Visitor Q – Takashi Miike, 2001

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Visitor Q

Japón, 2001

Director: Takashi Miike

Guión: Itaru Era

Intérpretes: Kenichi Endo (Kiyoshi, el padre), Shungiko Uchida (Keiko, la madre), Kazushi Watanabe (El Visitante), Jun Muto (Takuya, el hijo), Fujiko (Miki, la hija), Shoko Nakahara (Asako)

Música: Koji Endo

Género: Comedia negra / drama

Argumento

Un hombre de mediana edad, cámara de video en mano, acude a una joven prostituta. Se siente indeciso, cree que no es correcto lo que está a punto de hacer. Ella le dice los precios que cobra por sus servicios y le anima a que empiece. Finalmente las bajas pasiones terminan venciendo y se acuesta con ella. No tarda en eyacular y enseguida se arrepiente… Pues resulta que la chica es su propia hija. El hombre, mientras se viste, le dice que debería dejar esa vida y concentrarse en sus estudios. Ella se burla de él y quiere cobrarle más por ser eyaculador precoz.

En una típica casa japonesa de clase media una señora está haciendo un puzzle. Su hijo adolescente aparece iracundo y comienza a azotarla porque la madre le había colocado el falso cepillo de dientes. El chico, Takuya, acostumbra a golpear a su madre cotidianamente por cualquier minucia. La pobre mujer tiene toda la espada marcada por los azotes. Takuya, por su parte, sufre el acoso de sus compañeros de colegio, quienes no sólo le pegan y humillan en la escuela: Por las tardes además se dedican a lanzar cohetes y fuegos artificiales a su habitación desde la calle.

Kiyoshi, el hombre de la escena inicial, recibe una pedrada en la cabeza que le propina un joven individuo desde detrás, mientras espera en una parade de autobús. Poco después, volviendo por la noche hacia su casa ya con la cabeza vendada, mira paranoicamente a su alrededor porque teme que le vuelvan a asaltar. Y en efecto así sucede: De nuevo el mismo sujeto le arrea con una piedra.

Poco después, el contusionado llega a su casa. Es el padre de Takuya y marido de la infortunada mujer, llamada Keiko. El hombre trae consigo al misterioso joven que le ha golpeado (sin saber que ha sido él), y éste se instala como “Visitante” en casa de los Yamazaki. El padre y el Visitante comen sin inmutarse mientras Takuya vuelve a agredir con saña a su madre. Ésta ahoga sus penas inyectándose heroína.

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El Visitante

Tras la cena, el Visitante se dirige al cuarto de Takuya, porque quiere saber de quién es una habitación de chica que hay en la casa. Es de su hermana mayor, Miki, que ya no vive allí. El Visitante va a ese cuarto y observa con interés una foto de la muchacha.

Por la noche, Kiyoshi se tumba en la cama vestido. Cuando su mujer trata de quitarle los pantalones, el olfato y un sexto sentido le dicen que ha estado con la hija de ambos. Keiko lo intuye, pero no dice nada. Por la noche, el hombre no puede dormir y baja al coche para volver a ver en su cámara un video que había grabado: Es reportero televisivo de profesión. Mientras estaba haciendo un reportaje sobre la “juventud moderna”, unos gamberros le golpearon y le sodomizaron con su micrófono – Todo ello fue grabado.

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Empusa – Paul Naschy y Carlos Aured, 2010

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Empusa

España, 2010

Director: Paul Naschy (Jacinto Molina) & Carlos Aured

Guión: Paul Naschy (Jacinto Molina) & Carlos Aured

Intérpretes: Paul Naschy (Abel), Antonio Mayans (Víctor), María Jesús Solina (Natalia)

Música: Enrik García

Género: Fantaterror/Comedia

Argumento

El actor jubilado Abel Olaya, que ahora se dedica al estudio de temas parapsicológicos en una localidad de la costa, pasea por la playa con su amigo Víctor, un viejo lobo de mar. En la orilla encuentran la mano cercenada de una joven mujer. Abel decide llevarse el cadavérico trofeo a su casa, para “investigarlo”, mientras que Víctor está convencido de que lo más prudente es llamar a la policía.

Abel es un “viejo verde” que mantiene un inestable noviazgo con Natalia, camarera de un antro en la localidad. La chica está preocupada por la salud del maduro investigador esotérico, quien abusa de la absenta, los barbitúricos y el café.

A raíz del macabro hallazgo en la playa, Abel intensifica sus lecturas sobre temas ocultistas. Sospecha que pueda existir una relación con unas siniestras criaturas mitológicas de carácter vampírico conocidas como empusas.

La mano que Abel y Víctor encontraron sólo es el primero de una serie de restos mortales que comienzan a proliferar en aquellas costas: Pronto aparecen en la playa cuerpos de jóvenes, hombres y mujeres, con miembros amputados y con las cuencas de los ojos vacías. Además, un grupo de turistas es atacado por una enfurecida bandada de gaviotas.

Por si ello fuera poco, el baron Ulrich, adinerado personaje que de vez en cuando invita a Abel a fastuosos banquetes y orgías a cambio de que le eche las cartas del tarot, es asesinado a puñaladas; instantes después de que Abel le revelara (leyéndole las líneas de la mano) que “ve un funeral próximo… el suyo”.

Mientras Víctor busca sonsacarle información a su amigo comisario de policía, Abel conoce a una atractiva joven que se presenta como Cristabel. Ésta muchacha de estética gótica, “estudiante de arqueología y fascinada por la egiptología”, seduce lascivamente al viejo esoterista… para intentar vampirizarlo.

El comisario sospecha de la existencia de una secta satanista que realiza sanguinarios crímenes rituales. Pero Abel está convencido de que la realidad es aún más tenebrosa…

Víctor es atacado por las empusas, llevado a una gruta y sacrificado brutalmente. Pero retorna de entre los muertos en forma de “zombie” para asesorar a su amigo Abel con informaciones procedentes “del más allá”.

El cura del pueblo revela al investigador de lo oculto el paradero de “los siete puñales de Sión”, legendarios instrumentos fabricados por los Templarios en Jerusalén, que sirven para neutralizar a las vampiresas.

Pero poco después, también el cura va cayendo en las redes de las empusas, así como el comisario…

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Comentario

Se trata ésta de la última película (obra póstuma) de Jacinto Molina alias Paul Naschy, el entrañable licántropo ibérico, célebre por sus interpretaciones de hombre-lobo en films de serie B setenteros del fantaterror español.

“Empusa” busca conjugar el cine de terror vampírico de toques eróticos con el humor desenfadado y casposo propio de Jess Franco o Torrente, logrando un híbrido grotesco que no hay por donde cogerlo, sobre todo debido a lo catastrófico del guión. Estamos ante un despropósito de colosales dimensiones.

Con la notable excepción de Paul Naschy, las interpretaciones son penosas; y la mayoría de los diálogos, cargados de postiza e innecesaria chabacanería, dan vergüenza ajena.

El rodaje de éste bodrio fue bastante atribulado, pues el que iba a ser originalmente su director, Carlos Aured, renunció en plena filmación y Paul Naschy tuvo que ocupar apresuradamente su lugar – trabajando así tanto detrás de las cámaras como delante de ellas.

Salta a la vista la falta de un presupuesto digno y el carácter no profesional de la inmensa mayoría de los “actores y actrices” que se prestaron a colaborar en éste engendro.

Sólo Paul Naschy merece ser recordado con respeto y cariño por haberse entregado en cuerpo y alma y con gran fuerza de voluntad a éste último proyecto suyo; pues ya durante el rodaje estaba gravemente enfermo. Pese a ello, no claudicó ante los problemas técnicos, económicos y personales para que su proyecto viera la luz. Sin embargo, falleció antes de que la película estuviera completamente concluída.

Mucho mejor que ésta infumable atrocidad es el peplum hispano “Los Cántabros”, que Naschy dirigió en 1980. Allí se recrea la invasión romana de la península ibérica y la resistencia de las tribus cántabras, lideradas por el invicto caudillo Corocotta (Joaquín Gómez alias Dan Barry). En aquella ocasión, además de dirigir, Naschy interpretó también al general romano Marco Vespasiano Agripa.

FHP, noviembre de 2015

Mister Scarface – Fernando Di Leo, 1976

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I padroni della città (a.k.a. “Mr. Scarface”)

Italia, 1976

Director: Fernando Di Leo

Género: gangsters, acción, comedia

Guión: Fernando Di Leo, Peter Berling

Intérpretes: Jack Palance (Scarface Manzari), Al Cliver (Rick), Harry Baer (Tony)

Música: Luis E. Bacalov

Argumento

Nos introduce al film una secuencia de carácter onírico y ralentizado, donde vemos a un individuo que asesina a otro en una casa en presencia de un niño (que suponemos es el hijo de la víctima). No hay diálogos y las imágenes están acompañadas por una música que subraya la tensión y la angustia de la escena. El asesino es un personaje inquietante con el rostro marcado por una cicatriz. El chico, que estaba en la cama y ha sido testigo del asesinato de su padre, se levanta, toma la pistola que el criminal ha dejado sobre la mesa y le dispara. Pero ya no había balas. El asesino golpea al muchacho y se marcha.

Tras ese preámbulo y los títulos de crédito comienza la historia: Estamos en Roma en 1976. Tony se desempeña como cobrador para una banda de extorsionistas, dedicándose a recolectar semanalmente el dinero de “protección” a comerciantes de la zona. Recorre Roma en un llamativo y extraño descapotable todoterreno y a los que no quieren o pueden pagar les hace “cobrar” a base de golpes. Es un buen luchador curtido en innumerables peleas callejeras.

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Tony (Harry Baer) al volante, Ric (Al Cliver) en el asiento de copiloto y Vincenzo Napoli (Vittorio Caprioli) detrás.

Tony trabaja para la banda de Luigi, quien tiene sus oficinas en unas salas de billar. El cobrador está cansado de desempeñar siempre la misma tarea, y piensa que no es posible ganar mucho dinero de ese modo. Además, una nueva organización más violenta y peligrosa está comenzando a hacerles la competencia: Se trata del grupo dirigido por un siniestro individuo apodado “Lo Sfregiato” (El Cicatrizado).

Luigi se siente amenazado ante el apogeo de esa otra banda y presiente que sus negocios serán absorbidos por sus rivales. Lo Sfregiato está subiendo como la espuma, y su cuartel general no está en una vulgar y mugrienta sala de billar subterránea, sino en el rascacielos de su empresa. El grupo de Luigi se encuentra además fracturado por divisiones internas: El pendenciero Beppe detesta a Tony, ambos se pelean con frecuencia. Tony tiene pocos amigos dentro de la banda. Entre ellos se cuenta el ya maduro Vincenzo Napoli, una especie de consigliere de Luigi.

En una ocasión, el Cicatrizado acude con sus guardaespaldas a los billares de Tony para hacer una demostración de poder. Con la excusa de participar en un juego de cartas busca marcar su territorio. Pero Ric, uno de sus hombres, pierde en el juego. Indignado porque, a su juicio, uno de los suyos ha hecho el ridículo ante los rivales, el Cicatrizado lo expulsa de su banda y a la salida de los billares ordena a sus matones que le den una paliza. Tony encuentra al demacrado Ric y lo lleva a su casa. Ambos se hacen amigos, y comienzan a planear un golpe contra el Cicatrizado.

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Ric (Al Cliver) siendo vapuleado por los hombres del Caracortada

Tony y un actor, disfrazados con uniformes de la guardia de finanzas, acuden una mañana al edificio donde la está la sede de la empresa-tapadera del Cicatrizado Manzari. Éste todavía no se encuentra allí, pero los dos registran las oficinas diciendo que tienen que controlar los libros de contabilidad… saben que los hombres del Cicatrizado van a tratar de sobornarles, y efectivamente así sucede. Uno de los secretarios de Manzari les da 10 millones de liras, y los dos “guardias de finanzas” se marchan con el dinero.

Tony entrega tres millones a su jefe Luigi. El hasta ahora recolector de “dinero de protección” está convencido de que la idea de hacerse pasar por controladores financieros para cobrar sobornos de empresarios corruptos es una genial idea, mucho mejor que lo que estaba haciendo hasta ahora, y se propone implementarla a gran escala. Pero grandes contratiempos se avecinan: El Cicatrizado ha descubierto el engaño, y responsabiliza directamente a Luigi. Éste sabe que está acabado, y huye de la ciudad. Cuando los hombres del Cicatrizado llegan a los billares en busca del dinero, sólo encuentran a Beppe, y éste les da tres millones (la cantidad que Tony les había entregado). Beppe no sabía que la suma total ascendía a 10 millones de liras… Como siempre había sentido una profunda antipatía contra Tony, Beppe se decide a colaborar con Lo Sfregiato para localizar al astuto embaucador.

Tony, por su parte, también se está ocultando. Junto a Ric se esconde en casa de Napoli. Los tres sospechan que Luigi no va a volver y que Beppe, ahora compinchado con Manzari, ha tomado el control de la banda. Ahora los tres solos están en una trinchera en medio de la guerra que ha desencadenado contra ellos la temible organización de Lo Sfregiato.

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Jack Palance como “Scarface” Manzari.

Comentario

Teniendo en cuenta el altísimo nivel de la casi siempre brillante filmografía de Fernando Di Leo, ésta “I padroni della città” a.k.a. “Mr. Scarface” se encuentra entre sus propuestas más flojas (junto a “La espía se desnuda”, comedia sexy con toques de slapstick rodada el año anterior y con una ya madurita Ursula Andress como protagonista).

La escena inicial cobra sentido hacia el final de la película, cuando descubrimos que el niño cuyo padre fue asesinado por “Lo Sfregiato” no es otro que Ric; quien se había introducido en su organización con el fin de ajustarle las cuentas. Ric prepara una trampa al Cicatrizado, atrayéndole hasta el lugar donde éste mató a su padre 16 años antes… Pero lógicamente, el jefe criminal no acude solo a la cita, sino con una docena de guardaespaldas. Ric, Tony y Napoli, parapetados en los techos de las naves y almacenes en ese abandonado polígono industrial, tratarán de eliminar al Cicatrizado y sus esbirros, en unas escenas de acción y tiroteos que recuerdan bastante a las que grabó Enzo G. Castellari para el tercer acto de su “Il Grande Racket” (también de 1976).

“I padroni della città” incluye un sutil tono cómico, sobre todo con el personaje de Napoli (interpretado por Vittorio Caprioli, a quien vimos en el rol de comisario en “La città sconvolta: caccia spietata ai rapitori” a.k.a. “Kidnap Syndicate”, también de Di Leo y rodada el año anterior). Además, durante las peleas, el protagonista Tony (Harry Baer) exhibe un particular sentido del humor haciendo bromas y comentarios “graciosos” al estilo de Spiderman (los que estén familiarizados con los comics del trepamuros sabrán a qué me refiero…) Ese tono tan desenfadado de la película, que por momentos parece que no se toma demasiado en serio a sí misma, la aleja de las excelentes obras de su director como “Milano Calibro 9” (1972) o “Il Boss” (1973). La banda sonora, como en muchos de los films de Di Leo, fue compuesta por Luis E. Bacalov.

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El protagonista Tony (Harry Baer) con una prostituta

En ésta ocasión (cosa rara en Di Leo) los personajes femeninos no aportan nada a la trama; son unas prostitutas que no intervienen en el desarrollo de los acontecimientos y que tienen un mero carácter de comparsa.

El actor que encarna a Beppe es Enzo Pulcrano, a quien conocemos por haber visto en el polizziesco “La banda Vallanzasca” (Mario Bianchi, 1977).

El rubio Ric está interpretado por Al Cliver (nombre real Pierluigi Conti), quien participa en las fulcianas “Zombi 2” (1979) o “L´Aldilà” / “The Beyond” (1981).

Jack Palance (alias fílmico de Vladimir Palahniuk) realiza una buen trabajo poniéndose en la piel del villano “Scarface” Manzari – Aunque éste “Caracortada” no tenga nada que ver con el Tony Montana que llegaría en 1983 de la mano de Brian De Palma.

FHP, agosto de 2015

La espía se desnuda – Fernando Di Leo, 1975

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La espía se desnuda ( V.O. Colpo in canna, a.k.a. “Loaded Gun”)

Italia, 1975

Director: Fernando Di Leo

Género: polizziesco, comedia

Guión: Fernando Di Leo

Intérpretes: Ursula Andress (Nora Green), Woody Strode (Silvera), Marc Porel (Manuel)

Música: Luis E. Bacalov

Argumento

Nora Green trabaja como azafata en una compañía aérea. Uno de los vuelos en los que viaja la lleva hasta la ciudad de Nápoles. Nada más llegar al aeropuerto se despide del resto de la tripulación y se dispone a cumplir un encargo: Un pasajero le había pedido que entregara una carta a un tal Silvera. Éste tiene sus oficinas en un circo. Nora llega hasta allí y se presenta ante Silvera y sus hombres, individuos patibularios y de hosco aspecto gangsteril. Silvera, el jefe del grupo, es un enorme mulato con cara de pocos amigos. Cuando Nora le entrega la carta, hace amago de marcharse, pero los miembros de la banda la retienen. La misiva contenía una amenaza de muerte de un rival de Silvera conocido como “el Americano”. Éste le informa de su intención de tomar el control de sus negocios en Nápoles.

Silvera  y sus hombres sospechan que el Americano es uno de los pasajeros que llegó en el mismo vuelo que Nora, y que fue él quien le dió personalmente la carta a la azafata. Así, los gangsters la interrogan pero sólo consiguen que Nora les haga una descripción muy vaga del individuo. Deciden dejarla marchar a su hotel, pero la seguirán en todo momento, convencidos de que ella les llevará hasta el Americano. (Pues deben neutralizar al potencial enemigo y ninguno de ellos sabe cómo es porque nadie lo ha visto hasta el momento).

Cuando está saliendo del circo, Nora se desvanece (pues ha sido zarandeada y maltratada por los delincuentes). Un baboso pervertido que trabaja en el circo trata de abusar de ella mientras está inconsciente, pero un joven la salva y se la lleva a su casa. Se trata del trapecista Manuel, una de las estrellas del circo. Los hombres de Silvera, que siempre están vigilando, los siguen en coche.

Nora, muy ligerita de cascos, no tarda en insinuársele voluptuosamente al galante acróbata. Éste insiste en que es necesario notificar lo sucedido a la policía, y los dos se dirigen a la comisaría (siempre con la gente de Silvera al acecho). Allí le exponen el confuso caso al comisario Calogero, un individuo sin muchas ganas de trabajar que les dice que poco puede hacer por ellos…

La situación se complica cada vez más para la pobre azafata. Además de Silvera y el Americano hay otro candidato a convertirse en el “rey del crimen” de Nápoles; un camorrista conocido como Don Calò. Éste pretende que sus adversarios se destruyan mutuamente y manifiesta su intención de no intervenir. Los tres jefes, entre ellos el misterioso Americano a quien nadie conoce, están pendientes de la curvilínea rubia, que sin quererlo y por azar se ha visto implicada en sus tejemanejes y en sus luchas por el poder.

Más adelante, Nora y su protector acuden al espectáculo de Rosy, una payasa monologuista amiga de Manuel que siempre “lo sabe todo sobre todos”. Según sus propias declaraciones, ha sido amante de Silvera y luego de Don Calò (también del playboy Manuel, por cierto), conoce los secretos del uno y del otro (Gente que sabe tanto no suele durar demasiado en el mundillo del hampa). Los tres aspiran a hacerse con el control absoluto del lucrativo negocio de las drogas.

Rosy le dice a Nora que su vida corre peligro. Pero la azafata, en lugar de amilanarse, flirtea con todos los que la siguen; con los hombres de Silvera, con los de Calò, con la policía…

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Ursula Andress en una escena de la película

 

Comentario

Antes de visionar éste film ya estaba prevenido de antemano de que no se trataba de una película “seria” como el resto de la filmografía de Fernando Di Leo, sino de un polizziesco cómico, paródico, parecido en su estilo a los protagonizados por Bud Spencer y Terence Hill o por Tomas Milian interpretando a su popular personaje del “Monezza”.

Con situaciones de enredos, chistes fáciles, ramalazos de “comedia sexy all´italiana”, persecuciones automovilísticas y grandes dosis de slapstick, “Colpo in canna” entretiene pero no deja huella. Es sin duda la más floja de las nueve películas de Di Leo que he tenido la oportunidad de ver hasta el momento, pero ello no significa que sea mala; pues el listón está muy alto: La mayoría de las propuestas de Di Leo (Desde “Milano Calibro 9” hasta “Avere vent´anni”) son auténticas obras maestras.

Ursula Andress, ya madurita aunque todavía de buen ver (rozaba la cuarentena en el momento del rodaje), interpreta a la azafata Nora. Como muchos de los personajes femeninos de Di Leo encarna al arquetipo de femme fatale, a la mujer “emancipada y segura de sí misma” aunque sin perder un ápice de femeneidad; que carece de tapujos en el sexo y a la que le gusta usar a los hombres a su antojo… En ese sentido, el personaje de Nora es análogo al que interpreta Lilli Carati en “Avere vent´anni” (1978) o al de Paola (Lorraine De Selle) en “Vacanze per un massacro” (1980).

Mito erótico de finales de los cincuenta y principio de los sesenta, la suiza Ursula Andress también se desenvolvió como actriz en otras películas italianas como “La montagna del dio cannibale” (Sergio Martino, 1978)

El afroamericano Woody Strode encarna al gangster mulato Silvera. Strode llegó al mundo del cine procedente del atletismo (de forma similar a los culturistas Steve Reeves o Reg Park), y participó como secundario en célebres películas como “Spartacus” (Stanley Kubrick, 1960) o “Hasta que llegó su hora” (Sergio Leone, 1968).

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Lino Banfi

Por su parte, el comisario (personaje que siempre tiene que existir en un polizziesco, aunque sea humorístico) está interpretado por el famoso cómico italiano Lino Banfi. Es muy curioso para el espectador español constatar la enorme similitud entre su personaje, el comisario Calogero, y el excéntrico humorista malagueño Chiquito de la Calzada (en el aspecto físico y la apariencia general), quien no se haría famoso hasta 20 años después de éste film.

La banda sonora fue compuesta por el argentino Luis Enríquez Bacalov, colaborador habitual de Di Leo y autor de la excepcional música de “Milano Calibro 9” (reciclada más adelante para otras películas posteriores del mismo director).

 

FHP, 2015

 

Shanghai Joe – Mario Caiano, 1973

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Il mio nome e Shanghai Joe

Italia, 1973

Director: Mario Caiano

Género: Western

Guión: Mario Caiano, Carlo Alberto Alfieri

Intérpretes: Chen Lee (Shanghai Joe), Klaus Kinski (Scalper Jack), Gordon Mitchell (Burying Sam), Carla Romanelli (Cristina)

Música: Bruno Nicolai

 

Argumento

Alrededor de 1870 llegan a San Francisco numerosos inmigrantes chinos. Uno de ellos es conocido como “Shanghai Joe”, quien pronto sufre en carne propia el racismo de los “WASP”. El chino Joe, un joven ataviado al estilo de su país, coleta incluída, se desplaza hasta Texas, donde infructuosamente busca trabajo como vaquero.

Trata de conseguir empleo en un rancho, pero los cowboys encargados se dedican a tomarle el pelo (tratan de engañarle “como a un chino”, nunca mejor dicho), se mofan de él y creen poder ridiculizarlo sometiéndole a ciertas pruebas. Joe sale victorioso de las mismas, haciendo gala de su pericia acrobática y clavando un clavo en un madero sin necesidad de martillo; tras lo cual reclama su recompensa: un caballo. Pero los vaqueros no están dispuestos a concederle lo que se ha ganado, y tratan de humillarlo a latigazos. El chino, sin embargo, es un experto en kung-fu, y consigue fácilmente reducir a sus contrincantes para escapar a continuación a lomos del prometido equino. Más tarde se hospeda en una pensión, donde una familia de matones (compuesta por el anciano padre y sus cuatro rudos vástagos) también alojada allí le reta a una partida de poker. El chino resulta ganador absoluto, y se hace con el dinero que los demás habían apostado. Sus contrincantes tratan de recuperar lo perdido durante la noche, disponiéndose a atacar a Joe mientras duerme. Pero éste despierta a tiempo y gracias a su maestría en las artes marciales vapulea a todos dejándolos K.O.

Tras ello, continúa su búsqueda de empleo en el salvaje oeste, y es abordado no mucho más tarde por unos enigmáticos jinetes que le prometen un buen trabajo. Han oído hablar de sus dotes para el combate y están interesados en contratarlo para “cuidar ganado”. Poco después, Joe se da cuenta de que el “ganado” al que esos individuos se referían es un grupo de prisioneros mexicanos, vendidos por un forajido igualmente mexicano para ser utilizados como esclavos. Joe permanece estupefacto, pues creía que la esclavitud ya había sido abolida en los EEUU. Cuando a continuación llegan las autoridades a realizar una especie de redada, los bandidos “liberan” a los mexicanos (para que no se les pueda acusar de trata de esclavos), sólo para fusilarlos mientras tratan de esconderse (“para que no queden pruebas”). Ante éste cobarde y rastrero proceder, Joe reacciona con indignación y trata de neutralizar gracias al kung-fu a los criminales que le habían contratado. Así algunos de los prisioneros logran salvarse. Entre éstos se encuentra un viejo, que es atendido más adelante por Joe, tras lo cual puede retornar a su casa.

Los mercaderes de esclavos, sin embargo, logran capturar a Joe y lo llevan ante su jefe, un cruel y despiadado ranchero con el cual el sheriff de la zona está compinchado. Allí, lanzan al chino a una plaza de toros, y le sueltan un salvaje morlaco, que intenta varias veces embestirle. Pero Joe siempre lo esquiva, para el asombro de sus enemigos, e incluso consigue desnucarlo de una patada tras realizar una acrobática pirueta. Seguidamente, dejando a los adversarios boquiabiertos, se sienta de un salto en la montura de un caballo llevándose como rehén al jefe de los bandidos, el malvado ranchero. Una vez lejos de sus dominios, el cobarde ranchero ruega por su vida, suplicándole compasión. Joe le perdona la vida tras golpearle un par de veces y se marcha. No matar a ese enemigo cuando pudo haberlo hecho le traerá nuevos problemas, pues el ranchero, en lugar de olvidar sus diferencias con el chino pondrá precio a su cabeza.

Joe denuncia al jefe de los mercaderes de esclavos ante en sheriff de la comarca, pero éste es un corrupto que está al servicio del influyente terrateniente. El sheriff, en lugar de proceder al arresto del criminal, intenta encarcelar al chino por “difamación” y “robo de caballos”, pero el veloz Joe consigue evadirse a tiempo, y desengañado, prosigue sus andaduras.

Llega a una nueva pensión, tras conocer por el camino a una atractiva joven mexicana llamada Cristina, quien resulta ser la hija del anciano al que Joe socorrió de los esclavistas. El chino y la chica se hacen amigos, y a partir de ahora él se convertirá en su protector. La muchacha es secuestrada a la mañana siguiente (mientras Joe aún dormía en el establo, por no haber suficiente espacio en la posada), y el oriental aspirante a vaquero se empleará a fondo para rescatarla. El abductor es un inquietante personaje que ha preparado una trampa a base de puntiagudas estacas. Gracias a sus prodigiosos reflejos Joe logra salvarse de una horrenda muerte, y tras una lucha cuerpo a cuerpo donde el asiático lleva una clara ventaje, el malvado contrincante acaba siendo víctima de su propia trampa. Joe libera a Cristina, tras un nuevo enfrentamiento contra un estrafalario caníbal y su alcohólico camarada.

Pero la chica está enferma, afectada por altas fiebres, y el valeroso chino debe buscar un médico. Los peligros continúan, los enemigos acechan, y son muchos los que están dispuestos a capturar a Shanghai Joe para cobrar la recompense ofrecida por el malvado ranchero…

Comentario

Curioso italo-western con sabor oriental (o italo-eastern?), cuyo protagonista es un chino recién llegado a los áridos parajes texanos en busca de un empleo como cowboy. Pero no se trata de un chino cualquiera, sino de un experto en kung-fu, que no se deja amedrentar por los rudos vaqueros y que con sus acrobáticas patadas es casi tan rápido como las balas que los pistoleros disparan con sus revólveres.

El actor que interpreta al chino Joe es Chen Lee, un artista marcial que también apareció en otras películas de acción. El film cuenta con la participación del ínclito Klaus Kinski, y con una muy buena banda sonora a cargo de Bruno Nicolai (quien compuso la música de la adaptación de Jesús Franco de la “Justine” del marqués de Sade o del “Calígula” de Tinto Brass).

“Shanghai Joe” busca poner de manifiesto el racismo y la discriminación practicada tradicionalemente por los anglosajones (tal vez excediéndose y recreándose en ello en demasía); cuenta asimismo con momentos de humor negro (característicos de las películas italianas de temática western) y con buenas dosis de violencia (por ejemplo, cuando el chino Joe le arranca un ojo a uno de sus contrincantes durante una pelea en el saloon).

Es un film interesante para los amantes del género, pero obviamente no está a la altura de las obras maestras de Leone o Corbucci. Al ser un italo-western atípico recuerda a películas como “Blindman” (1971) de Ferdinando Baldi (sobre un pistolero ciego, lo que a su vez es reminiscente del espadachín invidente japonés Zatoichi). El director Mario Caiano realizó entre otras películas el polizziesco “Napoli spara!” (1976) con Henry Silva.

FHP, 2015

El taxista millonario – Gustavo Nieto Roa, 1979

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El taxista millonario

 

Colombia, 1979

Director: Gustavo Nieto Roa

Género: Comedia

Guión: Gustavo Nieto Roa, María Cristina Henao

Intérpretes: Carlos Benjumea (José), Rosa Gloria Chagoyán

Música: Roberto Campuzano

 

Argumento

José (Carlos Benjumea) es un humilde taxista que debe mantener a su madre y a sus hermanos. Conduce un destartalado taxi heredado de su padre, y al que irónicamente llama “Nuevecito”. Su familia se queja de que gane tan poco dinero, pues casi no tienen con qué sustentarse. María, una poco agraciada vecina, está enamorada de él y la posesiva madre de ella trata infructuosamente de emparejarlos. Sin embargo, José prefiere a la vedette Verónica, con la cual mantiene un platónico idilio tras haberla recogido en alguna ocasión en su taxi. Ella sin embargo lo ignora debido a su condición “miserable y paupérrima” (sólo lo quiere como… taxista). Pero todo cambia cuando, tras el atraco a un banco, los delincuentes suben al taxi de José para escapar de la policía y al bajarse olvidan a bordo su botín: Dos sacos repletos de billetes. Ahora José es rico de un día para otro.

Entonces, Verónica sí que tiene repentinamente interés en salir con él… Hacen grandes compras y acuden juntos a una fiesta, para gran furia de la celosa María y su madre. Allí también se presentan los atracadores, que reclaman el botín “con intereses”, pero José y Verónica logran escapar. Nuevos altercados acontecen en una piscina, donde el taxista millonario y la vedette son hostigados y se ven envueltos en nuevas trifulcas.

Comentario

Simpática comedia colombiana de enredos, con Carlos “el Gordo” Benjumea como protagonista. Resulta entretenida para pasar un rato ameno, pero no aporta nada nuevo o especial. Mucho más interesante en todos los sentidos es la bastante ignota “Colombia Connection”, rodada en el mismo año (1979), por el mismo director (Gustavo Nieto Roa) y con el mismo actor principal, el Gordo Benjumea.

En varios aspectos, éste cómico colombiano recuerda al actor italiano Mario Merola, protagonista de “Napoli, Palermo, New York – Il triangolo della Camorra” (Alfonso Brescia, 1981), también en lo que respecta a su complexión.

FHP, 2014

Los muchachos de antes no usaban arsénico – José A. Martínez Suárez, 1976

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Los muchachos de antes no usaban arsénico

Argentina, 1976

Director: José A. Martínez Suárez

Género: Comedia negra

Guión: José A. Martínez Suárez, Augusto Giustozzi

Intérpretes: Narciso Ibáñez Menta (Norberto), Mecha Ortiz (Mara), Arturo García Buhr (Pedro), Bárbara Mújica (Laura)

Música: Tito Ribero

Argumento

Mara Ordaz, una sesentona actriz retirada, vive en una gran casa de campo junto a su marido (en silla de ruedas) y otros dos ancianos; su médico (jubilado) y su antiguo asistente. La diva (que nostálgicamente se dedica a ver una y otra vez sus propias películas de cuando era joven) decide vender la casa para mudarse a la ciudad con su marido, desembarazándose así de los otros dos “acoplados” (uno de los cuales es su cuñado), a los que ya no soporta.

Pero los tres hombres (muy amigos entre ellos); su esposo Pedro, Martín y Norberto (éste último interpretado por Narciso Ibáñez Menta) se oponen, y quieren continuar residiendo tranquilamente en la casa campestre.

Un día llega la encargada de gestionar la venta del inmueble, la atractiva Laura. Ésta intentará convencer a Pedro de que acceda a vender la casa.

Las mujeres de Martín y Norberto desaparecieron en “extrañas circunstancias”… La esposa de Martín (y hermana de Mara) murió en un “accidente casero” supuestamente cayendo por las escaleras; mientras Mara se encontraba rodando su última película. Y la de Norberto sencillamente “se esfumó”, se marchó sin dejar ni huella.

Laura, que trata de manera muy dulce a los tres ancianos y a la señora de la casa (trayendo incluso regalos para ganarse su confianza), comienza a sospechar que las dos ausentes fueron asesinadas por sus maridos (en el caso de la mujer de Norberto, con ayuda de ácido para hacer desaparecer el cadáver).

Martin – Crees que lo sabe?

Norberto (Ibáñez Menta) – No sabe mucho, pero supone demasiado… y lo malo es que supone bien

 

Para impedir que se concrete el proceso de venta (y que se inicien indagaciones al respecto de las “desaparecidas”), los tres amigos están dispuestos a recurrir a todos los medios que sean necesarios.

Comentario

Simpática comedia de humor negro sobre tres viejitos que se ven perturbados en su apacible cotidianeidad por dos mujeres intrigantes; la “diva” y la especuladora. El final sorpresa es excelente.

El gran Narciso Ibáñez Menta, el “Lon Chaney” hispano, fue un gran actor español que sin embargo es más famoso en Argentina que en su país natal, por haber residido (y trabajado) durante muchos años al otro lado del Atlántico.

Una película donde participa él, por lo general no defrauda; y ésta no es la excepción. Muy recomendable.

FHP, 2014