Naked Blood (V.O. Nekeddo Buraddo: Megyaku) – Hisayasu Sato, 1996

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Naked Blood (V.O. Nekeddo Buraddo: Megyaku)

Japón, 1996

Director: Hisayasu Sato

Género: Terror/Ciencia Ficción/Gore

Guión: Taketoshi Watari

Intérpretes: Misa Aika (Rika Mikami), Yumika Hayashi (chica glotona), Mika Kirihara (chica vanidosa)

Música: Kimitake Hiraoka

Argumento

El joven Eiji fabrica un suero para “convertir el dolor en placer”, con el que pretende “salvar a la humanidad”. A ésta droga la llama “My Son” (en inglés, “mi hijo”).

La pasión por los experimentos Eiji la heredó de sus padres, ambos científicos. Su progenitor, que (mientras él estaba en gestación) trató de crear una sustancia que posibilitase “la vida eterna”, desapareció un día internándose poco a poco en el océano, ante los atónitos ojos de su mujer, que grababa desde la costa; y no volvió nunca más.

La madre, preocupada por la hiper-población mundial que puede ser “la gran amenaza del futuro”, ha creado una sustancia anticonceptiva, que se dispone a inyectar a tres chicas. Eiji le pide a su madre que le permita presenciar el experimento, pero ésta se opone. Entonces, el joven (que previamente ha inoculado al materno anticonceptivo una dosis de su propia droga, la que busca “convertir el dolor en placer”) se provee de una cámara y graba el experimento desde una azotea vecina.

Las chicas tienen caracteres distintos y bien diferenciados. Una es una glotona, cuyo mayor placer es comer; otra por el contrario está sumamente preocupada por su aspecto físico, su mayor interés es estar en forma y vestir a la moda… La tercera, Rika, padece insomnio crónico (a causa de un shock, desde que comenzó a menstruar); es la más tímida y tiene trazos misantrópicos.

Eiji, pertrechado de su cámara, continúa vigilando a las chicas para comprobar los efectos de su suero. Se siente especialmente atraído por una de ellas, la introvertida Rika (quien le vio mientras grababa desde la azotea). La sigue por el metro, ella le descubre y terminan haciéndose amigos. Rika cuenta al precoz científico en una especie de jardín botánico que tiene la facultad de escuchar los sonidos que emiten las plantas. Luego se dirigen a la casa de ella. Rika convive con un gigantesco cactus, y aunque nunca puede dormir debido a su insomnio, usa una especie de casco emisor de ondas cerebrales que le posibilita relajarse e incluso soñar. Un casco similar está aplicado en el cactus.

Mientras tanto, las otras dos chicas que participaron en el experimento comienzan a notar los efectos de la sustancia creada por Eiji, que “transforma el dolor en placer”.

La que está obsesionada por su físico, tras hacer su gimnasia se contempla en el espejo y comienza a introducirse varas de metal en la carne; primero en los lóbulos de la oreja, luego en brazos y piernas, en todo el organismo; alcanzando sensaciones de carácter orgásmico. No puede parar de perforarse compulsivamente.

Por su parte, la glotona, que está cocinando algo en tempura, siente deseos irrefrenables de comerse a sí misma (!)… Embargada de una lasciva voluptuosidad, en una escena sumamente grotesca y delirante, se corta los labios de la vulva para degustarlos; después se amputa un pezón y lo ingiere, y finalmente también se arranca con el tenedor uno de sus ojos, para asimismo engullirlo…

Ambas terminan muriendo desangradas. El experimento de Eiji para “salvar a la humanidad” ha resultado ser un fiasco, una catástrofe. Sin embargo, no se aprecian adversos efectos en Rika, a quien también le fuera inoculada la droga “My Son”.

Cuando la madre de Eiji se entera de la muerte de ambas jóvenes, hace venir inmediatamente a su consulta a la tercera, a la superviviente, para analizarla e investigar qué ha podido ser la causa detonante de las misteriosas sangrías. La científica no sabe nada de la sustancia “My Son” y menos aún, que “su hijo” la había añadido al anticonceptivo por ella creado.

A partir de ahora, la trama se torna confusa en su etapa final. Eiji también conoce el frustrante desenlace de su experimento, y, desesperado, se “despide” de su madre y parte a encontrarse con Rika en su apartamento. Ésta vuelve de la consulta de la científica, a la que ha destripado (?) aunque sigue con vida, moribunda en una cama de su hospital… Eiji se inyecta a sí mismo todo lo que quedaba del “My Son” y a continuación realiza el coito con Rika en una escena de reminiscencias tántrico-lisérgicas; tras la cual la chica (cual arácnida “viuda negra”) procede a degollar al infeliz con un cuttex…

Entretanto, en la cama donde yace la madre con el vientre abierto, se produce la aparición fantasmal del padre (su marido); que tras decirle que “ahora estarán juntos para siempre” se introduce en el sangriento orificio corporal de la mujer, que se cierra seguidamente tras lo cual ella expira.

El delirio termina con un epílogo en el cual se ve a Rika en una caravana con un niño que parece ser Eiji II, en un desierto americano con cactus. Rika se dispone a fumigar (como motorista) una especie de “chemtrails” por el desierto…

Comentario

Ésta bizarra película japonesa es una positiva sorpresa. No se trata, como era de esperar por la carátula, de splatter gratuito como la saga de “Guinea Pig”, con vísceras y chorros de plasma sanguíneo a mansalva, sino de un inteligente thriller, rodado directamente a video y con muy pocos medios (lo que hace aumentar su mérito).

Las (pocas) escenas gore están muy bien dosificadas, y son por lo tanto sumamente impactantes y efectivas. La secuencia donde “la glotona” se automutila y se come a sí misma es probablemente una de las más inquietantes del género.

El argumento recuerda en cierto modo a la historia de Frankenstein, donde también un científico trata de desafiar a las leyes de la naturaleza. En la novela de Mary Shelley, Victor Frankenstein (que quiere crear vida) fabrica un golem, un monstruo repugnante a base de pedazos de cadáveres; lo que traerá como consecuencia múltiples infortunios sobre él y los suyos.

En “Naked Blood”, Sato nos presenta no a uno sino a tres “científicos locos”: El padre en busca de “la vida eterna”, la madre trata de hallar el “anticonceptivo perfecto”, para evitar la “super-población mundial”; el hijo con su suero “My Son” quiere transformar “el dolor en placer” para así “redimir a la humanidad”. Todo buenas intenciones que no traerán más que desastres.

Muy recomendable, aunque obviamente no para todos los paladares.

FHP, 2014

Ranpo Jigoku (a.k.a. Rampo Noir) – Hisayasu Sato, 2005

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Ranpo Jigoku (a.k.a. Ranpo Noir)

Japón, 2005

Directores: Akio Jissoji, Atsushi Kaneko, Hisayasu Sato, Suguru Takeuchi

Género: Terror (surrealista), ero-guro

Guión: Kenichiro Hara

Intérpretes: Tadanobu Asano (Kogoro Akechi), Yuko Daike, Chisako Hara

Música: Saiko Ai &al.

 

Argumento

 

La película se divide en cuatro segmentos no relacionados entre sí.

 

“El canal de Marte” – Muy breve, se trata de secuencias oníricas de un individuo atormentado que escapa desnudo a través de un paisaje rocoso mientras recuerda a modo de flashback torturas cometidas contra una amante, hasta llegar a una especie de gran cráter.

 

“El espejo del infierno” – La más interesante de las cuatro a nivel argumental (y la más larga). Dos mujeres (que se conocen entre ellas por participar en una tradicional ceremonia del te), mueren en misteriosas circunstancias, con la cara disuelta en una masa informe. El detective Kogoro Akechi (Tadanobu Asano) encuentra el nexo entre ambos casos; las dos se habían mirado en unos extraños espejos, fabricados por un inquietante personaje que ambas conocían, el joven Toru. Éste loco había elaborado los espejos incluyendo una especie de micro-ondas que producían que quien se mirara en ellos pereciera. El segmento incluye un efecto visual caleidoscópico debido a la continua presencia de espejos en las escenas del mediometraje.

 

“La oruga” – Una mujer, para evitar que su marido soldado vuelva a ir a la guerra, lo ha mutilado amputándole brazos y piernas (y lengua). La enajenada, además, somete a su víctima a múltiples vejaciones, latigazos incluídos. Patológicamente celosa, lo hace supuestamente “por amor”; e incluso tiene relaciones sexuales con su deforme cónyugue al que llama “mi oruga”. Finalmente, con la complicidad de un extraño individuo amigo suyo que considera al desventurado como “una obra de arte”, la degenerada decide mutilarse ella misma y convertirse también en “oruga”. Al mismo tiempo, los miembros amputados de su esposo, conservados en formol, se exhiben ante los tres.

 

“Bichos que se arrastran” – El protagonista (otra vez Asano, en un papel diferente) es el chófer de una prestigiosa actriz, a la que conduce en limusina del trabajo hacia su casa o (en ocasiones) al “lugar especial” donde ella se cita con su amante. El chófer está secretamente enamorado de su jefa, y padece una extraña enfermedad psicosomática en la piel que le produce intensos picores y eccemas; los síntomas se recrudecen sobre todo cuando tiene contacto con otras personas (es pues parte de una especie de fobia social). Para poder tener junto a sí a la actriz sin padecer los picores, termina matándola mediante estrangulamiento y luego trata infructuosamente de embalsamarla consiguiendo sólo que se desangre.

 

Comentario

 

Cada uno de los cuatro segmentos está a cargo de un director diferente, y no tienen ningún nexo salvo por la presencia (en los cuatro metrajes) en roles distintos del melenudo Tadanobu Asano.

 

Éstas “historias para no dormir” estilo japonés bizarro compiladas en “Ranpo Jigoku” (o “Rampo Noir”) están inspiradas en la macabra obra de Edogawa Ranpo (1894-1965), escritor de novelas policiacas y de misterio con toques sádicos. El nombre real de éste autor (algunos de cuyos escritos están aún hoy prohibidos en Japón por su carácter extremadamente perverso) era Taro Hirai, siendo “Edogawa Ranpo” un pseudónimo basado en la pronunciación japonizada de “Edgar Allan Poe”; a quien Hirai admiraba.

 

La obra literaria de Ranpo y otros autores fue clasificada en el Japón de los años ´30 como “ero-guro-nansensu” (“erotique-grotesque-nonsense”); un subgénero típicamente nipón que también daría el salto a la gran pantalla con productos tan interesantes como “Strange Circus” (también del 2005) de Shion Sono o éste “Ranpo Jigoku”, de indudable calidad visual.

 

FHP, 2014