desde Edo varios organismos oficiales cuya misión es velar por el buen funcionamiento de las instituciones y el equilibrio entre los clanes. A esos aparatos estatales está supeditada la función de los espías (que hoy se llaman más frecuentemente agentes secretos), la de los ninjas (o integrantes de los cuerpos de élite) y la del kaishakunin shogunal, el verdugo supremo. La misión de éste último consiste en asistir a los nobles que hayan sido condenados por el shogun a practicarse el suicidio ritual del seppuku, cortándoles la cabeza de un certero tajo para evitarles el inmenso sufrimiento que implica tener que abrirse el vientre.

Itto Ogami, samurai de rancio abolengo y experto en el manejo de la espada con el estilo de la escuela Suio (Suiō-ryū) ostenta la dignidad de kaishakunin al inicio de ésta historia. Todo vestido de blanco (el color del luto en la tradición japonesa), ejerce solemnemente sus funciones de verdugo decapitando a nobles que han perdido la gracia del shogun. En las primeras escenas debe incluso decapitar a un niño, un pequeño príncipe que, guiado por su desolado preceptor, se aprieta una espadita de madera contra el vientre para remedar simbólicamente el acto del hara-kiri.

Una noche, mientras ora en el templo dedicado a aquellos que murieron por su espada, Ogami escucha un alarido proferido por su esposa: Azami, su mujer, acaba de ser asesinada. Un comando ninja huye de la casa tras la comisión del crimen. El pequeño Daigoro, de un año de edad, ha sobrevivido. Se trata sin duda de un ajuste de cuentas, piensa el kaishakunin. Itto Ogami jura dar caza a los asesinos de su mujer.

A la mañana siguiente, un funcionario llamado Bizen Yagyu llega con la intención de arrestar a Ogami. Le acusan de haber colocado el emblema shogunal en el templo de su casa dedicado a los muertos (lo que está destinado a traer mal agüero, pues ello implica que le desea la muerte al shogun). Los tres samurais que, según Bizen, ordenaron el ataque a su casa la noche anterior (matando a su esposa) y que seguidamente cometieron seppuku, eran seguidores de un daimyo que pereció ejecutado por Ogami. Supuestamente esos tres nobles acusan de traición al verdugo de la corte, por haber colocado el emblema Tokugawa en el templo morturio. Pero Ogami (que no ha hecho nunca tal cosa) sospecha inmediatamente que algo más oscuro y retorcido se esconde tras tales infames y falsas acusaciones…

Para la estupefacción del kaishakunin, en el Templo de la Muerte instalado en su propiedad se encuentra efectivamente el mon (emblema) de los Tokugawa. Ahora Bizen tiene la “prueba” que necesita para arrestarlo. Sin embargo, Ogami está convencido de que todo responde a una conspiración para hundirle, pergeñada por los Ura-Yagyu (una facción del clan Yagyu a la que pertenece el inspector Bizen, y que está comandada por su abuelo Retsudo). Los Yagyu son rivales de los Ogami y aspiran al puesto de kaishakunin. Por eso han urdido ese pérfido ardid: Su objetivo de desembarazarse del incómodo Itto Ogami para que uno de los suyos ocupe su lugar.

Ogami no está dispuesto a dejarse prender. Lucha a muerte contra los hombres de Bizen, matándolos a todos (incluído finalmente al propio Bizen).

Lo hasta ahora relatado corresponde a un flashback, que Ogami rememora mientras vaga por los caminos, estando desterrado, y manejando un carrito de madera a bordo del cual viaja su hijo Daigoro. El ex-kaishakunin busca ahora vengarse del clan Yagyu, especialmente de su líder Retsudo. Busca resarcimiento por el asesinato de su mujer, por la ruin acusación falsa, por la ignominiosa confabulación que le ha convertido en proscrito. De ser un dignatario oficial del shogunato, Itto Ogami ha pasado a convertirse en un mercenario, en un asesino a sueldo que viaja por todo el país empujando un carrito de bebé. Ahora se le conoce como Kozure Okami – Lobo Solitario.

A lo largo de su recorrido se encuentra con samurais y ronins que le reconocen, y que tienen encargos que hacerle: Matar a algún poderoso enemigo, o acabar con alguien que amenaza su clan… Un chambelán decide contratar los servicios del ex-verdugo para liquidar a cuatro desalmados individuos que a su vez han tramado una conspiración contra su daimyo. Para estar completamente seguro de que el hombre con el carrito es efectivamente el antiguo kaishakunin, el chambelán pide a dos de sus mejores hombres que le ataquen – sólo si sobrevive será el auténtico Ogami Itto. Mientras el que busca contratarle le explica el plan, Ogami es atacado por la espalda, pero a la velocidad de la luz elimina a los dos agresores sin inmutarse y sin ni siquiera volver la cabeza. El atónito chambelán ahora está seguro: Éste hombre sí es Ogami.

El verdugo-mercenario y su pequeño Daigoro se dirigen ahora a cumplir el encargo encomendado. Por el camino, ven a unas niñas jugando a la pelota. Ello trae un recuerdo a la memoria de Itto, que vemos a modo de flashback: Cuando Ogami fue víctima de la conspiración y la dignidad de kaishakunin le fue retirada, puso a su hijo de un año de edad ante una elección:

“Daigoro, tu padre ya ha elegido el camino que va a tomar. Es el camino del infierno. No voy a rendirme ante el shogun, sino que me voy a rebelar; viviré como fugitivo y no descansaré hasta vengar la afrenta que nos hicieron los Yagyu. Ahora ha llegado el momento de que elijas tú: Aquí hay una pelota y aquí una espada. Si eliges la pelota, te mandaré con tu madre. Pero si eliges la espada, vendrás conmigo y juntos recorreremos el camino del infierno. Seguramente no entiendes mis palabras ni lo que todo ésto significa, pero por tus venas fluye la sangre de los Ogami, deja que sea la sangre la que elija por tí. La pelota o la espada, elige Daigoro!!” El pequeño gatea hasta la espada. Su padre (orgulloso pero sombrío como siempre) lo toma en brazos y añade: “Has elegido el camino más duro. Habrías sido más feliz con tu madre…” ¡Colosal!

También recuerda Ogami como se negó a practicar el seppuku ante los enviados del shogun. Éstos fueron liquidados por su katana, y el ahora ronin abandonó junto a su hijo Daigoro sus propiedades para convertirse en proscrito. Antes, el maligno Retsudo (que consiguió para su clan el codiciado puesto de kaishakunin) propuso que uno de los suyos luchase en un duelo contra Ogami. Pero el Yagyu fue eliminado; tras lo cual padre e hijo se marcharon de Edo. La cuenta pendiente con Retsudo sigue abierta, pero de momento, a lo largo de sus periplos a través de Japón, Ogami se verá envuelto en otras peripecias…

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Comentario

Para cumplir su primera misión como mercenario, Ogami llega a un poblado que ha sido tomado por unos brutales forajidos. Por allí van a pasar los nobles que el chambelán ha indicado como sus objetivos. Los bandidos confiscan la espada de Ogami y lo recluyen a él y a Daigoro en una casa con otros viajeros que se encontraban allí de paso. Entre ellos se haya una bella prostituta y ladrona llamada Osen (Tomoko Mayama). El kaishakunin exiliado, frío como un témpano, imperturbable, hace todo lo posible para pasar inadvertido. No se deja provocar por los criminales (el más fanfarrón y agresivo de los cuales es un tal Monosuke) y permanece quieto e introspectivo… Espera que lleguen sus “clientes” aquellos a los que debe mandar al infierno…

Así comienza la historia de Itto Ogami, la excelente saga de seis películas del “Lobo Solitario y su cachorro”. Hace bastantes años ya ví la hexalogía al completo y me impactó profundamente, hasta el punto de despertar en mí un creciente interés por el Japón y por su historia, así como por las artes marciales (especialmente el kendo y el iaido, aquellas relacionadas con el manejo de la espada).

A destacar los excelentes diálogos, algunos de clara impronta nitzscheana (y espartana) y de una enorme profundidad; como la paterna alocución, antes señalada, de Itto a su pequeño Daigoro: “(…) por tus venas fluye la sangre de los Ogami, deja que sea la sangre la que elija por tí…”

Ésta primera parte, como las dos siguientes, está dirigida por el célebre Kenji Misumi, realizador de innumerables jidaigeki de grandísima calidad (entre ellas muchas de Zatoichi, mi otra saga predilecta del género). Tomisaburo Wakayama brilla dando vida al hierático e inmutable Ogami Itto. Su hermano Shintaro Katsu (el actor que da vida a Zatoichi) produjo ésta entrega.

FHP, 2015

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