Emanuelle e Françoise – Joe D´Amato, 1975

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Emanuelle e Françoise (Le sorelline)

Italia, 1975

Director: Joe D´Amato

Género: Drama, thriller, softcore

Guión: Joe D´Amato, Bruno Mattei

Intérpretes: George Eastman (Carlo), Rosemarie Lindt (Emanuelle), Patrizia Gori (Françoise)

Música: Gianni Marchetti

Argumento

Françoise es una joven que trabaja posando como modelo fotográfica. Un día que la sesión de fotos termina antes de lo previsto, regresa a la casa en donde vive encontrándose con que su novio Carlo está en la cama con otra mujer. Carlo, lejos de sentirse sorprendido o pesaroso, reacciona con frialdad y arrogancia, echando de casa a su novia. Ésta vaga atribulada por las calles, portando una maleta con sus escasas pertenencias. Trata de llamar a una tal Emanuelle, pero siempre salta el contestador automático. Desesperada y sin ganas de seguir viviendo tras un desengaño tan cruel, Françoise camina hasta las vías del ferrocarril y se arroja cuando pasa el tren.

Más tarde, en el tanatorio, el cadáver debe ser reconocido por su hermana mayor. Ésta no es otra que Emanuelle, la mujer con la que Françoise había tratado sin éxito de comunicarse. Los policías allí presentes le dicen a Emanuelle que entre los restos de su hermana encontraron una carta de despedida dirigida a ella.

Tras leerla, tanto Emanuelle como las autoridades comprenden que ese individuo llamado Carlo, al que se menciona en el escrito, es responsable del suicidio. Los agentes han tratado de localizarlo, pero no ha sido posible. Al parecer, Françoise llevaba una doble vida, pues ninguna de las personas interrogadas con las que la difunta tenía contacto habitual sabían nada de ese novio suyo. La misiva deja entrever que Carlo es un jugador empedernido que siempre pierde y que está permanentemente endeudado. Cuando no puede pagar, Carlo ofrece a Françoise para que sus acreedores se diviertan con ella. Sin embargo, la chica no le abandona: Siente un amor ciego hacia él, se trata de una relación enfermiza y adictiva, autodestructiva para ella. Él sólo la utiliza manejándola a su antojo, pero ella no puede estar sin él.

Emanuelle es una mujer con un alto poder adquisitivo, que reside en una lujosa villa y es propietaria de varios caballos de carreras. Un día, en el terreno donde entrenan los equinos, ve a un tipo que se asemeja a Carlo por la descripción que Françoise hiciera de él. Tras preguntar a uno de sus empleados, averigua que es un jugador profesional que quiere apostar en las carreras, y que tiene muchas deudas. Emanuelle comprende que se trata del hombre que estaba buscando.

Carlo es un casanova nato, y al ver a Emanuelle intenta conquistarla. Ella inicialmente finge desinterés, pero se complace en haber encontrado al individuo que empujó a su hermana a la muerte. Ella pretende atraerlo para destruirlo lentamente, vengando así a Françoise…

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Comentario

En ésta ocasión, Joe D´Amato nos propone un cruce entre drama y thriller – sin escatimar, como es habitual en él, en escenas de desnudos y sexo softcore (trío lésbico incluído).

Cuando Emanuelle encuentra a Carlo, comienza un sutil juego de seducción para cautivarlo y atarlo (también en el sentido literal, como veremos). No se entrega de inmediato a él como suelen hacer el resto de las mujeres, y precisamente por eso Carlo se siente tan fascinado por ella (Una mujer cuarentona del montón, que por lo demás no es particularmente atractiva). Emanuelle quiere tratar a Carlo del mismo modo que éste trató a su hermana; manipularlo y utilizarlo.

Las personalidades de las dos hermanas no podían ser más diferentes. Françoise, la más joven, es ingenua, dócil e inocente; está sinceramente enamorada del macarra Carlo, un truhán ludópata y playboy, que no duda en ponerla de patitas en la calle cuando se cansa de ella – provocando así su suicidio. La madura Emanuelle, por su parte, es astuta y calculadora. Además, odia a los hombres. Va a propiciar que la ley del karma se vuelva contra el indeseable que causó la muerte de su hermana. Mediante flashbacks (a raíz de la lectura de la carta) vemos cómo era la tormentosa relación de amor-odio entre Françoise y Carlo; secuencias que se van alternando con la intervención de Emanuelle para vindicar a su hermana.

En su cautiverio, encadenado y mantenido a base de pan y agua en una habitación secreta en la villa de Emanuelle, Carlo piensa que ella está actuando por cuenta de alguno de sus muchos enemigos a los que debe dinero. No sabe (todavía) quién era su hermana, y que la tortura a la que es sometido es el fruto de una bien planificada venganza. El maltrecho Carlo, drogado y atado de pies y manos por cadenas, se ve reducido a tener que comer mendrugos de pan seco del suelo, como un perro; mientras que Emanuelle disfruta del espectáculo y con sorna realiza un strip-tease a través de una pared corrediza de cristal transparente.

Sin embargo, Carlo no se da por vencido y tratará de escapar; manipulando con un alambre las esposas que le mantienen retenido. Además, su desaparición ha levantado las suspicacias de Mira, otra de sus novias, quien le había visto últimamente en compañía de Emanuelle.

Digna de mención es la escena en la que Carlo, bajo el influjo de los alucinógenos que Emanuelle le inyecta, cree ver un orgiástico y delirante festín caníbal a través del cristal. La película gana considerablemente en interés a partir de la segunda mitad, y el tenso final es muy bueno.

Joe D´Amato firmó el guión de la película con su nombre real, Aristide Massaccesi; y contó para la elaboración del mismo con la ayuda de Bruno Mattei; otro de los directores emblemáticos de la exploitation italiana.

Carlo está interpretado por el gran George Eastman (Luigi Montefiori), a quien vimos en “Cani Arrabbiati” (Mario Bava, 1974) y quien más adelante interpretaría al loco de la isla griega en “Antropophagus” (1980), también de Joe D´Amato. Patrizia Gori, que encarna a Françoise, tiene papeles secundarios en “Zinkssärge für die Goldjungen” (Jürgen Roland, 1973) y en “Quelli che contano” (Andrea Bianchi, 1974), ambas protagonizadas por Henry Silva.

Los personajes “Emmanuelle y Françoise” resultan reminiscentes de “Justine y Juliette”, las hermanas creadas por la pluma del Marqués de Sade; dos mujeres completamente opuestas: Justine es sumisa, creyente, confiada y candorosa; pero su vida es un calvario, siempre de una desgracia a la otra. Juliette, por su parte, es pérfida, depravada y carente de escrúpulos; pero asciende rápidamente en la escala social, acaparando gran prestigio y riquezas. De Sade escribió sobre las dos hermanas en sus libros “Justine o los infortunios de la virtud” (1791) y “Juliette o las prosperidades del vicio” (1796). El cineasta español Jesús Franco, que tiene mucho en común con Joe D´Amato, dedicaría una película a Justine: “Marquis de Sade: Justine” (1969), con Romina Power como protagonista.

FHP, abril de 2016

 

Buio Omega – Joe D´Amato, 1979

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(Reseña escrita por el autor del blog el 16.07.2008)

Buio Omega a.k.a. “Beyond Darkness”

Italia, 1979

Director: Joe D´Amato

Género: Terror

Guión: Ottavio Fabbri, Giacomo “Mino” Guerrini

Intérpretes: Kieran Carter (Frank), Cinzia Monreale (Anna/Elena), Franca Stoppi (Iris)

Música: Goblin

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En general, y según los expertos, la calidad artística de la mayoría de las propuestas de Joe D´Amato deja bastante que desear. Pero el prolífico cineasta italiano, autor de obras con títulos tan sugerentes como “Porno Holocaust” y “Las Noches Eróticas de los Muertos Vivientes”, también dejó para la posteridad películas de renombre (en los círculos underground) que hacen las delicias de los cinéfagos (devoradores de cine de culto): Entre ellas “Buio Omega” (1979) y “Antropophagus” (1980). Después de una ardua búsqueda ambas han llegado a mis manos, y ya he visto la primera.

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Joe D´Amato (1936-1999)

El romano Joe D´Amato, cuyo nombre real era Aristide Masaccesi, está considerado como uno de los abanderados del cine exploitation europeo, lo cual salvando las distancias le convierte en uno de los homólogos transalpinos de Jess Franco. Su marca personal consistía en mezclar (de forma bastante bizarra) cine de terror y tripas (o gore) con erotismo pseudopornográfico setentero-casposo (o softcore).

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“Buio Omega”, por el contrario, no presenta esa característica. Es una cinta muy digna con logrados tintes góticos, donde se pone de manifiesto el obsesivo perfil psicológico del protagonista. D´Amato moldea una historia perversa de reminiscencias freudo-hitchcockianas.

El protagonista del film es Frank, un joven acaudalado gracias a la herencia recibida de sus padres, que vive en una suntuosa villa con su ama de llaves. A pesar de su privilegiada situación económica no es feliz: Su novia Anna se encuentra gravemente enferma, debatiéndose entre la vida y la muerte en un hospital. Esto es debido al rito de magia negra orquestado por Iris, la siniestra ama de llaves que desempeña hacia Frank el papel de una madre sobreprotectora y celosa.

Frank, joven taciturno y solitario, mata su abundante tiempo libre ejerciendo de taxidermista: En su garaje se dedica a embalsamar animales, lo que hace patente su interés latente por la anatomía.

Finalmente Anna entrega su espíritu después de una (¿larga?) agonía. En el momento del deceso está tumbada en la cama mientras Frank la besa. Durante el entierro de la joven vemos que tenia una hermana gemela, Elena (interpretada por la misma actriz, Cinzia Monreale).

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Frank, devastado, no puede concebir que algo se interponga entre él y su amada: Ni siquiera la muerte. Por ello, acude esa noche al cementerio para desenterrar a Anna, cuyo cadáver está ataviado con un blanco camisón, y la carga en una furgoneta, en una escena de excelso romanticismo macabro.

Una autostopista posicionada junto a la oscura carretera intenta que Frank la acerque al pueblo. Éste obviamente hace caso omiso. Pero la mala fortuna quiere que una de las ruedas del vehículo sufra un pinchazo, lo que obliga a Frank a parar para cambiarla. Cuando el protagonista ha realizado la operación, vuelve al volante y se encuentra a la autostopista de antes sentada en el asiento de copiloto, pues ella ha creído que ha parado por causa suya. Frank, que lleva detrás el cadáver de su novia, se siente bastante incómodo ante la intrusa. Sobre todo cuando, debido al traqueteo de la pedregosa calzada comienza a abrirse la ventanilla que comunica la cabina (del piloto y copiloto) con la parte trasera de la furgoneta, y por ella comienza a sobresalir una de las manos de la finada. Afortunadamente, la indeseable pasajera no se percata de ello, pero sí Frank, quien pone remedio al desaguisado.

Cuando llegan a la villa del joven romántico, la autostopista sigue en el vehículo, dormida tras obnubilarse con los humos del hachís. Frank, que ha aparcado en el garaje, toma el cuerpo de Anna y lo lleva hasta la sala donde realiza sus practices embalsamatorias. Una vez la chica muerta está completamente desnuda sobre una mesa de operaciones, Frank toma un bisturí y se dispone a momificarla. Podemos observer los pormenores del procedimiento con todo lujo de detalles. El melancólico taxidermista extrae los intestinos de su amada y todas las demás vísceras, depositándolas seguidamente en un cubo. Cuando saca el corazón se lo come, en un acto instintivo de canibalismo amatorio. Para sacar el cerebro, Frank introduce unos tubos por las fosas nasales de la bella muerta, como se estilaba en el Antiguo Egipto.

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Entretanto, la autostopista, que aún no sospecha que se ha metido en la boca del lobo, despierta, sale de la furgoneta y se pasea por el garaje. Cuando llega a la sala donde se realiza el embalsamamiento, la incauta se estremece por el terror y presa del pánico intenta huir, chocando contra el cubo que contiene las vísceras de Anna, que se desparraman por el suelo. Ésto a Frank no le hace ninguna gracia, y tras un forcejeo durante el cual a la entrometida le son arrancadas las uñas con unas tenazas, la ahoga cortándole la respiración con una especie de cojín.

El espectáculo ha sido presenciado por Iris, la criada siniestra, que será complice de Frank ayudándole (se diría que con mucho placer) a descuartizar el cuerpo de la autostopista y disolverlo en una bañera llena de ácido.

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Una vez momificada, Anna es colocada en una cama, donde Frank se pasará las horas contemplándola, extasiado y catatónico. En una escena bastante bizarra, Iris lo masturbará mientras el necrófilo observa a su lívida e inerte novia. Recordemos que la perversa criada ha provocado la muerte de la chica mediante un hechizo, porque quería tener a Frank sólo para sí. Entre ambos existe una interdependiente relación (pseudo-) maternofilial con tintes edípicos. Impactante también es el momento en el que el infeliz protagonista, de unos 25 años, es amamantado por la madura y posesiva empleada. El personaje de Iris está inspirado (hiperbólicamente) en el ama de llaves de la película “Rebecca”, del orondo maestro del suspense Hitchcock.

En ésta tesitura de enfermizo ambiente comienzan a desarrollarse más crímenes, desencadenados a causa de la perturbación que padece Frank, enemorado febrilmente de una mujer convertida en blanco y gélido cadáver incorrupto. Nuestro amigo es hostigado por un detective privado a sueldo de las pompas fúnebres Omega. Ésta lúgubre empresa está dispuesta a esclarecer la sustracción del cadáver de Anna, y el detective espía a Frank puesto que es el principal sospechoso de haber profanado la tumba. Tampoco le dejarán tranquilo los policías que investigan la desaparición de unas chicas en las inmediaciones de la villa. Y la inesperada visita de Elena, hermana gemela de la difunta, sólo contribuirá a complicar las cosas.

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En resumidas cuentas, quien tenga la suerte de accede a ésta morbosa y fascinante película, tiene en su haber una sublime muestra de cine gótico italiano. Un film sobre el amor más allá de la muerte, sobre la necrofilia, la melancolía, aderezado con una destructiva relación edípica; y un alma torturada que se convierte en psicópata como protagonista. Romanticismo y suspense.

La banda sonora es fabulosa. Y no sorprende, puesto que la compusieron los Goblin, colaboradores de la mayor parte de los éxitos de Dario Argento. Y los paisajes suizos son de una enorme belleza. Una exquisitez para gourmets de la cinefagia.

FHP, 2008

Antropophagus – Joe D´Amato, 1980

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(Reseña escrita por el autor del blog el 17.07.2008)

Antropophagus a.k.a. „Gomia, Terror en el Mar Egeo“

Italia, 1980

Director: Joe D´Amato

Género: Terror

Guión: Joe D´Amato, Luigi Montefiori (a.k.a. George Eastman)

Intérpretes: Tisa Farrow (Julie), Saverio Vallone (Andy), Luigi Montefiori/George Eastman (Nikos Karamanlis, el caníbal)

Música: Marcello Giombini

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Ésta controvertida película, la segunda de Joe D´Amato que tengo la oportunidad de visionar, levanta pasiones entre los amantes del cine italiano de terror. Unos la consideran una obra maestra, otros un bodrio. Tal vez influya que hay dos versiones distintas en circulación: La italiana, íntegra y original; y la estadounidense, conocida como “The Grim Reaper” fuertemente censurada y sin la excelente banda sonora que la hace tan especial (Para que se adaptase mejor al mercado norteamericano y sus cánones hollywoodienses). Yo he tenido la fortuna de ver la primera, la versión italiana, que es la que se encuentra mayormente en Europa.

“Antropophagus” tiene la atractiva reputación de ser considerada una película maldita, que está prohibida en multitud de países, lo quela convierte en una codiciada joya de difícil acceso. Esa misma característica la comparte con su film compatriota “Cannibal Holocaust”, de Ruggero Deodato; aunque ésta última tenga una fama mucho mayor. Y es que ambas no solo comparten nacionalidad y status de culto, sino también temática “gastronómica”. Salvando las distancias (nunca mejor dicho), pues la una está ambientada en las selvas del Amazonas y la otra en una isla del mar Egeo. En la primera los caníbales son los integrantes de una tribu indígena, en la segunda el atropófago es un solo hombre enloquecido.

En las primeras secuencias vemos como una pareja de turistas alemanes pasea feliz por un costero pueblecito mediterráneo de casas blancas, dirigiéndose a la playa. Ella se dispone a bañarse y él se tumba en la arena para escuchar música a través de unos auriculares. Una figura humana descomunal bucea bajo el punto donde la chica está nadando, la agarra del tobillo, la estira hacia abajo, y seguidamente vemos como el agua se tiñe de rojo sangre. Entonces, a cámara subjetiva (desde la perspectiva del monstruo) la amenaza se va acercando al descuidado alemán, que aún no advierte el peligro, y un cuchillo de carnicero le es hundido en el cráneo.

Tras ésta escena inicial conocemos a los protagonistas, un grupo de jóvenes que disfrutan en Atenas de sus vacaciones y se disponen a emprender un viaje por mar para visitar las islas del Egeo. Una de las chicas tiene amigos que veranean en una de esas islas, por lo que el grupo se dirige en barco hacia allí. Otra tiene una baraja de cartas de tarot y se dispone a leérselas a sus compañeros durante el trayecto. Una embarazada, integrante del elenco, desea saber si será niño o niña, si estará sano, etc. y se lo pregunta a la tarotista. Ésta observa las cartas que han salido, confusa y turbada, para finalmente decir titubeante que esa combinación es tan complicada que no puede interpretarla. Cuando la embarazada sale del camarote, la aficionada al esoterismo le confiesa acongojada a otra de sus amigas que cuando las cartas no muestran el futuro de una persona es porque esa persona no tiene futuro. La intuitiva mujer intenta convencer a los demás para que no vayan a la isla, pues percibe que algo maligno se cierne sobre ellos, pero nadie la toma en serio. Y hacen mal.

Cuando el barco atraca en la costa, los jóvenes se dirigen al pequeño pueblo de blancas casas que vimos al principio. La embarazada, que debido a su avanzado estado de gestación se encuentra indispuesta para caminar al mismo ritmo que los demás, permanece en el barco con el marinero que los ha llevado hasta allí. Los otros comprueban anonadados que en el municipio no hay nadie, y que el último telegrama fue enviado hace meses. (No hay servicio de teléfono en la isla). Se trata de un pueblo fantasma.

El grupo llega a la casa donde se supone que veranean los amigos de una de las chicas, y descubren con estupor que tampoco allí hay señales de vida. Por la noche encuentran en el sótano a una muchacha ciega, hija de los dueños, que aterrorizada y en estado de shock les habla de la desaparición de sus padres, y de la presencia de un voraz asesino que huele a sangre humana y que ha ido decimando la ya de por sí escasa población de la isla.

A la mañana siguiente, los turistas retornan a la playa para reunirse con la embarazada y el marinero, y con pánico cotejan que el barco se ha adentrado en el mar y que no hay rastro de ambos. Un terror abstracto se respira en el ambiente y va tomando su forma. Una oprimente angustia va estrangulando al grupo, el cual poco a poco irá menguando.

Más adelante descubriremos que el antropófago que da nombre a la película, interpretado por Luigi Montefiori (a.k.a. George Eastman), es un ermitaño que habita en unas lobregas catacumbas, superviviente de un aparatoso naufragio. Cuando zozobró su barco, se vió a bordo de una inestable lancha, perdido en el mar en compañía de su mujer y de su hijo, ya muerto durante el accidente. Nikos Karamanlis, que así se llamaba el náufrago, famélico y deshauciado, propuso a su mujer que se comieran el cadáver del hijo para sobrevivir; a lo que ella se negó. Tras un forcejeo mata involuntariamente a su esposa, se vuelve loco y devora ambos cuerpos. Más tarde, una vez en tierra y ya convertido en bestia psicópata, se dedicará a asesinar a los pueblerinos para calmar su ansia de carne humana.

Ésta tragedia nos remite a la historia del Conde Ugolino, narrada en la Divina Comedia de Dante, quien víctima del hambre se vió obligado a comerse a sus seres queridos para sobrevivir, tras lo cual pierde la razón. También se establecen paralelismos entre el monstruo de éste film y el cíclope Polifemo de la mitología griega.

SPOILER: La película contiene dos “famosas escenas” de las que ya había oído hablar antes de verlas, e imagino que el impacto habría sido mayor de no haber sabido yo nada al respecto. Una es el ataque del monstruo a la embarazada: Le arranca el feto de sus entrañas y se lo come. La otra tiene lugar al final; cuando Karamanlis, a quien uno de los turistas ha logrado reducir clavándole un pico en el estómago, cae de rodillas herido de muerte y se saca sus propias tripas para devorarlas, antes de desplomarse definitivamente muerto. Éstas escenas fueron cortadas para la versión de EEUU llamada “The Grim Reaper”. FIN DEL SPOILER.

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Cuando Joe D´Amato dirigió “Antropophagus” lo hizo con el único propósito de ganar dinero, sin interés artístico alguno. Lo cierto es que, sin pretenderlo, logró una película de puro terror visceral, con una atmósfera agobiante, claustrofóbica e hipertensa. A ello contribuyen fundamentalmente el lento ritmo narrativo, que a algunos puede incitar al letargo pero en mi opinión es fundamental para conseguir un ambiente opresivo; los juegos de cámara (no vemos al monstruo hasta bien entrado el metraje, pero D´Amato nos permite ver a través de sus ojos mediante planos subjetivos), la iluminación y las sombras, al estilo del “Nosferatu” de Murnau, la cueva del ermitaño psicópata, llena de esqueletos y momias (de verdad, pues esas escenas fueron rodadas en unas catacumbas a las afueras de Roma), el pueblo fantasma y su tétrico cementerio, donde una de las protagonistas se queda encerrada de noche mientras el caníbal acecha… Y sobre todo, cómo no, la excelente banda sonora de Marcello Giombini, que en mi opinión es mucho más importante para entender la película y disfrutar de ella que los diálogos de los personajes. Una música de tintes experimentales, minimalista y creada por sintetizador con sonidos de órgano insertados, espectralmente hipnótica, que consigue realzar hasta la cumbre el poderío visual del film.

Lastimadamente, Joe D´Amato no volvió a hacer más películas como “Buio Omega” o “Antropophagus”. En los años noventa decidió pasarse a la industria del porno duro, dirigiendo películas hardcore porque por lo visto era lo que siempre había querido hacer, y además se dió cuenta de que le salía más rentable económicamente.

Tal vez algún dia cae en mi poder alguna otra película de Masaccesi que merezca la pena ser comentada ya sea por su bizarrez o por su interés cinéfago.

FHP, 2008

 

Caligola: La storia mai raccontata (a.k.a. Caligula, the untold story) – Joe D´Amato, 1982

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Caligola: La storia mai raccontata (a.k.a. Caligula, the untold story)

Italia, 1982

Director: Joe D´Amato

Género: histórica, neo-peplum, erótica-softcore

Guión: Joe D´Amato, George Eastman, Michele Soavi

Intérpretes: David Brandon (Calígula), Laura Gemser (Miriam), Fabiola Toledo (Livia), Michele Soavi (Domitius)

Música: Carlo Maria Cordio

 

Argumento

Roma, 37 d.C. Cayo César Germánico (David Brandon) ha sucedido a su tío Tiberio como Emperador. El joven Cayo César (que sería póstumamente conocido con el apodo de Calígula – “Botitas”-) es un desequilibrado con delirios de grandeza, que se hace adorar por sus súbditos como si fuera un dios encarnado. Su soberbia llega hasta el punto de ordenar la decapitación de las estatuas de Júpiter para colocar una réplica en piedra de su propia cabeza en el lugar de la del dios supremo del panteón romano. Calígula instaura un reino de terror, una sangrienta tiranía de la que sus propios senadores comienzan a resentirse. Para burlarse de éstos, decide investir con el cargo de cónsul a su caballo Incitatus. Cruel y lascivo, el emperador se entrega asiduamente a las más frenéticas y voluptuosas bacanales.

Por las noches, una misma pesadilla le acosa sin tregua: Es perseguido en la playa por un misterioso enemigo enmascarado que trata de matarle, disparando una flecha con su arco. Mientras en una ocasión se revuelve en su lecho soñando la repetitiva secuencia onírica, uno de sus criados intenta efectivamente asesinarlo. Pero el déspota despierta a tiempo, y el tiranicida es detenido en el acto. Calígula resuelve poner a su agresor un castigo ejemplar más duro que la muerte: le cortará los tendones de brazos y piernas y le amputará la lengua, torturándolo con saña y provocando al desgraciado el máximo sufrimiento. Tras ello, Domicius (que así se llama el desventurado) deberá vivir como un vegetal, incapaz de moverse o hablar, como un muñeco testigo mudo de los excesos salvajes del monarca.

En otra ocasión, Calígula pasea con su guardia pretoriana en la misma playa escenario de la pesadilla que cada noche le atormenta. Allí se encuentra con un grupo de jóvenes, chicos y chicas, que encienden su desenfrenada lujuria. El tirano se dirige a una pareja, formada por Ecio y Livia. Ella es una conversa al cristianismo, y porta consigo un amuleto pisciforme, que simboliza su nueva fe. Pero él es hijo de un importante miembro del senado, y sólo por éste motivo Calígula los deja en paz… al menos por el momento. Más tarde, cuando ya no hay testigos y la pareja se encuentra sola en un bosque cercano, Ecio y Livia son abordados nuevamente por Calígula, quien viola a Livia, hasta el momento virgen, mientras su anonadado prometido es sujetado por uno de los esbirros del déspota. Livia trata de resistirse, y saca el puñal de Calígula para clavárselo en defensa propia, pero el emperador se percata y la hoja se hunde en las carnes de la joven. Tras ello, también Ecio es asesinado. Al ser éste hijo de un influyente político de la corte, la realidad de los hechos es obviamente ocultada, y Calígula señala a integrantes de la nueva secta oriental de los cristianos (a la que la chica pertenecía) como autores del doble crimen. En consecuencia se desata una nueva oleada de persecución contra los cristianos.

Sin embargo, no todos están tan convencidos de que el César sea inocente. Entre los que sospechan de él se encuentran muchos de sus senadores, que llevan ya tiempo conspirando para derrocarlo. El líder de la trama es el senador Marcelus, quien había enviado al criado Domicius para que liquidase al loco. Marcelus y los suyos buscan la manera de librar a Roma del demencial dictador, pero no es tan fácil, pues a Calígula aún le quedan apoyos en el senado.

Por otro lado, también la egipcia Miriam (Laura Gemser), sacerdotisa de Anubis, tiene la certeza absoluta de que Calígula es el asesino de la pareja. Miriam decide vengar a su amiga Livia; y para ello se inscribe como concubina en el harén del César, presentándose ante un “seleccionador” (marcadamente homosexual) que la acepta entre las candidatas a trabajar en lo sucesivo como encargadas de aplacar la insaciable lujuria del tirano. Miriam piensa que así, estando cerca de Calígula, tendrá tarde o temprano la oportunidad de acabar con él, aunque para ello muera en el intento. Antes de entregarse al harén imperial, la egipcia ofrenda su virginidad a Anubis, penetrándose con un consolador de ébano, que rompe su hasta entonces intacto himen.

Calígula, por su parte, se encuentra con sus senadores tratando de diseñar un megalomaníaco proyecto arquitectónico. Algunos tratan sutilmente de disuadirlo, pues no hay suficiente dinero para ello en las arcas del estado. Pero Calígula no atiende a razones, e insiste en la construcción de monumentos y edificaciones que atestigüen su “divinidad” y su “eterna gloria”. En el momento del brindis, el emperador finge ser víctima de un envenenamiento, y cuando dos de los senadores que conspiraban contra él le adulan cínicamente y uno de ellos ofrece pagar de su bolsillo la construcción, Calígula se recupera al instante y toma la palabra de ambos: al que había ofrecido costear el proyecto “si el emperador se salvaba” le recuerda su promesa; al que había “ofrecido a los dioses su propia vida por la del emperador” lo atraviesa con su espada en el acto. El reino de terror de Calígula se hace cada día más insoportable, y la facción de Marcelus lleva por el momento las de perder.

Mientras tanto, Miriam se ha integrado en el harén. El seleccionador de concubinas procede a mostrar a las chicas cómo han de complacer las voluptuosidades del crápula. Bajo las directrices del afeminado, una de las jóvenes practica una felación a un esclavo griego, mientras las demás se tocan. Una de las mujeres, mayor y poco agraciada, ha sido aceptada solamente para copular con perros y caballos, para regocijo voyeurístico del degenerado emperador y sus ministros.

Calígula y sus allegados se refocilan viciosamente en una orgía desenfrenada, donde tiene lugar además (a modo de espectáculo) una brutal pelea de gladiadores, sin más armas que unos puños metálicos. Las salpicaduras de sangre de los contendientes llueven sobre los ebrios y obnubilados participantes de la bacanal, mientras éstos muerden sus muslos de pollo, o se revuelcan con esclavas y eunucos.

La conspiración para deponer a Calígula y lograr que la normalidad y el orden retornen a Roma sigue su curso. Por un lado, los senadores rebeldes de Marcelus; por el otro, la joven egipcia, infiltrada entre las concubinas. Por medio está también un robusto guerrero bárbaro procedente del norte, Ulmar. Príncipe en su tierra natal y esclavizado por los romanos, Ulmar ha obtenido el cargo de guardaespaldas personal del César…

Comentario

Ésta película sobre el depravado emperador romano es un remake filmado con el único y exclusivo propósito de aprovechar el éxito de la superproducción también italiana “Calígula” (1979) de Tinto Brass. El controvertido y sumamente productivo Joe D´Amato (junto con Jess Franco uno de los “reyes” de la serie B de los ´70 y ´80) dirigió éste largometraje neopeplum-softcore obteniendo sorprendentemente un resultado bastante decente. Podría incluso decirse que la versión d´amatiana (ésta “segunda parte” apócrifa) no es necesariamente inferior en calidad a la original de Tinto Brass, que contaba con un presupuesto mucho más holgado.

En algunas escenas, éste “Caligola 2” recuerda a la obra de Pasolini (especialmente a “Salò o le 120 giornate di Sodoma”). Por cierto, resulta sorprendente que el “Divino Marqués” de Sade, autor del mencionado libro en el que se inspiró Pasolini, y de “Justine” (encarnada por Romina Power en la gran pantalla de la mano de Jesús Franco) no escribiese una novela biográfica sobre Calígula, el más “sádico” de los emperadores de la Antigua Roma según consta ya en las crónicas de Suetonio.

La banda sonora de Carlo Maria Cordio decepciona, pues no es tan épica y bombástica como cabría esperar en una película de ésta temática. Más bien pasa desapercibida, lo que no sucede con la memorable música del Calígula de Tinto Brass (plagiada por cierto al compositor ruso Prokofiev).

Al igual que la de Jesús Franco, la filmografía de Joe D´Amato es bastante irregular. Si bien la mayor parte de sus muchas películas son prescindibles y de ínfima calidad (se dedicó incluso al porno duro en sus últimos años), cuenta con algunas genialidades del terror y gore como “Antropophagus” (con George Eatman en el papel de caníbal protagonista y banda sonora de Marcello Giombini) y “Buio Omega” (cuya música fue compuesta nada menos que por los Goblin, colaboradores de Dario Argento). La actriz Laura Gemser (que interpreta a la egipcia Miriam) es una habitual de las películas de Joe D´Amato a lo largo de los años ochenta, y da vida a la famosa “Emmanuelle”.

D´Amato también perpetró allá por los primeros años ochenta producciones tan bizarras e inenarrables (pero al mismo tiempo entrañables) como “Porno Holocaust” o “Las noches eróticas de los muertos vivientes”, ambas un cruce de géneros entre el terror zombi y el softcore.

En el secundario papel del desgraciado Domicius (que trata de matar al tirano en las primeras escenas) tenemos a un joven Michele Soavi, quien años después se dedicaría él mismo a la realización de películas dirigiendo la excelente “Dellamorte Dellamore” (1994), basada en los comics de Dylan Dog, con Rupert Everett y una bellísima Anna Falchi.

“Caligola 2” cuenta en su versión integral (más de dos horas) con algunas escenas “hard”, de sexo explícito.

FHP, 2015