La Piovra I – Capítulo 2

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Corrado Cattani (Michele Placido) y Olga Camastra (Florinda Bolkan)

La Piovra I

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1984

 Director: Damiano Damiani

Guión: Nicola Badalucco, Lucio Battistrada, Massimo De Rita, Elio De Concini

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Barbara De Rossi (Raffaella “Titti” Pecci Scialoia), Angelo Infanti (Sante Cirinnà), Geoffrey Coppleston (Banquero Ravanusa), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), Francois Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra)

Música: Riz Ortolani

(Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior)

Capítulo 2

El ayudante del comisario Cattani ha sido asesinado poco antes de revelarle a su superior una información supuestamente relevante. En el entierro, el párraco don Alfredo realiza de nuevo una arenga contra la Mafia. Cattani piensa ahora que los crímenes y misteriosas muertes que están sucediéndose en la ciudad siciliana no son hechos aislados, sino que forman parte de toda una trama.

 

Cattani va a ver al hermano de Anna en prisión, pero éste niega empecinadamente haber revelado información alguna al agente Leo Di Maria. Asegura que sólo quería conocerle porque iba a casarse con su hermana. Es muy probable que Franco Caruso le tendiese una trampa al joven policía por encargo de sus superiores en el seno de la Mafia.

 

Santamaria, el trabajador de la televisión local, continúa tratando de seducir a Else, la esposa de Cattani. Else ha descubierto su vocación como pintora, y solicita ayuda a Santamaria para organizar una exposición.

 

Mientras tanto, Tití padece el síndrome de abstinencia, pues lleva tiempo sin consumir su dosis de heroína. Telefonea al delincuente Sante Cirinà para que le traiga la droga. Éste se aprovecha de la adicción de la muchacha para acostarse con ella. Cattani, por su parte, se cita también con Tití y la lleva a cenar a un restaurante para hablar de los casos que está investigando. Ella reacciona con apatía y hostilidad. Cuando el comisario le dice que sabe que Marineo y su madre la marquesa murieron la misma noche en la misma sala, Tití reacciona con furia y le monta una histérica escena a Cattani. Luego él la acompaña a su casa diciendo que “no la molestará más” y que será ella quien vaya la próxima vez a buscarle…

 

Como Cattani había previsto, Tití efectivamente no tarda en ponerse en contacto con él, y le ruega que venga enseguida porque debe hablarle. Cuando el comisario llega, la chica está bajo los efectos de la heroína. En ese estado, ella declara estar enamorada de él… Y poco después confiesa la verdad sobre lo acontecido aquella fatídica noche: Tití se despertó al escuchar gritos en el salón, y al ir a ver qué sucedía se encontró con que Sante Cirinà se hallaba allí, discutiendo con su madre y con el comisario Marineo. Éste último decía tener pruebas de su implicación en el narcotráfico, mientras que la marquesa le responsabilizaba de la drogadicción de su hija. Cirinà sacó su revólver y asesinó a los dos, colocando el arma en la mano de la mujer para que pareciera que ella había dado muerte al comisario y a continuación se había suicidado.

 

Parece ser que también Cattani se siente atraído hacia la atormentada drogadicta. Ésta es chantajeada por Cirinà, que es quien la ha convertido en toxicómana y quien le suministra la droga (además de ser el asesino de su “suicidada” madre).

 

El comisario y la hija de la marquesa acuden a una fiesta de la alta sociedad. Allí se encuentran prestigiosos banqueros, abogados y aristócratas (como la condesa Olga Camastra) reunidos realizando apuestas de juego ilegalmente. Pero Cattani no pretende intervenir esa noche. Tití comienza a sentir de nuevo los efectos del “mono”, y el comisario la lleva al centro de drogodependientes regentado por el cura don Alfredo.

 

Tras ello, Cattani acude al concesionario propiedad del criminal Cirinà y le da a entender que está al corriente de su implicación en asuntos de narcotráfico. El mafioso buscará tenderle una emboscada esa misma noche. Pero el comisario está prevenido y no sale de su oficina sin chaleco antibalas. Mientras tanto, Else está a punto de consumar un nuevo adulterio con el tal Santamaria, que la lleva cortejando desde que llegaron a Sicilia.

(Continuará)

FHP, 2015

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