Blood beat (a.k.a. “Sortilegios”) – Fabrice A. Zaphiratos, 1983

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Blood beat (a.k.a. “Sortilegios”)

EEUU, 1983

Director: Fabrice A. Zaphiratos

Género: Terror

Guión: Fabrice A. Zaphiratos

Intérpretes: Helen Benton (Cathy), Terry Brown (Gary), Dana Day (Dolly)

Música: Chris & Fabrice A. Zaphiratos

 

Argumento

Una familia de Wisconsin se dispone a celebrar las Navidades en una casa rodeada por el bosque. El hombre, llamado Gary, es un empedernido cazador de ciervos, para disgusto de su mujer, que no puede ver la sangre. Cathy es una pintora vocacional (de cuadros horrendos) con poderes paranormales y mediúmnicos. Tienen dos hijos adolescentes, un chico y una chica, que llegan a la casa para pasar las vacaciones junto a ellos. El joven Ted trae a una amiga, Sarah, quien inmediatamente levanta las suspicacias y los recelos de su madre, quien tiene un fuerte déjà vu, creyendo conocerla del pasado. Sarah se siente intimidada por el recibimiento un tanto hostil que le prodiga la extraña mujer.

Al día siguiente, llega el tío Pete (hermano de Gary), y la familia al completo se interna en el bosque con la intención de cazar un ciervo. Cuando tienen a uno en la mira y están apunto de apretar el gatillo, Sarah sufre un ataque de pánico, grita hasta desgañitarse (mientras el animal escapa) y corre sin sentido bosque a través, seguida del preocupado Ted. En su huída hacia ninguna parte, la chica tropieza con un cadáver. Se trata de un individuo desconocido que acaba de sucumbir a las heridas de un arma blanca. La policía llega al lugar, pero poco pueden hacer por el momento para esclarecer el misterioso homicidio.

Esa noche, Sarah se acuesta pronto, aún bajo los efectos de su reciente ataque de nervios, mientras la madre pinta y los hermanos Ted y Dolly juegan a las cartas en la planta baja. Sarah tiene horrendas pesadillas, y cree encontrar en un baúl que se halla en la habitación un casco samurai medeieval y una afilada katana. Entretanto, Cathy comienza a ser poseída por una especie de entidad y pintarrajea a partir de ese momento con la mano izquierda garabatos rojo-sangre en el lienzo.

Al mismo tiempo, un matrimonio vecino es “visitado” por una inquietante presencia… La mujer es masacrada a golpes de espada mientras está está en la cocina, y el hombre tiene tiempo de escapar de la casa, pero es seguido por la fantasmal amenaza hasta la casa de Gary y Cathy; siendo allí liquidado a las puertas del domicilio, para gran espanto de quienes en su interior habitan. A continuación se produce un fenómeno de estilo “poltergeist” y la siniestra presencia (una especie de espectral samurai) aterroriza a la familia, mientras Cathy, con sus poderes paranormales, trata de hacer que la monstruosidad desaparezca…

Comentario

Estamos ante una comedia involuntaria, un fallido intento de película de terror perpetrado con un presupuesto nulo y aún menos talento, pero que no resulta del todo aburrido; ya que logra mantener la atención del espectador, que permanece anonadado ante un despliegue de ridiculeces de tal calibre.

Los “efectos especiales”, consistentes en chillonas luminosidades fosforescentes, son de traca. La escena del “poltergeist” también resulta hilarante. Las “actuaciones” son flojas y los diálogos en muchos casos parecen de relleno. El personaje más bizarro es sin duda Cathy, la madre “pintora” con poderes paranormales, que constantemente sobreactúa con su enorme repertorio de miradas desasogantes y grotescas expresiones faciales.

Ésta película infumable, que nunca pasó por una sala de cine y fue distribuída directamente a video, entra dentro de la misma categoría que otros experimentales films de terror norteamericanos rescatados hoy del olvido y convertidos en material “de culto”, al estilo de “Manos: The Hands of Fate”.

Lo único que en cierto modo podría ser considerado rescatable de éste despropósito demencial es la absurda originalidad de su trama: el “fantasma asesino” es el espíritu de un samurai medieval japonés cuya furia se desata en el Wisconsin profundo durante unas navidades…

Interesante resulta también la banda sonora, a base de ochenteros sintetizadores, música clásica barroca, coros de iglesia, cantos gregorianos y hasta el Carmina Burana de Carl Orff, para los momentos “de mayor tensión”. El intento de resultar bombástico e imponente naufraga obviamente en éste contexto, empujando al estupefacto espectador hacia la carcajada.

Psicotrónico subproducto de la serie Z que tal vez es más disfrutable bajo los efectos de alguna sustancia estupefaciente.

FHP, 2015

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