Rojo sangre (Absurd) – Joe D´Amato, 1981

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Rosso Sangue (a.k.a. “Absurd”)

Italia, 1981

Director: Joe D´Amato

Género: Terror

Guión: George Eastman (Luigi Montefiori)

Intérpretes: George Eastman (Nikos), Annie Belle (Emily), Charles Borromel (Engelmann), Katya Berger (Katia Bennett)

Música: Carlo Maria Cordio

Argumento

Los Bennett son una familia que reside en una casa de campo en algún lugar de los EEUU. Ian y Carol tienen dos hijos: La adolescente Katia y el pequeño Willy (de quien suele ocuparse la niñera Peggy). A causa de un problema de espalda Katia es inválida y debe permanecer siempre en cama. Allí se dedica obsesivamente a dibujar círculos con un compás (instrumento que cobrará importancia más adelante…).

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Katia (Katya Berger) y su madre

Un hombre es perseguido por otro a través de un bosque. En su huída, el primero de ellos trata de saltar una verja clavándose en el estómago las puntas de la valla. Con los intestinos saliéndose, el extraño llega trastabillando a las puertas de la casa de la familia Bennett. Carol llama al sargento Engleman de la policía y a una ambulancia.

El individuo es trasladado a un hospital, sin que haya demasiadas esperanzas de que pueda sobrevivir. Sin embargo, consigue recuperarse milagrosamente. El doctor Kramer y la enfermera Emily no dan crédito a sus ojos al notar que el paciente recupera la conciencia incluso durante la intervención quirúrgica. Nadie sabe quién es el misterioso grandullón barbudo. No portaba documentos consigo. Pero la capacidad que su cuerpo tiene para regenerar sus tejidos es prodigiosa, podría decirse que sobrehumana. Todo indica que tras la operación no tendrá ninguna secuela, cuando pocas horas antes le colgaban literalmente las tripas.

Por la noche, en los alrededores de la villa de los Bennett, el sargento Engleman encuentra a un hombre sospechoso merodeando. Resulta ser el que perseguía al tipo ahora ingresado en el hospital. Le piden la documentación y resulta ser extranjero. Afirma que está caminando a esas horas por allí porque su coche se ha averiado. Engleman lo lleva hasta la ciudad.

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Emanuelle e Françoise – Joe D´Amato, 1975

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Emanuelle e Françoise (Le sorelline)

Italia, 1975

Director: Joe D´Amato

Género: Drama, thriller, softcore

Guión: Joe D´Amato, Bruno Mattei

Intérpretes: George Eastman (Carlo), Rosemarie Lindt (Emanuelle), Patrizia Gori (Françoise)

Música: Gianni Marchetti

Argumento

Françoise es una joven que trabaja posando como modelo fotográfica. Un día que la sesión de fotos termina antes de lo previsto, regresa a la casa en donde vive encontrándose con que su novio Carlo está en la cama con otra mujer. Carlo, lejos de sentirse sorprendido o pesaroso, reacciona con frialdad y arrogancia, echando de casa a su novia. Ésta vaga atribulada por las calles, portando una maleta con sus escasas pertenencias. Trata de llamar a una tal Emanuelle, pero siempre salta el contestador automático. Desesperada y sin ganas de seguir viviendo tras un desengaño tan cruel, Françoise camina hasta las vías del ferrocarril y se arroja cuando pasa el tren.

Más tarde, en el tanatorio, el cadáver debe ser reconocido por su hermana mayor. Ésta no es otra que Emanuelle, la mujer con la que Françoise había tratado sin éxito de comunicarse. Los policías allí presentes le dicen a Emanuelle que entre los restos de su hermana encontraron una carta de despedida dirigida a ella.

Tras leerla, tanto Emanuelle como las autoridades comprenden que ese individuo llamado Carlo, al que se menciona en el escrito, es responsable del suicidio. Los agentes han tratado de localizarlo, pero no ha sido posible. Al parecer, Françoise llevaba una doble vida, pues ninguna de las personas interrogadas con las que la difunta tenía contacto habitual sabían nada de ese novio suyo. La misiva deja entrever que Carlo es un jugador empedernido que siempre pierde y que está permanentemente endeudado. Cuando no puede pagar, Carlo ofrece a Françoise para que sus acreedores se diviertan con ella. Sin embargo, la chica no le abandona: Siente un amor ciego hacia él, se trata de una relación enfermiza y adictiva, autodestructiva para ella. Él sólo la utiliza manejándola a su antojo, pero ella no puede estar sin él.

Emanuelle es una mujer con un alto poder adquisitivo, que reside en una lujosa villa y es propietaria de varios caballos de carreras. Un día, en el terreno donde entrenan los equinos, ve a un tipo que se asemeja a Carlo por la descripción que Françoise hiciera de él. Tras preguntar a uno de sus empleados, averigua que es un jugador profesional que quiere apostar en las carreras, y que tiene muchas deudas. Emanuelle comprende que se trata del hombre que estaba buscando.

Carlo es un casanova nato, y al ver a Emanuelle intenta conquistarla. Ella inicialmente finge desinterés, pero se complace en haber encontrado al individuo que empujó a su hermana a la muerte. Ella pretende atraerlo para destruirlo lentamente, vengando así a Françoise…

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Comentario

En ésta ocasión, Joe D´Amato nos propone un cruce entre drama y thriller – sin escatimar, como es habitual en él, en escenas de desnudos y sexo softcore (trío lésbico incluído).

Cuando Emanuelle encuentra a Carlo, comienza un sutil juego de seducción para cautivarlo y atarlo (también en el sentido literal, como veremos). No se entrega de inmediato a él como suelen hacer el resto de las mujeres, y precisamente por eso Carlo se siente tan fascinado por ella (Una mujer cuarentona del montón, que por lo demás no es particularmente atractiva). Emanuelle quiere tratar a Carlo del mismo modo que éste trató a su hermana; manipularlo y utilizarlo.

Las personalidades de las dos hermanas no podían ser más diferentes. Françoise, la más joven, es ingenua, dócil e inocente; está sinceramente enamorada del macarra Carlo, un truhán ludópata y playboy, que no duda en ponerla de patitas en la calle cuando se cansa de ella – provocando así su suicidio. La madura Emanuelle, por su parte, es astuta y calculadora. Además, odia a los hombres. Va a propiciar que la ley del karma se vuelva contra el indeseable que causó la muerte de su hermana. Mediante flashbacks (a raíz de la lectura de la carta) vemos cómo era la tormentosa relación de amor-odio entre Françoise y Carlo; secuencias que se van alternando con la intervención de Emanuelle para vindicar a su hermana.

En su cautiverio, encadenado y mantenido a base de pan y agua en una habitación secreta en la villa de Emanuelle, Carlo piensa que ella está actuando por cuenta de alguno de sus muchos enemigos a los que debe dinero. No sabe (todavía) quién era su hermana, y que la tortura a la que es sometido es el fruto de una bien planificada venganza. El maltrecho Carlo, drogado y atado de pies y manos por cadenas, se ve reducido a tener que comer mendrugos de pan seco del suelo, como un perro; mientras que Emanuelle disfruta del espectáculo y con sorna realiza un strip-tease a través de una pared corrediza de cristal transparente.

Sin embargo, Carlo no se da por vencido y tratará de escapar; manipulando con un alambre las esposas que le mantienen retenido. Además, su desaparición ha levantado las suspicacias de Mira, otra de sus novias, quien le había visto últimamente en compañía de Emanuelle.

Digna de mención es la escena en la que Carlo, bajo el influjo de los alucinógenos que Emanuelle le inyecta, cree ver un orgiástico y delirante festín caníbal a través del cristal. La película gana considerablemente en interés a partir de la segunda mitad, y el tenso final es muy bueno.

Joe D´Amato firmó el guión de la película con su nombre real, Aristide Massaccesi; y contó para la elaboración del mismo con la ayuda de Bruno Mattei; otro de los directores emblemáticos de la exploitation italiana.

Carlo está interpretado por el gran George Eastman (Luigi Montefiori), a quien vimos en “Cani Arrabbiati” (Mario Bava, 1974) y quien más adelante interpretaría al loco de la isla griega en “Antropophagus” (1980), también de Joe D´Amato. Patrizia Gori, que encarna a Françoise, tiene papeles secundarios en “Zinkssärge für die Goldjungen” (Jürgen Roland, 1973) y en “Quelli che contano” (Andrea Bianchi, 1974), ambas protagonizadas por Henry Silva.

Los personajes “Emmanuelle y Françoise” resultan reminiscentes de “Justine y Juliette”, las hermanas creadas por la pluma del Marqués de Sade; dos mujeres completamente opuestas: Justine es sumisa, creyente, confiada y candorosa; pero su vida es un calvario, siempre de una desgracia a la otra. Juliette, por su parte, es pérfida, depravada y carente de escrúpulos; pero asciende rápidamente en la escala social, acaparando gran prestigio y riquezas. De Sade escribió sobre las dos hermanas en sus libros “Justine o los infortunios de la virtud” (1791) y “Juliette o las prosperidades del vicio” (1796). El cineasta español Jesús Franco, que tiene mucho en común con Joe D´Amato, dedicaría una película a Justine: “Marquis de Sade: Justine” (1969), con Romina Power como protagonista.

FHP, abril de 2016

 

Antropophagus – Joe D´Amato, 1980

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(Reseña escrita por el autor del blog el 17.07.2008)

Antropophagus a.k.a. „Gomia, Terror en el Mar Egeo“

Italia, 1980

Director: Joe D´Amato

Género: Terror

Guión: Joe D´Amato, Luigi Montefiori (a.k.a. George Eastman)

Intérpretes: Tisa Farrow (Julie), Saverio Vallone (Andy), Luigi Montefiori/George Eastman (Nikos Karamanlis, el caníbal)

Música: Marcello Giombini

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Ésta controvertida película, la segunda de Joe D´Amato que tengo la oportunidad de visionar, levanta pasiones entre los amantes del cine italiano de terror. Unos la consideran una obra maestra, otros un bodrio. Tal vez influya que hay dos versiones distintas en circulación: La italiana, íntegra y original; y la estadounidense, conocida como “The Grim Reaper” fuertemente censurada y sin la excelente banda sonora que la hace tan especial (Para que se adaptase mejor al mercado norteamericano y sus cánones hollywoodienses). Yo he tenido la fortuna de ver la primera, la versión italiana, que es la que se encuentra mayormente en Europa.

“Antropophagus” tiene la atractiva reputación de ser considerada una película maldita, que está prohibida en multitud de países, lo quela convierte en una codiciada joya de difícil acceso. Esa misma característica la comparte con su film compatriota “Cannibal Holocaust”, de Ruggero Deodato; aunque ésta última tenga una fama mucho mayor. Y es que ambas no solo comparten nacionalidad y status de culto, sino también temática “gastronómica”. Salvando las distancias (nunca mejor dicho), pues la una está ambientada en las selvas del Amazonas y la otra en una isla del mar Egeo. En la primera los caníbales son los integrantes de una tribu indígena, en la segunda el atropófago es un solo hombre enloquecido.

En las primeras secuencias vemos como una pareja de turistas alemanes pasea feliz por un costero pueblecito mediterráneo de casas blancas, dirigiéndose a la playa. Ella se dispone a bañarse y él se tumba en la arena para escuchar música a través de unos auriculares. Una figura humana descomunal bucea bajo el punto donde la chica está nadando, la agarra del tobillo, la estira hacia abajo, y seguidamente vemos como el agua se tiñe de rojo sangre. Entonces, a cámara subjetiva (desde la perspectiva del monstruo) la amenaza se va acercando al descuidado alemán, que aún no advierte el peligro, y un cuchillo de carnicero le es hundido en el cráneo.

Tras ésta escena inicial conocemos a los protagonistas, un grupo de jóvenes que disfrutan en Atenas de sus vacaciones y se disponen a emprender un viaje por mar para visitar las islas del Egeo. Una de las chicas tiene amigos que veranean en una de esas islas, por lo que el grupo se dirige en barco hacia allí. Otra tiene una baraja de cartas de tarot y se dispone a leérselas a sus compañeros durante el trayecto. Una embarazada, integrante del elenco, desea saber si será niño o niña, si estará sano, etc. y se lo pregunta a la tarotista. Ésta observa las cartas que han salido, confusa y turbada, para finalmente decir titubeante que esa combinación es tan complicada que no puede interpretarla. Cuando la embarazada sale del camarote, la aficionada al esoterismo le confiesa acongojada a otra de sus amigas que cuando las cartas no muestran el futuro de una persona es porque esa persona no tiene futuro. La intuitiva mujer intenta convencer a los demás para que no vayan a la isla, pues percibe que algo maligno se cierne sobre ellos, pero nadie la toma en serio. Y hacen mal.

Cuando el barco atraca en la costa, los jóvenes se dirigen al pequeño pueblo de blancas casas que vimos al principio. La embarazada, que debido a su avanzado estado de gestación se encuentra indispuesta para caminar al mismo ritmo que los demás, permanece en el barco con el marinero que los ha llevado hasta allí. Los otros comprueban anonadados que en el municipio no hay nadie, y que el último telegrama fue enviado hace meses. (No hay servicio de teléfono en la isla). Se trata de un pueblo fantasma.

El grupo llega a la casa donde se supone que veranean los amigos de una de las chicas, y descubren con estupor que tampoco allí hay señales de vida. Por la noche encuentran en el sótano a una muchacha ciega, hija de los dueños, que aterrorizada y en estado de shock les habla de la desaparición de sus padres, y de la presencia de un voraz asesino que huele a sangre humana y que ha ido decimando la ya de por sí escasa población de la isla.

A la mañana siguiente, los turistas retornan a la playa para reunirse con la embarazada y el marinero, y con pánico cotejan que el barco se ha adentrado en el mar y que no hay rastro de ambos. Un terror abstracto se respira en el ambiente y va tomando su forma. Una oprimente angustia va estrangulando al grupo, el cual poco a poco irá menguando.

Más adelante descubriremos que el antropófago que da nombre a la película, interpretado por Luigi Montefiori (a.k.a. George Eastman), es un ermitaño que habita en unas lobregas catacumbas, superviviente de un aparatoso naufragio. Cuando zozobró su barco, se vió a bordo de una inestable lancha, perdido en el mar en compañía de su mujer y de su hijo, ya muerto durante el accidente. Nikos Karamanlis, que así se llamaba el náufrago, famélico y deshauciado, propuso a su mujer que se comieran el cadáver del hijo para sobrevivir; a lo que ella se negó. Tras un forcejeo mata involuntariamente a su esposa, se vuelve loco y devora ambos cuerpos. Más tarde, una vez en tierra y ya convertido en bestia psicópata, se dedicará a asesinar a los pueblerinos para calmar su ansia de carne humana.

Ésta tragedia nos remite a la historia del Conde Ugolino, narrada en la Divina Comedia de Dante, quien víctima del hambre se vió obligado a comerse a sus seres queridos para sobrevivir, tras lo cual pierde la razón. También se establecen paralelismos entre el monstruo de éste film y el cíclope Polifemo de la mitología griega.

SPOILER: La película contiene dos “famosas escenas” de las que ya había oído hablar antes de verlas, e imagino que el impacto habría sido mayor de no haber sabido yo nada al respecto. Una es el ataque del monstruo a la embarazada: Le arranca el feto de sus entrañas y se lo come. La otra tiene lugar al final; cuando Karamanlis, a quien uno de los turistas ha logrado reducir clavándole un pico en el estómago, cae de rodillas herido de muerte y se saca sus propias tripas para devorarlas, antes de desplomarse definitivamente muerto. Éstas escenas fueron cortadas para la versión de EEUU llamada “The Grim Reaper”. FIN DEL SPOILER.

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Cuando Joe D´Amato dirigió “Antropophagus” lo hizo con el único propósito de ganar dinero, sin interés artístico alguno. Lo cierto es que, sin pretenderlo, logró una película de puro terror visceral, con una atmósfera agobiante, claustrofóbica e hipertensa. A ello contribuyen fundamentalmente el lento ritmo narrativo, que a algunos puede incitar al letargo pero en mi opinión es fundamental para conseguir un ambiente opresivo; los juegos de cámara (no vemos al monstruo hasta bien entrado el metraje, pero D´Amato nos permite ver a través de sus ojos mediante planos subjetivos), la iluminación y las sombras, al estilo del “Nosferatu” de Murnau, la cueva del ermitaño psicópata, llena de esqueletos y momias (de verdad, pues esas escenas fueron rodadas en unas catacumbas a las afueras de Roma), el pueblo fantasma y su tétrico cementerio, donde una de las protagonistas se queda encerrada de noche mientras el caníbal acecha… Y sobre todo, cómo no, la excelente banda sonora de Marcello Giombini, que en mi opinión es mucho más importante para entender la película y disfrutar de ella que los diálogos de los personajes. Una música de tintes experimentales, minimalista y creada por sintetizador con sonidos de órgano insertados, espectralmente hipnótica, que consigue realzar hasta la cumbre el poderío visual del film.

Lastimadamente, Joe D´Amato no volvió a hacer más películas como “Buio Omega” o “Antropophagus”. En los años noventa decidió pasarse a la industria del porno duro, dirigiendo películas hardcore porque por lo visto era lo que siempre había querido hacer, y además se dió cuenta de que le salía más rentable económicamente.

Tal vez algún dia cae en mi poder alguna otra película de Masaccesi que merezca la pena ser comentada ya sea por su bizarrez o por su interés cinéfago.

FHP, 2008

 

Cani arrabbiati (a.k.a. “Semáforo rojo”) – Mario Bava, 1974

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Cani arrabbiati (Perros Rabiosos) a.k.a. “Semáforo Rojo” a.k.a. “Rabid Dogs”

Italia, 1974

Director: Mario Bava

Género: Thriller, road movie

Guión: Alessandro Parenzo

Intérpretes: George Eastman (Trentadue), Maurice Poli (Dottori), Don Backy (Bisturi), Riccardo Cucciola (Riccardo)

Música: Stelvio Cipriani

Argumento

Cuatro delincuentes llevan a la práctica el atraco que han planeado: Se trata de asaltar a las puertas de una fábrica a los que traen el sueldo semanal de la nómina para los empleados. La banda, cuyos integrantes están fuertemente armados, no escatima en el uso de la violencia; dos vigilantes mueren durante el intercambio de disparos, y uno de los trabajadores es asesinado al resistirse a soltar la bolsa con el dinero.

Los delincuentes toman el botín y se dan a la fuga en un coche robado. Uno de ellos es alcanzado en el cuello por los tiros de la policía y muere instantes después. Tratando de evadir a las autoridades los tres criminales restantes se introducen en un garaje con la intención de cambiar de coche. La policía les pisa los talones, y para poder escapar toman dos mujeres como rehenes. A uno de los delincuentes se le “va la mano”, rajando fatalmente el cuello de la chica que tenía agarrada. Los agentes deciden dejarlos marchar para que no maten también a la otra…

No lejos de allí y al mismo tiempo, un hombre conduce por las calles con un niño de unos cinco años dormido en el asiento trasero. Cuando está parado ante un semáforo en rojo, es abordado por los tres atracadores, que buscan cambiar una vez más de vehículo y salir de la ciudad.

Los delincuentes y la mujer que han tomado como rehén se suben al coche; el hombre y su pequeño hijo se convierten así en rehenes también. “¿Qué le pasa al niño? Está pálido como un cadáver…” dice uno de los bandidos. Riccardo, que así se llama el conductor, les dice que su hijo está gravemente enfermo, y que lo estaba llevando al hospital. Ruega a los criminales que le permitan hacerlo, pero éstos no se dejan ablandar. La máxima prioridad tras el sangriento atraco es escapar a un lugar seguro.

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De izquierda a derecha “El Doctor” (Maurice Poli), “Treinta y dos” (George Eastman), Maria (Lea Lander), “Bisturí” (Don Backy) y Riccardo (Riccardo Cucciola)

El sanguinario trío está compuesto por “Il Dottore” (que como su apodo hace suponer es el jefe de la banda), “Bisturí” (quien porta siempre consigo una afilada navaja) y “Trentadue” (“Treinta y dos”, así llamado por la longitud de cierta parte de su cuerpo, como le hará ver más adelante a la mujer que llevan consigo).

El niño dormita sin percatarse de lo que está sucediendo. La rehén Maria trata de mantener la calma, pero cuando en la radio escucha la noticia del atraco y las muertes ocasionadas, incluída la de su amiga, estalla en un ataque de histeria. Riccardo, por su parte, se mantiene muy calmado al volante. La sangre fría del preocupado padre levanta las suspicacias del Dottore. Éste ultimo es el más mayor, el más inteligente y el más reflexivo – por algo es el líder de la banda. Los otros dos, Bisturí y Trentadue, son unos psicópatas natos, hiperviolentos, crueles e impredecibles – Pero obedecen a su jefe sin rechistar.

La angustia de Maria y Riccardo se incrementa a cada instante. Il Dottore tiene en mente un arriesgado plan para alejarse del lugar donde han cometido el espectacular atraco. Por el momento han logrado salir de la ciudad y despistar a la policía, pero cruzar con éxito los varios puestos de bloque en la carretera será mucho más difícil…

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Comentario

“Cani arrabbiati” (o “Perros rabiosos”) es un trepidante road-movie repleto de suspense y violencia del que guardo un muy buen recuerdo desde que lo viera por vez primera hace unos 8 años. Se trata de una de las últimas películas de Mario Bava, el maestro del terror gótico a la italiana. Para la realización del film, Bava contó con la ayuda de su hijo Lamberto (quien más adelante dirigiría sus propias películas).

Otros “perros”, como los “de paja” de Peckinpah o los “de reserva” de Tarantino, palidecen ante éste contundente tour de force nihilista. Huelga decir que tampoco los “Perros callejeros” de De la Loma están a la altura de los rabiosos canes de Mario Bava – quien con ésta obra maestra se despidió del cine a lo grande.

La película es sumamente tensa, los personajes están muy bien construídos y las actuaciones son más que convincentes. El guión está escrito de forma que el interés de la trama no decae en ningún momento y cuenta incluso con un viraje imprevisto con final sorpresa… Técnicamente el film es muy superior a otras producciones de temática similar, y los brillantes trabajos de cámara y fotografía están realizados con el máximo esmero.

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El argumento es simple: Tras el atraco que acaban de perpetrar, unos delincuentes se hacen con un coche tomando a una mujer y poco después también a un hombre y a un niño como rehenes. Para poner a salvo el botín y escapar de la policía están dispuestos a cualquier cosa…

Mucho más importante que las escenas de acción, tiroteos y persecuciones (como cabría esperar teniendo en cuenta la historia) es la tensión dramática creciente en el interior del claustrofóbico automóvil; así como la profundidad y la riqueza en matices de los personajes, la intriga de lo que va a suceder a continuación y el terror que acongoja a los rehenes. A lo largo del metraje la violencia no suele ser explícita, pero aún así la sensación de que “algo va a pasar” está omnipresente; y ello, el sugerir más que el mostrar, es precisamente lo que consigue hacer el film tan perturbador y cautivador al mismo tiempo.

Temáticamente es posible encontrar similitudes entre el género español del cine quinqui y la película que nos ocupa – si bien los delincuentes no son aquí retratados como simpáticos inadaptados marginales víctimas de la cruel sociedad y/o de las drogas (como suele ser el caso en las ibéricas propuestas de De la Loma y De la Iglesia), sino como monstruos feroces y sin escrúpulos, criminales sádicos que no titubean en emplear la máxima brutalidad mientras disfrutan con el sufrimiento ajeno. Tras el visionado de la película, no hay ganas de emular a éstos rastreros antihéroes; seres despreciables por los que sólo es posible sentir rechazo y repulsión. Aún así, Bava no cae en la trampa de establecer polarizaciones simplistas de “buenos vs. malos” – pues como se verá en el genial final, no todo es lo que parece…

“Cani arrabbiati” bebe pues de la misantrópica “The last house on the left” (1972) y de los muchos títulos inspirados por esa opera prima de Wes Craven: Gran cantidad de films ricos en violencia y bajos en presupuesto que proliferaron durante los años setenta y primeros ochenta, poniéndose de moda especialmente en Italia. Esas películas siempre seguían un esquema análogo, muy sencillo y al mismo tiempo muy efectivo: Un grupo de delincuentes, tras perpetrar un robo o atraco, toma unos rehenes a los que aterroriza. La acción podía desarrollarse en una casa (de forma estática) o en un coche (en movimiento), transformándose así en una road-movie, como es el caso de los “Cani arrabbiati” de Bava. Otros ejemplos muy bien logrados de éste subgénero vendrían a ser “Autostop Rosso Sangue” (Pasquale Festa Campanile, 1977) con Franco Nero y Corinne Cléry; o “La settima donna” a.k.a. “The last house on the beach” (Franco Prosperi, 1978) con Florinda Bolkan. También “L´ultimo treno della notte” (Aldo Lado, 1975) podría encajar en esa categoría (siendo de igual modo clasificable como “rape&revenge”).

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El volátil Trentadue está interpretado por Luigi Montefiori alias George Eastman (el caníbal del “Antropophagus” de Joe D´Amato). Riccardo Cucciola, a quien ya vimos en “El caso está cerrado, olvídelo” (Damiano Damiani, 1971), da vida a su tocayo rehén, obligado a permanecer al volante. Aldo Caponi (alias Don Backy) es Bisturí – quien además de esgrimir su amenazadora navaja lleva las manos cubiertas por unos guantes de cuero negro (probable guiño a los gialli de Dario Argento y del propio Bava).

Aunque “Cani arrabbiati” fue filmada en 1974 no pudo ser estrenada en su momento debido a problemas relacionados con la producción. La película no apareció en los cines hasta 1998 (!) y tristemente Mario Bava, fallecido en 1980, ya no llegaría a ver en la gran pantalla su última contribución al séptimo arte.

La memorable banda sonora fue compuesta por Stelvio Cipriani, un nombre conocido para los amantes del terror italiano, el giallo y el polizziesco (suya es la música de “La polizia ringrazia” o de “Deviation” entre otros títulos).

FHP, febrero de 2016