La última cruzada – Sergiu Nicolaescu, 1970

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Mihai Viteazul (“Miguel el Valiente” a.k.a. “La última cruzada”)

Rumanía, 1970

Director: Sergiu Nicolaescu

Guión: Titus Popovici

Intérpretes: Amza Pellea (Mihai Viteazul), Ion Besoiu (Segismundo), Olga Tudorache (Madre de Mihai), Irina Gardescu (Rossanna)

Música: Tiberiu Olah

Género: Histórica, drama

Argumento

A finales del siglo XVI, los turcos tratan de conquistar las regiones europeas desde los Balcanes. Hostigan a los principados de los Cárpatos y muchos de los nobles de esa región deben pagar tributo al sultán otomano. Entre esos aristócratas se encuentra el voivoda Mihai Patrascu. Los turcos pueden fácilmente dominar a los territorios de la zona porque los príncipes locales se encuentran enemistados entre sí. El voivoda Alexandru es un enemigo acérrimo de Mihai. Éste ha debido esconder a su mujer e hijo en un convento para garantizar la seguridad de su familia. Alexandru no vacila en empalar a todos los que osen llevarle la contraria, y tiene excelentes relaciones con los ocupantes turcos. Al mismo tiempo, persigue a otros nobles y guerreros como Mihai, a quienes considera como competidores. El déspota Alexandru es el paradigma de la corrupción y el cipayismo.

Mihai, por su parte, mantiene por el momento un perfil bajo por motivos tácticos y estratégicos. También él tiene contactos con los turcos, pero no es un servidor sumiso de ellos, sino que trata de emplear esos contactos para lograr la liberación de su pueblo.

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Los dacios – Sergiu Nicolaescu, 1966

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Dacii (Los Dacios)

Rumanía, 1966

Director: Sergiu Nicolaescu

Guión: Titus Popovici, Jacques Rémy

Intérpretes: Pierre Brice (Séptimo Severo), Marie-José Nat (Meda), Georges Marschal (Fuscus)

Música: Theodor Grigoriu

Género: Histórica, drama

Argumento

Durante la segunda mitad del primer siglo de nuestra era, los romanos asedian la región oriental de Dacia, al norte de Iliria y de los Balcanes.

Una pareja de jóvenes dacios, Cotizo y Meda, cazan ciervos en el bucólico bosque. Un emisario del rey Decibal les informa de que pronto van a tener lugar unas competiciones para elegir al mejor de los guerreros.

A poca distancia de ellos se están concentrando las tropas del general Fuscus, acompañado por el prestigioso senador Atius. Ambos planean el ataque a la fortificada capital de los dacios. “Esos bárbaros son más fieros que los galos, será muy difícil derrotarlos” advierten los romanos un tanto inquietos. Atius parece reticente a emprender la campaña. Para dirigir a sus legionarios sobre el terreno acude al campamento el propio emperador Domiciano en persona. Pero el monarca ignora que entre sus oficiales hay conspiradores que traman su perdición…

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Mircea el Viejo – Sergiu Nicolaescu, 1989

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Mircea cel Batran (“Mircea el Viejo”)

Rumanía, 1989

Director: Sergiu Nicolaescu

Guión: Titus Popovici

Intérpretes: Sergiu Nicolaescu (Rey Mircea), Serban Ionescu (Mihai), Adrian Pintea (Vlad Dracul)

Música: Adrian Enescu

Género: Histórica, drama

Argumento

A comienzos del siglo XV, Mircea I es el señor feudal que gobierna el Principado de Valaquia. Repetidas veces se ha negado en convertirse en vasallo de los turcos y mantiene la resistencia contra el asedio constante procedente del sur. Su hermano menor Dan, por otro lado, es partidario de “llegar a un acuerdo” con los otomanos, es decir, considera que lo mejor es claudicar. La corte de Valaquia está dividida en lo que a ello respecta. Sobre todo el pueblo llano secunda a su aguerrido caudillo Mircea, pero entre los boyardos y nobles surge el germen de la traición… Los aristócratas se están cansando de combatir al turco, y muchos de ellos aceptarían de buen grado en convertirse en súbditos del sultán para, a cambio, poder vivir tranquilamente y sin sobresaltos – como los blandos cipayos vendepatrias que son.

El partido de Dan en el seno de la corte valaca trama el derrocamiento de Mircea. Éste es consciente de que su propio hermano conspira contra él. En una batalla guerracivilista y fratricida los dos terminan enfrentándose, blandiendo sus respectivas espadas. Mircea resulta vencedor, pero perdona la vida a su hermano. Dan es condenado al destierro.

Aún así, los traidores que aceptan venderse a la Media Luna siguen ocupando puestos de responsabilidad en el Principado, y la conspiración en curso contra Mircea no es erradicada. Uno de los cerebros de la intriga es un siniestro sacerdote, que actúa de agente para Segismundo de Hungría. Los otros “monarcas de la cristiandad”, como Segismundo o Vladislav de Polonia dejan en la estacada a Rumanía, y pretenden que el principado de Valaquia entre a formar parte de sus dominios (y de hecho no tendrían escrúpulos en repartirse esos territorios con los turcos). Pero Mircea no está dispuesto a convertirse en súbdito ni de los invasores turcos ni de los otros príncipes europeos.

Aunque Dan ha debido marchar al exilio, la sedición continúa enquistada dentro de la familia de Mircea: Su propio hijo, el co-regente Mihai, trama la destitución de su padre. Mihai ha sido convencido por su pérfida esposa Elizaveta y por el clérigo pro-húngaro de participar en la conspiración. Por otro lado, un niño muy inteligente y despierto se entera de que hay en marcha una trama para deponer a Mircea, espiando a los confabulados. Se trata del pequeño Vlad, nieto del monarca. El muchacho es el hijo del segundo hijo de Mircea, también llamado Vlad y de la esposa de éste, la bella Irina. Vlad descubre que su tío Mihai es un traidor.

Emisarios turcos del sultán Mehmet llegan un día ante Mircea (al que llaman por su nombre turquizado, Emergi) y le ponen una especie de ultimatum: Tiene siete días para decidirse a pagar tributo al Imperio. Hasta entonces y mientras tanto, un miembro cercano de su familia será llevado a Estambul “en calidad de huésped del sultán” (en realidad, como rehén).

El pequeño Vlad es abducido por los turcos, y llevado a la corte de Mehmet. Allí es tratado como invitado de honor y presencia las danzas de las odaliscas. El sultán trata de convencerle para que se quede con ellos, para “educarlo” (lavarle el cerebro) y luego mandarle de vuelta a Valaquia convertido en gobernante para los otomanos…

Mircea llega hasta Estambul para liberar a su nieto. Tras una breve entrevista, el sultán accede a dejar que el muchacho regrese a su país… Se ha enterado de que Dan el desterrado ha organizado un ejército que se unirá a los turcos para atacar conjuntamente la Valaquia de Mircea.

Mientras regresan a Rumanía, Mircea le narra a su nieto las batallas y las gestas de su larga trayectoria político-militar. Entre ellas, el encarnizado enfrentamiento con los turcos en la batalla de Rovine, donde los valacos aplastaron a los numerosos otomanos comandados por el anterior sultán Bayazid, padre de Mehmet. Exhibiendo su magnanimidad, Mircea no ejecutó a los altos dirigentes del sultanato capturados, y les concedió la libertad. “No somos gente vengativa” dijo Mircea. “Nosotros por desgracia sí” contesta el turco emocionado y un tanto avergonzado. “Lástima que un guerrero como vos no haya nacido como otomano” añade el brazo derecho del sultán.

El propio sultán Bayazid (le cuenta Mircea a su nieto Vlad) pronto tuvo que enfrentarse a otros feroces adversarios en otro frente: A las temibles hordas de Timur-Lenk (Tamerlán). Bayazid terminó siendo capturado y enjaulado por Tamerlán, y éste ordenó a los tres hijos del sultán que escupieran a su padre… Mehmet lo hizo, pero los otros dos se negaron. Así Tamerlán estaba satisfecho, pues había conseguido su propósito: Sembrar la discordia entre los sucesores de Bayazid y herederos del sultanato… Finalmente Mehmet derrotó a sus hermanos y se convirtió en nuevo monarca del Imperio Otomano (también él, al igual que Dan, era por lo tanto un traidor fratricida).

Durante el retorno a Valaquia, un ballestero dispara una flecha contra una silueta que, considera, se trata del príncipe Mircea… Ese atentado había sido ordenado por Dan. Pero quien fue víctima de él no fue el caudillo valaco, sino uno de sus más fieles colaboradores. El ballestero, que cree haber matado a Mircea, regresa al castillo donde le esperan Dan y los demás sublevados. Dan, exultante, se proclama nuevo soberano del principado rumano. Pero, para su enorme sorpresa, su hermano “muerto” hace irrupción en la sala instantes después. El rastrero Dan sufre un infarto al ver la “aparición” y sucumbe allí mismo. Los demás cabecillas de la trama son arrestados.

Mircea está formando a su nieto Vlad como hombre de estado, pues siente un mayor aprecio hacia el despierto muchacho que hacia sus dos hijos. Mircea le dice al niño (de unos diez años) que deberá realizar las funciones de juez, y decidir la suerte de los conspiradores…

El juicio tiene lugar sumariamente. Tras un breve interrogatorio, Vlad condena a los subversivos a morir empalados… Mircea se asombra ante el draconiano y ejemplar castigo elegido por su nieto, pero no interviene para impedir la ejecución.

Ahora también llega el momento de atajar la conspiración de raíz y emprender medidas asimismo contra el hijo co-regente Mihai, su esposa Elizaveta y el intrigante cura agente de los húngaros… ¿Será de nuevo Vlad el encargado de decidir la suerte de su traicionero tío?

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Comentario

Una de las últimas películas histórico-épicas de Sergiu Nicolaescu, donde el director también interpreta el papel protagonista, metiéndose en la piel del príncipe Mircea.

El film es una biografía llevada a la gran pantalla del voivoda valaco Mircea I “cel Batran” (“el Viejo” – llamado así póstumamente para distinguirlo de su nieto Mircea II “el Joven”); y también conocido como Mircea cel Mare (Mircea el Grande).

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Vlad Tepes el Dragón (Dracul)

Mircea, un soberano sabio, bondadoso y magnánimo, pertenecía a la línea de príncipes de la Casa de Basarab. Su nieto Vlad, que tiene un rol muy importante en la película, no es otro que el famoso Vlad Tepes “el Empalador”, en quien Bram Stoker se inspiraría siglos después para crear su personaje del Conde Drácula.

Al igual que Mihai Viteazul (o Miguel el Valiente), cuya vida también fue adaptada al cine por Nicolaescu en 1970; Mircea I se negaba a subordinarse a turcos o húngaros y pretendía consolidar una Rumanía unida, libre y fuerte. Nicolaescu fue uno de los realizadores más habituales de éstos extensos largometrajes patrióticos realizados en la Rumanía de Ceausescu. Sin embargo, el cineasta formaría parte activa de la conspiración que en diciembre de 1989 (mismo año del estreno de “Mircea cel Batran”) derrocaría al líder rumano, que sería ejecutado junto a su mujer el día de Navidad…

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Ceausescu sería ejecutado el 25 de diciembre de 1989

Ceausescu (al principio cortejado y mimado por los gobiernos occidentales) había dado un giro de 180 grados a su política (sobre todo en el campo económico), cancelando de un plumazo la deuda externa de Rumanía. A partir de entonces, el “comunista bueno” recibido por Nixon en la Casa Blanca, comenzó a ser demonizado. Pues negarse a pagar “el tributo”, el resistirse a la usura, le convirtió de repente a ojos de la “comunidad internacional” en un “terrible dictador” que “oprime a su pueblo” (la misma historia que más recientemente hemos visto repetirse en el caso de la Libia de Gaddafi…).

EEUU y la URSS “perestroikiana” de Gorbachov colaboraron para montarle a Ceausescu una “primavera rumana”, iniciada a raíz de los sucesos de Timisoara. Poco después se consolidaría el golpe de estado, y Rumanía pasaría (a través del títere Iliescu) a entrar de lleno en la órbita de la OTAN – que desde la perspectiva del patriotismo rumano podría considerarse el “Imperio Otomano” contemporáneo.

Paradójica y lamentablemente el cineasta Nicolaescu mordió la mano que le daba de comer (poniéndose de parte de los sublevados en 1989), y como Dan o el regente Mihai en el siglo XV, pasó a colaborar (conscientemente o no) con los enemigos de Rumanía…

FHP, octubre de 2015

 

El Diablo Blanco – Riccardo Fredda, 1959

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El diablo blanco (V.O. Agi Murad il diavolo bianco, a.k.a. “The White Warrior”)

Italia, 1959

Director: Riccardo Freda

Género: Aventuras, drama, histórica

Guión: Gino De Santis

Intérpretes: Steve Reeves (Murad), Giorgia Moll (Sultanet), Renato Baldini (Ahmed Khan)

Música: Roberto Nicolosi

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Argumento

Alrededor de 1840, el Zar Nicolás I de Rusia se encuentra en guerra con algunas tribus de las montañas del Cáucaso. Una de las figuras más carismáticas entre los líderes de los rebeldes es Hadji Murad, conocido como el Guerrero Blanco; famoso por su audacia y su astucia, temido y respetado por amigos y enemigos.

El príncipe Sergei dirige la campaña contra los insurrectos desde su cuartel en Tbilisi (Tiflis), Georgia. La esposa de éste es la atractiva Maria, a la que su padrino el Zar desea apasionadamente. El Monarca envía a su ahijada como emisaria al Cáucaso, para hacer saber al príncipe Sergei su intención de llevar a cabo negociaciones de paz con los montañeses.

Los rusos ofrecen el cese de hostilidades a los pueblos del Cáucaso, a cambio de que éstos acepten someterse a la soberanía del Zar.

La caravana en la que viaja la princesa Maria es detenida por Hadji Murad y los suyos. Al comprobar que los rusos no vienen con intenciones aviesas, los rebeldes les permiten continuar su viaje. Maria queda hondamente impresionada por la personalidad y la imponente presencia del galán Hadji Murad.

Los clanes y pueblos del Cáucaso que se levantan contra los rusos están representados por la figura del anciano rey Shamil. Éste necesita un sucesor, y hay varios candidatos entre los jefes tribales. Hadji Murad, dinámico y popular, es el más idóneo; pero tiene un importante rival en Ahmed Khan, un poderoso comandante de carácter mezquino y rastrero, que además pretende casarse con la hermosa Sultanet, que ama a Murad.

Ahmed trata siempre de sabotear las iniciativas de Murad, y secretamente desea su perdición. Comienza así a conspirar contra él, lo cual abre una brecha cada vez más grande entre las diversas tribus caucasianas que combaten a los rusos. Sergei es consciente de eso y piensa usar a Ahmed, pero también sabe que sólo Hadji Murad será capaz de liderar a los pueblos montañeses ya que goza de gran prestigio entre su gente.

Murad y Sultanet se aman, pero Ahmed interfiere hostigándola a ella y tratando de presionarla para que se case con él. Murad tiene un hijo de una primera mujer (que falleció en el parto). El pequeño Yusuf está al cuidado de Sultanet y su padre Aslan Bey, un venerable jeque.

Un día, cuando Murad y su amada reposan plácidamente en el bosque , son atacados por un destacamento ruso. Sultanet logra escapar a caballo, pero Murad es herido y hecho prisionero. Se ha consumado la traición de Ahmed Khan, que había revelado a los rusos el paradero de su rival para quitárselo de encima. Pero los rusos no albergan la intención de matar al flamante caudillo montañés. Por el contrario, el príncipe Sergei busca persuadirlo de que acepte las condiciones para la “Pax Russica” propuesta por el Zar.

Hadji Murad es tratado de sus heridas por médicos rusos en el cuartel general de Tiflis, donde también se encuentra la princesa Maria. Mientras tanto, Ahmad ha extendido entre los pueblos caucásicos el rumor de que Hadji Murad se ha convertido en un “colaboracionista” al servicio de San Petersburgo, de que se ha vendido al enemigo. Las calumnias son creídas por algunos, pero no por Sultanet, que sabe la verdad (pues estaba ahí cuando los rusos se llevaron preso a Murad). Sin embargo, Ahmed ejerce una influencia creciente sobre el senil rey Shamil, y éste termina dando crédito a sus ponzoñosas mentiras.

Murad languidece en su cautiverio, ignorando tercamente los constantes intentos del príncipe Sergei por hacerle firmar la paz. El Guerrero Blanco trata de escaparse, y llega hasta los aposentos de la princesa Maria, una “admiradora secreta” suya. Maria intenta mediar ante su esposo para que libere a Murad. Pero Sergei, que comienza a ponerse celoso, decide torturar al aguerrido líder tribal para forzarle a claudicar.

Entretanto, Ahmed está ahora a la cabeza de las tribus, sólo por debajo de la muy simbólica figura del decrépito rey Shamil (al que maneja a su antojo).

Cuando Murad se entera, al recibir una carta de Sultanet, de que ha sido víctima de una conspiración urdida por Ahmed, monta en cólera y la idea de un pacto con los rusos (para salvarse no sólo él mismo, sino también a su pueblo) ya no le parece tan descabellada…

El brutal Ahmed, por su parte, quiere exterminar la estirpe de su rival, y por ello condena a muerte al niño Yusuf, hijo de Murad. Sólo la intercesión de Sultanet (quien desesperada se ofrece a casarse con el villano para que éste perdone la vida del pequeño) logra salvarlo. “Bien pensado, nos será más útil como rehén” dice el malvado.

Hadji Murad debe tomar una crucial decisión, pues la paz o la guerra dependen de él…

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Steve Reeves (1926-2000)

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Giorgia Moll (1938-)

Comentario

“El Diablo Blanco” es una amena película de aventuras con pinceladas históricas y toques de drama basada en una novela de Leon Tolstoy (quien a su vez se inspiró en hechos reales).

El auténtico Hadji Murad (1792-1852) fue un caudillo tribal ávaro del Daguestán, que lideró a rebeldes chechenos y daguestaníes contra el Imperio Ruso. La novela de Tolstoy que narra sus andanzas fue escrita alrededor de 1904, pero no salió a la luz hasta 1912 (fue publicada a título póstumo, y se trata de la última obra literaria del famoso escritor ruso).

Es muy interesante observar los paralelismos entre la historia de Hadji Murad y las recientes guerras en el Cáucaso de los años noventa, entre separatistas chechenos y la Federación Rusa. Los dos bandos que pugnan entre sí en la película (el del noble Hadji Murad y el del pérfido Ahmed Khan) son equiparables a los que surgen entre los chechenos a finales de los noventa: Los nacionalistas sufis (entre los que se encontraban los Kadyrov) y los terroristas fundamentalistas wahabitas (Basáyev, etc).

En el conflicto caucásico reciente también se estableció la Pax Russica, cuando los Kadyrov (antiguos rebeldes) se comprometieron a aceptar las condiciones del “Zar” Putin; y éste por su parte concedió una gran autonomía en todos los niveles a la República de Chechenia, bajo la premisa de que ésta siguiera formando parte de la Federación Rusa.

A día de hoy los chechenos gozan de enormes libertades políticas, pues pueden practicar sin restricciones su religión, sus tradiciones, hablar su lengua, e incluso legislar según sus costumbres (algo que no era el caso bajo la URSS).

Los Kadyrov se dieron cuenta a tiempo de que el bando islamista wahabita de Basáyev y Doku Umárov no buscaba la libertad del pueblo checheno (de mayoría sufi, y con ricas y ancestrales tradiciones, en algunos casos preislámicas) sino imponer por la fuerza un “Emirato” transnacional wahabita-saudí de tendencia expansiva (algo así como lo que trata hoy de hacer el “ISIS” en Siria e Iraq).

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Tras éste paréntesis político-comparativo, volvamos a la película que nos ocupa: Hadji Murad está interpretado por el hercúleo y apolíneo Steve Reeves, protagonista de numerosos peplums italianos. (“Hadji”, por cierto, es un título honorífico que reciben los musulmanes que han completado el Hadj, o peregrinaje a La Meca. Su nombre de pila era por tanto Murad)

La bellísima Giorgia Moll encarna a la amada del Guerrero Blanco. A ésta actriz ya la conocemos por haberla visto en Il Ladro di Bagdad (Arthur Lubin, 1961); film basado en un cuento de “Las 1001 Noches”, donde también comparte cartel con Steve Reeves.

El gran Mario Bava (uno de los pioneros del giallo) trabajó en “Agi Murad il diavolo bianco” como director de fotografía, lo que contribuye a aumentar la ya de por sí alta calidad de ésta película.

FHP, 2015