El Verdugo Escarlata – Massimo Pupillo, 1965

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Il Boia Scarlatto (a.k.a. Bloody Pit of Horror)

Italia, 1965

Director: Massimo Pupillo

Género: Terror

Guión: Romano Migliorini, Roberto Natale

Intérpretes: Mickey Hargitay (Travis Anderson), Walter Brandi (Rick), Rita Klein (Nancy)

Música: Gino Peguri

Argumento

Antes de que aparezcan los títulos de crédito vemos a modo de prólogo a un condenado al que conducen a su ejecución en las mazmorras de un castillo. Se trata del “Verdugo Escarlata” un perverso aristócrata asesino que disfrutaba torturando a sus víctimas. El Verdugo Escarlata, ataviado con un antifaz, unas mallas y una capa que le confieren un aspecto de superhéroe moderno, es introducido en una “doncella de hierro” y brutalmente ejecutado con ese artilugio…

Siglos después, ya en nuestra época (o más bien en la época en la que se rodó ésta película), un editor y su equipo de fotógrafos y modelos buscan a un castillo medieval con la intención de realizar una sesión fotográfica para las cubiertas de novelas de terror. Tras varios intentos fallidos de dar con el castillo idóneo llegan, como no podía ser de otra manera, al del Verdugo Escarlata.

El equipo está liderado por el editor, el sesentón Daniel Parks (Alfredo Rizzo) y a éste acompañan el fotógrafo Dermott y varios jóvenes de ambos sexos que hacen las veces de modelos. Entre ellos están Perry, Rick y varias chicas: Nancy (Rita Klein), la clásica “rubia tonta” (pero muy guapa), la exótica Kinojo (Moa Tahi), y la misteriosa Edith.

Como nadie les abre, Perry escala por los muros hasta llegar a una ventana abierta y facilita el acceso a los demás. Poco después son descubiertos por un patibulario guardián, que conduce a Parks ante el amo del castillo. Éste (interpretado por Mickey Hargitay), les recrimina haber turbado su tranquilidad y les insta a marcharse de inmediato. Las súplicas de Parks caen en oídos sordos. Pero cuando el dueño ve a través de una mirilla al equipo al completo, algo le hace cambiar de opinión… Ahora sí les permite quedarse, por ésta noche solamente, y les prohíbe terminantemente ir a curiosear en los subsuelos del castillo.

Parks y los suyos se ponen manos a la obra: Los chicos y chicas comienzan a posar disfrazados para las fotonovelas de terror del editor, y Dermott va fotografiándolos… Pero dos de ellos desobedecen al amo del castillo y se escabullen hacia los sótanos para tomar un par de botellas de vino en la bodega… Más adelante, se produce un funesto “accidente”: Cuando Perry está posando tendido sobre una mesa de torturas, la cuerda que sujetaba una tabla de pinchos que colgaba sobre él se rompe, de forma que la tabla de pinchos se precipita sobre Perry matándolo en el acto.

Los miembros del equipo están acongojados. Pero Parks, aunque dice que Perry era “como un hijo” para él, insiste en continuar con el trabajo, pues no pueden permitirse perder esa oportunidad de tomar fotos en el castillo… Ya pondrán al corriente “mañana” a la policía sobre el macabro suceso. La actitud de Parks indigna profundamente a Rick. Tampoco las chicas están dispuestas a continuar, pero finalmente cambian de opinión cuando el jefe accede a pagarles el triple.

Por su parte el misterioso, hasta ahora taciturno y escurridizo dueño del castillo, comienza a percatarse de que los extraños están mancillando el lugar con su indeseable presencia. Cuando interpela a miembros del equipo es reconocido por Edith, una de las chicas modelos… Inicialmente ella no revela a los demás la identidad del extraño amo del lugar, pero después le confiesa a Rick que se trata de un antiguo novio suyo, Travis Anderson, un actor frustrado que, cansado “del mundanal ruido” la abandonó para recluírse en la soledad de ese lóbrego castillo.

Rick comienza a sospechar que la muerte de Perry no fue un accidente, y que alguien cortó intencionadamente la cuerda… Sus suspicacias se incrementan cuando encuentra el perforado cadáver de una de las chicas del equipo en el interior de una “doncella de hierro”. Nuevas muertes atroces comienzan a producirse.

Travis, el ahora propietario del castillo, aborda a su antigua novia Edith (el haberla visto entre los integrantes del equipo es lo que le hizo consentir al grupo permanecer allí esa noche), y le revela frenético y poseso mientras se coloca un antifaz, que ha adoptado la identidad del Verdugo Escarlata…

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Comentario

“Il Boia Scarlatto” es una película de terror gótico a la italiana con pinceladas de humor, cuya historia está ligeramente basada en un relato del Marqués de Sade. Travis Anderson, el excéntrico y musculoso lunático que se cree la encarnación del Verdugo Escarlata ajusticiado hace siglos, es un ególatra misántropo que vive recluído del mundo con la sola compañía de sus también fornidos guardias con camisetas a rayas. El húngaro Miklós “Mickey” Hargitay, que estuvo casado con la voluptuosa y trágicamente fallecida Jayne Mansfield, interpreta con gran acierto al sociópata. No son pocos quienes le acusan de sobreactuar teatralmente, pero es que la personalidad histriónica de Travis / el Verdugo así lo requiere.

Mickey Hargitay (que fue Mr. Universo en 1955) ha participado en varias películas de Renato Polselli, como “Delirium” (1972) y “Riti, magie nere e segrete orge nel trecento” (1973).

No se trata en absoluto de un argumento demasiado original, pero Massimo Pupillo rueda correctamente ésta propuesta y logra plasmar la atmósfera gótica de reminiscencias “Hammer”, incluyendo además diálogos y situaciones que harán esbozar una sonrisa al espectador.

Una de las escenas más “notables” es aquella donde la joven modelo de exótica procedencia está atrapada en una gigantesca telaraña y su compañero Rick trata de rescatarla sin que se active el mecanismo que haría llover sobre ellos una lluvia de flechas. La “araña” que se ve acechando a la chica es más que obviamente una burda imitación de goma. Detalles como éste, así como las salvajes torturas inspiradas en los escritos del Marqués de Sade y la desquiciada interpretación de Hargitay harán las delicias de los cinéfagos compulsivos.

Interesante es también la manía, muy patente en esos años y en éste film, de anglificar los nombres del reparto para que el público italiano fuera al cine creyendo que se trataba de una producción “americana”. Así, el propio director firma como “Max Hunter”, el actor Alfredo Rizzo se convierte en “Alfred Rice”, y los hombres de Anderson Gino Turini y Roberto Messina en “John Turner” y “Robert Messenger” respectivamente.

Para terminar, señalaremos la curiosidad de que el productor del film Ralph Zucker tiene en la película un pequeño papel como actor, interpretando al fotógrafo Dermott.

FHP, 2015

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Santa Claus – René Cardona, 1959

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Santa Claus

México, 1959

Director: René Cardona

Género: Navideña, infantil

Guión: René Cardona, Adolfo Torres Portillo

Intérpretes: José Elías Moreno (Santa Claus), José Luis Aguirre alias “Trotsky” (el Diablo), Armando Arriola (Merlín)

Música: Antonio Díaz Conde

Argumento

Santa Claus, que no es otro que San Nicolás de Bari, también conocido como Papá Noel, vive “muy cerca del cielo, entre las nubes”, donde tiene una base de operaciones y controla (cual distópica y orwelliana agencia de espionaje) a todos los niños de la Tierra – No sólo puede ver a cada momento lo que los niños hacen, sino también lo que sueñan.

Cuando la Navidad se va acercando, Santa Claus entra en tratos comerciales con “Juguetelandia”, y gracias al respaldo de sus ayudantes (un nutrido grupo de niños de todas las nacionalidades) se dedica a leer las cartas que por esas fechas le escriben, a clasificarlas y a atender las peticiones de aquellos que se han portado “bien”…

Mientras tanto, en el Infierno, Satán ordena a uno de sus diablos que suba a la Tierra para sabotear la Navidad, tentando a los niños para que se vuelvan malos. El demonio que recibe tal misión se llama Precio, y Santa Claus – desde su base extraterrestre – está al corriente de sus aviesos propósitos.

Tres traviesos hermanos son el primer instrumento de Precio al ejercer sus diabluras. Los gamberros apedrean a un Papá Noel (no al original, sino a un imitador terrícola expuesto en un escaparate). En la misma ciudad mexicana viven una niña pobre llamada Lupita y un niño rico. Lupita quiere a toda costa una muñeca, pero su madre no puede comprársela. El demonio la tienta para que la robe, pero Lupita logra resistir sus influencias. El niño rico, por su parte, sólo desea un regalo para Navidad: Que sus padres pasen más tiempo con él.

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Desde su observatorio espacial, Santa Claus espía los sueños de Lupita con el “cerebro de cristal y la antena captasueños”. Comprueba así que incluso durante su estado onírico la niña no es dejada en paz por el demonio, quien prosigue incitándola al robo. “¡Me las va a pagar ese Precio, a cualquier precio!” dice Santa Claus indignado.

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Además de los niños de todos los países que tiene a modo de ayudantes (o agentes), con Santa también viven el despistado mago Merlín, su brazo derecho; y el herrero Yabón, que fabrica la “llave de oro, para la cual no hay cerradura que se resista”.

La base espacial de Santa Claus cuenta con una “sala de entrenamientos”, repleta de chimeneas de imitación, por las cuales el obeso y obsequioso barbudo rutinariamente se introduce para “mantenerse en forma”.

Entretanto, en la oficina de correos, están saturados con las cartas a Santa Claus y las tiran al fuego.

Unos niños rusos le proponen a Santa que éstas Navidades viaje a la Tierra con un “Sputnik”, con una nave espacial. Pero San Nicolás, que es muy tradicional, prefiere desplazarse en sus renos de toda la vida (aunque éstos sean de juguete)…

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Comentario

Tras visionar y reseñar “Santa Claus conquista a los marcianos”, el masoquismo fílmico y la compulsión cinéfaga me empujaron a atreverme con su equivalente mexicano (que por cierto es anterior). El responsable de éste clásico navideño es el incombustible René Cardona, que además de realizar numerosas películas durante la Época de oro del cine mexicano es uno de los máximos exponentes de la serie B en su país, director de varias películas de bajo presupuesto pero muy entretenidas, con luchadores justicieros como El Santo – el mítico enmascarado de plata.

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René Cardona (1905-1988), de origen cubano, es uno de los directores más productivos del cine mexicano (más de 140 películas en su haber)

Pero éste “Santa” que hoy nos ocupa, bien poco tiene que ver con el “Santo”; y más que otra cosa es una película netamente infantil, un pueril esperpento repleto de cansinos momentos musicales (y coreográficos) metidos con calzador (sobre todo al inicio del film).

Éste Santa Claus no vive aquí en el Polo Norte, como su homólogo en el film gringo donde “conquista a los marcianos”, sino en un “palacio de azúcar y cristal” (en una base espacial secreta) situado en una especie de asteroide. Sus ayudantes tampoco son enanos, sino niños de múltiples países, pintorescamente ataviados según su procedencia – El niño mexicano va vestido de charro, la niña española de flamenca, el japonesito de samurai, el pequeño ruso de cosaco, etc.

Llaman la atención la barba y la peluca descaradamente postizas del protagonista, así como su demencial carcajada siniestra, muy diferente a la risa que el bonachón y entrañable personaje se supone debería tener.

El Diablo está interpretado por un actor conocido como “Trotsky”, probablemente por su perilla de chivo.

Durante el metraje hay un narrador que constantemente nos va explicando todo lo que va pasando para que no quepan dudas…

Aunque la película está llena de cursilerías que rozan la vergüenza ajena también hay momentos francamente hilarantes – si bien en esos casos la comicidad sea mayormente involuntaria.

FHP, 2015

L’ultimo treno della notte – Aldo Lado, 1975

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L’ultimo treno della notte (a.k.a. “Last Stop on the Night Train”)

Italia, 1975

Director: Aldo Lado

Género: Suspense

Guión: Aldo Lado, Roberto Infascelli

Intérpretes: Flavio Bucci (Blackie), Gianfranco De Grassi (Curly), Laura D´Angelo (Lisa), Irene Miracle (Margareth), Macha Méril (Mujer en el tren)

Música: Ennio Morricone

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El espíritu navideño de Curly y Blackie deja bastante que desear…

Argumento

Vísperas de Navidad en Munich. Dos delincuentes de medio pelo se dedican a cometer fechorías varias por las calles, intentando robar el abrigo de pieles de una señora o atracando a un Papá Noel.

Para dar esquinazo a la policía, montan en un tren con destino a Verona. En el mismo vagón que ellos viajan dos jovencitas, Lisa y su prima alemana Margareth. Las dos se dirigen a Italia para celebrar las Navidades en casa de los padres de Lisa.

Los dos rateros, Blackie y Curly, siguen haciendo de las suyas en el tren. Allí se encuentran con Lisa y Margareth, quienes inicialmente simpatizan con ellos y les ayudan a esconderse para evitar que sean descubiertos por el revisor. Sin embargo, pronto se dan cuenta las muchachas de que los individuos no son de fiar, y se alejan de ellos marchándose al otro extremo del vagón.

Blackie y Curly llegan a un compartimento donde viaja una mujer. Ésta, en lugar de sentirse intimidada por los extraños, se les insinúa, y no se resiste a los poco sutiles avances de uno de ellos.

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Lisa (Laura D´Angelo) y Margareth (Irene Miracle)

Margareth y Lisa, las virginales adolescentes, son detectadas por el pérfido trío compuesto por ambos maleantes y la ninfómana. Primero comienzan a hostigar a las chicas con comentarios soeces, poco a poco el acoso va subiendo de tono… Amenazadas por un afilado cuchillo, las jóvenes se convierten en rehenes y son sexualmente agredidas por los maníacos con la complicidad de la misteriosa arpía. Parece que ya no tienen escapatoria…

Comentario

Atípica “película navideña”, que supone un gran contraste respecto a las ñoñas y edulcoradas producciones habituales ambientadas en ésta época del año.

Éste crudo y violentísimo thriller, inspirado al igual que muchas películas italianas de similar contenido por “The last house en the left” (Wes Craven,1972) contiene enormes dosis de suspense y tensión, así como escenas brutales de sangriento salvajismo.

El film está dirigido con maestría por Aldo Lado, realizador muy interesante aunque lamentablemente no demasiado prolífico, quien se puso tras las cámaras en el imprescindible giallo “Malastrana” (a.k.a. “La corta notte delle bambole di vetro”, 1971), película visionaria que se adelanta casi una treintena de años a la temática retratada por Stanley Kubrick en “Eyes wide shut” (1999).

Los dos deleznables criminales que atacan a las chicas son animados y jaleados por la perversa ninfómana. Ésta, por instigarles, no es sólo cómplice, sino incluso aún más culpable que ellos. Blackie y Curly pierden el control y provocan una tragedia irreparable.

Mientras, en Verona, los padres de Lisa esperan inquietos en el andén sin que las chicas aparezcan. Éstas no se encuentran en el tren (“el último tren de la noche”) en el que supuestamente viajaban desde Munich. El revisor y otros empleados de la compañía ferroviaria no saben nada.

Los Stradi pasan una amarga Nochebuena, ignorando el paradero de su hija y su sobrina. Sin embargo, en la estación de trenes, el padre de Lisa se percata de la presencia de un desorientado trío, compuesto por dos hombres de patibulario aspecto y una mujer con un corte en la pierna. Como el señor Stradi es cirujano, se ofrece para curar la herida de la mujer. Así, los tres llegan a la villa de los Stradi. Éstos todavía ignoran que están dando cobijo a los responsables de la desaparición de su hija…

“L´ultimo treno della notte”, además de las características habituales de un buen film de suspense y la crudeza plástica y sin concesiones de sus escenas sangrientas, tiene un desenlace que entronca con el subgénero del “rape&revenge”.

Posee el largometraje una enorme carga dramática, así como una atmósfera claustrofóbica y envolvente muy bien lograda. La banda sonora es de Ennio Morricone, e incluye la canción de Demis Roussos “A flower´s all you need”. Morricone realiza aquí un pequeño “auto-homenaje”, pues la inquietante melodía que Curly entona repetidas veces con su armónica es la misma que Charles Bronson toca en “Hasta que llegó su hora” (Sergio Leone, 1968) – cuya banda sonora también es del propio Morricone.

La belleza estética, los contrastes de luz y el colorido de las imágenes recuerdan a “Suspiria” (Dario Argento, 1977), sobre todo cuando en el compartimento en el que las chicas viajan se apagan las velas y se quedan a oscuras.

Muy recomendable, ésta película navideña ligeramente diferente.

FHP, 2015

Santa Claus conquista a los marcianos – Nicholas Webster, 1964

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Santa Claus conquista a los marcianos (V.O. Santa Claus conquers the martians)

 

EEUU, 1964

 

Director: Nicholas Webster

 

Género: Navideña, ciencia ficción

Guión: Glenville Mareth, Paul L. Jacobson

Intérpretes: John Call (Santa Claus), Leonard Hicks (Kimar), Victor Stiles (Billy), Donna Conforti (Betty)

Música: Milton Delugg

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Argumento

 

Por influencia de la televisión terrícola, los niños de Marte ya no son lo que eran. Han caído en una fase de apática melancolía. Pues mientras en la Tierra es Navidad y un señor con barba blanca y vestido de rojo reparte regalos, en Marte nunca hay nada de eso. Ni regalos, ni juguetes, ni diversión, ni nada. Desde que los niños marcianos observaron en sus pantallas la entrevista a Santa Claus poco antes de Navidad, les embarga una inexplicable tristeza a lo largo y ancho del rojo planeta.

 

Kimar, el jefe de los marcianos, decide que deben tomarse medidas. Por ello, acude junto a sus guerreros a pedir el consejo de un sabio anciano. Éste les explica que lo que aqueja a los pequeños es la ausencia de la Navidad.

 

Kimar toma una drástica decisión: Irán a la Tierra en su platillo volante y se llevarán consigo a Santa Claus, si es preciso por la fuerza. El objetivo es imponer así la Navidad en Marte. “Los terrícolas ya lo han tenido demasiado tiempo, ahora nos toca a nosotros”. Entre los miembros de la tripulación se encuentra Voldar, que desde el primer momento se muestra reticente a ceder a los caprichos de los niños y traerles la Navidad, porque se trata de una época de paz, y “el nuestro es el planeta de la guerra”. Además, tantos regalos contribuirían a ablandar a la estirpe. Entre los marcianos que participan en la misión de rapto está también el patoso Drapo.

 

Conforme el OVNI va acercándose a la Tierra, los marcianos comienzan a ver no a uno, sino a varios Santa Claus… Todos en las puertas de distintos centros comerciales en las grandes urbes. Ahora no saben cuál es el auténtico. Además, su nave es detectada por los terrícolas. Los militares se ponen en estado de alerta máxima ante la inquietante presencia en los cielos de un OVNI, y las televisiones interrumpen su programación para informar sobre el extraño objeto volante.

 

Los marcianos aterrizan, y toman como rehenes a un niño y una niña: Los hermanos Bill y Betty. En primer lugar, los alienígenas quieren saber quién es el auténtico Santa Claus. Bill les dice que el de verdad no es ninguno de los que se ven en éstas fechas por las ciudades, sino uno que vive en el Polo Norte. Voldar convence a Kimar de que se lleven a los niños consigo, porque si no éstos podrían denunciarles y desbaratar su plan.

 

Drapo ha ayudado a Bill y Betty a esconderse, y una vez aterrizan en el Polo Norte, los niños logran escapar de la nave. Los marcianos los buscan por todas partes, y activan a su robot Tork, que finalmente los captura de nuevo.

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Santa Claus trabaja en su taller preparando y empaquetando los regalos junto a sus ayudantes los enanos y su esposa Miss Claus. De repente irrumpe Tork, el robot extraterrestre. En lugar de espantarse, Santa Claus piensa que se trata de un gran juguete. Entonces intervienen los marcianos y ordenan a Papá Noel que los acompañe. Los alienígenas usan sus pistolas paralizadoras contra los sirvientes de Santa Claus y contra su mujer.

 

Una vez cumplida la fase inicial de su misión, regresan a Marte con su cautivo. Y también los niños terrestres Bill y Betty están en poder de los marcianos…

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Comentario

 

En éstas fechas tan señaladas no podíamos desaprovechar la ocasión de reseñar una genuina “obra maestra” del subgénero navideño, que fusiona de manera bizarra e hilarante la temática “santaclausiana” con la ciencia ficción.

 

Sorprende un poco la puntuación tan baja que recibe ésta “joyita” en imdb. Pues aunque no se puede negar que estamos ante un film de serie B o Z, de calidad artística y técnica ínfima, la propuesta resulta infinitamente más entretenida que la anodina película navideña estereotípica.

 

En éste caso, la Navidad está conjugada con el cine de extraterrestres, muy al estilo de los films que resultaban tan populares en la década precedente: En los años ´50 proliferaron especialmente en EEUU las películas de serie B con temática ufológica y alienígena. La ufomanía de aquellos tiempos tenía sin duda algo que ver con el temor generalizado a los platillos volantes, casi una psicosis colectiva, un pánico extendido en los EEUU a raíz de los famosos “OVNIS nazis” (no hacía mucho tiempo desde el final de la II GM), que se creían ocultos en la Antártida (Operación Highjump).

 

Los marcianos de ésta película visten unos prietos trajes con capas al estilo de los superhéroes, unos estrafalarios cascos con antenas… y tienen los rostros tiznados con algo que parece ser crema de zapatos. El Santa Claus, por su parte, cuenta con su aspecto tradicional (y por suerte con una barba que parece auténtica). Se trata del mismo actor (John Call) que por aquellos años interpretaba al entrañable y orondo personaje en los spots publicitarios de Coca-Cola.

 

“Santa Claus conquers the martians” es la primera película en la que aparece su mujer, presentada como “Miss Claus”. Instantes después de que ésta fuera paralizada con los rayos de las pistolas marcianas, Santa Claus le dice satisfecho a su petrificada esposa: “No puedo recordar una ocasión en la que estuvieras callada durante tanto tiempo…”

 

Otro momento jocoso es la intervención del “oso polar”, un hombre burdamente disfrazado…

 

Pequeño e infravalorado clásico, de visionado muy apropiado para las fechas que corren. Una película, a diferencia de las que solemos reseñar por aquí, “para toda la familia” (y muy especialmente, para la familia cinéfaga).

FHP, 2015

La Piovra I – Capítulo 3

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Cattani (Michele Placido) y Titti Pecci-Scialoia (Barbara De Rossi)

La Piovra I

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1984

 Director: Damiano Damiani

Guión: Nicola Badalucco, Lucio Battistrada, Massimo De Rita, Elio De Concini

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Barbara De Rossi (Raffaella “Titti” Pecci Scialoia), Angelo Infanti (Sante Cirinnà), Geoffrey Coppleston (Banquero Ravanusa), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), Francois Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra)

Música: Riz Ortolani

(Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior)

Capítulo 3

 

El comisario Cattani sufre un atentado, pero resulta ileso. Los dos pistoleros que intentan asesinarle son alcanzados por sus disparos. Uno de ellos es el propio Cirinà, que es arrestado.

 

Dentro del aparato policial y judicial existe un alto grado de corrupción. Uno de los superiores de Cattani está dispuesto a ascender en el escalafón jerárquico cueste lo que cueste. Cattani, por su parte, afirma que “Cirinà es como un árbol que ha sido arrancado, pero cuyas raíces van muy profundas dentro de la tierra” haciendo con ello alusión a que el narcotraficante detenido que ha tratado de matarle tan solo es la “punta del iceberg”. La gran motivación investigativa del nuevo comisario inquieta un tanto a sus superiores – que están compinchados con el crimen organizado.

 

El agente Altero, a quien Cattani contemplaba con sospecha, es llamado a la oficina del comisario. Éste le explica a su subordinado lo que sabe sobre el caso Marineo. Cattani está seguro de que fue él, Altero, quien cambió de lugar el cadáver de su antiguo jefe – asesinado por Cirinà en el palacio de la marquesa. Altero confiesa que lo hizo, para ocultar que había una relación entre Marineo y la “suicidada” marquesa, salvaguardando su reputación. Cattani añade que realizó las funciones de cebo para pescar a Cirinà, en lugar de usar a Titti como testigo, pues siendo ella drogadicta probablemente no la creerían. Cattani especula asimismo con la posibilidad de que su predecesor Marineo fuera corrupto, tras comprobar que tenía una cuenta bancaria secreta. Pero Altero no admite esa hipótesis.

 

Else se ha acostado con Santamaria “por desesperación”, y al día siguiente se lo cuenta a su marido. Éste tiene mucho trabajo, pues debe dirigir las redades contra los traficantes de heroína que trabajan para Cirinà en el puerto.

 

Tras la ajetreada jornada laboral, cuando Cattani regresa a su casa él y su mujer vuelven a discutir. Ella, encima de que se ha acostado con el reportero, está celosa de que su marido se ve con Tittí (aunque todavía no haya sucedido nada entre ambos). “Me traicionas con el pensamiento!” le espeta Else, quien tiene unos bruscos cambios de humor. “La familia no es un juego” airma Cattani. Paola está acongojada a causa de los litigios entre sus progenitores. Furiosa, se deshace del muñeco que le había regalado Santamaria.

 

Cattani llama a Santamaria y arregla una cita con él en comisaría. El reportero teme que le ajuste las cuentas, pero de momento el jefe de policía sólo pretende que se lleve a cabo un debate televisivo sobre el caso Marineo donde participen también los personajes importantes de la localidad (el banquero, el abogado, el procurador, etc). Cuando llega el momento, el comisario es el único que acude al debate.

 

Ante las cámaras, Cattani afirma que “existe un hilo conductor que une los negocios ilegales y los legales. Ese hilo, ese nexo, es el dinero”. Más tarde, el procurador le advierte que no es seguro “sospechar de todos como potenciales delincuentes”. El comisario responde que “tampoco es seguro creer que todos sean gente honrada…”

 

De mutuo acuerdo, Else y Corrado Cattani deciden separarse. Ella regresa a Milán, y Paola decide quedarse en Sicilia con su padre.

 

Entretanto, Titti se ha salido del centro de desintoxicación que dirige el párroco, y corre al encuentro de Cattani. Sigue enamorada de él, y el comisario también se siente atraído por la joven y atormentada drogadicta aristocrática. Esa noche se convierten en amantes.

(Continuará)

Malenka, la sobrina del vampiro – Amando de Ossorio, 1969

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Malenka, la sobrina del vampiro

España, 1969

Director: Amando de Ossorio

Género: Terror (Fantaterror)

Guión: Amando de Ossorio

Intérpretes: Anita Ekberg (Sylvia/Malenka), Gianni Medici (Piero), Adriana Ambesi (Blinka)

Música: Carlo Savina

Argumento

Silvia es una modelo que reside en Roma y está a punto de casarse con su novio Piero, un prestigioso médico. Cierto día recibe una carta procedente de su tío, que realiza las funciones de albacea testamentario de la difunta madre de Silvia. Así, sin haber nunca antes sospechado de sus vínculos con la aristocracia, la joven ha heredado un título nobiliario y un castillo.

Silvia se despide de su prometido, le asegura que a su retorno se casarán, y parte rumbo a Alemania (?) para cumplir con los procedimienos de rigor y visitar a su desconocido tío.

Una vez en la zona, Silvia entra en una taberna local y tras entablar conversación con una de las camareras, revela que ha llegado allí para visitar el castillo del conde …, con el que ella está emparentada. Cuando los aldeanos que se hallan allí escuchan ésto, se ponen lívidos, y miran estupefactos y con las caras desencajadas. Silvia no entiende la extraña reacción de los pueblerinos. Acto seguido es recogida por un mayordomo de su tío, que la escolta hasta la morada de éste…

Se trata de un viejo, tenebroso y lúgubre castillo, iluminado sólo por la luz de las velas en sus candelabros. Cuando Silvia saluda a su tío se asusta ligeramente al percibir el frío cadavérico de su rostro. Hasta ese momento ambos todavía no se habían encontrado, pues los padres de la joven se separaron poco después de su nacimiento, la madre murió siendo ella una niña, y el padre no había consentido que Silvia se relacionase con la familia de su ex-esposa. El aristocrático tío es el hermano de su madre.

El conde le enseña su sobrina un retrato al óleo: Se trata de una antepasada llamada Malenka, y el parecido de ésta con Silvia es asombroso. Poco después, la huésped es conducida a sus aposentos. Allí, esa misma noche, recibirá la visita de una extraña mujer llamada Blinka (Adriana Ambesi), que la hipnotiza y trata de succionarle la sangre… Pero el conde interviene, y castiga duramente a su asistente, propinándole latigazos mientras está atada. Silvia trata de interceder a su favor, pero su tío le muestra los puntiagados colmillos de Blinka: Es una vampira!

Poco a poco, Silvia se va dando cuenta de que está prisionera en el castillo. Así, su tío le explica la historia de la familia: Su antepasada Malenka, esa a la que Silvia se parece tanto, investigó y profundizó en las prohibidas artes de la nigromancia, y en consecuencia fue quemada viva acusada de brujería. Malenka murió, pero el más ambicioso de sus experimentos (lograr la vida eterna) sí tuvo éxito (aunque obviamente no en ella)… Su marido es la prueba de ello, y Silvia la tiene delante: Pues el conde, su “tío”, es en realidad el esposo de Malenka.

El tétrico conde trata de convencer a su “sobrina” de que debe permanecer con él pues les une la sangre. La chica debe olvidarse de su prometido en Roma. Silvia escribe bajo coacción una carta a Piero donde le dice que se quedará en el castillo y que es mejor dar por terminada la relación.

Pero Piero no se resigna, y junto a su amigo Max viaja a la comarca donde se encuentra Silvia para tratar de hablar con ella directamente. Cuando no lo consigue, tampoco se rinde y se dispone a investigar, tratará de averiguar como entrar en el castillo.

Piero y Max se hospedan en la misma posada a la que llegara Silvia el primer día, y allí conocen a las dos hermanas que llevan el local. Una de ellas hace tiempo que se siente enferma, floja, sin saber el motivo de su creciente debilidad. Piero, que es médico, la examina y concluye que se trata de una simple anemia… Pero ignora que la chica es visitada por las noches nada menos que por el conde inmortal (o muerto viviente) que como vampiro que es se alimenta de su sangre.

A manos de Piero irá a parar un viejo libro sobre ocultismo y artes oscuras. Pese a su inicial escepticismo, el hombre de ciencias se inclinará pronto ante la evidencia que indica que el propietario del castillo es un vampiro secular, y tratará de liberar a Silvia de sus garras.

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Comentario

Ésta amena película de vampiros es una de las primeras aportaciones al subgénero del fantaterror por parte de Amando de Ossorio, quien años después rodaría la célebre Tetralogía del Terror Ciego con los momificados templarios sin ojos.

“Malenka”, siendo a todas luces una película de serie B con más que evidentes limitaciones presupuestarias y de guión, no alcanza la calidad atmosférica, oprimente y pesadillesca de las obras posteriores de Ossorio, pero es sin embargo un film disfrutable y simpático que cuenta con algunos diálogos y situaciones involuntariamente hilarantes, y también con una nota cómica intencionada por parte del personaje Max, el amigo del héroe Piero.

El papel de Silvia (y su antepasada Malenka) está interpretado por la famosa actriz sueca Anita Ekberg, conocida sobre todo por coprotagonizar en 1960 (junto a Marcello Mastroianni) “La Dolce Vita” de Federico Fellini, donde por cierto su personaje también se llama Silvia.

“Malenka” tiene un encanto peculiar. Aunque la historia y su desarrollo no resulten demasiado originales, ésta obra menor del fantaterror gótico hispano resulta entretenida y no aburrirá a los aficionados.

FHP, 2015

La reina de las vampiras – Jean Rollin, 1968

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La reina de las vampiras (V.O. Le viol du vampire)

Francia, 1968

Director: Jean Rollin

Género: Terror surrealista

Guión: Jean Rollin

Intérpretes: Solange Pradel (Brigitte), Bernard Letrou (Thomas)

Música: Yvon Géraud

Argumento

El film está estructurado en dos partes relacionadas entre sí. El primer segmento es el más corto y dura sólo media hora, mientras que la segunda historia abarca los sesenta minutos restantes.

Cuatro hermanas residen solitarias y apartadas del resto del mundo en un lóbrego castillo en medio del bosque. Pese a su juvenil aspecto aseguran tener cientos de años, pues están convencidas de que son vampiras. Un viejo aristócrata las custodia y las manipula, hablándolas (en francés con acento inglés) a través de un extraño ídolo. Él les insiste obsesivamente con la idea de que son vampiras, de que pertenecen a una raza especial, y las advierte de no confiar en los extraños que están a punto de llegar… Pues al castillo se aproximan unos médicos que desean examinar a las muchachas para curarlas. Éstos doctores, entre los que se encuentra un psicoanalista, no creen que las hermanas sean vampiras, sino más bien que padecen trastornos mentales debido al largo aislamiento.

Los médicos procedentes de la ciudad, tratarán de persuadir a las chicas de que en realidad no son vampiras, de que el vampirismo no existe y de que lo mejor es que se sometan a un tratamiento. Uno de ellos es partidario de encerrarlas en un manicomio, mientras que otro propone una metodología más suave. Éste comenzará a enamorarse de una de las enigmáticas hermanas. El anciano inglés que las controla seguirá atentamente y no sin preocupación el desarrollo de los acontecimientos.

Al mismo tiempo, un habitante del pueblo cercano al castillo cree firmemente que las vampiras han asesinado a su esposa, y se dispone a emprender una venganza, agitando a los aldeanos contra las hermanas. Los rústicos lugareños, exaltados por su líder, son presentados de una manera casi cómica, como una torpe chusma primitiva. El hatajo gruñidor se dispone con sus palas y rastrillos a hacer picadillo a las vampiras.

Las chicas, acusadas (justamente o no) de los funestos crímenes de sangre que azotan la comarca, son asesinadas, así como algunos de sus protectores. Sucede ésto en una playa, y allí mismo da inicio el siguiente episodio… Ahora llega la Reina de los Vampiros, una mulata de cabello rizado muy corto y pechos al aire, que resucita a las muertas y castiga al viejo controlador inglés por su negligencia.

La Reina de los Vampiros y sus acólitos tratarán de afianzar su poder, mientras sus antagonistas, unos científicos que buscan el antídoto contra el vampirismo, se enfrentarán a ellos.

Comentario

Una vez más, Rollin vuelve a su temática predilecta: el vampirismo femenino. Como todas sus películas, ésta también está aderezada con grandes dosis de surrealismo, y tampoco podía faltar el característico eroticismo tétrico. Rodada en blanco y negro, “La reina de los vampiros” es una de las primeras incursiones de Rollin en el subgénero.

El título original de la cinta en francés es “Le viol du vampire”, es decir, “La violación de la vampira”; pero en ningún momento se ve tal violación durante el metraje (sí se habla de ella, sin embargo, pues al parecer una de las vampiras fue sometida a abusos “hace siglos”). Por una vez, el título español es más apropiado que el original. Una película algo posterior de Rollin también cuenta con nombre un tanto engañoso, pues se titula “La Vampire Nue” (en la versión española “Desnuda entre tumbas”), y allí la vampírica protagonista tampoco aparece desvestida… Se ve más carne en ésta que reseñamos que en “Desnuda entre tumbas”…

La trama es confusa, pero como en todas las películas de Rollin eso es lo de menos.

Las oníricas secuencias desfilan ante nuestras retinas mientras nuestros párpados luchan por mantenerse abiertos; la atención y la concentración resultan cada vez más complicadas. Lo que vemos en la pantalla se trata de un sinsentido, pero de un sinsentido hermoso, con estilo, un sinsentido poético. (Lo que no puede decirse de otras películas mediocres de similar presupuesto e intenciones como “Las flores del vicio”…)

Al igual que en “Desnuda entre tumbas”, la banda sonora está compuesta a base de ritmos y sonidos disonantes de saxofones, violines, guitarras y piano, que tratan de evocar una sensación de ansiedad y angustia.

Como en casi todas las películas de Rollin, aparece la misma playa; donde se ven los maderos en fila clavados en la arena, y adentrándose en el mar.

“La viol du vampire” no está ni mucho menos entre las mejores de Jean Rollin, pero es digna de ser visionada por aquellos que aprecien el estilo visual del gótico-surreal cineasta galo.

FHP, 2015