Veneno para las hadas – Carlos Enrique Taboada, 1984

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Veneno para las hadas

México, 1984

Director: Carlos Enrique Taboada

Guión: Carlos Enrique Taboada

Intérpretes: Ana Patricia Rojo (Verónica), Elsa María Gutiérrez (Flavia)

Música: Carlos Jiménez Mabarak

Género: Fantasía, terror

Argumento

Verónica es una niña de unos 10 años que vive en la mansión de su abuela, junto a ésta y una criada. Sus padres murieron en un accidente siendo ella muy pequeña. Carmen, la empleada doméstica, le lee cada noche cuentos de brujas y fantasmas. La niña comienza a fascinarse con lo macabro, y en su fecunda imaginación se ve convertida en una poderosa hechicera.

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Ana Patricia Rojo como Verónica

A la clase de Verónica llega una alumna nueva, Flavia. “Ese es un nombre de araña“ le dice Verónica a su recién llegada compañera de pupitre, “mi araña se llama así”. Cuando Flavia se muestra muy sorprendida de que la otra niña tenga una araña, Verónica repone con aire misterioso que la necesita “para sus encantamientos”. Y afirma ser en realidad una bruja.

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Elsa María Gutiérrez como Flavia

Flavia pertenece a una familia no creyente y de clase alta. Sus padres son ricos burgueses racionalistas, y ella se ha criado como atea (Flavia: “¿Por qué otras niñas rezan cuando van a acostarse?” Madre: “Porque tienen miedo. Pero tú no.”). Por ello, cualquier tipo de espiritualidad siempre ha sido descartada en su casa como “supersticiones”. El conocer a la misteriosa Verónica despierta en Flavia una gran curiosidad hacia lo paranormal. A partir de ese momento la niña se siente atraída por todo aquello que no puede ser explicado por la ciencia empírica y materialista que preconiza su padre.

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Angst (Miedo) – Gerald Kargl, 1983

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Angst

 

Austria, 1983

Director: Gerald Kargl

Género: suspense/terror

Guión: Gerald Kargl, Zbigniew Rybczynsky

Intérpretes: Erwin Leder (el psicópata), Silvia Rabenreither (hija), Edith Rosset (madre), Rudolf Götz (hijo)

Música: Klaus Schulze

 

Argumento

Un psicópata, autor del asesinato de una anciana, es puesto en libertad tras haber cumplido su condena de 10 años en una cárcel austriaca. El ex-presidiario, narrador de su propia historia a través de una voz en off, lejos de estar arrepentido de su acción y dispuesto a reinsertarse en la sociedad, no ve el momento de cometer un nuevo crimen. Pero sin contactos, y sin un lugar concreto a donde ir, debe primero trazar un plan. Sobre la marcha irá pensando en seleccionar nuevas víctimas.

Lo primero que hace es acudir a un bar de gasolinera, donde por su extraña actitud llama la atención de los demás clientes (un hombre y dos chicas) y de la empleada. Las chicas son jóvenes y atractivas. El psicópata piensa mientras las observa que le vendrían muy bien para saciar su sed de sangre. Pero las circunstancias, el momento y el lugar, no son los más idóneos, y decide proseguir su búsqueda. Monta en un taxi, y sin rumbo fijo le dice a la taxista que conduzca en línea recta. La taxista le recuerda a su primera novia, y el loco rememora cómo disfrutaba golpeándola. Comienza a desatarse los cordones de sus zapatos para estrangular a la mujer mientras conduce, pero ésta se percata de que algo extraño está sucediendo, y frena en seco. El protagonista se baja del automóvil y huye bosque a través, hasta llegar a una casa que parece deshabitada.

Rodea el inmueble, y tras cerciorarse que nadie puede verle, rompe una de las ventanas y se introduce dentro. Husmea por varias de las habitaciones, y cuando ya piensa que en la casa no hay nadie, se encuentra con un minusválido en silla de ruedas… y poco después llegan, en coche, la anciana madre y la bella hermana de éste.

El psicópata, oculto en la planta superior, planifica metódicamente cómo matará a cada uno de los tres integrantes de la familia. Su objetivo será provocarles el máximo sufrimiento, para así aplacar sus impulsos homicidas, y resarcirse contra esos inocentes desconocidos de los abusos que él sufrió en su niñez por parte de su familia…

 

Comentario

Cuando madre e hija retornan a casa, el loco, que hasta ese momento se encontraba agazapado, surge de su escondrijo y da inicio una brutal y delirante espiral de violencia, que termina con todos los miembros de la familia muertos… a excepción del simpático perrito salchicha, mascota de las víctimas. El minusválido es ahogado en la bañera, la madre golpeada y la chica, apuñalada repetidas veces. El psicópata autor de la carnicería se siente aliviado, pero sabe que su calma no durará mucho y que pronto volverá a sentir la urgencia de matar, pues del mismo modo que un drogadicto necesita su dosis, él es un depredador que necesita segar las vidas de sus víctimas haciéndolas sufrir. Carece absolutamente de cualquier empatía. No contento aún con los tres muertos, decide a la mañana siguiente (tras dormir sobre el cuerpo ensangrentado de la joven por él apuñalada) que debe buscar nuevas víctimas, y que para “impresionarlas” y “darles miedo” debe enseñarles a las futuras víctimas los muertos que ya ha matado. Así pues, mete a los tres cadáveres en el maletero del coche y parte con ellos en busca de nuevas “aventuras”…

Ésta psycho-thriller austriaco está basada en hechos reales. El personaje del psicópata (que en la película no tiene nombre) está basado en el asesino serial Werner Kniesek, que fue finalmente condenado a cadena perpetua.

Entre las peculiaridades del film pueden mencionarse la casi total ausencia de diálogos, y un constante empleo de planos picados y contrapicados. Muy buena la música de Klaus Schulze, componente y líder de la mítica Tangerine Dream (kraut-rock alemán), que recuerda a las bandas sonoras de los Goblin. También es destacable la interpretación de Erwin Leder en el papel del psicópata.

Ésta película influenció al director germano Jörg Buttgereit, lo que puede comprobarse particularmente en su Schramm (1993) cuyo psicópata protagonista recuerda al caracterizado por Erwin Leder.

FHP, 2015

La Muñeca Perversa – Rafael Baledón, 1969

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La Muñeca Perversa

México, 1969

Director: Rafael Baledón

Género: Suspense, terror

Guión: Rafael Baledón

Intérpretes: Marga López (Elena), Joaquín Cordero (Ricardo), Norma Lazareno (Rosi)

Música: Raúl Lavista

 

Argumento

La atribulada familia Montenegro atraviesa por un momento de duelo. Acaba de fallecer la matriarca, una severa y complicada señora; lo cual ha reunido de nuevo bajo un mismo techo a sus hijos e hijas, a sus yernos y nueras, y a sus dos nietas. Tras el entierro, todos regresan a la mansión y Leticia, una de las hijas, declara histéricamente estar convencida de que su madre fue asesinada mediante envenenamiento. Ello contribuye a exasperar e irritar a los demás integrantes del clan. Casualmente ese mismo día, los Montenegro tienen noticia de que la esposa de uno de los hijos de la difunta ha escapado del centro psiquiátrico en el que se encontraba recluída. La mujer había sido internada en el manicomio por haber asesinado al jardinero con unas tijeras de podar. Y se dala coincidencia de que se llevaba muy mal con su suegra… Por ello las sospechas de Leticia no hacen mas que incrementarse, y algunos de los demás también comienzan a creer que no anda tan desencaminada. Deciden realizar una exhumación del recién sepelido cadáver para analizar la causa concreta del deceso.

Mediante una serie de flashbacks vamos descubriendo ciertos transfondos acerca de los sucesos que han desembocado en la situación actual. La loca que ahora escapó del frenopático comenzó a perder sus facultades mentales a causa del alcoholismo. Cuando ella y su esposo llegaron, recién casados, a casa de la matriarca, la nuera empezó a beber al sentirse rechazada por su despótica madre política. Años más tarde, recluída en una casa que el joven matrimonio se había hecho construir frente a la de la anciana, la mujer siguió bebiendo ya nacida su hija Rosi. Ésta, una dulce y sensual, pero sumamente pérfida adolescente, continuó suministrándole bebidas alcohólicas a su madre con el fin de incrementar su adicción. Las botellas las conseguía Rosi a través de su amigo Larry, el hijo de un farmacéutico y boticario, que a cambio reclamaba favores carnales.

Habiendo contribuído a convertir a su propia madre en una alcóholica empedernida, la tendió una trampa asesinando al jardinero brutalmente y por la espalda, para entregar a continuación las tijeras ensangrentadas a su progenitora haciendo así aparentar ante el resto de los parientes que era ésta la que había cometido el crimen. Conociendo el problema que la desventurada mujer tenía ya de antemano con el alcohol, nadie dudó que fuera ella la asesina, y achacando el crimen a un delirio etílico, fue recluída en un manicomio donde se la sometió a las más bestiales prácticas y metodologías psiquiátricas. Antes sólo era una borracha, pero tras pasar por el manicomio además se volvió loca. La auténtica homicida, la demoníaca Rosi de angelical apariencia, quedó impune, y con ganas de seguir cometiendo fechorías… pues fue ella la que envenenó más tarde a su abuela…

Pronto llega la confirmación oficial del forense: y, efectivamente, la abuela había sido envenenada. El padre y el tío de Rosi, ambos hijos de la difunta, se ponen en camino hacia el lugar donde se le ha practicado la autopsia a su madre. Permanenciendo ahora en casa solamente las mujeres, la malvada adolescente comienza a eliminarlas una por una, de forma que “parezca un accidente”. A su tía paralítica a la que años atrás había empujado escaleras abajo, y que desde entonces vivía postrada en la silla de ruedas, le hace caer encima una pesada lámpara de cristal que descuelga del techo, aplastando a la pobre mujer. A otra de sus tías la envenena, introduciéndole pastillas en su vaso de leche. Y a su tía Leticia, la que había despertado las suspicacias de la familia respecto a la muerte de la matriarca, la ahoga cuando está en la bañera, sumergiéndole la cabeza en el agua. También acaba con la vida de su amigo Larry, quien le había proporcionado arsénico de la farmacia de su padre (para envenenar a su abuela) aspirando a recibir a cambio ciertos “favores”. Sólo una pariente se le escapa: su pequeña prima Luisita, hija de una de sus tías, quien se escabulle a tiempo de la joven psicópata. La madre de Rosi, escapada del centro psiquiátrico y ahora definitivamente perturbada, a retornado al domicilio familiar. Impide que su hija mate a la niña y prende fuego a la casa cuando los demás familiares (entre ellos su esposo, y padre de Rosi) regresan de la morgue. Los hombres y los parientes supervivientes contemplan con impotencia como la casa arde. Rosi se tranquiliza en el regazo de su madre mientras las llamas lo devoran todo… También una vieja muñeca que siempre acompañó a la joven asesina… la muñeca perversa.

Comentario

Estamos ante una interesante y digna muestra de cine de terror mexicano, similar en su estilo a las excelentes películas de Carlos Enrique Taboada, y también a las del maestro español del suspense Narciso Ibáñez Serrador. En una de las “historias para no dormir” de éste último también pudimos ver un caso de niña/adolescente actuando psicopáticamente bajo los influjos de una muñeca endemoniada. La extrema maldad de Rosi, que a los ojos de sus parientes no es más que una frágil jovencita, aunque rebelde y sensual, es reminiscente de un genial aunque desconocido film italiano llamado “Il Terzo Occhio” (Mino Guerrini), y también de otra obra del antes citado Taboada, “Rubí”, cuya protaginista es una sumamente maligna joven sin escrúpulos (esa película serviría más adelante para inspirar una telenovela).

“La muñeca perversa”, sin embargo, no está al mismo nivel que “Hasta el viento tiene miedo” y otras obras maestras de Taboada. Aunque resulta bastante atractiva a nivel atmosférico, y cuenta con toques góticos “argentianos”, no llega a ser tan envolvente y fascinante como podría esperarse.

En el rol protagonista tenemos a la bella Norma Lazareno, colaboradora habitual de Taboada y presente en numerosas películas mexicanas de género de la época. El director Rafael Baledón cuenta en su haber con films como “La maldición de la Llorona”, una adaptación a la gran pantalla de la fantasmal leyenda mexicana, y todo un clásico del terror en su país de origen.

FHP, 2015

Ranpo Jigoku (a.k.a. Rampo Noir) – Hisayasu Sato, 2005

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Ranpo Jigoku (a.k.a. Ranpo Noir)

Japón, 2005

Directores: Akio Jissoji, Atsushi Kaneko, Hisayasu Sato, Suguru Takeuchi

Género: Terror (surrealista), ero-guro

Guión: Kenichiro Hara

Intérpretes: Tadanobu Asano (Kogoro Akechi), Yuko Daike, Chisako Hara

Música: Saiko Ai &al.

 

Argumento

 

La película se divide en cuatro segmentos no relacionados entre sí.

 

“El canal de Marte” – Muy breve, se trata de secuencias oníricas de un individuo atormentado que escapa desnudo a través de un paisaje rocoso mientras recuerda a modo de flashback torturas cometidas contra una amante, hasta llegar a una especie de gran cráter.

 

“El espejo del infierno” – La más interesante de las cuatro a nivel argumental (y la más larga). Dos mujeres (que se conocen entre ellas por participar en una tradicional ceremonia del te), mueren en misteriosas circunstancias, con la cara disuelta en una masa informe. El detective Kogoro Akechi (Tadanobu Asano) encuentra el nexo entre ambos casos; las dos se habían mirado en unos extraños espejos, fabricados por un inquietante personaje que ambas conocían, el joven Toru. Éste loco había elaborado los espejos incluyendo una especie de micro-ondas que producían que quien se mirara en ellos pereciera. El segmento incluye un efecto visual caleidoscópico debido a la continua presencia de espejos en las escenas del mediometraje.

 

“La oruga” – Una mujer, para evitar que su marido soldado vuelva a ir a la guerra, lo ha mutilado amputándole brazos y piernas (y lengua). La enajenada, además, somete a su víctima a múltiples vejaciones, latigazos incluídos. Patológicamente celosa, lo hace supuestamente “por amor”; e incluso tiene relaciones sexuales con su deforme cónyugue al que llama “mi oruga”. Finalmente, con la complicidad de un extraño individuo amigo suyo que considera al desventurado como “una obra de arte”, la degenerada decide mutilarse ella misma y convertirse también en “oruga”. Al mismo tiempo, los miembros amputados de su esposo, conservados en formol, se exhiben ante los tres.

 

“Bichos que se arrastran” – El protagonista (otra vez Asano, en un papel diferente) es el chófer de una prestigiosa actriz, a la que conduce en limusina del trabajo hacia su casa o (en ocasiones) al “lugar especial” donde ella se cita con su amante. El chófer está secretamente enamorado de su jefa, y padece una extraña enfermedad psicosomática en la piel que le produce intensos picores y eccemas; los síntomas se recrudecen sobre todo cuando tiene contacto con otras personas (es pues parte de una especie de fobia social). Para poder tener junto a sí a la actriz sin padecer los picores, termina matándola mediante estrangulamiento y luego trata infructuosamente de embalsamarla consiguiendo sólo que se desangre.

 

Comentario

 

Cada uno de los cuatro segmentos está a cargo de un director diferente, y no tienen ningún nexo salvo por la presencia (en los cuatro metrajes) en roles distintos del melenudo Tadanobu Asano.

 

Éstas “historias para no dormir” estilo japonés bizarro compiladas en “Ranpo Jigoku” (o “Rampo Noir”) están inspiradas en la macabra obra de Edogawa Ranpo (1894-1965), escritor de novelas policiacas y de misterio con toques sádicos. El nombre real de éste autor (algunos de cuyos escritos están aún hoy prohibidos en Japón por su carácter extremadamente perverso) era Taro Hirai, siendo “Edogawa Ranpo” un pseudónimo basado en la pronunciación japonizada de “Edgar Allan Poe”; a quien Hirai admiraba.

 

La obra literaria de Ranpo y otros autores fue clasificada en el Japón de los años ´30 como “ero-guro-nansensu” (“erotique-grotesque-nonsense”); un subgénero típicamente nipón que también daría el salto a la gran pantalla con productos tan interesantes como “Strange Circus” (también del 2005) de Shion Sono o éste “Ranpo Jigoku”, de indudable calidad visual.

 

FHP, 2014

Sobre “Dead & Buried” y “Dressed to Kill”

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Buenas ideas que no terminan de convencer

(sobre “Dead & Buried” y “Dressed to Kill”)

“Dead & Buried”, del ignoto Gary Sherman; y “Dressed to kill”, obra del archiconocido Brian De Palma, son dos ejemplos de películas con excelente argumento que llegan a decepcionar por no estar a la altura de sus guiones. En ambas el planteamiento es muy prometedor y la temática podría haber dado de si mucho más de lo que el resultado final ofrece.

“Dead & Buried” (1981) es un film independiente de presupuesto modesto, aparentemente concebido sin grandes pretensiones. Su onírica carátula llama poderosamente la atención, invitando a ver una película que parece destacar de entre los múltiples films de zombis y muertos vivientes varios surgidos en los albores de los años 80.

La escena introductoria nos muestra a un fotógrafo llegado a un remoto pueblo costero para tomar algunas instantáneas en la desértica playa de la localidad. De repente aparece una atractiva jóven , que cual traicionera sirena le seduce ladinamente para hacerlo caer en una letal trampa. Presa de una sádica turba de lúgubres lugareños es atado a un árbol y quemado vivo mientras los aldeanos toman fotos de la macabra tortura.

Otras nuevas muertes, acaecidas en circunstancias similares, conmocionan a la pacífica población; y el sheriff Dan Gillis se resuelve a esclarecer los enigmáticos crímenes con la ayuda de un anciano empleado de la funeraria local, encargado de recomponer cadáveres que quedan desfigurados.

La mayor incógnita a la que se enfrenta el policía durante sus pesquisas es el hecho de que varios testigos afirman haber visto en las inmediaciones del pueblo a varias personas que ya se suponían muertas y enterradas. Para el espectador, un interrogante aún más desconcertante es que los asesinos (sádicos autómatas pueblerinos) se dediquen a fotografiar y tambien a grabar los crímenes que cometen. “Por qué lo hacen?”, nos preguntamos. El desenlace es el plato fuerte del film, con su agobiante y angustiosa sorpresa final.

Para concluir, “Dead & Buried” cuenta con muy buenas ideas por parte del guionista, un argumento original y en grado sumo interesante (que no desentonaría en un comic de Dylan Dog, el en Italia tan popular “detective de la pesadilla”); pero está dirigida sin pericia, de manera plana y en exceso austera, por lo que carece de la atmósfera tensa, tétrica y claustrofóbica que es vital en las cintas de terror. Si en vez del tal Gary Sherman el director hubiera sido Lucio Fulci, con toda probabilidad estaríamos hablando de una maravilla.

Con “Dressed to Kill” (1980) sucede algo similar. Generalmente considerada como una de las películas más flojas del director del “Scarface” pacinesco, la trama es atractiva pero está pobremente desarrollada. En este thriller erótico destaca la genial idea del psicoterapeuta psicópata, con problemas de desdoblamiento de personalidad e identificación sexual, y tendencias transexuales; que vestido de mujer se dedica a liquidar a las mujeres que como hombre le resultan atrayentes. En esto, que se descubre en torno al final del film, reside el mayor encanto de “Dressed to Kill”, propuesta que entretiene pero no cautiva, a la que Dario Argento en su mejor época junto a una banda sonora de los Goblin hubiera podido sacar todo su jugo convirtiendo en obra maestra..

Lamentablemente, tanto “Dead & Buried” como “Dressed to Kill”se quedan a medio camino, sin lograr fascinar al espectador pese a sus brillantes guiones.

FHP (AlucineCinéfago), 2008

Quién puede matar a un niño – Chicho Ibáñez Serrador, 1976

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Quién puede matar a un niño (a.k.a. Who can kill a child?)

España, 1976

Director: Narciso Ibáñez Serrador

Género: Terror / Thriller (fantaterror)

Guión: Narciso Ibáñez Serrador (como Luis Peñafiel); inspirado en la novela “El Juego de los Niños” de Juan José Plans

Intérpretes: Lewis Fiander (Tom), Prunella Ransome (Evelyn)

Música: Waldo de los Ríos

Es una lástima que este grande de la televisión española solo dirigiera dos largometrajes, pues visto su talento incuestionable para realizar cine de terror, Chicho Ibáñez Serrador hubiera cosechado éxitos internacionales y gozaría de prestigio mundial para los amantes del género.

“Quien puede matar a un niño?” es bajo mi punto de vista bastante superior a la tambien hispana “No profanar el sueño de los muertos”, y junto a “El Pico” de Eloy de la Iglesia (de temática muy diversa), ha pasado a convertirse en mi película española favorita, entrando de lleno en la selecta lista de mis films predilectos de todos los tiempos y naciones, la misma ecléctica lista donde figuran “El Padrino”, los italo-western de Leone, “Vertigo” o la polanskiana “El Quimérico Inquilino”, por citar solo unos pocos ejemplos.

“Quien puede…” cuenta los avatares a los que se enfrenta una pareja de turistas ingleses, Tom y Evelyn, dispuestos a pasar sus vacaciones en España. Ella está en avanzado estado de gestación, el matrimonio espera su tercer hijo.

Ambos llegan a la ficticia localidad costera mediterránea Benavís, con la intención de embarcarse al día siguiente rumbo a la (tambien imaginaria) isla Almanzora, donde Tom ya estuvo en el pasado. La primera parte del film tiene un desarrollo pausado, donde solamente suceden cosas banales, pero esto sirve para incrementar la expectación del espectador, pues la tensión se masca en el ambiente. En Benavís presencian las fiestas del pueblo, van a la playa, disfrutan del espectáculo pirotécnico, etc. Cuando a la mañana próxima llegan a la isla, comienza el intenso suspense, que irá creciendo durante el resto del metraje. La lancha de los ingleses alcanza el muelle de Almanzora, y se encuentran allí con unos niños, parcos de palabras, que resultan inquietantes. Tom y Evie caminan hasta el municipio, descubriendo con estupor que está abandonado, no hay nadie en las calles ni tampoco en las casas (algo parecido a lo que sucede en “Anthropophagus” de Joe D´Amato cuando los protagonistas inspeccionan el poblado de la isla griega). Solo algunos niños, escurridizos y de risas maliciosas, pululan por el lugar.

El matrimonio llega a la conclusión, tras ver como una niña mata alegremente a bastonazos a un anciano, que los adultos de la isla han sido o están siendo asesinados por los niños, en lo que parece ser una epidemia que incita a los infantes a liquidar a sus mayores. Acorralados, intentarán escapar de la isla debatiéndose con la idea que da nombre a la película: En defensa propia, podría matarse a un niño?

Original e interesantísima cinta de suspense, basada en una novela y que podría considerarse, estilísticamente, una especie de híbrido entre “Los Pájaros” de Hitchcock y “La noche de los muertos vivientes” de George Romero, superando a ambas en mi opinión.

A propósito de la comparación con la posterior “Anthropophagus” antes mencionada, hay otra escena en la obra de D´Amato que recuerda ligeramente a algo que tambien sucede en el film que nos ocupa. No diré de que se trata pero, a modo de pista, puedo mencionar que tiene que ver con el embarazo de la protagonista. (En “Anthropophagus” tambien aparece una embarazada)

La atmósfera de la película es sobrecogedora y está muy bien lograda, lo que tiene mucho mérito, pues la acción transcurre siempre de día, en un pintoresco pueblito, bajo la cálida luz de un Sol resplandeciente, y los “monstruos” son tiernos y angelicales niños. Ser capaz de provocar temor e inquietud con estas premisas es a todas luces digno de aplauso.

Según el transfondo con el que Chicho ha impregnado al film, la actitud asesina de los infantes responde a una venganza, pues las injusticias cometidas por los adultos (quienes deciden las guerras) siempre tienen a los inocentes niños como primordiales víctimas. Eso explica el preámbulo inicial que introduce la película, con esa cortinilla de extractos de las noticias televisivas, con imagenes reales de campos de exterminio nazis, o guerras en ese momento más actuales, como la del Vietnam o Biafra.

En la novela, en cambio, la razón que se da es una especie de epidemia natural (como en el caso de los zombies romerianos).

Obra Maestra (así, con mayúsculas). Muestra inconmensurable de buen hacer cinematográfico, y máximo exponente del género fantástico en Europa.

FHP (AlucineCinéfago), 2008

Acoso en la noche – Jean Rollin, 1980

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Acoso en la noche (a.k.a. „The Night of the Hunted“) V.O. La Nuit des Traquées

Francia, 1980

Director: Jean Rollin

Género: Thriller

Guión: Jean Rollin

Intérpretes: Brigitte Lahaie (Elysabeth), Vincent Gardere, Dominique Journet (Véronique)

Música: Phillipe Bréjean (a.k.a. Gary Sandeur)

Calificación: 7

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Argumento

Elizabeth escapa una noche de un lugar donde se encuentra retenida. En su huída hacia ninguna parte, casi es atropellada por un coche; del que emerge un hombre, Robert, dispuesto a llevar de nuevo “a casa” a la confundida joven. Resulta que ésta padece de amnesia, no recuerda quien es, ni dónde vive, ni tampoco de dónde escapaba, aunque Robert supone (y supone bien) que se había evadido de algún hospital o alguna clínica psiquiátrica.

Lleva a la chica a su casa (ella “no puede recordar”, sólo “vive el momento presente”), tienen sexo, tras lo cual a la mañana siguiente él se dispone a acudir a su trabajo y la deja en la cama diciéndole que espere su regreso, no sin antes escribirle el teléfono de su oficina para que le llame si necesita ayuda.

A continuación aparecen (en casa de Robert, sin que se sepa cómo han llegado hasta allí y cómo han logrado entrar) una misteriosa pareja, un doctor y su asistente, quienes han venido para llevarse a Elizabeth de vuelta a la clínica. Ésta, pese a sus iniciales reticencias, no tiene más remedio que acompañarles.

Una vez en el centro psiquiátrico (un siniestro rascacielos conocido como “la Torre Negra”), Elizabeth es dejada en la habitación que comparte con Catherine, otra enferma con amnesia que está incluso peor que Elizabeth; el estado de degeneración y avance de la enfermedad es aún mayor, pues ya comienza a perder la coordinación motriz y en el intento de comer por sí sola es incapaz de llevar la cuchara a la boca.

Ambas, paseando por la planta del centro, observan a los demás internos, todos padecen la misma enfermedad, cuya característica más pronunciada es la pérdida de memoria. Como dice Catherine, los internos recurren a “inventarse mutuamente sus recuerdos”.

De nuevo en la habitación, cuando van a acostarse, Catherine sutilmente intenta avances lésbicos hacia Elizabeth, pero ésta se opone y abandona el cuarto, al salir se encuentra al celador, quien intenta abusar de ella (como tiene por costumbre hacer con todas las bellas pacientes amnésicas, las cuales luego no recuerdan nada). Elizabeth se resiste y camina por la planta, hasta encontarse a su amiga Véronique, a la que reconoce (y ésta a ella también). Van a la habitación de Véronique y juntas planean escapar (de nuevo) del hospital, ésta vez con la ayuda de Robert (Elizabeth ha encontrado su teléfono anotado, y aunque ya no le recuerda, piensa que puede ser un amigo del exterior). Cuando Elizabeth vuelve a su habitación con la intención de recoger a Catherine para escapar las tres, se la encuentra muerta en la cama con las tijeras clavadas en los ojos. La infortunada se ha quitado la vida.

Mientras tanto, se suceden escenas paralelas de lo que acontece a los demás enfermos; el celador viola a otra paciente y es liquidado a martillazos por uno que le sorprende en el acto, una pareja de internos tiene sexo en la sauna junto a la piscina, la chica es estrangulada por su amante…

Elizabeth y Véronique llegan a la planta baja, donde guardas armados custodian la salida. Elizabeth se hace con la pistola de uno de ellos, al que mata de un disparo, tras lo cual llama a Robert, quien dice que llegará “en diez minutos”.

Las chicas no logran escapar, son interceptadas y vueltas a la clínica, Elizabeth con camisa de fuerza y Véronique con evidentes síntomas de haber sido lobotomizada. Robert, que ha sido entretenido en un baile (?) y luego dejado fuera de combate, vuelve en sí al día siguiente y discute con el médico responsable y su asistente; quienes le informan de que los internos son “muertos en vida”, seres que van perdiendo progresivamente su alma y su capacidad de raciocinio, transformándose en zombis debido a una enfermedad neurodegenerativa cuyo origen está en una fuga radioactiva que les ha afectado al cerebro por encontrarse cerca del lugar donde se produjo.

Más tarde, los enfermos son transportados en tren a un “matadero” donde sistemáticamente se les aplica la eutanasia mediante una inyección letal, tras la cual sus cuerpos son hechos desaparecer en unos hornos crematorios. A Véronique los “verdugos” la dejan marcher, porque “aún ven la chispa de la vida en sus ojos”, pero cuando escapa por las vías del tren es abatida por los disparos del medico jefe. Robert llega con la intención de rescatar a Elizabeth, el médico vuelve a insister en que “es inútil, no hay nada que hacer”, pero Robert corre hacia ella (que avanza sin rumbo por las vias ferroviarias), el médico le dispara rozándole la cabeza y en la escena final, ambos, Elizabeth y Robert, caminan cogidos de la mano, como muertos vivientes, con la consciencia perdida.

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Comentario

Muy interesante producción del cineasta francés Jean Rollin, conocido por sus películas de vampiras (con erotismo lésbico incluído) como “Fascination” o “Lévres de Sang”, y por su tétrico estilo gótico con elementos surrealistas (como en “La Rose de Fer”).

“La Nuit des Traquées”, protagonizada por la bella Brigitte Lahaie, rebosa de erótico onirismo macabro. Las incoherencias argumentales se perdonan al encuadrarse la película en el género del surrealismo. Por ejemplo, la enfermedad que aqueja a los personajes recluídos en “la torre negra” al parecer no es contagiosa, no obstante deben estar aislados del resto de la sociedad para “evitar el escándalo” y “que se extienda el pánico”.

Tal vez la amnesia degenerativa (“provocada por una fuga radioactiva”) alude a la progresiva zombificación de la sociedad contemporánea, especialmente en las grandes urbes cosmopolitas (Rollin se recrea enseñando planos en contrapicado de colosales moles de hormigón y cristal; los rascacielos, como también hará años después en otra de sus películas, “Perdues en New York”, la más surrealista de todas). Es curioso que los síntomas padecidos por los enfermos de la película parecen coincidir con los del Alzheimer (la única diferencia es que en la obra de Rollin los afectados son todos jóvenes), patología neurodegenerativa que al momento de ser rodado el film todavía no era tan conocida como lo es hoy.

Otra recomendable película de Rollin es “Les Raisins de la Mort”, plagada igualemente de surrealismo y elementos gore, donde una epidemia (que afecta a los que han consumido productos procedentes de la uva de cierta comarca), provoca que las personas se conviertan en una especie de leprosos caníbales.

FHP (AlucineCinéfago), 2014