Sepultada viva – Aldo Lado, 1973

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Sepultada viva (V.O. Sepolta viva)

Italia, 1973

Director: Aldo Lado

Guión: Aldo Lado, Claudio Masenza, Antonio Troiso

Intérpretes: Agostina Belli (Christina Belli), Fred Robsahm (Phillippe), Maurizio Bonuglia (ferdinand)

Música: Ennio Morricone

Género: Drama

Argumento

En la Francia del siglo XVIII, el joven duque Phillippe gobierna sus tierras con equidad y justicia. Es muy popular entre sus súbditos, sobre todo desde que se casó con Christine. Ésta no procede de una familia aristocrática, sino que es hija de un humilde pescador. El bondadoso Phillippe ha reducido los impuestos a los campesinos y trata siempre de ayudar a los más desfavorecidos. Sin embargo, sus hermanos Ferdinand y Gael están menos contentos. Sobre todo el primero reprueba que Phillipe esté “derrochando” el patrimonio familiar en sus obras de beneficencia.

Durante una festividad local, unos niños juegan en las inmediaciones del castillo. Llegan hasta una torre al otro lado del río pero no se atreven a acercarse demasiado, pues una maldición pesa sobre ella. Allí fue encerrada una duquesa el siglo anterior por órdenes de su marido, quien la acusaba de alguna infidelidad. Cuando el duque se enteró de que su esposa era inocente, trató de liberarla; pero ya era demasiado tarde y ella había muerto. Desde entonces, cuenta la leyenda, el fantasma de la mujer vaga por los alrededores de la torre y sus lamentos pueden oírse por las noches. Uno de esos niños, el aprendiz de herrero Dani, se encuentra con Christine y ésta le regala un medallón para compensarle por la pérdida de unos cuchillos que debía pulir.

Gael, el hermano más joven de Phillippe, está enamorado de Dominique; una de las damas de compañía de Christine e hija del señor de Fontenuy. Por su parte, Dominique le confiesa a Christine que desea tomar los hábitos de monja, ingresando en un convento al alcanzar la mayoría de edad – Pero le pide que guarde el secreto y Christine le promete hacerlo.

Ferdinand, codicioso y sin escrúpulos, comienza a preparar un plan para librarse de los obstáculos que le impiden hacerse con el ducado. Durante una cacería, el caballo de Christine se desboca, galopando sin control por el bosque hasta que la joven cae de la montura. Los daños no son graves y Christine no tarda en recuperarse… Pero se descubre que el caballo había sido herido previamente de forma que al tener sobre sí un peso el dolor era insoportable… Todo indica que se produjo un sabotaje para provocarle un “accidente” a Christine. El médico del castillo comprueba examinando a la duquesa que está embarazada. Esa futura descendencia inquieta seriamente a Ferdinand.

Gael le pide a Christine que interceda por él para convencer a Dominique de que se convierta en su esposa, pero su cuñada nada puede hacer – Tampoco contarle la verdad, pues le prometió a Dominique que no revelaría su secreto. Así, Gael piensa que Christine no le quiere ayudar; y nace en su interior un resentimiento contra ella. Eso es utilizado por el pérfido Ferdinand para engatusar a su hermano pequeño en el complot contra su hermano mayor…

Ferdinand le dice a Gael que el señor de Fontenuy no quiere que su hija se case con él… porque en su familia se ha cometido el sacrilegio de “bastardizar” la sangre azul de su linaje con la de una plebeya. Así, la hostilidad del ingenuo Gael hacia Christine no hace más que incrementarse, y Ferdinand puede exponerle abiertamente a su hermano el plan que ha urdido para deshacerse de la cuñada de ambos.

Los hermanos necesitan además la complicidad de Morel, el administrador de las propiedades del duque. Morel es el padre de Odette, otra de las damas de compañía de Christine.  Ante la perspectiva de un ascenso social y de emparantarse con la familia de los duques mediante el matrimonio de su hija con Ferdinand, Morel accede a participar en la conspiración.

Ferdinand decide que actuarán cuando el duque Phillippe se ausente por unos días de su territorio para viajar a París. Gael le ruega a su hermano que no maten a Christine, pues, según una leyenda, si un miembro de su familia asesina a otro, sufrirá una muerte violenta. Ferdinand no le da crédito a esas paparruchas, pero trata de contentar a su hermano pequeño para asegurarse su adhesión. De ese modo resuelven encerrar a Christine en la torre al otro lado del río, la misma que todos los lugareños tratan de evitar por miedo a las historias de fantasmas. Pero de cara al pueblo fingirán la muerte de Christine. Para ello, hacen que la joven duquesa tome mezclado en su bebida un ungüento elaborado por una bruja que provoca el cese de las constantes vitales. El médico, a la mañana siguiente, “certifica” el “fallecimiento” de Christine al comprobar la ausencia de pulso y latidos cardiacos.

En todo el poblado los campesinos y aldeanos guardan riguroso luto, entre ellos el pequeño Dani, quien conserva el medallón que le regalara la duquesa. Mientras se prepara el entierro, los hermanos del duque transportan a la inconsciente Christine a la torre y rellenan su ataúd con piedras. Cuando Christine despierta, prisionera en la torre, observa estupefacta desde la enrrejada ventana su propio funeral… Morel es el encargado de hacer de carcelero, llevándole alimentos y asegurándose de que no escape.

Phillippe regresa a sus propiedades tras atender sus asuntos en París y de camino a su castillo es asaltado – Sus escoltas mueren, asesinados por unos bandidos que Ferdinand había contratado. Cuando Phillippe logra finalmente regresar a sus tierras, es informado de la desgarradora noticia… la muerte de su querida Christine.

El acongojado duque coquetea con el suicidio, e incluso redacta su testamento. Pero resuelve seguir viviendo y retirarse a un monasterio, bajo la nueva identidad de “hermano Antoine”. Ferdinand y Gael encuentran el testamento y aunque su cuerpo no ha sido hallado se reparten de inmediato sus posesiones, difundiendo por toda la comarca la noticia de la “muerte” de Phillippe.

Mientras se celebra la toma de posesión de Ferdinand como nuevo duque, una mujer que pasea por el bosque escucha llantos y lamentos procedentes de la torre (los de la prisionera Christine, ya con un avanzado embarazo) y piensa que se trata del “fantasma” de la vieja leyenda – Un nefasto presagio. Al contar la noticia del “retorno del fantasma” a sus parroquianos, el pequeño Dani la escucha y audazmente se dirige a la torre para comprobar lo que sucede…

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Comentario

Drama dieciochesco repleto de intriga, conspiraciones fratricidas y trágicas confusiones; que incluye además una bien lograda atmósfera gótica. En la película se pone sutilemente de manifiesto un conflicto “de clases”, existente entre el bondadoso y desprendido duque Phillippe (casado con una plebeya y benefactor de los humildes) y su insidioso hermano Ferdinand, quien se opone a “dilapidar” la fortuna de la casa ducal en el “populacho” y quien considera una infamia que el rancio abolengo de su estirpe se mezcle con la casta inferior de los plebeyos. A Ferdinand le repugna la idea de que sea alguien con sangre “impura” (el hijo de su hermano Phillipe con Christine, y por lo tanto el nieto un sencillo pescador) quien un día herede el ducado. Gael no es malvado como Ferdinand, pero se deja manipular por éste.

El título, “Sepultada viva”, llama a engaño; pues en ningún momento la protagonista es enTerrada – sólo enCerrada (en la torre). La historia resulta reminiscente en su ambientación y estilo de las obras de Alejandro Dumas; en particular “El vizconde de Bragelonne”, que trata el asunto del “hombre de la máscara de hierro”.

El melodrama familiar y las conspiraciones palaciegas por el poder se entremezclan con el drama social; todo ello aderezado con una historia de fantasmas (no demasiado elaborada) de por medio. El toque gótico contribuyen a resaltarlo las nocturnas tormentas, la densa niebla, el viento ululante, los lamentos “espectrales”, lo tenebroso de la torre o el aura de misterio que envuelve las leyendas populares. También hay un lugar en la trama para la inquietante catalepsia. Y no sería ésta la única ocasión en la que el director Aldo Lado tematizaría a la muerte aparente: La catalepsia es el centro argumental de su genial giallo “Malastrana” a.k.a. “La corta noche de las muñecas de cristal” (1971). Aldo Lado es también el realizador de “L´ultimo treno della notte” (1975), particular remake de “La última casa a la izquierda” (1972) que en mi opinión supera con creces al original de Wes Craven.

Christine está interpretada por la hermosa Agostina Belli, a quien vimos en films sumamente recomendables como “La notte dei diavoli” (Giorgio Ferroni, 1972) o “Revolver” (Sergio Sollima, 1973).

La banda sonora fue compuesta por Ennio Morricone y dirigida por su colaborador habitual Bruno Nicolai.

FHP, noviembre de 2016

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La corta noche de las muñecas de cristal – Aldo Lado, 1971

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La corta noche de las muñecas de cristal (V.O. „La corta notte delle bambole di vetro“ / „Short night of glass dolls“ a.k.a. „Malastrana“)

Italia, 1971

Director: Aldo Lado

Guión: Aldo Lado

Intérpretes: Jean Sorel (Gregory), Mario Adorf (Jacques), Barbara Bach (Mira)

Música: Ennio Morricone

Género: Suspense

Argumento

El inerte cuerpo del reportero Gregory Moore es encontrado en un parque de Praga y llevado a la morgue. Sin embargo Gregory no está muerto, sino que sufre de un episodio de catalepsia que le impide moverse y que ha bloqueado sus constantes vitales. Los empleados del tanatorio lo mantienen en una cámara frigorífica a la espera de poder identificarlo para proceder a la autopsia y establecer las causas del “deceso”. Mientras tanto, el reportero es consciente de lo que sucede a su alrededor; y comienza a recapitular a modo de flashback los acontecimientos que le llevaron a su actual situación…

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Jean Sorel como el cataléptico Gregory

Inicialmente amnésico, los recuerdos afloran poco a poco a su mente. Había llegado a Checoslovaquia como corresponsal junto a sus compañeros periodistas Jacques y Jessica, al mismo tiempo que iniciaba en la capital una ola de secuestros (y posteriores asesinatos) de bellas mujeres. En Praga había conocido a una joven llamada Mira, checa pero de otra ciudad, con la que entabló una relación. En el marco de su trabajo como periodista, Gregory fue invitado a una recepción en casa de un político llamado Valinski. Allí se congregaban personalidades importantes de la ciudad. Gregory llevó como acompañante a Mira, quien habiendo llegado de visita desde su pueblo pasaba unos días junto a él en Praga. Más tarde ambos regresaron al piso de Gregory. Pero el reportero tuvo que salir una vez más, tras recibir una llamada de su compañero Jacques. Una vez reunido con éste, todo resultó ser una falsa alarma. De vuelta en su casa, Gregory se dió cuenta de que Mira había desaparecido… Aunque su maleta y toda su ropa seguían allí, e incluso su dinero y sus documentos. El periodista comprendió de inmediato que alguien tuvo que raptarla, y que la “falsa alarma” fue activada para alejarle de su casa de modo que la chica se quedara allí sola. Gregory está convencido de que Mira fue secuestrada, aunque su compañera Jessica (que, atraída por él, se siente celosa) intenta convencerle de que simplemente le abandonó. Pero también el huraño comisario Kierkoff trata de dar el caso por cerrado. Así, Gregory inicia sus propias pesquisas. Al principio, sospecha de un asesino en serie. Pero tras indagar a fondo, el audaz reportero va acercándose cada vez más peligrosamente a la verdad…

Todo parece estar relacionado con una compleja y misteriosa red conspirativa internacional que se dedica a abducir jóvenes muchachas para oscuros ritos. No se trata pues de un solo individuo, sino de toda una organización bien estructurada y ramificada.

Los padres de las otras chicas desaparecidas tienen miedo de hablar. Un hombre que se había decidido a relatar lo que sabe es asesinado ante los ojos de Gregory, cuando un desconocido lo empuja desde un puente a las vías del tren.

Todas las pistas conducen al “Club 99”, donde personajes de la alta política y las finanzas acuden (supuestamente) a recitales de música clásica. El propietario del club no es otro que Valinski, el anfitrión de la fiesta a la que Gregory acudió con Mira – y donde la chica fue vista por última vez en público.

El hostil comisario, al darse cuenta de que el reportero continúa investigando por su cuenta, busca la manera de acusarle a él de la desaparición de su novia.

En su estado cataléptico, Gregory trata de unir todas las piezas para resolver el caso y se esfuerza por poder volver a mover su cuerpo. Los médicos se asombran de que transcurridas tantas horas aún no haya hecho su aparición el rigor mortis, y de que el cuerpo tenga todavía una temperatura templada. Iván, un médico amigo suyo, intentará reanimarle. Pero unos siniestros individuos están muy interesados en que Gregory no despierte jamás…

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Comentario

Ésta obra maestra visionaria se adelantó varias décadas en su temática y en su planteamiento a “Eyes wide shut” (1999), la última película de Stanley Kubrick. “La corta noche de las muñecas de cristal” (a.k.a. “Malastrana”) combina a la perfección los cánones estilísticos habituales del thriller a la italiana o giallo con un suspense hitchcockiano provisto de toques oníricos (lo que recuerda a “Vértigo”, 1958) y ocultistas. También son patentes las referencias al Polanski más macabro, el de “Rosemary´s Baby” (1968) o “El Inquilino” (1976).

La leyenda del Golem de Praga (hecha literatura por la pluma de Gustav Meyrink) es asimismo una de las influencias esenciales para “La corta noche de las muñecas de cristal”. La acción se desarrolla también en la enigmática Praga, y Gregory (Jean Sorel) encarna al extremo opuesto del golem. La leyenda judía del golem (que inspiraría a Mary Shelley para escribir su “Frankenstein”) trata de cómo un rabino devuelve a la vida mediante la magia negra cabalística a un ser compuesto a base de cadáveres para que se convierta en su esclavo. El golem es un autómata, un muerto transformado en robot, un ser animado (y animalesco) aunque sin alma ni conciencia; y en cambio el cataléptico Gregory es un hombre reducido a la inmovilidad de un cadáver (¿también acaso debido a la magia negra?) que sin embargo sí es capaz de sentir y razonar.

La sensación de pesadilla kafkiana que embarga a Gregory durante su impotencia cataléptica es transmitida directamente al espectador (a través del diálogo interno del personaje y sus memorias), quien con angustia ansía reconstruir junto a él los hechos relacionados con la desaparición de su novia; hechos que sin duda deben tener algo que ver con la infortunada situación en la que él se encuentra (Su mente no descansa en ningún momento, y es siempre consciente de que debe recuperar la movilidad cuanto antes, pues si no morirá de verdad durante la “autopsia”).

Un grupo de carácter sectario y satanista comandado por exponentes de la “élite”, la política internacional y las altas finanzas, realiza una serie de rituales perversos para mantener la cohesión, saciar sus apetitos vampíricos y preservar su poder. Cuando Gregory, que ha estado investigando a algunos exponentes de ese grupo, descubre que el secuestro de su novia (y el de otras chicas) está relacionado con el siniestro círculo, atrae inevitablemente la atención de sus miembros, quienes intentarán evitar a toda costa que el intrépido reportero siga tirando del hilo…

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Barbara Bach, quien encarna a Mira, trabajó ese mismo año de 1971 en el giallo “La tarántula del vientre negro”, de Paolo Cavara. También aparece en el polizziesco “El ciudadano se rebela” (Enzo G. Castellari, 1974). Jacques está interpretado por Mario Adorf (Rocco en “Milano Calibro 9” de Fernando Di Leo, 1972).

Aunque la acción transcurre en Praga, la mayor parte de la película fue rodada en Zagreb, Croacia. De la banda sonora se encargó el maestro Ennio Morricone.

Aldo Lado rodaría pocos años después el gran thriller “El último tren de la noche” (1975), y también el giallo “¿Quién la ha visto morir?” (1972), ambientado en Venecia.

FHP, abril de 2016

L’ultimo treno della notte – Aldo Lado, 1975

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L’ultimo treno della notte (a.k.a. “Last Stop on the Night Train”)

Italia, 1975

Director: Aldo Lado

Género: Suspense

Guión: Aldo Lado, Roberto Infascelli

Intérpretes: Flavio Bucci (Blackie), Gianfranco De Grassi (Curly), Laura D´Angelo (Lisa), Irene Miracle (Margareth), Macha Méril (Mujer en el tren)

Música: Ennio Morricone

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El espíritu navideño de Curly y Blackie deja bastante que desear…

Argumento

Vísperas de Navidad en Munich. Dos delincuentes de medio pelo se dedican a cometer fechorías varias por las calles, intentando robar el abrigo de pieles de una señora o atracando a un Papá Noel.

Para dar esquinazo a la policía, montan en un tren con destino a Verona. En el mismo vagón que ellos viajan dos jovencitas, Lisa y su prima alemana Margareth. Las dos se dirigen a Italia para celebrar las Navidades en casa de los padres de Lisa.

Los dos rateros, Blackie y Curly, siguen haciendo de las suyas en el tren. Allí se encuentran con Lisa y Margareth, quienes inicialmente simpatizan con ellos y les ayudan a esconderse para evitar que sean descubiertos por el revisor. Sin embargo, pronto se dan cuenta las muchachas de que los individuos no son de fiar, y se alejan de ellos marchándose al otro extremo del vagón.

Blackie y Curly llegan a un compartimento donde viaja una mujer. Ésta, en lugar de sentirse intimidada por los extraños, se les insinúa, y no se resiste a los poco sutiles avances de uno de ellos.

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Lisa (Laura D´Angelo) y Margareth (Irene Miracle)

Margareth y Lisa, las virginales adolescentes, son detectadas por el pérfido trío compuesto por ambos maleantes y la ninfómana. Primero comienzan a hostigar a las chicas con comentarios soeces, poco a poco el acoso va subiendo de tono… Amenazadas por un afilado cuchillo, las jóvenes se convierten en rehenes y son sexualmente agredidas por los maníacos con la complicidad de la misteriosa arpía. Parece que ya no tienen escapatoria…

Comentario

Atípica “película navideña”, que supone un gran contraste respecto a las ñoñas y edulcoradas producciones habituales ambientadas en ésta época del año.

Éste crudo y violentísimo thriller, inspirado al igual que muchas películas italianas de similar contenido por “The last house en the left” (Wes Craven,1972) contiene enormes dosis de suspense y tensión, así como escenas brutales de sangriento salvajismo.

El film está dirigido con maestría por Aldo Lado, realizador muy interesante aunque lamentablemente no demasiado prolífico, quien se puso tras las cámaras en el imprescindible giallo “Malastrana” (a.k.a. “La corta notte delle bambole di vetro”, 1971), película visionaria que se adelanta casi una treintena de años a la temática retratada por Stanley Kubrick en “Eyes wide shut” (1999).

Los dos deleznables criminales que atacan a las chicas son animados y jaleados por la perversa ninfómana. Ésta, por instigarles, no es sólo cómplice, sino incluso aún más culpable que ellos. Blackie y Curly pierden el control y provocan una tragedia irreparable.

Mientras, en Verona, los padres de Lisa esperan inquietos en el andén sin que las chicas aparezcan. Éstas no se encuentran en el tren (“el último tren de la noche”) en el que supuestamente viajaban desde Munich. El revisor y otros empleados de la compañía ferroviaria no saben nada.

Los Stradi pasan una amarga Nochebuena, ignorando el paradero de su hija y su sobrina. Sin embargo, en la estación de trenes, el padre de Lisa se percata de la presencia de un desorientado trío, compuesto por dos hombres de patibulario aspecto y una mujer con un corte en la pierna. Como el señor Stradi es cirujano, se ofrece para curar la herida de la mujer. Así, los tres llegan a la villa de los Stradi. Éstos todavía ignoran que están dando cobijo a los responsables de la desaparición de su hija…

“L´ultimo treno della notte”, además de las características habituales de un buen film de suspense y la crudeza plástica y sin concesiones de sus escenas sangrientas, tiene un desenlace que entronca con el subgénero del “rape&revenge”.

Posee el largometraje una enorme carga dramática, así como una atmósfera claustrofóbica y envolvente muy bien lograda. La banda sonora es de Ennio Morricone, e incluye la canción de Demis Roussos “A flower´s all you need”. Morricone realiza aquí un pequeño “auto-homenaje”, pues la inquietante melodía que Curly entona repetidas veces con su armónica es la misma que Charles Bronson toca en “Hasta que llegó su hora” (Sergio Leone, 1968) – cuya banda sonora también es del propio Morricone.

La belleza estética, los contrastes de luz y el colorido de las imágenes recuerdan a “Suspiria” (Dario Argento, 1977), sobre todo cuando en el compartimento en el que las chicas viajan se apagan las velas y se quedan a oscuras.

Muy recomendable, ésta película navideña ligeramente diferente.

FHP, 2015