Oro maldito – Giulio Questi, 1967

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(Reseña escrita por el autor del blog el 16.04.2008)

Oro maldito (V.O. Se sei vivo spara! a.k.a. „Django kill!“)

Italia, 1967

Director: Giulio Questi

Género: Western

Guión: Giulio Questi, Franco Arcalli

Intérpretes: Tomás Milian (Forastero), Marilú Tolo (Lori), Piero Lulli (Oaks)

Música: Ivan Vandor

Obra maestra del “spaghetti-western” (género que por cierto para mí siempre ha sido infinitamente más interesante que el cine del oeste rodado en los USA), a la altura del “Mannaja” de Sergio Martino y según mi criterio, bastante superior a los Djangos de Corbucci y al “Grande Silenzio” del mismo director. En su ámbito cinematográfico, solo las propuestas del comercial Leone logran eclipsarla.

Giulio Questi, para mí hasta el momento un completo desconocido, nos ofrece más de 100 minutos de puro goce visual lleno de sorpresas, propinando contundentes bofetadas a los convencionalismos del género. Porque el film que nos ocupa no es ni mucho menos un “spaghetti” de argumento corriente. Ésta genial película, condenada al ostracismo tanto por cinéfilos como por cinéfagos, ha sido calificada con razón como “western gótico surrealista” y se la ha llegado a comparer con “El Topo”, jodorowskyana contribución al Séptimo Arte que apareció un par de años después.

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Lo primero que vemos es una mano saliendo siniestramente de entre las arenas del desierto. Es la mano del protagonista, cuyo nombre no viene mencionado en ningún momento durante todo el metraje y al que llaman “the stranger”, el forastero. El actor que le da vida es un muy convincente Tomas Milian, intérprete ideal para el papel y curtido en numerosos productos hispanoitalianos de la época. Unos indios que merodeaban por esos contornos descubren al moribundo y logran sanarlo. Todo lo que desean a cambio es que les relate cómo es el mundo de los muertos, ya que él ha regresado del más allá. Los indios han transformado en balas el polvo de oro que el Forastero llevaba en los bolsillos, para que con ellas pueda vengarse de aquellos que le habían dejado en tan lamentable estado; semimuerto y enterrado.

Para conocer el transfondo del punto de partida que acabo de narrar, vemos en una lisérgica secuencia de flashback que Tomas Milian, el “stranger” sin nombre, pertenecía a una banda de forajidos multicultural que se hizo con un descomunal cargamento de oro asaltando a la comitiva de soldados que lo transportaba. Los problemas llegaron durante el reparto: El grupo está compuesto por estadounidenses “WASP”, indígenas mexicanos y nuestro híbrido protagonista, considerado “mestizo”. Los primeros, capitaneados por un canalla apodado “The Oak”, no están dispuestos a compartir el fruto de su atraco con esos “sucios indios”, por lo que los liquidan sin miramientos fusilándolos entre carcajadas.

Hasta aquí todo normal, el espectador piensa: “Claro, ahora el Forastero buscará a los traidores para vengarse; ese es el argumento de la película”. (Pero se equivoca…)

Por su parte, los bandidos gringos llegan a un pueblucho de mala muerte, de ambiente malsano y oprimente, donde deben adquirir nuevos caballos para proseguir su camino con el cargamento de oro sustraído.

Los pueblerinos, seres degenerados primitivos y sombríos que irradian una animalidad atávica, han descubierto que son bandidos y los linchan brutalmente (para hacerse con el oro, no hay otro motivo, aunque apelen a la justicia y al orden cínicamente).

Son masacrados con sadismo feroz y ahorcados en la plaza entre gritos de júbilo. (Hilarante la escena donde a uno de los bandidos el verdugo le quita el puro de la boca para ponerle la soga al cuello y luego se lo vuelve a colocar).

Sólo uno ha logrado zafarse de la municipal furia y ansia de sangre: The Oak, el jefe, el más importante.

En ese momento vemos llegar al poblado a un recuperado Tomas Milian que se dispone, gélido e impertérrito, a vengarse de The Oak; el cual cercado por los pueblerinos se parapeta en una tienda disparando desde la ventana. El Roble, con sumo terror, cree que el forastero es un espectro. Por ello le espeta: “¡Si estás vivo dispara!” (de ahí el título original del film). Y ya lo creo que le dispara: Lo deja como un colador, aunque no lo mata. A todo ésto se persona en el árido pueblo un ranchero cacique, que codicia el oro, escoltado por sus “muchachos” (un destacamento de rudos pistoleros vestidos de riguroso negro, que como después se hará más perceptible establecen una reminiscencia estética con la contemporánea “tribu urbana” de los moteros del cuero sadomasoquistas homosexuales).

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En ésta película participa Sancho Gracia, nuestro “Curro Jiménez”, como uno de los sicarios del ranchero (en la imagen a la izquierda).

El gordo ranchero se empecina con dejar con vida a the Oak para que éste confiese bajo tortura el lugar donde se oculta el áureo tesoro. Lo llevan al saloon para extraerle las balas y allí la turba de pueblerinos descubre que éstas no son de plomo, sino de oro, por lo que se abalanzan sobre el agonizante como hienas hambrientas para extraerle vorazmente las partículas del precioso metal, descarnándole y provocándole la muerte, para decepción del cacique y sus acólitos.

Lo que ellos no saben es que el oro ha sido previamente puesto a buen recaudo por dos individuos: El dueño del saloon y Hagerman, otro poderoso personaje del municipio que mantiene a su hermana enclaustrada en una habitación porque a su juicio “está loca”. El forastero Milian, que observa a la fantasmagórica hembra desde la arenosa plaza del poblado, siente desde el principio una fuerte atracción por ella, al verla asomada a la ventana.

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La “loca” Elisabeth (Patrizia Valturri) y el Forastero (Milian)

Ambos poseedores del oro rivalizan entre sí e intentarán a su vez hacerse con la parte del otro. En represalia y como chantaje, el ranchero ordena el secuestro del hijo del dueño del saloon, un adolescente mancebo al que los inquietantes “muchachos” dedican miradas más que libidinosas. Milian se propone liberarlo, y el ranchero que lo retiene le lanza un desafío: El chico raptado pende del techo colgado por las manos de una cuerda, el forastero deberá cortar esa cuerda de un tiro situándose a a diez pasos del pendiente joven. Pero a ésta prueba de destreza se añade otra deficultad: Antes de enfrentarse al reto, Milian debe beber de golpe media botella de whisky! “Quiero comprobar si además de buen pistolero eres también buen bebedor”, dice el cacique socarrón.

Hasta aquí cuento, y no más, sobre la trama y subtramas de este enrevesado y sorprendente western atípico; lleno de elementos metafísicos, alegóricos (Tomas Milian se asemeja en más de una ocasión a una figura mística – llega incluso a ser crucificado), satíricos y surrealistas.

Film de culto atemporal, fusión entre el spaghetti almeriense y el terror gótico, con toques lisérgicos y alucinógenos (lo que en efecto lo hace precursor de “El Topo”).

Mención especial al reparto animalesco: El loro alcohólico y el caballo-bomba.

FHP, 2008

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La muerte ha puesto un huevo – Giulio Questi, 1968

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La morte ha fatto l´uovo (a.k.a Death laid an egg)

Italia, 1968

Director: Giulio Questi

Género: Giallo

Guión: Franco Arcalli, Giulio Questi

Intérpretes: Gina Lollogrigida (Anna), Jean Louis Trintignant (Marco), Ewa Aulin (Gabrielle)

Música: Bruno Maderna

 

Argumento

Marco (Jean Louis Trintignant) trabaja para una gran empresa en un criadero de pollos que pertenece a su esposa Anna (Gina Lollobrigida). De cara al público es un profesional respetable, pero en su vida privada se dedica esporádicamente a asesinar prostitutas por puro placer sádico en la habitación de un hotel que para ello ha reservado de forma permanente. Las ata con las manos a la espalda, las amordaza, y les rebana el pescuezo con una afilada navaja.

La joven Gabrielle (Ewa Aulin), prima pequeña de Anna, es la bella y dulce secretaria del matrimonio. Anna es muy simpática con ella, pero en realidad la odia profundamente, pues la carcomen los celos. Marco está efectivamente enamorado de Gabrielle, y ambos planean iniciar una vida en común alejados de Anna, aunque por el momento no saben cómo podrán desenvolverse sin los recursos económicos de ésta.

A la macroempresa aviar llega Mondiani, un nuevo experto en publicidad por el que Gabrielle se sentirá atraída, despertando por consiguiente los celos y las suspicacias de Marco.

Comentario

Éste giallo con curioso título está firmado por Giulio Questi, realizador del excelente western “Django, se sei vivo spara” (1967) y de la interesante Arcana (1972). Como esas otras dos películas suyas, la que hoy reseñamos está caracterizada por pinceladas surrealistas, e imbuída por una rica imaginería onírica.

El planteamiento argumental es prometedor, sin embargo el conjunto no llega a convencer: ni como thriller en lo común, ni como giallo en lo específico. Es de agradecer sin embargo la presencia de la bellísima sueca Ewa Aulin en el papel de Gabrielle, que en el momento del rodaje tenía 18 años.

La extraña banda sonora, compuesta por Bruno Maderna, está basada en músicas atonales, disonantes y polifónicas que transmiten una constante sensación de inquietud y agobio.

Respecto a la historia, destacar que pese al carácter psicopático de Marco él es el único que se opone a la producción masiva de pollos sin alas y sin cabeza, algo promovido por la macroempresa aviar, que trataría así de explotar los rendimientos en la venta de carnes de manera artificial. Marco, que por muchos sería considerado un monstruo debido a su “afición” a degollar mujeres, se niega a la producción sistemática de monstruos (los pollos genéticamente modificados) con ánimo de lucro.

Pese a tener algunos momentos memorables, una estética sumamente atractiva y ciertos detalles no carentes de interés, estamos frente a una de las películas más prescindibles de Giulio Questi. Un giallo menor, alejado de las joyas del género.

FHP, 2015

Arcana – Giulio Questi, 1972

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Arcana

Italia, 1972

Director: Giulio Questi

Género: Giallo surrealista

Guión: Giulio Questi, Franco Arcalli

Intérpretes: Lucía Bosé (la madre, señora Tarantino), Maurizio Degli Espositi (hijo)

Música: Romolo Grano, Berto Pisano

Argumento

Una viuda siciliana residente en Milán (la señora Tarantino) y su inquietante hijo veinteañero con facultades mediúmnicas han montado un negocio de consultas espiritistas y adivinatorias. Los clientes, que llegan atraídos por anuncios en la prensa, realizan sesiones grupales o individuales. La mujer (interpretada por Lucía Bosé) no tiene en realidad ningunos poderes sobrenaturales, es simplemente una farsante charlatana, que “lee las manos” y “echa las cartas” con la sóla ayuda de su imaginación; pero su hijo (una especie de joven Rasputin lampiño cuyo nombre nunca es desvelado) sí es capaz de percibir lo oculto. En las “terapias de grupo”, los clientes suelen entrar en estado de trance, hipnotizados por la atmósfera y el poder de sugestión, pero ello poco les sirve para resolver sus problemas.

Una joven que está a punto de casarse acude en solitario para que la “vidente” le prepare un “filtro mágico”. La “adivina” se inventa un mejunje inútil, y el hijo, encolerizado, se percata de que es un simple “placebo” y amenaza a su madre con un cuchillo atándola a la cama para que le revele los ingredientes del filtro “real”… Entre los componentes de la “pócima” se encuentran, a lo que parece, el veneno de una serpiente, o el polvo de unas piedras que se encuentran en el túnel del metro…

Comentario

Extrañísima película plagada de imagenería surrealista, cuya historia se encuentra hilvanada de forma confusa mediante la introducción de elementos ajenos a la trama principal, como las escenas del burro izado en la casa de campo, el violinista de ritmos balcánicos, los trabajadores en el túnel del metro o la intervención de los militares hacia el final del film.

Entre los pocos trabajos del bastante ignoto Giulio Questi se encuentra un interesantísimo y atípico western, muy violento y surrealista (al estilo de “El Topo”), llamado “Se sei vivo spara!” (1967) (a.k.a. “Django kill!”), interpretado por el cubano Tomás Milian (famosísimo en Italia por su óptima caracterización de típico delincuente romano).

A destacar la escena en la que, a ritmo de los compases de violín, comienzan a salir sapos de la boca de la “vidente”.

En “Arcana” (donde sutilmente se deja entrever una posible relación incestuosa entre la madre y el excéntrico hijo) se observan similitudes con la obra fílmica de Fernando Arrabal (“Viva la muerte”, “J´irai comme un cheval fou”…), y su “teatro pánico”, profundamente influenciado a su vez por el cine surrealista de Luis Buñuel.

FHP, 2014