Labios de sangre – Jean Rollin, 1975

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Lèvres de sang

Francia, 1975

Director: Jean Rollin

Guión: Jean-Loup Phillipe, Jean Rollin

Intérpretes: Jean-Loup Phillipe (Frédéric), Annie Belle (Jennifer)

Música: Didier William Lepauw

Género: Terror

Argumento

Una mujer ataviada a la usanza del siglo XIX y dos hombres llegan una noche en furgoneta a un cementerio y transportan dos cadáveres envueltos en sábanas blancas hasta una cripta, colocándolos en sendos féretros. Antes de salir de allí, colocan una cruz en la puerta para evitar que los muertos la traspasen en caso de que regresan del otro mundo. Instantes después, las sábanas comienzan a moverse, y los cadáveres se alzan…

En una fiesta para celebrar el lanzamiento al mercado de un nuevo perfume, un hombre llamado Frédéric se queda ensimismado observando un cartel publicitario. En él pueden verse las ruinas de un castillo en medio de unos boscosos parajes.

Frédéric tiene un flashback que le transporta a su infancia. Cuando era niño estuvo allí una noche. Se había perdido y llamaba a su madre; y al acercarse a las puertas del castillo conoció a una bella joven de cabello corto que allí vivía. La chica le protegió, ofreciéndole un lugar donde pasar la noche. El pequeño Frédéric se enamoró de la muchacha, y prometió que volvería a buscarla, pero nunca más volvió a verla…

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Yo iré como un caballo loco – Fernando Arrabal, 1973

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Iré como un caballo loco (V.O. J´irai comme un cheval fou a.k.a. “I will walk like a crazy horse”)

Francia, 1973

Director: Fernando Arrabal

Guión: Fernando Arrabal

Intérpretes: George Shannon (Aden Rey), Hachemi Marzouk (Marvel)

Género: Surrealista

Argumento

Tras la muerte de su madre, Aden Rey abandona la ciudad y se dirige en un jeep al desierto. Como la señora ha sido asesinada, la policía inicia una investigación. La desaparición del hijo resulta más que sospechosa para el comisario, y las autoridades se disponen a localizar a Aden. Éste, que procede de una familia de clase alta pero conflictiva, tenía una relación muy estrecha con su posesiva madre.

Una vez en el desierto, Adén se encuentra con una especie de anacoreta que vive entre las arenas. El extraño personaje, cuya única compañía son un camello, una cabra, una serpiente y unos escorpiones, nunca ha conocido la civilización. Cuando Adén le apunta con una pistola, el inocente hombre del desierto la toma creyendo que se trata de una flauta – y es capaz de tocar una melodía con ella.

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Adén y Marvel, que así se llama el enigmático individuo, pronto se hacen amigos. El joven de la ciudad (a quien la policía continúa buscando) tiene pesadillas y alucinaciones en las que rememora su infancia. Adén le habla al anacoreta sobre las bondades del mundo civilizado. Le enseña un maletín repleto de billetes, Marvel nunca había visto antes el dinero. “Con ésto puedes conseguir todo lo que necesitas” le dice Adén. “¿La salud? ¿El amor? ¿La felicidad?” pregunta ingenuamente el hombre del desierto.

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Leonor – Juan Luis Buñuel, 1975

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Leonor (a.k.a. Eleonore)

España/Francia, 1975

Director: Juan Luis Buñuel

Género: Drama/Terror

Guión: Juan Luis Buñuel, Roberto Bodegas

Intérpretes: Michel Piccoli (Richard), Liv Ullman (Leonor), Ornella Muti (Catherine)

Música: Ennio Morricone

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Argumento

Richard es un ocioso señor feudal en la Edad Media que vive en un castillo. Su joven esposa Leonor se encuentra sumamente grave tras sufrir un accidente cayéndose del caballo. Las atenciones del médico llegan demasiado tarde, y Leonor fallece sin remedio. En represalia, Richard mata con su espada al caballo, considerándolo responsable de la tragedia. Es sepultada en una pétrea cripta en lo alto de una colina. A causa de la muerte de la mujer que amaba, Richard queda devastado, no se resigna a haberla perdido para siempre. Pero trata de ahogar sus penas casándose el mismo día de los funerales con otra mujer, la bellísima Catherine.

Pese a haber contraído matrimonio con una chica mucho más hermosa (y joven) que su difunta primera esposa, el aristócrata sigue acongojado. Richard (que al parecer no tiene asuntos políticos de los que ocuparse) trata infructuosamente de ahogar sus penas dedicándose a la bebida, a realizar piruetas con enormes espadas, o haciendo competiciones de pulsos con sus amigotes de la corte. Los años van pasando y Catherine le da dos hijos al ya maduro noble, cuyas melancolías, lejos de curarse con el tiempo, se van haciendo cada vez más dolorosas.

Paralelamente, la peste negra, que ya se ha cobrado numerosas vidas en otras comarcas, amenaza con extenderse también a los dominios de Richard. Pero ésto es lo que a él menos le preocupa; pues no puede olvidar a Leonor, la única mujer que ha amado. El gran pesar por su ausencia crece sin cesar.

Un día decide de improviso profanar la cripta donde yace su primera esposa, tirando abajo los tabiques, para poder así pasar el tiempo al pie de su tumba. Trata incluso de quitar la pesada losa de piedra bajo la cual se halla el cadáver, pero no lo logra. Mientras tanto Catherine, preocupada por su trastornado marido, llega hasta allí acompañada de una doncella y llama varias veces a Richard, pero éste la ignora.

Más tarde, ya fuera de la tumba, Richard se encuentra con un extraño anacoreta cuando sumido en sus cavilaciones pasea en los alrededores de la cripta. El mefistofélico personaje surgido de la nada sugiere tener la capacidad de hacer que Leonor vuelva a la vida, si bien añade que “a los muertos es mejor dejarlos descansar”. Richard, desesperado por poder volver a tener a su amada junto a sí, ruega al misterioso hombrecillo que le ayude. El noble retorna a la tumba de Leonor, y allí también se encuentra inexplicablemente el enigmático individuo. Éste vuelve a advertir que “a los muertos es mejor dejarlos descansar”, pero ante la insistencia de Richard, le es concedido su deseo: Leonor regresa del más allá y emerge de su tumba. Se siente fría y no recuerda nada, como si hubiera estado en coma todo ese tiempo. Han pasado diez años desde que murió…

Richard vuelve al castillo. Allí le espera la atribulada Catherine, cuyo padre acaba de morir a causa de la peste negra. La mortal epidemia se acerca cada vez más. A Richard eso no le interesa en absoluto, y le dice a su esposa, madre de sus hijos, que se marche de sus dominios. Ante la estupefacción de Catherine, su marido la apuñala asesinándola, y se deshace del cuerpo tirándolo a un pozo.

Tras ello trae a Leonor y comunica a sus súbditos que a partir de ahora ella será su señora. Los que conocían a Leonor de antes, como el fraile Thomas, se quedan atónitos. Richard descuida la educación de sus hijos, y la delega en sus subordinados. Parece no querer ya trato alguno con ellos, pues todo lo que desea es estar junto a la resurrecta Leonor. Pero ésta ha cambiado…

No sólo la peste amenaza a la comarca. También comienzan a desaparecer niños de los pueblos aledaños. Los cadáveres de los pequeños son después hallados desangrados, y pronto se extiende como la pólvora el rumor de que una criatura vampírica merodea por las noches en ese territorio…

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Ornella Muti

Comentario

Leonor ha regresado junto a Richard, tal y como deseaba éste, pero ya no es como era antes… Ha vuelto como muerta viviente, como vampiresa que necesita sangre humana para poder subsistir, llevando una existencia de cadáver andante.

Ésta gótica historia ambientada en el Medioevo retrata el muy romántico „amor más allá de la muerte”, y conjuga el drama personal del protagonista Richard (quien ha descendido a un abismo de enajenación) con las leyendas populares de vampiros.

El largometraje fue rodado en España y cuenta con un reparto internacional: el veterano actor francés Michel Piccoli (“La grande bouffe” – Marco Ferreri, 1973) en el papel del atormentado aristócrata, la noruega Liv Ullman como Leonor, nuestro Antonio Ferrandis (el entrañable Chanquete de “Verano Azul”) dando vida al fraile Thomas, y la hermosísima italiana Ornella Muti como Catherine.

El director Juan Luis Buñuel (nacido en 1934 en Francia, donde realizó toda su carrera cinematográfica) es el hijo del máximo exponente en la gran pantalla del movimiento surrealista, y casi tocayo suyo.

FHP, 2015

La papesse (a.k.a. A woman possessed)- Mario Mercier, 1975

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La papesse (a.k.a. A woman possessed)

Francia, 1975

Director: Mario Mercier

Género: Terror

Guión: Mario Mercier

Intérpretes: Lisa Livane, Erika Maaz, Jean François Delacour

Música: Éric Demarsan

Argumento

Laurent es un aspirante a artista que buscando “la libertad absoluta” es captado por una bizarra secta. Su mujer Aline le reprocha que no tenga un trabajo bien remunerado, y que al no ganar dinero se vean reducidos a vivir en una pequeña y destartalada casa sin luz eléctrica en medio del bosque. Aline tampoco aprueba que su esposo se ausente durante muchas horas por las noches sin dar explicaciones. Laurent, que hace caso omiso de su pesada mujer, se reúne durante esas escapadas con los integrantes de la siniestra hermandad, y es sometido a arduas pruebas físicas y mentales para poder ingresar en ella.

La orden es de carácter ginecocrático o matriarcal, y aunque incluye hombres entre sus miembros, los puestos de alto rango están copados por mujeres. Hembras éstas con poderes brujeriles, expertas en magia negra. La secta está dirigida por una enigmática hechicera llamada Géziale, y conocida como la Papisa. Al principio ésta permanece oculta para Laurent, pues sólo los que han superado las pruebas y tomado parte en ciertos rituales tienen el “privilegio” de verla.

La maga Iltra supervisa las pruebas iniciáticas a las que Laurent es sometido. Una de ellas consiste en ser enterrado dejando fuera solamente la cabeza, y liberar a varias serpientes (una de ellas venenosa) junto a la atrapada testa. Laurent también es atado a una cruz y azotado con un látigo por uno de los esbirros de la Papisa. Al mismo tiempo, Iltra consigue canalizar telepáticamente el dolor y el sufrimiento del candidato a su esposa Aline. Ésta, que dormía mientras su esposo aguantaba los latigazos, sueña que es ella la que está siendo azotada, despertando con pánico y angustia, y sintiéndose la carne hecha jirones. La aterrada Aline sale de casa y busca a su esposo a través del bosque, encontrándose con dos ladrones que discuten el reparto del botín de su último pillaje. Los delincuentes se percatan de su presencia y la siguen hasta la casa, tratando de entrar. Aline se dispone a suicidarse tragándose varias pastillas.

A la mañana siguiente, Laurent encuentra a su mujer incosciente. Pero ha sobrevivido y no tarda en recuperarse. Iltra está interesada en captar también a Aline para la secreta orden, y Laurent convence a su esposa para que se venga con ellos.

Ahora Laurent ya es aceptado como un miembro más de la secta. Pero Aline deberá padecer todo tipo de vejaciones para entrar a formar parte de la hermandad oscura. Aline será violada por hoscos individuos ante los ojos de su impasible marido, humillada en una porqueriza, o marcada a fuego como si fuera una bestia de carga. Una noche llega el momento de la prueba última y definitiva, y la maltratada Aline es colocada en una fosa, donde la Papisa vierte la sangre de un gallo recién degollado y donde una vez más es abusada sexualmente por los lacayos de la suma sacerdotisa del culto.

Pero para sorpresa de todos, cuando está a punto de ser admitida en la orden, escapa despavorida del lugar. Los hombres de la Papisa la siguen con perros y antorchas a través del bosque, localizándola en el interior de una gruta. El secuaz de Géziale la encierra dentro de la cueva, tapándola a base de piedras, y deja al perro salvaje allí para que Aline no se atreva a salir.

Entretanto tiene lugar un sabbath orgiástico y demencial, donde los desnudos participantes danzan sincopadamente al ritmo de tambores. La Papisa contempla satisfecha el extático delirio de sus súbditos. Cuando Laurent le pregunta qué va a ser de su esposa, Géziale responde que en la cueva donde está presa será “visitada” por unas entidades, por criaturas desencarnadas que son depredadores sexuales. “Pero, y a tí que te importa? Acaso aún la amas?” añade inquisitive la suspicaz bruja.

Laurent recibe un mensaje telepático de Aline pidiéndole ayuda, y se dispone a ir en su rescate cuando por la mañana los demás duermen. Pero la papisa y sus vasallos lo descubren y adivinan sus intenciones. Laurent deberá elegir entre su esposa y su fidelidad a la secta; y enfrentarse nuevamente una prueba: Si quiere sacar a Aline de la gruta, deberá antes beber un cáliz con vino que probablemente está envenenado…

Comentario

Sexo, brujería y psicodelia setentera. Ésta rareza de película, de bajo presupuesto y temática satánico-ocultista, recuerda en algunos aspectos a los igualmente franceses films de vampiresas de Jean Rollin, el máximo exponente del cine gótico-surrealista galo. A La papesse le falta sin embargo el encanto del potente estilo visual rolliniano, si bien está plagada de imaginería tenebrosa y poderoso simbolismo nigromántico.

La “papisa” Géziale, Reina de las Tinieblas, dice representar al “culto de Isis“, y su objetivo es anular la voluntad y la personalidad de los adeptos a su secta. Paradójicamente, Laurent había contactado a la siniestra hermandad en “busca de la libertad suprema” (lo que recuerda en cierto modo al lema thelemita del “Libro de la Ley” de Crowley, que reza “Haz lo que quieras será el todo de la ley”)

El director Marcel Mercier sólo dirigió tres películas incluyendo ésta. Los actores del reparto son todos grandes desconocidos, y sin duda amateurs. Pero ello carece de importancia en un film de serie B como éste, a medio camino entre el terror gótico de Rollin y el desparpajo de Jesús Franco. La banda sonora electrónica a base de sintetizadores compuesta por Eric Demarsan es sumamente efectiva.

FHP, 2015

El amanecer de los vampiros – Jean Rollin, 1971

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El amanecer de los vampiros (V.O. Le frisson des vampires)

Francia, 1971

Director: Jean Rollin

Género: Terror erótico-surrealista

Guión: Jean Rollin, Monique Natan

Intérpretes: Sandra Julien (Isle), Jean Marie Durand (Antoine)

Música: Acanthus

Argumento

Isle y Antoine son una pareja de recién casados que se dispone a emprender su luna de miel. Antes de partir a Italia como tenían previsto, deciden pasar de visita por el pueblo de la familia de ella. Allí, en un apartado castillo, residen sus dos primos; los únicos parientes que a Isle le quedan con vida, y a los que ella no ha visto desde que era pequeña.

Pero nada más llegar al poblado se enteran de que los primos han muerto, y de que el fallecimiento de ambos es muy reciente. No obstante, Isle y Antoine resuelven ir al castillo. Una vez allí son acogidos por las criadas de de los difuntos, dos bellas jóvenes (una rubia y una asiática) que les conducen a sus aposentos.

La pareja observa asombrada el interior del tétrico castillo, con sus cráneos a modo de decoración, los largos pasillos sólo iluminados por velas en sus candelabros…

Isle acude al cementerio adyacente para visitar la tumba de sus primos. Allí se encuentra con otra doliente: Isabelle, embutida en un vestido negro, se presenta a la huésped del castillo como la prometida de los dos hermanos, y manifiesta guardar luto por los dos. Tras la muerte de ambos se considera “dos veces viuda”.

Esa noche, Antoine siente deseos de consumar el matrimonio con su esposa, pero ésta, apesadumbrada por la noticia de la muerte de sus parientes, prefiere dormir sola. Comprensivo, Antoine se retira a otra estancia. Cuando Isle se mete en la cama, una mujer extremadamente pálida y de aspecto mortecino sale del interior del reloj de carrillón. La aparecida se presenta como Isolde, y con su presencia hipnótica comienza a anular la voluntad de Isle… Tras acariciarla por sus desnudos pechos, la extraña muerde a la recién casada en el cuello succionándole la sangre, y la conduce a continuación al cementerio…

Mientras tanto, Antoine no logra conciliar el sueño y regresa donde su mujer, pero observa con estupor que su cama está vacía… Buscándola por el castillo llega hasta una estancia donde presencia una bizarra ceremonia: Las dos criadas, en compañía de dos hombres, realizan un ritual sangriento, algo que parece un sacrificio humano, clavando una estaca en el pecho de una joven… Alarmado, Antoine vuelve a la habitación de Isle, y ésta vez ella sí está allí, durmiendo plácidamente.

A la mañana siguiente, las sirvientas dicen a la pareja durante el desayuno que los amos del castillo “van a regresar”. Ante la estupefacción de Isle y Antoine, las criadas añaden que “los señores no estaban muertos, eso son habladurías de los aldeanos”. Las doncellas también les informan de que ambos hermanos “trabajan durante el día en la biblioteca”. Allí se dirige pues Antoine, pero la encuentra vacía. De forma repentina e inexpicable, los libros comienzan a caer de las estanterías y lloverle a él sobre la cabeza, dejándole bastante maltrecho…

Durante la comida, dos estrafalarios individuos vestidos a la usanza del siglo XVIII se les presentan a Isle y Antoine. Son los primos de ella (y también los dos hombres que Antoine había visto durante el siniestro ritual la noche anterior). “Nos sorprendió la noticia de vuestra muerte, pero más aún nos sorprende que ahora estéis aquí” dice Isle perpleja. Los dos hermanos, bastante mayores que su prima, inician una larga perorata explicando a qué se dedican: Al estudio de las artes ocultas, a las religiones ancestrales. Afirman haber preservado el culto de la diosa egipcia Isis en Europa… La pareja invitada se retira a sus aposentos; tampoco ésta noche Isle quiere yacer junto a su esposo, para gran disgusto de éste.

Y así, estando la bella y desnuda Isle sola en su cama, de nuevo recibe la visita de la vampira Isolde, que vuelve a absorber la sangre de su cuello…

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Comentario

Isolde se describe como una “vampira errante” mientras que los dos excéntricos hermanos primos de Isle son “vampiros burgueses”… Ellos dos habían sido originalmente humanos normales, que se dedicaban (ironías de la vida) a cazar vampiros. Isolde asesina a Isabelle (la “dos veces viuda”) mediante un abrazo mortal: llevaba puesto bajo su capa una especie de sujetador metálico con afilados pinchos. Isabelle amaba a los dos hermanos cuando aún eran mortales, desde su época de cazavampiros. Por ello debía morir, pues era el único nexo que a los dos les quedaba con su vida anterior… O casi el único, sin contar con la recién llegada Isle. Pero a Isle, Isolde no la matará; le tiene reservado otro destino: Transformarla en una vampiresa como ella, y como sus primos… Antoine, que día a día va siendo testigo de la paulatina transformación de su amada, hará todo lo posible para impedirlo.

Grandes y profundos conflictos anímicos se libran aquí: Cazadores de vampiros que se convierten ellos mismos en vampiros; Isle (lentamente vampirizada por Isolde) se debate entre la familia carnal (la familia “de sangre”, nunca mejor dicho en éste caso) y el amor a su esposo (algo similar a la “Malenka” de Amando de Ossorio)…

Estamos ante una de las más interesantes películas del período vampírico de Jean Rollin. Estéticamente es magnífica, como la gran mayoría de sus obras. Pero además, el argumento es menos enrevesado y confuso de lo que es habitual en el cine rolliniano, sin renunciar por ello al empleo de recursos surrealistas y al transfondo metafísico que impregna toda su obra. Ésta vez el hilo narrativo no es difícil de seguir y la trama no tiene incongruencias (como sí sucede en otras propuestas del cineasta galo).

Como buena película de Rollin, máximo exponente del gótico-erótico neo-surrealista francés, no falta la clásica ambientación en castillo medieval, los cementerios con sus criptas, las apariciones grotescas e inquietantes, la playa de siempre con los troncos en fila, así como bastantes desnudos de hermosas vampiresas y mortales. Eros y thanatos, sexo y muerte, siempre están presentes en la obra de Jean Rollin.

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Sandra Julien

La protagonista, llamada “Isa” en otras versiones pero Isle en la original francesa, está interpretada por la bella Sandra Julien; quien al año siguiente (en 1972) participaría en la japonesa „El Imperio del Sexo“ de Norifumi Suzuki (V.O. Tokugawa sekkusu kinshi-rei: shikijo daimyo), dando vida a una concubina occidental del shogun. Sandra también ha deleitado las retinas de los espectadores en películas de la talla de “Je suis une nymphomane” (1971) y “Je suis frigide… pourquoi?” (1972), ambas comedias eróticas softcore a cargo de Max Pécas.

Una de las criadas de los amos del castillo es Marie-Pierre Castel; junto a su hermana Catherine una de las gemelas colaboradoras habituales de Rollin, a las que ya vimos en La vampire nue (1970).

“Le frisson des vampires” cuenta además con una muy buena banda sonora a base de rock progresivo y psicodélico.

FHP, 2015

 

La reina de las vampiras – Jean Rollin, 1968

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La reina de las vampiras (V.O. Le viol du vampire)

Francia, 1968

Director: Jean Rollin

Género: Terror surrealista

Guión: Jean Rollin

Intérpretes: Solange Pradel (Brigitte), Bernard Letrou (Thomas)

Música: Yvon Géraud

Argumento

El film está estructurado en dos partes relacionadas entre sí. El primer segmento es el más corto y dura sólo media hora, mientras que la segunda historia abarca los sesenta minutos restantes.

Cuatro hermanas residen solitarias y apartadas del resto del mundo en un lóbrego castillo en medio del bosque. Pese a su juvenil aspecto aseguran tener cientos de años, pues están convencidas de que son vampiras. Un viejo aristócrata las custodia y las manipula, hablándolas (en francés con acento inglés) a través de un extraño ídolo. Él les insiste obsesivamente con la idea de que son vampiras, de que pertenecen a una raza especial, y las advierte de no confiar en los extraños que están a punto de llegar… Pues al castillo se aproximan unos médicos que desean examinar a las muchachas para curarlas. Éstos doctores, entre los que se encuentra un psicoanalista, no creen que las hermanas sean vampiras, sino más bien que padecen trastornos mentales debido al largo aislamiento.

Los médicos procedentes de la ciudad, tratarán de persuadir a las chicas de que en realidad no son vampiras, de que el vampirismo no existe y de que lo mejor es que se sometan a un tratamiento. Uno de ellos es partidario de encerrarlas en un manicomio, mientras que otro propone una metodología más suave. Éste comenzará a enamorarse de una de las enigmáticas hermanas. El anciano inglés que las controla seguirá atentamente y no sin preocupación el desarrollo de los acontecimientos.

Al mismo tiempo, un habitante del pueblo cercano al castillo cree firmemente que las vampiras han asesinado a su esposa, y se dispone a emprender una venganza, agitando a los aldeanos contra las hermanas. Los rústicos lugareños, exaltados por su líder, son presentados de una manera casi cómica, como una torpe chusma primitiva. El hatajo gruñidor se dispone con sus palas y rastrillos a hacer picadillo a las vampiras.

Las chicas, acusadas (justamente o no) de los funestos crímenes de sangre que azotan la comarca, son asesinadas, así como algunos de sus protectores. Sucede ésto en una playa, y allí mismo da inicio el siguiente episodio… Ahora llega la Reina de los Vampiros, una mulata de cabello rizado muy corto y pechos al aire, que resucita a las muertas y castiga al viejo controlador inglés por su negligencia.

La Reina de los Vampiros y sus acólitos tratarán de afianzar su poder, mientras sus antagonistas, unos científicos que buscan el antídoto contra el vampirismo, se enfrentarán a ellos.

Comentario

Una vez más, Rollin vuelve a su temática predilecta: el vampirismo femenino. Como todas sus películas, ésta también está aderezada con grandes dosis de surrealismo, y tampoco podía faltar el característico eroticismo tétrico. Rodada en blanco y negro, “La reina de los vampiros” es una de las primeras incursiones de Rollin en el subgénero.

El título original de la cinta en francés es “Le viol du vampire”, es decir, “La violación de la vampira”; pero en ningún momento se ve tal violación durante el metraje (sí se habla de ella, sin embargo, pues al parecer una de las vampiras fue sometida a abusos “hace siglos”). Por una vez, el título español es más apropiado que el original. Una película algo posterior de Rollin también cuenta con nombre un tanto engañoso, pues se titula “La Vampire Nue” (en la versión española “Desnuda entre tumbas”), y allí la vampírica protagonista tampoco aparece desvestida… Se ve más carne en ésta que reseñamos que en “Desnuda entre tumbas”…

La trama es confusa, pero como en todas las películas de Rollin eso es lo de menos.

Las oníricas secuencias desfilan ante nuestras retinas mientras nuestros párpados luchan por mantenerse abiertos; la atención y la concentración resultan cada vez más complicadas. Lo que vemos en la pantalla se trata de un sinsentido, pero de un sinsentido hermoso, con estilo, un sinsentido poético. (Lo que no puede decirse de otras películas mediocres de similar presupuesto e intenciones como “Las flores del vicio”…)

Al igual que en “Desnuda entre tumbas”, la banda sonora está compuesta a base de ritmos y sonidos disonantes de saxofones, violines, guitarras y piano, que tratan de evocar una sensación de ansiedad y angustia.

Como en casi todas las películas de Rollin, aparece la misma playa; donde se ven los maderos en fila clavados en la arena, y adentrándose en el mar.

“La viol du vampire” no está ni mucho menos entre las mejores de Jean Rollin, pero es digna de ser visionada por aquellos que aprecien el estilo visual del gótico-surreal cineasta galo.

FHP, 2015

Desnuda entre tumbas – Jean Rollin, 1970

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Desnuda entre tumbas (V.O. La Vampire Nue a.k.a. “The Nude Vampire”)

Francia, 1970

Director: Jean Rollin

Género: Terror surrealista

Guión: Jean Rollin

Intérpretes: Caroline Cartier (vampiresa), Olivier Rollin (Pierre)

Música: Yvon Serault

Argumento

En medio de la noche, el joven Pierre se tropieza por las solitarias calles de una ciudad no identificada con una chica que está siendo perseguida por un grotesco grupo de individuos con cabezas de animales. Pierre trata de ayudarla, pero los hombres-bestia los alcanzan, matan a la chica y se llevan su cadáver. El estupefacto joven trata de averiguar a dónde transportan el cuerpo, y llega hasta una lujosa villa a la cual sólo puede accederse con invitación, pues un guarda custodia la entrada.

Pierre es el hijo del acaudalado industrial Radamante. Éste excéntrico millionario tiene dos morbosamente atractivas criadas, sus “mascotas”: Unas gemelas que en horas de servicio portan unos uniformes un tanto peculiares.

Pierre está dispuesto a desentrañar los misterios que se ocultan tras esos hombres con cabezas de animales, y a averiguar qué sucede en el interior de la vigilada villa. Para ello, otra noche deja inconsciente a uno de los invitados que se dirige al lugar y le sustrae la invitación. Así, ésta vez, el vigilante sí le deja pasar.

Atónito contempla el joven que en la villa se practican demenciales ritos suicidas: Una de las personas entre los invitados es seleccionada, y acto seguido debe descerrajarse un tiro en la cabeza. La mujer que “tiene el honor” de ser la primera, cumple sonriente con lo que esperan de ella. A continuación todos se colocan máscaras (también a la muerta) y aparece una chica que se dedica a succionar la sangre del cadáver. El siguiente que debe pasar por la prueba del suicidio es el propio Pierre; pero logra escabullirse, con ayuda de una bailarina asiática, que antes había realizado una hipnótica danza al ritmo de tambores para el señor Radamante… Lo que Pierre todavía no sabe es que su propio padre es el jefe de esa extraña secta.

El magnate mantiene retenida a la chica porque ésta nació con un grupo sanguíneo completamente desconocido que le confiere la inmortalidad. Radamente y sus socios se dedican a hacer experimentos con ella, y pruebas científicas para descubrir cómo ser inmortales también ellos. La muchacha nunca ha sido expuesta a la luz del sol y sólo se alimenta de sangre, por lo que se sospecha que es una vampiresa. Tampoco ha visto jamás el rostro de otro ser humano, y por ello portan máscaras los adeptos al culto (que la consideran una diosa y se inmolan gustosos por ella).

Pierre se enamora de la chica-vampiro, y hará lo posible para liberarla de su padre cuando éste la recluye en un inmenso palacete de estilo neo-clásico. Primero contará con la ayuda de su amigo Robert, pero cuando éste es asesinado por órdenes de Radamante, Pierre se unirá al grupo esotérico rival de aquel al que pertenece su padre; otra secta con fines opuestos liderada por un extraño sacerdote o “gran maestre” con túnica…

Comentario

La vampire nue” es probablemente la película de temática vampírica de Jean Rollin con mayor contenido buñueliano, por sus dosis de imaginería surrealista. También se aprecia una velada carga filosófica, con las dos “hermandades” enfrentadas, las dos sociedades secretas de estilo ocultista con finalidades opuestas pugnando entre ellas, que confieren a la cinta un ligero y sutil gnosticismo. “Vosotros sois los auténticos vampiros” le dice a Radamante el “iluminado” gurú de la secta rival, que ha liberado a la chica con la colaboración de Pierre.

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Las gemelas Castel

El cine de Rollin siempre tiene un ritmo sumamente lento, y éste film no es la excepción. La atmósfera onírica es al mismo tiempo soporífera y fascinante. La banda sonora consiste mayormente en ritmos disonantes y caóticos, que tratan de subrayar el ambiente de irrealidad. Tal vez hubiera quedado mejor una música más hipnótica, psicodélica y repetitiva, pero es cierto que en 1970 aún era pronto para la era del sintetizador à la Jean Michel Jarre. Como en todas las propuestas de Rollin, un macabro erotismo todo lo impregna. Son aquí dignas de ser destacadas las gemelas Catherine y Marie-Pierre Castel, que interpretan a las sirvientas de Radamante y que debutaban en el cine con ésta película. Más adelante seguirían colaborando asiduamente con Rollin.

FHP, 2015