Labios de sangre – Jean Rollin, 1975

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Lèvres de sang

Francia, 1975

Director: Jean Rollin

Guión: Jean-Loup Phillipe, Jean Rollin

Intérpretes: Jean-Loup Phillipe (Frédéric), Annie Belle (Jennifer)

Música: Didier William Lepauw

Género: Terror

Argumento

Una mujer ataviada a la usanza del siglo XIX y dos hombres llegan una noche en furgoneta a un cementerio y transportan dos cadáveres envueltos en sábanas blancas hasta una cripta, colocándolos en sendos féretros. Antes de salir de allí, colocan una cruz en la puerta para evitar que los muertos la traspasen en caso de que regresan del otro mundo. Instantes después, las sábanas comienzan a moverse, y los cadáveres se alzan…

En una fiesta para celebrar el lanzamiento al mercado de un nuevo perfume, un hombre llamado Frédéric se queda ensimismado observando un cartel publicitario. En él pueden verse las ruinas de un castillo en medio de unos boscosos parajes.

Frédéric tiene un flashback que le transporta a su infancia. Cuando era niño estuvo allí una noche. Se había perdido y llamaba a su madre; y al acercarse a las puertas del castillo conoció a una bella joven de cabello corto que allí vivía. La chica le protegió, ofreciéndole un lugar donde pasar la noche. El pequeño Frédéric se enamoró de la muchacha, y prometió que volvería a buscarla, pero nunca más volvió a verla…

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El amanecer de los vampiros – Jean Rollin, 1971

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El amanecer de los vampiros (V.O. Le frisson des vampires)

Francia, 1971

Director: Jean Rollin

Género: Terror erótico-surrealista

Guión: Jean Rollin, Monique Natan

Intérpretes: Sandra Julien (Isle), Jean Marie Durand (Antoine)

Música: Acanthus

Argumento

Isle y Antoine son una pareja de recién casados que se dispone a emprender su luna de miel. Antes de partir a Italia como tenían previsto, deciden pasar de visita por el pueblo de la familia de ella. Allí, en un apartado castillo, residen sus dos primos; los únicos parientes que a Isle le quedan con vida, y a los que ella no ha visto desde que era pequeña.

Pero nada más llegar al poblado se enteran de que los primos han muerto, y de que el fallecimiento de ambos es muy reciente. No obstante, Isle y Antoine resuelven ir al castillo. Una vez allí son acogidos por las criadas de de los difuntos, dos bellas jóvenes (una rubia y una asiática) que les conducen a sus aposentos.

La pareja observa asombrada el interior del tétrico castillo, con sus cráneos a modo de decoración, los largos pasillos sólo iluminados por velas en sus candelabros…

Isle acude al cementerio adyacente para visitar la tumba de sus primos. Allí se encuentra con otra doliente: Isabelle, embutida en un vestido negro, se presenta a la huésped del castillo como la prometida de los dos hermanos, y manifiesta guardar luto por los dos. Tras la muerte de ambos se considera “dos veces viuda”.

Esa noche, Antoine siente deseos de consumar el matrimonio con su esposa, pero ésta, apesadumbrada por la noticia de la muerte de sus parientes, prefiere dormir sola. Comprensivo, Antoine se retira a otra estancia. Cuando Isle se mete en la cama, una mujer extremadamente pálida y de aspecto mortecino sale del interior del reloj de carrillón. La aparecida se presenta como Isolde, y con su presencia hipnótica comienza a anular la voluntad de Isle… Tras acariciarla por sus desnudos pechos, la extraña muerde a la recién casada en el cuello succionándole la sangre, y la conduce a continuación al cementerio…

Mientras tanto, Antoine no logra conciliar el sueño y regresa donde su mujer, pero observa con estupor que su cama está vacía… Buscándola por el castillo llega hasta una estancia donde presencia una bizarra ceremonia: Las dos criadas, en compañía de dos hombres, realizan un ritual sangriento, algo que parece un sacrificio humano, clavando una estaca en el pecho de una joven… Alarmado, Antoine vuelve a la habitación de Isle, y ésta vez ella sí está allí, durmiendo plácidamente.

A la mañana siguiente, las sirvientas dicen a la pareja durante el desayuno que los amos del castillo “van a regresar”. Ante la estupefacción de Isle y Antoine, las criadas añaden que “los señores no estaban muertos, eso son habladurías de los aldeanos”. Las doncellas también les informan de que ambos hermanos “trabajan durante el día en la biblioteca”. Allí se dirige pues Antoine, pero la encuentra vacía. De forma repentina e inexpicable, los libros comienzan a caer de las estanterías y lloverle a él sobre la cabeza, dejándole bastante maltrecho…

Durante la comida, dos estrafalarios individuos vestidos a la usanza del siglo XVIII se les presentan a Isle y Antoine. Son los primos de ella (y también los dos hombres que Antoine había visto durante el siniestro ritual la noche anterior). “Nos sorprendió la noticia de vuestra muerte, pero más aún nos sorprende que ahora estéis aquí” dice Isle perpleja. Los dos hermanos, bastante mayores que su prima, inician una larga perorata explicando a qué se dedican: Al estudio de las artes ocultas, a las religiones ancestrales. Afirman haber preservado el culto de la diosa egipcia Isis en Europa… La pareja invitada se retira a sus aposentos; tampoco ésta noche Isle quiere yacer junto a su esposo, para gran disgusto de éste.

Y así, estando la bella y desnuda Isle sola en su cama, de nuevo recibe la visita de la vampira Isolde, que vuelve a absorber la sangre de su cuello…

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Comentario

Isolde se describe como una “vampira errante” mientras que los dos excéntricos hermanos primos de Isle son “vampiros burgueses”… Ellos dos habían sido originalmente humanos normales, que se dedicaban (ironías de la vida) a cazar vampiros. Isolde asesina a Isabelle (la “dos veces viuda”) mediante un abrazo mortal: llevaba puesto bajo su capa una especie de sujetador metálico con afilados pinchos. Isabelle amaba a los dos hermanos cuando aún eran mortales, desde su época de cazavampiros. Por ello debía morir, pues era el único nexo que a los dos les quedaba con su vida anterior… O casi el único, sin contar con la recién llegada Isle. Pero a Isle, Isolde no la matará; le tiene reservado otro destino: Transformarla en una vampiresa como ella, y como sus primos… Antoine, que día a día va siendo testigo de la paulatina transformación de su amada, hará todo lo posible para impedirlo.

Grandes y profundos conflictos anímicos se libran aquí: Cazadores de vampiros que se convierten ellos mismos en vampiros; Isle (lentamente vampirizada por Isolde) se debate entre la familia carnal (la familia “de sangre”, nunca mejor dicho en éste caso) y el amor a su esposo (algo similar a la “Malenka” de Amando de Ossorio)…

Estamos ante una de las más interesantes películas del período vampírico de Jean Rollin. Estéticamente es magnífica, como la gran mayoría de sus obras. Pero además, el argumento es menos enrevesado y confuso de lo que es habitual en el cine rolliniano, sin renunciar por ello al empleo de recursos surrealistas y al transfondo metafísico que impregna toda su obra. Ésta vez el hilo narrativo no es difícil de seguir y la trama no tiene incongruencias (como sí sucede en otras propuestas del cineasta galo).

Como buena película de Rollin, máximo exponente del gótico-erótico neo-surrealista francés, no falta la clásica ambientación en castillo medieval, los cementerios con sus criptas, las apariciones grotescas e inquietantes, la playa de siempre con los troncos en fila, así como bastantes desnudos de hermosas vampiresas y mortales. Eros y thanatos, sexo y muerte, siempre están presentes en la obra de Jean Rollin.

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Sandra Julien

La protagonista, llamada “Isa” en otras versiones pero Isle en la original francesa, está interpretada por la bella Sandra Julien; quien al año siguiente (en 1972) participaría en la japonesa „El Imperio del Sexo“ de Norifumi Suzuki (V.O. Tokugawa sekkusu kinshi-rei: shikijo daimyo), dando vida a una concubina occidental del shogun. Sandra también ha deleitado las retinas de los espectadores en películas de la talla de “Je suis une nymphomane” (1971) y “Je suis frigide… pourquoi?” (1972), ambas comedias eróticas softcore a cargo de Max Pécas.

Una de las criadas de los amos del castillo es Marie-Pierre Castel; junto a su hermana Catherine una de las gemelas colaboradoras habituales de Rollin, a las que ya vimos en La vampire nue (1970).

“Le frisson des vampires” cuenta además con una muy buena banda sonora a base de rock progresivo y psicodélico.

FHP, 2015

 

La reina de las vampiras – Jean Rollin, 1968

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La reina de las vampiras (V.O. Le viol du vampire)

Francia, 1968

Director: Jean Rollin

Género: Terror surrealista

Guión: Jean Rollin

Intérpretes: Solange Pradel (Brigitte), Bernard Letrou (Thomas)

Música: Yvon Géraud

Argumento

El film está estructurado en dos partes relacionadas entre sí. El primer segmento es el más corto y dura sólo media hora, mientras que la segunda historia abarca los sesenta minutos restantes.

Cuatro hermanas residen solitarias y apartadas del resto del mundo en un lóbrego castillo en medio del bosque. Pese a su juvenil aspecto aseguran tener cientos de años, pues están convencidas de que son vampiras. Un viejo aristócrata las custodia y las manipula, hablándolas (en francés con acento inglés) a través de un extraño ídolo. Él les insiste obsesivamente con la idea de que son vampiras, de que pertenecen a una raza especial, y las advierte de no confiar en los extraños que están a punto de llegar… Pues al castillo se aproximan unos médicos que desean examinar a las muchachas para curarlas. Éstos doctores, entre los que se encuentra un psicoanalista, no creen que las hermanas sean vampiras, sino más bien que padecen trastornos mentales debido al largo aislamiento.

Los médicos procedentes de la ciudad, tratarán de persuadir a las chicas de que en realidad no son vampiras, de que el vampirismo no existe y de que lo mejor es que se sometan a un tratamiento. Uno de ellos es partidario de encerrarlas en un manicomio, mientras que otro propone una metodología más suave. Éste comenzará a enamorarse de una de las enigmáticas hermanas. El anciano inglés que las controla seguirá atentamente y no sin preocupación el desarrollo de los acontecimientos.

Al mismo tiempo, un habitante del pueblo cercano al castillo cree firmemente que las vampiras han asesinado a su esposa, y se dispone a emprender una venganza, agitando a los aldeanos contra las hermanas. Los rústicos lugareños, exaltados por su líder, son presentados de una manera casi cómica, como una torpe chusma primitiva. El hatajo gruñidor se dispone con sus palas y rastrillos a hacer picadillo a las vampiras.

Las chicas, acusadas (justamente o no) de los funestos crímenes de sangre que azotan la comarca, son asesinadas, así como algunos de sus protectores. Sucede ésto en una playa, y allí mismo da inicio el siguiente episodio… Ahora llega la Reina de los Vampiros, una mulata de cabello rizado muy corto y pechos al aire, que resucita a las muertas y castiga al viejo controlador inglés por su negligencia.

La Reina de los Vampiros y sus acólitos tratarán de afianzar su poder, mientras sus antagonistas, unos científicos que buscan el antídoto contra el vampirismo, se enfrentarán a ellos.

Comentario

Una vez más, Rollin vuelve a su temática predilecta: el vampirismo femenino. Como todas sus películas, ésta también está aderezada con grandes dosis de surrealismo, y tampoco podía faltar el característico eroticismo tétrico. Rodada en blanco y negro, “La reina de los vampiros” es una de las primeras incursiones de Rollin en el subgénero.

El título original de la cinta en francés es “Le viol du vampire”, es decir, “La violación de la vampira”; pero en ningún momento se ve tal violación durante el metraje (sí se habla de ella, sin embargo, pues al parecer una de las vampiras fue sometida a abusos “hace siglos”). Por una vez, el título español es más apropiado que el original. Una película algo posterior de Rollin también cuenta con nombre un tanto engañoso, pues se titula “La Vampire Nue” (en la versión española “Desnuda entre tumbas”), y allí la vampírica protagonista tampoco aparece desvestida… Se ve más carne en ésta que reseñamos que en “Desnuda entre tumbas”…

La trama es confusa, pero como en todas las películas de Rollin eso es lo de menos.

Las oníricas secuencias desfilan ante nuestras retinas mientras nuestros párpados luchan por mantenerse abiertos; la atención y la concentración resultan cada vez más complicadas. Lo que vemos en la pantalla se trata de un sinsentido, pero de un sinsentido hermoso, con estilo, un sinsentido poético. (Lo que no puede decirse de otras películas mediocres de similar presupuesto e intenciones como “Las flores del vicio”…)

Al igual que en “Desnuda entre tumbas”, la banda sonora está compuesta a base de ritmos y sonidos disonantes de saxofones, violines, guitarras y piano, que tratan de evocar una sensación de ansiedad y angustia.

Como en casi todas las películas de Rollin, aparece la misma playa; donde se ven los maderos en fila clavados en la arena, y adentrándose en el mar.

“La viol du vampire” no está ni mucho menos entre las mejores de Jean Rollin, pero es digna de ser visionada por aquellos que aprecien el estilo visual del gótico-surreal cineasta galo.

FHP, 2015

Desnuda entre tumbas – Jean Rollin, 1970

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Desnuda entre tumbas (V.O. La Vampire Nue a.k.a. “The Nude Vampire”)

Francia, 1970

Director: Jean Rollin

Género: Terror surrealista

Guión: Jean Rollin

Intérpretes: Caroline Cartier (vampiresa), Olivier Rollin (Pierre)

Música: Yvon Serault

Argumento

En medio de la noche, el joven Pierre se tropieza por las solitarias calles de una ciudad no identificada con una chica que está siendo perseguida por un grotesco grupo de individuos con cabezas de animales. Pierre trata de ayudarla, pero los hombres-bestia los alcanzan, matan a la chica y se llevan su cadáver. El estupefacto joven trata de averiguar a dónde transportan el cuerpo, y llega hasta una lujosa villa a la cual sólo puede accederse con invitación, pues un guarda custodia la entrada.

Pierre es el hijo del acaudalado industrial Radamante. Éste excéntrico millionario tiene dos morbosamente atractivas criadas, sus “mascotas”: Unas gemelas que en horas de servicio portan unos uniformes un tanto peculiares.

Pierre está dispuesto a desentrañar los misterios que se ocultan tras esos hombres con cabezas de animales, y a averiguar qué sucede en el interior de la vigilada villa. Para ello, otra noche deja inconsciente a uno de los invitados que se dirige al lugar y le sustrae la invitación. Así, ésta vez, el vigilante sí le deja pasar.

Atónito contempla el joven que en la villa se practican demenciales ritos suicidas: Una de las personas entre los invitados es seleccionada, y acto seguido debe descerrajarse un tiro en la cabeza. La mujer que “tiene el honor” de ser la primera, cumple sonriente con lo que esperan de ella. A continuación todos se colocan máscaras (también a la muerta) y aparece una chica que se dedica a succionar la sangre del cadáver. El siguiente que debe pasar por la prueba del suicidio es el propio Pierre; pero logra escabullirse, con ayuda de una bailarina asiática, que antes había realizado una hipnótica danza al ritmo de tambores para el señor Radamante… Lo que Pierre todavía no sabe es que su propio padre es el jefe de esa extraña secta.

El magnate mantiene retenida a la chica porque ésta nació con un grupo sanguíneo completamente desconocido que le confiere la inmortalidad. Radamente y sus socios se dedican a hacer experimentos con ella, y pruebas científicas para descubrir cómo ser inmortales también ellos. La muchacha nunca ha sido expuesta a la luz del sol y sólo se alimenta de sangre, por lo que se sospecha que es una vampiresa. Tampoco ha visto jamás el rostro de otro ser humano, y por ello portan máscaras los adeptos al culto (que la consideran una diosa y se inmolan gustosos por ella).

Pierre se enamora de la chica-vampiro, y hará lo posible para liberarla de su padre cuando éste la recluye en un inmenso palacete de estilo neo-clásico. Primero contará con la ayuda de su amigo Robert, pero cuando éste es asesinado por órdenes de Radamante, Pierre se unirá al grupo esotérico rival de aquel al que pertenece su padre; otra secta con fines opuestos liderada por un extraño sacerdote o “gran maestre” con túnica…

Comentario

La vampire nue” es probablemente la película de temática vampírica de Jean Rollin con mayor contenido buñueliano, por sus dosis de imaginería surrealista. También se aprecia una velada carga filosófica, con las dos “hermandades” enfrentadas, las dos sociedades secretas de estilo ocultista con finalidades opuestas pugnando entre ellas, que confieren a la cinta un ligero y sutil gnosticismo. “Vosotros sois los auténticos vampiros” le dice a Radamante el “iluminado” gurú de la secta rival, que ha liberado a la chica con la colaboración de Pierre.

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Las gemelas Castel

El cine de Rollin siempre tiene un ritmo sumamente lento, y éste film no es la excepción. La atmósfera onírica es al mismo tiempo soporífera y fascinante. La banda sonora consiste mayormente en ritmos disonantes y caóticos, que tratan de subrayar el ambiente de irrealidad. Tal vez hubiera quedado mejor una música más hipnótica, psicodélica y repetitiva, pero es cierto que en 1970 aún era pronto para la era del sintetizador à la Jean Michel Jarre. Como en todas las propuestas de Rollin, un macabro erotismo todo lo impregna. Son aquí dignas de ser destacadas las gemelas Catherine y Marie-Pierre Castel, que interpretan a las sirvientas de Radamante y que debutaban en el cine con ésta película. Más adelante seguirían colaborando asiduamente con Rollin.

FHP, 2015

Virgen entre los muertos vivientes – Jesús Franco, 1973

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Virgen entre los muertos vivientes (V.O. Une vierge chez les morts vivants)

Francia, 1973

Director: Jesús Franco (con la colaboración de Jean Rollin)

Género: Terror

Guión: Jesús Franco

Intérpretes: Christina von Blanc (Christina Benton), Britt Nichols (Carmencé)

Música: Bruno Nicolai

Argumento

Christina (Christina von Blanc) es una joven huérfana que llega a un castillo situado en el campo, para encontarse con sus parientes y cobrar una herencia. Su padre se ha ahorcado poco antes. Tanto la encargada de la pensión donde se ha hospedado en la localidad cercana como un adolescente que conoce en las inmediaciones le comunican asombrados que el castillo al que ella pretende ir se encuentra abandonado hace años.

La chica conoce a sus familiares, bizarros personajes. Su tío pianista, su lúgubre tía, la voluptuosa prima Carmencé (Britt Nichols), otra prima moribunda, una misteriosa ciega… Y un extraño mayordomo (autista?) llamado Basilio (Jesús Franco); mudo, incapaz de articular palabra coherente, de aspecto enajenado.

Durante el metraje se suceden escenas oníricas, de sueños dentro de sueños, que van atrapando a la protagonista cada vez más en una asfixiante espiral pesadillesca. Muchas veces Christina no se sabe si lo que está viviendo es real o si padece alucinaciones influenciada por la demencial atmósfera.

Carmencé realizando cortes en los pechos de la ciega y succionando vampíricamente su sangre, invitando a Christina a unirse a ella; el padre ahorcado se le aparece en múltiples ocasiones, dice que “ellos”, los “parientes” son los que le han matado; persecuciones de zombies por el bosque; el tío tocando el piano mientras Carmencé, semidesnuda y alcoholizada se retuerce al ritmo de la música en la alfombra para regocijo del estrafalario Basilio…

La joven comienza a sospechar de que sus macabros parientes son efectivamente “muertos vivientes”.

Comentario

Si bien la historia es sumamente confusa, la atmósfera tétrica y surrealista está muy bien lograda; a lo que contribuye la excelente banda sonora que acompaña a las escenas. El director Jesús Franco participa como actor secundario, aunque no dice ni una palabra debido a que su personaje, una especie de criado lunático, es mudo (pero no sordo), y en lugar de hablar emite unos gorjeos ininteligibles.

Es inútil intentar buscarle lógica a la trama. Simplemente, las escenas se suceden encadenadas como en una grotesca pesadilla. En algunos aspectos (como por ejemplo, la belleza de las actrices) recuerda a la filmografía de Jean Rollin.

Los zombies que aparecen no están muy trabajadamente caracterizados (nada que ver con el dibujo de la carátula), y se aproximan más en su apariencia a hombres normales comportándose como si estuvieran bajo el efecto de una droga que les ha hecho perder la razón y les empuja a conducirse como autómatas. Son reminiscentes de los lugareños afectados por la epidemia de las uvas radioctivas en el film de Jean Rollin “Les Raisins de la Mort”, rodado por cierto con posterioridad.

En general ésta película parece estar muy infravalorada, cuando en mi opinión, es una muestra bastante lograda dentro de su género. Bastante más interesante y menos tediosa que “Al otro lado del espejo” (también de Jesús Franco), “Virgen entre los muertos vivientes” cuenta asimismo con algunas pinceladas de humor – aunque probablemente involuntario.

FHP, 2014

Zombies Lake („Le lac des morts vivants“) – Jean Rollin, 1981

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Zombies Lake (V.O. „Le lac des morts vivants“)

Francia, 1981

Director: Jean Rollin (bajo el pseudónimo de J.A. Laser)

Género: Terror (Zombiexploitation/Trash)

Guión: Julián Esteban, Jesús Franco

Intérpretes: Howard Vernon (coronel), Antonio Mayans (Morane)

Música: Daniel White

Argumento

En una localidad francesa, la gente comienza a desaparecer y a ser asesinada salvajemente; los lugareños consideran que los escabrosos sucesos están relacionados con el “Lago de los Muertos”.

Allí fueron hechos desaparecer durante la II Guerra Mundial los cadáveres de soldados alemanes que habían sido tiroteados en una emboscada por los integrantes de la resistance… Ahora años después, los soldados emergen de las aguas como zombis y atacan a quienes encuentran a su paso; entre las desafortunadas víctimas se encuentra un equipo completo de baloncesto femenino.

Una periodista llega al pueblo para investigar los macabros acontecimientos. Uno de los zombies visita a una niña de la localidad que es su hija (de soldado alemán y francesa) y le regala un colgante.

Finalmente, haciendo uso de lo que parece ser un lanzallamas y de napalm, los habitantes de l pueblo acaban con los muertos vivientes y ponen fin a la pesadilla.

Comentario

Auténtico despropósito con momentos delirantes; el maquillaje de los zombies (con la cara pintada de verde) resulta ridículo. Al parecer el presupuesto no daba para más. No hay que confundir ésta película con “Oasis de los Zombis” de Jesús Franco, que tiene un argumento similar (“zombies nazis que emergen de un lago”), y es un bodrio incluso mayor (pues ésta, al menos resulta entretenida).

Jean Rollin utilizó un pseudónimo para firmar el film, lo cual no es de extrañar. La película puede clasificarse sin rodeos como de serie Z, siendo una de las exploitation características de aquellos años, que rodarían sin descanso directores como Jesús Franco, Joe D´Amato o Bruno Mattei.

FHP, 2014

Acoso en la noche – Jean Rollin, 1980

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Acoso en la noche (a.k.a. „The Night of the Hunted“) V.O. La Nuit des Traquées

Francia, 1980

Director: Jean Rollin

Género: Thriller

Guión: Jean Rollin

Intérpretes: Brigitte Lahaie (Elysabeth), Vincent Gardere, Dominique Journet (Véronique)

Música: Phillipe Bréjean (a.k.a. Gary Sandeur)

Calificación: 7

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Argumento

Elizabeth escapa una noche de un lugar donde se encuentra retenida. En su huída hacia ninguna parte, casi es atropellada por un coche; del que emerge un hombre, Robert, dispuesto a llevar de nuevo “a casa” a la confundida joven. Resulta que ésta padece de amnesia, no recuerda quien es, ni dónde vive, ni tampoco de dónde escapaba, aunque Robert supone (y supone bien) que se había evadido de algún hospital o alguna clínica psiquiátrica.

Lleva a la chica a su casa (ella “no puede recordar”, sólo “vive el momento presente”), tienen sexo, tras lo cual a la mañana siguiente él se dispone a acudir a su trabajo y la deja en la cama diciéndole que espere su regreso, no sin antes escribirle el teléfono de su oficina para que le llame si necesita ayuda.

A continuación aparecen (en casa de Robert, sin que se sepa cómo han llegado hasta allí y cómo han logrado entrar) una misteriosa pareja, un doctor y su asistente, quienes han venido para llevarse a Elizabeth de vuelta a la clínica. Ésta, pese a sus iniciales reticencias, no tiene más remedio que acompañarles.

Una vez en el centro psiquiátrico (un siniestro rascacielos conocido como “la Torre Negra”), Elizabeth es dejada en la habitación que comparte con Catherine, otra enferma con amnesia que está incluso peor que Elizabeth; el estado de degeneración y avance de la enfermedad es aún mayor, pues ya comienza a perder la coordinación motriz y en el intento de comer por sí sola es incapaz de llevar la cuchara a la boca.

Ambas, paseando por la planta del centro, observan a los demás internos, todos padecen la misma enfermedad, cuya característica más pronunciada es la pérdida de memoria. Como dice Catherine, los internos recurren a “inventarse mutuamente sus recuerdos”.

De nuevo en la habitación, cuando van a acostarse, Catherine sutilmente intenta avances lésbicos hacia Elizabeth, pero ésta se opone y abandona el cuarto, al salir se encuentra al celador, quien intenta abusar de ella (como tiene por costumbre hacer con todas las bellas pacientes amnésicas, las cuales luego no recuerdan nada). Elizabeth se resiste y camina por la planta, hasta encontarse a su amiga Véronique, a la que reconoce (y ésta a ella también). Van a la habitación de Véronique y juntas planean escapar (de nuevo) del hospital, ésta vez con la ayuda de Robert (Elizabeth ha encontrado su teléfono anotado, y aunque ya no le recuerda, piensa que puede ser un amigo del exterior). Cuando Elizabeth vuelve a su habitación con la intención de recoger a Catherine para escapar las tres, se la encuentra muerta en la cama con las tijeras clavadas en los ojos. La infortunada se ha quitado la vida.

Mientras tanto, se suceden escenas paralelas de lo que acontece a los demás enfermos; el celador viola a otra paciente y es liquidado a martillazos por uno que le sorprende en el acto, una pareja de internos tiene sexo en la sauna junto a la piscina, la chica es estrangulada por su amante…

Elizabeth y Véronique llegan a la planta baja, donde guardas armados custodian la salida. Elizabeth se hace con la pistola de uno de ellos, al que mata de un disparo, tras lo cual llama a Robert, quien dice que llegará “en diez minutos”.

Las chicas no logran escapar, son interceptadas y vueltas a la clínica, Elizabeth con camisa de fuerza y Véronique con evidentes síntomas de haber sido lobotomizada. Robert, que ha sido entretenido en un baile (?) y luego dejado fuera de combate, vuelve en sí al día siguiente y discute con el médico responsable y su asistente; quienes le informan de que los internos son “muertos en vida”, seres que van perdiendo progresivamente su alma y su capacidad de raciocinio, transformándose en zombis debido a una enfermedad neurodegenerativa cuyo origen está en una fuga radioactiva que les ha afectado al cerebro por encontrarse cerca del lugar donde se produjo.

Más tarde, los enfermos son transportados en tren a un “matadero” donde sistemáticamente se les aplica la eutanasia mediante una inyección letal, tras la cual sus cuerpos son hechos desaparecer en unos hornos crematorios. A Véronique los “verdugos” la dejan marcher, porque “aún ven la chispa de la vida en sus ojos”, pero cuando escapa por las vías del tren es abatida por los disparos del medico jefe. Robert llega con la intención de rescatar a Elizabeth, el médico vuelve a insister en que “es inútil, no hay nada que hacer”, pero Robert corre hacia ella (que avanza sin rumbo por las vias ferroviarias), el médico le dispara rozándole la cabeza y en la escena final, ambos, Elizabeth y Robert, caminan cogidos de la mano, como muertos vivientes, con la consciencia perdida.

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Comentario

Muy interesante producción del cineasta francés Jean Rollin, conocido por sus películas de vampiras (con erotismo lésbico incluído) como “Fascination” o “Lévres de Sang”, y por su tétrico estilo gótico con elementos surrealistas (como en “La Rose de Fer”).

“La Nuit des Traquées”, protagonizada por la bella Brigitte Lahaie, rebosa de erótico onirismo macabro. Las incoherencias argumentales se perdonan al encuadrarse la película en el género del surrealismo. Por ejemplo, la enfermedad que aqueja a los personajes recluídos en “la torre negra” al parecer no es contagiosa, no obstante deben estar aislados del resto de la sociedad para “evitar el escándalo” y “que se extienda el pánico”.

Tal vez la amnesia degenerativa (“provocada por una fuga radioactiva”) alude a la progresiva zombificación de la sociedad contemporánea, especialmente en las grandes urbes cosmopolitas (Rollin se recrea enseñando planos en contrapicado de colosales moles de hormigón y cristal; los rascacielos, como también hará años después en otra de sus películas, “Perdues en New York”, la más surrealista de todas). Es curioso que los síntomas padecidos por los enfermos de la película parecen coincidir con los del Alzheimer (la única diferencia es que en la obra de Rollin los afectados son todos jóvenes), patología neurodegenerativa que al momento de ser rodado el film todavía no era tan conocida como lo es hoy.

Otra recomendable película de Rollin es “Les Raisins de la Mort”, plagada igualemente de surrealismo y elementos gore, donde una epidemia (que afecta a los que han consumido productos procedentes de la uva de cierta comarca), provoca que las personas se conviertan en una especie de leprosos caníbales.

FHP (AlucineCinéfago), 2014