White Zombie – Victor Halperin, 1932

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White Zombie

EEUU, 1932

Director: Victor Halperin

Guión: Garnett Weston (basado en novela de Wlliam B. Seabrook)

Intérpretes: Bela Lugosi (Legendre), Madge Bellamy (Madeleine), John Harron (Neal)

Música: Abe Meyer

Género: Terror

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Argumento

Neal y Madeleine, estadounidenses de visita en Haití, acuden al castillo del señor Beaumont, a quien conocieron durante el trayecto en barco a la isla. La joven pareja está a punto de casarse, y el rico terrateniente Beaumont le había ofrecido a Neal un trabajo en Nueva York.

Por el camino, desde el coche de caballos, Neal y Madeleine presencian unos ritos funerarios de los autóctonos. Un poco más adelante, el sobrecogido cochero negro les advierte de la presencia de “zombis” por esos lares; al ver cómo unos extraños individuos caminan hacia ellos. A la cabeza de los muertos vivientes se encuentra un sinistro personaje que se apodera de la bufanda de Madeleine. Tras ese pequeño contratiempo, el coche de caballos continúa su trayecto hasta llegar a la mansión de Beaumont.

Una vez allí, Neal y Madeleine conocen al Dr. Bruner, el misionero que en breve habrá de desposarlos. Ellos están convencidos de que las historias de muertos vivientes de las que hablara el cochero no son más que absurdas supersticiones de los lugareños. Pero Bruner, que ya lleva muchos años vivendo en Haití, cree que una verdad tenebrosa se oculta tras esas leyendas…

Beaumont es notificado por su mayordomo de la llegada de los huéspedes. En realidad, el acaudalado caballero sólo está interesado en Madeleine; ella es el único motivo por el que ha invitado a la pareja. Desde que la vió en el barco se enamoró perdidamente de ella. La oferta de trabajo a Neal era tan solo una excusa para atraer a la pareja a su casa. Beaumont pretende ganarse los favores de la joven y conseguir que se olvide de su prometido.

Para lograrlo, está incluso dispuesto a recurrir a la magia negra: Acude a Murder Legendre, una especie de brujo dueño de un molino. Se trata del mismo personaje que lideraba a los zombis que Neal y Madeleine vieron desde el coche. Legendre era el misterioso individuo que le quitó a la chica su bufanda (sin duda para usar esa prenda en alguna de sus oscuras nigromancias). El brujo le dice a Beaumont que hay una forma de conseguir lo que desea, pero que para ello “hay un alto precio que pagar”…

Ese mismo día ha tenido lugar el enlace matrimonial entre Neal y Madeleine, oficiado por el misionero Dr. Bruner. Por la noche, mientras se celebra la boda en el castillo de Beaumont, Legendre practica un funesto ritual vudú: Ha tomado un grueso cirio, lo raspa hasta darle la forma de una mujer, le envuelve la bufanda de Madeleine a la figura y comienza a quemarla…

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Mientras tanto, Madeleine se desvanece en la sala de banquetes del castillo, ante su estupefacto marido y el no menos asombrado Beaumont. Aparententemente está muerta, y en un ataúd es llevada a una cripta al día siguiente.

Pero Legendre, que no olvida lo que le prometió a Beaumont, tiene facultades para “resucitarla” – Aunque sea en forma de zombi…

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Los 47 Ronin – Kenji Mizoguchi, 1941

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Los 47 Ronin (V.O. Genroku Chushingura)

Japón, 1941-1942

Género: Chanbara/Histórico

Director: Kenji Mizoguchi

Guión: Kenichiro Hara

Intérpretes: Tokusaburo Arashi (Okuno Shogen), Yoshizaburo Arashi (Takuminokami Asano)

Música: Shiro Fukai

Argumento

Japón, era Tokugawa, principios del siglo XVIII. En los corredores del palacio del shogun, se produce un altercado en el que es herido el alto funcionario Kira por parte de un daimyo, el señor feudal Asano. Éste, cansado de los ultrajes del primero, decidió atentar contra Kira, pero falló en su propósito homicida. Una vez detenido, dice que no tiene nada contra el shogun, y que se arrepiente… de no haber matado a Kira. Por orden expresa del shogun, Asano es condenado a hacerse el seppuku; y los 47 samurais que estaban a su servicio, encabezados por el chambelán Oishi, pasan a ser ronin, samurais sin señor. El clan Asano es disuelto. Los samurais “desempleados”, movidos por una lealtad hacia su señor que va más allá de la muerte, deciden vengarse de Kira, y después de muchos preparativos le cortan la cabeza, tras lo cual se entregan a las autoridades. Éstas les conceden el honor de morir por seppuku en lugar de ser ejecutados como vulgares criminales. Finalmente, uno tras otro comete el hara-kiri, hasta llegar el turno del lider de los ronin, Oishi.

Comentario

Éste colosal largometraje de casi 4 horas de duración fue estrenado en los cines japoneses en dos fases: La primera entrega en diciembre de 1941, y la segunda en 1942. Concretamente, la primera parte apareció el 11 de diciembre, sólo cuatro días después del incidente de Pearl Harbour – excusa que EEUU necesitaba para inmiscuirse en la IIGM.

La historia está basada en hechos reales, y narra una épica caballeresca muy arraigada en el Japón, donde ha adquirido tintes de leyenda, una épica muy impregnada por el Bushido, o código de honor samurai; que hace hincapié en las viriles cualidades del valor, la lealtad y el sacrificio.

Si bien el tema es fascinante, ésta película flojea lamentablemente debido a que, con toda probabilidad, no ha envejecido bien. En primer lugar es extremadamente larga, de un ritmo muy lento, y además influye negativamente el hecho de que tuve la mala suerte de verla con unos subtítulos que no estaban bien sincronizados (ese es el caso, sobre todo, en la primera parte).

Otras películas posteriores, como las de Sergio Leone, también pueden ser consideradas “largas y lentas”, pero sin embargo en éstas sí se mantiene la tensión dramática en todo momento, en parte gracias a la excelsa banda sonora de Morricone.

Más tarde se harían otras adaptaciones de la historia de los 47 Ronin, la más reciente, de 2013, por parte de EEUU y con el “gaijin” Keanu Reeves como protagonista, interpretando a un mestizo japo-británico… Sin haber visto esa película, no es difícil adivinar que poca será la fidelidad hollywoodiense hacia la historia japonesa original (y hacia el carácterístico estilo nipón).

Respecto a la Genroku de los años cuarenta, añadir que la segunda parte (estrenada en 1942) mejora respecto a la primera (1941), debido a que se incluyen escenas de la cultura japonesa como el teatro kabuki (aún en vida de los 47 ronin, éstos alcanzaron una vasta popularidad debido a que se hicieron obras teatrales sobre ellos), música tradicional (que contrasta con la banda sonora de la película propiamente dicha, muy “occidentalizada” y que no difiere demasiado respecto a las que por la misma época se empleaba para las producciones americanas), y en la trama se hace patente el dramatismo final del ritual suicidio al que los valientes samurais sin dueño se ven abocados. Gracias especialmente a la segunda parte, los que visionan el film pueden hacerse una idea acerca de cómo era la vida cotidiana en la corte del Japón feudal de la era Tokugawa, su mentalidad y sus costumbres.

“Los 47 Ronin” de Mizoguchi será interesante para cinéfilos y japanófilos, pero aburrirá y resultará cansina al vasto público, a aquellos que sólo ven cine “para entretenerse”.

FHP, 2014