Terror y encajes negros – Luis Alcoriza, 1985

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Terror y encajes negros

México, 1985

Director: Luis Alcoriza

Género: Thriller, comedia negra, drama

Guión: Luis Alcoriza, Ramón Obón

Intérpretes: Maribel Guardia (Isabel), Gonzalo Vega (Giorgio), Jaime Moreno (Rubén), Claudia Guzmán (Coquis)

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Argumento

La bella y escultural Isabel vive confinada en casa por su celoso marido. La joven esposa desearía salir por la ciudad, tener un grupo de amigas, irse de compras o al cine. Pero el posesivo Giorgio teme que, si sale sola, sea asediada en la calle por otros hombres.

El matrimonio reside en un ático, en lo alto de un gran edificio de apartamentos. Bajo ellos vive César, solitario hombre de mediana edad, tranquilo y retraído, aficionado a la música clásica y a la antropología. Pero no son esos sus únicos intereses: El reservado caballero tiene un pasatiempo bastante más escabroso; oscuras fantasías a las que da rienda suelta por las noches…

Debajo de César viven tres chicas, compañeras de piso, estudiantes frívolas y juerguistas. Acostumbran a poner la música muy alta y desesperan a su circunspecto vecino con el escándalo. Coquis, sencilla y atractiva, es la chica de los recados del edificio. A César no le gusta que ella vaya por ahí con el pelo suelto, insiste en que mejor se lo recoja. Y es que al respetable señor le excitan sobremanera las melenas femeninas, más adelante veremos hasta qué punto…

Desobedeciendo a su marido, Isabel decide salir de paseo por la ciudad. Rápidamente, como Giorgio preveía, ella se convierte en un imán para los hombres. En un centro comercial, Isabel se encapricha de un liguero y un corsé negros; y no duda en comprárselos con el dinero que recientemente le pidió a su esposo.

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Cuando regresa a su casa, Isabel debe enfrentarse a la furia de su marido, que le pide explicaciones – pues acostumbra a llamarla desde la oficina para cerciorarse de que está en casa. Discuten acaloradamente y ella llega a pedirle el divorcio, pero poco después se reconcilian como si nada. Isabel se da cuenta de que para sus siguientes salidas deberá emplear una coartada.

Mientras tanto, César se dedica a salir por las noches, cambiando sospechosamente la matrícula de su automóvil… Se dirige a “cazar cabelleras”, en busca de mujeres a las que escalpar… Ese es el gran secreto que esconde el introvertido y discreto vecino. En un armario colecciona a modo de fetiches las decenas de melenas de sus víctimas.

Isabel vuelve a salir, y una vez más es el centro de atención de todas las miradas masculinas. Cuando se rompe uno de sus tacones y cae al suelo es auxiliada por uno de los pasantes, Rubén, que se ofrece a acompañarla a su casa en coche. Isabel acepta, aunque tratando de mantener las distancias. No le da su teléfono, pero él ha visto dónde vive. Para tener una coartada de cara a su marido, Isabel va a visitar a su cuñada, la hermana de él. Así podrá excusarse diciendo que pasó la tarde con ella.

Pocos días después, Isabel recibe una llamada de Rubén. Éste la localizó a través de la guía telefónica. La joven se siente sorprendida, y dice inicialmente que volver a verse será algo imposible, pero termina cediendo; y accede a un breve encuentro. Una vez en el bar, Rubén se comporta como un caballero, y le dice a Isabel que comprende su situación, que ella no puede quedarse siempre encerrada en casa como en una cárcel, que necesita “realizarse”, etc. Su táctica para llevársela al huerto va por buen camino.

Giorgio es informado en la oficina de que ha sido elegido para acompañar al jefe en un viaje de negocios a Tijuana. Eso quiere decir que se ausentará de casa por unos días…

La noche en la que el celoso marido se marcha, Rubén ya ha convencido a Isabel de que vaya a visitarlo a su apartamento. Ella se coloca la lencería sexy que no se había atrevido a mostrarle a su esposo y se dispone, aunque muy dubitativa, a ir hacia allí. Entretanto, de camino al aeropuerto, una de las ruedas del coche de Giorgio sufre un pinchazo. No tiene tiempo de cambiarla, y corre el riesgo de perder su vuelo a Tijuana…

Al mismo tiempo, en el piso de las tres “estudiantes” tiene lugar una escandalosa fiesta; que una vez más altera los nervios de César, vecino de arriba. A casa de éste llega Coquis, insinuante y con su pelo suelto, tentándole…

Una tragedia está a punto de desencadenarse… ¿O son varias?

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Comentario

Excelente película mexicana, cruce de géneros entre la comedia negra, el drama y el thriller. Esa aparente disparidad de estilos en el mismo film funciona muy bien en éste caso, consiguiendo un largometraje muy divertido, al mismo tiempo que tenso e intrigante (sobre todo a partir de la segunda mitad).

Inicialmente se nos presentan dos historias principales paralelas: Por un lado la de los Martínez (Giorgio e Isabel), con los celos y la complicada relación matrimonial; y por el otro la de César y su doble vida, un catedrático solitario amante de la tranquilidad, que por las noches es dominado por su lado psicopático, estableciéndose en él una dualidad similar a la del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Aunque los Martínez y César son vecinos, no se conocen entre sí más que de vista. Pero a partir de la segunda mitad de la película, se desencadenará una serie de eventos que hará que las dos historias confluyan.

Pese al engañoso título, “Terror y encajes negros” no puede encuadrarse en el género de terror como tal. No hay nada sobrenatural a lo largo del film. Sin embargo, la protagonista Isabel sí que vivirá un auténtico terror, un pánico atroz, al ser perseguida por el edificio por el maníaco del hacha. Esas secuencias, con la chica huyendo en el ascensor, por el techo o escondiéndose en su piso; están maravillosamente bien logradas, resultando tensas en grado sumo, muy inquietantes y hasta claustrofóbicas. Al mismo tiempo hay momentos en esas escenas con un toque sutil de humor, algo que tiene mucho mérito al no estropear la atmósfera tan turbadora (el espectador realmente sufre con la protagonista). Se trata en ese caso de un humor negro e irónico: Como cuando, mientras Isabel corre por el tejado huyendo del loco con el hacha, oye cómo se aproxima un coche de policía, que aparca justo a las puertas de su edificio… Pero los agentes sólo llegan para pedirles a las vecinas juerguistas que bajen el volumen de la música. Isabel, desde el techo, intenta desesperadamente llamar la atención de los policías, y para ello les tira a la calle su vestido (quedándose ella en ropa interior). Sin embargo, los policías, cuando les cae el vestido con el que Isabel trata de alarmarles, comentan jovialmente algo así como “Vaya, sí que está animada la fiesta” y se marchan…

Isabel está interpretada por Maribel Guardia, actriz de origen costarricense que desarrolló su carrera en México y a la que ya vimos en “Pedro Navaja” (Alfonso Rosas Priego, 1984). Maribel Guardia está muy convincente en su papel, despertando la completa empatía del espectador. Claudia Guzmán da vida a Coquis, la chica de los recados, que si bien tiene un papel secundario es un personaje de crucial importancia en la película (para que las dos historias que se narran desde el principio terminen confluyendo). Claudia Guzmán participaría en la memorable “Violación” (Valentín Trujillo, 1989), y en ese otro thriller mexicano también aparece Olivia Collins; quien en la película que nos ocupa se pone en la piel de una de las frívolas vecinas pachangueras.

“Terror y encajes negros” fue dirigida por Luis Alcoriza, originalmente español, quien emigró a México durante la Guerra Civil. Alcoriza era amigo y colaborador de Luis Buñuel, escribiendo con él ocho de sus guiones (entre otros los de “Los Olvidados”, 1950; o “Él”, 1953).

FHP, abril de 2016

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El Televisor – Narciso Ibáñez Serrador, 1974

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El Televisor

España, 1974

Director: Narciso Ibáñez Serrador

Género: Suspense, tragicomedia

Argumento

Enrique es un hombre sencillo de mediana edad que trabaja de empleado en un banco en el Madrid de comienzos de los años setenta. El abnegado padre de familia se ha sacrificado siempre para que a los suyos no les faltara de nada. Su empleo como oficinista consume la mayor parte de su tiempo. Diligente y muy ahorrador, ha procurado que su mujer y sus hijos tengan a su alcance todas las comodidades que su sueldo permite: Un buen piso, una lavadora, electrodomésticos… “En realidad todo es mediocre. Pero como Enrique también lo es, no se da cuenta” nos explica el narrador.

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Enrique (Narciso Ibáñez Menta)

Pues el buen Enrique es un hombre simple y gris, consumido por una vida rutinaria y monótona. Tiene, sin embargo, una gran aspiración en la vida; un gran sueño que ansía cumplir algún día: Comprarse un televisor a color, un televisor que no sea “uno cualquiera”, sino el último modelo; el más moderno y el de mejor calidad. Nunca ha querido ir a ver la televisión a casa de los vecinos, como hacían su mujer y sus hijos, porque prefiere pacientemente esperar a poder comprarse su propio aparato…

Tras varios años ahorrando, finalmente llega el gran día. Enrique puede comprarse el televisor que tanto ha anhelado. Su esposa Susana se alegra de verlo tan contento. A la mañana siguiente, que es domingo, Enrique ha puesto el despertador para levantarse temprano; pues no quiere perderse la carta de ajuste. Incluso se viste elegantemente de traje y corbata, sentándose con sacramental solemnidad en el sofá dispuesto a no perderse un segundo de emisión.

Susana y los hijos, Quique y Julita, van a salir a misa; pero en lugar de acompañarles como cada domingo Enrique prefiere seguir la retransmisión de la misa desde casa. A Enrique le gustaría que su familia se quedara todo el día con él ante el televisor, pero su esposa e hijos tienen otros planes.

Cuando Susana regresa por la noche, Enrique sigue mirando la televisión, casi hipnotizado; no ha comido en todo el día. Susana cree que esa fascinación entre infantil y enfermiza que siente su marido ante la novedad de poseer un televisor irá decreciendo próximamente… Pero se equivoca.

Al día siguiente, lunes, Enrique pide permiso a su jefe en la oficina para salir unas horas antes del trabajo: “Es que mi mujer no se encuentra bien, va a venir el médico y quiero estar con ella…” El director del banco le concede incluso dos días libres, pues es su mejor empleado y nunca antes había pedido un favor. En realidad, Enrique lo que quiere es seguir viendo la televisión: Un hábito que poco a poco se va convirtiendo en algo tan vital para él, en algo tan imprescindible, como el oxígeno que respira…

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Hoy, 4 de julio, Ibáñez Serrador cumple 81 años – ¡Felicidades, Chicho!

Comentario

Éste sublime mediometraje de algo más de una hora de duración no es, como podría pensarse,  un episodio tardío de las sesenteras „Historias para no dormir“ sino una producción independiente de la famosa serie dedicada al terror y el suspense.

Chicho Ibáñez Serrador retrata  magistralmente cómo se va transformando la vida de un hombrecillo que se convierte en adicto a la televisión: Ya no escucha a su familia, ya no le interesa salir de casa (ni siquiera para ir a trabajar)… No se despega de la pantalla en todo el día y todo lo demás le es indiferente.

“El Televisor” es una tragicomedia de suspense que comienza con bastante humor negro, sarcástico y paródico; y que va adquiriendo, conforme avanza la historia, tintes cada vez más agobiantes de pesadilla kafkiana. Enrique se sumerge en una espiral de locura, ya no es capaz de diferenciar la realidad de la ficción. El paulatino e hiperbólico delirio del teleadicto amenaza con destruir su vida y las de sus seres queridos…

La película, que realiza una sutil crítica social, no está ni mucho menos desfasada: Hoy podría rodarse perfectamente un film análogo a modo de “remake” – Mostrando las consecuencias del abuso de teléfonos móviles “smartphone”, por ejemplo.

No cabe duda de que la televisión, consumida de forma excesiva, mucho más que “informar” o “entretener” contribuye a incrementar los niveles de aborregamiento y estupidización de las masas. Hoy mucho más que en 1974. Y la visionaria propuesta de Chicho adquiere un carácter casi profético, si tenemos en cuenta los niveles de bajeza, inmundicia y adoctrinamiento presentes en la televisión actual.

Enrique al psiquiatra: “Hace ya unos días que me dí cuenta, pero ya era demasiado tarde… Todo lo que sale por aquí (el televisor) es mentira o es maldad”

Psiquiatra: “Durante algún tiempo tiene usted que dejar de ver televisión“

Enrique: „No puedo…“

Psiquiatra: „¿Por qué?”

Enrique: “Porque ya no sé pensar (…) El televisor piensa por mí.”

El gran Chicho Ibáñez Serrador, con sus inolvidables “Historias para no dormir”, es uno de los pocos que ha dedicado su vida a hacer televisión de calidad en España.

Su padre Narciso Ibáñez Menta interpreta una vez más al protagonista de éste episodio.

FHP, marzo de 2016

Soñar no cuesta nada – Rodrigo Triana, 2006

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Soñar no cuesta nada

 

Colombia, 2006

Director: Rodrigo Triana

Género: bélica, drama, comedia

Guión: Jörg Hiller, Clara María Ochoa

Intérpretes: Diego Cadavid (Lloreda), Juan Sebastián Aragón (Venegas), Manuel José Chávez (Porras)

Música: Nicolás Uribe

 

Argumento

Un grupo de soldados del ejército colombiano se encuentra cumpliendo una misión en el interior de la selva. El comando “Destroyer” debe enfrentarse a la guerrilla y llega hasta un campamento abandonado hace poco por los subversivos. Lo que no saben es que su misión consistía concretamente en liberar a tres gringos. “Para eso estamos arriesgando el pellejo” protestan varios cuando se enteran a través de la radio. Allí en el campamento descubren un pequeño arsenal a base de fusiles de asalto AK-47. Esperan ser recogidos lo antes posible por otras unidades del ejército, pues se les están acabando las provisiones, y hay varios “lanzas” enfermos con paludismo.

Uno de los reclutas tiene la fortuna de encontrar semienterradas varias caletas repletas de millones de dólares. Se lo comunica a unos pocos camaradas y tratan de que no se enteren más. Al principio no piensan reportar el hallazgo a su superior, pero son descubiertos de todos modos tras el accidental explosionar de una mina, tambien enterrada junto a uno de los contenedores. Uno de los reclutas, Elmer Porras, no considera que sea honesto quedarse con el dinero, que procede de las actividades ilícitas de las FARC, y piensa que hay que entregarlo a las instancias competentes. Pero hasta el teniente, la máxima autoridad en el pelotón, decide que la fortuna sea equitativamente repartida entre todos los componentes del comando “Destroyer”. La suma total que corresponde a cada uno de los soldados asciende a unos 100.000 US$.

Pero pronto empiezan los problemas, pues los “dolorosos” no se pueden comer. Los nuevos millonarios siguen en las profundidades de la selva abandonados a su suerte por el ejército para el cual combaten, que parece haberse olvidado de ellos. También comienzan ciertas maniobras especulativas, con arbitrarios cambios de pesos por dólares y juegos de cartas con altas apuestas, que dan pie a enfrentamientos y rivalidades en el seno de la tropa. Para agilizar el rescate, uno de los soldados toma la resolución de dispararse un tiro en el pie. Consigue de ese modo que el teniente pueda comunicarse exitosamente con otras unidades con la excusa de que “están siendo atacados y hay un soldado herido”, para que rápidamente envíen refuerzos y helicópteros al rescate.

Sin embargo no los llevan aún a la ciudad, para que puedan retirarse y disfrutar de sus recién adquiridos millones, sino que deben continuar en otra zona de la selva, conjuntamente con otras unidades, para desempeñar una misión de aún mayor envergadura. El nuevo oficial al mando tiene la intención de requisar los equipajes de los reclutas del “Destroyer”, porque ha oído que encontraron un arsenal de fusiles de la guerrilla y desea evitar que alguno de los soldados se hayan apoderado de algunas de esas armas ilegalmente… Lo que no sospecha es que las mochilas de los soldados están atiborradas de billetes verdes… Pero tras el primer registro al equipaje de Porras (el único que no llevaba nada de dinero) es frenado el procedimiento, pues el teniente milagrosamente recibe una comunicación que les ordena partir hacia otra zona.

Momentos de tensión se viven a bordo del avión militar cuando uno de los soldados, que desesperado afirma que alguien le ha robado su parte del botín, amenaza con hacer estallar una granada de mano. Sus compañeros logran aplacarlo en el último momento, y una vez en tierra debe render cuentas ante una superior. Pero no dice nada, y tras regresar con sus camaradas, el teniente le devuelve su dinero (que alguno de ellos había sustraído, o bien que entre todos habían contribuído a colectar…)

Los reclutas reciben un día de permiso para ir a la ciudad, y entonces se desbocan sus estrafalarias extravagancias y su ostentosidad, lo que resultará sumamente contraproductivo. Compran coches de alta gama, ropa cara, artículos de lujo, despilfarran en restaurantes y discotecas, llamando la atención allá a donde van. El mayor error lo comenten al acudir a una especie de club de alterne, alquilando el local para ellos solos. Uno de los soldados está platónica y perdidamente enamorado de una de las chicas que allí trabaja (a la que ha visto actuar allí en otras ocasiones); una bailarina y prostituta llamada Dayana, cuya ropa interior le acompañó como reliquia durante sus largos días en la selva y las duras marchas como pobre soldado…

Comentario

Divertida e interesante producción colombiana basada al parecer en hechos reales. En algunos apectos recuerda a la magistral “Rapiña” (México, 1975), drama psicológico que trata de unos pobres campesinos que consiguen una pequeña fortuna saqueando los restos de un avión siniestrado en las montañas. Los bienes materiales que nunca antes poseyeron esas sencillas gentes y el miedo a ser descubiertos, hacen que cambien progresivamente (especialmente el protagonista, interpretado por Ignacio López Tarso). El principal personaje de ese film mexicano, un humilde leñador indígena, una vez “rico” se va volviendo codicioso y retorcido.

Éste no es exactamente el caso de los soldados de “Soñar no cuesta nada”. Ellos no se vuelven cada vez más avaros, sino más bien cada vez más estúpidos. Dilapidando a manos llenas la “lotería” que les acaba de tocar, sólo logran llamar la atención. El caso del pobre ingenuo enamorado de la prostituta es casi hilarante, de dimensiones tragicómicas. La meretriz a la que acaba de declarar su amor eterno y a la que ha incluso propuesto matrimonio no solamante le roba su dinero, sino que además le denuncia al ejército, y todos terminan en la cárcel. O más bien casi todos…

El sumamente escrupuloso recluta Porras resultó ser finalmente el menos estúpido, comparado con sus compañeros de armas, que despilfarraron la fortuna hallada de la noche a la mañana. Pues, pese a negarse en un principio a aceptar su parte del tesoro, finalmente la tomó y ocultó en la selva para su mujer y su pequeña hija, que pasaban por apuros económicos. Él fue así el único que logró que su parte del botín tuviera una finalidad realmente útil.

FHP, 2015

Rane (a.k.a. The Wounds / Las Heridas) – Srdjan Dragojevic, 1998

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Rane (a.k.a. The Wounds / Las Heridas)

Serbia, 1998

Director: Srdjan Dragojevic

Género: gangsters, drama, comedia negra

Guión: Srdjan Dragojevic

Intérpretes: Dusan Pekic (Pinki), Milan Maric (Svaba)

Música: Aleksandar Habic

 

Argumento

 

Belgrado, 1996. Dos jóvenes delincuentes, sentados en el interior de un coche, tratan de avanzar una noche en medio de una manifestación. Uno de los dos, que responde al absurdo nombre de „Pinki“, rememora a modo de flashback la historia de su corta vida, la cual narra en primera persona con ciertas dosis de sarcasmo.

Nació en 1980, poco después de la muerte del Mariscal Tito. En 1991, durante su infancia, él y otros amigos se dedican a hostigar y apedrear a otro chico de la vecindad que es de origen croata o esloveno (hoy a esa actitud se la conoce con el anglicismo de “bullying”). Éste, sin embargo, trata de defenderse a pedradas pese a su timidez y retraimiento. El croata es hijo de una presentadora de televisión muy conocida en el barrio, que conduce un programa en el cual entrevista a personajes provenientes de los bajos fondos. Ésta presentadora “madurita” (o “milf”, para usar ese modismo anglicistizante y acrónimo) es el amor platónico del adolescente Pinki, que pensando en ella acude al baño varias veces al día para ejercer compulsivamente el vicio del onanismo. Al barrio retorna un antiguo residente que “ha hecho fortuna” en Alemania; un gangster de medio pelo que se convierte rápidamente en el ídolo de los muchachos del barrio, especialmente de Pinki y su amigo Svaba. Éste estrafalario personaje es conocido como Kure, y aspira algún día a ser entrevistado en el programa televisivo sobre el turbio mundo del hampa. Kure toma a Pinki y Svaba bajo su protección, convirtiéndose en el mentor de ambos, e iniciándoles en el mundo del delito. Les enseña a manejar las armas y les contrata a una prostituta. Los dos adolescentes aprenden rápido, hasta el punto de que llegan incluso a aventajar a su maestro. Éste trata de endurecerlos haciendo, por ejemplo, que corran voluntariamente a golpearse la cara contra su puño extendido. A Pinki, su padre le propina una monumental paliza cuando descubre que frecuenta esas malas compañías (pero irónica y tragicómicamente, unos años más tarde, le pedirá “trabajo” a su hijo cuando éste haya progresado en el gangsterismo y el país esté sumido en una crisis cada vez más asfixiante… Finalmente el pobre hombre se acabará suicidando.)

Kure, que ha comenzado a propasarse en el consumo de las sustancias estupefacientes que comercializa, ya no es “el de antes”, y pronto deja de ser un ídolo para los jóvenes que apadrinó, quienes lo ven ahora como un despreciable yonki. Una noche, Kure es tiroteado hasta la muerte por desconocidos, y a su entierro acuden otros compañeros “de profesión” suyos (entre ellos probablemente su asesino) a pronunciar elegíacas peroratas e hipócritas homenajes póstumos. Pinki y Svaba son ahora dos pájaros de armas tomar: Ultraviolentos, desquiciados, sin escrúpulos (y también sin cerebro). Consumen drogas sin nigún tipo de control e incitan a la octogenaria abuela de uno de ellos a que fume porros (diciéndole que son “cigarrillos americanos”) e incluso a que esnife cocaína (“remedio contra la sinusitis”). Logran su sueño de aparecer en la televisión, en el programa dedicado a “célebres” delincuentes, y (lo que es más importante) acostarse con su presentadora… Pero la relación de ambos con ésta abre una brecha importante entre los dos amigos. Tras una jornada de excesos cocaínicos, el impulsivo Svaba, loco de celos, descerraja sendos tiros sobre su compinche, mandándolo por un largo periodo de tiempo al hospital. Cuando sale de allí, aún sin estar totalmente recuperado, Pinki llama a su “amigo” para citarse cara a cara con él y arreglar las cuentas pendientes.

Volvemos así a la escena inicial de la película, en una noche de 1996, cuando ambos a bordo del coche se dirigen a un cementerio atravesando las calles de Belgrado llenas de manifestantes…

Comentario

La película tiene un estilo similar a los films de Emir Kusturica, aunque trata de ridiculizar en algunos aspectos al patriotismo serbio (tal vez para ser “bien vista” a los ojos de la “crítica occidental”, que de otro modo tildaría al film de “chauvinista”… Ojo al dato: Entre los productores del largometraje figura nada menos que la multinacional McDonald´s (!)

El director de “Rane” es Srdjan Dragojevic, quien dos años antes (en 1996) dirigió la excelente “Lepa selo, lepo gore” (a.k.a. “Pretty village, pretty flame”).

“Rane” resulta trepidante y alocada, tiene una buena banda sonora que en ocasiones emplea elementos de música balcánica, canciones tradicionales y militares de la época yugoslava, y ritmos techno noventeros.

Éste film es en primer lugar una desenfadada comedia negra, narrada en primera persona por el protagonista con un tono muy ácido. En ciertos aspectos, tiene una proximidad argumental-temática con el cine quinqui hispano de los ochenta, pues los personajes son el fruto de una sociedad en descomposición (la yugoslava), de un ambiente marcado por las luchas fratricidas, la inflación galopante y las sanciones (así como la entrada de las drogas). No obstante, “Rane” no profundiza en los aspectos dramáticos de la situación, los muestra sólo de pasada. La finalidad prioritaria de la cinta parece ser el entretenimiento: con grandes dosis de acción y situaciones hilarantes en medio de un hilo conductor de carácter autobiográfico.

“Rane” cumple su finalidad de entretener, pero está a años luz de la magistral “Lepa sela, lepo gore” (1996), película bélica (más seria, pero no exenta de humor negro) del mismo director.

FHP, 2015

Vite perdute – Giuseppe Greco (a.k.a. Giorgio Castellani), 1992

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Vite perdute

 

Italia, 1992

Director: Giuseppe Greco (a.k.a. Giorgio Castellani)

Género: Drama social, tragicomedia

Guión: Giuseppe Greco

Intérpretes: Maria Amato, Carlo Berretta, Gianni Celeste

Argumento

La película cuenta las andanzas de un grupo de jóvenes delincuentes de medio pelo en la turbulenta Palermo de principios de los noventa (algo así como los “perros callejeros” sicilianos). Se suceden varios episodios interrelacionados por la involucración de los integrantes de la banda, que también por separado hacen de las suyas, en sus respectivos microcosmos.

Al inicio del film, comienza la historia vista desde la perspectiva de un pobre desgraciado muerto de hambre, que se las ingenia para sustraer un pollo asado con la ayuda de una especie de tridente, y que está perdidamente enamorado de Lucia, una chica de familia acomodada, que pasa de él olímpicamente. Como el infeliz no tiene teléfono en su casa, le escribe una carta a Lucia rogándole que llame al teléfono de su vecina, la signora Carmella, y que ésta le avisaría a él. Obviamente, ella nunca le llamará; y sin que volvamos a tener noticia del desventurado, la siguiente escena nos transporta a las correrías del grupo delictivo…

El líder de los malvivientes es un veinteañero llamado Rosario. Él y su banda organizan el secuestro de Lucia, la hija de familia rica. Un día la interceptan a la salida de su casa y la introducen por la fuerza en un coche, dándose a la fuga. Una patrulla de la policía secreta que se encontraba en las inmediaciones observa los hechos y se dispone a detener a los delincuentes. Se desata una larga persecución por las calles de Palermo, que luego continúa en la carretera por las montañas a las afueras de la ciudad. Los secuestradores huyen en dos coches diferentes, y uno de ellos (con la policía “pisándole ya los talones”); precisamente aquel donde también se encuentra la secuestrada, se sale de la carretera y cae rodando por una empinada pendiente, impactando contra las rocas y explotando a continuación. Rosario, que iba en el otro coche algo más por delante, contempla la escena estupefacto, y para vengar a sus amigos, frena, desciende del automóvil y acribilla a balazos a los policías perseguidores, a los que considera responsables de la tragedia.

Por la noche está en su cama tratando de dormir, sin lograr conciliar el sueño a causa de la congoja que le producen los hechos del día; cuando llega su madre (muy preocupada por la vida inestable y errática que lleva) y le amonesta por “no seguir con sus estudios”, “no buscarse un trabajo”, etc, como las madres típicamente suelen hacer.

La progenitora de Rosario trabaja de criada en la casa de un influyente político, que se siente eróticamente atraído por ella. Se trata lógicamente de una madurita, pero el rechoncho y calvo “onorevole” es aún más “madurito”, y se aprovechará sexualmente de ella cuando Rosario es encarcelado tras un intento de atraco, pues con sus influencias consigue la rápida liberación del joven a cambio de ciertos “favores” por parte de la madre de éste. Rosario es puesto en libertad no sólo debido a la intercesión del político, sino también debido a que un incómodo testigo de sus fechorías ha sido intimidado por sus secuaces para que en el momento del careo padezca ciertas “lagunas mnemónicas”, declarando “no acordarse” y “no reconocer” al delincuente entre los sospechosos… Una vez el jefe del grupo está en la calle, se reúne con sus „discípulos“ y tiene lugar una especie de parodia de la última cena.

Pero un policía que se parece a Bud Spencer, insatisfecho con el lamentable hecho de que los rateros salgan a la calle poco después de ser detenidos y harto de la impotencia de la justicia para condenar a los delincuentes, tratará de poner fin a las correrías de Rosario y los suyos.

Comentario

Las tramas dentro de la trama no siempre están bien hilvanadas, de forma que a veces no alcanza del todo a comprenderse la “historia-esqueleto” que sostiene a la película. Por ejemplo, el pobre desgraciado que aparece al inicio, que en los primeros diez minutos se supone que será el protagonista, y con el que el público empieza a sentir gran empatía, ya no vuelve a aparecer más. Ésto es atribuíble a los fallos que presenta en el guión ésta desconocida (pero interesante) producción transalpina.

Existen ciertas reminiscencias pasolinianas (y “eloydelaiglesianas”), pues se encuentra retratado ese subproletariado con tendencia a la comisión de actos delincuenciales, temática recurrente del cineasta boloñés, como en “Accatone” (1961) o “Mamma Roma” 1962) (y en España, del cine quinqui)… En éste contexto también viene a la memoria “Amore Tossico” (1983) de Claudio Caligari (protagonizado, como “El Pico” (1983), por auténticos yonkis y maleantes), aunque éste film se encuentra más bien encuadrado en la línea de “Christiane F.” (1981) y los dramas de drogodependientes heroinómanos de los años ochenta.

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Michele Greco, jefe de la Mafia palermitana

El director de éstas “Vidas Perdidas” es el hijo, nada menos, que del jefe de la Mafia siciliana Don Michele Greco (1924-2008), conocido como “El Papa” y mediador entre las familias de la Cosa Nostra, condenado en el Maxiprocesso de Palermo en 1986 – Una especie de Vito Corleone de la vida real.

La banda sonora corre a cargo de un grande: Claudio Simonetti, líder de los Goblin, compositor también de la excelente y setentera/ochentera música synth-rock-wave que acompaña a la mayoría de las películas de Dario Argento (“Suspiria”, “Profondo Rosso”, etc).

FHP, 2014