No nos libres del mal – Joël Séria, 1971

No nos libres del mal (V.O. Mais ne nous délivrez pas du mal, a.k.a. “Don´t deliver us from evil”)

Francia, 1971

Director: Joël Séria

Género: Drama, satanismo

Guión: Joël Séria

Intérpretes: Jeanne Goupil (Anne), Catherine Wagener (Lore)

Música: Claude germain, Dominique Ney

Argumento

Anne y Lore son dos adolescentes que acuden a un colegio religioso regentado por monjas. Las chicas, aburridas de la educación católica y rebeldes ante lo que allí se les trata de inculcar, han consagrado sus vidas al vicio, a la perversión y a la adoración de Satanás.

Las alumnas de la institución viven de lunes a viernes en la escuela y pasan los fines de semana en sus casas. Durante la semana, todas las muchachas duermen en una misma gran habitación. Lore se escabulle con frecuencia hasta la cama de su amiga Anne, y juntas leen unas novelas eróticas que encontraron en el ático, y que presumiblemente fueron confiscadas por las monjas a otras de sus compañeras.

Anne es la hija de los condes de Boissy, que viven en un suntuoso castillo en la campiña de Anjou con el mayordomo Gustave y el jardinero retrasado Léon. Los padres de Lore, el señor y la señora Fournier, habitan en una villa no lejos de allí. Los fines de semana, las amigas también suelen pasarlos juntas. En la vasta propiedad de los condes hay una caseta que las chicas toman como “cuartel general”, donde planean sus diabluras y barrabasadas. También hay una vieja capilla abandonada. Allí proyectan celebrar una “ceremonia” satánica, un ritual que las una irreversiblemente al Maligno.

En la misa a la que ambas acuden la mañana del domingo con sus padres, el cura pronuncia un impetuoso sermón en el que carga contra los pecados de la lujuria, condenando a la descarriada juventud que se deja influenciar por revistas y películas obscenas cayendo en la depravación… Anne y Lore, escuchando su perorata, se ríen entre dientes, mofándose. A la hora de comulgar, ninguna de las dos traga las hostias, sino que se las sacan discretamente y las guardan en una cajita que han traído para tal fin – Piensan usarlas en su “misa satánica”.

De nuevo en el colegio, roban casullas y cálices que emplearán en el ritual que están preparando. Se dedican también a espiar a las monjas por las noches, y descubren a dos de ellas en actitudes lésbicas; algo que les sera útil para chantajearlas. Anne acude frecuentemente a “confesarse” con uno de los sacerdotes, pero en realidad se inventa sus pecados, relacionados siempre con la lascivia, sólo para ver la reacción incómoda del confesor (al que, como a todos los hombres, disfruta provocando).

Las chicas se burlan y ridiculizan al pobre granjero Emile; mientras Lore coquetea con él para distraerlo, Anne hace que se escapen las vacas que el hombre estaba vigilando. Siempre intentan seducir a los hombres cuando en realidad no tienen ninguna intención de acostarse con ellos; sólo actúan así para embaucarlos y humillarlos.

Más tarde también quemarán entre risas la paja que amontonaba Emile cerca de su granja, provocando un incendio cerca de allí.

Las amigas se introducen en la cabaña del jardinero Léon, mudo y retrasado mental. Éste posee varias jaulas con pájaros, que le hace compañía y constituyen su única distracción. Las chicas deciden matar a los pájaros envenenándolos, pero no a todos a la vez, sino uno por uno, “para que así su sufrimiento se prolongue”, al ver que sus queridas aves van muriendo en el transcurso de varios días.

A Léon lo utilizan como “oficiante” de su ritual demoníaco, ordenándole que se coloque la casulla que robaron y vaya con ellas a la capilla. Allí las dos celebran una especie de grotesca parodia de matrimonio con Satán, intercambiando anillos entre ellas, jurando devoción al Maligno y sellando el pacto con sangre.

Cuando llegan las vacaciones, los padres de Anne se ausentan por unas semanas, dejándola sola en el castillo. La joven aristócrata no perderá la oportunidad de invitar a su amiga Lore para que, una vez juntas, puedan dar rienda suelta a sus perversas aficiones. Lo que comenzó como una actitud rebelde propia de adolescentes se va transformando poco a poco en un juego muy peligroso que desencadenará consecuencias nefastas…

Comentario

Las inocentes transgresiones iniciales de las dos colegialas van siendo desplazadas por actos con mayores dosis de crueldad. Las dos aviesas jovencitas se regocijan con el sufrimiento ajeno y, sin percatarse, entre frescas e ingenuas risas, se adentran cada vez más en la oscura senda del Mal. Se nos quiere dar a entender que originalmente sólo desarrollaron esa morbosa fascinación por el satanismo a causa de la represión a la que eran sometidas por las monjas. Pues las prohibiciones suelen hacer más atractivo aún aquello que se pretende prohibir. Así, decidieron embarcarse en el “camino opuesto”, manifestando su juvenil espíritu de contradicción. Pero como los extremos se tocan, caen en una trampa fatal.

Eventualmente, llegarán a cometer un asesinato. Tratan de hacer todo lo posible para ocultar el cadáver e impedir que nunca sea encontrado. Pero una investigación policial intentará esclarecer la desaparición de la persona de cuya muerte son responsables. Y ellas son, o al menos creen ser, las únicas sospechosas…

Ésta película de Joël Séria (realizador galo poco conocido que mayormente se ha dedicado a las comedias softcore) combina drama adolescente con terror satánico y toques eróticos. El elemento de suspense sólo aparece muy hacia el final. La estructura es un tanto atípica, en tanto que el clímax o punto de inflexión decisivo (el asesinato) aparece bastante tarde, y el trágico final se precipita poco después, sin que haya casi tiempo para el desarrollo de la intriga (Aún así hay que reconocer que el apoteósico final es sumamente impactante y demoledor). Hasta entonces el metraje se dilata con las dos amigas cometiendo sus fechorías en los bucólicos parajes, provocando a los dos lugareños (ambos atontados y animalescos) y riendo siempre infantil pero malévolamente.

En varios aspectos, ésta Mais ne nous délivrez pas du mal recuerda a la mexicana „Veneno para las hadas“ (Carlos Enrique Taboada, 1984). Allí, una niña atraída por la brujería intenta iniciarse en el oculto mundo de la nigromancia y captar prosélitos. También tiene lugar un pacto de sangre satánico. Lo que empieza como un juego pronto pierde el control. Asimismo, ésta película francesa tiene paralelismos con “Tener veinte años” (Fernando Di Leo, 1978), film italiano que aunque no tiene ningún transfondo paranormal está protagonizado por dos chicas rebeldes que se enfrentan al mundo con mucha cara dura… hasta que “el mundo” se vuelve contra ellas para aplastarlas.

Se supone que Anne (Jeanne Goupil) y Lore (Catherine Wagener) son unas adolescentes de unos quince años. Las actrices que las interpretan tenían ya 20 y 21 cuando trabajaron en ésta película, pero por su aspecto podrían perfectamente haber pasado por quinceañeras. Las dos son frágiles, delicadas, y (engañosamente) angelicales; unas perfectas lolitas satánicas.

Merece ser destacada la banda sonora (de Claude Germain y Dominique Ney), a base de un tema coral y música de órgano.

FHP, abril de 2016

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