La séptima mujer – Franco Prosperi, 1978

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La settima donna (a.k.a. “The last house on the beach”)

Italia, 1978

Director: Franco Prosperi

Género: Thriller

Guión: Romano Migliorini & Gianbattista Mussetto (basados en una historia de Ettore Sanzò)

Intérpretes: Florinda Bolkan (Hermana Cristina), Ray Lovelock (Aldo), Sherry Buchanan (Elisa)

Música: Roberto Pregadio

Argumento

En algún lugar de la costa, unas jovencitas se encuentran estudiando y relajándose en una gran casa cercana a una playa. Al mismo tiempo, en la ciudad, tres delincuentes acaban de atracar una sucursal bancaria. Los asaltantes escapan con el botín, pero una vez en las afueras se dan cuenta de que el motor del coche que han empleado para su huída no funciona bien. Se ven obligados a aparcar, y a buscar un escondite en las inmediaciones; donde puedan ocultarse durante unos días. La casa más próxima resulta ser aquella donde se encuentran las muchachas: cinco adolescentes acompañadas por una mujer más mayor (profesora o monitora), y una empleada del servicio.

Los delincuentes irrumpen en la villa y de inmediato toman como rehenes a las chicas. Uno de ellos asesina bestialmente a la criada cuando ésta trataba de escapar, pero los demás no presencian el crimen. Las jóvenes son alumnas de un instituto, y en la casa (que pertenece a su colegio) suelen reunirse cada cierto tiempo para estudiar juntas e ir a la playa.

Nino, uno de los atracadores, se separa del grupo y entra en la habitación de Elisa, una de las jovencitas; para tratar de violarla. Pero ella se defiende y le clava en la pierna la punta metálica de un peine. La herida es muy profunda, y de ahora en adelante el asaltante cojeará.

Los delincuentes vigilan a las mujeres en todo momento, encañonándolas y amenazándolas. Quieren saber hasta cuándo van a quedarse allí. La encargada del grupo les dice que dentro de dos días un autobús pasará a recogerlas para regresar a la ciudad. Hasta entonces, piensan los atracadores, habrán podido arreglar el motor y el asunto del atraco se habrá “enfriado”; la policía ya no estará buscándoles por todas partes como ahora.

Nino y Walter son los más agresivos del trío, disfrutan haciendo sufrir a sus víctimas y son unos auténticos psicópatas, imprevisibles y feroces. Aldo, por su parte, es más calmado. Mantiene en todo momento la cabeza fría y da la impresión de ser el jefe y de tener la situación bajo control. Pronto una de las chicas empezará a fijarse en él, haciendo gala de un típico y tópico complejo de Estocolmo: “Tú no eres como tus amigos” le dice a Aldo, porque éste parece “un buen chico” comparado con sus cómplices.

Pero en realidad Aldo es tan maligno y execrable como los otros dos. Cuando los delincuentes se enteran de que la mujer que acompaña a las chicas es una monja, comienzan a mofarse de ella. Obligan a la hermana Cristina a que se ponga los hábitos, y para ello le arrancan el vestido de “civil” que llevaba puesto hasta el momento. Después la toquetean y hostigan sexualmente.

Las otras monjas del colegio tratan de ponerse en contacto con la villa. Quieren avisar a la hermana Cristina de que el autobús que debía recogerlas se retrasará un día. Pero no pueden hablar con ella porque los maleantes han cortado la línea telefónica. Así, deciden mandar un telegrama.

Esa noche, Nino y Walter sacan de la cama a Lucia, otra de las muchachas y la llevan al salón para violarla entre los dos. Cuando Cristina oye los gritos, acude a socorrer a su alumna, pero Aldo (el “buen chico”) la retiene para evitar que intervenga. Así, sus dos secuaces consuman la violación.

A la mañana siguiente llega el telegrama. Una de las chicas acude a recibir al cartero, mientras Walter la vigila escondido apuntándola con la pistola para evitar que les delate. Pero para entregar el telegrama, el cartero necesita una firma de la monja. La hermana Cristina se encamina a la puerta principal. Pero antes ha tenido tiempo de escribir una breve nota en un papelito pidiendo ayuda. Al firmar entrega discretamente la nota al cartero.

Waldo no se ha dado cuenta de que la monja le ha pasado una nota al empleado de Correos cuando ha ido a firmar. En ella, suponemos, Cristina ha escrito que están secuestradas. Waldo lee el telegrama y contento informa a sus compinches de que tienen un día más para hacer tiempo en la villa. A las chicas eso les parece una mala noticia, pues saben que eso significa que serán atormentadas durante otras 24 horas.

Las muchachas siguen acariciando la idea de escapar de allí, y ahora más que antes. Lucia, que fue violada la anterior noche, ya no aguanta más… Sólo las retiene el recuerdo de lo sucedido a la criada (cuyo cadáver con el cráneo destrozado a golpes finalmente vieron – El asesino lo exhibió a modo de disuasorio aviso.)

Cristina había esperado que rápidamente llegaran a la casa policías para rescatarlas y reducir a los criminales. Pero esos refuerzos ya tardan demasiado. ¿Habrá leído el cartero la nota?

Entretanto, la herida que Nino tiene en la pierna empeora considerablemente. Está infectada, y Nino ya no puede caminar. Sus compañeros están preocupados, porque en esas condiciones no podrá huir. La hermana Cristina le propone “un pacto” a Aldo, el más “presentable” del trío: Ella, que también fue enfermera, tratará de curar a Nino, y a cambio ellos las dejarán en paz y no volverán a molestar a ninguna de las chicas. Aldo acepta. ¿Pero será posible fiarse de él?

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Sherry Buchanan como Elisa

Comentario

Éste violentísimo thriller italiano tiene una temática muy similar a la de otras películas que vieron la luz por aquellos años. Tras el éxito de la estadounidense “The last house on the left” (Wes Craven, 1972) se rodaron varios films de tintes “exploitation” en Europa (mayormente en Italia) retomando y reciclando la trama de uno o varios delincuentes sin escrúpulos, que tras un atraco (o fugados de la cárcel) tomaban como rehenes a personas inocentes martirizándolas de las formas más variopintas. Entre éstas propuestas destacan las muy notables “Vacanze per un massacro” (Fernando Di Leo, 1980) y “Autostop rosso sangue” (Pasquale Festa Campanile, 1977). También “La casa sperduta nel parco” (Ruggero Deodato, 1980).

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En su título internacional en inglés, ésta „La settima donna“ es presentada como „Last house on the beach“ acoplándose así descaradamente a la “tradición” iniciada por el film de Wes Craven; uniéndose a la hilera de películas que son “la última casa” de algo y que comparten el mismo esquema argumental del subgénero de “delincuentes brutales que mantienen retenidos inocentes”.

En “La settima donna” llaman la atención ciertos ángulos de cámara (sobre todo en las secuencias iniciales, durante el atraco), y también alguna que otra escena donde las imágenes están trepidantemente montadas de forma que logran transmitir una angustia pesadillesca. Ello es uno de los factores que contribuye a hacer palpable el terror que las chicas debían soportar por parte de los sádicos intrusos.

Franco Prosperi, realizador transalpino asociado al infracine de serie B o Z, dirigiría unos años después dos películas de espada y brujería cuando se puso de moda en Italia hacer rip-offs de Conan el Bárbaro: “Gunan il Guerriero” (1982) y la muy interesante “Il Trono di Fuoco” (1983), con Pietro Torrisi y Sabrina Siani.

La hermana Cristina está interpretada por la brasileña Florinda Bolkan, habitual en producciones italianas de la época, quien aparece en la excelente “Non si sevizia un paperino” (Lucio Fulci, 1972) o como protagonista absoluta en el poco conocido pero interesante giallo “Le orme” (Luigi Bazzoni, 1975).

El anglo-italiano Ray Lovelock hace las veces de Aldo, “el buen chico” del trío criminal. Lovelock ha participado en “No profanar el sueño de los muertos” (Jorge Grau, 1974) en “Avere Vent´anni” (Fernando Di Leo, 1978) o en “Le Regine” (Tonino Cervi, 1970).

FHP, agosto de 2015

 

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Angustia de silencio – Lucio Fulci, 1972

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(Reseña escrita por el autor de éste blog en 2007)

Angustia de silencio (V.O. Non si sevizia un Paperino a.k.a. “Don´t torture a Duckling”)

Italia, 1972

Director: Lucio Fulci

Género: Giallo, misterio

Guión: Lucio Fulci, Gianfranco Clerici

Intérpretes: Florinda Bolkan (Maciara), Barbara Bouchet (Patrizia), Tomas Milian (Andrea Martelli)

Música: Riz Ortolani

Excelente muestra del enorme talento que tenía Lucio Fulci en la construcción de películas de suspense.

Con este film, Fulci realiza uno de sus mejores trabajos (tambien él mismo así lo consideraba) y su incursión más relevante en el thriller a la italiana o giallo.

Esto demuestra que el director romano, conocido como “el Padrino del Gore” y famoso por sus films repletos de zombis, vísceras y casquería; no sólo era un artesano del splatter, no sólo se dedicaba a mostrar meticulosas escenas de violencia extrema, si no que además era capaz de crear historias interesantes con un guión más que bien elaborado, pues es sabido que Fulci solía descuidar el guión y la trama para conceder más peso al impacto visual y al poder de la imagen.

Una de las características de todas sus películas y que en ésta se acentúa es el especial cuidado conferido a la atmósfera, la elaboración de los ambientes asfixiantes, capaces de envolver al espectador gracias tambien a los exquisitos planos de la cámara y a la soberbia banda sonora de Riz Ortolani (compositor por cierto de la música de “Cannibal Holocaust”), con siniestros sonidos tubulares en los momentos de tensión, cantos sicilianos mientras se muestran los paisajes de la zona, y música rock para las escenas de acción.

La historia se desenvuelve en un pueblo de la Italia meridional, probablemente Sicilia o Calabria, a principios de los años 70. Es un pintoresco municipio de casas blancas, radicado entre áridas montañas, casi aislado de influencia exterior, donde todo el mundo se conoce y donde la mentalidad rústica de los aldeanos se aprecia con claridad.

Al inicio del film vemos a las afueras del pueblo una carretera a medio construir por el campo (símbolo de que “el progreso y los avances económicos” tambien estaban llegando al sur de Italia). Allí, un chico de unos doce años vigila los coches que pasan mientras se distrae disparando con su tirachinas a una lagartija. Por otro lado, muy cerca de allí, una misteriosa mujer visiblemente perturbada desentierra el esqueleto de un bebé.

Bruno, el chico que controlaba la autopista, va a avisar a sus amigos de que el coche que esperaban ya ha pasado, a bordo iban unas prostitutas procedentes de la ciudad con las que en un abandonado caserío se dan cita esporádicamente los hombres del pueblo. Los chavales van allí a espiar, pero no son los únicos: tambien Giuseppe, el tonto del pueblo, acude allí como voyeur; y una vez descubierto por Bruno y sus amigos, estos comienzan a burlarse de él, lo que provoca sus iras: “¡Os mataré!” grita mientras persigue a los adolescentes, que huyen entre risas.

Poco despues Bruno desaparece. Su padre recibe una llamada telefónica de alguien que reivindica el secuestro y exige un millón de liras para devolver la libertad a su hijo. Tras un dispositivo de vigilancia, la Policía detiene a Giuseppe, al que acusan de la desaparición, y encuentran el cadáver del niño enterrado en el bosque. Todo el pueblo acude en masa a linchar al presunto culpable, lo cual es evitado por las autoridades. El detenido, que se declara inocente, es enviado a prisión.

Mientras tanto unas manos inquietantes practican ritos de magia negra clavando agujas en muñecos de cera al estilo vudú… pero esas manos no son las de Giuseppe.

Poco más tarde, en una escena impagable, vemos a una anciana que acude a lavar la ropa a una fuente. Cuando se asoma profiere un estremecedor grito: el cadáver de otro de los niños yace en el fondo.

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Don Alberto (Marc Porel), Andrea (Tomas Milian)  y Patrizia (Barbara Bouchet)

En el pueblo se encuentran durante los macabros sucesos dos forasteros: por un lado Andrea Martelli, un periodista que está de vacaciones; por otro lado Patrizia, una bella y libertina joven milanesa, rica y consentida, que ha sido enviada por su padre al pueblo de donde él procede para alejarla de las malas compañías en Milán; donde la chica se había sumergido en el “mundo del vicio y de las drogas”. (Patrizia está interpretada por Barbara Bouchet, actriz que tambien aparece en  “Milano Calibro 9”, y Andrea por Tomas Milian, co-protagonista en un italo-western del propio Fulci: “Quatro dell´Apocalisse”)

Ella se convierte en objeto de deseo de los lugareños (entre ellos tambien los más jóvenes) mientras Andrea ayuda a la Policía en las investigaciones. Otro personaje clave es Don Alberto, el joven cura: amigo, confesor y protector de los niños del lugar.

Un nuevo asesinato de otro de los muchachos de la pandilla de Bruno vuelve a conmocionar al pueblo, y las sospechas ahora recaen en Maciara (interpretada por la brasileña Florinda Bolkan), una excéntrica mujer que se volvió loca tras  la muerte de su bebé (es la que aparece en la escena inicial desenterrando el pequeño esqueleto) y que está considerada por los pueblerinos como una bruja practicante de la magia negra.

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Maciara (Florinda Bolkan)

Dejada en libertad por falta de indicios concluyentes, es acorralada en el cementerio por los padres de los niños muertos, que, sedientos de venganza, la revientan a golpes con palos y cadenas lapidándola brutalmente en una escena sublime que en su día hizo las delicias de Tarantino (fan de Fulci), y que constituye el apogeo del film.

Despues de una larga agonía, exhala su último suspiro al borde de la carretera, donde se ven pasar los coches de felices familias del norte que van al sur a pasar sus vacaciones, y que al ver a la sangrante y magullada mujer reaccionan con absoluta indiferencia pisando el acelerador.

Poco despues otro niño aparece estrangulado. El miedo invade ahora más que nunca a los habitantes de la aldea: Pues está claro que anda suelto un peligroso asesino en serie, y parece ser que los crímenes no fueron cometidos ni por “el tonto del pueblo” ni por “la bruja”. ¿Pero entonces por quién?

Una pista decisiva llama la atención del periodista Andrea: junto al cadáver del último niño asesinado, se ha encontrado la cabeza de un muñeco del Pato Donald.

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Este hecho es el responsable del título original de la película, ya que en Italia el Pato Donald se llama Paperino (literalmente “Patito”).

Como anécdota, resaltar que el título del film iba a ser “Non si sevizia Paperino” (“No se tortura al Pato Donald”), pero la multinacional Disney se opuso, por lo cual Fulci decidió cambiarlo por “Non si sevizia UN paperino”.

Sin duda, el mejor trabajo de Fulci que he visto hasta la fecha. Aquí “el Padrino del Gore” se muestra en todo su esplendor, narrativo y visual, regalándonos ésta joya de culto que deleitará a los amigos del suspense… (del suspense con “s” de sangre).

FHP, 2007

La Piovra II – Capítulo 6

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La Piovra II 

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1985

 Director: Florestano Vancini

Guión: Ennio De Concini, Odile Barski

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Jacques Dacqmine (Sebastiano Cannito), Francois Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra), Paul Guers (Prof. Gianfranco Laudeo), Martin Balsam (Frank Carrisi), Daniel Ceccaldi (Nicola Sorbi), Sergio Fantoni (Coronel Ferretti), Geoffrey Copleston (Ravanusa)

Música: Ennio Morricone

Aquí puede leerse lo sucdedido en el capítulo anterior

Capítulo 6

La viuda de Cannito le entrega a Cattani un maletín, donde el jefe de los servicios secretos guardaba (a modo de “comodín”) los datos confidenciales y comprometedores sobre sus socios. De igual manera que ellos tenían pruebas de su corrupción, también él poseía documentos que atestiguaban los negocios sucios y las tramas en las que Terrasini, Laudeo y los demás estaban implicados.

Terrasini y Carrisi deciden cancelar por el momento el negocio. El banquero Sorbi se opone, porque ello supondría que tendría que devolverles a sus socios los millones de dólares que había recibido para la inversión. Se abre por tanto una nueva brecha entre Sorbi y los demás.

Entre los documentos que se hallaban en el maletín de Cannito, Cattani encuentra una lista codificada, con los nombres en clave de los socios de la “Itala”, la organización (masónica) de Laudeo (una clara alusión a la P2). Cattani revela la existencia de esa lista al editor de un importante diario. Cuando Laudeo se entera de ésto, intenta impedir que se publique en los periódicos la noticia sobre la lista, pero no puede impedirlo pese a tener a sus hombres infiltrados en los medios de prensa. Entonces abandona a sus socios y se marcha del país.

Antes de darse a la fuga, Laudeo vende a Sorbi por 5 millones de dólares “la pieza más preciada” de su colección, un disquette que contiene la clave para descodificar la lista de nombres de los socios. Sorbi pretende así tener un “as en la manga” contra sus antiguos aliados, quienes le reclaman un dinero que él no está dispuesto a devolver.

Cattani, que vigila constantemente a los jefes de la trama, visita a Laudeo en su hotel poco después de que éste ha vendido el código a Sorbi. Ha llegado demasiado tarde. Tanto Cattani como Terrasini quieren conseguir la clave a toda costa: Cattani para desbaratar la conspiración y Terrasini para protegerla. Los dos saben que ahora está en poder de Sorbi. Éste también ha huído, marchándose en avioneta a Suiza.

La lista, aunque encriptada, es publicada y estalla un enorme escándalo mediático. Se revuelven las cloacas del estado y parece seguro que rodarán cabezas.

Cattani vigila la villa Sorbi, y ve que Alice, la joven amante de éste, deja precipitadamente la casa y se dirige a la estación de trenes. La sigue, y monta en el mismo tren que ella. Al día siguiente llegan a Ginebra, y Cattani aborda a Sorbi, forzándole a entregarle el disquette. Si no lo hace podría avisar a Terrasini revelándole su presencia en Ginebra. Sorbi piensa que Cattani trabaja para alguien, o que quiere dinero. No entiende su auténtica motivación, su idealismo.

Los dos, junto con Alice, comienzan a descifrar la lista. En la casa suena el teléfono y nadie contesta al otro lado. Se supone que nadie sabía que él estaba allí… Cattani les recomienda que se marchen de esa casa de inmediato, y él mismo también se va (con el disquette en su poder). Pocos minutos después llega un comando de sicarios a la villa, pero ya no hay nadie allí.

Terrasini va a la casa de Else en Suiza. No es una agradable sorpresa para ella… Corrado se encuentra allí también. Con él quería hablar Terrasini, convencerle (por las buenas o por las malas) de que le entregue la clave… Pero Cattani responde que no lo hará. Y que ya ha proporcionado la lista con los nombres descifrados a los medios para su publicación. Terrasini parece derrotado, pero mantiene el aplomo y repone que él y los suyos podrían contraatacar diciendo que la lista es falsa, pues todo depende de quien controla los medios, y por lo tanto la opinión pública.

Poco después, Cattani y su esposa Else, que estaban tratando de volver a vivir juntos, sufren un atentado. Un asesino a sueldo les dispara. Mientras que Corrado es herido, Else pierde fatalmente la vida.

Se celebra un juicio contra Terrasini y los demás implicados donde Corrado Cattani declara como testigo…

(Fin de la Segunda Temporada – Continuará en “La Piovra III”)

FHP, 2015

La Piovra II – Capítulo 5

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El periodista Alvaro Maurilli (Victor Cavallo)

La Piovra II 

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1985

 Director: Florestano Vancini

Guión: Ennio De Concini, Odile Barski

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), Francois Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra), Paul Guers (Prof. Gianfranco Laudeo), Martin Balsam (Frank Carrisi), Daniel Ceccaldi (Nicola Sorbi), Sergio Fantoni (Coronel Ferretti), Geoffrey Copleston (Ravanusa)

Música: Riz Ortolani

Aquí puede leerse lo sucdedido en el capítulo anterior

Capítulo 5

Cattani le entrega a Terrasini los informes sobre el pasado oscuro de Cannito: Corrupción, tráfico de armas, desvío de fondos a bancos suizos… Terrasini le retribuye con un paquete repleto de billetes. Cattani acude a una iglesia y dona todo ese dinero al cura sin dar mayores explicaciones, pues no está dispuesto a aceptar dinero negro.

Terrasini a su vez le entrega al periodista Maurilli los informes sobre Cannito para que los publique. Cannito descubre que esas informaciones están a punto de salir a la luz y se lo comunica a su socio Laudeo. Éste sospecha que Maurilli está involucrado en el asunto y va a buscarlo. Presionándolo logra hacerle confesar que había sido contratado por Terrasini y los demás del bando siculo-americano. Laudeo consigue persuadir al periodista de que se pase a su facción, informándole de los movimientos de sus rivales.

Así, Maurilli emprende un peligroso juego a dos bandos, al igual que Cattani.

La imprenta donde está a punto de elaborarse la edición de la revista que busca desenmascarar a Cannito sufre un atentado con bomba. Todas las máquinas son destrozadas. Maurilli teme que sospechen que él ha hablado, y por ello, en lugar de huir (lo que corroboraría su complicidad) acude a la villa de Sorbi, donde está teniendo lugar una fiesta (en la que además de los grandes jefes también se encuentra Cattani).

Maurilli le cuenta a Sorbi lo que ha sucedido, y éste le da la noticia de la voladura de la imprenta a sus socios Terrasini y Carrisi. Terrasini sabe que alguien ha tenido que irse de la lengua: O Maurilli o Cattani. Hace que Carrisi se quede, con la excusa de una partida de poker, mientras ordena que varios de sus matones “acompañen” en su coche a Maurilli… En un descampado le propinan una brutal paliza al reportero con el fin de hacerle hablar. Antes de morir confiesa que efectivamente le había estado pasando información a Laudeo.

Con la confirmación de la culpabilidad de Maurilli, Terrasini da por concluída la partida de poker que había servido como pretexto para mantener en la villa a Cattani. Éste intuía que le retenían allí por algún motivo, como le cuenta a la condesa Olga.

Cannito descubre lo sucedido y sospecha que hay una conexión entre el atentado contra la imprenta y el asesinato del periodista. Trata de contactar a Laudeo, quien siempre está ausente. Entonces hace que venga Cattani a su oficina. Éste, una vez más, le aconseja que dimita. Y más adelante, porque ya no tiene nada que perder, le dice que fue él quien le pasó a Terrasini la información confidencial en su contra. Cannito está acabado.

Laudeo y su “asociación” (la masonería, aunque nunca se mencione explícitamente) se ponen del lado de los siculo-americanos, la alianza Terrasini-Carrisi.

Cannito ha decidido dimitir, y llama a Cattani a su casa para comunicárselo. Allí, el ex-comisario trata de hacer hablar a su alcoholizado y hundido ex-jefe… Pero éste no confiesa estar detrás del secuestro de su hija, tan solo confiesa haber mantenido un silencio cómplice… y relata cómo se embarcó en una espiral de corrupción y crimen por su adicción al poder.

Esa noche, cuando Cattani se ha ido y tras telefonear con su esposa para despedirse de ella, Cannito se suicida pegándose un tiro.

Cattani le dice a Olga que eso solo es el principio, y que está dispuesto a ir hasta el fondo: Irá a por Laudeo, Terrasini, Carrisi, y los demás. También admite Cattani a su amante que la utilizó para estar al tanto de los movimientos de los socios de ésta.

(Continuará)

FHP, 2015

 

La Piovra II – Capítulo 4

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Cattani (Placido) con Ettore Ferretti (Sergio Fantoni)

La Piovra II 

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1985

 Director: Florestano Vancini

Guión: Ennio De Concini, Odile Barski

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), Francois Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra), Paul Guers (Prof. Gianfranco Laudeo), Martin Balsam (Frank Carrisi), Daniel Ceccaldi (Nicola Sorbi), Sergio Fantoni (Coronel Ferretti), Geoffrey Copleston (Ravanusa)

Música: Riz Ortolani

Aquí puede leerse lo sucdedido en el capítulo anterior

Capítulo 4

Cattani trabaja en la secretaría como empleado directo de Cannito. Pero en realidad está al servicio de Ferretti, quien trata de demostrar la implicación de Cannito en asuntos ilegales. La brecha entre las dos facciones en el seno de la organización conspirativa transnacional comienza a crecer. De un lado están los siculo-americanos de Carrisi, Terrasini y Sorbi, del otro los político-masónicos de Cannito y Laudeo.

Una rueda de prensa en la que vuelven a econtrarse Cattani y Olga tiene lugar. Terrasini y Sorbi, junto con el italoamericano Carrisi explican ante los reporteros su proyecto de construir una ciudad electrónica, una “Silicon Valley” italiana. Ese proyecto forma parte en realidad de una monumental operación de lavado de dinero procedente de la droga y el tráfico de armas. Con preguntas comprometidas e incómodas los periodistas demuestran que están informados acerca de esa tapadera. Los siculo-americanos reaccionan nerviosos, pero son conscientes que se trata de una maniobra intimidatoria de la facción rival: Son Cannito y Laudeo quienes les han echado a la prensa encima. Al día siguiente no aparece en los diarios nada referente a las cuestiones molestas; pues Cannito y Laudeo sólo querían hacer una demostración de poder y hacer ver a los rivales que controlan los medios de comunicación.

Ferretti no entiende el motivo de la enemistad entre las dos facciones criminales que pugnan por el control del poder oculto. En teoría todo surgió después de que Carrisi se negara a pagarle a sus socios el 15%. Pero la ruptura en la frágil alianza puede provocar una guerra. Ferretti le dice a Cattani que ellos deben alimentar cauta y progresivamente la enemistad entre sus enemigos. Ello es más que lógico desde un punto de vista estratégico.

En la villa de Sorbi se celebra una cumbre entre los jefes. Cannito se enciende en una acalorada discusión con Carrisi y sufre un amago de infarto. La condesa Olga lo presencia cuando está llegando a la casa. Más tarde se lo cuenta a Cattani. Éste usa su relación con Olga para recabar información sobre sus enemigos. Información que a su vez luego le pasa a Ferretti.

El bando siculo-americano de Terrasini y Carrisi contrata a un individuo romano apellidado Maurilli para que consiga y difunda datos comprometedores con el fin de hundir a Cannito. Cuando Maurilli se entera de quién es la persona a la que debe seguir, afirma un tanto vacilante que “es un asunto muy delicado”. Meterse con gente tan poderosa como el jefe de los servicios secretos y el líder de una logia son palabras mayores, algo sumamente peligroso. Pero acepta el encargo.

Cannito y Terrasini quieren usar a Cattani el uno contra el otro. Ambos quieren intrigar contra su rival a través de él.

Maurilli, entretanto, descubre por casualidad en la casa desde la cual la villa de Sorbi es vigilada. Esa misma noche, los espías al servicio de Ferretti que controlaban los movimientos de los jefes criminales son asesinados. Cannito descubre así que Ferretti estaba conspirando contra él, y le “sugiere” que dimita. Pero Ferretti no solo se niega a hacerlo, sino que le amenaza dándole a entender que tiene contra él mucha información confidencial. Ello es prácticamente un suicidio…

Antes de poder encontrarse con Cattani como tenía previsto, Ferretti es embestido y aplastado por un coche. “De manera que parece un accidente”. Cattani por su parte acude a los archivos secretos del asesinado cuando se entera de su muerte y se hace con los documentos que comprometían a Cannito.

Tras la muerte de su jefe, Cattani se encuentra cada vez más solo. Va a Suiza a ver a Else, que es la única persona de la que se fía. Y le pide que custodie las copias de los documentos depositándolas ante un notario. Si a él llegara a “pasarle algo” ella deberá enviar copias de esas copias a otros contactos…

(Continuará)

FHP, 2015

La Piovra II – Capítulo 3

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Sebastiano Cannito (Jacques Dacqmine)

La Piovra II 

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1985

 Director: Florestano Vancini

Guión: Ennio De Concini, Odile Barski

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), Francois Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra), Paul Guers (Prof. Gianfranco Laudeo), Martin Balsam (Frank Carrisi), Daniel Ceccaldi (Nicola Sorbi), Sergio Fantoni (Coronel Ferretti), Geoffrey Copleston (Ravanusa)

Música: Ennio Morricone

Aquí puede leerse lo sucdedido en el capítulo anterior

Capítulo 3

Cattani se instala en Roma y va a visitar a Cannito. El ex-comisario está dispuesto a trabajar con Ferretti, para probar que Cannito colabora con la Mafia y desmantelar su organización. Cattani afirma tener pruebas de que Cannito está compinchado con Terrasini.

Tras el asesinato de Ravanusa, el banquero del conspirador grupo criminal es un tal Sorbi. Laudeo y su organización de corte masónico también forman parte de la trama. Están esperando la llegada desde EEUU del italoamericano Frank Carrisi. Juntos han montado una operación de reciclaje de dinero, que deberá ser reinvertido en el tráfico de armas.

El grupo es constantemente vigilado y fotografiado por los espías de Ferretti. Cattani decide que debe convencer a Cannito de que está de su parte. Para ello viaja a Sicilia y se presenta ante el juez sucesor de Bordonaro, retirando las acusaciones que en su día hiciera contra Terrasini y los demás. Con esa jugada pretende simular que ya no está en contra de ellos.

Olga se entera rápidamente de que Corrado ha regresado a Sicilia y va a buscarlo a su hotel. Ella siempre se había sentido atraída por él, y ahora se convierten en amantes.

De vuelta en Roma Cannito lleva a Cattani a su casa de campo, donde vive con su mujer. Allí le anuncia que le proporcionará un empleo en su secretaría. Tal vez Cannito lleva a la práctica el célebre “Ten a tus amigos cerca pero a tus enemigos más cerca todavía”.

Carrisi llega a Roma y se encuentra con Cannito, Terrasini, Laudeo y el banquero Sorbi. Éstos últimos pretenden que el socio italoamericano les pague el 15% de los beneficios por prestar la cobertura y el apoyo logístico para la operación de lavado de dinero que tienen pendiente realizar entre EEUU e Italia. A Carrisi eso le parece excesivo.

Más adelante, Carrisi protesta ante Terrasini sobre el proceder un tanto arrogante de Laudeo y manifiesta su antipatía hacia ese personaje. A lo mejor incluso se retira de ese negocio. Terrasini ha anunciado a Cannito que pase lo que pase él debe ponerse de parte de Carrisi.

Terrasini visita a Cattani y le felicita por haber retirado la denuncia contra él en Sicilia. Ahora el caso que allí se investigaba, incluído el secuestro de Paola, queda definitivamente archivado. Terrasini sugiere sutilmente que estaría interesado en reclutar a Cattani para hacer algún movimiento contra Cannito si fuera oportuno.

En una posterior cita con Cannito, Cattani se encuentra con Ferretti y observa que éste último accede a formar parte de la organización “filantrópica” (masónica) de Laudeo. Ello contraría bastante al comisario, que ya no sabe qué pensar de las constantes intrigas que se suceden en ese turbio mundillo. Pero más adelante Ferretti le dirá que él es el único en el que puede confiar, y que a éstas alturas sabe demasiado: Si se retira, inevitablemente lo matarán.

(Continuará)

FHP, 2015

La Piovra II – Capítulo 2

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Else y Paola Cattani, respectivamente mujer e hija del comisario

La Piovra II 

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1985

Director: Florestano Vancini

Guión: Ennio De Concini, Odile Barski

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), Francois Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra), Paul Guers (Prof. Gianfranco Laudeo), Martin Balsam (Frank Carrisi), Daniel Ceccaldi (Nicola Sorbi), Sergio Fantoni (Coronel Ferretti), Geoffrey Copleston (Ravanusa)

Música: Ennio Morricone

Aquí puede leerse lo sucdedido en el capítulo anterior

Capítulo 2

Tras la muerte de su hija, Cattani regresa a Sicilia para cerrar la casa que allí tenían y llevarse las cosas. La tristeza y la congoja le embargan cuando entra en la habitación de Paola. Estando allí llama por teléfono Olga Camastra, que quiere encontrarse con él. Pero Cattani la rechaza. Aún así, la condesa se presenta en su casa. Se supone que tenía algo importante que decirle, pero se marcha abruptamente.

El abogado Terrasini se ha enterado de que Ravanusa habló con el juez Bordonaro, sobre la implicación de Cannito en la trama. Terrasini obliga a su socio a firmar la cesión de sus participaciones en los negocios comunes, a cambio del simbólico precio de una lira. Ahora Ravanusa está fuera del negocio, y planea huir al Brasil. Mientras tanto, Terrasini sigue organizando la importante transacción con EEUU que debe reportar inmensos beneficios a su grupo.

Cattani recibe una llamada del mayordomo de Ravanusa: Supuestamente, éste desea hablar con urgencia con él. Cattani cae en la trampa: Cuando llega a la villa de Ravanusa éste está muerto, ha sido asesinado. Y de inmediato llega la policía que encuentra a Cattani junto al cadáver. El antiguo comisario es arrestado como sospechoso del crimen. Todos los indicios apuntan contra él: Se hallaba en el lugar de los hechos y tenía un plausible móvil de venganza contra la víctima.

Cattani es llevado a la cárcel, donde los presos le reconocen y le preparan una “calurosa bienvenida”. Uno de los internos aprovecha para golpearle siempre que tiene oportunidad. Cattani manda un mensaje a la condesa; ésta debe hacerle un favor: Llamar a Cannito para que éste le saque de allí. La condesa le dice al jefe de los servicios secretos que si no le ayudan, Cattani podría revelar detalles sobre su implicación en la trama (detalles que Ravanusa relató a Bordonaro). Y asesinarle no serviría de nada, pues ha depositado un testimonio por escrito ante un notario.

De ese modo Cannito se ve obligado a intervenir y viaja de inmediato a Sicilia. Cannito visita a Cattani en la cárcel, y le propone que Terrasini sea su abogado (precisamente el hombre al que el ex-comisario considera responsable de la muerte de su hija). Ambos, Terrasini y Cattani, aceptan el plan de Cannito.

El mayordomo es llamado como testigo ante el juez (sucesor de Bordonaro) y declara que vió a su jefe ya muerto antes de que llegara Cattani, y que además al salir de la villa vió como éste se acercaba. De ese modo Cattani es absuelto y deja la prisión.

Cattani regresa a Suiza y se encuentra con Else. “A veces me siento como si todos me quisieran estrangular” le dice a su mujer. Poco después va al cementerio para visitar la tumba de Paola: “Cuántas veces me esperabas por las noches y yo no venía… Entonces tenías tanta necesidad de mí… y ahora soy yo el que te necesita a tí…” le dice el atormentado padre.

(Continuará)

FHP, 2015